Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


Los problemas familiares son amargos. No van de acuerdo con ninguna regla. No son como dolores o heridas, son más como divisiones en la piel que no sanan porque no hay suficiente material.

—F. Scott Fitzgerald.

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La voz de mi padre se trasformó en un agresivo gruñido.

—No puedes estar hablando en serio. Dijiste que tu novio es respetable, Isabella. Un hombre respetable. Si Edward Cullen tiene algo de respetable, entonces que alguien me dispare.

—¡Papá! —dije alarmada.

Todo era una locura.

Una completa, grande y jodida locura.

—Pensaba llevar a Bella a visitar a Billy para luego dirigirnos a tu casa, Charlie. —compartió Edward.

Tony sonrió.

—El abuelo Billy es cool.

Todos lo ignoramos.

—¡Tú no vas a llevar a mi hija a ningún lado! —le grito a Edward. Luego se dirigió hacia mí— ¡Será mejor que bajes ahora mismo de este auto y te alejes de este hombre! ¡Sabía que estaba cometiendo un error al dejar que te alejaras por tanto tiempo! Me deje convencer por tu madre. Dios sabe que Renne es una buena mujer. —dijo entre dientes— No más. Es hora que vuelvas a casa, jovencita.

—Papá... —Intente explicarme.

Me interrumpió de nuevo con un gesto severo.

—Pensé que te serviría estar lejos, ahora veo que solo usaste el tiempo para arruinar más tu vida. —sus palabras fueron como puñales. Mi cuerpo se sacudió— Primer tu estúpida idea sobre la escuela de arte, ese maldito viaje y ahora esto. ¡No voy a permitir que pases un segundo más en presencia de este hombre! —vocifero.

Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero no lágrimas de tristeza. Lágrimas de dolor. Sus palabras me lastimaban profundamente.

Había esperado que durante todos los meses que pase fuera, papá hubiera cambiado al menos un poco. Era duro darme cuenta que no. Me seguía subestimando.

Hasta un felpudo tenía más carácter frente a sus ojos que yo.

—Vámonos. —le susurre a Edward.

Parece increíble, que me estuviera refugiado en un desconocido y en un niño de catorce años en vez de mi propia familia.

—¡Será mejor que lo pienses bien, Isabella! Si sigues con esto…

Eso fue todo.

El torbellino de emociones fluyo libre por mi cuerpo.

Lo señale con mi dedo indice.

—Y será mejor que tú también lo pienses mejor a la hora de volver a dirigirte a Edward de esa forma. No sé qué tienes contra él o cuál es su historia. ¡Es mi prometido! Te pido respeto tanto para mí como para él. No te permito que me pisotees de esa manera, papá. Espero que cuando recapacites, puedas ver lo mucho que me acabas de herir. Más vale que tengas una muy buena una explicación también. Quiero saber cómo me encontraste.

Abrió los ojos como platos.

Lo sabía.

—¿Me estas vigilando? —dije con voz contenida.

—No querías que fuera por ti al aeropuerto. —intento defenderse.

—No lo puedo creer, ¡eres imposible! —grite.

Edward soltó mi mano. Miró de Charlie a mí y de mi a Charlie. Claramente, nuestra discusión lo había dejado descolocado en medio de su heroica acción.

Ya hablaríamos de eso.

—Vámonos. —me cruce de brazos.

No miré más a mi padre.

—¿Estas segura? —susurro Edward por lo bajo.

Charlie sacó algo de su chaleco uniformado color azul. Una libreta. Garabateo algo y la estampó en el tablero del auto.

—Mil quinientos dólares.

—¡¿Qué?! —agarré el papel entre mi dedos.

Mil quinientos. ¡Una multa de mil quinientos dólares! ¿Es acaso legal poner una multa tan elevada?

—Te lo dije. —canturreó Anthony desde el asiento de atrás— Más costoso que el alquiler.

—No puedes hacer esto. —le reclame a mi padre— ¡Mil quinientos dólares es demasiado!

Arrugó el entrecejo.

—¿Es que no puede pagarlo?

Edward suspiro exasperado.

—Allá vamos de nuevo. —me quito el papel de la mano— Puedo pagarlo perfectamente, dulce.

Eso hizo enojar más a mi padre.

—Al menos el dinero se usará en algo bueno.

—¿Qué soy? ¿Un traficante? —le pregunto irónico.

Charlie entrecerró los ojos.

—¿Aparte de ser un vago? ¿Sigues trabajando atendiendo mesas en bares de mala muerte? ¿Si quiera tienes un trabajo estable? —se burló.

—Tengo un buen trabajo, pero gracias por preocuparte. —Edward le dio una sonrisa torcida.

—¿Embaucando mujeres ingenuas? Billy nunca debió aceptarte en su casa.

Eso fue cruel.

—¡Charlie! ¡Basta!

—Tu hija tiene de ingenua lo que yo de vago. Me sorprende que no seas capaz de verlo.

—Eres un desperdicio.

Edward le guiño un ojo.

—Puedes pensar lo que quieras.

—¿Este es tu futuro esposo? Estoy decepcionado, Isabella.

Apreté los dientes. No lo reconocía en absoluto. El hombre frente a mí no se parecía en nada al hombre tierno y cariñoso que me había criado.

—¡Tú y Emmett son una pesadilla! —chillé— Al menos Jasper sabe lo que es el respeto, a Mike simplemente no le importa y Laurent está lo suficientemente lejos de aquí como para no pertenecer a su culto del infierno.

—¡Solo intentamos protegerte!

Aquello casi me desarma, pero no lo permití.

Pese a todo, sus palabras anteriores habían logrado lastimarme. Él sabía que tan delicado era para mí el tema sobre la escuela de arte. Toda mi vida quise hacer arte. Era buena dibujando y creando cosas con mis manos, pero él siempre me subestimó. Quería que fuera más profesional. Todo menos el arte.

Me obstine antes siquiera de pensar en irme de Forks, le rogué por un oportunidad para demostrarle que valdría la pena si me apoyaba.

Me lo negó y yo me revele.

—Todo lo que has hecho es lastimarme. —dije con pesar.

Me estire sobre el gigantesco y musculoso cuerpo de Edward pasa apretar el botón qué hacía subir el vidrio de nuevo.

Aquel material se levantó entre mi padre y nosotros. No significó ningún cambio. Así me había sentido durante toda mi vida. Encerrada en paredes de cristal, lejos de él.

Edward arrancó el auto lejos sin decir ni una palabra.

Anthony estaba recargado sobre el asiento trasero, rascándose la cabeza con nerviosismo.

—Vaya, y yo que pensé que llevaba una relación disfuncional con mis padres.

—Anthony... —advirtió Edward.

—Está bien. —repuse.

Me reí entre lágrimas.

No pude evitar sentirme enojada también, por estar llorando de nuevo a causa de las insensibles palabras de Charlie. Ya debería estar acostumbrada después de tantos años.

Edward pasó al lado de la patrulla estacionada de papá donde Emmett aguardaba inclinado sobre el capo.

Le levante el dedo medio. Como el grandísimo cretino que siempre fue, me dio una sonrisa abierta que hizo resaltar los hoyuelos de sus mejillas.

—No creo que hacer peinetas ayude de mucho. —repuso Edward.

—Decir mentiras tampoco. —contraataque.

No quite la vista del espejo lateral hasta que la patrulla de mi padre quedo oculta en un inmenso paisaje blanco.

Suspire al notar lo borde que podía estarme comportando. De cualquier manera, debía agradecer a Edward. Malo o bueno, había intentado ayudarme.

Pase las manos por mi pelo.

—Lo siento, estoy muy nerviosa.

—Eso fue inesperado.

—¿El qué?

Me deje caer en mi asiento exhausta.

—Ver a Charlie Swan tan enojado. —se rio ligeramente— Toda mi vida dude que tuviera sangre en las venas.

Aquello pico mi curiosidad.

—¿Por qué mi padre tiene esa opinión sobre ti?

Anthony asomo su cabeza.

—Sí, ¿por qué?

Edward sonrió de lado.

—Esa es una vieja historia.

Mordí mi labio inferior.

—Tengo tiempo.

No hubo ningún cambio. Hasta que se estaciono al lado de la carretera y se giró hacia mí.

El escrutinio de sus ojos verdes me puso nerviosa.

Ojos verdes hermosos.

—Sí yo te cuento mi historia, me tienes que dar algo a cambio.

Dude. Sin embargo, mi curiosidad termino por ganar.

—Trato.

—¿Qué tal una comida tardía en la cafetería del pueblo? —ofreció.

Ante la mención de comida, mi estómago decidió hacer acto de presencia. Mi estómago gruñó como un oso enojado.

—Creo que eso en un sí. —dije avergonzada.

Se inclinó y paso un dedo por mi mejilla sonrojada.

El gesto me regalo un delicioso estremecimiento que viajo directamente a mis partes más sensibles. La sensación caliente de mi rostro incremento, delatándome.

Su dedo pulgar atrapo una lágrima seca que antes se me había escapado.

—Demasiado hermosa para llorar, dulce.


¡Hola, nenas! ¿Cómo ven el capítulo 6?¿El encuentro entre Edward, Charlie y Bella? Hay mucha tensión en la relación padre e hija, y a pesar de que no dudo que Charlie ame a Bella profundamente y la quiera proteger, no creo que se la manera. ¿Cuál será la causa de su actitud tan dura y la aversión que tiene por Edward? Espero su hipótesis en los comentarios. ¡Gracias por su tiempo y sus rr! Besos a la distancia.

Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

—Ariam. R.


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