Mi Hijo

Nuevo lugar

Después de casi dos horas de viaje el auto se adentró en un bello vecindario de pintorescas casitas, ninguna demasiado grande, todas con frentes diferentes. Luego de recorrer dos calles, finalmente se detuvieron ante una casita de dos pisos, de frente blanco, con la puerta y las ventanas azules y un pequeño jardín delantero algo descuidado.

Suga bajó del auto y rápidamente abrió la puerta trasera para que Shoyo y Tadashi también bajarán. Con una sonrisa se agachó para estar más cerca de su pequeño pelinaranja.

—Este es nuestro nuevo hogar Shoyo, todavía tenemos que acomodarlo, pero estoy seguro de que te gustara —el pequeño sonrió y abrazó al peligris.

—No importa donde esté, mientras esté con mamáSuga —respondió el pelinaranja antes de dejar un sonoro beso en la mejilla de Suga.

—¿Como no adorar a ese pequeño? —dijo un sonriente Noya mientras se acercaba a ellos.

—Bien, les parece si entramos y la recorremos mientras llegan Asahi y el camión de la mudanza —dijo Suga sacando las llaves de su bolsillo.

—Siiiiiiiiii —gritaron los dos pequeños y Noya al unísono, antes de correr tras Suga, quien ya se acercaba a la puerta.

Al entrar en la casa se encontraron con una sala bastante grande, con unos enormes ventanales que daban al jardín. A la derecha había una barra que servía de separación entre la sala y la espaciosa cocina, la cual dibujó una sonrisa en el rostro del peligris, pues lo único que había pedido era que la cocina no fuera un pequeño armario. A la izquierda se encontraba la escalera y dos puertas, una daba a un baño y la otra a una habitación bastante espaciosa. Arriba había tres habitaciones y otro baño. En unos pocos minutos Shoyo corría por todo el lugar arrastrando a Tadashi, quien solo sonreía y seguía al pelinaranja sin objeción alguna.

—Es genial, ¿sabes que es lo mejor?... Está a solo una cuadra de nuestra casa —dijo Noya acercándose a Suga que estaba abriendo la puerta balcón para que los niños pudieran salir al patio.

—Sí, aunque a ustedes todavía les falta como un mes para mudarse.

—Ni me lo recuerdes, es realmente cansador tener que venir todos los días hasta aquí por el trabajo y el preescolar de Dashi, pero hasta que no terminen de arreglar las tuberías y pintar no podemos instalarnos —agregó el castaño inflando los cachetes y ganándose una risita del peligris.

Un bocinazo llamó la atención de ambos y sin dudarlo un momento se asomaron a la puerta. El camión con los muebles y todo lo demás acababa de llegar. Asahi y otros dos hombres bajaron del vehículo y haciendo una seña con la mano le indicó a Suga y Noya que se acercarán a ayudar.

—¿Empezamos con los muebles? —preguntó el peligris todavía con una sonrisa, la cual se borró al ver la expresión de su amigo Asahi.

—Tu no puedes hacer fuerza así que solo te vas a ocupar de las cajas y cosas más livianas —dijo en un tono que delataba un poco su preocupación.

Suga soltó un suspiro y asintió obteniendo una sonrisa de sus dos amigos.

En unas pocas horas habían metido todo en la casa y luego simplemente se dedicaron a ubicar cada cosa donde correspondía. Ese sábado fue largo para todos incluso para los pequeños quienes se habían pasado el día yendo y viniendo, trayendo y llevando cosas para ayudar.

La noche los sorprendió todavía acomodan de cosas. Ordenaron pizzas y Suga invitó a sus amigos a quedarse esa noche, después de todo era más fácil y rápido armar los futones que hacer casi una hora de viaje para volver a su casa. Noya y Tadashi le lanzaron sus miradas de cachorro a Asahi y este no pudo hacer otra cosa que aceptar.

Después de comer los dos pequeños cayeron rendidos.

—Es una linda casa Suga —comentó Asahi, volviendo a la sala después de dejar a los dos pequeños dormidos en la habitación de Shoyo y el peligris le contestó con una sonrisa—... Conociendo a tu madre creí que iba a ser más grande.

—Mi madre no tiene idea… pienso llamarla en una semana o dos y decirle que nos mudamos —la pareja miró realmente sorprendida al peligris.

—¿Si ella no sabe, quien se encargó de todo? —preguntó Noya, pues era más que consiente que Suga no se había movido de su casa en la última semana y la mudanza fue organizada en un tiempo récord.

—Mi abogado se encargó de todo.

—¿Eso quiere decir que tu madre no sabe nada? —Suga solo asintió a la pregunta del más alto—... ¿estas demente Suga? Sabes cómo es tu madre ¿tienes una idea de lo que puede pasar cuando se entere? —la voz de Asahi volvía a denotar su preocupación.

—Ya lo sé y por eso mismo no quise que se entere, además con todo lo que he ahorrado pude comprar la casa sin ningún problema.

—Cambiando de tema ¿cuándo sale tu próximo libro? —preguntó Noya sonriendo, sabía que ese tema podía generar una discusión larga, por lo que era mejor desviarlo lo más rápido posible.

—Tendría que estar para finales de este mes, pero al parecer hubo un problema con el ilustrador y obviamente no van a publicar un libro para niños sin ilustraciones —respondió Suga aliviado de haber salido del tema de su madre. El peligris adoraba a su madre, pero también sabía que esa mujer era demasiado protectora y controladora, motivo por el cual le asustaba la idea de contarle a esa mujer lo que había sucedido.

Finalmente todos se fueron a dormir.

Suga se vio en su nueva habitación. Los muebles estaban en su lugar, pero todavía había al menos cinco cajas y dos maletas con cosas por acomodar. Soltó un suspiro y se acercó a la ventana, miró el cielo estrellado y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. "Todo estará bien, puedes hacer lo que sea Suga" se dijo a sí mismo para alentarse y encarar lo que sea que el destino le deparara.

El domingo pasó sin contratiempos. Después de almorzar salieron a dar una vuelta para conocer un poco el barrio y terminaron en una plaza a tres cuadras de la nueva casa. Suga, Noya y Asahi se sentaron en una banca cerca del sector de juegos, donde ahora se encontraban los dos pequeños correteando de un lugar a otro.

Antes de que anocheciera la pareja y el pequeño pecoso volvieron a su hogar, dejando finalmente solos a Suga y Shoyo. El peligris arropó a su pequeño pelinaranja y le acarició con ternura la mejilla, el niño sonrió y le devolvió la caricia.

—¿MamaSuga te gusta la nueva casa? —preguntó el pelinaranja mientras se le cerraban los ojitos.

—Si me gusta… ¿A tí? —Shoyo asintió emitiendo un ajá, sin volver a abrir sus ojitos—, me alegro. Buenas noches pajarito —concluyó el peligris dejando un beso en la frente del niño, luego salió de la habitación apagando las luces.

Para el lunes por la mañana todas las cosas estaban en su lugar, ya no había cajas u objetos empacados el peligris había pasado varias horas aquella noche terminando de acomodar todo.

La alarma sonó a las 7 am y Suga la detuvo al tercer pitido. La luz de la mañana entraba por la ventana iluminando tenuemente la habitación, el peligris miró su celular y soltó un suspiro cansado al ver la cantidad de mensajes y llamadas perdidas, todas provenientes del mismo número.

"Persistente, tengo que cambiar el número" pensó mientras bajaba de la cama. Luego de pasar por el baño, prepararse y vestirse, fue directo a la habitación de Shoyo, allí también la luz entraba por la ventana, se acercó a ella y abrió las cortinas, al voltear no pudo evitar volver a suspirar, al ver tantos juguetes y ropa desparramadas por el lugar, pero una sonrisa apareció en su rostro al centrar sus ojos en esa cama, donde Shoyo dormía medio cruzado, una de sus piernas colgaba por la orilla de la cama, una sábana cubría muy poco de aquel cuerpito, su brazo izquierdo estaba escondido debajo de la almohada mientras el derecho abrazaba a Keko, un conejo de tela que Suga había hecho para el pequeño cuando esté todavía era un bebé, Shoyo adoraba ese muñeco.

Suga se acercó a la cama y sin decir nada dejó un beso la mejilla del niño, luego otro y otro, hasta que escuchó la risa del pequeño.

—Buen día mamáSuga —dijo el pelinaranja entre risas antes de dejar un beso en la mejilla del mayor.

—Buen día mi pajarito, hay que levantarse, hoy conocerás tu nueva escuela.

—Siiiiiiiiii —respondió el pequeño realmente contento saltando rápidamente de la cama y corriendo a su armario para buscar su ropa. Suga fue tras él y le entregó un pantalón corto de color azul y una remera en un azul más claro con un estampado blanco.

—Busca un par de medias y las zapatillas, ¿te vas a vestir solito?

—Si, ya soy grande mamáSuga —respondió el pequeño abriendo un cajón y comenzando a buscar entre todas las medias que allí había.

—Ok, ¿qué quieres desayunar pajarito?

—Chocolate —gritó inmediatamente Shoyo.

Suga no pudo evitar rodar los ojos y sonreír, ya que su pequeño siempre respondía lo mismo cuando preguntaba.

—Lo voy a pensar —respondió Suga, igual que siempre, sin más dejo al pequeño para que se acomodara y él se dirigió a la cocina.

Cuando Shoyo bajó, en la barra de la cocina lo esperaba una taza que contenía leche con chocolate y dos galletas con chispas de chocolate. Se sentó para tomar su desayuno y mientras mordía una galleta centró sus ojos en Suga que revolvía su té mientras escribía en su cuaderno, cosa que hizo sonreír al pequeño, que el peligris volviera a escribir solo podía significar que ya se sentía mejor y eso hacía realmente feliz al pequeño.

Una vez ambos terminaron de desayunar, Suga le puso al pelinaranja el cubre y el sombrerito que componían el uniforme para su nuevo preescolar. Shoyo tomó su mochila y se acercó a la puerta, esperó un momento y luego volvió a buscar al peligris con la mirada, para encontrarlo mirándose en un espejo con una expresión de duda en su rostro.

—Ya casi no se notan —dijo Shoyo llamando la atención del mayor.

—Lo sé, las cicatrices tardarán un poco más —murmuró Suga dibujando una sonrisa que iluminó su rostro. Los moretones ya casi habían desaparecido, ahora solo se notaban unos pequeños manchones algo verdosos y la cicatriz más notoria era una sobre su ceja derecha.

—Mamá —dijo Shoyo estirando sus brazos hacia el peligris. Este se acercó y se agachó para quedar a la altura y recibir el abrazo de su pequeño—, te quiero mucho —agregó y plantó un beso en la mejilla del mayor.

—Yo también te quiero mucho, mucho, mucho pajarito —acotó Suga aferrandose con fuerza al pequeño.

Caminaron las 8 cuadras que había desde su hogar hasta el preescolar. El edificio era enorme, pues comprendía los diferentes niveles educativos. Pasaron dos enormes puertas y se detuvieron en la tercera, donde podían verse flores y pájaros pintados, tanto en las paredes como en la misma puerta, que todavía estaba cerrada.

Luego de unos segundos las puertas se abrieron y se asomaron un par de jóvenes maestras con un delantal que simulaba ser un conejo, una de las jovenes se disculpó por la tardanza y comenzaron a recibir a los pequeños, quienes apenas si se despedían de sus padres y madres.

—Bien Shoyo, ya hablamos de esto, te portaras bien, harás todo lo que tú maestra te pida y intentaras hacer amigos…

—¿Tadashi estará aquí? —preguntó el pelinaranja haciendo un pequeño puchero.

—Tadashi entra más tarde, ¿intentaras hacer amigos? —el niño asintió—. Estaré aquí esperando cuando salgas.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo —respondió Suga besando la frente del pequeño.

Se acercaron a las maestras y se presentaron, estas los saludaron y una de ellas tomó a Shoyo de la mano y lo guío al interior del edificio.

Suga observó cómo su bebé se perdía entre los otros niños y rogó para que le fuera bien en su primer día. Mientras se alejaba de la puerta observó a su alrededor como los mayores se despedían de sus hijos y casi sin darse cuenta sus ojos se centraron en un hombre de cabello negro y ojos cafés que estaba agachado despidiéndose de un pequeño un poco más alto que Shoyo, de cabello también negro, ojos azules y expresión seria. El niño hizo una mueca que Suga supuso era una sonrisa, y se alejó del mayor para ingresar en el edificio, el peligris no pudo evitar seguirlo con la mirada, estaba demasiado acostumbrado a la constante sonrisa y alegría de Shoyo, por lo que sé le hacía extraña la actitud de ese niño. De repente despertó y comenzó a caminar para alejarse de allí, no quería que la gente pensara mal de él. Al pasar junto a aquel hombre volvió a mirarlo de reojo, era alto y con un cuerpo muy bien formado, sus ojos se habían centrado en su celular y su expresión había cambiado a una un poco más seria, y a pesar de eso Suga solo pudo pensar que ese hombre era realmente atractivo y que definitivamente no le molestaría comprobar que tan bien formado estaba ese cuerpo.

Sus mejillas se sonrojaron al darse cuenta del rumbo que estaban tomando sus pensamientos.

"Kōshi, ¿en qué estás pensando? Es un hombre casado y padre de un posible compañero de Shoyo" se regañó mentalmente, antes de cruzar la calle "la abstinencia sexual hace estragos en mi" agregó y comenzó a reír.

Hola, espero les haya gustado el cap.

saludos, gracias por leer.