Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
Todo lo que sucede en la cabeza y en el corazón se manifiesta en nuestra voz, ya que es el espejo del alma.
—Purificación Estarli Pérez
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El camino a La Push no es demasiado. Tomamos la ruta 101 y unos cuantos kilómetros después, nos incorporamos al condado de Clallam. La Push pertenece a los Quileute, una reserva india nativo americana reconocida como una tribu federal.
Cuando pequeña, Charlie nos hablaba de la cultura y sus leyendas. Billy y él se conocieron gracias a su gusto por la pesca y se hicieron inseparables. Lo que comenzó como una conversación en la tienda de artículos deportivos en el pueblo sobre cual anzuelo era mejor para sostener la carnada, se trasformó en una amistad de más de treinta años.
—Me encanta esa canción. —el tarareo de Anthony me saco de mis pensamientos.
No pude evitar reírme.
—Oh, por todo lo sagrado. No estás hablando en serio.
—¿Bromeas? —me dio una expresión condescendiente— ¡Es un clásico! Y lo mejor, puedo hacer que Ed la cante conmigo.
Edward uso su mano en mi muslo para levantarla y darle un golpe torpe en la cabeza sin quitar la mirada de la carretera.
—Cállate, niñato. No lo escuches, Bella.
Me levante sobre el asiento del copiloto.
—Necesito escuchar eso.
—No, no. Eso no va a suceder.
Infle las mejillas e hice un puchero. Eso siempre funcionaba con Charlie y mis hermanos. Oh, y los ojos grandes de cachorrito.
Uní las manos también, solo para asegurarme.
—¿Por favor?
—Noooo. —alargo la "o".
—Por favor, por favor, por favor.
—Tienes que darle un vistazo, Ed. Se ve jodidamente adorable. Tengo que aprender a hacer esa expresión. —me imito torpemente— ¿Qué tal así?
Deje salir una risita. Edward me miro con ojos verdes divertidos y entorno la mirada.
—Si lo hago, me debes una.
—Tú me debes una —y a mi coño— por el callejón.
—Ese es un golpe bajo.
—Bella: 1. Edward: 1.
Le subí al volumen al sonido de la camioneta.
—Va empezando. —argumente— No puede ser tan malo.
Anthony asomo su cabeza cobriza en medio de los dos asientos y comenzó a tararear. Los acordes de A Thousand Miles inundaron el interior, junto a la voz de Vanessa Carlton.
—Making my way dowtown, walking fast, faces pass and I´m homebound.
Me deje caer sobre la puerta.
—¡Me encanta!
Anthony sonrió presuntuoso y señalo a Edward.
—Tú turno.
—Staring blancly ahead. Just making my way, making a way. Through the crowd.
La sonrisa se me borro de apoco a poco, remplazada por la calidez proveniente de mi pecho y mis partes bajas. Su voz… cantara lo que cantara, así fuera la canción ridícula de una comedia de chicas, para ser exactos: ¿Dónde están las rubias?, poseía ese tinte ronco y varonil que volvería loca a cualquier chica. Con esa voz, cualquier canción podía ser para follar.
—¿Contenta? —pregunto.
—No tienes idea. —escondí una sonrisa y aferré mis manos al asiento.
En sus ojos un tinte más oscuro se hizo presente. Allí estaba de nuevo. Esa mirada que me dio en el callejón mientras me besaba y apretujaba entre sus brazos.
—And I need you. —chilló Anthony.
Me reí.
—And I miss you. —continuo.
Edward se unió a él y juntos cantaron el último verso.
—And now I wonder… If I Could fall into the sky.
Cante con ellos con el corazón pesado y el estómago burbujeante.
—¿Do you think time would pass me by?
Hace tanto que no hacia parte de… algo. Una familia. Que había olvidado lo reconfortante que era. Mamá siempre nos cantaba. Durante el desayuno, la comida y la cena, para dormir, cambiarnos y peinarnos. Su voz no le hacia ninguna competencia a Beyoncé, pero era suficiente para tenernos a todos sonriendo y pidiendo más.
—Cuz you know I´d walk a thousand miles. If I could just see you tonight. —Anthony termino de cantar y se dejó caer en su asiento.
Edward y yo seguimos la letra solos.
—It´s always times like these when i think of you. —busco mi mano en la suya y entrelazo nuestros dedos entre si— And I wonder if you ever think of me. Cuz everything´s so wrong and I don´t belong. Living in your precios memory. Cuz I need you. And I miss you. And now I wonder. If Could fall into the sky ¿Do you think time would pass me by? Cuz you know I´d walk a thousand miles. If I could just see you tonight.
Acaricie la palma de Edward con mi pulgar. Él lo dejo ir, pero yo no podía. De alguna manera, no podía terminar la canción sin decirle lo que guardaba en mi corazón.
—And I don´t wanna fet you know. (Y no quiero que sepas). I drown in your memory. (Que me ahogo en tu memoria). I don´t wanna let this go. (No quiero dejar marchar esto). I don´t… (Yo no).
Hice lo que pude con el nudo en mi garganta y mire a Edward. Él me dio una sonrisa torcida y me guiño un ojo. La canción termino y Anthony aplaudió, emocionado por nuestro pequeño concierto de carretera.
—Debí haber grabado esa mierda.
—Vocabulario. —Edward lo reprendió.
—¿No llegamos ya a un acuerdo?
Edward dejo salir una carcajada.
—No que yo recuerde.
Anthony se dejó caer en su asiento y se cruzó de brazos.
—Eso es tan injusto.
Edward giro en una pendiente, el letrero: "Bienvenidos a la reserva Quileute", nunca me pareció tan aterrador. Vine unas cuantas veces durante en Instituto con mis amigos, nada más que para observarlos desde la orilla de la playa intentando surfear.
Avanzamos por la calle principal, sorteando los autos varados en la plaza principal. Los habitantes iban y venían. Hombres y mujeres inmensos. De piel morena rojiza, cabello negro como el carbón y ojos del mismo color. Eran guerreros. Descendientes de luchadores innatos. La nieve y la decoración navideña le daban un aire soñador al pueblo. Más cálido. Mucho más que el mismísimo Forks.
Edward respiro profundo.
—Hogar.
Bajamos por una ladera, giramos a la izquierda y estacionamos en frente de una casa rojiza. Billy Black nos miró sobre la ventana con el ceño fruncido confundido. Anthony abrió la perta a la vez que el hombre se apresuraba sobre la puerta y el camino de entrada.
—¡Abuelo! —salto fuera y fue corrió a su encuentro.
Billy lo recibió con los brazos abiertos. Se abrazaron en un apretado abrazo y el hombre se separó, cogiendo el rostro de Anthony en sus manos.
—Déjame mirarte, pero mira que grande estas. Uno de estos días, serás mucho más alto que Edward.
—¡¿Lo ves?! —Anthony se giró sobre sí mismo para sacarle la lengua a Edward— ¡Te lo dije!
—Sigue soñando, granuja. —contestó.
Me hizo una seña con la cabeza.
—Vamos.
—No creo que sea una buena idea. —trague.
—Tan buena como funcione para nuestro acuerdo.
Me acerque más para que no pudieran escucharnos. Mire sobre el hombro de Edward para asegurarme que Billy seguía con Anthony.
—¿Mentirle a tu padre? Estás loco. Ni siquiera tenemos una historia.
—La tenemos. Ahora. —lo dijo tan apegado a si mismo que algo de mi ansiedad murió con sus palabras— Solo hace falta que estés segura de nosotros. ¿Confías en mí?
—No sé porque, pero sí.
Pego su frente a la mía y me dio un beso de a pico.
—No te vas a arrepentir.
Fuimos interrumpidos por la voz de Billy.
—¿Todo bien por ahí? ¿Edward? ¿Quién es?
Edward me miro a través de esos ojos verdes suyos y me dejo ir. Bajamos al mismo tiempo del auto y él me espero en el frente, listo para sostenerme cuando fuera necesario.
Me ubique a su lado. Él abrazo mi cintura con su brazo derecho, rodeándome por completo. Costado contra costado, fue reconfortante tenerlo tan cerca.
—Es Bella Swan. Papá, quiero presentarte a mi prometida.
Billy levanto una ceja.
—Yo…
Corre.
No voy a correr.
¡Corre!
Abrí mis ojos como platos y mis pies se movieron de bajo de mis zapatillas por decisión propia. Edward aferro su agarre contra mí, como si pudiera leer mis pensamientos.
El pecho de Billy comenzó a vibrar, luego, los ojos se le llenaron de lágrimas y el rostro se le ruborizó. Resoplo por lo bajo y dejo salir una carcajada.
—¿Qué…?
Billy se inclinó sobre sus rodillas y se apoyó en ellas, mientras tanto, se seguía riendo.
¿Soy yo? ¿Tengo algo en la cara?
Pase la punta de mis dedos por mi frente sudorosa.
—Mierda, abuelo. Si sigues así, vamos a terminar en el hospital.
Billy abrió los ojos y le dio una buena mirada a Anthony.
—Nada de palabrotas o tendrás que ayudarme en el cobertizo durante todo el invierno.
Edward sonrió presuntuoso.
—Dijo mierda. Dos veces. En el auto.
—Hecho. —Billy señalo a Anthony.
Camino hacia nosotros, mientras el joven cobrizo entornaba los ojos y fulminaba a Edward con la mirada. El mejor amigo de mi padre me agarro pos los hombros y me… él me abrazo.
—Hola, Bells. Es bueno verte de nuevo después de este par de años fuera de casa. Le dije a ese rabioso viejo padre tuyo que tuviera paciencia. El hogar es el hogar y uno siempre termina volviendo. —me besó ambas mejillas de una manera muy paternal— Me alegra que por fin pudieras traerla a casa, hijo. —palmeo el hombro de Edward.
—No fue fácil convencerla, pero estoy trabajando en ello. —el hombretón besó mi cien.
¿De qué están hablando?
Billy me dejo ir y camino de vuelta a casa.
—Ese viejo rabioso me debe mil dorales. —dijo a la nada, entrando a su casa seguido de Anthony.
Sus palabras me descolocaron.
—¿A que vino eso? —interrogue a Edward.
—Una chica, dulce. Le hable de ella. Tal vez piense que por fin pude atraparla y traerla conmigo a casa.
Un repiqueo de celos ataco mi corazón.
—Una chica.
—Una chica. —dijo lentamente, sin dejar de mirarme.
¿Está tratando de ponerme celosa? Entrecerré los ojos y le di mi mejor expresión relajada. No puedo estar celosa, me repetí. Le conozco apenas por un dia, solo nos hemos besado un par de veces y es mi prometido ficticio. Se escucha como si estuviera loca. ¡Porque es una locura!
—¿Y no pensaste en ella antes de proponerme este… —apreté los dientes— curioso acuerdo?
Cabeceo.
—Créeme, pensé en ella.
Adiós, expresión relajada.
De reojo, Billy nos hizo un par de señas desde casa.
—Entren, entren. —nos apresuró— Pronto comenzara a nevar de nuevo y no quiero que se resfríen.
Edward froto mis brazos sobre el material mullido de mi chaqueta.
—Déjame. —me separe y comencé a caminar a pisotones sobre la nieve— Puedo hacerlo sola.
Maldito gigante. Nunca se me ocurrió pensar que tal vez existía alguien. Pero que tonta e ingenua. Claro que debía existir alguien. Con ese físico, esa personalidad, esos labios… y bueno, mierda, todo lo que podía pensar era en sus manos recorriendo mi cuerpo.
¡Uhg!
—No tan rápido. —me atrapo en medio de mi rabieta y me volvió a coger de la mano— Puedes correr, pero no esconderte, dulce.
—Muy gracioso.
Entramos a la pintoresca casa, abriéndonos paso en una sala de estar con grandes sillones y un televisor de pantalla plana como el protagonista principal empotrado en la pared.
—¿Qué tal un poco de chocolate? —grito el padre de Edward desde la cocina.
—Estupendo. —respondió Edward.
Nos hizo sentar en un sofá a dos plazas. Cogió una manta y la dejo caer sobre mis piernas antes de quitarme los guantes que me había vuelto a poner de camino a La Push y soplar sobre ellos aire caliente con su boca.
—Aquí tienen. —Billy le dio una taza a Anthony y nos tendió otras dos a nosotros.
Edward las cogió y las coloco cobre la mesita de centro.
Repase la sala de estar, no tan familiarizada con el lugar después de tantos años.
Había una chimenea a granito en la esquina izquierda de la habitación, lo que mantenía caliente el lugar. Enfrente y ocupando la mayoría del piso, una alfombra se abría paso. Era felpuda y de color café. Perfecta para recostarse sobre ella a tomar un poco de calor. Los sillones sobre los que estábamos sentados eran de cuero puro café con cojines que tenían estampados pintorescos sobre la tribu Quileute. Enfrente de nosotros, se podía ver el acceso a una escalera, a lo que era un pequeño piso y la habitación de Billy. Al otro lado, un pasillo que debería de dar a las demás habitaciones.
Cogí la taza de chocolate y sople sobre ella.
—Y bien, ahora cuéntenle a este viejo, ¿cómo es eso de que se van a casar? ¿Cómo es que… reconectaron?
Sorbí un poco de la bebida antes de contestar.
—Nos encontramos en una de mis presentaciones. —Edward respondió su última pregunta— Hablamos, intercambiamos números y comenzamos a salir.
—¿Lo sabe ya la familia de Bella? ¿Charlie?
Sorbí un poco de la bebida antes de contestar.
—Se enteró esta mañana antes de que pudiéramos hablar con él. No fue la mejor manera, pero supongo que esa fue una de las principales razones por las que quise mantener a Edward alejado de mi familia.
—Uh. Uh. —nos animó a continuar.
—Y Bella y yo estamos seguros de querer unir nuestras vidas, así que fue sencillo pedirle que se casara conmigo. Hace unos meses hablo con su familia y Renne acepto comenzar a preparar la boda para nosotros.
Billy entrecerró los ojos.
—Me siento herido. Un poco. —se relajó— Pero considerando la gran bocaza que tengo, hicieron bien en no decirme. Ummh, una boda. En Navidad. Me gusta.
Dejo su taza de chocolate sobre la mesita de centro, junto a la de Edward. Trabajo sobre algo adentro de su chaqueta y se lo tendió a Edward.
—Entonces esto es tuyo, hijo.
Le entrego una cajita de terciopelo roja.
Mi respiración se detuvo.
¡Hola de nuevo! Felices fiestas y año nuevo. Espero que la hayan pasado super bonito con sus familias. Yo me tome unos días para descansar y cuadrar que proyectos vienen en este 2022. Volviendo a nuestra historia favorita, ¿no les encanto esa parte donde Bella, Edward y Anthony cantando? Al escribir la escena me los imagine y se me derritió el corazón. Si no saben que canción es pueden buscarla en youtube como "A Thousand Miles" de la película "¿Dónde están las rubias?", les va a encantar. Billy sabe algo, ¿ustedes piensan lo mismo? Y quien es esa mujerrrrrrrr de la que hablo Edward. Hasta yo me puse celosa. Ohhhh, se viene la propuesta de matrimonio oficial.
Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R
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