Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, queda prohibida cualquier adaptación. Todos los medios de contacto se encuentran en mi perfil.
Quien sabe lo que se puede hacer con un poco amor, una pizca de navidad y una buena taza de café humeante. Todo es posible.
—Sofía Creen
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Epílogo
—Deja de moverte. —refunfuñe entre dientes, tratando de eliminar la sonrisilla en mis labios. Las pupilas de sus ojos se dilataron más, añadiendo un brillo pillo a esas gemas esmeralda— Puedes solo. Comportarte.
Eche una mirada a los invitados.
La nuestra era la mesa principal, alejada de todo el tumulto. Pero no exactamente privada. Si alguien ponía suficiente atención, probablemente estaría en problemas con Alice o mi madre.
El final de la ceremonia fue hermoso y el comienzo de la recepción espectacular. Apenas llegamos, mi madre y mi mejor amiga se ocuparon de cualquier detalle de logística, dejándonos a mí y a mi esposo, ¡sí, mi sexy, hombretón esposo!, disfrutar de la fiesta.
Cada mesa, repartida a lo largo del saloncillo, estaba perfectamente distribuida alrededor de la pista de baile. Una gigantesca estructura de vidrio laminado que cubría un pequeño estanque que dejaba el agua correr por debajo. Era alucinante y hermoso. Los colores de la decoración seguían la misma consistencia, entremezclados con negro, rojo, verde, rosa pastel y algún que otro detalle en plateado. Mi vestido brillaba como una perla en la oscuridad y eso me encantaba. Porque bueno, se supone que así sea el día de tu boda.
Al menos la mitad del pueblo de Forks y el pueblo Quileute de la reserva La Push se entremezclaban. Comiendo, bailando, riendo, gastando bromas.
La unidad se sentía en el ambiente.
Los niños y niñas correteaban una y otra vez hasta la mesilla de dulces y los gemelos de Alice, Andy y Gabrielle, iban y venían con pequeñas florecillas que encontraban en el piso para regalármelas. Porque: "es el día especial de tía Bella, y se ve como una princesa, y las princesas necesitan flores".
Mi estómago burbujeaba nervioso cada vez que se acercaban los dos niñitos rubios y Edward los recibía con una sonrisa suave y amable. Imaginar que algún día tendríamos nuestros propios niños…
—Tierra llamando a mi esposa. —se inclinó y besó mi mejilla, dejando un poco de crema batida regada por mi piel.
Solté una risita sin poder resistirme y lo cogí por las mejillas.
—Me estas tentando. —saque la punta de mi lengua y quite un poco de pastel de su boca. Me sonrió ladinamente e intento besarme. Esquive la acción y agarre una servilleta— Quieres que mi padre te mate.
Se rio.
—Lleva mitrándome como el peor de los criminales desde que el juez nos declaró marido y mujer. —permitió que limpiara los restos de pastel de su boca.
La habíamos partido hacia apenas treinta minutos. La recepción ya iba más que avanzada, con la tarde cayendo y todos más relajados.
Edward se veía increíblemente sin corbata y con los primeros tres botones de la camisa desabrochados. Yo por mi parte solo me había desecho de los tacones.
Con las copas de champagne que estuve bebiendo toda la tarde, no podía confiar en mi misma.
—Lo siento por eso.
Jalo mi silla hacia él. Mis rodillas quedaron entre sus piernas y sus manos subieron, apretando la plenura de mis caderas entre sus manos.
—Yo no lo siento. —dijo risueño.
Hice una mueca y bote la servilleta en la mesa.
—Definitivamente quieres matarme.
—Quiero a mi esposa —remarco cada una de sus palabras con voz ronca— preferiblemente a solas.
Me permití acercarme.
—¿Qué tal un beso por un par de horas más?
La excitación fue remplazada por la ternura en su expresión.
—Cómo puedo resistirme a ti, dulce. No lo sé.
—No lo hagas. —susurre mimosa.
No podía negar que yo también tenía ganas de escapar. Mi deseo por él no hacía sino hacerse más fuerte con el pasar de las horas. Pero mamá y Alice se habían esforzado tanto por la boda, que quería disfrutar de cada aspecto. Sin embargo, también había una razón más. Una sorpresa que le tenía preparada. Algo que preparamos Alice y yo antes de dormir en la pijamada del día anterior.
Su aliento me hizo despertar desde el país de mis pensamientos. Me acurruque más cerca de su cuerpo y abrace su cuello. Comencé a repartir pequeños besos sobre sus labios, luego las comisuras.
—Uhm, puedo resistir el resto de la noche si es así. —aseguro.
Sus hombros se fueron relajando poco a poco hasta soltar toda la tensión. Sospechaba cual era el motivo. Edward me amaba y yo a él, pero probablemente soportar el escrutinio de mi padre, el día de nuestra boda, no estaba siendo lo más cómodo.
—Solo quiero que seas feliz.
—Lo soy. —dijo sobre mis labios— Aquí. Contigo.
Con la punta de mis dedos, acaricie la piel de su nuca.
—Mi padre terminara por aceptar nuestra relación. Ahora eres mi esposo. Soy adulta y es mi vida. —me aleje para poder mirarlo a los ojos directamente— Lo sabes, ¿no? Me prometí que mantendría el día para nosotros.
La urgencia que tenía por marcharse de la fiesta disminuyo considerablemente con mis palabras. Sus manos siguieron sobre mis caderas, pero sus dedos ya no se aferraron.
—Tienes razón. —acepto— Lo siento, nena.
—No lo hagas. Ahora somos un equipo.
Volví a mi tarea de alimentarlo. Agarre el plato con torta que antes sostenía y cogí un poco. Lo levante sobre su boca y él lo saboreo.
—Eso no quiere decir que deje de desear echarte sobre mi hombro como un cavernícola y sacarte de aquí para hacerte mía. —confeso por lo bajo.
"Adiós, bragas."
—Lo ansió. —le guiñe un ojo.
La mano fría de alguien tocando mi hombro me hizo saltar. Mi madre se inclinó y nos regaló sonrisa de disculpa.
—Lamento interrumpirlos, pero… —sus ojos me evaluaron— tengo un pequeño problema con unos invitados. ¿Puedes acompañarme, Bella?
"Mi señal"
Edward hizo aino de ponerse de pie, pero sostuve su antebrazo.
—No te preocupes, yo me encargo.
Frunció el ceño.
—¿Segura?
—Sí, y aprovechare para ponerme los tacones. Podemos bailar un poco más cuando vuelva. —me puse de pie— Vuelvo en seguida, amor.
—No tardes.
Camine en conjunto con mi madre. Alice no tardó mucho en alcanzarnos. Me entrego mis tacones y me tendió un micrófono.
—¿Estas segura de lo que vas a hacer? —levanto las cejas.
—Trajo al maldito Ed Sheraan a nuestra boda, claro que lo voy a hacer. No soy Ed Sheraan —salude a algunos invitados al pasar por sus mesas. Incluido Anthony junto con Vanessa, que estaban sentados solos en una mesa. El rostro de la joven chica se encontraba ruborizado y Anthony sonreía coquetamente. De tal palo, tal astilla— pero tengo que ser suficiente.
Nos detuvimos detrás del pequeño escenario en una esquina.
—No puedo creer que vas a volver a cantar. No lo has hecho desde el Instituto.
Exhale profundamente.
—Exactamente.
Alice se subió al podio de un salto.
—Hola. Probando. Uno. Dos. Tres. —algunas personas se rieron, otras no, pero todos le prestaron atención. En el fondo, escuché a Jasper gritar: ¡Esa es mi hermosa esposa! Las mejillas de Alice se volvieron de un rojo granate y sonrió— Si esa soy yo. Muchas gracias, cielo. Sin más que decir. La novia tiene un mensaje para el novio.
Alargo un brazo hacia mí para que subiera junto con ella. Las manos me sudaban y las piernas me flaquearon al caminar, pero no dude ni por un segundo. Alice apretó mi cintura en señal de apoyo y me dejo sola.
Seguida de ella, Mike subió y se sentó en un banquillo. Trajo consigo su amada guitarra.
—Esta canción es para mi dulce esposo. —le mande un besó a distancia— Y si me caigo, no teman, es parte de mi torpeza.
Lo vi ponerse de pie y caminar hacia mí. Antes de que los nervios me comieran vía, le hice una seña a Mike y los acordes rompieron con todo. La guitarra eléctrica de Mike provoco un sonido atronador en el salón, los invitados gritaron y algunas chicas chillaron al reconocer la melodía. "Love Aigan" de Dua Lipa.
Yo sonreí coqueta.
—I never thought that. I would find a way out. I never thought I'd hear my heart beat so loud. I can't believe there's something left in my chest anymore. But goddamn, you got me in love again. (Nunca pensé que encontraría una salida. Nunca pensé que escucharía a mi corazón latir tan fuerte. Ya no puedo creer que quede algo en mi pecho. Pero, ¡maldita sea! Tú hiciste que me enamorará. De nuevo).
Lo señale con mi dedo índice, sacudí as caderas y seguí cantando:
—I used to think that I was made out of stone. I used to spend so many nights on my own. I never knew I had it in me to dance anymore. But goddamn, you got me in love again. (Solía pensar que estaba hecha de piedra. Solía pasar tantas noches sola. Nunca supe que tenía ganas de volver a bailar. Pero, ¡maldita sea! Tú hiciste que me enamorará. De nuevo).
Se puso frente a mí. Subió las manos y me tomo de la cintura. Baje hasta su altura y seguí cantando.
Sus ojos siguieron cada palabra que mis labrios pronunciaba, mientras su mirada se volvía felina. Casi depredadora. Se supone que esto sería divertido, pero de alguna forma, se había vuelto contra mí. El deseo por él se volvió irresistible. La boca se me hizo agua y los pechos pesados.
—Show me that heaven's right here, baby. Touch me, so I know I'm not crazy. Never have I ever met somebody like you. Used to be afraid of love and what it might do. But goddamn, you got me in love again. (Muéstrame que el paraíso está bien aquí, amor. Tócame, así sabré que no estoy loca. Nunca he conocido a alguien como tú. Solía tener miedo al amor y lo que él podría hacer. Pero, ¡maldita sea! Tú hiciste que me enamorará. De nuevo).
Note como todo su cuerpo entro a juego. No podría retrasarlo más. Fin del juego. Lance una carcajada.
—You got me in love again. You got me in love again. You got me in love again. Again. (Me enamoraste de nuevo. Me enamoraste de nuevo. Me enamoraste de nuevo. De nuevo).
Sus manos dejaron mi cintura, bajaron por mi trasero y me impulso hacia adelante. El micrófono salió volando y él lo atrapo con una mano. De reojo, capte como mi esposo se lo lanzaba a Mike.
Mi pequeño cuerpo cupo perfectamente sobre su hombro. Palmeo mi trasero y gruño entre dientes.
—No más juegos.
—¡No estaba jugando! —chille, quitando el cabello regado de mi rostro.
Su cuerpo vibro por completo, mientras caminaba hacia la salida y hablaba al mismo tiempo.
—Tu tiempo se terminó, dulce.
Todo mi cuerpo hormigueo de deseo. No pude resistirme más. Escondí el rostro en su espalda y absorbí su olor.
—Si, por favor. —gemí, rogando porque solo él pudiera escucharme.
Sus pasos no hicieron más que volverse más largos y rápidos.
Sobre la nube de lujuria, recordé a mi familia y nos invitados y la escena que seguro estábamos dando. Levante la cabeza y me despedí de todos, provocando unas cuentas risas y carcajadas. Era más que obvio que habían disfrutado del espectáculo.
Mike se adueñó del escenario.
—Y eso, fue todo. Despidamos a los novios con un aplauso. —dijo mi hermano risueñamente.
El alboroto en el salón aumento, lo que me hizo sonreír y reír.
Mi madre me mando un beso a la distancia, Anthony levanto los pulgares en alto acompañado de Vanessa, Laurent y su hermosa novia , Jasper sostenía a Alice mientras mi mejor amiga gritaba y chillaba de emoción, mientras que él la miraba como su única y más grande adoración. Billy tenía a mi padre agarrado con un brazo por el cuello, mientras sonreía con orgullo y mi padre, bueno, Charlie tenía los ojos estrechados hasta convertirse en pequeñas rendijas. Emmett se mantenía distante, abrazando a Rosalie por la cintura y conversando con Alec, quien por cierto no había dejado de mirar a Anthony y Vanessa en toda la noche, pero esa era otra historia.
Afuera, un par de fuegos artificiales explotaron. De todos los colores y las formas, iluminando el crepúsculo.
Edward me subió al auto prenupcial y el subió del otro lado, ocupando el lugar del conductor. Me miró con pasión, deseo, amor. Con miles de promesas.
Le tendí mi mano izquierda, donde brillaban nuestros anillos juntos y él entrelazo nuestros dedos. Y con eso, nos marchamos.
El camino a casa fue más tranquilo y relajado. Hablamos aquí y allá, comentando nuestros momentos favoritos. Como cuando Anthony dio su pequeño discurso apenas nos sentamos en nuestra mesa o como mi madre había obligado a bailar a mi padre durante la mayor parte del día.
Terminamos con un silencio cómodo. Recargue mi cabeza en el respaldo de asiento y mirando su perfil. Admirando su salvaje y varonil belleza.
Solo cuando estaciono el auto, me di cuenta que habíamos llegado.
La emoción me hizo removerme.
—Así que… llegamos. —reboto la punta de sus dedos en el volante.
Me mordí el interior de mi mejilla derecha.
Él debió notar algo en mi expresión, porque se inclinó, apoyando su mano sobre el tablero del auto e inspecciono mi rostro.
—Mi chica está nerviosa.
Hice un mitin.
—Tú estas nervioso.
Se rio entre dientes.
Eso me pareció más como un desafío, así que me gire y salí de una salto del auto.
—Atrápame si puedes. —lo rete sobre mi hombro.
Pero sorprendentemente, me volvió a atrapar antes de que me diera cuenta. Rodeo con agilidad del auto y detuvo mi carrera. Me hizo cosquillas en el cuello con la nariz y yo chillé.
Entramos a casa en medio de tropezones. Él cerró la puerta y yo me adelante, caminando de frente.
Mi vestido ahora me parecía demasiado pesado y estorboso. Lance los tacones lejos, en alguna parte de la sala de estar vacía. Sin muebles. Porque se supone que luego de la Luna de Miel, Edward y yo comenzaríamos a amueblar nuestra casa. Nuestro hogar.
El alcohol surtió efecto y me tenía algo mareada. Mareada y torpe. Aparte de terriblemente caliente y necesitada.
Cachonda. ¡Esa es la palabra!
Me reí entre dientes mientras trataba de encontrar el cierre trasero de mi vestido.
Antes de que pudiera conseguirlo, Edward me cargo en brazos y me levanto en vilo.
—Eres tan romántico. —canturreé sobre la piel de su cuello, provocando que su cuerpo se estremeciera.
Rápidamente, llegamos a la habitación principal. Él me dejo sobre mis pies, pero no me dejo ir. Su boca se adueñó de mi boca y sus manos de mi cuerpo. Sus dedos buscaron el cierre perdido de mi vestido.
—M-Más arriba. —dije entre sus labios.
Lo volvió a intentar, pero fallo.
—Este vestido va a ser mi perdición, en todos los aspectos. —se quejó, alejándose de mi boca.
Sus labios bajaron por mi barbilla hasta mi cuello. Me aferre a su nuca y suspire. Encontró el camino desde mi escote hasta mis pechos. Labios y dientes hicieron su trabajo sobre la sensible piel.
Necesitaba deshacerme de la ropa.
Con ambas manos, volví a buscar en mi espalda Esta vez tuve suerte y encontré el listón unido a la cremallera. Jale y este cedió. La tela del vestido se derritió sobre mis hombros, cayendo.
Edward levanto la cabeza y observo cada uno de mis movimientos. Me aleje y deje caer el vestido al suelo, mordiendo mi labio inferior.
Mi esposo fue a por los botones de su chaleco y luego de su camisa. Se deshizo de las dos prendas, quedando solo con los pantalones colgando de las caderas.
Se acercó de nuevo a mí y mis manos acariciaron su pecho. Entonces algo diferente al deseo invadió mi cuerpo. Melancolía. En su pecho esculpido, sobre el pectoral derecho, se podía leer una frase tatuada a puño en su piel.
"Always in my mind.
Always in my heart"
Una de sus manos atrapo mi muñeca sobre su pecho.
—Lo puse ahí luego de perderte. Necesitaba recordar que algún día podría encontrar mi camino de vuelta a ti.
Los ojos se me llenaron de lágrimas. Baje y besé sobre la piel.
—Es hermoso.
Levanto mi barbilla y me miró intensamente.
—Tú eres hermosa. —el aliento me falto por la vehemencia de sus palabras— Y ahora eres mía, para siempre.
—Es lo único que deseo. —baje las manos hasta su pantalón y lo desaprobé. Mi esposo dio un paso adelante y deshizo de el.
Se hizo cargo de mí. Apretó mi trasero y me hizo subir sobre sus caderas. Su erección quedo presionada sobre mi sensible centro. Así, montada sobre él, me llevo al sofá de terciopelo verde. Me deposito con excesivo cuidado sin dejar de mirarme.
Sus dedos buscaron el broche delantero de mi sostén blanco de encaje y lo soltaron, luego le siguieron mis bragas y finalmente, él quedo desnudo también.
El espacio entre mis piernas se convirtió en su hogar.
Sus labios trabajaron sobre mis pechos, besando toda la piel a la mano. Atrapo un pezón en su boca y lo saboreo. Eran demediadas sensaciones. Su boca, sus labios, su lengua. Sus manos apretado mis caderas, atrayéndome hacia su cuerpo sin opción a alejarme.
Su polla entre los pliegues tiernos de mi coño. El glande sensible se abría paso poco a poco, abriéndome como una flor.
Mi clítoris palpitaba de necesidad.
—Por favor… —rogué.
No me respondió con palabras, pero si con caricias.
Sus labios bajaron más y más, investigando allí por donde iba. Se detuvo por un segundo más de lo esperado en mi abdomen y dejo un solemne beso sobre mi vientre bajo. Sus labios dijeron algo sobre la piel, pero no logre descifrar el significado.
Cuando quedo a la altura de mi coño, mi cuerpo se retorció de anticipación. Eche la cabeza atrás y me abrí para él, en una invitación silenciosa.
Mi hombretón no dudo ni por un segundo en aceptar el reto. Su cabeza se inclinó y la enterró entre mis piernas. Mis muslos se aferraron alrededor de su cabeza y mis manos buscaron donde aferrase. El corazón comenzó a latirme desbocado y miles de puntitos aparecieron atrás de mis parpados.
Su lengua hizo su camino entre mis labios mayores y menores. Agradecí al universo por haberme hecho la depilación láser cuando comprendí que mi trabajo en Malibu se trataría de andar en bikini la mayoría del tiempo, tomando fotografías de eventos y los lugares tradicionales…
Todo pensamiento fue eliminado cuando una de sus manos encontró el camino entre nosotros. Comenzó a masajear mi clítoris en círculos, mientras su lengua comenzaba a penetrarme. Aquello fue tan poco y a la misma vez demasiado.
Nunca le había tenido especial cariño al sexo oral, pero con Edward… Si, las cosas podían cambiar.
Las paredes de mi coño se apretaron, demasiado sensibles para seguir aguantando por mucho más tiempo.
—Dios…
Uso dos dedos para remplazar su lengua. La profundidad le añadió el peso extra que necesitaba. Y su lengua… Dios, hacia esa cosa con la lengua que me estaba volviendo loca. Atrapo mi clítoris entre sus labios y succiono.
Eso fue todo.
—¡Joder! —grite, sobrecogida por el inminente orgasmo que me azoto de pies a cabeza.
Comencé a correrme entre gemidos y jadeos. Y Edward, él nunca flaqueo. Se manutuvo sobre mi sexo, sin dejar escapar una sola gota.
—Tan dulce como recordaba. —tarareo sobre la piel sensible.
Mi espalda se levantó en un arco perfecto. Busque a tiendas sus hombros y enterré mis uñas sobre ellos. Mis caderas se movieron en sincronía con su boca, cabalgando los últimos retazos de mi orgasmo.
El pecho me subía y me bajaba a un ritmo imposible, me ardía por el esfuerzo y mi respiración salía en fuertes jadeos.
Levantó la cabeza de entre mis piernas con una sonrisa ladera. Mis piernas cayeron flojas a cada lado de su cuerpo y mis manos masajearon la piel herida de sus hombros.
—Mi chica tiene garras. —bromeo.
Gemí avergonzada.
—Mierda, lo siento…
Se puso a mi altura.
—Nunca te disculpes conmigo, dulce. Sea lo que sea. —besó la punta de mi nariz— Aquí solo somos tú y yo. Dulces, tiernos, amorosos, apasionados. —su voz se fue convirtiendo en un ronroneo bajo que volvió a despertar mis revueltas hormonas— Furiosos, excitados.
Movió las caderas para demostrarme su punto.
—¿Estás conmigo? —se aseguró.
Asentí, ya perdida de nuevo.
Metió la mano entre nuestros cuerpos y comprobó mi sexo. Aun me encontraba húmeda por mi anterior orgasmo y bastante sensible. Él coloco su polla en mi abertura y probó a penetrarme. Poco a poco. Centímetro a centímetro. Su miembro no era nada que calificara como pequeño, así que el que se preocupara por mi comodidad me enterneció profundamente.
Levante mis piernas sobre sus caderas y las enredé a su alrededor, facilitando la penetración. Sus ojos buscaron los míos. Y unidos, término con el resto del camino. Yo grite. Abriéndome y llenándome de él.
Cerré los ojos, en un intento absurdo por disminuir la bruma a mí alrededor. No sirvió de mucho.
Sus caderas se movieron. Sus pelotas hicieron ese sonido contra mi trasero.
Comenzamos a movernos al mismo tiempo. Sus caderas iban y venían y las mías lo seguían. Me negaba a perderlo ni un solo segundo.
Tratábamos mantener un equilibrio, pero conforme los minutos fueron pasando, el equilibrio se fue a la mierda.
Su aliento caliente bañaba la curva de mi hombro empapado de sudor. Su pecho estimulaban mis pezones por el rose frenético y los talones de mis pies se clavaban, exigiendo más. Más rápido. Más fuerte.
Él gruño en la curva de mi cuello, consumido también por todas las sensaciones.
Las paredes de mi sexo aprisionaron su polla. El calor entre mis piernas y el nudo en mi vientre se hizo insoportable.
Todo exploto detrás de mis ojos.
Edward siguió embistiendo. Persiguiendo su propio orgasmo. Echo la cabeza hacia atrás, con los ojos entornados y las venas del cuello saltadas. Todo en él emanaba fuerza. Fue maravilloso verlo obtener su propio placer, mientras su polla palpitaba entre los tejidos sensibles de mi coño.
Gemí cuando lo sentí correrse. Dentro. Su semilla me llenó por completo. Uno tras otro. Hasta que su hueso púbico me estimulo. Jadeé y lo abrace, acompañándolo en su placer.
Soltó un gemido y su cuerpo se abandonó sobre el mio. Mis dedos acariciaron entre su cabello, feliz y absolutamente saciada.
Todo fue perfecto.
Sus brazos correspondieron a mi abrazo. Se giró sobre el enorme sofá y me llevo con él. Mi cabeza encontró el lugar perfecto sobre su pecho. Nuestras respiraciones aun eran un poco agitadas, así que ninguno de los dos dijo nada. Solo nos quedamos así. En silencio. No había nada más que decir.
Nos teníamos el uno al otro. Para siempre. Cerré los ojos y me deje llevar por la oscuridad, agradecida con el universo y el destino, por haber unido nuestros caminos. Con él, por no rendirse y esperar por los dos.
Sentí sus labios acariciar mi frente antes de que el sueño me llevara del todo.
—Feliz Navidad, dulce.
¡Hola, hermosas! Y así, llegamos al final de esta maravillosa historia. No puedo describir lo que fue escribir el epilogo. Un cierre muy emotivo y ya sabes ustedes *sube y baja cejas* leí a muchas de ustedes pidiéndome noche de bodas y como no soy nada mala, pues les di hasta para llevar. Hahaha. No lo niego, me cuesta mucho escribir lemmon en mis historias. Necesito mucha concentración e inspiración para que no se me escapen las palabras y que decir de lo demás, luego ando por ahí toda roja pensando en lo que escribo. Hahaha. Espero que lo disfrutaran. Mi momento favorito es cuando Bella le canta a nuestro hombretón y el la rapta sobre su hombro. Ame cada parte y espero que les haya gustado tanto como a mí. Nos queda un Outtake, así que no nos despedimos definitivamente por el momento. Gracias por sus comentarios, nos estamos leyendo. ¡Besos!
Las leo en sus reviews siempre (me encanta leerlas) y no lo olviden: #DejarUnReviewNoCuestaNada.
—Ariam. R.
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