Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
Del santo me espanto, del pillo, no tanto.
—Anónimo
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.
—¿Por lo menos la fotografía era bonita? —fue lo primero que dije después de un par de minutos de silencio.
Había tardado un poco en unir los hilos, pero si Edward había estado con Billy, ¿por qué nunca le conocí? Charlie solía ir a pescar con Billy todos los fines de semana desde que Emmett, mi hermano mayor, nació.
—Llevabas el pelo suelto sobre los hombros y vestías un vestido largo con muchos volantes. Parecía más una foto de la época colonial. Había una chica a tu lado, pálida y de aspecto pequeño.
Deje el vaso de café humeante en el tablero de la camioneta.
—Oh. —recordé— Hice algunas obras de teatro durante el Instituto, la chica pequeña es mi mejor amiga. La arrastre muchísimas veces a ese tipo de actividades a pesar de que las odiaba con todo su corazón. —explique.
Casi podía recordar la obra de teatro, los tintes dramáticos y la euforia de estar en un escenario. Ni siquiera sospechaba que mi padre cargaba con aquella fotografía en su billetera. Siempre pensé que le avergonzaba demasiado. Él quería hijos profesionales, no artistas vagos.
—Te veías linda.
¿Cómo podía decir ese tipo de cosas tan fácilmente? Por su expresión, imagine que lo había dicho para alejar los malos pensamientos.
—Deja de hacer eso. —lo deje ir— De todos modos, no puedo evitar preguntarme. ¿Por qué nunca nos conocimos frente a frente? Papá solía ir a casa de Billy todos los fines de semana a pescar.
—No me quede mucho tiempo con Billy. No iba a vivir de su caridad. Vivir a sus costillas con el bebé de mi hermana ya era lo suficientemente humillante. En cuanto cumplí los veintiuno tomé a Anthony y partí a Chicago.
Le miré de nuevo, intentando adivinar cuantos años tenía.
—¿Qué edad tienes?
—Adivina.
Apreté los labios.
—No soy buena adivinando.
Edward se inclinó un poco sobre el asiento, hasta que su hombro empujó al mio.
—¡No hagas eso! ¡Sí termino estrellada en un árbol, tendrás que darles explicaciones a mi padre y a mis hermanos!
Edward dejó el volante sin más, poniendo las manos en su nuca.
—¡Oye! —me incline sobre el asiento para agarrar el bolate.
Anthony asomo su cabeza.
—Cool.
Edward se inclinó sobre sí mismo y dijo sobre mi oído a la misma vez que tomaba el volante de mis manos:
—Treinta y uno.
Me reí histérica.
—Eso explica muchas cosas.
—¿Qué quieres decir?
—Porque yo solo tenía trece.
Anthony me miro sorprendió.
—¿Eso quiere decir que tienes veintisiete?
Asentí.
Edward se pasó una mano por el cabello.
—Mierda.
—¿Qué? —pregunté— ¿Tienes algún problema con mi edad?
Una sirena llamó mi atención.
Gire sobre el asiento y miré hacia atrás de la camioneta.
Una patrulla de policía relucía contra el rojo de la camioneta. Las luces estaban prendidas y sonando. Se veía como todo un espectáculo en medio de la nieve.
Busque frenéticamente la marca en el parachoques de auto. Una marca casi imperceptible en forma de diagonal que yo misma le hice a la patrulla de mi padre a los dieciocho años, cuando Laurent me enseñaba a conducir.
No tarde mucho en encontrarla.
¡Joder!
—Es mi padre. —dije con voz ahogada.
—Lo sé. —gimió Edward.
—Oh-oh. —Anthony susurro entre dientes.
—¿Qué diablos? —pregunté al mismo tiempo.
Mi padre se bajó de la patrulla, haciéndole un par de señales a Edward para que parara. Así mismo, el hombretón piso el acelerador, por lo que salimos volando lejos del lugar.
La nieve se levantó tras nosotros, creando una estela de copos de nieve.
Las llantas trabajaron sobre el camino rápidamente hasta el punto que el paisaje comenzaba a verse más como un borrón.
El estómago se me revolvió y la cabeza me palpito.
—¡¿Qué demonios pasa contigo?! —grite a todo pulmón.
Anthony se inclinó sobre el asiento, jalando mi cinturón de seguridad.
—Será mejor que te lo pongas.
Mis dedos temblaron, mientras lo hacía.
Edward siguió sin responderme, simplemente su expresión se volvió fiera, casi asesina.
Intente girarme, apenas pude ver la patrulla de Charlie tras nosotros. Abrí los ojos como platos. Nunca había visto perseguir a mi padre a alguien.
—Ese maldito…
—¡Oye!
—Tu padre tiene algún tipo de obsesión por Ed. Siempre que venimos a Forks le pone una multa gigantesca. Esa mierda cuesta más que el alquiler.
—¡Tony! —lo riño Edward.
—¿Qué? ¿Ahora no tengo permitido decir mierda? ¡Tú lo dices todo el tiempo! —acuso.
—Exactamente. —le respondió sabiondo.
El chico de ojos azules frunció el ceño. Ya lo venía venir. Sabía lo que significaba esa expresión.
—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
Me estire para tapar su boca con mi mano.
—¡Miejsda! ¡Miejsda! ¡Miejsda!
Edward me miró agradecido.
—Mantenlo así.
—Ahora. —reuní toda mi paciencia existente en mis palabras— ¡¿Puedo saber porque estamos ayudando de mi padre?! —bueno, creo que lo de reunir la paciencia no funciono— Quien por cierto. No sé si sepas —dije sarcásticamente, ¿Cómo podía no saberlo?— es el jefe de policía.
Edward se inclinó más en su asiento, encorvándose sobre su propia altura.
—¡No pagué la última multa!
El chillido de neumáticos sobre el asfalto me hizo saltar. La patrulla de mi padre salto desde la nada, aterrizando justo frente al auto de Edward.
—¡Cuidado! —chillamos Anthony y yo.
Cerré los ojos.
El auto freno en seco a un par de centímetros de la patrulla de papá. Su duro semblante fue lo primero que pude ver cuando salió de su patrulla, moviendo su bigote de un lugar a otro.
Del otro lado de la patrulla, salió otro hombre.
¡Mierda y más mierda!
Emmett se veía gigantesco desde lejos.
Mi hermano mayor se inclinó sobre el capo de la patrulla y sonrió. Conocía esa expresión de memoria. Ambos sabían que estaba aquí. De alguna jodida manera, lo sabían.
Par de cretinos.
Trate de hacerme pequeña en el asiento, inclinándome hacia abajo poco a poco.
—No creo que eso funcione. —apunto Anthony.
—¡Shhh! —puse el dedo indice sobre mi boca.
Pude escuchar las botas de Charlie sobre el hielo, paso a paso. Levanto su bastón y golpeo la ventana del auto.
Evite mirar en su dirección.
—Uh. ¿Bella? —pregunto Edward.
—Este es mi fin. Es mi jodido fin. —susurre como una mantra.
Anthony se dejó caer en los asientos delanteros.
—¿Qué sucede?
—Se supone que vendría con mi prometido. ¡Mi prometido! Ahora solo tengo un anillo. Sin prometido. ¿Sabes lo que va a decir mi familia? —le mostré mi mano y la sacudí de manera agresiva frente a sus rostros— Van a bailar sobre mi cadáver. No solo van a bailar, van a hacer una jodida fiesta. —aquí viene, la verborrea verbal. Me solía suceder cuando estaba muy nerviosa— Me fui de aquí buscando salir de sus confines, ahora van a querer decidir sobre mi vida completamente. ¿Sabes lo que es tener cuatro hermanos mayores? Nunca pude salir con nadie sin que uno de ellos metiera su grande nariz entre mi cita y yo. En quinto grado, salí con Ben Newton. Ni siquiera pude salir de casa cuando el zoquete ya había salido corriendo de casa porque Emmett flexiono sus grandes músculos en su cara. Tyler, en la secundaria. Intentaba invitarme al baile de graduación cuando apareció Jasper. Se hizo pipí en los pantalones. ¡Pipí! —chillé— ¡Garrett! Mi novio de la Universidad, Laurent lo jodio tanto que desapareció. Asi, sin más.
Charlie volvió a golpear en el vidrio. No quería mirar. No podía mirar. Odiaba admitirlo pero la que se cagaria en los pantalones ahora mismo era yo.
—¿Y tú prometido? —pregunto Edward.
—Exactamente. —miré a sus ojos verdes— Me fui de vacaciones pese a sus objeciones. Desafié a mi padre y a mis hermanos para poder irme. Pensé que había encontrado el amor, hasta que lo concentre en la cama con nuestra vecina. Leah tetas enormes.
Anthony resoplo.
—¿Al menos eran buenas tetas?
Edward le dio una colleja.
—¡Cállate!
—¡Auch! —lo fulmino con la mirada.
Edward le ignoro y se dirigió a mí.
—Ese prometido tuyo suena como un pendejo. ¿No deberías estar agradecida por librarte de él?
—Ese es el problema. ¡Me libre de él! —respondí—Pero no de mi familia.
Edward sonrió divertido, sus ojos llenándose de malicia.
—¿Edward?
Su mano se dirigió a la ventanilla.
—Ya lo tengo, dulce.
—¿Qué?...
No. No. No.
Su mano selecciono el botón pata bajar la ventanilla.
Oh Dios. Voy a morir. Voy a morir. Que alguien llamé a Alice y le diga que se encargue de poner freesias —mis flores favoritas— en mi funeral. Ah, y que se encargue de castrar al imbécil de Jacob por mí.
Me levante de un salto del suelo del auto y me puse a su lado.
Si mi padre me veía en el suelo, actuando como una completa lunática, sabría que algo estaba mal.
No que fuera raro estar en el auto de un extraño.
¡Uhg!
—Charlie. —saludo Edward.
Evite mirar a mi padre.
—Baja del auto en este instante, Isabella. —dijo, ignorando por completo a Edward.
Comencé a remover sobre el asiento. Bien. Soy una blandengue. ¿Está bien? Ya lo dije.
Todo mi coraje se fue por el caño hace dos días en mi antiguo apartamento al ver el gordo trasero de Leah ensuciando mis sábanas de lino.
—No creo que esa sea la manera correcta de hablarle a mi prometida, Charlie.
Todo mi cuerpo se congeló.
Espera.
¿Él dijo lo que creo que dijo?
—¿Edward? —pregunté dudosa.
—Tranquila, dulce. —tomó mi mano izquierda en su mano derecha, entrelazados nuestros dedos— Lo puedo manejar con tu padre. —beso mis nudillos.
Anthony gorgojeo en el asiento de atrás.
El rostro de mi padre se puso rojo, luego morado y si podía existir, de un tono azulado. Su bigote se removió una y otra vez. La furia era visible en todo su rostro, casi palpable.
Alice no solo se tendría que encargar de mi funeral, también del de Edward.
¡Hola, nenas! Excelente semana. Aquí les traigo la segunda actualización. Alguien por allí me pregunto que cada cuando actualizo, no tengo días fijos, pero son por lo menos dos veces a la semana sin falta hasta ahorita. ¡Vaya! Todo se pone más y más bueno con el pasar de los capítulos. ¿Alguien se esperaba que apareciera papi Charlie? ¿Por qué resentirá a Edward? ¿Sera verdad lo que dijo Anthony y Charlie tiene algo contra Edward? ¡Ya lo descubriremos! Gracias por sus rr y su tiempo. ¡Besos a la distancia!
Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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