Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


Dame la ternura del sueño, dame ese cucurucho de sorbete que tenéis en la sonrisa, dame esa lenta caricia de tu mano. Yo te daré pájaros que cantaran tu nombre desde lo más alto de los árboles.

Gioconda Belli

.

.

Puerta tres. Asiento veinticinco. Ambos chicos de cabello cobrizo a mi mano derecha. Edward y Anthony. Sentados del otro lado del pasillo. Con el gigantesco hombre que me llamó pedófilo a solo un brazo de distancia y su hermano, sobrino, o lo que sea el chico con sonrisa traviesa de ojos azules comiendo una hamburguesa gigantesca.

Psssst.

Lo ignoré.

En serio, necesito un relajante. Lo que sea que me pueda sacar de mi miseria.

Psssst.

Cuenta mental, eso debe de servir. Mamá me obligaba a contar ovejas cuando pequeña para conseguir dormir.

Una oveja.

Dos ovejas.

Tres ovej…

¡Psssst!

Maldita sea.

Edward se rio entre dientes.

¡Chica candente! —susurro por lo bajo el niño a su lado.

Muy bien, eso es todo.

Miré a Anthony. Sus increíbles ojos azules brillantes. ¿Siempre era así? Tenía los dedos llenos de mostaza y kétchup.

—Mi nombre es Bella.

—Bella. —repitió Edward.

Lo di una mirada fea.

—Estoy hablando con él.

Anthony mastico su comida ruidosamente.

—¿Quieres un poco de hamburguesa? —estiro su comida hacia mí.

Miré su hamburguesa, chorreando sobre sus dedos.

—¿No se supone que no deberías meter comida al avión?

Anthony se encogió de hombros.

—Se supone, pero Edward es muy buen amigo de una azafata así que...

Lo corte con un gesto de mi mano derecha. Claro que el hombretón podía conseguir muchas cosas con azafatas y cuanta mujer se le pusiera enfrente. Buena suerte para esa chica.

—No necesito más información.

—Awww. —chilló melosamente— Tranquila, Belly. Edward puede ser todo tuyo.

Como si eso fuera a suceder alguna vez. Aprendí mi lección con Jacob sobre guapos hombres que llegan a mí vida de formas extrañas.

Edward le dio una colleja en la nuca, haciendo que su nariz se manchara de kétchup.

Anthony miró su nariz con ojos viscos.

—¡Mi hamburguesa! —se quejó.

Mordí el interior de mi mejilla para no reírme. Me preguntaba, ¿de dónde habían salido estos dos chicos?

—Ya no tengo edad para las callejas. —reclamo.

—Solo tienes catorce.

—¿Catorce? —repetí.

Anthony se limpió con su propia camisa y me dio una sonrisa orgullosa.

—¿A que soy alto para mi edad?

—¿Todos en su familia son tan altos?

Edward miró a través de la ventana del avión, sin responder. Anthony se dejó caer en el asiento. De alguna manera, sentí que había dicho algo equivocado.

—Supongo que no lo sabemos.

—¿Cómo no van a saberl...?

Edward nos cortó.

Se puso de pie en su imponente altura, agachando la cabeza para no pegar contra el techo del avión. De alguna manera, el hombre hacia que el avión se viera demasiado pequeño.

—Voy al baño antes de despegar. —le quito la basura de las piernas a Anthony— Y tú, mantén la boca cerrada.

No me dirigió ni una mirada. Y aunque había odiado cada segundo desde que le conocí por lo irritada que me ponía, se sintió extraño que me ignorara. Tal vez me había excedido. Tal vez fui demasiado grosera. ¿Estaba siendo absurda? ¿A caso me estaba volviendo loca? Se sentían como mil años desde que deje mi apartamento con Jacob follando a Leah y ahora me encontraba aquí.

—No le hagas caso. —Anthony comenzó a revolver la valija pequeña de mano que subieron al avión, sacó unos audífonos gigantes y los puso alrededor de su cuello— Se pone así de tenso cuando hablamos de nuestra familia.

Oh.

—Supongo que no bromeabas cuando dijiste que tu madre te abandono y murió.

Anthony me mostró una sonrisita, pero en el fondo, pude ver un pequeño destello triste.

Maldita sea, Bella. ¿No puedes ser menos mete narices?

—¿Realmente? No. Lo hizo. Mi madre, me refiero. Mamá fue adicta a las drogas desde muy joven, eso no trajo muy buenos resultados y Edward me tuvo que cuidar desde que di mi primer respiró. Supongo que fue duro para él.

No pude evitar preguntar lo siguiente.

Allá vamos de nuevo.

—¿Edward es tú...? —deje la pregunta inconclusa, suponiendo que entendería más que bien.

Anthony arqueo una ceja.

—¿Mi padre? No, por Dios, no. —se rio. Dos hoyuelos en sus mejillas se marcaron, haciéndolo parecer más niño— Es mi tío. Mi madre era su hermana.

Wow.

No pude evitar el sentimiento de admiración que me sobrecogió después. A pesar de la historia de su familia, podía ver como Edward realmente lo estaba intentando con Anthony.

Edward regreso un par de minutos después del baño. Para entonces, Anthony estaba dormido sobre el asiento de avión roncando ligeramente.

El hombretón tomó una manta de abajo del asiento y lo cubrió, poniendo especial cuidado en no despertarlo. Podía ver como lo amaba y se preocupaba por él. Si es que se hizo cargo desde que fue un bebé, podía ver como lo amaba como a un hijo.

Eso me recordó a mí familia.

A mis padres y a mis hermanos.

Me sobrecogió la añoranza. Podían ser una mierda entrometida y sobreprotectora, pero joder, eran mi familia. Fue injusto no hacerlos parte de mi vida los últimos dos años, pero estaba asustada y enojada. Tan enojada. Ahora podía verlo, en medio de este avión, mientras veía el amor con el que Edward trataba a Anthony.

Me prometí que intentaría arreglar las cosas con mi familia.

Deje descansar la cabeza en el asiento.

Tenía que encontrar la manera de decirles lo de Jacob de la manera correcta.

No sé cuánto tiempo paso, pero cuando al fin despegamos, y el cansancio termino por vencer mis pensamientos, sentí la sensación reconfortante de una manta sobre mi cuerpo y la calidez de piel contra piel cuando suaves dedos acariciaron mi mejilla.

¿Quién eres Bella Swan?

La suave voz aterciopelada me llevo con ella, directo hacia el mejor de los sueños.

.

.

Tres horas y veinte minutos después, una de las azafatas movió mi hombro. Tenía unos sorprendentes ojos color miel, piel suave como nube y un cabello rubio espectacular que le caía hasta la cintura.

Me despertó con suaves toques y una sonrisa amable.

—Lamento despertarla. —susurro— Vamos a aterrizar en un par de minutos.

Trate de disipar el sueño de mi mente parpadeando. Levante el brazo y oculte un bostezo tras de el.

—Muy bien, muchas gracias.

La bonita mujer se alejó, despertando a otros pasajeros o pidiéndoles que abrocharan sus cinturones.

Hice lo mismo, mientras quitaba la manta de mi cuerpo.

Me quede por un segundo mirándola... mi mente soñolienta trato de recordar, pero todo lo que obtuve fue el vago recuerdo de haberme quedado dormida.

Miré de reojo a Edward, tratando de no ser tan obvia. Estaba leyendo, reclinado sobre su asiento. Apetecible y calmo. Esas fueron las únicas palabras que me vinieron a la cabeza para describirlo.

Llevaba el cabello cobrizo despeinado, como si hubiera tomado una siesta corta, el rostro limpio, no pude evitar notar que la incipiente y apenas perceptible barba que había visto acumulada en su mandíbula ya no estaba. Debió afeitarse en algún momento durante el vuelo.

Cortesía de su amiga azafata seguramente.

Al parecer no noto mi escrutinio, porque siguió sosteniendo el libro en sus manos. Alguna cosa sobre la vida de montaña.

Doble la manta y la guarde abajo del asiento.

Al mover mi mano, el anillo en mi dedo anular resplandeció. Me quede observándole por un tiempo, considerando cuál sería su destino. No podía andar por el pueblo con un anillo en mi dedo anular cuando ya no me iba a casar.

—Bonito anillo. —su voz me sorprendió, haciendo que mi corazón aumentará su marcha dentro de mi pecho.

Baje la mano.

—Los hay mejores. —objete agriamente.

Dejó el libro sobre su regazo.

—¿Es por eso que estas huyendo?

Le miré mal.

—No estoy huyendo.

La comisura de su boca se elevó.

—Maleta gigante, ropa cómoda. —apunto a mi camisa de The Beatles y mis pantalones de yoga— El maquillaje corrido. —toque mis mejillas— Y un anillo, un anillo que por cierto, hace un segundo mirabas como si pudieras hacerlo desaparecer solo con desearlo.

Suspire exasperada.

—Sí, muy bueno, Isabelotodo.

Su gran cuerpo se agito.

—¿Qué dijiste?

—Muchas gracias, Isabelotodo.

Se rio. Sus anchos hombros se movieron de arriba a abajo con su pecho retumbando.

Anthony, quien al parecer ya estaba despierto y no me había dado cuenta, se quitó los audífonos.

—¿Qué es tan divertido? —cuestionó.

Edward se siguió riendo.

—Dilo de nuevo.

Comenzaba a cansarme. Estaba a punto de arrancar mi cinturón de seguridad y ahorcarlo.

¿Es que era un deporte burlarse de mí?

—Dilo de nuevo.

Rodé los ojos.

—Bien. Gracias, Isabelotodo.

Anthony se puso los audífonos de nuevo, refunfuñando algo sobre los viejos y sus chistes malos. Ese niño en serio debería comenzar a respetar a los adultos. De todos modos, no soy tan vieja. Veintisiete es un buen número para mí.

Uhg, eso me hizo sonar aún más vieja.

Edward se recompuso, dejando una simple sonrisa en sus labios. Labios réyenos besables.

¿Qué?

—Gracias, sabelotodo. ¿De dónde sacaste el Isabelotodo? —pregunto jocoso.

—Mi hermano mayor me lo decía de pequeña. Creí que era así como se decía. ¿Sabelotodo? Aburrido.

Edward estiro la mano, tan grande como su brazo era, y toco mi nariz con su dedo indice.

—Que listilla.

Una corriente eléctrica me hizo brincar.

Me alejé de su toque para luego mirarlo con ojos acusadores.

Tócame de nuevo.

¡No!

—No deberías tocar a la gente sin conocerla. —señale.

Sus ojos bailaron alegres.

—Eso es cuestionable.

Allí vamos de nuevo. Me acomode en mi asiento y me cruce de brazos. Luego los baje frunciendo el ceño, ¿me estaba comportando como una niñata enamorada? Suspire frustrada y deje caer mis brazos sobre mi regazo. Relajada. Así está mejor.

—¿Estas enojada? —pregunto.

¿Y todavía lo pregunta?

—No coquetees conmigo.

—No lo hago. —respondió inocente.

—¿En serio? —resople— ¿Y que fue esa cosa de la nariz? Puedo reconocer cuando un hombre coquetea. No soy tan ingenua.

Edward se rio quedamente.

—Eres muy sensible, Isabella. Me gusta. Me gustan las chicas sensibles.

Sentí como mis mejillas comenzaban a sonrojarse.

—¿Cómo sabes mi nombre completo?

Edward se acarició la barbilla, mirándome con ojos diferentes. De alguna manera, se sintió como si estuviera buscando algo en el fondo de mis ojos. Duro un segundo. Apenas nada.

Su expresión cambio a una despreocupada.

—Llámalo destino.

Algo se removió en mi pecho como un nudo apretado que aflojaba poco a poco. Instintivamente me lleve la mano al pecho, tratando de averiguar de dónde venía aquella sensación.

Sabía que Edward todavía me observaba, pero lo ignore. Me deje caer en el asiento y cerré los ojos de nuevo.

Dios, dejar a Jacob realmente me dejo como un jodido desastre.


¡Hola, chicas! Me encanta este capítulo, Anthony nos dejó saber un poco más de su historia y Edward se deja ver cada vez más, excepto por esa extraña relación con las azafatas. Uh. Uh. No puedo culpar a la azafata. Quiero comentarles que el cap pasado hubo un error. Equivocación mía a la hora de editar la historia. Anthony es sobrino de Edward, hijo de su hermana. Ya sabemos más de su historia en los siguientes capítulos. Sorry por ese error de redacción. Gracias por sus comentarios y lo bien que han recibido la historia. ¡Besos a la distancia!

Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

—Ariam. R.


Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1

Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109