los personajes pertenecen al manga y anime Haikyuu, Aunque puede Que aparezca alguno de mi autoría.

la historia en Sí sería una realidad alterna y algunos de los personajes seran simplemente niños.

Espero les guste.Mi hijo.

Esa casa era un completo caos, había cajas por doquier algunas vacías y otras llenas de objetos. Los juguetes que generalmente estaban por todo el lugar ahora se encontraban dentro de varias de esas cajas. Los estantes de las bibliotecas están casi todos vacíos al igual que los estantes de la cocina. Todo eso hacía que esa casa que siempre rebosaba de risas y un ambiente familiar y alegre, ahora se viera triste y silenciosa. Pero ese silencio llevaba un rato siendo interrumpido por un incesante pitido. El identificador de llamada anunciaba el mismo número una y otra vez. El peligris lo había notado solo una vez y decidió ignorarlo.

Aquel delgado doncel iba y venía por toda la casa, de una habitación a la otra, a la sala, la cocina y nuevamente a la habitación, llevaba objetos y cada tanto traía una caja la cual dejaba en la sala. Todo bajo la atenta mirada de unos pequeños ojos color caramelo.

El pequeño pelinaranja, de casi 5 años, se asomó a la puerta de su habitación y observó a Suga, su mamá, terminando de meter su ropa y peluches en una maleta. Un suspiro se escapó de sus labios al centrar sus ojos en el ahora serio rostro de Suga. Esa expresión ya llevaba al menos dos semanas y él en verdad extrañaba la hermosa y dulce sonrisa de su mamá.

El teléfono volvió a sonar y Suga susurró un "¿por que no deja de insistir?" Antes de desviar su mirada hacia la sala, en ese momento sus ojos color caramelo se encontraron con aquel pequeño de cabello revuelto, que lo miraba con una expresión algo triste desde la puerta de la habitación. Aquella expresión fue como un golpe directo a su corazón. Desde que ese pequeño inquieto y revoltoso había llegado a su vida, él sólo vivía para ese niño que tenía una sonrisa tan brillante como el mismo sol.

"Las paredes y todo en aquel lugar era blanco, incluso la ropa que usaba aquella mujer que lo miraba sentada en esa cama. Sus ojos tenían una expresión que Suga no podía descifrar y se notaban brillantes, listos para derramar lágrimas.

El peligris dudo y apretó un poco más al pequeño de 9 meses en sus brazos, antes de acercarse a aquella mujer.

—Suga ahí está bien —dijo ella haciendo que el peligris se detenga a cinco pasos de distancia—... Tengo que pedirte algo sumamente importante… si en verdad me amas lo harás —Suga desvío su mirada a la psicóloga que comenzó a acercarse—, deshazte de ese niño,haz lo que sea con él, pero no quiero volver a verlo nunca.

Suga la miró realmente sorprendido y luego volvió a centrar sus ojos en ese pequeño de cabello naranja que dormía tranquilamente, con una hermosa sonrisa, entre sus brazos y en ese momento sintió como si alguien apretara con fuerza su corazón. Soltó un suspiro y volvió a mirar a aquella mujer.

—Sabes que te amo, pero jamás podría hacer eso…"

Movió la cabeza para alejar esos recuerdos de su mente. Realmente le había dolido aquella situación, por eso se convirtió en padre y madre. Shoyo era su debilidad y esa mirada que él pequeño le estaba dando en verdad dolía.

Suga apretó el peluche que tenía entre las manos y dibujando una pequeña sonrisa en su rostro le hizo una seña al pelinaranja para que se acercara.

—Ven Shoyo —susurró al ver algo de duda en el pequeño.

Los ojos del Pequeño recorrieron las finas facciones del peligris, deteniéndose en aquellos manchones verdosos que todavía no terminaban de desaparecer, para finalmente centrarse en aquellos ojos tan parecidos a los suyos y esa sonrisa que intentaba ocultar la tristeza que el mayor sentía. El niño se acercó y se detuvo a un paso de Suga, quien inmediatamente se agachó para quedar a la altura del pequeño.

—MamáSuga, no estes triste —dijo el niño haciendo un pequeño puchero mientras con una de sus manitos acariciaba la mejilla del peligris.

—Lo siento mucho Shoyo, sé que notaste que no estoy bien, pero ya verás que todo va a mejorar pronto —respondió abrazando al pequeño—... Tenemos que irnos shoyo, tendremos una nueva casa, harás nuevos amigos, y todo estará bien, vamos a volver a sonreír como siempre —agregó con un leve temblor en la voz, mientras el pequeño lo abrazaba y escondía su carita en el hueco del cuello del mayor.

—Si mamáSuga es feliz yo también —respondió el pequeño en un tono muy alegre que le hizo saber a Suga que había una enorme sonrisa en la carita de su bebé.

El timbre sonó y Suga dió un pequeño respingo mientras apretaba un poco más fuerte a Shoyo. Soltó al pequeño, caminó lentamente hasta la sala y miró con algo de temor hacia la puerta de entrada. El timbre volvió a sonar. Saludos se acercó, el peligris le hizo una seña con el dedo para que no hiciera ruido y luego se acercó a la puerta tratando de no emitir ningún sonido. Apretó uno de los botones del comunicador y la pequeña pantalla de este se encendió mostrando a un hombre alto de cabello castaño largo sujeto en una coleta, barba de unos cuantos días y una hermosa sonrisa en sus labios, junto a él podía verse a su pareja, un doncel más bajo, con un extraño peinado en punta y un mechón rubio en la frente, que le sonreía y saludaba hacia la cámara del comunicador. Una sonrisa de alivio se dibujó en los labios del peligris y sin demorar más quitó los tres seguros de la puerta, giró la llave y abrió. Allí estaban sus buenos amigos Asahi y Noya junto a su pequeño Tadashi, un niño de la misma edad que Shoyo, de cabello castaño oscuro casi negro, un poco verdoso dirían algunos, un poco largo con un mechón que se levanta en la coronilla, su carita pecosa mostraba una bonita sonrisa acompañada por esos ojos café, idénticos a los de Noya.

—Bienvenidos —dijo antes de soltar un suspiro de alivio y moverse para permitirles el paso—, disculpen la demora.

—No te preocupes Suga —respondió Noya mientras entraba tirando de la mano del pequeño Tadashi.

—El que debe disculparnos eres tú, se nos hizo. tarde, como de costumbre —murmuró Asahi ampliando su sonrisa y entrando a la casa para que el peligris pudiera cerrar la puerta.

Suga dio una rápida mirada hacia ambos lados de la calle y sin demorar demasiado cerró la puerta volviendo a echar llave. Al instante el grito de Shoyo retumbó en la sala y en cuanto Suga volteó pudo ver a su pequeño pelinaranja abrazando a Tadashi y al instante Noya se unió a aquel abrazo levantando a ambos niños en brazos mientras reía fuertemente.

Unos minutos después ambos niños se encontraron jugando con un balón en el pequeño patio mientras los tres adultos tomaban un té que Suga acababa de preparar.

—¿Ya tienes todo listo? —indagó Asahi dando un vistazo al caos de cajas que había en esa sala.

—Si, ya sólo me quedan algunas cosas de uso cotidiano que guardar y lo hare mañana antes de que nos vengan a buscar.

—Es increíble que finalmente te mudes antes que nosotros, ¿quién hubiera dicho que esto sucedería? —dijo Noya como si nada—, después de todo hace un mes cuando te comentamos que nos mudariamos tu…

—NOYA —interrumpió Asahi levantando la voz y mirando al más bajo con una expresión realmente seria. Entonces Noya noto que había hablado de más, sus ojos se centraron en Suga y se golpeó mentalmente al ver los rastros de aquellos moretones que todavía no terminaban de desaparecer de la nívea piel del peligris.

—Lo siento Suga, sabes que cuando abro la boca hablo sin fijarme en nada —se disculpó el más bajo hablando lo más rápido que podía.

—No te preocupes Noya, después de todo es verdad, de no ser por lo que sucedió jamás hubiera pensado en dejar esta casa —respondió el peligris con una dulce sonrisa.

—¿Sigue intentando acercarse? —preguntó Asahi llamando la atención de Suga.

—Desde ayer solo llama por teléfono, al parecer lo han hecho viajar para que no rompa la orden de restricción y se meta en un lío… Pero eso no cambia nada el miedo sigue presente —dijo Suga antes de centrar su mirada en la ventana que daba acceso al patio donde los pequeños jugaban—. El miércoles tuve una reunión con mi abogado y un representante de su familia, al parecer decidieron darme una especie de indemnización y prometieron que lo harían cumplir con la orden de restricción…

—¿Y eso es seguro? —indagó Noya con algo de precaución.

—Según mi abogado si…

—Bueno, lo único importante es que finalmente ya no se acerque a ti y a Shoyo.