Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


Porque no fue en mi oído en el que susurraste, sino en mi corazón. No fueron mis labios los que besaste, sino mi alma.

Judy Garland

.

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Él me besó.

Jodidamente me besó.

Sus labios acariciaron los míos y su respiración agitada soplaba sobre mis mejillas. Mis brazos se aferraron a su cuello para acercarme lo más posible a su cuerpo. Mi cuerpo se sentía en llamas, quería fundirme con él... ser un solo, montarlo sería mucho mejor.

Su lengua toco la mía, jugando con lo poco que quedaba de mi sensatez.

—Joder. —me tuve que alejar para poder tomar un poco de aire.

Me miró con los ojos verdes oscuros bajos y los labios hinchados. Demasiado hermoso para ser cierto. Me alegraba ver que no era la única afectada por nuestro arrebato, o el mio. Como sea.

Necesitaba sus labios de nuevo.

—Muy bien, hazlo de nuevo. —demande.

Se rio entre dientes sobre mis labios y me volvió a besar.

Sus dedos en mi nuca me urgieron para entrar en mi boca, inclinando mi cabeza un poco más hacia atrás.

Todo él era gigante y fuerte y quería quedarme entre sus brazos para siempre.

Gemí.

Mis manos buscaron por abajo de su camisa. Palpe la piel cincelada, memorizado cada borde, detalle y sus músculos firmes flexionándose. Dios, él tenía un cuerpo perfecto. Ni siquiera tenía que verlo sin ropa, ya lo sabía con solo tocarlo.

Podría lavar mi ropa en su abdomen o... bien lamerlo. Cualquiera que llegara primero.

Su mano en mi cintura hizo lo mismo. Comenzó su propia investigación, acariciando con las puntas de sus dedos por abajo de mi blusa y el borde de mi sostén deportivo.

No era muy sexy.

¡Diablos!

De ahora en adelante, solo ropa interior sexy para mí.

—Estás frunciendo el ceño. —dijo, alejándose y besando mi nariz.

Hice un mohín por la dulzura del gesto.

Sus dedos trabajaron por abajo de la tela del sostén como alas de mariposa sobre la sensible piel desnuda.

—Uh…

No podía hablar.

—Así está mejor. —susurro, ahora besando entre mis cejas— Eso es, dulce. Me pregunto, ¿tu sabor es igual de dulce en otras partes? Hueles a melocotón y fresas. Como mi postre favorito. Muero por comprobarlo.

Oh, si, por favor.

Gracias a dios por las lociones afrutadas y mi obsesión por ellas.

—Por supuesto, no puedo decidir si me gustas más enfurruñada con las mejillas sonrojadas y el ceño fruncido o... —sus dedos llegaron a mi pezón. Tomó mi pico entre su dedo pulgar e indice y me dio un cariñoso pellizco. No hubo dolor, ni siquiera incomodidad, solo el placer recorriendo todo mi cuerpo hasta asentarse en mi abdomen bajo— gimiendo porque el placer es demasiado.

Deje caer la cabeza hacia atrás y cerré los ojos.

Mis manos dejaron su piel y se aferraron a su camisa. Apreté entre mis puños el material.

No estaba segura, pero si seguía tocando mis tetas de esa forma me correría. Justo aquí. Detrás de la cafetería en un callejón sucio de mala muerte.

¿Qué importa?

Sobre toda la nube de lujuria, algo hizo clic en mi cabeza.

—Estamos e-en la c-calle. —gimoteé.

—Nadie puede verte, cariño. Solo yo. —afirmó su agarré sobre mí.

—Cualquiera podría salir de la cafetería y vernos. —mi respiración aumento cuando repartió pequeños besos por todo mi cuello.

Joder, ¿puede bajar esa boca suya un poco más?

—Nadie saldrá por aquí porque saben que estamos hablando. ¿Viste como todas esas personas nos observaba mientras salíamos? Sabrán respetar una conversación. Son buenos ciudadanos. ¿O crees que se imaginan como te tengo sobre la pared? ¿Besándote y saboreando tu piel? ¿Imaginando como seria llevarte de vuelta a mi auto para poder quitar toda la ropa estorbosa, y poder poner mi boca y mis manos por todas partes?

Toda mi piel se puso de gallina por sus palabras. No podía pensar correctamente con él sobre mí de esa forma.

Besándome, acariciándome, susurrando.

Lamiendo...

—¡Ah! —jadeé de forma vergonzosa cuando inesperadamente bajo mi camiseta, y puso sus labios sobre mi pezón por encima de la tela del sostén.

—¿Decías? —se burló.

—Más. —suplique.

—No antes de que aceptes nuestro acuerdo. —soplo sobre la mancha de humedad que su boca había provocado, haciéndome estremecer.

—¿Qué...?

Se encogió de hombros.

—Soy un hombre a la antigua, cariño. Puede que no lo parezca, lo sé, pero no voy por la vida asaltando bonitas chicas que conozco de un dia en callejones solitarios.

—Me estas jodiendo. —empuje sobre su pecho, pero no logre nada. Claro que no. Maldito gigante hermoso.

Jale mi blusa y la coloque sobre su lugar.

Hice lo único que me quedaba, verle con toda la furia de mis hormonas desquiciadas.

—A menos que...

—¿A menos que? —ladré.

—A menos que haya un compromiso de por medio. —me sonrió de forma lobuna.

—¿Estás diciendo que si no acepto ser tu prometida falsa, cuando fuiste tú quien le dijo a mi padre que lo eras y cuando fuiste tú quien hizo lo mismo con mi madre, no puedes poner la boca en mi maldito pezón?

—Sí lo dices así se escucha muy sórdido.

—¡Porque lo es! —grite.

Toco mi nariz.

—No te voy a dejar lidiando sola con toda la mierda, listilla.

Le di un manotazo. Él solo se rio divertido. ¿Qué ganaba él con todo esto, aparte de molestar a mi padre y hacer que le dé un infarto? ¿Qué ganaba yo? Excepto por la parte de tener un guapo prometido sexy con talentosas manos y labios…

¡Concéntrate!

—Define nuestro cuerdo. —dije sarcástica.

Aferro sus manos a mis caderas para sostenerme más cerca.

—Un compromiso, la cena, la familia, nos podemos casar. Eso te dejaría el camino libre y a mí me da la oportunidad de demostrarle a Charlie Swan que no soy la mierda subestimable que siempre creyó.

Si aceptaba, no tendría que hacerme cargo de la mierda de Jacob. Podía dejar su traición atrás, sin tener que contarle nada a mi familia. Se sentía casi como una verdadera salida, pero, ¿casarnos?

—¿Qué hay sobre la boda? ¿No es llegar un poco demasiado lejos? —concluí.

—Somos buenos juntos. Me gustas y te gusto. ¿Quieres estar cerca de tu familia, ¿no? Y yo de Billy. Quiero estabilidad para Anthony y no te voy a mentir, para mí también.

—¿Por cuánto tiempo?

—Puede ser tan real como tú quieras, pero si no funciona o alguno de los dos quiere tomar un camino diferente… seis meses.

—Necesitamos una historia. No puedo creer que de verdad lo estoy considerando.

Sus pulgares acariciaron mis caderas.

—Podemos hacerlo funcionar, Bella.

—No es nada factible. —susurre.

—Muchas cosas no lo son esta vida, ¿y sabes qué? Les va más que bien.

Oí pasos y voces. Gruñidos y chillidos. Identifique la voz de Anthony y Alec detrás de la puerta. También podía escuchar la risa ligera de Vanessa. Hablaban o bromeaban, cualquiera que sea de lo que hablan y bromean los adolescentes.

—Tienes que soltarme. —le dije.

—No a menos que me des una respuesta.

Más pasos y ruido. Se estaban acercando. No podía permitir que el hijo de Emmett me viera en tal situación. Y Anthony... no antes de aclararle los puntos de este acuerdo por más extraño y ridículo que pareciera.

Me revolví entre sus brazos.

—Mi respuesta. —canturreó sin soltarme.

—¡Bien!

Me dio una sonrisa abierta, incluso emocionada.

—¿Bien? —levanto las cejas.

—Sí, bien. —miré frenéticamente entre él y la puerta— Ahora, suéltame antes de que los chicos vengan aquí.

—Lo que quieras, cariño. —volvió a besar mis labios, y luego como quien dice un secreto se acercó a mi oído— Me encargare de ti en otra oportunidad.

Me soltó.

—Bastardo. —murmure entre dientes.

Se situó a mi lado y me tomó de la mano, entrelazados nuestros dedos. Comenzamos a caminar hacia la puerta de regreso a la cafetería. O más bien, comenzó a arrastrare con él.

Entorne los ojos.

¡Hombres!

Una cabecita cobriza de ojos azules se asomó por la puerta antes de que Edward pudiera abrirla.

—¡Hey! Aquí están, comenzaba a creer que me habían abandonado. Los chicos se despidieron y se fueron.

Intente quitar mi mano de la de Edward. No era necesario fingir ni nada, porque no estaba dispuesta a mentirla a Anthony. Él tenía que saber del acuerdo para cuidar todos nuestros puntos ciegos.

El hombretón no me soltó.

—Alec dijo que la mujer que entro a la cafetería es tu madre y también dijo algo más, lo que es terriblemente extraño. —abrió la puerta del todo y se recargo en el marco de la puerta con una expresión astuta.

Nos tiene.

Para ser un niño de catorce años, era demasiado listo.

—¿Qué fue lo que dijo? —pregunto Edward haciendo al tonto.

Maldita sea, por eso dicen que las mentiras tienen las patas cortas. Si Alec insinuó algo y Anthony lo corrigió y luego Alec se lo diría a Emmett y Emmett a mi padre. ¿Por qué mi vida privada parecía algo que todos necesitaban comentar?

—Él dijo que ustedes dos —movió las cejas de arriba abajo y nos señaló con su mano— se traen algo serio entre manos.

Edward resoplo.

—Deja la mierda, Tony. La estas poniendo nerviosa. —acaricio con su pulgar la palma de mi mano. Afloje mi agarré, no me había dado cuenta que estaba apretando demasiado fuerte.

—¿En serio se van a casar? —abrió los ojos como platos.

Empuje a Edward con mi hombro.

—¿Lo ves? Es una locura.

—Soy bueno con las locuras.

—En eso tiene razón. —apunto Anthony.

—Tenemos un... acuerdo. —repuse yo.

Anthony sonrió abiertamente.

—¿Qué tipo de acuerdo y porque no estoy incluido?

Edward le ignoro y volvió en camino hacia adentro de la cafetería. Vi a Anthony cerrar la puerta a nuestras espaldas y seguirnos apresuradamente.

—Camina más despacio, eres mucho más grande que yo. —refunfuñe. Edward me gruño un ojo y ralentizo el paso.

Anthony se ubicó a la par.

—¿Qué obtengo yo a cambio? —objeto el muy charlatán.

Edward agarro mi bolso de la mesa donde habíamos estado tomando nuestras tazas de chocolate y le hizo una seña al viejo Marco por encima del mostrador. Él nos correspondió.

Yo levante la mano en un breve "adiós" y fingí una sonrisa, tratando de simular que no estaba a punto de ser extorsionada por un adolescente.

—¿Qué es lo que quieres? —Edward abrió la puerta para mí y para Anthony, finalmente soltándome.

Sacudí mi mano y lo miré con mala cara.

Todos salimos de la cafetería y nos quedamos de pie en el porche lleno de nieve.

—Una cita.

Arrugue la nariz.

—¡Diablos! ¡No!

Anthony soltó una carcajada.

—Contigo no, tontita. Con Vanessa. Si nos vamos a quedar y ustedes dos se van a casar, bueno, supongo que es hora de que encuentre a mi chica.

Eso fue inesperado.

—¿Te gusta Vanessa? —exclame con sorpresa.

No tenían ni dos horas de conocerse. ¿Si quiera hablaron? Conocía a Vanessa, era una buena chica, pero también conocía el enamoramiento que tenía ella por Alec desde el preescolar. Aunque mi sobrino nunca había parecido realmente interesado.

Sus mejillas se llenaron de una suave rosa.

—Cuando un Cullen lo sabe, lo sabe. —Edward puso una mano en su hombro— Hecho.

Anthony soltó un puño en el aire.

—¡Sí! Tú tienes a tu chica, yo tengo a la mía. —se guardó las manos en el bolsillo y comenzó a silbar.

Lo miré boquiabierta.

—Es una broma, ¿no? Se acaba de conocer de dos horas y el chico ya quiere salir con ella. "Cuando un Cullen lo sabe, lo sabe" —le imite terriblemente— Es una broma, ¿no?

Coloco una mano en mi espalda y me incentivo a comenzar a caminar hacia la camioneta.

—No lo es.

Algo se asentó en mi estómago y miles de mariposas volaron por todas partes por el significado oculto en esa frase. Malditas mariposas cotillas.

—¿A dónde vamos? —pregunté mientras subíamos los tres a la camioneta.

Me quite el gorro de la chaqueta y sople sobre mis manos frías por un poco de calor. Edward tomó la tarea como suya y alejo mis manos. Las junto sobre las palmas y soplo él mismo.

Dulce, dulce, hombre. Quizás también debería empezar a llamarle así. Besó la punta de mis dedos y las dejo en mi regazo. Luego encendió la camioneta y arranco fuera del estacionamiento.

—La Push, nena. —Anthony recargo la barbilla en mi asiento.

—¿Me llevas con Billy Black? —le pregunté al hombretón.

Sus hombros fueron de arriba a abajo por la risa qué salió directamente de su pecho. Joder, lo que me hacía esa risa.

Cruce las piernas y apreté.

—Necesito presentarte a mi padre. —estiro la mano derecha y me cogió del muslo.

De pronto, ninguno de los dos podía mantener las manos lejos él uno del otro. Cerré la boca y no me queje.

—Pero si ya le conozco. —argumente con voz aguda.

Edward me miró por un segundo antes de volver su atención a la carretera.

—No como mi prometida.

Aquí vienen. Las mariposas de mi estómago al ataque una vez más. ¿Alguien podría actualizarlas y decirles que todo esto es una mentira? ¿Un acuerdo? Porque así es, ¿verdad? No es como si te pudieras enamorar de alguien a las pocas horas de conocerle.

Al menos eso fue lo que trate de repetirme todo el tiempo de camino a La Push, mientras sentía revolotear los dedos de Edward en mi muslo.


¡Hola! Ese beso, eseeee beso. ¿Dónde está mi chico gigante para besuquearnos en los callejones? ¡Me encanta! ¿Qué les pareció? El trato se cerró, tanto con Edward como con Anthony. Cuando un Cullen lo sabe, lo sabe. Bella tiene las verdaderas razones de Edward en esas palabras. ¿Qué escucho? ¿Campanas de boda?, estén al pendiente de las siguientes actualizaciones. Gracias por seguir la historia, por su apoyo y sus rr. ¡Besos a la distancia!

Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R


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