Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


Sé y siento que si en el futuro escribo algo bueno y noble debo hacerlo solo oyendo las puertas de tu corazón. Me gustaría que mi vida transcurriera a tu lado, hasta que nos convirtamos en un mismo ser que morirá cuando sea el momento.

James Joyce

.

.

—No has hablado mucho desde que nos marchamos de casa de Billy, dulce. —Edward rompió el silencio en el auto.

Apreté los brazos sobre mi pecho y me negué a mirarle. Sostuve mi atención en el camino, como si fuera lo más interesante del mundo.

—Esa chica de la que hablaste, ¿la amas? —increpe.

Se tomó más de un minuto para responderme.

—¿Tú amas a Jacob?

—¿Es una evasiva?

—¿Lo es?

Deje caer la cabeza en el asiento, exasperada e irritada. Agradecí en silencio que Anthony se quedara con su abuelo mientras Edward me llevaba a casa de mis padres.

—¿Jacob? ¿En serio? Mi relación con él termino. No perdonó infidelidades, ¿sabes? Pero tú, Billy hablo como si yo fuera ella y te dio ese anillo. No me pertenece y tú tampoco. Todo esto es una locura. Hemos pasando todo el dia mintiendo y esperas que lo sigamos haciendo, ¿cuánto tiempo?

Vi como apretó el volante entre sus manos hasta que sus nudillos se volvieron blancos.

—Quieres renunciar a nuestro acuerdo.

—¡Un acuerdo que es una locura!

Estaciono de repente.

—Haberlo dicho antes de ir a ver a mi padre.

—Edward…

—Dijiste que confiabas en mí.

Con los sentimientos a flor de piel, la barbilla comenzó a temblarme.

—¿La amas?

—No puedo responderte, necesito que confíes en mí.

—Ese anillo pertenece a ella. —exclame.

Yo tenía un anillo.

El anillo que representaba la promesa vacía de un hombre que prometió amarme y no lo cumplió. Se me revolvía el estómago de solo pensar que le estaba quitando a una mujer el hombre que amaba. Si Edward quería continuar con el acuerdo, era solo porque quería protegerme.

—Billy me lo dio para nosotros.

Saco la cajita de terciopelo rojo del bolsillo derecho se sus jeans y la abrió.

Se trataba de un delicado anillo de oro blanco. Una fina banda abrazaba un diamante de corte en rombo. Era simple y hermoso. Mucho más hermoso que el solitario diamante que Jacob me había dado.

—Dame tu mano.

—Uh. Uh. —negué.

—Dulce.

Quite el anillo de mi ex compromiso y lo guarde en mi chaqueta. El rostro de Edward se endureció, pero no dijo nada.

Inhale profundamente y le tendí mi mano.

—Sal del auto. —señalo la puerta.

—¿Qué? No. —estaba nevando. Me congelaría fuera del auto. Él abrió su puerta y salió de un salto.

—Vamos. —me hizo una seña con la cabeza.

Lo seguí, por muy loco que sonara. Titirité. Nos colocamos frente al auto, tan alto como el hombretón era, apenas podía verle a esos hermosos ojos verdes suyos si levantaba la cabeza. Poco a poco, fue bajando sobre su altura hasta quedar sobre una rodilla, con la otra levantada.

—Oh. —mi aliento se evaporo.

Él estaba…

Realmente lo estaba haciendo.

—Bella Swan. Nos conocimos en circunstancias extrañas. Me comporte como un idiota y tú como una mujer muy gruñona. Apenas te vi mi corazón te reconoció, no hizo falta más. Eres mi pasado, mi presente y mi futuro, tal vez ahora mismo no lo puedas ver, pero créeme, confió en que esto puede funcionar, aquí en medio de la nada con la nieve cayendo sobre tu nariz. —reí entre lágrimas— Quiero preguntarte de una vez por todas. —me guiño un ojo— ¿Quieres ser mi esposa?

Las lágrimas bajaron por mis mejillas.

Que dios me ayude, porque en verdad quería aceptar su propuesta. ¿Me valía a veinticuatro horas de conocerle? Sí. ¿Y la chica que decía amar? Ya le diría el tiempo. Él dijo que lo intentaríamos seis meses. Estaba cansada de ver como las cosas que amaba se me iban como agua entre los dedos. Mi familia, el arte, Jacob, ¿y ahora Edward? Si me convertía en una egoísta por aceptar su propuesta, que así sea.

—Sí.

Deslizo el anillo sobre mi dedo corazón de la mano izquierda y sonrió. Me inclino sobre sí mismo y besó mi mano, justo encima del dedo.

—Es una locura.

Levanto la cabeza y se puso de pie de un solo movimiento. El cabello cobrizo lleno de pequeños copitos de nieve.

Subí mi mano y los hice caer.

—Entonces somos un par de locos. —me atrajo, dándole un tirón a mi chaqueta y me besó.

Le correspondí, aferrándome a sus hombros.

Al tiempo, apenas podía respirar entre beso y beso. Era como si no tuviera suficiente de mí, ni yo de él. Una pelea en la que ninguno de los dos quería salir perdedor.

Suspire entre sus labios y me deje ir.

—¿Me llevas a casa? —dije, con los labios hinchados al rojo vivo.

—Solo porque entre más rápido te deje, más rápido puedo volver a verte.

Aquí vienen las mariposas de nuevo.

.

.

Cerré la puerta de casa con la maleta en mano. El corazón me golpeaba el pecho como un tambor, resonante y fuerte. Levante mi mano y acaricie mis labios con la punta de mis dedos. Nos habíamos besado hasta el cansancio. Apenas podía sentirlos.

—Bueno, al fin llegas a casa. —la voz de mi padre me hizo soltar.

Coloque una mano sobre mi pecho.

—¡Papá! Me asustaste.

Hincho el pecho y cruzó los brazos sobre el.

—¿Bella? —mamá vino desde la cocina, llevaba un moño alto sobre la cabeza, las mejillas sonrojadas, un lindo vestido lila de manga larga y un delantal de flores.

Muy hogareña.

—Mamá. —levante la mano y la salude.

Agito sus brazos y camino hacia mí.

—¡Ya me tenías preocupada, niña! —me abrazó y besó mi frente— La cena estará lista en dos horas, ¿te aseguraste de invitar a Billy? —echo un vistazo detrás de mí— ¿Dónde está Edward? ¿Anthony? ¡Es un niño precioso!

—Billy. Se veía bastante emocionado cuando le dije que cocinarías para todos nosotros. Edward me dejo para arreglarme, volverá a casa por Billy y Anthony.

Charlie carraspeo.

—Me alegra que Billy venga a cenar. El viejo no tiene una cena decente muy seguido, pero me niego a que Edward Cullen ponga un pie en mi casa.

¿Por qué no hace otra cosa que hablar de Edward como si fuera menos que nada? Aquello me ponía los pelos de punta. Papá era estricto, pero no un hombre mezquino.

—¡Charlie! —mamá se puso roja como un tomate— No puedes hablar así del prometido de Bella.

La piel del rostro se le enrojeció.

—¡Basta! No voy a permitir que la secundes con esta absurda idea de casarse. Aceptamos que se casará, porque sabíamos que tarde o temprano la boda de cancelaria. Ningún hombre decente se mantiene oculto y deja que su suegra le organice la boda a su prometida.

Salí a la delantera.

—Edward es lo suficientemente decente y si le pedí ayuda a mamá, es porque quería casarme. Aquí, en Forks. En mi hogar.

—No lo conoces. —dio un paso adelante. ¿Fue todo lo que escuchó? Tal vez si mamá le daba con un sartén en la cabeza…

—No. Lo. Sabes.

—¡No es el hombre correcto para ti! —gruño enojado.

Di un puntapié en el suelo.

—Tú no me conoces. —solté mi maleta— Llevo dos años fuera de casa, papá. Por tu culpa. —señale— Y estas a punto de lograr que vuelva a salir corriendo.

Me miro con fríos ojos chocolates.

—¿Para qué? ¿Para irte de nuevo por allí? ¿Jugando a ser una artista? Te crie para ser más que una fracasada.

Sus palabras se enterraron hondo.

Me mordí el interior de la mejilla, prometiéndome que nunca más permitiría que observara a que nivel, sus palabras me afectaban. Le demostraría que estaba equivocado. Sobre mí, sobre mi vida, sobre Edward.

Renne jadeó.

—No acabas de hacerlo. ¡No acabas de menospreciar a nuestra hija! Sera mejor que te disculpes. Ahora, Charlie Swan.

Levanté la barbilla.

—No hace falta, mamá. —besé su mejilla— Voy a mi habitación a tomar un baño y a cambiarme. Quiero verme bonita para mi prometido. Gracias por la cena, en verdad lo aprecio.

Tomé de nuevo mi maleta y pase al lado de mi padre.

Al cruzar por el pasillo hasta la sala de estar, pude observar a mí familia reunida en la habitación.

La sala de estar estaba hermosamente adornada. El árbol de navidad gigante con regalos en el borde, había escarcha y pequeños renos adornando la chimenea y mamá había desempolvado los cubre sillones navideños.

Todos se encontraban en silencio. Era más que obvio que habían escuchado toda nuestra discusión. Emmett y su esposa se encontraban sentados en un sillón a dos plazas, la rubia sostenía una copa de vino tinto y miraba el interior del líquido. Alice y Jasper por otro lado, me miraban con ojos tristes. Era una suerte que Mike y Laurent llegaran en unos días más.

Alice se levantó de un salto desde su asiento y se apresuró a mi lado.

—Me alegra verte, BellyBells. —me abrazo con sus pequeños brazos.

—Te extrañe, Ally.

—Te ayudo. —tomó mi maleta y le hizo una seña a Jasper.

Mi hermano se dirigió hacia nosotras y la cogió.

Al menos ahora, la tenía a ella. Por mucho tiempo antes de irme de Forks, Alice había sido la única que me mantuvo en una pieza.

.

.

Salí del cuarto de baño en medio de una estela de vapor. Mi habitación se veía tal y como la deje la última vez que estuve por el lugar.

Una cama matrimonial con colchas azul turquesa, mis cortinas de un color azul cielo, mi librero lleno de mis clásicos favoritos, un pequeño escritorio en la esquina izquierda y mi pequeño closet al frente del baño.

Alice se encontraba acostada en mi cama con las manos bajo la barbilla.

—Tienes mucho que contarme, ¿me equivoco?

Listilla.

—No tienes ni idea. —camine hacia mi closet.

Saque un conjunto simple. Jens negros, un top blanco acompañado de una chaqueta ligera de estampado cuadrado. Para completar, unos botines negros cómodos. Seleccione la ropa interior del mismo modo. Un conjunto blanco sin más de sostén y bragas.

Deje caer la toalla y comencé a vestirme.

—Tengo la sensación de que por alguna razón, el nombre y apellido de tu prometido no es el mismo.

Termine con los jeans y salí del closet. Me recargue en el marco de la entrada y acomode mi cabello sobre la cima de cabeza.

—Jacob me dejo.

—¡¿Qué?! —se levantó de un movimiento rápido— ¿Cómo es eso posible?

—¿El realidad? —fruncí los labios— Me engaño y yo le deje.

—Ese maldito imbécil. —lo maldijo— Quiero sus bolas para que adornen mi oficina. ¿Cómo se atrevió a hacerte semejante bajeza a unos días de que se casaran?

—Supongo que Leah y él tienen más cosas en común.

—¿Leah tu vecina? Esa perra.

Acomode el top sobre mi cabeza y seguí vistiéndome. Saque la secadora de mi cajón de noche y me deje caer al lado de Alice.

—Los descubrí teniendo sexo en nuestro departamento. Para ser más exactos, en nuestra habitación, sobre nuestra cama.

—Oh, nena. Eso debió ser una mierda. —me atrajo hacia su cuerpo y yo recosté la cabeza sobre su hombro— pero si Jacob es un idiota sin cerebro que dejo ir a la mejor mujer que nunca encontrara, ¿con quién te vas a casar?

No pude evitar sonreír. Con la mención de Edward, el dolor que aun sentía por la traición de Jacob era borrado de un plumazo.

—Se llama Edward Cullen y nos conocimos ayer. Bueno, en realidad, creo que él ya me conocía y yo había oído hablar de él.

Se vio claramente confundida.

—Explícalo mejor.

—¿Recuerdas al hijo adoptado de Billy Black?

Abrió la boca en una perfecta "o".

—¡Me estas jodiendo!

—Nop. Él… —levante la mano con mi nuevo anillo de compromiso— me pido matrimonio.

—¡Tienes que contármelo todo!

Me deje caer en la cama.

—Es una larga historia.

Se fijó en el reloj de mi mesita de noche.

—Chica, tenemos al menos una hora…

Suspire y levante los brazos sobre mi cabeza. Ella se dejó caer a mi lado y me miro expectante.

—Todo comenzó en el aeropuerto…

—Antes de que continúes —me corto— tenemos que cambiar esa horrible ropa.

.

.

—Toc, toc. —levante la vista de mi celular.

—¡Mike!

Mi hermano me saludo desde la puerta. Su cabello rubio resplandecía y tenía una sonrisa abierta y relajada. Ese era Mike. Llevaba unos jens desgastados, una camisa negra y una chaqueta de cuero.

Me recibió con los brazos abiertos cuando salte sobre él y me dio un par de vueltas.

—Te extrañe mucho, pulguita.

Chillé.

—¡Me vas a hacer vomitar!

Me dejo sobre el suelo de mi habitación y besó mi coronilla.

De todos mis hermanos, siempre había sido más cercana a Mike. Con Emmett nos llevábamos muchos años, Jasper se comportaba demasiado recto y preocupado y Laurent, bueno Laurent siempre había sido mi compañero de aventuras.

Mike era junto a Alice, mi confidente y mi amigo. Nunca te cuestionaba o intentaba hacerte entrar en razón, él se dejaba llevar, sin preguntar mucho el cómo o el porqué.

—Laurent esta abajo con su novia. Se muere por verte, pero no quería dejar sola a su chica. —explico, apuntando con el pulgar detrás de él— Te ves… preciosa. —alisé mi vestido. Había querido elegir algo relajado y Alice no descanso hasta que cambie mi atuendo anterior por uno más "chic", según sus palabras, no las mías— No puedo creer que nuestra pequeña se va a casar.

—El vestido es obra de Alice y la boda… —se me cerró la garganta. Carraspeé y le di una sonrisita— Ya quiero que conozcas a Edward.

Me dio un toquecito en la barbilla.

—Si se ganó tu corazón, seguro es un buen chico.

Alice se colgó de mi hombro.

—Devuélveme a mi chica para poder terminar su maquillaje.

Mike suavizó su expresión.

—Bella no necesita nada de maquillaje. —dijo sabiondo.

Le di un puñetazo en el brazo.

—Mentiroso.

Me atrajo de nuevo a un abrazo.

—Te extrañe.

—Y yo a ti. —lo abrace por la cintura.

Pequeños pasos en la escalera nos hicieron separarnos. Mamá venía con las mejillas sonrojadas y una sonrisa que fácilmente podría romper sus mejillas.

—¡Están aquí!

Tragué aire.

—Es… ¿están aquí? —mire a todas partes. Mamá, Mike, Alice— ¡Están aquí y no estoy lista!

—¡Pero si estas hermosa! —apunto mamá.

Mike la abrazo por los hombros.

—Es lo mismo que yo le dije.

—¡Oh, cállate! —rápidamente, me volví y me senté sobre la silla de mi tocador— Termínalo, Alice.

Alice sonrió como el gato que se comió el canario.

—Créeme, Bells, cuando ese hombre te mire, no va a querer hacer otra cosa que echarte las manos encima.

Solté una carcajada.

—¡Alice! —gritaron Mike y mamá al unisón, para luego reírse entre dientes. Felices. Al igual que yo.

Deje que Alice pusiera el último retoque sobre mi rostro y labios, sin poder quitarme unos hermosos ojos verdes de la mente.


¡Hola, hermosas! Aquí vamos de nuevo. Les aviso, las actualizaciones las he acomodado sobre los días lunes, miércoles y viernes para que estén al pendiente. Ameee escribir este capítulo, la pedida de mano, las palabras de Bella, Bella volviendo a ver a su familia y discutiendo con su familia, Mike, en serio van a AMAR a este Mike. No es cualquier cosa. Él y Edward se van a llevar muy bien. ¡Ya quiero que lean el siguiente capítulo! Atentas. Nos vemos el viernes, las leo en sus rr. ¡Gracias por su apoyo! Besos a la distancia.

Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1

Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109