Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.


Cuando mi mirada se cruza con la tuya, el resto del mundo desaparece con ella, no existe nadie más que tú y tú sonrisa, pensé. Pero lo cierto es que aquello, era una íntima parte de lo que sentía, en realidad sentía mucho más de lo que las palabras podían abarcar.

Boo.

.

.

No reconocí a la mujer en el espejo. Su cabello recogido en un moño alto perfectamente trenzado y dejando caer unos cuantos mechones chocolate rojizos que enmarcaban el rostro juvenil, el maquillaje perfecto con tonos naturales, nada demasiado cargado, excepto por el labial rojizo y las mejillas arreboladas.

El vestido… el vestido era un sueño hecho realidad. Enmarcaba su figura de una manera elegante e increíblemente sexy a la vez.

Mi vestido.

Se trataba de una pieza que abrazaba mis brazos y mi torso por completo. La mayoría del corpiño estaba hecho de fino encaje y las manguillas, con una tela más gruesa, abrazaban mis brazos hasta las muñecas. El contraste del encaje con mi piel pálida se veía de maravilla y las incrustaciones en cristales y perlas no hacían sino resaltar los patrones en el vestido. El escote se abría paso desde mi ombligo hasta medio pecho, comenzaba por una pequeña abertura casi imperceptible, hasta abrirse paso a mis pechos, dejando a la vista más piel pálida.

La faldilla del vestido caía desde mi cintura, abrazada con una banda más gruesa. La falda caía y caía, no con exceso de vuelo, sino algo simple que no parecía ni demasiado poco, ni mucho. Conforme el vestido perdía vuelo, el encaje se iba perdiendo sobre la tela y quedaba una nube de velo.

Mi estómago se revolvió por los inminentes nervios.

Coloque las manos sobre el revoloteo e inhale profundamente.

Alice apareció a mi lado frente al espejo. Se puso sobre un banquillo y comenzó el trabajo con el velo en mi cabeza.

Mi madre sonrió con lágrimas en los ojos y le ofreció un estuche. Abrió el estuche de terciopelo rojo y de ahí mismo, saco la peineta de la abuela Marie.

—M-Mamá. —tartamudeé.

Creí que en algún momento, se la había obsequiado a Rosalie por ser la esposa de Emmett y Emmett el primogénito de su matrimonio.

Renne se secó las lágrimas con un pañuelo, golpeteando la piel sonrojada para no arruinar su maquillaje.

—La guarde todos estos años para ti.

Me falto la respiración por el sobrecogimiento de todos los sentimientos que se agolparon en mi pecho.

—Creí que… —no complete la frase, la deje incompleta.

Sus ojos se iluminaron ante la compresión.

—Sé lo que creíste, pero nadie más que tu tiene derecho a esta peineta. —Alice sostuvo el velo de mi cabeza en alto y se bajó del banquillo, cediéndole el lugar a mi madre. Mi madre acogió el borde de su bata larga celeste y se montó en el banquillo. Su cabeza castaña apareció sobre la mía en el reflejo del espejo. Alice le tendió la cajilla y Renne agarro la peineta— Algo viejo y algo azul.

Ubico un espejo detrás de mi cabeza, para que pudiera observar la joya en mi cabello

No se trataba más que de una peineta de plata pura con incrustaciones de zafiros azules en forma de gota en conjunto con pequeños diamantes. Con ella se casó la abuela Marie y con ella se casó mamá.

—Es hermosa.

Mi madre bajo el espejo y puso las manos en mis hombros.

—Hoy tú eres la estrella del día. No hay nada más hermoso que tú, bebé. Cuando tu padre te vea…

Mientras Alice y mi madre me habían ayudado a alistarme, la incertidumbre de si mi padre asistiría a la boda no me dejo estar tranquila.

—¿Vendrá? —pregunte esperanzada.

Mamá me dio una sonrisa suave.

—No se lo perdería por nada del mundo.

Tragué el nudo en mi garganta y asentí. Puse mis manos sobre las suyas en mis hombros y le di un apretón.

—Hoy no quiero sino ser feliz. No existen el pasado o los rencores, ya me ocupare de ellos mañana.

Alice se hizo presente.

—Esa es mi chica.

Mi madre nos miró como se mira a dos hijas. Alice siempre había formado parte de la familia y sabía que mis padres la veían como a una hija más.

—Basta de palabrería, ¡me van a hacer llorar! —mi madre se bajó del banquillo— Es hora de alistarme y apresurar a las demás chicas también.

Miré a todas partes en la habitación.

—Puedes… —retorcí mis dedos— ¿pedirle a papá que venga a echarme un vistazo antes de la boda?

Mi madre me dio un abrazo rápido.

—Lo hare.

Alice y yo la vimos salir de mi habitación. Mi pequeña amiga me dio una sonrisa a medias y me guiño un ojo.

—Hora de que la dama de honor se aliste también. Quedan… —reviso la hora en su celular— Media hora para irnos, casi nada. Tienes quince minutos para descansar antes de que toda la locura explote.

—Ve tranquila.

Dudo un poco.

—¿Estarás bien?

Levante un hombro.

—Necesito hablar con él antes de la boda. Es complicado, sé que nuestra relación no es la misma últimamente, así que espero una tregua por el día de hoy.

Alice entrecerró los ojos.

—¿Hay algo que no me estas contando? ¿Acaso… pelearon?

—Es… complicado, pero podemos hablar y te lo contare todo, Ally. Después de la boda. —solucione.

Levanto las manos y comenzó a caminar en reversa en dirección a la puerta.

—Muy bien. —señalo sus ojos y luego a los míos— No lo olvidare.

—Cuento con ello.

Salió de la habitación con un par de pasos más y me quede sola del todo. Contemple mi habitación de nuevo y me mordí el labio inferior nerviosa. Las pocas cosas que tenía en casa de mis padres habían sido empacadas y lo que se había quedado en Malibu, tardaría al menos dos semanas más en llegar a Forks. No es fácil mover una mudanza a miles de kilómetros en un camión de carga sub contratado. Sin embargo, pensaba quedarme con lo esencial y hacer unos cuantos cambios en mi guardarropa. Viviendo en Forks, la mayor parte de mi ropa seria inservible ya que la mayoría era para un clima más caluroso y húmedo.

Camine hasta la ventana, sonriendo con añoranza cuando observe el frente de la casa de mis padres. La imagen de Edward en una rodilla, anoche cuando me trajo las flores antes de salir con sus amigos, fue un muy buen detalle.

Ahora, las rosas que me había regalado descansaban en mi mesita de noche y secretamente, tome unas cuentas y las añadí a mi ramo de novia.

Alice se había encargado de los pequeños detalles de la boda para facilitarle las cosas a mi madre. Como el diseño de colores, los adornos, centros de mesa, el protocolo que seguiría la fiesta y por supuesto, algo esencial, mi ramo de novia. No se trataba de un gran ramo pomposo, sino de algo mediano que fuera fácil de llevar y entonara con la temática de mi boda.

El ramo se conformaba de rosas rojas y blancas, aunque el contraste rojo predominaba sobre el blanco. Algunas margaritas y sueños de nube, unas pequeñuelas flores blancas que le daban un tono más relajado. En el ramillete, todas se mantenían unidas, por un simple listón blanco.

Cogí el ramo en mis manos y lo acerque mi rostro para poder absorber el olor de las flores.

Un ruido seco me trajo de regreso. MI cabeza giro hacia la puerta y allí mismo, se encontraba mi padre. Elegantemente vestido e imponente en un traje simple con saco negro, camisa blanca y una corbata roja.

Carraspeo para recomponerse y metió las manos en sus bolsillos. El bigote en su rostro se removió y supe entonces que esto le afectaba tanto como a mí.

—Estas… —me volvió a observar de arriba abajo hasta los pies, que aun los llevaba descalzos para no comenzar a cansarme de los tacones antes de tiempo— hermosa, Bells.

Los ojos se me llenaron de lágrimas. "Bells", solía llamarme así todo el tiempo cuando niña, pero conforme fue creciendo, me convertí en "Bella" o solo "Isabella" cuando la ocasión lo ameritaba.

Quise hacer tantas preguntas, increparle todo tipo de cosas y exigir las respuestas, pero tal como se lo había dicho a mi madre, no podía hacerlo el mismo día de mi boda. Necesitaba mantener el día para Edward. Ambos nos lo merecíamos.

—Gracias, papi. —fue lo único que fui capaz de decir.

—Tengo algo para ti. —comenzó a caminar hacia mí, sacando algo de uno de sus bolsillos del pantalón

En un pequeño estuche trasparente, se encontraban los aretes más hermosos que mis ojos vieron jamás. Arracadas de flores blancas silvestres con incrustaciones de perlas que iban perfectamente a la par con mi vestido.

—Son preciosas.

Las saco para que pudiera observarlas mejor y las dejo en mis manos.

—Creí que te gustarían.

—Lo hacen.

Las líneas de su rostro se fueron y solo quedo el hombre que alguna vez me arrullo al dormir, me llevaba a comer hamburguesas a escondidas de mi madre y me enseño a andar en bici, a pesar de todas las visitas al hospital que aquello provoco.

—Déjame ponértelas.

Recogí el velo sobre mis orejas y me coloque frente al espejo. Con excesivo cuidado, él trabajo para poner cada una en mis oídos y al finalizar su tarea, me ayudo a colocar el velo sobre el mismo lugar de antes. Me miró a través del espejo con esos ojos chocolates idénticos a los míos y mi corazón se acongojo.

—Eres idéntica a mi madre. Eres hermosa por dentro y por fuera, Bells. Tan frágil y fuerte. He cometido errores, pero no pienses ni por un momento que no te amo. Has sido la luz de nuestros ojos desde el primer instante en que vi tu carita amorotanada después de diez horas de parto. Soy un viejo con muchos prejuicios, gruñón y un padre duro, y sé que me he equivocado y espero que en algún momento ese corazón precioso tuyo pueda perdonarme.

La barbilla comenzó a temblarme.

Me gire y le abrace con todas mis fuerzas.

—Te quiero, papá. A pesar de todo. —susurre sobre su hombro— Y lamento tanto decepcionarte.

Hizo un ruido seco.

—Tú nunca podrías decepcionarme, nena.

—No quieres que me casé con Edward. —afirme.

Su cuerpo se tensó.

—No, no quiero, pero no puedo controlar lo que haces en tu vida. —se alejó con un suspiro triste— Siempre quise algo mejor para ti, Bella.

No quería pelear, no en mi boda, pero las siguientes palabras salieron naturalmente. Desde el fondo de mi corazón. Y eran verdad.

—Edward es lo mejor.

Sonrió triste.

—Eso lo dices porque estas enamorada, tu buen juicio esta nublado por este chico y nada de lo que yo diga te hará cambiar de opinión.

Si solo supiera todo lo que Edward hizo por mí. Tan desinteresadamente, tan noblemente, el tamaño de su amor y como no dudo ni un segundo que terminaríamos juntos. Él espero por mí, pudo continuar su vida y olvidarme, olvidar nuestras promesas y sueños, pero no. Mi hombretón fue fuerte por ambos. Lo suficiente para que nuestro amor permaneciera intacto.

Di un paso atrás.

—Tienes razón.

Debió ver a través de mí, porque aflojo los brazos a mí alrededor y los dejo caer.

—Ya veo.

—Si —no podía mirarlo, así que camine hasta mi tocador— Necesito retocar mi maquillaje. Jasper no tarda en venir y quiero estar lista.

Miré fijamente el neceser de Alice.

Las lágrimas se amontonaron en mis ojos. Me tragué un lloriqueo y respire profundamente.

Papá me miró una vez más y salió de la habitación. Odiaba que no pudiera derribar sus barreras del todo. ¿Por qué no aceptaba a Edward?, me preguntaba. Y a pesar de que buscaba cualquier razón, no podía encontrar algo que significara lo suficiente para sus acciones.

Alguien toco a la puerta de mi habitación, sacándome de mi momento de miseria.

Jasper sonrió desde la puerta con su traje a juego. Alice y mi madre habían seleccionado cuidadosamente los trajes para mis tres hermanos mayores. Todos irían a juego, al igual que las damas. Trajes negros de solapas satinadas, camisa blanca, chaleco rojo y corbata. Muy elegantes y a tono con el concepto de la boda.

Limpié descuidadamente una lágrima escurridiza que había bajado por mi mejilla.

Sus ojos siguieron el movimiento.

—Oye, hoy no puedes llorar.

—No me digas. —sorbí mi nariz— Todas las novias lloran.

—Pero no así. —tomó camino hacia mí y limpio el mismo los rastros de tristeza con los pulgares de sus manos— Eres una novia demasiado bonita para llorar.

Ladeé la cabeza.

—Son lágrimas de emoción. —quise excusar.

—Tontita, vi salir a papá de la habitación. —le prestó atención a un paquete que sostenía— Alice me pido que te los entregara.

Desempaque.

—Oh, son hermosos. —toque con la punta de mis dedos mis zapatos. Camine hacia la cama y saque la caja de la bolsa. Alice había prometido hacerlos más cómodos y seguros para mí, añadiéndoles extra anti derrapantes en la suela.

—Los arreglo para ti. —señalo mi hermano mayor.

—Lo sé.

Se adelantó.

—Te ayudo. —se incoó en una rodilla y saco una de las zapatillas. Eran de tacón de aguja color perla con incrustaciones de cristales en los talones. Simples y muy bonitas.

—Gracias.

Con sumo cuidado, coloco cada una en mis pies.

Al final, apoyo las manos en mis rodillas y me admiro.

Sus ojos me vieron con adoración y ternura, como Jasper siempre lo había hecho. A lo largo de mi adolescencia, fue más del tipo protector y cuidadoso conmigo, tratándome como su hermana menor, pero cuando Alice llego a nuestras vidas, creo que ella le hizo entender un poco mejor como mis necesidades iban cambiando según crecía y eso, nos ayudó a que nuestra relación madurara a lo largo de los años.

—¿Estas lista?

Le guiñe un ojo.

—No puedo esperar.

En ese preciso momento, Alice asomo su cabecilla pelinegra por el marco de mi puerta.

—El auto llego.

Respire temblosamente.

—No puedo creer que llego la hora. —elimine las arrugas inexistentes en la faldilla de mi vestido y me puse de pie.

—Pues prepárate, porque estas a punto de casarte. —agarro el dobladillo de su vestido rosa bebé. El vestido reflejaba toda su personalidad con un escote en "V", pequeños tirantes aferrándose a sus hombros al igual que el corpiño a su torso y una faldilla que caía en un vuelo simple a sus pies— Oh, ¡me encantan tus aretes!

—Un regalo de papá.

Alice entorno los ojos.

—Viejo cabezota.

Un claxon me hizo saltar.

—Ese es Laurent con Mike, —Jasper miró su reloj de muñeca— Vamos tarde.

—¿Y? Los novios están hechos para esperar.

—¡Alice! —refunfuñe.

Jasper se ubicó a mis espaldas para ayudarme con la cola de mi vestido y Alice se coló hasta poder tomar mi ramo de flores.

—Lo hice esperar. —Alice me tendió su mano y yo la tomé— Por cuarenta minutos.

—Te estoy escuchando, mujer. —dijo mi hermano.

—Ese es el punto. —salimos de mi habitación, mientras ella se reía entre dientes— Y volvería a esperar por mí, porque soy el amor de su vida. ¿No es así, Jazz?

Comenzamos a bajar las escaleras.

—No lo dudes, mi duendecillo.

Mi mejor amiga rechino los dientes.

Al bajar, mi madre, mi padre y Sasha, la novia de Laurent, que también vestía un hermoso vestido de dama de honor, nos estaban esperando. Mi madre se aferraba al brazo de mi padre, lloriqueando por lo bajo y mirándome con dulces ojos. La mujer que me dio la vida se veía radiante en un vestido café olivo de diseño exclusivo. La parte del corpiño y las mangas eran de encaje con un grabado de flores y la falda que caía hasta el piso se plisaba a lo largo, haciéndole ver más alta.

—¡Estas preciosa! —correteo hacia mí y me abrazo.

—Pero si me has visto antes. —golpe su espalda para reconfortarla— Tu sí que estas hermosa, mamá.

—No importa, eso no hará que me deje de sorprender cada vez que te vea. —le tendió una mano a mi padre y el respondió con un pañuelo— Eres la novia más bonita que he visto.

—Mamá…

—No estoy mintiendo, cariño. —limpio los rastros de humedad de sus ojos con pequeños toques.

El claxon volvió a sonar. Todos sonreímos, incluido mi padre, aunque un poco más distante.

Entre Jasper, Alice y mi madre me ayudaron a salir de casa y a montarme en el auto. Con el vestido y sus volantes, fue casi una hazaña, pero lo logramos. Laurent abandono el auto prenupcial y en su lugar se colocó Jasper, mientras que Mike ocupo el asiento del copiloto y mamá conmigo en el asiento de atrás.

Alice y mi padre abordarían el auto de Laurent junto a su novia.

Arrancamos en medio de un tumulto, en tanto, pude ver a un par de personas salir de sus casas para admirar el desfile. Algunas niñitas y niñitos también, al ser un pueblo tan pequeño, era inevitable que las personas se emocionaran y alegraran por las nuevas uniones.

Unos tanto me saludaban desde lejos y yo correspondí al gesto.

Quince minutos después, llegamos a las afueras del pueblo. En un pequeño prado techado y adorando donde se llevaría a cabo la boda y la recepción.

Mike salió del auto de un solo salto y antes de salir, me prometió que se aseguraría que todo estuviera en orden. Dos minutos después, camino de regreso y asintió.

El corazón me reboto contra el pecho y un escalofrió me recorrió de pies a cabeza.

—Calma, cariño. —mi madre puso sus manos sobre las mías— Estamos todos aquí.

Trate de tranquilizarme.

Que me jodan.

—¿Y si me caigo? —pregunte con voz chillona.

—No lo harás.

—¿Y si Edward se arrepiente?

—He visto cómo te mira, es imposible. —respondió Jasper, mirándome por el espejo retrovisor.

—¿Y si olvido mis votos?

Dios, ¡no puedo olvidar mis votos!

—Alice estará a tu lado.

Asentí, aunque no muy convencida.

—No sé que estoy haciendo. —confesé.

—Casándote con el hombre que amas. —afirmo mi madre, tendiéndome mi ramo de novia con una sonrisa suave.

Tome una respiración profunda para calmar a mi revoltosa cabeza y lo cogí.

—Tienes razón. Ya hemos esperando demasiado… —me corte, abochornada por lo que estuve a punto de decir— Quiero decir, dos años son suficientes.

Jasper se rio en el asiento delantero.

—Y yo que pensaba que te quedarías a vestir santos.

—¡Oye! —rezongué, golpeando con mi rodilla su respaldo.

Me dio una sonrisa presumida.

—¿Lo ves? Arreglado, logre relajarte. —salió del auto y abrió mi puerta. Mis piernas se sentían como de gelatina, pero logre salir, no sin antes darle un vistazo más a mi madre.

Ella amontono el pasado pañuelo en sus labios y me hizo una seña para que saliera.

—Te quiero, mi niña. —dijo con voz rota.

Jasper me ofreció una mano y me hizo salir.

El lugar estaba en silencio, cada uno de los invitados sentados en sus sillas y todo perfectamente coordinado.

Las damas comenzaron a desfilar, una a una juntos a sus parejas. Desde Sue con Billy Black, Rachel y Seth Clearwater, Anthony y Vanessa, Emmett y Rosalie, Alice y Mike, Laurent y Sasha, y finalmente, mi madre y mi padre. Me aferre al brazo de Jasper y enterré mis uñas en la tela de su traje.

Al mismo tiempo, al costado de la terraza, un pequeño espacio se abrió y un pelirrojo se adueñó del lugar con su suave voz. Los suaves acordes de "Perfect" comenzaron a sonar por los altavoces.

Observar más detenidamente al hombre cantando….

—Jodeme.

Todos rieron por lo bajo. El maldito Ed Sheraan levanto el brazo y me saludo, como si fuéramos buenos amigos. Siguió cantando y la letra de la canción comenzó a cobrar sentido.

"I found a love for me. Oh darling, just dive right in and follow my lead. (Encontré un amor para mí. Cariño, solo sumérgete y déjate guiar por mi)"

Jasper comenzó a caminar, haciendo que cayera de golpe al presente.

—No me dejes caer.

—Nunca.

—Ni convertirme en una llorica de mierda. —resople— Joder, dime que no estoy loca, porque juro que acabo de ver a Ed Sheraan en mi boda.

Los invitados volvieron a reírse. Carraspeé y les di una sonrisa de disculpa. Solo yo podía ponerme a maldecir en medio de mi boda. Maldita verborrea.

—Eres increíble. —Jasper me respondió, besando una de mis mejillas sonrojadas— Estoy muy feliz por ti, Bella.

"Cause we were just kids when we fell in love. Not knowing what it was. I will not give you up this time. (Porque éramos niños cuando nos enamoramos. No sé lo que era. Esta vez no renunciaré a ti)"

—Te amo, Jazz.

Así, juntos emprendimos el camino por el largo pasillo. Con la música de fondo y los aplausos, busque desesperada la única cosa que me tranquilizaría por completo.

Y la encontré.

Los ojos verdes esmeralda de mi hombretón me devolvieron la mirada. Pequeñas arrugas resaltaron alrededor de sus ojos cuando me sonrió y su nariz se arrugo de esa forma extraña cuando estaba realmente feliz.

"Well I found a woman, stronger than anyone. I Know. She shares my dreams, I hope that someday I'll share her home. I found a love, to carry more than just my secrets. To carry love, to carry children of our own. We are still kids, but we're so in love. (Bueno, encontré una mujer, la más fuerte que he conocido. Ella comparte mis sueños, espero algún día poder compartir su casa. Encontré un amor, para cargar más que solo mis secretos. Para cargar amor, para cargar nuestros propios hijos. Aún somos jóvenes, pero estamos bastante enamorados)"

No deje de mirarle durante todo el camino, con pequeños pasos, me acercaba a su lado. Jasper me ayudo a subir al último escalón del podio y Edward me tendió una mano para sostenerme. No dude en aférrame a su mano, confiando en su fuerza.

Nos encontramos rostro con rostro. Jasper se puso a mi lado y le entrego mi mano.

"Now I know I have met an angel in person. And she looks perfect, no I don't deserve this. You look perfect tonight. (Ahora sé que he conocido a un ángel en persona. Y ella luce tan perfecta, no, no merezco todo eso
Luces perfecta esta noche)"

—Cuídala y hazla feliz. —pidió mi hermano.

Edward no dudo ni por un segundo.

—Es lo único que deseo.

Jasper hizo un gesto solemne con la cabeza y se colocó al lado de Alice. Mi mejor amiga dio un paso adelante y le entregue mi ramo de novia. Así, pude coger las manos de Edward completamente. El juez sonrió, observándonos. Entonces, la música se detuvo también.

Negué.

Edward sonrió travieso.

—Tienes unas cuantas cosas que explicarme.

—Lo hare, esposa.

Detalles. Detalles. Nada me haría dudar. Me casaría con este hombre, porque lo amaba y deseaba locamente. Repase su vestimenta con un hormigueo en el estómago. Cabello cobrizo despeinado, como lo deje esa mañana en que ambos obtuvimos un orgasmo, rostro limpio, nariz perfecta, labios besables. Ojos verdes felices. Por encima del cuello de su camiseta se podía ver un par de tatuajes más, no repare mucho en ellos, pues ya tendría tiempo de repasarlos. Esta noche. Y a todo él. Su traje. Era el mismo de la fotografía. Tres piezas palabra de honor. Chaqueta negra, chaleco blanco con detalles en plateado y una elegante corbata roja. Una rosa adoraba su solapa, idéntica a las del diseño de mi ramo de novia.

Levante las cejas.

Él me guiño un ojo y masajeo las palmas de mis manos.

—Sin más que decir. Anillos y votos. —pido el juez.

Los gemelos de Jasper y Alice caminaron por el pasillo. Ambos rubios y adorables en pequeños trajes rojos. Cada uno, cargaba con un cojinete.

Alice los recibió, besó sus mejillas y les susurro algo al oído. Me saludaron con sus manitos pequeñas y corrieron hacia mis padres.

Mi mejor amiga avanzo hasta nosotros y nos tendió a cada uno el anillo del contrario. Edward tomó mi mano izquierda y sondeo el borde de mi dedo. Mi anillo no se trataba de otra cosa que de una banda de oro blanco con incrustaciones de diamantes.

—Eres mi destino. Siempre lo fuiste. Mi chica gruñona y dulce. La primera vez que te vi, supe que jamás sería capaz de mirar a nadie más. Mi alma fue tuya desde el primer momento. Soy tuyo. Para siempre. —coloco el anillo en mi dedo completamente.

Abrí y cerré mi mano, encantada por el nuevo peso extra.

Hice lo mismo y cogí su mano. Y con los sentimientos a flor de piel, lágrimas en los ojos y todo el cuerpo temblándome, comencé a decir mis propios votos.

—Eres mi pasado, mi presente y mi futuro. Aquí. —puse su mano sobre mi pecho, justo por debajo de mi corazón latente— Siempre has sido tú. No importa el tiempo o el lugar, siempre te perteneceré y tú me pertenecerás. Tú me encontraste. Te amo, Edward Cullen y eso, no está a discusión. Soy tuya. Para siempre. —coloque su propio anillo en su lugar.

Un par de lágrimas rodaron por mis mejillas al mirar nuestros anillos juntos. Su anillo era idéntico al mio, una banda de oro blanco con incrustaciones de diamantes. Solo que con un toque más masculino.

Él tomó nuestras manos unidas y las besó.

El juez se repuso, un poco afectado por nuestras palabras. Entre los invitados, también se escucharon algunos lloriqueos y sollozos. El hombre canoso y alto extendió los brazos.

—Sin más que decir, los declaro marido y mujer. Señores, les presento al señor y a la señora Cullen. —dijo, añadiendo al final— Puede besar a la novia, señor Cullen.

Todo el mundo se puso de pie y rompió en aplausos.

Los altavoces se volvieron a encender con música, "Fox You" de Coldplay. Le devolví a Edward una mirada llena de lágrimas. Y un recuerdo exploto en mi mente. "Nuestra canción". Esa noche antes de mi accidente. Yo sé la dedique. Poco a poco, comenzaba a recordar pequeños retazos de nuestro pasado juntos.

Edward me atrajo hacia su pecho y me besó.

Mis pies dejaron de tocar el suelo y me aferre a su cuello, amando la forma en que su toque me hacía sentir. Mi esposo. Me derretí contra su cuerpo y perdí la conciencia del tiempo, perdida en sus caricias. En su cuerpo. Su toque. Su olor. Sus labios.

Me aleje de sus labios y repartí pequeños besos por todo su rostro.

—Mio. Mio. Mio. —canturreé, desbordante de felicidad.

Él dejo salir una carcajada y se dejó hacer. Percibí más aplausos, unos cuantos chillidos y chiflidos, pero los deje estar.

Todo lo que importaba era él. Solo él. El dulce hombre que vino desde mi pasado, se adueñó de mi presente y escribió nuestro fututo.

Juntos.

Como siempre debió de ser.

¿Deshacerme de él? Naaaa. Tenía ideas mucho mejores.


¡Hola, amores! ¿Cómo están? Estoy muy feliz de estar por aquí de nuevo luego de descansar unos cuantos días. Algunas ya sabrán porque por el grupo de Facebook, para las demás, fue por temas de salud. No graves, pero con una pandemia andando, es importante estar al pendiente de cualquier síntoma. Entrando de lleno al capítulo, no puedo creerlo, estoy llorando y berreando, ultimo capitulo y los sentimientos a flor de piel. El tan esperado día llego y finalmente, tenemos señor y señora Cullen. No me cabe para mencionar que fue lo que más ame escribir. Ameee todo. Ufffff, quien no quisiera un boda al estilo Bella y Edward. Ed Sheraan fue una decisión el último minuto. Me encanta "Perfect" y la canción va tan bien con nuestros personajes. Las canciones que use para estos capítulos fueron: Perfect – Ed Sheraan y Fix You – Coldplay. No puedo evitar que se me apachurré el corazón, solo nos queda el epilogo y un Outtake. Amo cada parte de esta historia, espero sus comentarios. Gracias por estar aquí. Las quiero. ¡Besos a la distancia!

Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.

Ariam. R.


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