Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


Me pierdo en el tiempo solo pensando en tu cara. Solo Dios sabe porque me tomo tanto tiempo despejar mis dudas. Tú eres lo único que quiero. No sé porque tengo miedo. He estado aquí antes, cada sentimiento, cada palabra, lo he imaginado todo. Nunca lo sabrás si nunca lo intentas, para olvidar tu pasado y ser mio.

Adele

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.

Apenas cubierta con una toalla alrededor de mi cuerpo, me senté en mi cama con el celular en mano. Marque el contacto de Alice y puse el altavoz. Con el baño, había logrado calmarme y aunque mi rostro era un desastre rojizo e hinchado, tenía que seguir adelante. Pero antes de hacer algo más, necesitaba arreglar las cosas con Edward de la manera correcta. Demostrarle que estaba dispuesta a luchar por lo nuestro. La forma en la que lo deje… nos afectó a ambos. Y así como yo deje una parte de mi corazón con él, yo llevaba la suya.

Lleve mi dedo pulgar a mi boca y comencé a mordisquear el borde de mi uña.

Del otro lado de la línea, repiqueteo el celular.

¿Si? —Alice contesto.

—¿Te tomo en un mal momento?

¡Bella! Cariño, siempre tengo tiempo para ti. —escuche como movía algunos papeles y arrastraba su silla por el piso. Conocía bien ese ajetreó, pues seguramente se encontraba en la oficina— ¿Qué pasa? ¿Necesitas ayuda con algo de la boda?

Mi corazón dolió ante la mención de la boda. ¿Y si Edward ya no se quería casar? ¿Y si nuestra discusión hizo que se diera cuenta que no valía la pena estar conmigo? ¿Y si creía que yo no tenía la suficiente fuerza para luchar por lo nuestro?

Frote mi frente para tratar de eliminar esos malos pensamientos.

—Necesito ayuda con algo. Es para Edward y para mí. —susurre.

Oh, ¿una sorpresa? Me encantan las sorpresas. ¿Es una pre luna de miel? —pregunto de forma sugerente.

Suspire, dividida entre contarle a Alice o no de los hechos en el día y todo lo que me había enterado. Sin embargo, eso probablemente me llevaría más preguntas y para la mayoría de esas preguntas, yo no sabía las respuestas. Preferí mantenerlo simple.

—Edward y yo… —titubeé— peleamos. Necesito disculparme y pensé en hacer algo romántico. Faltan tres días para la boda y de verdad, no puedo arruinarlo, Alice. Es muy importante.

Mordí mi labio inferior.

No te angusties, Bells. Pelearse con todo el estrés del compromiso, conocer a tu familia y la boda. Es normal. Están por comenzar una nueva vida y cada minuto cuenta. Por otro lado, ese chico te mira como el sol de sus días. Estoy segura de que si quisieras arruinarlo, ni siquiera podrías.

Me reí, un poco llorosa.

—¿De verdad lo crees?

¿De verdad Edward me miraba de esa forma? Me sentí estúpida por no notarlo. Lo de nosotros iba más allá de una simple atracción. Se trataba de algo que a pesar de los años y mi falta de memoria, seguía intacto.

¡Por supuesto! Ahora, cuéntale a tu mejor amiga lo que tienes en mente.

Cuarenta minutos después, cortamos la llamada. Ella haría unas cuantas llamadas y yo me arreglaría. Examine las elecciones de mi closet y trate de animarme internamente. No podía dejar que el egoísmo de mi padre siguiera gobernando sobre mi vida y arruinando mi felicidad.

Elegí una falda pegada a mi cadera por arriba de la rodilla, un suéter verde esmeralda y unas botas largas y de tacón bajo. Por encima, coloque un saco negro largo, una bufanda gris y un gorro de felpa.

Aplique poco maquillaje en mi rostro para ocultar las marcas de lágrimas y las ojeras. Use mascara de pestañas, un poco de rubor y un labial rojo que contrastaba con la oscuridad de mi ropa.

Temí haber elegido algo demasiado lúgubre, pero con mi humor, no podía hacer nada para resolverlo. Lo único que podía arreglarlo para mi es Edward.

Alguien toco a la puerta de mi habitación.

Mis hombros se pusieron rígidos y los latidos de mi corazón aumentaron. No podía ser Alice, porque quedamos de vernos el lugar donde haría mi sorpresa a Edward. Y los únicos en casa éramos mi padre y mi madre Los había escuchado discutir por lo bajo, pero hice mi mayor esfuerzo para no escuchar lo que decían. Si escuchaba a mi padre hablar de Edward o de lo nuestro… me creía capaz de volverle a caerle encima.

No voy a decir que nuestra relación no estaba ya algo dañada, pero lo que hizo lo termino. La imagen que tenia de él se cayó por completo para romperse en mil pedazos. El cariño, la confianza, la credibilidad de la relación padre e hija ahora era inexistente y no podía decir si algún momento podríamos recuperarla.

—¿Quién es? —pregunte, cogiendo mi celular de uno de mis buros de noche y colocándolo adentro de mi bolso.

—¿Bella? —esa fue la voz de Renne— Necesitamos hablar, nena.

Me senté en mi cama.

—Pasa.

Abrió la puerta y su rostro aparecido. Su mirada guardaba un tinte preocupado y herido, al igual que su rostro. Note las lágrimas secas en sus mejillas y en parte, me odie por eso.

—Tu padre me lo ha contado todo, Bella. Él…

Corte sus palabras.

—No puedo escucharte hablar de él. Lo siento. —me disculpe.

Esperaba que no la estuviera utilizando para intentar manipularme y que lo disculpara, porque de ser así, seria caer aún más bajo.

—No estoy intentando excusarlo, Bella.

—Espero que no porque lo que me hizo no tiene perdón. —respondí firmemente— Puede que sea mi padre y yo su hija, pero eso no le da derecho a —levante las manos— creerse Dios. Porque no lo es. No lo es, mamá. No sé qué pasa con él, no lo reconozco.

Bajo la mirada.

—Lo que te hizo es algo terrible, pero es tu padre, Bella.

—Y yo su hija, mamá. —me señale— Era joven y recién comenzaba a descubrir lo que era el amor. Lo descubrí… con Edward. No lo recuerdo, pero sé que lo hice con él. ¿Qué hubiera pasado si no nos volvemos a encontrar? ¿Y si él y yo no… —controle mis palabras— Fue una suerte que nos volviéramos a encontrar después de casi diez años. Diez años en los que me he sentido perdida. A ciegas. Como si caminara dando tumbos. Nunca era suficiente. Creí que algo iba mal conmigo. Llegue a pensar que… no sabía cómo amar correctamente.

Mi madre retorció sus manos.

—Saliste con otros chicos después del accidente. Bella. Te recuperaste y te convertiste en la mujer fuerte que eres ahora. Tú padre… quería asegurarse que fuera así.

¿Qué le había dicho él para convencerla? No pude evitar sentirme decepcionada por Renne también.

—¿Y solo decidió que el error en la ecuación era Edward?

Puso una mano en su boca.

—No es así, solo trataba de protegerte.

—Claro que lo es. —dije— Charlie cree que es mejor que él. No sabe por todo lo que ha tenido que pasar. Y no solo hablo de su historia, sino de todo lo que dicen las personas de este maldito pueblo. Lo señalaban y murmuraban a sus espaldas por donde iba. Tal vez no recuerdo nuestro tiempo juntos, pero si puedo recordar cuentas veces escuche a tus amigas murmurando sobre él o lo terriblemente peligroso que les parecía que Billy aceptara chicos sin hogar en su casa, preocupadas de que fueran delincuentes, pero sin darse la oportunidad de conocer sus historias. Claro que no, porque eso arruinaría su imagen mental de vida perfecta en sus pequeñísimos cerebros. Cuantas veces vino Billy a cenar o a ver un partido, ¿y cuantas de ellas lo acompaño Edward? —no pude soportar seguir enumerando todo por lo que había tenido que pasar Edward. Entre más hablaba, más comprendía porque se marchó al saber de mi accidente y mi pérdida de memoria, y porque ahora que yo volvía, él lo hacía también— Por lo de los chicos da igual. Siempre me sentí incompleta. Por eso me refugie en el arte y cuando Charlie intentó quitármelo, me fui.

Me puse de pie y cogí mi bolso, colgándomelo al hombro.

—¿A dónde vas?

Hice un ruido seco con mi garganta.

—A arreglar de una vez por todas mi vida. Abrazar al hombre que amo y pedirle perdón. —el nudo en mi garganta se apretó— Fue un error dejarlo cuando más me necesitaba y querer venir a casa, pero lo hice porque por un segundo, pensé que papá me explicaría las cosas. ¿Sabes lo que obtuve? Nada. —tragué— Y me alegro tanto, porque ya no es mi problema. Es de Charlie, es tuyo… es de esta familia y sus prejuicios, pero no mio. Cuando salga por la puerta, no voy a pensar en nadie más que en Edward y en mí.

Mi madre me miró a través de sus bonitos ojos llenos de lágrimas. Por alguna razón, se miraba como si fuera la primera vez que me veía realmente.

—¿En qué momento creciste tanto?

Una lagrima escapo hacia mi mejilla.

—Fue bueno estar lejos de casa.

Se estremeció por mis palabras.

—Lamento no haberme dado cuenta, Bella. —camino hacia mí y cogió mi rostro entre sus manos— Te quiero y siempre te querré.

Me sorprendió al abrazarme y aunque un poco resistente, correspondí a su gesto. Después de todo, no podía culparla por tratar de suavizar las cosas para mi padre. Se amaban profundamente y de alguna manera, Renne parecía pensar que podía arreglarlo para todos. Mi pecho se calentó y un el peso en mi espalda se aligero un poco.

—No me voy a disculpar por golpear a papá. —murmure sobre su hombro.

Palmeo mi espalda.

—No espero que lo hagas, nena. Tu padre necesitaba un buen golpe para reaccionar y… —se alejó— aunque ahora mismo no lo pueda ver, sé que se va a dar cuenta de su error.

Mi madre esbozo una sonrisa casi imperceptible.

—En el fondo de ese armamento duro se encuentra el hombre con el que me casé y al que sigo amando. El mismo que grito de felicidad cuando le dije que Emmett venía en camino, que estuvo conmigo en cada parto, los llevo a la escuela y les contaba historias al dormir. No te pido que lo perdones, pero si te pido que aquí en tu corazón… —coloco un mano sobre mi pecho— guardes un espacio para él.

—No prometo nada.

Acaricio mi mejilla.

—Con eso me basta.

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.

Con las luces apagadas, aguarde el aliento. El día se había ido y con el llego el crepúsculo de la noche. Camine en la habitación de ida y vuelta sin parar. Los nervios me estaban volviendo loca y la ansiedad me hacía morderme las esquinas de las uñas. Un feo habito traído desde mi adolescencia. Desde… el accidente.

Tu puedes, Bella. Vamos a por nuestro hombre.

Por última vez verifique los detalles.

No importaba si Alice me aseguro que todo estaba listo para Edward, necesitaba asegurarme por mi misma.

Revisé la hora en mi celular y puse manos a la obra.

Saque las cosas que Alice me dejo listas en la canasta y las acomode sobre la manta. Emparedados, chocolate caliente y un poco de pastel de la vieja pastelería del pueblo. Una botella de vino y dos copas. Comprobé una a una las velas artificiales que logre conseguir en Port Angeles y me acerque a la chimenea, extendiendo las manos para probar el calor del fuego.

Flexione los pies sobre el piso, porque iba descalza y volví a comprobar la hora.

En ese mismo instante, un mensaje de texto de Anthony entro a mi bandeja. Mordisqueé el interior de una de mis mejillas y lo abrí.

"Estamos por llegar. Joder, esta de malísimo humor. Lo tienes que arreglar porque casi nos saca de quicio al abuelo y a mí. ¡Suerte arreglando al gruñón!" Agrego un emoticón amarillo con los ojos en forma de x y la boca deformada.

Me decidí por un sticker y deje mi celular de lado.

Atesore en mis manos el último detalle, el álbum que había mandado a hacer para nosotros.

Después de salir de casa de mis padres, Jasper paso a recogerme y me llevo a la casa en el bosque que Edward me mostro esa misma mañana. Por suerte, la puerta se encontraba abierta y al comprobar el lugar, encontré las fotografías en el mismo lugar que las deje. Y se me ocurrió que más que una cena de disculpa, necesitábamos atesorar los recuerdos que mi frágil mente decidió eliminar.

Los faros de luz de un auto se reflejaron en la habitación y yo me acerque a la ventana.

Como ese mismo día, fisgonee y observe como la camioneta roja de Edward estacionaba en el camino de entrada.

Agudice mi odio y gracias al silencio de la noche, pude escuchar a Edward bajar del auto y resoplar. Tony lo dejo bajar y luego le siguió, miró a la ventana y levanto los pulgares.

Lo fulmine con la mirada y le hice señas, para que bajara los brazos o Edward nos descubriría.

Se encogió de hombros.

¿No vas a entrar? —le urgió Edward.

Esta oscuro, viejo. Quien sabe lo que pueda haber adentro. —se quejó Anthony, recargándose sobre el capo del auto.

Edward se cruzó de brazos.

Anthony…

Solo entra por mi celular.

Entra tú.

Nop.

Tony.

Nop.

¡Anthony! —refunfuño.

Lo olvide cuando me hiciste venir esta mañana para preparar la casa y que pudieras traer a Bella. Me debes una. —se defendió.

Ante mi mención, Edward se giró.

Golpe bajo, niñato del demonio.

Yo también te quiero, Eddie.

Anthony comenzó a reírse y saco su celular del bolsillo trasero. Le mande un besó y le envié un mensaje de texto a Alice y Jasper. Ellos pasarían por Anthony y lo llevarían a una noche en McDonalds y al cine. El precio por su silencio y su ayuda.

Active la música en el reproductor que Jasper me presto y espere.

Los pasos de Edward no eran silenciosos, sino todo lo contrario. Entre más se acercaba, mi corazón aumentaba sus latidos. Me senté sobre la manta del picnic que organice para nuestra noche especial y sostuve el álbum de fotos sobre mi pecho.

La puerta se abrió y él apareció en el marco. Sus pasos se detuvieron abruptamente y sus hombros se pusieron rígidos.

—Bella.

Inhale profundamente.

—Tengo que disculparme. —susurre, mirándolo a través de la oscuridad en la habitación, tan solo iluminada por los tintes rojos del fuego en la chimenea— He sudo una tonta al no creerte. Una pequeña parte de mí no podía soportar que mi padre fuera capaz de hacerme aquello y cuando me dejaste en casa, creí que moriría porque lo único que deseaba es volver aquí. Contigo y a tus brazos.

Se movió tan rápido que me tomó por sorpresa.

Un segundo después, me levanto del suelo y me apretó contra su cuerpo. Mis manos buscaron el pelo de su nuca y mis dedos apretaron las hebras de cabello cobrizo.

Algo cayó al suelo, pero no le di importancia.

—Por favor, no me dejes. —le supliqué.

Sus ojos buscaron los míos.

—Dios, eres tan cabezota. ¿Cómo podría dejarte? —miró a nuestro alrededor— ¿Preparaste todo esto?

Asentí, sintiéndome sobrecogida.

—Alice me ayudo, pero yo pensé en la mayoría de los detalles. —confesé.

Se quedó pensativo.

—¿Y Anthony…?

—Es mi cómplice también.

Me miró con ojos verdes tiernos. Deslicé mis manos de bajo del dobladillo de su chaqueta y acaricie la piel. Era tan hermoso y fuerte. Pude sentir el latir de su corazón desbocado a la par del mio.

—Pensé que… estaba dispuesto a darte todo el tiempo que necesitaras y al abrir la puerta estas aquí. Como una visión directamente desde mis mejores sueños. —apretó sus manos alrededor de mi cintura— Dime que eres real.

Deje caer mi frente sobre su mejilla. Los acordes de "One And Only" de Adele comenzaron a sonar. La suave voz lleno por completo la habitación y la letra. Los ojos se me llenaron de lágrimas y mi cuerpo entero palpito de anhelo.

—Estoy aquí.

Sus labios acariciaron mi nariz.

—¿Por cuánto tiempo? —su voz se rompió al hablar.

Levante mi cabeza.

—Para siempre. —garantice— Por todo el tiempo que me quieras y si aún quieres que sea tu esposa, entonces también quiero casarme contigo.

Trate de leer sus ojos, pero no fui capaz de obtener nada. Solo me miraba. Apesadumbrado .por mis palabras. Una de sus manos dejo mi cintura y abrazo mi rostro. Desde mi mandíbula hasta acariciar con la punta de sus dedos mi nuca.

—Ven aquí. —demando.

Ladeé la cabeza y esta vez, fui yo quien lo besé.

Gimió en mis labios y se removió inquieto. Bajo al piso conmigo en brazos sin soltarme, apoyo una mano en el suelo y nos dejó caer en el suelo. Fue sumamente tierno y excesivamente cuidadoso de no lastimarme.

Paseé mis manos por su pecho y suspire. Agarro el borde interno de mi rodilla derecha e hizo que abrazara su cadera por mi pierna.

—No me vuelvas a dejar nunca.

—Nunca más.

—Y nos vamos a casar.

—No hay duda. —asegure sin aliento.

Dios, amaba a este hombre y no lo dejaría ir. Incluso si en algún momento las cosas se ponían difíciles, lucharía con uñas y dientes por lo nuestro. El había hecho lo mismo, atesorando nuestro amor y nuestros recuerdos para él mismo.

—Te amo. —pareció adivinar mis pensamientos.

Me fue imposible no sonreír y se sintió realmente bien. Él correspondió con esa sonrisa suya abierta que agoraba y espero a por mi respuesta.

—También te amo. —musité, sin poder mantener mis sentimientos para mí misma— Y te prometo que voy a luchar por esto. Si lo hubiera sabido… todos estos años sin saber que estabas allí afuera. Esperándome. Desearía echar el tiempo atrás y hacer las cosas de otra manera. Habría defendido nuestro amor con uñas y dientes.

Peino mi cabello fuera de mi rostro.

—Tal vez no podemos recuperar el tiempo perdido, pero ahora estamos aquí juntos y no voy a volver a permitir que nadie te aleje de mi lado. —dijo con vehemencia.

Algo me molesto debajo de mi espalda.

Investigue y descubrí que era el álbum que hice para nosotros. Empuje su pecho y él se negó a dejarme ir.

—Tengo algo para ti. —intente explicarle.

Hizo un mohín.

—Tengo todo lo que necesito contigo.

Besé su nariz.

—Vamos, levántate.

Se apoyó en el suelo para dejarme espacio. Logre tomar el álbum forrado de cuero negro con nuestras iniciales estampadas en la pastilla de la portada.

—¿Qué es…?

Me senté y lo abrí.

—Oh. —paso la punta de sus dedos por la primera foto. Se trataba de las fotos de él y su hermana. Las del certificado de Instituto. Por debajo, también una de Anthony que Alice le había tomado la noche de la cena en casa de mis padres— Es… Dios, gracias.

Pase a la siguiente. La única de nosotros dos juntos. Él sonreía a la cámara y usaba un suéter azul, yo estaba por delante con el cabello claro por el sol y un suéter rosa. Las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes.

—Ese mismo día me enamore de ti.

Me hice espacio entre sus muslos y él me aceptó, recargando su barbilla sobre mi hombro.

—Cuéntame todo.

Jugueteé con el dobladillo de su chaqueta.

—¿Todo?

—Todo.

—¿Qué pasa con las otras fotos del álbum?

Le di la vuelta a la siguiente y nos encontramos un espacio vacío.

—Deje el restante del álbum vacío.

—¿Por qué?

Levante la cabeza y escondí mi rostro en el hueco de su hombro y cuello, aspirando su olor.

—Voy a atesorar cada cosa que me cuentes en mi corazón y cerrare los ojos mientras me cuentas nuestra historia, porque no seriamos nada sin ella. —explique— Voy a imaginar cada escenario, expresión, cada pequeño detalle. Pero espero poder llenar lo que queda de este álbum con nuevos recuerdos. Los que compartiremos los dos para siempre.

—Eso es hermoso. —murmuro de cierta manera melancólica.

Reconocí la sensación.

—Estoy aquí. —asegure.

Me acurruque más cerca de su cuerpo y él me envolvió entre sus brazos. Y así, comenzó a relatarme nuestra historia casi diez años atrás.


¡Hola, hermosas! Díganme que ustedes también lloraron, rieron y se volvieron a enamorar de nuestros tortolitos en este capítulo. Un poco tensa, la conversación de Renne y Bella al principio, pero cuando nuestra chica le planta las cosas en claro y le explica que no está dispuesta a arruinar su felicidad por nadieeee. Ahhhhh, amo a esta Bella. Y como nuestra chica va tras lo que quiere, no espero que Edward la buscara, sino que ella misma fue detrás de él. Suspiros, suspiros. ¿Qué nos deparara el siguiente capítulo? Les doy una pista: vestidos y trajes. ¡Es hora de elegir lo más importante que elegí una novia! El vestido de novia. Y nuestro chico nos va a seguir sorprendiendo. No lo duden. Nos vemos la siguiente semana por más. Gracias por sus rr y su apoyo. ¡Besos a la distancia!

Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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