Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


La luz es lo que te guía a casa. La calidez es lo que te mantiene allí.

Ellie Rodríguez.

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No tardamos en llegar al centro del pueblo. Con la tarde y la nieve cayendo sobre el pequeño poblado, los establecimientos estaban repletos de gente.

Los matrimonios caminaban por las calles, los niños correteaba entre los plaza del centro y algunas personas simplemente iban y venían.

Los adornos de Navidad brillaban en todo su esplendor. Desde luces de todos los colores, guirnaldas, escarcha, monos de nieve, velas, esferas, noches buenas…

Villancicos…

Los villancicos se escuchaban por los altavoces de la alcaldía.

—Vaya. —murmuro Anthony con la nariz pegada al vidrio del auto, a su vez, el vidrio se empañaba con cada una de sus exhalaciones— Esto es muy diferente a la ciudad. —se alejó para mirarnos, en especial a mí, ya que Edward seguía manejando— Me gusta.

Sus lindos ojos azules brillaban emocionados.

—A mí también. —y era verdad.

Forks siempre seria mi hogar.

Fue donde crecí. Vivir en un pueblo es diferente a vivir en la cuidad. En un pueblo puedes sentir el calor de hogar por todos lados. La vida es más tranquila, por lo tanto, más cómoda. La mayoría de las personas se conocen por aquí, y sus hijos, y los hijos de sus hijos.

Papá creció aquí junto a sus padres.

El abuelo Arthur y la abuela Marie.

Ambos fueron un matrimonio feliz que criaron a un solo hijo. El abuelo Arthur fue policía también y la abuela Marie era la costurera del pueblo. Con el paso de los años, papá creció y su admiración por su padre también.

Al terminar el Instituto, decidió no ir a la universidad y quedarse a la academia de policía.

El abuelo Arthur estaba más que feliz de que su único hijo siguiera sus pasos. Poco tiempo después de que papá se volvió un verdadero policía, el abuelo Arthur murió de un ataque al corazón, dejando sola a la abuela Marie. Papá se encargó de cuidarla sus últimos años, y él último año antes de convertirse el jefe de policía más joven en los últimos veinte años, conoció a mi madre.

Su madre y ella se mudaron desde Phoenix a Forks.

La abuela Carol fue una madre soltera trabajadora que siempre busco lo mejor para mi madre. Mamá era aún muy joven cuando Charlie se enamoró de ella, así que se encargó de cortejarla durante sus últimos dos años de Instituto hasta que el día de su graduación, le propuso matrimonio.

Mamá no dudo en aceptar y poco tiempo se casaron.

A los pocos meses nació Emmett, luego vino Jasper, Mike y Laurent. Todos hombres.

Tres hijos revoltosos parecían ser suficientes, sobre todo cuando la abuela Marie murió un par de meses después del cumpleaños cuatro de Laurent.

La abuela Carol, para entonces, se había vuelto a casar y se había mudado a Los Ángeles con su nuevo esposo. Nunca fue muy apegada a nosotros después de que mamá se casará con papá.

La muerte de Marie destrozó a Charlie y a Renne.

Entonces, mamá olvido tomar sus pastillas anticonceptivas en medio de un resfriado y todo se salió de control.

Nueve meses después nací yo, la única hija mujer y la más pequeña de la casa.

—Te fuiste. —comento Edward, estacionado la camioneta al costado de la única cafetería en Forks. La cafetería de Marco y Marian Cope.

—Me fui. —acepte.

Se sintió como si no solo estuviera hablando de haberme distraído, sino de todo el contexto en general.

Edward apunto con la barbilla a la cafetería.

—Me gusta el chocolate que hace el viejo Marco.

—Me encanta también. ¿Qué tal una taza de chocolate, Anthony? —le pregunté al chico de ojos azules.

Se encogió de hombros.

—Podría comer chocolate todos los días de mi vida.

—Pensé que era la única. —choque mi hombro con el suyo.

Los tres salimos de la camioneta.

Anthony se acomodó su chaqueta y puso alrededor de su cuello el cable de sus audífonos. Su celular termino en el bolsillo trasero de su pantalón.

Hice lo mismo, acomodando sobre mi cabeza el gorro de mi chaqueta afelpada. Estaba acostumbrada al clima frio de todos modos.

—¿Qué escuchas? —pregunté, frotando mis manos entre sí para conseguir algo de calor.

Edward comenzó a caminar a nuestro lado con las manos en los bolsillos. Evite mirar hacia los tatuajes de sus músculos brazos que su chaqueta arremangada dejaba ver.

Nos dejó fluir, mientras seguía conversando con Anthony.

El chico tomó un audífono y lo extendió hacia mí.

Lo acepte.

Lo embone en mi oreja. El ritmo el rap en inglés inundo mis oídos.

—Eminem.

Se encogió de hombros.

—Ayuda a no pensar.

No me gusto el trasfondo de sus palabras. Era claro que el abandono de sus padres aún se suponía un tema delicado para él. No imaginaba lo mucho que le costaría sobreponerse, aun si tenía a Edward a su lado.

Le sonreí de manera animada.

—Me gusta Eminem.

Mi respuesta lo hizo sonreír.

—Al menos aparte de bonita eres inteligente.

No me dio oportunidad a responder. Se colocó el otro audífono y se adelantó en el camino hacia la cafetería.

Edward tomó su lugar a mi lado.

—Tiene un buen sentido del humor. —comento.

—Y buen oído musical. —complete.

—Herencia de la familia Cullen.

Sopese sus palabras.

—Creí que tu hermana y tú habrían tomado el apellido de Billy.

¿No se supone que cuando adoptas dos niños pasan a ser oficialmente tuyos? Sin embargo, debía admitir que el apellido Cullen iba bien con Edward y Anthony. Edward Black, lo repetí mentalmente. Se escuchaba extraño después de todo.

—Billy no nos adoptó completamente. Simplemente fue nuestro padre de acogida. Es distinto. Siempre quise mantener nuestro apellido.

Levante las cejas.

—¿Qué diferencia hay?

—El sistema está repleto de niños sin hogar. Los padres de acogida aceptar recibir niños en sus casas para darles un hogar provisional en tanto el sistema les encuentra un verdadero hogar. Lo que en muchas ocasiones no sucede.

Me mordí la lengua para no satisfacer mí ya muy despierta curiosidad.

¿Por qué tenía esta necesidad de saber todo sobre Edward?

—Puedes preguntar. —me dio una empujón juguetón.

Reí, frunciendo los labios.

—¿Tan evidente es?

—Bueno, eres fácil de leer, sí, pero la mayoría de la gente tiene preguntas. No me hiere. Al contrario, es muy importante que la gente entienda la verdadera importancia de la adopción y el funcionamiento del sistema.

Me abrace a mí misma ante sus palabras.

De pronto, me dolía imaginarme a un pequeño Edward solo. Sin nadie con quien jugar o quien lo arropara. No conocía del todo a su hermana, pero llevada por sus palabras, ella también lo debió pasar muy mal. He ahí la injusticia de la vida. Ningún niño merecía crecer sin un hogar lleno de amor.

—¿Por qué Billy no te adoptó? Hablaste de quedarte con él más tiempo.

—Me lo ofreció. Es un buen hombre y creo que en mi encontró al hijo que perdió. Pero siempre se sintió incorrecto no poder corresponderle completamente. No solo era yo, también Tony. Tenía que trabajar por darle una vida también a él. Billy trabajaba para sí mismo y para mí, sin embargo se sentía incorrecto que tuviera que mantener a Anthony también. Sabía que tenía que salir a buscar mi propio camino. Comencé a trabajar como camarero, repartido, incluso intente estar en la academia de policía.

Aquello me dejo con la boca abierta.

—Estás bromeando.

—No lo hago. —dijo, mientras abría la puerta de la cafetería para mí.

Anthony estaba a pocos metros, mirando en lugar maravillado.

Compartía su admiración. El matrimonio Cope siempre mantenía su cafetería impecable, y los adornos navideños le añadían un plus.

—Vaya. Había olvidado lo bien que se ve y huele este lugar. —dijo Edward, poniendo las manos en los hombros de Anthony.

Este se giró un poco.

—¿Puedo comer una pedazo de pay de manzana con una malteada?

—Puedes. —acepto el hombretón, revolviendo su cabello.

Anthony lo miró con adoración.

—¡Genial!

—¿Qué quieres tú, dulce? —me pregunto.

Me seguía descolocando con el apodo. Sin duda, amaba que me llamara así, pero... ¿era correcto cuando apenas teníamos unas horas de conocernos? Se sentía como algo íntimo.

Un apodo que diría un amante hacia la mujer que amaba.

Espera...

¿Qué?

—¿Bella? —me llamó.

Sacudí mi cabeza.

—Una taza de chocolate para mí. —respondí rápidamente.

Edward me miró por un segundo más del necesario, antes de girarse de nuevo hacia Anthony.

—Dos tazas de chocolate. No tardes. —sacó su billetera y le dio un billete de cien dólares.

—Bien. —acepto Anthony, intentando agarrar el billete.

Edward lo alejó de su alcance.

—Asegúrate que el cambio encuentre el camino de vuelta a mí.

Anthony sonrió presuntuoso.

—No prometo nada.

Edward le termino por dar el billete. El chico lo tomó entre sus dedos, me guiño un ojos y se marchó hacia la fila que había en la barra.

—No estoy segura de que vaya a volver. —bromeé.

—Lo tengo en cuenta. —señaló una mesa.

Removió la silla al lado de la ventana y me la ofreció.

Vaya. Acepte sin rechinar, sentándome. Me ayudo a acercar mi silla y luego se sentó frente a mí.

—Buenos modales.

Acomodo la pequeña silla bajo su gran cuerpo de manera que todo él cupiera en la pequeña estructura. Aún sentado. Nuestra diferencia de tamaño era muy notable. Me hacía sentir diminuta.

—Puede que no lo parezca, pero soy un caballero. —objeto.

No pude evitar que mis ojos volvieran a los tatuajes de sus brazos.

—¿Vas a seguir contándome?

Su mano serpenteó por la mesa, hasta que las puntas de sus dedos rozaron mi mano.

Aquí vienen de nuevo las mariposas en mi estómago.

¡Este hombre me va a volver loca!

—¿Sobre mi historia o sobre los tatuajes?

Claro que noto mi fascinación por los diseños de sus brazos. Claramente no soy muy discreta a la hora de mirar.

Removí mis dedos.

—¿Historia? —pregunté tentativamente.

Sus dedos atraparon los míos.

La sensación provoco una corriente eléctrica que me hizo estremecer.

Mi respiración incremento al igual que los latidos de mi corazón. De alguna manera, nunca había sentido nada parecido a lo que este hombre provocaba en mí con un solo toque.

No sé cómo lo hace o como logra, pero él solo pensamiento de alejarme ya me resulta doloroso.

Por alguna razón, hay algo que me atrae hacia el como un imán. Sea lo que sea esto, estoy perdida aquí. Es todo él. Es mucho más fuerte de lo que alguna vez sentí siquiera por Jacob.

¿Jacob? ¿Quién es Jacob?

La mención de Jacob me regreso a la realidad de golpe.

¿Es un escape? ¿Estoy trasladando mis sentimientos después de descubrir la infidelidad de Jacob? ¿Es mi manera de decirle: "vete a la mierda"?

Carraspeé y moví mi mano lejos de la suya.

Edward se dejó caer hacia atrás, alejando sus manos también. Inmediatamente me arrepentí de rechazar su toque.

—Dijiste algo sobre la academia de policía. —intente concentrarme en algo más que no fuera sensación de su piel sobre la mía.

—Sí, eso dije. Es increíble de creer, ¿no? —dijo en un tono que no me gusto.

—No pongas palabras en mi boca.

—No me hace falta.

Intente ignorar su actitud borde. Suponiendo que me había alejado de una manera tan violeta, era razonable. Pero por Dios si no quería estirarme por arriba de la mesa y plantarle un beso en esa cara dura suya.

—¿Fue allí donde mi padre y tú se conocieron?

—Quiso hacer de mi algo que no soy. —se cruzó de brazos. Lo tomé como una medida de defensa— Emmett ya estaba en la academia, pero no éramos cercanos. Soy bueno en lo que me gusta, así que cuando comencé a hacerme notar más que tu hermano mayor, tu padre comenzó a ser más duro conmigo. Constantemente nos usaba para darnos celos él uno al otro. En el mismo ínter, descubrí mi pasión por la música. Siempre me gusto escribir, así que comencé a hacer algunas cosas por allí. Una noche salí con los chicos de la academia a tomar unos tragos después de que me estuvieron convenciendo por semanas. Emmett estaba allí. Hubo alcohol involucrado y una apuesta. —se acaricio distraídamente la ceja, como si estuviera recordando algo— Emmett perdió. Se supone que recibiría un castigo. Todos éramos un poco estúpidos en ese entonces, así que su castigo fue un tatuaje.

No podía creerlo.

Me resistí a chillar.

—¡No! —jadeé. Mi cuerpo no soporto más y comencé a removerme sobre mi silla. Mi estómago burbujeo por la diversión— Es... La flor...

¡La jodida flor en su trasero! OH POR DIOS.

—¿La flor de su trasero? —completo él por mi— Sí.

Me doble sobre la mesa, golpeándola a su vez.

Mi estómago comenzaba a doler.

No podía creer que tenía enfrente de mi a la persona encargada de poner aquel tatuaje en el trasero de mi hermano mayor.

Solté una carcajada.

Luego un par de risas.

Resople.

Papá descubrió el endemoniado tatuaje de la flor luego de que ambos salieran a nadar al club deportivo. A papá le gustaba mantenerse en forma y obligaba a Emmett a acompañarlo.

En el lugar las duchas eran compartidas, por lo que había sido algo idiota de parte de Emmett no haber tenido cuidado. Papá duro semanas sin hablarle al descubrir la cosa rosada en la nalga izquierda de mi hermano mayor.

Después de que mi risa murió poco a poco, Edward siguió con su historia.

—Tú padre me odio por lo que le hice a su chico. Se volvió un chisme a voces, arruinando toda posibilidad de que Emmett se convirtiera en jefe de la policía.

—Vaya. —ahora entendía muchas cosas— Recuero que ese año papá tenía pensado retirarse para dejarle el mando a Emmett. Ahora tiene sentido porque no lo hizo. ¿Se supone que está esperando hasta que Emmett limpie su imagen o algo así?

—El concejo del pueblo es el que decide. Así que; se mueren todos o tu padre se rinde. Pocas semanas después decidí salir de este pueblo y lo demás es historia. Me mude a Chicago junto a Anthony, me seguí mudando, no duramos mucho en un lugar.

Apunte a sus brazos.

—¿Los tatuajes tienen algo que ver con tu trabajo?

Quizás fuera modelo, o alguna mierda por el estilo.

—Hice los bocetos y algunos detalles extras, pero la mayoría del trabajo es de Aro. ¿Los tatuajes? Soy socio de Aro en su estudio, pero eso es todo. Mi trabajo no tiene nada que ver con ellos. Simplemente me gustan. La música es mi trabajo. Quería vivir de algo que me apasionara y me hiciera sentir vivo.

Acerque mis dedos poco a poco sobre la mesa.

Extendí mi palma y espere.

Él dudo por un momento, pero al final acepto.

Recorrí con soltura las líneas de su brazo izquierdo, donde él dragón se dibujaba sobre su piel.

—¿Y la música te hace sentir vivo?

Edward me miró a través de sus ojos verdes.

—No del todo, dulce. —giró mi mano y coloco su dedo indice sobre mi muñeca. Exactamente donde se podía sentir mi pulso aumentar— Descubrí que es lo que amo hacer, descubrí qué soy bueno en ello, pero también descubrí que siempre hay algo más extraordinario. Una letra mejor. Una nota más alta. Algo más apasionante. Y lo encontré en toda la extensión de la palabra.

Tragué en seco por el significado oculto de sus palabras.

—Ahora. —sus dedos acariciaron mi piel hormigueante— ¿Qué tal si comienzas con tu historia?


¡Hola, nenas! Me alegra traerles otro capítulo de esta encantadora historia, ¿cómo van? ¿Les está gustando? ¡Ahora sabemos un poco más de esa historia entre Charlie y Edward! ¿Pero es todo? ¿O tal vez hay otra cara de la historia para saber de parte de Charlie?, ya lo veremos. Me encanta que Edward sea tan abierto con Bella. Ahora sabemos que se dedica a algo referente a la música, ¿Qué será eso? ¿Teorías? Y sabemos algo más de Emmett hahaha. Veamos cómo avanzan las cosas entre nuestros dos tortolitos. Solo puedo decir que en el siguiente capítulo se cierran las apuestas y los acuerdos. ¡Aiññññññ! Ya quiero que lo lean. Depende de sus rr y que tanto entusiasmo vea, gracias por leerme. ¡Besos a la distancia!

Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R


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