Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


Desde el primer día que lo vi he intentado resistirme al amor que me ha subyugado y ha hecho que no pueda dominar mis pasiones.

Sam Riley

.

.

Baje las escaleras después de mamá, Mike y Alice. Las piernas me temblaban y las manos me sudaban. Trate de sustituir la imagen de Edward por Jacob, intentando fingir como seria si mi ex prometido ocupara su lugar.

No pude, se sentía completamente incorrecto. Jacob ya no formaba parte de mí, porque incluso traerlo a colación ahora, me revolvía el estómago.

Los tacones apenas me sostenían en pie, responsabilidad de Alice. Le dije a Alice que si podía usar mis converse negras, pero me fulmino con la mirada y se negó.

Mi vestido era de corte princesa hasta por arriba de las rodillas. De color azul marino, abrazaba cada una de mis curvas perfectamente. Los brazos los llevaba descubiertos y se sostenía de dos lazos de mi cuello. Mis tacones eran negros en punta con lazos abrazando mis tobillos. Mi piel resplandecía contra el azul de mi vestido, lo que me hacía ver más pálida.

Al pie de las escaleras, todos me esperaban.

Edward... llevaba una camisa negra de botones, pantalones de vestir y zapatos formales. Anthony a su lado, vestía jens desgastados y una camisa de manga larga de color negro. Mamá, Emmett, Mike, Laurent y una chica trigueña a la par, Jasper y Alice a su lado. Los únicos que faltaban eran Rosalie, Alec y Charlie. No esperaba mucho de ellos considerando que con cada uno había tenido mis roses.

—Bella. —Edward extendió su mano hacia mí. No me dijo "Dulce" y eso me encanto. Era de nosotros, algo intimo— Estás hermosa.

Mike ladeo la cabeza.

—Te lo dije.

Entorne los ojos y besé la mejilla de Edward.

—Perdón por tardar, estoy ansiosa.

Su mano abierta acaricio mi espalda.

—Valió la pena todo el tiempo que tuve que esperar. —me tomó de la barbilla con ternura y me dio un pequeño beso.

Laurent carraspeó, acercándose. Llevaba el cabello largo atado en una coleta e iba vestido de manera similar a todos los hombres de la habitación.

—Ella es Sasha. Mi Sasha. —la chica se apoyó en su hombro y me regalo una sonrisa amable— Ella es Bella, mi hermana pequeña.

—Solo su hermana. —bromeé, extendiendo mi mano.

Ella la acepto.

—Todos por aquí te adoran.

—Solo exageran. —Edward apretó mi cadera ligeramente— Él es mi prometido. Edward.

—Encantada. —Sasha respondió, mirando detenidamente a Edward.

Trate de evitar una sonrisa. No podía culparla. Con ese rostro y ese cuerpo, valía la pena echarle una mirada.

Mi madre nos miró con diversión y nos hizo una señal.

—Pasemos a la mesa, la cena ya está lista.

Billy y mi padre salieron de la cocina con una cerveza en mano. Charlie se veía más relajado, lo que me hizo soltar algo de tensión. Me miró con los ojos chocolates cálidos y algo parecido a la adoración.

Hace tanto que papá no me miraba así, que era difícil saber lo que realmente estaba pensando.

Todos comenzaron a entrar al comedor.

Edward me atrajo más hacia su lado y Anthony hablaba con Jasper. Alice sonreía y le preguntaba sobre su vida en Malibu.

—Oh, mamá. —dije, al ver el comedor.

Todo se encontraba hermosamente decorado. Tan navideño y armónico.

La mesa se extendía a todo lo lago, adornada con manteles debajo de cada plato, sobre ellos la bajilla que mamá solo usaba en ocasiones especiales y servilletas verdes cuidadosamente dobladas.

—¿Te gusta? —preguntó ilusionada.

—Me encanta, es hermoso. —me adelante y la abrace— Gracias, mamá. Te amo.

—Y yo a ti, Bella. Nosotros también te amamos. —se alejó y me cogió de las mejillas— Somos tu familia pase lo que pase. Edward. —le hizo una seña con la mano— Acércate. —le ofreció una mano y él la tomo— Ahora, tú también eres parte de la familia y eres bienvenido.

Mi padre hizo un sonido ahogado.

—Renne...

—Tú... —lo señaló— más vale que respetes a nuestra hija y a su prometido si no quieres amanecer con una demanda del divorcio. Te permití que llevaras las cosas a tu modo. Ahora me toca a mí y como matriarca de esta familia, decido aceptar a Edward y Anthony en esta familia.

Emmett interrumpió a mamá.

—Sí eso es lo que mi hermanita quiere.

—Emmett.

Levanto un hombro.

—No es como si papá y tú no fuera capaces de ver que su vida es bastante particular.

Ignore su agridulce comentario.

Rosalie salió de la cocina con una bandeja de copas de vino.

—Un detalle. —le sonrió dulcemente a mis padres.

Hice un mohín. Ella siempre tan oportuna. Me dio una sonrisa de suficiencia y comenzó a ofrecer las bebidas a todos.

—Por Bella y Edward. —Alice levanto una copa.

Billy nos entregó dos copas a Edward y a mí.

—Por Bella y Edward. —repitió con una gran sonrisa.

Todos tomamos de nuestras copas. Al terminar de darle un sorbo a la mía, me recosté sobre el hombro de Edward y suspire.

—Gracias.

Me dio un suave besó en la mejilla.

—Gracias a ti, dulce.

Media hora después, todos nos estábamos divirtiendo en la sobre mesa. Billy y papá hablaban de pesca, Laurent y su chica con mi madre, Emmett y Rosalie con Alice y Jasper. Según por lo poco de la conversación que podía captar, sus gemelos se habían quedado en casa al cuidado de una niñera.

Andy y Gabrielle eran dos pequeñuelos de cinco años. Pequeños, rubios y muy imperativos. Una mezcla irresistible entre Alice y Jasper.

Anthony se entretenía con su celular, participando en la conversación aquí y allá.

—Me encanta el pollo relleno de tu madre. —Edward saboreo la comida en su boca, sacándome de mis pensamientos.

Me incline hacia él.

—Siempre lo hace en las cenas de navidad, pero supongo al no ser una navidad normal, no se pudo resistir a la ocasión.

Se limpió la boca con su servilleta y apoyo los codos en la mesa.

—Nunca pregunté, ¿por qué la navidad? Es una fecha curiosa para casarse.

Rememore la razón porque la que escogí la navidad.

—Hace un par de años. Antes de terminar el Instituto, en mi último año, sucedió algo curioso. Un chico iba a una alta velocidad mientras yo me encargaba de guardar algunas cosas en mi vieja camioneta pickup. Me encantaba esa cosa, era grande y de un color naranja deslavado, pero adoraba ir y venir con esa chatarra. Mi compañero derrapo sobre el hielo y me derribó con el parachoques de su auto. Salí volando y rebote sobre el pavimento. —un escalofrió me recorrió al recordar el accidente— Obviamente, termine en el hospital con una contusión en la cabeza y una fractura en la pierna. Aún tengo una cicatriz. Estaba triste porque mi fecha favorita siempre fue la navidad, así que... no sé cómo, pero mi padre se ocupó toda la noche, decorando toda mi habitación. El día de navidad me desperté rodeada de flores y con olor a navidad y supe, que no podría olvidar esa sensación. Se sintió tan... especial.

Edward sonrió de lado, aunque la sonrisa no llego a sus ojos.

—Un gesto muy especial.

—Sí, aunque los días previos son un poco confusos por el golpe en mi cabeza.

Coló su mano hasta mi regazo para entrelazarla con una de las mías.

—Creo que escuche algo.

Me interese.

—¿Ya trabajabas en la comisaría?

—Apenas comenzaba. —bebió un poco de su vino— Unos días en la comisaría, unos días trabajando en el bar.

Me pregunte si alguna vez nos cruzamos. Si pase por su lado o él por el mio y no nos dimos cuenta. Ahora aquí nos encontrábamos, sentados con nuestras familias, cenando, en una especie de cena de compromiso.

—¡Tortolitos! —Jasper nos llamó, sacándonos de nuestra pequeña burbuja privada.

Me volví hacia él.

—¡Tienen que contarnos como se conocieron! —bromeó.

—¡Oh, sí! Muero por escucharlos. —murmuro mi madre— Debe ser una historias muy romántica.

Mi padre carraspeo.

—No hay nada romántico en las historias de hoy en día. Se conocen aquí y allá por medio de... esos aparatejos que nunca sueltan.

Alice le respondió.

—Ser llaman teléfonos celulares, y de hecho, —levanto un dedo— son muy útiles.

Billy se rio.

—Deja de ser tan cascarrabias, viejo.

Anthony se robó una patata de un plato y la mastico.

—Yo puedo contarles un poco de su historia.

Gire tan rápido la cabeza que me dio un calambre en el cuello.

—No creo que sea el momento de entrar en esas historias. —repuse, con una fingida expresión avergonzada.

¿Qué tramaba el granuja de ojos azules?

—Vamos, Belly. Necesito contarles un poco de esa historia. —se froto las manos.

Estaba jugando con nosotros.

—Detente. —amenazó el hombretón sutilmente.

—Déjalo que nos cueste la historia. —lo defendió mi madre emocionada— Vamos, Tony. Deja a tu tío ser un tímido y cuéntanos como fue. —puso las manos bajo su barbilla.

Trate de pedir ayuda a Alice con la mirada.

Ella abrió los ojos mientras tomaba de su vino.

"¿Qué quieres que haga?", articulo en silencio.

Me eche hacia atrás en mi asiento para ocultarme al lado de Edward y le hice una seña, atravesando mi cuello.

"¡Córtalo! ¡Córtalo!"

Me miró confundida.

Edward y yo no habíamos hablado de una historia en especial. ¡Joder! Podríamos haber usado el tiempo extra qué dejamos para besuquearnos en su auto, para fraguar una buena historia.

—¡Tal vez sea mejor que los novios la cuenten! —exclamó Alice, tratando de salir a flote.

El sudor comenzó a acumularse en mi nuca.

—Yo la cuento mejor. —sonrió bribón Anthony.

Empuje a Edward con mi hombro para obtener su atención.

—Has algo. Ahora. —dije entre dientes.

Papá se interesó. Se nos quedó mirando y levanto una ceja. Aquí viene. Solo pone esa expresión cuando va detrás de algo.

—¿Pasa algo?

—¿Qué? —agarre mi copa y me encogí de un hombros— Nada.

—¿Algo que no quieren que sepamos?

—Yo…

Si no dejaba de darme esa mirada…

¡Es como si pudiera leerme como un libro abierto!

Como cuando era pequeña y robaba las galletas recién horneadas de mamá, entonces él me encontraba donde quiera que me escondiera a comerlas. Debajo de mi cama, en el closet, la habitación de Emmett.

Tragué en seco.

—Si lo quieren escuchar. —Edward echo su brazo sobre mis hombros y me apretujo— Se los voy a contar, amor.

—¿Si?

Me pasé los dedos por el pelo.

Papá se acarició la barbilla.

—Que la cuente Isabella.

Trate de hacerme pequeña en mi asiento.

—Edward y yo nos conocimos en… en…

—En uno de mis bares.

—¿En uno de tus bares? —pregunte abruptamente. Edward apretó mi hombro y yo me enderecé. Exhale bruscamente y repuse— Si, en uno de sus bares.

Charlie se dejó caer en su asiento.

—Qué extraño, la última vez que me aseguré, no te gustaban las fiestas ni los lugares ruidosos.

Anthony tomó su turno.

—¡Oh! ¡Es que es un bar para sordos!

Mamá miró entre Anthony y yo.

—¿Un bar para sordos? ¡No sabía que eso existía!

Me eche a reír, sorprendida por Anthony. ¿En serio? ¿Un bar para sordos? ¿De qué se trataba todo esto?

—Sí, son sesiones personalizadas. En esta ocasión, querían una fiesta para sordos.

La cara de mi padre se tiño perspicaz.

—¿Es que eres sorda ahora?

—No, no soy sorda, papá. —dije entre dientes— Estaba allí para hacer el promocional de la fiesta. Lo de hoy son los lugares incluyentes. Hacen buena publicidad.

Edward curvo los labios en una sonrisa presuntuosa.

—Mi prometida es muy talentosa.

Renne aplaudió.

—¡Eso es! Un hombre que te valore. No es un buen marido si no es capaz de reconocer que eres alguien más que una esposa o una madre. —dijo— Toma nota, Charlie.

—Lo hago. —dijo secamente.

—¿Entonces? —ahora se interesó Rosalie— Debe haber más detalles.

Edward salió a la delantera por mí.

—Mi gerente nos presentó. Charlamos un poco y la invite a salir. Nada muy singular. —repitió la última palabra viendo a Anthony— La relación se fue dando hasta que un dia me levante y dije: no la puedo dejar ir.

—¿Y tú, Bella? ¿Cómo supiste que era el indicado?

Di un respingo, su pregunta me había tomado desprevenida.

—Fue… irreal.

Edward se volvió hacia mí con una expresión curiosa.

—Me refiero a que… apenas lo vi… —recordé aquella primera imagen en el aeropuerto— provoco un impacto en mí. Fue magnético. Casi como si estuviera destinado a ser. Me negué a… —recordé donde me encontraba, así que recompuse mis palabras— reconocer el sentimiento, pero esta, quiero decir, estaba ahí. Así que cuando la relación evoluciono, fue fácil decir que si a su propuesta de matrimonio.

Edward se inclinó y me besó. Acepte la caricia inesperada de sus labios y suspire narcotizada.

—Gracias por eso. —susurro con voz tierna.

Vi a mi padre terminarse lo que quedaba de su cerveza y además, robar la copa de vino de mamá. Se la bebió de un solo movimiento y se puso de pie ruidosamente.

—Necesito algo más fuerte. —entró a la cocina y la puerta se cerró detrás de él en un ruido sordo.

La garganta se me hizo nudo.

Mamá sacudió la mano.

—No le tomes razón, Bella. Eres su niñita. Su princesa. Tu padre esta tan afectado porque ahora que has vuelto a casa, solo es para volver a irte.

Me esforcé por hablar. Edward acaricio con su pulgar la palma de mi mano y eso me tranquilizo.

—Pero no me voy.

—Solo necesita tiempo. —excusó.

Todos retomaron la conversación. Dejando el tema atrás. Suponiendo que no querían incomodarnos o agregarle más peso al asunto. Tarde o temprano, mi padre tendría que aceptar que no era más esa niña que necesitaba protección, sino una mujer que podía tomar sus propias decisiones y que lo único que necesitaba de él, era su apoyo y su amor incondicional.

—Todo va a ir bien, dulce. —me animo Edward, usando ese apelativo que me desarmaba apenas sus labios lo pronunciaban.

La cena se fue y con ello, las risas, las palabras y las conversaciones.

Papá volvió y se paso la noche en silencio, algunas veces sentía su mirada al cabo de unos minutos, cuando Edward tenía un gesto cariñoso, me besaba o me hacia reír. Pero apenas trataba de mirar en la misma dirección, desviaba la mirada.

Un sentimiento extraño se amontonaba en mi pecho. Como si algo se me escapara.

Al final de la velada, mamá despidió a la familia Black-Cullen con una canasta navideña de regalo. Mis hermanos ya habían partido con sus respectivas parejas. Solo quedábamos nosotros.

—Fue un placer, Renne. Mi estomagó agradece tu comida, créeme. —Billy besó el dorso de su mano— Y esta canasta, estoy seguro que no va a sobrevivir la semana.

—Puedes venir a cenar el dia que quieras.

—Lo tomare en cuenta. —se burló y se fue a despedir de mi padre. Hablaron un momento y mi padre agacho la cabeza. Escuchándolo atentamente.

Mamá atrajo a Edward y le besó ambas mejillas.

—Puedes venir a visitar a Bella cuando quieras.

—Claro que sí. —me dio una mirada coqueta por encima del hombro de mi madre.

Anthony saco la cabeza desde la ventana en el asiento de atrás en la camioneta de Edward.

—¡Vámonos! Tengo una llamada por Skype con Vanessa.

Negué.

—Van en serio.

—Muy en serio.

—Oh, el amor juvenil. —mi madre se abanicó con una mano, mientras caminaba hacia Billy y mi padre.

Edward tomó mi mano y la jalo para atraparme entre sus brazos.

—¿Qué tal la noche? —acaricio mi mejilla.

—Fue bueno.

—¿Lo fue?

Recargué mi majilla sobre su mano.

—Sí.

Se acercó hasta que nuestras narices se rosaron.

—¿No estas arrepentida?

—Ni un poco. —susurre en secreto.

Él me siguió el juego.

—Me alegra que mi gerente nos haya presentado. —dijo jocoso.

—Oh, cállate. —eche la cabeza hacia atrás y me reí.

.

.

Bostece, apague la luz de mi cuarto de baño y me subí a la cama. Se sentía tan extraño volver a estar en casa.

Jale las mantas hasta mi barbilla y me quede viendo el techo en medio de la oscuridad.

Con la noche sobre Forks y el sonido de la nieve golpeteando mi ventana, el paso de todo lo que había vivido sobre las últimas veinticuatro horas me cayó encima.

Deje a Jacob, volví a Forks y como si fuera poco… estoy a punto de casarme, con un desconocido. Un hombre al que no conocía en el exterior, pero mi alma y mi corazón cantaban para él. ¿Es amor? Ese amor tan espontaneo que se adueñaba de todo tu ser poco a poco. Invadiendo cada pensamiento. Frente a todo lo que sentía, me parecía poca cosa las razones por las que había aceptado casarme con Jacob.

Edward.

Enterré el rostro en mi almohada y grite.

—Edward, Edward, Edward. —me cante al silencio.

Me quede acostada sobre mi abdomen y cerré los ojos, suspirando despierta. Después de aceptar el anillo, no podía arrepentirme de lo nuestro.

Moví mi mano frente a mi rostro y observe el diamante.

Un repiqueo en mi ventana me espabilo. Fruncí el ceño y me senté sobre mi cama. De nuevo, el sonido volvió a reproducirse.

Me puse de pie y camine hacia la ventana. La abrí y asome la cabeza. Abajo, la figura de Edward me saludo.

—¿Qué haces aquí?

No puede ser. ¡Oficialmente estaba loco! Repase su vestimenta, igual a la de la cena, excepto por una chamarra extra, guantes y un gorro de felpa.

Estaba balanceándose sobre sus pies, tratando de producir algo de calor.

—¡Te vas a congelar! —grite.

Sacudió una mano enguantada.

—Hazte a un lado.

—¿Qué?

—Voy a subir. —dijo como si fuera obvió.

Se colgó de una rama del árbol, puso un pie sobre el costado de la casa de mis padres y comenzó a subir de poco a poco.

Me abrace a mí misma. El frio se coló por mi ventana y me hizo titiritera. La piel se me puso de gallina y mis pezones saludaron a Edward cuando asomo la cabeza cobriza.

—Si mi padre nos descubre. —camine hacia la puerta y asegure el pesillo.

Cerró la ventana detrás de él y sacudió la nieve de sus hombros.

—No lo va a hacer.

Loco. Completamente loco. No se me ocurría otra palabra para describirlo. Ningún chico se había colado en mi habitación antes, ni siquiera en mis años de Instituto.

—Ayúdame con esto. —me pidió, sacándose la gigantesca chaqueta de los hombros.

Me apresure frente a él e hice lo que pude. La tome y la bote en la silla de mi tocador. Subí la mano para quitar el gorro de su cabeza, pero antes de que lograra mi cometido, atrapo mi mano y besó mi muñeca.

—Metete en la cama, te estas congelando, yo me quito esto. Necesitas algo de calor.

Me eche para atrás por sus palabras. Me sorprendió, bueno, que él… las mejillas se me colorearon. Fuera lo que fuera, no iba a pasar. Al menos esta noche.

—Vamos, tontita. No vamos a hacer nada más en tu cama que no sea dormir.

Cabeceé.

—Yo no dije nada.

—No hizo falta. —me pellizco una mejilla— Tu sonrojo siempre te delata. —me señalo de nuevo la cama y esta vez, le hice caso

Lo vi quitarse el gorro y los guantes. También se sacó los zapatos y los calcetines. Camino hacia el otro lado libre de mi cama y se sentó.

—Ven aquí. —abrió un brazo.

Gateé hasta él y me acurruque en su costado. La piel de su brazo se sentía fría, así que la frote con la palma de mi mano.

Él jalo la manta y nos cubrio con ella.

—Estas helado.

—Valió la pena. Necesitaba volver a tu lado. Con lo nerviosa que estas, dudo que pudieras dormir. —aprovecho su postura para colar sus mano en mi nuca y masajear la piel sensible.

—Eso se siente muy bien. —me relaje contra su pecho.

—Uh. Uh. Lo sé, nena. —repitió sobre mi cabeza y luego inhalo profundamente.

Cerré los ojos de poco a poco. Su cuerpo fue tornándose más cálido y reconfortante según los minutos iban pasando.

El sueño me estaba dando la bienvenida, cuando un pensamiento vino a mi mente.

—Cántame.

Dejo suaves caricias sobre mí frente al hablar.

—¿Qué quieres que te cante?

—Cualquier cosa.

Lo pensó un poco antes de comenzar a tararear. Sus dedos en mi nuca se movían a la par de su voz, como si quisiera trasmitirme algo. Se sentía… como algo muy especial. Piano, tal vez.

I swear that youve been sent to sabe me. (Juro que te han enviado para salvarme). —susurro por lo bajo con esa voz suya ronca capaz de poner a cualquier chica de rodillas, pero que en este momento, me pertenecía al igual que él— Youre the only one that my heart keeps coming back to. (Eres la única a la que mi corazón sigue volviendo).

Levante mi cabeza cuando paro, mirando directamente a sus ojos verdes. Necesitaba más de esa canción suya.

—¿Eso es todo?

—Es una composición original, no está terminada.

Pase la lengua por mis labios, sin motivo, el aliento me hacía falta.

—¿Puedes terminarla?

Asintió en silencio. Me resguardo entre sus brazos y yo recosté mi cabeza sobre su pecho.

Its always been you, Its always been you. (Siempre has sido tú, siempre has sido tú). Its always been you, Its always been you. (Siempre has sido tú, siempre has sido tú). And you've seen all my darkest fears. (Y has visto mis miedos más oscuros). Like you've known me for a thousand years. (Como si me conocieras desde hace mil años).

Su voz se perdió en medio de la oscuridad, pero me aferre a su cuerpo y me prometí no dejarlo ir nunca.

—No te vayas. —susurre.

Lo último que sentí, fueron sus labios que siguieron cantando entre susurros, arrullándome a un sueño profundo.


¡Hola, bestiesss! Mes dije que esta cena iba a tener sus altas y bajas, Charlie ya más tranquilo, pero hay algo que sigue molestando al padre de Bella y no deja que los apoye. Durante el capítulo, les deje un par de pistas aquí y allá, algunas ya saben de qué va la cosa más o menos, pero estoy segura que si saben captar las pistas, pueden confirmar su teoría. La canción que Edward le canta a Bella al final del capítulo es: Always been you de Shawn Mendes y en la historia, Edward la compone apenas conoce a Bella. La pueden escuchar completa en youtube, describe muy bien la historia de nuestros protagonistas. El siguiente capítulo es super especial también y nos vamos acercando al final. Ya veremos, gracias por su apoyo y sus rr. Nos vemos la siguiente semana. ¡Un beso a la distancia!

Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1

Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109