Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
Daría cualquier cosa por volver a esos momentos, todo a cambio de un segundo juntos, porque cuando todo empieza a ir mal lo único que deseo es volver a tu lado y abrazarte fuerte. Quiero volver a esos días donde sólo hacía falta una mirada para hacernos sonreír, donde el tiempo pasaba sin que nos diéramos cuenta y todo lo demás no importaba...
—El diario de Noah.
.
.
Me baje de un salto de la encimera del tocador en el baño, camine por la habitación y le eche un vistazo a la vieja chimenea. Baje sobre mis rodillas y me asome a la gran boca negra. Imaginar encenderla durante nuestro picnic me hizo sentir emocionada.
Escuche un par de voces fuera de la casa y me puse de pie de un salto. Camine hacia una gran ventana en el lateral de la habitación y vi a Edward de pie en la entrada con nuestra canasta de picnic fuertemente agarrada mientras hablaba con un hombre de mediana edad.
Un pequeño auto campestre se encontraba estacionado al lado de la camioneta roja de Edward, por lo que debía ser un vecino.
El hombre me señalo detrás, fisgoneando su pequeño intercambio. Edward giro sobre si mismo y asistió, regalándome una sonrisa abierta y un guiñó.
Levante la mano y salude para no ser tomada como una cotilla. Luego me aleje, porque el sonrojo de mis mejillas me estaba haciendo lucir mucho más culpable.
Puse las manos en mis caderas y mordí mi labio inferior, cuando una caja de cartón en la esquina opuesta de la habitación llamó mi atención.
Una sensación extraña me sobrecogió. Algo como una picazón es mis manos y un sentimiento raro en mi pecho que empaño todo lo demás. Las ignore y me dije a mi misma que estaba siendo tonta.
Camine hacia la caja con calma, hasta agacharme y tomarla entre mis manos. Regrese a la ventana y volví a mirar a Edward, quien todavía se encontraba conversando con el desconocido.
Mi estómago gruño en silencio. Me reí entre dientes y me deje caer en el sofá verde. Pase la mano por el suave material, imaginándome pasando noches sobre Edward, leyendo y contándonos lo que hicimos durante nuestro día.
Me eche a reír de nuevo, consternada por mis ensoñaciones.
La caja de cartón volvió a atraer mi atención. Cogí la tapa y la quite de encima para poder ver el contenido. Curiosa, metí ambas manos y comencé a revolver los papeles. Se trataban de algunas licencias, carnet de conducir y… leí con atención el ultimo papel: "Instituto La Push para Edward Cullen".
Acerque el papel desgastado a mi rostro y lo examine. Había una foto en la esquina izquierda. Edward. Mucho más joven. Su rostro más aniñado, las mejillas menos afiladas y los ojos verdes mirando a la cámara con aprensión.
Probablemente, se sentía como una eternidad. Todo lo que su hermana y él tuvieron que pasar, el sistema y las casas de acogida. No podía imaginarme lo oscuro y solitaria de esa vida.
Saque mi teléfono y capture la imagen para mí misma.
En la misma carpeta, se encontraba otro papel, pero a diferencia del anterior este iba referido para "Rennesme Cullen".
La chica que me miraba desde la foto era desgarbada y pequeña. Apenas una niña que se iba convirtiendo en una mujer. Sus mejillas eran regordetas y tenía pómulos saltones. Una nariz pequeña y labios delgados de flor. Fue fácil notar que la sonrisa que trataba de dibujar en su boca era falsa, con bordes tensos y como si le costara sostenerla.
Se veía exactamente igual que Tony, pero con un tinte diferente. Algo que no deseaba que alguna vez se tonara en el rostro de Anthony.
Deje el certificado escolar de lado e inmediatamente, otra fotografía llamó mi atención.
La respiración se me acorto.
La chica castaña me miró con una sonrisa abierta coqueta y grande. Sus pómulos se levantaban como dos pompones, sonrojados y saltones. Llevaba el cabello castaño revuelto por los hombros y una blusa tejida con flores de colores, y la reconocía también… porque mamá me la regalo en mi cumpleaños número diecisiete, antes del accidente que jodió mi cabeza ese mismo año.
Las manos comenzaron a temblarme y los ojos se me llenaron de lágrimas.
La foto cayó de mis dedos y busque más. Frenéticamente. Había otra, el mismo rostro aniñado, pero sentada en un banquillo. Reconocí inmediatamente el mural detrás de mi espalda, pues había tardado todo un verano en terminarlo.
Fue un proyecto para la señorita Ruiz, mi maestra de arte. Me convenció para explorar mi vena artística y ese fue el resultado. Charlie me regañaba todas las tardes por llegar a casa demasiado tarde y yo le inventaba cualquier excusa, solo para poder pasar más y más tiempo en mi pared secreta.
Trague entre lágrimas y fue cuando vi la siguiente. En esta, Edward era el protagonista a mi lado. Alto y joven con una sonrisa galante. Yo estaba sentada al frente, sonriendo a la cámara.
Nos habíamos conocido… antes.
Tuvo que ser antes de mi accidente, porque no encontraba otra explicación para haberlo olvidado.
Un ruido sordo me saco de mi miseria.
Mi cabeza salió dispara hacia la dirección del ruido, Edward se encontraba de pie y la canasta de picnic en el suelo. Votada del lado y con algunas cosas sobresaliendo.
—Bella… —intento andar hacia mí, pero levante la mano para pararle.
Mi corazón se agito dentro de mi pecho.
—¿Qué es… todo esto? —levante mis piernas y las atraje a mi pecho— Hay fotos tuyas y mías. Y n-no… entiendo. Mi cabeza se pregunta porque hay estas fotos aquí, porque no te recuerdo y porque me mentiste.
Sollocé.
Su rostro se deformo.
—No quería mentirte.
—Entonces explicarme esta mierda. —exigí entre dientes.
Intento volverse a acercar.
—No quiero que te acerques a mí a menos que me expliques que demonios está pasando aquí.
Se agacho sobre el suelo y se puso de rodillas. Mi guardia bajo poco a poco, porque ya no sentía que lo tenía sobre mí. Sus movimientos se volvieron lentos hasta llegar hasta mí.
Sus manos abrazaron mis tobillos e hizo bajar mis piernas.
—Te lo voy a contar todo, dulce. Solo por favor… no me hagas esto, no te alejes. No de nuevo.
Mi cuerpo entro en tensión.
Apreté mis manos contra sus hombros e intente alejarlo.
—No sé de qué demonios estás hablando. —siseé— ¡No sé qué significa todo esto! —me revolví de su agarre y logre ponerme de pie— Me siento como una estúpida. Es como si mi cabeza no funcionara. Por más que lo pienso, no entiendo cómo es posible que yo esté en esas fotos. ¡Contigo! Nunca te había visto antes de ese dia en el aeropuerto.
Se gacho sobre el sofá.
—Quería que me conocieras de nuevo antes de hablarte del pasado.
—Noticia de última hora, me mentiste. Y odio las mentiras. ¡Odio sentirme como una estúpida! Acepte el acuerdo que me propusiste, porque tienes a mis hormonas gritando por la mierda y me gustas tanto que estoy dispuesta a casarme contigo apenas conociéndote. Pero esta es la parte mala de la historia, ¿no es cierto? ¿Esta es la parte donde partes mi corazón en mil pedazos?
Se puso de pie de un salto.
—Jamás.
— ¡Aléjate!
—Jamás. —deletreó cada una de las silabas— Me enamore de ti desde la primera vez que puse mis ojos sobre ti.
Me reí entre lágrimas.
—¿Y eso fue cuando? ¡Porque no lo recuerdo! —grite— No te recuerdo antes de ayer.
—No quería perderte.
—Deja de hablar. —le rogué.
—No quería perderte y sin embargó, lo hice. Trate de luchar por nosotros, Bella, pero era demasiado joven. Sin familia y sin nadie que creyera realmente en mi excepto Billy, y te encontré en medio de tanta oscuridad. Fuiste mi luz. Desde el primer momento y yo fui la tuya. Comenzó como algo simple. Una amistad entre dos chicos, era mayor que tú y…
Me aleje hacia atrás. Mi espalda choco contra la pared y mis pies se quedaron congelados.
—No sé de qué estás hablando…
Sus ojos se llenaron de tristeza. Se rompió frente a mí y eso, a la misma vez, me rompió el corazón. La imagen de chico rudo se fue, la galantería y ese pequeño tinte oscuro que atraía a las chicas y solo quedo el hombre.
Sonrió de forma triste.
—Nos conocimos en una feria de arte y composición. Fue en el centro de Forks. No podías con un par de cosas y me ofrecí a ayudarte. Conversamos, nos conocimos y nos agradamos. Escuchaste mi música y yo supe escuchar tu arte. Eras hermosa hablando de algo que te apasionaba tanto y a la misma vez, había un profundo dolor por sentirte incomprendida. Me contaste que tenías miedo de confesarles a tus padres tus verdaderas pasiones y que te rechazaran. Quedamos después de ese día, pero en secreto. Las personas de Forks ya me tenían en mala estigma y pasear con la hija de Jefe no iba a hacer las cosas mejores. Fuimos amigos, Bella. Durante los primeros dos años de Instituto fuimos los mejores amigos.
Intente hacer funcionar mi cabeza, pero no funciono. Siempre me hizo falta esa parte después de mi accidente. Algún cable se cruzó y nunca más pude recordar lo suficiente. Recordaba algunas cosas, pero eran vagas y todo lo que obtuve vino de mi familia, mis amigos y compañeros de Instituto, pero si Edward me estaba contando la verdad y nos vimos en secreto, esa era la razón por la que no lo recordaba, porque nadie más estuvo ahí para hacerlo, ni siquiera él.
—¿Qué más?
Se dejó caer en el sillón. Coloco los codos sobre sus rodillas y enterró los dedos en su cabello. Los mechones cobrizos sufrieron cuando sus dedos lo jalaron.
—La amistad avanzo más y más, hasta que un día… en tu cumpleaños número diecisiete, te traje aquí.
Miré a nuestro alrededor.
—¿Dónde? ¿Aquí mismo?
—Sí. —acepto— No es lo que veas ahora mismo, excepto por la chimenea. Descubrí una cabaña en una de mis caminatas con Billy, así que te traje ese dia a un picnic improvisado.
Una imagen exploto detrás de mis ojos. Se trataba de Edward y de mí… y estábamos juntos sobre un piso roído, sentados enfrente de una chimenea exactamente igual a la de la habitación en la que nos encontrábamos.
Me estremecí y me abrace a mí misma.
—Comimos pastel pasado e hiciste emparedados y cantaste para mí. ¿No es cierto? —pregunte.
Levanto la cabeza rápidamente.
—¿Lo recuerdas?
—Solo es… una imagen que vino a mi cabeza. —frote mi frente con frustración— Fue por un segundo, apenas un recuerdo.
Sus hombros decayeron.
—El accidente me tomó por sorpresa y tu padre te alejo tan rápido de mí que no pude llagar lo suficientemente rápido para atraparte. Cuando me entere de lo que sucedido, corrí al hospital, pero apenas Charlie me vio, me hizo echar del hospital.
—Dijiste que nadie sabía de lo nuestro.
—No sé cómo lo averiguo. —respondió.
Mi padre. No pudo hacerme eso. Tomar mis recuerdos y cambiarlos. Era una locura retorcida. Una… crueldad.
—Estas mintiendo. —lo acuse enojada.
Sus labios se convirtieron en una fina línea.
—Jamás mentiría, Bella. No sobre esto y no sobre nosotros. Me advirtió que si me acercaba a ti, me destruiría la vida. Pocas semanas después saliste del hospital y todo se fue al carajo. Te espere aquí en nuestra cabaña, espere que me llamaras, que me buscaras, pero era como si hubiera sido borrado de tu vida.
Porque así fue.
—Llévame a casa. —le pedí.
Quería ver directamente a la cara a mi padre y preguntarle, como pudo quitarme esto. Como pudo… arrancar a Edward de mi corazón. El accidente le facilito las cosas, pero el término el trabajo.
—Todo lo que tenemos es real, Bella. —se puso de pie y camino hasta mí. Sus manos acunaron mi rostro— Me enamore de ti en ese entonces y sigo enamorado de ti.
Mis lágrimas se colaron hasta sus manos, mojando su piel. Mi vista se volvió borrosa y el dolor, joder el dolor, me estaba rompiendo de adentro hasta afuera.
—¿Por qué te alejaste así sin más? —cuestione sin poder contenerme.
Sus pulgares acariciaron mis mejillas de forma enternecedora.
—Porque comprendí que no podía hacerte eso, Bella. Éramos demasiado jóvenes y podía ver como amabas a tu familia. Charlie se pudo equivocar, pero estoy seguro que detrás de todo, solo quería protegerte. Después de todo… —resoplo— yo no era más que un don nadie. No te convenía. Cuando vi que no me necesitabas más y que estabas luchando por recuperarte, me fui lejos, porque no podía resistir las ganas de verte y no cocarte, de no escucharte, de que no me contaras tus hazañas del día o cual sería tu nueva obra de teatro junto con Alice. Deje la academia de policía y me marche lejos junto con Anthony.
Puse mis manos hechas puños en su pecho y enterré mi cabeza entre ellas. Su olor me tranquilizo y fue a la misma vez, un calmante para mi inminente angustia.
—¿Cómo me encontraste?
Hablo con sus labios sobre mi cabello.
—Billy se enteró de la boda. Él sabía de mis sentimientos por ti y de lo que habíamos vivido, se lo confesé antes de marcharme. Quiso enfrentarse a Charlie, pero no quería que aquello molestase tu tranquilidad así que le suplique que no lo hiciera. Viví un tiempo en Chicago, Los Angeles, Florida. Mi trabajo me pedía que me moviera continuamente, simultáneamente me mantenía en contacto con mi padre y hace un año, cerré el trato para esta casa y la mande remodelar por completo. Excepto la chimenea. Cuando supe que te casabas, casi me doy por vencido, pero decidí que si no hacía nada por llegar a ti, entonces era un cobarde. Logre averiguar dónde trabajabas y eso me llevo a Malibu. Encontrarte en el aeropuerto fue todo un shock.
—No me lo puedo creer. —dije por lo bajo.
—Apenas te vi hablado con Anthony me regrese sobre mi camino y reserve en el próximo vuelo a Seattle. Y debo confesar. —murmuro a modo de secreto— Que soborne a la recepcionista para que me dijera tu número de asiento y poder ir a tu lado.
Deslizo sus manos por mi cuello hasta mi espalda baja y apretó mi cuerpo hacia él.
—No podía dejarte escapar y sigo sin querer hacerlo, dulce. Te necesito, Bella. Joder. He esperado tanto por ti y no puedo perderte ahora. Dime que no te voy a perder.
El aturdimiento de tanta información al mismo tiempo me impidió pensar correctamente. Era demasiado, no podía. Y aunque una parte de mí no dudaba de una sola de sus palabras, necesitaba comprobar por mí misma la verdad.
Volví la cabeza hacia arriba para mirarle.
Sus ojos estaban empañados de lágrimas no derramadas y eran un reflejo de los míos. Oscuros y adoloridos.
Acaricié con mi pulgar de bajo de su ojo izquierdo.
Parpadeo y la punta de sus pestañas acaricio la piel de mi dedo. Con ella, una lágrima se escapó.
—No llores. —suplique.
—No me dejes. —su voz se tiño del mismo tono.
Baje mi mano a su pecho y aferre entre mis dedos el material de su camisa.
—Esto cambia todo. Quisiera decir que no, pero estaría mintiendo. No puedo darte una respuesta hasta hablar con mi padre.
Se alejó como si lo hubiera golpeado. La pérdida de su toque me hizo estremecer, pero me mantuve fuerte y mordí el interior de una de mis mejillas.
—Te llevare a casa. —se rindió.
La vulnerabilidad de su rostro me partió el corazón en dos. Asentí y aferre una mano a mi boca, me gire y salí de la habitación con pasos torpes, pasando sobre la triste catasta de picnic tirada en el suelo. Un reflejo de nosotros ahora mismo.
El viaje de regreso a casa fue silencioso y odie cada uno de los minutos que no tuve el valor de ser yo quien diera el primer paso. Sentía los ojos pesados y terriblemente hinchados, me dolía respirar y el cuerpo entumecido.
Bajamos sobre mi calle veinte minutos después, Edward estaciono en casa y yo me quede inmóvil. Él hizo lo mismo y los minutos comenzaron a correr. Había querido alejarme de él apenas me conto la verdad, pero ahora todo lo que quería era pedirle que me tomara en sus brazos y me resguardara.
Mi mano busco la manija para abrir la puerta. La active y comencé a removerme en mi asiento para poder salir...
Antes de poder lograr mi cometido, Edward me agarro por la nunca y me giro tan rápido que tuve que sostenerme de sus hombros. Sus labios atacaron los míos y sus dedos se enterraron sobre mi piel, sin darme ninguna salida u oportunidad a escapar.
Solté un jadeo entre sus labios y él gimió.
El deseo, la añoranza y el amor se adueñaron de mi cuerpo, olvidando todo. Él mordisqueo mi labio inferior y lo absorbió entre los suyos. La fuerza de nuestro besó me impuso sobre él, enterré mis rodillas en el asiento y correspondí a su beso. Se trataba de un acto necesitado y angustiado. Ninguno de los dos queríamos dejarnos ir, pero querer no era suficiente.
Así como vino se fue. Me soltó y se dejó caer en su asiento, respirando de forma agitada y con los ojos cerrados.
—Tienes que irte antes de que haga una locura y no te deje marchar nunca más, dulce.
Las piernas se me aflojaron y caí en mi asiento. Como pude con las pocas fuerzas que me quedaban, salí del auto y corrí a casa, sin mirar atrás.
La puerta de casa se abrió por completo y mamá me recibió con los brazos abiertos.
—Oh, cariño. —oí el sonido de la camioneta emprendiendo el camino y sollocé. Mamá cerró la puerta y nos hizo entrar a la sala de estar— ¿Qué sucedió?
Para entonces, mis sollozos rompían con la tranquilidad de toda la casa en sí. Papá debió alertarse por los horribles sonidos que salían desde mi pecho hasta mi boca. Dolía y dolía mucho. Como si hubieran arrancado mi corazón a carne viva.
Vi a mi padre bajar por las escaleras y… Oh, Dios, mi muerto corazón solo latió vivo para odiarlo.
¿Cómo pudo verme sufrir todos esos meses después de mi accidente? Tenía pesadillas, apenas comía y la depresión casi me jodió. Ahora entendía el vacío gigantesco en mi pecho. Había una razón…
Abrió los ojos como platos cuando me vio tirada en el sillón, hecha un ovillo sobre una esquina.
—¿Qué le sucedió? —gruño para mi madre, caminado rápidamente hacia mí.
Mi madre brinco, exaltada por su tono de voz. Su rostro se puso rojo granate y comenzó a retorcerse los dedos.
—Creo que peleo con Edward. ¡No lo sé! Estaba tan feliz esta mañana y ahora… ahora… —tartamudeo.
La mirada chocolate de mi padre se endureció.
—Ese maldito hijo de… ¡Sabia que toda esa maldita idea de la boda es una locura! —vocifero.
Me quite las lágrimas de las mejillas, completamente furiosa con él. Estaba tan enojada y dolida, que apenas podía respirar.
—¡Charlie! —mi madre grito.
Su expresión se volvió desdeñosa.
—Es una escoria que no merece a mi hija. ¡Él le hizo esto! —me señalo— ¡¿Y aun lo defiendes?!
Mi pecho subía y bajaba. Negué con la cabeza, pero él no me miraba. Me encogí al darme cuenta que todo lo que Edward me había contado era verdad. Lo estaba viendo ahora mismo. Frente a mis ojos.
¿Cómo pude estar tan ciega?
Mamá pisoteo todo el camino hasta mi padre.
—No te reconozco, eres un insensible con nuestra hija. ¿En qué momento cambiaste tanto, Charlie? —cambio la dirección de sus pasos, se sentó a mi lado y me acogió entre sus brazos— ¿Qué tienes contra ese pobre muchacho?
Observo a mi madre con frialdad.
—Se atrevió a mirar a donde no debía.
Me agite entre los brazos de mi madre.
—No te voy a perdonar.
Él rostro de mi padre se retorció.
—¿Qué demonios dices, Isabella?
Me levante y lo encare. Hecha mierda, llorosa y completamente rota, porque quería que viera lo que sus jueguitos me habían hecho.
—Lo sé todo.
Mi madre se puso de pie también.
—¿Qué está pasando entre ustedes dos? —pregunto angustiada— ¿Bella? —intento tocarme, pero me aleje de su toque.
Señale a mi padre.
—Él. Me jodió. Por sus malditos prejuicios y su egoísmo.
Charlie hincho el pecho.
—No sé de qué estás hablando.
Actué por acto reflejo. Me le fui encima y mis puños pegaron contra su pecho. Su rostro se distorsiono, sorprendido. Intento atraparme, pero yo fui más rápida, esquivando sus manos.
—¡Cómo pudiste! ¡Era mi vida! ¡Mía! ¡Lo amaba! —grite— ¡Nos amábamos y tú lo rompiste! ¡Lo arrancaste de mí!
Escuchaba a mi madre gritando de fondo, llorando y suplicándome que parara. No lo hice. Empuje a mi padre hasta que su espalda impacto contra la pared. Mi mano derecha salió volando e impacto contra su mejilla.
Mi madre jadeó.
El rostro de mi padre se giró por el impacto de mi golpe.
Aferre la mano a mi pecho.
—Te odio. Lo juro por dios, te odio. He vivido con tu mierda y la de esta familia por suficiente tiempo. Me quitaste todo lo que amaba, me quitaste a Edward y casi me quitas el arte. Reniegas de ser mi padre y crees que lo que hago es una mancha para el apellido Swan. Murmuras del origen de Edward y hablas de él como si fuera basura humana y tú eres peor. —apuñale su pecho con mi dedo indice. No sé atrevió a mirarme, solo se quedó ahí— Porque vas por el pueblo mirando a todos sobre el hombro y creyéndote mejor. No lo eres, papá. No. Lo. Eres.
Miré sobre mi hombro a mi madre. Se encontraba sobre el sofá sentada con una expresión desolada.
—No lo quiero en mi boda. Jasper puede entregarme. —abrió la boca para decir algo, pero las palabras no salieron de su boca. Volví mi atención a mi padre— Me voy a casar con Edward y te voy a demostrar que estas equivocado.
Me hice a un lado y subí corriendo las escaleras. Me adentre a mi habitación y cerré la puerta con pesillo.
Me quite toda mi ropa a tirones, el frio se filtraba por debajo de mi ropa y hasta mis huesos. Mi cuerpo comenzó a temblar de manera incontrolable mientras no dejaba de llorar y sollozar. Entre al baño a tropezones y abrí la ducha.
Coloque el agua lo más caliente que mi cuerpo lo soporto y me puse de bajo del chorro de agua.
Mis rodillas ya no pudieron sostenerme y caí sobre las baldosas del baño.
Intente mantener todas mis partes unidas, abrazándome con fuerza. Pero el frio nunca se fue. Solo se quedó allí, abriendo el vacío dentro de mi pecho de nuevo.
Cerré los ojos y unos ojos verdes desolados me miraron de vuelta. Entonces supe que si decidía alejarme de Edward de nuevo, esta vez no lo soportaría. Mi corazón lo reconocía y cantaba para él. Lo recordaba. Tal vez mis recuerdos no estaban, pero si el amor. Porque lo amaba. Lo amaba muchísimo.
¡Hola, amores! Les dije que prepararan los pañuelos. Todo iba tan bien y de repente Bella tuvo que ver la caja e investigar. De una forma u otra, Edward ya planeaba contarle sobre su pasado juntos. Algunas de ustedes se preguntaban cómo era posible que nuestros dos tortolitos fueran tan rápido en su relación. Aquí está la respuesta. No hace falta conocerse porque ya lo hacen. Me pongo a penar e intento imaginarme que sería de nuestros chicos si Charlie hubiera permitido que Edward se acercara después del accidente. La escena donde Bella golpea a Charlie me costó algo de trabajo escribirla, ningún hijo debería golpear a un padre, pero ese golpe significo un momento de ruptura. Charlie tiene que re pensar muchas coas y valorar si está dispuesto a perder a Bella. ¿Creen que en algún momento se arrepienta? Ya lo veremos. Gracias por sus rr y su apoyo. ¡Besos a la distancia!
Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1
Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109
