Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
Sonrío y rió como una flor, no solo con mis labios, sino con todo mi ser.
—Rumi
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Entre a mi habitación con las manos llenas. Entre la gigante caja del vestido de novia que Mike me había ayudado a subir a mi habitación, las bolsas de Victoria Secret y La Perla, las cajas de zapatos y la ropa de playa que mi madre me obligo a comprar y sospechaba, por alguna sorpresilla que Edward me tenía preparada.
Caí sobre mi cama de espaldas y soporte las ganas de chillar.
Los últimos tres días se sentían como un loco y surrealista sueño que me dejo la piel de gallina y con la cabeza en los cielos, solo que en realidad, no se trataba de ningún sueño fraguado por mi revoltosa mente.
De alguna manera, logre encontrarme de nuevo con Edward, regresar a casa y el día de mañana, me casaría con el hombre que llevaba esperando por mi diez años.
Diez años…
Diez años sonaba como toda una vida y aunque me obligaba a tratar de ponerle la mejor cara, no podía ignorar el hecho de lo que mi padre nos hizo a mí y a Edward. ¿Cómo podría perdonarlo alguna vez? No lo sabía. Pero sería un largo camino para poder recuperar nuestra relación. Por lo mismo y con un nudo en la garganta después de terminar con la prueba de mi vestido en la tienda de Bree, llame a Jasper y le pedí que fuera él quien me entregara en el altar.
Hacer que Charlie me entregara a Edward… simplemente no sucedería. No luego de saber las artimañas de las que se valió para separarme de Edward.
Tragué grueso.
Porque a pesar de la crueldad de mi padre, todavía lo seguía amando como el padre que siempre cuido de mí. Hasta que no lo hizo más y comenzó a esconderse detrás de esa fachada, logrando lastimarme. Nunca había sentido esa clase de dolor. Ni cuando descubrí a Jacob engañándome con Leah. La infidelidad de mi ex prometido era un juego de niños comparado con la dimensión de las acciones de Charlie.
Levante mis brazos y los coloque sobre mi cabeza.
El cuerpo me pesaba más de lo normal y aunque había planeado tener una noche especial con Edward, una cena tal vez, lo único que quería era esconderme debajo de las mantas de mi cama y dormir.
Edward.
Busqué mi celular en mi bolso.
Al encender la pantalla, esta se ilumino con ocho mensajes nuevos de texto. Todos de mi hombretón sexy. Seleccione la primera notificación.
"No puedo esperar a verte con tu vestido de novia"
Pase al siguiente mensaje.
"Mis pantalones son un caso perdido. Joder, dulce. No puedo dejar de repasar una y otra vez las imágenes en mi cabeza. Tú, corriéndote con la cabeza echada hacia atrás y los ojos en blanco y esas mejillas adorables tuyas. Soy un hombre arruinado"
"No voy a mentir y no decir que no te extraño. No me importa si dejo demasiados mensajes de texto y me convierto en un noviecillo nervioso. No puedo dejar de pensar en ti, dulce. Billy me ha arrastrado al pequeño centro comercial del pueblo. ¿Adivina por qué? Mañana me casó con el amor de mi vida y tal parece, necesito un traje decente :p"
"Odio los trajes, son tan apretados y pomposos, me miró en el espejo y no me reconozco. Pero luego recuerdo que necesito verme decente a tu lado. Tú, mi hermosa chica, te mereces lo mejor"
Mordí mi labio inferior cuando descubrí que el siguiente mensaje no se trataba de nada más que de una foto de él mismo.
Ame la sonrisa ladera en su rostro y tenía una mano sobre su cabeza, jalando su cabello. El traje que portaba era uno a tres piezas palabra de honor. Chaqueta negra, chaleco blanco con detalles en plateado y una elegante corbata roja. Una rosa adoraba su solapa, idéntica a las del diseño de mi ramo de novia.
Es perfecto.
"No puedo esperar a mañana."
"Deberías ver a Anthony, no puede dejar de preguntar por la boda. Te manda a decir y cito explícitamente: ¿Vanessa está invitada? Creo que no soy el único enamorado por estos días"
El último mensaje era de hacía cinco minutos.
"Sal, quiero ver esos dulces ojos y esa boca que me invita a besarte cada día que me resta. Apresúrate, o puede que me quede sin piernas. Siempre tuyo, Edward"
Salte de la cama sin pensarlo y corrí hasta la ventana. Allí estaba él. Con una rodilla en el suelo y la otra levantada. Un gran ramo de flores en las manos. Solté el celular en el suelo y volví a tomar carrera.
Los latidos de mi corazón aumentaron y toda mi piel hormigueo. Salí a toda velocidad de mi habitación, jalando mi abrigo a último minuto y tomando mi gorro de felpa.
Me los coloque mientras bajaba las escaleras a tropezones y finalmente, llegue al piso de abajo.
Mamá iba saliendo de la cocina.
—La cena estará preparada en…
Seguí mi camino hasta la puerta y la abrí de un tirón.
Edward se puso de pie y titirito, quien sabe cuento tiempo llevaba en la misma postura desde que me mando el mensaje. Sacudió la nieve restante de su rodilla derecha y abrió los brazos.
Corrí a sus brazos.
Su olor me reconforto cuando enterré mi rostro en su pecho y apreté mis brazos alrededor de su cintura.
—Te extrañe. —susurre.
Acaricio mi cabello y dejo un beso regado.
—Y yo a ti, dulce.
Me aleje para poderle mirarlo mejor. Llevaba un saco café e iba con un gorro de felpa negro. La ropa debajo de su abrigo era totalmente diferente a la de nuestra cita la noche anterior, mientras que la mía no había cambiado. No pude evitar sonrojarme al recordar el mensaje sobre sus pantalones.
—Te sonrojaste. —subió su mano y acaricio mi mejilla.
Negué, sin querer ahondar en el motivo de mi repentina vergüenza.
—¿Cómo ha ido la búsqueda del vestido?
El revoloteo en mi pecho aumento al recordar mi vestido de novia.
—Lo encontré.
Debió ver la emoción en mis ojos, porque sonrió con ternura y me atrajo más cerca de su pecho.
—¿Qué tal tú? —increpe— ¿Es tu traje el que me mandaste en la foto?
Sonrió divertido.
—Tendrás que descubrirlo mañana. —su mano apretó mi cadera— ¿Estas lista para mañana?
Coloque mis manos sobre su pecho.
—Muy lista.
Acaricio su nariz con la mía, perdiéndose en la sensación. Mis dedos buscaron las solapas de su abrigo y me aferre a ellas.
Tarareé de gusto.
—Mamá esta por poner la mesa para cenar. ¿Quieres entrar? —la sonrisa de sus labios acaricio mi boca. Su aliento se entremezclo con el mio y sus verdes ojos se oscurecieron— o podrías escabullirte en mi ventana al anochecer y…
Me interrumpió antes de que siguiera hablando.
—Estoy seguro de que Renne se va a asegurar que no pase. De hecho, he recibido una llamada de Alice. Fue excesivamente descriptiva y un poco amenazante a decir verdad, sobre mantener mis límites y dejarte dormir lo suficiente.
Me puse de puntitas para poder alcanzar sus labios del todo. Moví mis manos de las solapas a su cuello y lo rodeé con mis brazos.
—Las últimas dos noches dormí a tu lado, duermo mucho mejor contigo. ¿No le dijiste eso?
—Listilla.
Le di un corto beso. Volví sobre mis pies y miré a las rosas en su mano izquierda. Era un gran ramo de rosas.
—¿Son para mí? —mordí mi labio inferior.
Él cabeceo.
—Pensaba regalárselas a tu madre…
Golpeé su pecho.
—Tonto.
Se rio con esa risa suya ronca que le hacía cosas indecentes a mis partes bajas.
—Todas tuyas. —me las entrego.
Las acerque a mi nariz y olí el rico perfume de las flores. Acaricie los pétalos con la punta de mis dedos y sonreí encantada. Mi atención no se mantuvo solo para las flores, miré sobre mis pestañas a Edward y trate de decirle con una mirada todo lo agradecida que me sentía por tenerle a mi lado.
Sus ojos se suavizaron.
—Ven aquí.
Rápidamente me atrajo de nuevo.
Hice a un lado las flores para no aplastarlas y use mi mano libre para aferrarme a su nuca.
Sus labios impactaron con los míos, exigiendo mi total atención. Gemí gustosa y le correspondí con la misma fuerza. Sus manos bajaron por la parte baja de mi cintura y apretaron mi trasero.
El sonido de un claxon nos hizo separarnos. Miré sobre su hombro e inesperadamente, me encontré a unos cuantos chicos de La Push mirándonos desde la camioneta de Edward.
—Oh, Dios. —deje caer mi frente sobre su hombro.
Se rio.
—Creo que olvide mencionarlos.
—Efectivamente. —deje su hombro y lo observe— Creí que cenaríamos esta noche.
Repartió pequeños besos por mi rostro.
—En realidad, todo es en contra de mi voluntad. Soy su rehén. —hizo una seña hacia el auto— Son algunos viejos amigos de La Push y nos encontraremos con Jasper y Mike en el bar del pueblo. Extrañamente, creen que necesito una despedida de soltero. Como si no hubiera tenido los últimos diez años para extrañarte.
El último comentario me descoloco. A pesar de haber hablado en la cabaña y de que Edward me hablara de nuestro pasado juntos, no enfatizo de una manera tan cruda en tiempo que pasamos separados.
—Lo siento. —se disculpó avergonzado.
Cogí su mejilla derecha en mi mano.
—No es nada. —con mi dedo pulgar acaricie el borde de su ceja cobriza poblada— No es como si algo así se pudiera olvidar tan fácilmente. No es tu culpa y tampoco la mía. Pero somos felices ahora mismo y me siento agradecida de que tú seas el hombre que me esperara en el altar mañana. No lo cambiaria. Nada. Lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé.
—Bien. —el claxon de nuevo— Sera mejor que te deje ir, antes de que tus amigos vengan por ti.
Alguien grito por encima.
—¡Es una chica lista!
Edward entorno los ojos, pero en el fondo, pude ver una nota de diversión y algo más… felicidad. Algo que no estuvo allí el día que lo conocí. Había pequeños cambios en él, como si se hubiera abierto poco a poco a mí en los pasados tres días hasta permitirme ver mejor a través de él.
—Ese es Jared y es tan molesto como un grano en el culo. —me abrazo de nuevo para poder besarme— Entonces, supongo que… hasta mañana.
Le regale una gran sonrisa.
—Hasta mañana.
Me dejo ir por un par de pasos, sin soltarme del todo.
—Eso sonó convincente. —bromeo.
Uno se los chicos de la camioneta asomó su cabeza por la ventanilla trasera y agito los brazos por arriba.
—¡Trae tu trasero aquí, Cullen!
Deje salir una carcajada, abrazando el ramo de rosas contra mi pecho.
—Anda, márchate. —di un par de pasos atrás, le mande un beso en el aire y me gire. Camine todo el camino hasta el porche, subí los escalones y antes de entrar, miré sobre mi hombro. Él seguía ahí, obsérvame como si yo fuera una gran cosa brillante y valiosa. Me recargue en el marco de la puerta— Oye.
—¿Si?
—Ya sabes, por si no logras encontrarme. —su rostro se vio confundido— Seré la de blanco.
Le guiñe un ojo.
Él comenzó a reírse y me señalo con su dedo indice.
—Chiste local.
—Touché.
Entonces se fue.
.
.
Edward y su preciosa desnudez. Con el cabello cobrizo revuelto y húmedo, yo iba a horcadas sobre su cuerpo mientras sus manos… Oh, Dios. Sentí su p…
—Es hora de levantarse.
Una cantarina o no tan cantarina, pero si molesta voz, me trajo desde el país de los sueños. Me revolví entre las mantas y refunfuñe. Odiaba levantarme temprano y contra mi voluntad. Y lo que es peor, odiaba a las personas abriendo las cortinas de mi habitación para dejar entrar la luz.
—¡Bella!
Me gire sobre la cama y gruñí. Agarre una almohada y la eche sobre mi cabeza, deseando acallar así la voz de mi mejor amiga.
Resulta que las amenazas de Alice no fueron en vano y luego de que se marchara Edward con sus amigos, Jasper pasó a por casa y la dejo. En la puerta de la casa de mis padres. Con una enorme maleta como para hacer un viaje las Islas Perdidas.
Luego de entrar a casa y proclamar que tendríamos una pijamada pre-boda sin alcohol y con una hora específica para dormir, comenzaron a llegar unas cuentas chicas más. Lo hizo Angela Newton y su hija mayor, Jessica Newton junto a Vanessa, Rachel y Sue Clearwater, amigas de mi madre y Sasha, la hermosa novia de Laurent. Por supuesto, guarde hasta la última pizca de esperanza, pero cuando apareció Rosalie, se fue de paseo.
Tuve que meterme a escondidas a la cocina en medio de la noche y beberme un chupito de tequila para poder soportar sus comentarios sarcásticos. Eso, y la depilación, exfoliación y mascarillas a tiempo completo por las que me sometió Alice.
—Tienes que levantarte, tomar un baño, tengo que peinarte y depilarte las cejas. ¡Las cejas! Anoche lo olvide. —canturreó.
—Mis cejas están perfectas.
—No lo creo. —advirtió.
Saque mi cabeza por un costado de la manta y quede de cabeza en la cama. Miré a Alice de pies a cabeza.
—Debí casarme con Edward en las vegas, ¿no es así?
Ubico sus manos sobre las caderas.
—Como si Renne y yo lo hubiéramos permitido. —se agacho sobre su pequeña altura y abrió el gran neceser parte de esa maleta gigante suya. Lo coloco sobre mi tocador y comenzó a repasar cada uno de sus utensilios de tortura. Como yo los llamaba secretamente en mi mente— Iré conectando la secadora en lo que tu tomas tu baño. Deje una taza de chocolate al otro lado en tu buro de noche. Sabía que no despertarías de muy buen humor.
Me senté tan rápido en la cama que mi habitación comenzó a dar vueltas.
—Joder.
Gateé hasta alcanzar mi taza de chocolate. El calorcillo de la taza sobre mis manos fue reconfortante y el olor… Dios, nadie preparaba un chocolate como Alice. Excepto el buen Marco en su cafetería.
Saboreé el olor a canela y chocolate.
—Te adoro.
—Lo sé. —dijo sabionda— Mejores amigas, ¿recuerdas?
Le di un sorbo mi taza de chocolate y deje caer mi cabeza sobre la cabecera de mi cama.
—No dejes que lo olvide. —cerré los ojos.
La escuche reírse entre dientes.
Fue entonces que abrí un ojo y repase su vestimenta.
—¿Tienes puesta —me asegure de repetir palabra por palabra— una bata de Santa Claus? —era exactamente igual a la de Bree— ¿Dónde las conseguiste?
Dio un salto sobre sus pies.
—¡Bree las consiguió para mí! —chilló— Y por aquí… —rebusco en esa maleta suya, hasta encontrar algo muy parecido a su bata y levantarlo— ¡Tengo la tuya!
Trate de evitar una sonrisa.
—¿Le diste a las chicas una también?
Me sonrió como el gato que se comió el canario.
—Eres terrible. —esta vez, no pude evitar reírme también.
Me saco la lengua como una niñita traviesa.
—No seriamos verdaderas damas de honor en tu boda navideña sin una vestimenta navideña. —esa fue su respuesta.
Termine mi chocolate y deje la taza de lado.
—Dime que tienes una foto de Rosalie con esa bata.
—Lo que es mejor, voy a tener una foto de Rosalie, con una bata totalmente diferente. —dijo malvada.
Me incline sobre la cama.
—¿Qué hiciste? —susurre.
—Digamos que me asegure de conseguir una bata que describiera su verdadera personalidad. No la mojigata que siempre finge ser.
Un gritillo en el piso de abajo nos hizo saltar a ambas.
—¡¿Una bata de "El Grinch"?! —grito Rosalie.
Abrí los ojos como platos.
—No lo hiciste.
Alice levanto una ceja.
—Pruébame. —saco una toalla de mi armario— Estoy harta de que siempre sea una perra condescendiente con todos y que siempre haga sus comentarios ponzoñosos contra ti.
Me encogí de hombros.
—Supongo que me lo merezco. Mis padres descubrieron que estaba embarazada de Alec por mí. Fue una jugarreta, pero al final de cuentas, supongo que piensa que arruine su vida.
—Pues Emmett y ella pueden joderse. Es el día de tu boda y no voy a permitir que nadie lo dañe. —desafío. Me extendió la toalla y añadió— ¿Lista para tomar tu baño?
Me levante de mi cama y la abrace. Apreté su pequeño cuerpo, porque era una cabeza y algo más alta que ella, contra mí. Si yo era pequeña con mi uno sesenta, ella no era mucho más con su uno cincuenta. Ella también me abrazo y nos quedamos así un par de minutos.
—No puedo creer que me voy a casar.
No pude evitar las lágrimas de felicidad que vinieron después. Alice me dejo ir y las limpio.
—No puedes llorar, ¡los ojos se te hincharan!
Atrape sus manos entre las mías y las apreté.
—Te quiero, gracias por apoyarme en esta locura.
—Ninguna locura, Jacob puede ser un pendejo, pero joder, el chico te hizo un favor. Edward es perfecto. Son el uno para el otro.
Suspire entrecortadamente.
—Isabella Cullen.
—Isabella Cullen se escucha fantástico.
Su amplia sonrisa termino por contagiarme. Las dos nos quedamos mirándonos, hasta que no lo soportamos más y comenzamos a chillar. Luego gritamos y saltamos, ella me abrazo y juntas caímos a la cama.
Nos seguimos riendo una junto a la otra como unas completas lunáticas, pero felices. Feliz, como no me había sentido en mucho tiempo. Como no me había sentido desde que tenía diecisiete años. Y todo se lo debía a mi hombretón de ojos verdes.
Alice se puso de pie.
—Terminada nuestra sesión de risas locas, es hora de tu baño. —me volvió a extender la toalla— Te va a encantar.
—Sí, señora.
Tomé la toalla de su mano. Camine hacia el baño y me metí dentro de el. Una gran bañera ocupaba el centro de la habitación. Una bañera que no había estado allí antes. Me acerque y pobre el agua con la punta de mis dedos. El agua se encontraba a la temperatura perfecta y a un lado de la bañera, en una mesita, había un montón de jabones, shampoos y esencias naturales.
—Disfrútalo. —dijo Alice detrás de la puerta.
Deje caer mi pijama pieza por pieza y me metí en la bañera. Descanse mi cabeza en el borde de la bañera y cerré los ojos. Oficialmente, tenía a la mejor amiga y dama de honor y quien quiera que dijera lo contario, tendría que vérselas conmigo.
¡Hola, bestiessss! Por fin aquí de nuevo me atrase con las actualizaciones porque podía completar el capítulo de la boda, pero he decidido dividirlo en dos partes y aquí tienen la primera parte. ¿A quien más se le derrite el corazón al saber que nuestros dos tortolitos ya se van a casar? Me encanta como comencé el capítulo con Edward yendo a despedirse de Bella en su última noche de solteros y Alice organizando un pijamada y bueno, la pequeña broma a Rosalie. ¡Puaj! Ella y Emmett, su participación en esta parte es una mera introducción. Estos dos tienen muchas explicaciones que dar y en la plática de Bella, pudimos ver la posible razón del porque son así con ella. ¿Ustedes que piensan? Ya lo veremos. ¡Gracias por estar día a día por aquí, espero mañana poderles traer la segunda parte de la boda! Besos a distancia.
Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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