Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


Y dale alegría, alegría a mi corazón y que se enciendan las luces de este amor. Y ya verás cómo se trasforma el aire del lugar. Y ya verás que no necesitamos nada más.

Fito Páez

.

.

Algo molesto mi yo más profundo. En realidad, un sonido se coló por mi oído hasta llegar a mi cerebro e interrumpir mi sueño. Suspire profundamente y me acurruque en mi cama. En mi tibia y cómoda cama. Enterré la nariz en mi almohada y gemí, molesta por el sonido que seguía sin callarse. Busque a tiendas mi celular, pero no encontré nada.

Jacob. El hombre tenía la horrible costumbre de ponerlo en su mesita de noche cuando a mí me gustaba dejarlo al lado de mi almohada.

Medio grogui, me deje caer de costado y pude encontrar el celular. Fruncí el ceño al darme cuenta que dormía sobre el piso.

Gruñí entre dientes y conteste, aun sin abrir los ojos. La luz que entraba en la habitación era demasiado para mis muy sensibles ojos mañaneros.

—Hola.

¿Bella? —la voz de Alice sonó atronadoramente fuerte. Aleje el celular y me puse sobre mi vientre— ¿Te quedaste dormida? Estas en altavoz, Renne se encentra conmigo y…

¡Isabella Marie Swan! —mi madre la corto a madia frase— No pasaste la noche en casa y ni siquiera te dignaste a enviarme un mensaje. Me he levantado esta mañana, ¡y simplemente no estabas! ¿Sabes qué hora es?

Deje caer mi frente sobre el piso.

—Mamá, deja de gritarme. ¿Por qué estás tan enojada y que es eso de que no llegue a casa? —rogué en un susurro.

Tardo un minuto en responderme.

¿Qué… —no termino su pregunta— Oh por todo lo sagrado. ¡Sigue dormida! Es hora de que despiertes, cariño. ¡La cita para tu vestido! —chilló— ¡Es en una hora!

¿La cita para mi vestido? Mamá debía ser la dormida, porque faltaba más de un mes para mi boda. Vagamente, recordé un extraño sueño que implicaba a un cobrizo de lo más…

Apreté mis piernas y frote mis pechos.

—¿Qué es eso de la cita para el vestido? Jacob y yo…

¡Para, joder! —escuché gritar a Alice a todo pulmón— Lo siento… —se rio de forma nerviosa— Fue… un pájaro. Si, un pájaro confundido que se cruzó en el parabrisas.

Asustada, levante la cabeza y abrí los ojos de una. Toque mi cuello adolorido y probé a mover mi espalda, totalmente hecha nudos. Saboreé el sabor amargo de mi aliento matutino y eche una ojeada mi alrededor.

Todo se encontraba tal y como la noche anterior, excepto por el hombre hermosamente dormido a mi lado. Su pecho subía y bajaba en calma, ignorante de que lo miraba. El sol hacia brillar su piel nívea y los bordes afilados y fuertes de su rostro lo hacían ver como una aparición de un mismísimo dios griego.

¿Quién es Jacob? —pregunto Renne, sacándome de mi delirio mañanero.

Parpadeé.

—¿Quién es quién?

Alice se rio nerviosa.

Estaba soñando, eso es seguro.

No estoy segura de lo mucho que a Edward le puede agradar escuchar el nombre de otro hombre a su prometida. Por qué estas con Edward, ¿verdad? —remarco cada palabra.

Cerré los ojos y me reprendí internamente. Había estado a punto de arruinarlo todo.

—¿Jacob? Debió ser parte de un mal sueño. —me excusé— Y sí, estoy con Edward.

Mi madre chilló del otro lado de la línea.

¡Es tan romántico! —suspiro soñadoramente— Y quisiera darles más tiempo, nena, pero no puedo. Vamos en camino a recogerte.

Me senté de un solo movimiento.

—¿Ahora?

Edward se despertó a mis espaldas. Me revolvió sobre la manta y se giró hacia mí acostándose sobre su lado izquierdo. Estiro un brazo lleno de hermosos y sexis tatuajes y lo enredo alrededor de mi cintura.

—Vuelve a la cama.

Sus dedos en mis costillas me hicieron cosquillas.

Recargue la bocina del celular en mi hombro para que ni mi madre ni Alice pudieran escucharnos.

—No es la cama. —aguante una sonrisa divertida.

—Lo que sea. —hizo un mohín— Deja el celular y vuelve aquí.

¿Bella? —mi madre pregunto.

Me deje arrastrar por Edward hasta su pecho y le permití encerrarme entre sus brazos con mi rostro mirando hacia su barbilla. Besé su barbilla y enterré mi nariz en el hueco de su cuello.

—Sí, estoy aquí. —respondí.

—Claro que lo estás. —Edward respondió como si hablara con él y una de sus manos se coló hasta mi muslo, subiendo y apretando mi trasero. Apretó la carne entre sus dedos y ronroneo.

—¡Edward! —trate de reprenderle, sin embargo sonó más como un lamento excitado.

A quien engaño, quiero esas grandes manos por todo mi cuerpo.

Trate de ignorar a mi yo hormonal y enamorada, y me concentre en las dos mujeres al otro lado de mi celular.

—Bien. —otro apretón. Aguante un chillido y mordí mi labio inferior— ¿Cuánto tiempo tengo?

Diez minutos. —canturreó Alice.

A lo menos. —riño mi madre.

Levante mi pierna izquierda y abrace a Edward con ella. Su cadera encajo perfectamente en la mía y nos hizo girar de un movimiento. Su erección matutina golpeo mi montículo y el mundo se encendió tras mis parpados. Su otra mano tomó lugar en mi otra nalga y comenzó a molerme sobre su polla.

Los pezones se me pusieron duros, el vientre pesado y me falto el aliento.

Mi chico se encontraba travieso.

—Es suficiente. —mi voz salió más ronca de lo normal— Las amo, gracias.

Corte la llamada antes de que me dijeran nada, porque joder. No quiera que ni mi madre ni mi mejor amiga me escucharan gemir mientras mi prometido comenzaba a follarme en seco.

—Joder.

Solté el celular en algún lugar de la habitación. Mis manos buscaron de donde aferrarse, cualquier cosa que me ayudara a soportar la tortura de la polla de Edward provocando a mi coño descaradamente. Mis dedos se acalambraron cuando me aferre a la manta de bajo de nosotros y mis ojos giraron hacia la parte interna de mi cabeza.

Las manos de Edward seguían haciendo su trabajo, mientras que su pelvis y caderas hacían el propio también. Él me movía a la par de su cuerpo y yo me dejaba hacer. En mi mente, rogaba porque la ropa desapareciera mágicamente y me penetrara. Si eso podía hacer solo rozándome, no imaginaba como se pondrían las cosas en seco.

Levente la cabeza del hueco de su hombro y apenas pude sostenerme. La volví a dejar caer sobre su hombro y fue en sus ojos verdes brillante en los que me concentre esta vez. Su mirada era pesada y estaba llena de deseo. Deseo por mí. También había un tinte posesivo y algo más… amor. Todo se trataba sobre el amor.

Trate de contener el gemido rasgado que provino de mi garganta cuando su capullo roso directamente a mi clítoris.

—Quiero escucharte, dulce. —me rogo, aumentado sus movimientos.

Su voz repitiendo ese apodo me llevo a nuevos niveles. Recordé la escena detrás de la cafetería y como me acorralo contra el callejón. Su cuerpo sobre el mio, sus dedos tocando mis senos y la sensación de sus labios lamiéndome los pezones.

—Joder. —jadeé.

Él también comenzó a sufrir los estragos del rose de nuestros sexos. Sus ojos se encapucharon, apenas mirándome pero sin perder el contacto, las mejillas se le sonrojaron, el sudor de nuestros movimientos aperlaron su frente y sus manos me estrujaron.

Hizo ese movimiento de nuevo.

Sus caderas rodaron sobre mi coño con su polla ejerciendo la presión justa sobre mi clítoris. Mis sienes palpitaron y el nudo en mi estómago se deshizo.

Todo se volvió blanco a mi alrededor. Cerré los ojos y echa la cabeza hacia atrás, pegando un gritito. Odie ser tan ruidosa, pero las sensaciones que barrieron mi cuerpo de pies a cabeza fueron indescriptibles.

—¡E-Edward! —después de mi primer orgasmo, vino otro detrás. No con la misma intensidad, pero igual de deliciosamente tortuoso.

Detrás de mis ojos, se encendieron luces de mil colores diferentes y mis caderas tomaron vida propia, siguiendo el ritmo del hombretón sin que él tuviera que dirigirme.

Lo monte con fuerza, como si mi vida dependiera de su placer. Arriba, abajo, más fuerte, más lento. Probé a rodar mis caderas de la misma forma en la que él lo hizo y el gruñido ronco que vino desde el fondo de su garganta se convirtió en mi mejor premio.

Me levente sobre sus caderas y me sostuve de su pecho. Sus menos dejaron mi trasero para aferrarse a mis caderas.

Sus ojos me miraron con una ferocidad que me hizo pegar un grito. Su boca se abrió en un jadeó silencioso. Los tendones de su cuello se marcaron y las aletillas de su nariz se dilataron.

Me moví hacia atrás, agarrándome de sus rodillas y metí una mano entre nuestros cuerpos. Él dejo un espacio más amplio. Movió sus muslos y echo la cabeza atrás cuando mi mano le dio un apretón a sus testículos por encima de la tela de su pantalón.

Comenzó a correrse a borbotones. Su semen traspaso la tela de su pantalón en una gran mancha. Me quede mirando embobada pues nunca había presenciado algo tan abiertamente. Ver como se corrio me hizo desear cosas oscuras y peligrosas.

Miré de nuevo hacia él.

Su pecho subía y bajaba rápidamente, recuperando en aliento perdido. No había nada preocupado o avergonzado en su expresión, todo lo contrario. Me regalo una sonrisa coqueta y me gruño un ojo.

Una de sus manos dejo mi cadera y la enredo alrededor de mi cuello.

Me atrajo hacia él en un beso tierno y lento. Sus labios acariciaron los míos con paciencia y travesura. Jugueteo con mi lengua y mordisqueo los bordes de los labios. No hubo nada dulce en follar sobre el piso de nuestra casa como dos desquiciados, pero si lo había en este beso.

Me rendí sobre su cuerpo y suspire.

—Buenos días. —respiro sobre mi cabello— Muy buenos días, dulce.

Me reí ligera.

—Muy buenooosss.

—Estas de buen humor. —atrajo mi barbilla para un beso corto— No hay nada que un buen orgasmo no pueda arreglar.

Las imágenes del el corriéndose de bajo de mi cuerpo es algo que definitivamente nunca olvidaría.

—Mojaste tus pantalones. —dije sobre sus labios.

—Valió la pena. —respondió mimoso.

Apoye mi rostro sobre mis manos unidas en su pecho. Él me miró de regreso y examino mis ojos a fondo.

—¿Fue demasiado pronto? Quizás… —comenzó a dudar.

Fue muy dulce verlo titubear. Negué rápidamente, sin querer que dudara ni por un segundo de lo bien que me había hecho sentir.

—Me gustó.

Se relajó visiblemente.

—Fue... —busco la palabra.

—Maravilloso. —subí mi mano y ahueque su mejilla— Nos vamos a casar en un día, no es como si no quisiera sentirte sin ropa.

Correspondió a mi caricia y besó mi palma.

—No es como si no lo hayas echo antes.

—Eso es tan injusto. —me queje.

Me hizo cosquillas con la punta de sus dedos en mi estómago. Me agite y revolví para tratar de alejarme.

—Yo te haré recordar. —dijo jocoso.

Me reí a carcajadas e intente escapar. Sus manos me atraparon antes de poder hacer distancia y me volvió a plantar encima de él.

—Déjame ir. —lo reñí.

—No te vayas. —me rogó como un pequeño niño pidiendo por su caramelo favorito.

Toque la punta de su nariz.

—Tengo que hacerlo, listillo. Van a venir a por mí. —esta vez me dejo alejarme. Me senté sobre el suelo y comencé a ponerme mis zapatos— Tengo que elegir mi vestido de novia.

Rodó sobre su costado.

—Puedes ir desnuda.

—¿Con los invitados mirándome?

Gruñó.

—Cambie de idea.

Deje salir una carcajada.

Me puse de pie de un salto. Cogí mi bolso y saque un pequeño neceser. No qué planeara pasar la noche con Edward, pero mujer prevenida varia a por dos y como mi hobby favorito se había convertido en dormir sobre su pecho y enredada a su alrededor, lo creí posible antes de salir de casa de mis padres. Saque un cepillo de dientes pequeño y una pasta dental. Me dirigí al pequeño baño e hice lo que una chica tiene que hacer. Hice pipí y me lave los dientes. Intente hacer lo mejor que pude con mi cabello y lo plante en un nudo enredado por encima de mi cabeza. Borre todo rastro de maquillaje y me quede al natural. Me coloque un poco de perfume y labial trasparente.

Al regresar a la habitación, Edward estaba aún acostado, solo que sobre su estómago. Levanto las manos y me miró desde su posición.

—Me vas a dejar aquí. Con más ganas de ti y los pantalones mojados.

Resople.

—Pobre bebé.

La bocina del auto de Alice nos distrajo. Me agache y le ataque con varios besos sobre sus labios y mejillas.

—Ven a casa esta noche, podemos salir a cenar. —ofrecí.

Gimió.

—No es suficientemente.

—Es todo lo que puedo ofrecer.

Me separe tan rápido de su lado qué no le dio tiempo a nada. Sople un beso sobre mi hombro y salí de la habitación.

Iba bajando las escaleras cuando lo escuche hablar.

Me las pagaras, Swan.

—Te estaré esperando. —grite por encima, esperando que me escuchara.

Aferre mi bolso a mi hombro y guarde mi celular. Lo había tomado mientras me despedía.

Salí de casa con la chaqueta puesta y mi gorro de felpa. La nieve seguía cayendo y formaba sus propios riachuelos de hielo. Fui recibida por mi madre. Se asomaba por la ventana del copiloto y me señalaba el reloj en su muñeca.

—Buenos días a ti también, mamá. —me subí al auto y Alice arrancó.

—La casa es fantástica. —fue su saludo.

Me tendió un vaso humeante de café caliente y lo recibí. Sople sobre la pequeña hendidura de la tapa, disfrutando del olor a canela y chocolate.

—Buenos días a ti también, Alice. —use la misma táctica con ella. Ella rodó los ojos y me ignoro. No pude evitar derretirme ante la mención de la casa donde acababa de dejar a mi prometido— Es hermosa. Estoy ansiosa por comenzar a decorarla.

Mamá me miró a través del espejo retrovisor.

—Estoy segura que crearás un hogar cálido y reconfortante para ti y para Edward.

Me deje caer en el asiento.

—Y para Anthony. —observe la respuesta de mi madre.

Su rostro se suavizo en una expresión enternecedora.

—Es maravilloso que lo incluyan. Es un excelente chico y estoy encantada con él. Quien sabe, tal vez le pueda enseñar un poco de modales a Alec.

Alice y yo nos reímos al mismo tiempo. Porque bueno, el hijo de Emmett había heredado una mezcla diabólica entre mi hermano mayor y su mujer. Con semejantes genes, dudaba que cambiara mucho. Desde pequeño siempre fue un pequeño bribón consentido.

—Buena suerte con eso.

Mamá le subió a la música en el equipo de sonido.

—Se vale soñar. —cabeceo y cambio de tema— ¿Lista para elegir tu vestido de novia? Tengo unas cuantas opciones pre elegidas con la modista, pero tiene una sección abierta solo para ti.

Mi corazón se saltó un latido. Imaginarme caminado por el pasillo hacia Edward. Dios, realmente deseaba que llegara ese día.

—Todo lo que quiero es casarme con Edward.

—Eso pensé.

Alice se puso lentes y salió a la carretera qué nos llevaría hasta Port Ángeles.

—Operación "atrapemos el mejor vestido de novia" en curso. .

.

.

Volantes, faldillas, tirantes, sin tirantes, cortos, largos, con colas. Había tantos vestidos por doquier, que ni siquiera sabía por dónde empezar. Todo fue fácil al principio con los vestidos que mi madre eligió para mí, pero ninguno de ellos había logrado remover ni una sola celular de mi cuerpo. Eran elegantes, bonitos y pomposos, pero de verdad estaba esperando poder sentir eso que todas las novias de las pelis románticas sentían al ponerse el indicado.

—Dame una ayuda por aquí. —Bree, mi modista, asomo su cabecilla rubia por un costado de uno de los andenes que guardaban varios sacos con vestidos— Una pista, Bella.

Seguí pasando de vestido en vestido, sin ver algo que llamara mi atención para probarme.

Bree se llevó las manos a las caderas y golpeteo su pie contra el piso. Su atuendo no la hacía más peligrosa cuando se trataba de un disfraz sexy de mamá Santa. Apenas mi madre me la presento, nos agradamos inmediatamente. Me recordaba a Alice, solo que con una vena más mandona y terriblemente más hiperactiva. Lo que era bueno para su trabajo, según sus palabras.

—Quiero… —pare un segundo y trate de reunir todo lo que quería en simples palabras— algo romántico, pero sin dejar de ser sexy. Con un escote abierto, pero que sea apenas perceptible. Algo con encaje y… perlas, me gustan las perlas porque siempre pensé que te hacen ver juvenil y con un porte que no cualquier joya costosa puede conseguir por muy cara que sea. —me encogí de hombros— ¿Eso te sirve?

Una sonrisa rompió sus mejillas. Sonrió como el gato que se comió el canario y brinco sobre su pequeña altura.

—¡Lo tengo! —aplaudió.

Quise creer en sus palabras, pero después de pasar las últimas tres horas buscando, mis esperanzas eran pocas.

—¿Estas segura?

Levanto su dedo indice hacia mí

—No te atrevas a dudar de mí, señorita. En los diez años que llevo trabajando por aquí, ninguna novia ha salido decepcionada de mi tienda. —levanto la barbilla orgullosa. Luego me guiño un ojo juguetón— Vamos, vamos. —agito las manos hacia mí en dirección a uno de los probadores que consistía en una habitación con todas las comodidades necesarias para una novia nerviosa. Alice y mi madre esperaban dentro— Tengo que ir a por el.

Camino hacia mí y me tomo de los hombros para guiarme.

—¿A dónde?

—Al lugar donde se crean los sueños. —respondió risueña. Abrió la puerta del probador y me dejo caer dentro— Ahora vuelvo.

Cerró la puerta.

—Eso fue extraño. —me deje caer en uno de los silloncitos al lado de mi madre.

Dejo su copa de champagne de lado y me miró. Sus ojos brillaban y las mejillas se le iluminaron de un rojo granate.

—¿Qué es extraño? —cuchicheo.

—¿Estas ebria? —le quite la copa y la deje en una mesita a mi costado.

Se dejó caer en el silloncito.

—Me encanta este lugar, debería de comprar algo de champagne para tenerla en casa. A tu padre le vendría bien unas cuantas copas. Lo ayudaría a soltarse y mover ese trasero testarudo suyo. Hace días que no hacemos el cuchicuchi. —gorgojeo.

Alice se atraganto, escupiendo algo de su bebida.

Se limpió la barbilla con una mano.

—Demasiada información.

Mi madre palmeo mi rodilla.

—Nada de cuchicuchi hasta que se disculpe contigo y con Edward.

Abrí y cerré la boca. ¿Qué se supone que digas cuando te enteras que tu padre tiene un serio caso de bolas azules por tu culpa? Hice lo único que podía hacer, tome la copa de mamá y me la bebí por mí misma.

El cosquilleo del champagne me hizo temblar y deje salir el aire de golpe.

—Tienes razón, esta champagne es fantástica. —canturreé con voz aguda.

Alice dejo salir una carcajada y levanto su copa.

—Por el buen sexo y la champagne cara.

—¡Alice! —grite.

Bree nos interrumpió. La puerta reboto contra la pared y apareció en la puerta. Ahí estaba ella, con el vestido más hermoso que mis ojos vieron nunca. No se trataba de algo demasiado simple, suelto o ceñido. Era un diseño clásico y elegante, digno de una princesa, pero que por algún motivo se ceñía a cada una de las palabras que hace unos minutos le describí a Bree.

—Oh, Dios es hermoso. —Alice se puso de pie.

Mi madre olvido todo. Su cerebro se vacío y las lágrimas se amontonaron. Me abrazo por los hombros y sorbió su nariz de solo verlo.

—Es exactamente como soñé que se vería tu vestido de novia. —besó mi majilla.

Hipo y eructo un poco, producto del alcohol, pero no le di importancia. Me puse de pie y anduve hacia el resplandor blanco de la tela hasta que lo tuve frente a mí. Con la punta de mis dedos acaricie el material del corpiño.

Perlas y encaje.

Busque la mano de Bree y la apreté.

—Gracias. —no pude evitar que la voz se me rompiera y loas lagrimas me saltaran.

—Es mi trabajo. —me dio un apretón de regreso y una sonrisa dulce— Ahora, ¿por qué no te lo pruebas? Estoy segura que te quedara a la medida, pero más vale asegurarse.

Asentí, totalmente abrumada por cada una de las emociones de engulleron desde el fondo de mi pecho hasta todo mi cuerpo.

Lo tomé entre mis manos y entre el probador privado. Comencé a desvestirme, lo que fue fácil considerando que solo llevaba una bata y debajo de ella, un sostén unas bragas simples blancas.

Con sumo cuidado, me metí dentro del vestido. Jale el listón unido a la cremallera y termine por ponérmelo.

Los ojos chocolates se me volvieron a llenar de lágrimas y puse la palma de mi mano sobre mi boca para acallar mis lloriqueos. Entendí entonces que el vestido no solo significaba un bonito atuendo que usaría en mi boda, sino la realización de uno de mis mayores sueños. Sentirme profundamente amada. Consigo, Edward trajo a la luz esa parte extraviada. Antes, iba dando tumbos por la vida, hasta que lo encontré de nuevo y me dio su mano. Estaba segura que nunca me soltaría y a cambio, yo le daría el mismo nivel de amor y entrega. No deseaba que otra persona se encontrara en su lugar y lo que empezó como Un Acuerdo de Navidad, termino en mi propio final de cuento de hadas. No era ilusa, todavía nos quedaba un buen camino por delante.

Pero con él a mi lado, me creía capaz de todo.

—¿Estas lista? —mi madre me llamo desde afuera.

Me mire a través del espejo de cuerpo completo.

—Sí, estoy lista.


¡Hola, señoritas bonitasssss! El comienzo del capítulo es explosivo, candente y puro fuego puro cuando nuestros chicos se pusieron traviesos. Lo quise mantener así hasta el final, para poder mantener la esencia hasta que sus sentimientos se aclararan. Y mira tú, ahora que saben que los dos se aman intensamente, no pueden esperar para sacarse las manos de encima. Amo a Renne y a Alice oficialmente, trabaje mucho para llegar a la escena donde Bella elegía su vestido. Escribía y lo borrada, escribía y lo borraba, pero al final me pareció bien darle un pequeño tinte soñador y una pequeña ayuda de una chispeante modista que más que una modista, parecía un hada madrina navideña. La descripción del vestido de Bella no la voy a adjuntar hasta el siguiente capítulo. Boda, boda. ¡Todos queremos boda! Pero no se pongan tristes por el final, que todavía no se acaban las sorpresas. PD: Sufre Charlie, sufre. MUAJAJA. No voy a decir mucho más. ¡Besos! Las quiero.

Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


Link a mi Facebook: www . facebook ariam . roberts . 1

Link al grupo de Facebook: www . facebook groups / 801822144011109