Mi hijo
Los Nishinoya
Aquel era uno de los hoteles más grandes e importantes de la ciudad, dos empleados recibían en la puerta a los clientes y otro se ocupaba de estacionar los vehículos. A unos cuantos metros de la entrada podía verse otra puerta que daba acceso al café-bar y restaurante del hotel.
Asahi detuvo y estacionó el auto a mitad de cuadra, por lo que caminaron unos cuantos metros para llegar al café. Noya soltó un profundo suspiro y sujetó la manito de Tadashi, quien no soltaba a Mello y Asahi tomó la otra mano de su amado castaño, lo conocía lo suficiente como para saber que estaba mucho más nervioso que él. La familia entró al lugar y uno de los meseros los guío hasta una mesa donde se encontraban los padres de Yū.
Un hombre de unos cuarenta y tantos, quizá cincuenta años, alto de cabello castaño ya con unas cuantas canas, bien peinado hacia atrás y de expresión seria se puso de pie para recibirlos. A su lado se encontraba una mujer de cabello largo y rubio, de la misma edad del hombre, que mostraba una sonrisa que Noya no pudo descifrar, parecía triste, molesta y feliz, todo al mismo tiempo.
—Bienvenidos, me alegra que hayan podido venir —dijo el hombre dibujando lo que parecía ser una sonrisa en su rostro y señalando los lugares frente a él para que se sentarán.
—Señor Nishinoya… señora —saludó en un tono serio y de pocos amigos Asahi.
—Azumane —saludo el hombre haciendo una pequeña inclinación con la cabeza, cosa que sorprendió a la familia, luego centró sus ojos color miel en su hijo—, Yū, hace mucho que no nos veíamos —dijo mientras una trémula sonrisa aparecía en sus labios antes de centrarse en el pequeño—… hola Tadashi… ¿no sé si te acordarás de nosotros? Somos Takano y Momoi…
—Sabe que son sus abuelos —interrumpió noya con un tono serio muy poco común en el—… cielo, saluda a los abuelos —agregó ahora con un tono más dulce.
El pequeño asintió y saludo a sus abuelos con un rápido y corto beso en la mejilla, mientras sus padre se sentaban, luego se ubicó en la silla junto a su padre.
El mesero se acercó a ellos para tomar sus órdenes y en cuanto esté se alejó el ambiente comenzó a sentirse cada vez más tenso.
—Dashi, mira —dijo asahi señalando hacia el patio interno del hotel, donde había un sector de juegos para niños— ¿Por qué no vas y juegas un rato?
El pequeño miró con una sonrisa a su mamá y en cuanto Noya asintió, bajó de la silla y se apresuró hacia el sector de juegos. En eso llegó el mesero y les dejo un café a cada uno y una bandeja con pastelillos y algunas masitas.
—Bien… Takano, Momoi, ¿Que los trae hasta aquí? Pensé que ya no dejarían Londres —dijo Noya tratando de mantener su sonrisa, pero no era la de siempre.
—Bueno Yū, la verdad es que… quiero disculparme contigo por todo y… quisiera que nos permitan… pasar tiempo con Tadashi y contigo hijo —dijo el hombre con una mirada que a Noya, por un momento, le pareció suplicante.
—Se los dije hace tiempo, son los abuelos de Tadashi y no los sacaré de su vida, no soy quien para decidir eso… si no lo han visto en este tiempo es porque ustedes no han querido —respondió Noya sin quitar los ojos de su pequeño que jugaba afuera.
—Si mal no recuerdo fueron ustedes quienes se alejaron luego de intentar separarnos —comentó Asahi sin despegar sus ojos de Takano.
—¡Yū! Tu padre intenta disculparse y recuperar el tiempo perdido —exclamó Momoi mirando seria a su hijo.
—Ya deberían saber que el tiem… —Noya dejo sus palabras a la mitad y repentinamente se puso de pie y corrió hacia el patio.
El resto de los presentes en la mesa inmediatamente miraron hacia afuera y vieron a Tadashi sentado en el suelo llorando.
Noya vio a su pequeño llorando y rápidamente se agachó junto a él y comenzó a revisarlo, encontrando solo unos raspones en codos y rodillas. Secó las lágrimas que recorrían las mejillas de su niño y lo tomó en brazos, abrazándolo fuerte.
—Esta bien amor ¿Te duele algo? —preguntó el doncel acariciando la cabeza de su niño, quien sólo negó una y otra vez.
—¿Está bien, qué pasó? —indagó Asahi mientras examinaba con la mirada a Tadashi.
—Solo tropezó al bajar de la hamaca y tiene unos cuantos raspones —respondió Yū dándole una sonrisa tranquilizadora a su esposo.
—¿Seguro que está bien? ¿No quieres que lo llevemos a la enfermería o algo? —insistió Momoi mirando al niño sin atreverse a tocarlo.
—No es necesario está bien, es algo que siempre le pasa a los niños, solo necesita unos cuantos mimos —respondió Noya escondiendo un poco su rostro entre la cabeza y el cuello de su niño.
—Amor dámelo —dijo Asahi tomando a Tadashi de los brazos de Noya—… sigue la charla con tus padres, nosotros iremos a la barra a pedir un helado —agregó alejándose de la familia Nishinoya.
Todos volvieron a entrar y Yū volvió a la mesa junto a sus padre e inevitablemente sus ojos siguieron por un momento a sus dos amores hasta la barra. Soltó un suspiro y volvió a centrarse en sus progenitores, aquellas dos personas que probablemente lo único bueno que hicieron por él fue darle la vida y enviarlo a vivir con su madrina a los 13 años.
—Hijo, sé que no he sido el mejor padre, pero…
—Pero… ¿Pero qué?... Sabes que, no me importa… el tiempo una vez que pasó no se recupera, y su tiempo conmigo ya lo perdieron… yo no voy a impedir que vean a Tadashi, son sus abuelos —por un momento Noya se detuvo, sentía un nudo formándose en su garganta.
—Yū, tu padre intenta enmendar las cosas.
—Él siempre dijo, "el tiempo no se detiene para nadie así que piensa bien lo que haces, no querrás desperdiciarlo disculpándote" —contestó el doncel, sorprendiendo a sus padres, quienes lo miraron perplejos—… Llamen para arreglar antes de aparecerse para ver a Tadashi —fueron las últimas palabras del castaño mientras se ponía y pie, para luego acercarse a la barra donde lo esperaba su verdadera familia.
Aquella casa era realmente enorme y él caminaba con los ojos cerrados hacia la oficina de su padre, la cual conocía más que bien, pues cada vez que se portaba mal y debían regañarlo o castigarlo lo llamaban a ese lugar, y eso era mínimo dos veces a la semana.
El hombre de cabello castaño y ojos color miel, apenas si despegó su vista de los papeles que estaba examinando, cuando su único hijo ingresó en la habitación. Termino de leer aquella hoja y recién entonces centró sus ojos en su hijo.
—Yū nuevamente con problemas en el colegio, ya te dije que este es el último, pasaste por cinco colegios aquí, y en ninguno de ellos quieren volver a verte.
—Lo lamento, pero no fue mi culpa ellos…
—No me interesan tus excusas, eres el heredero de la familia Nishinoya y debes comportarte, dedícate más a tus estudios y deja de hacernos pasar vergüenza —aquellas palabras salían como dagas directas al corazón de Noya—… creo que esperamos demasiado de ti… hablamos con tu madre y decidimos que lo mejor para ti será mudarte con tía Hanna, ella tiene mucho más tiempo libre que nosotros —esa noticia si que tomó por sorpresa al joven castaño, nunca pensó que sus padres llegarian al punto de deshacerse de él.
—¿Tanto quieres deshacerte de mí? —preguntó todavía sin terminar de creer lo que acababa de escuchar.
—No me deshago de ti, solo te envío con tu madrina, ella tiene mucho tiempo para dedicarle a un revoltoso jovencito de 11 años —agregó el hombre sin volver a levantar la mirada de los papeles que tenía ante él…
—13, tengo 13 años —lo corrigió ya comenzando a enojarse. Deseaba gritar con todas sus fuerzas para que aquel hombre se fijará por una vez en él, que olvidara sus negocios solo un momento y centrará su atención sólo en él… pero eso no iba a pasar, su padre seguía prestando más atención a los papeles que a sus palabras. Soltó un suspiro y decidió que no valía la pena decirle nada a una persona a la que evidentemente no le importaba.
—Te sugiero que no pierdas el tiempo, prepara tus cosa tu vuelo sale mañana al mediodía —concluyó el hombre todavía sin apartar la vista de los papeles.
Yū salió del estudio de su padre, sin mirar atrás. Su vista estaba borrosa por las lágrimas que se acumularon en sus ojos, lágrimas que comenzaron a rodar por sus mejillas mientras arrojaba su ropa y pertenencias importantes a su maleta.
Su tía caminaba a su lado con una enorme sonrisa, mientras él no podía dejar en paz su corbata. Odiaba las fiestas de negocios de sus padres, jamás pensó que eso lo seguiría hasta Japón.
Sus padres habían llegado hacía dos días y hasta el momento no se habían podido acercar para verlo, pues como siempre estaban muy ocupados con sus negocios
Hacia casi un año que no veía a sus padres y ahora tendría que hacerlo en una fiesta dónde debería guardar las formas y ser elegante, discreto y atento con todo el que se le acerque.
—Cielo deja ese nudo tranquilo, tu madre se va a molestar —le dijo su tía mientras entraban en aquel elegante salón lleno de personas.
—Esas personas perdieron todo derecho a decirme lo que sea cuando me enviaron aquí —murmuró Yū algo molesto.
—Creí que te gustaba vivir conmigo…
—Me encanta vivir contigo, nunca me sentí tan querido en la vida… no debe existir mejor madre que tú —respondió Noya con una de sus enormes sonrisas antes de abrazar a su tía y dejar un sonoro beso en la mejilla de su madrina, quien también lo abrazó y soltó una sonora carcajada.
—Yū, Hanna —la voz de mujer los interrumpió y al mirar se encontraron con una Momoi de expresión seria.
—Hola Momoi, ¿Cómo está, tanto tiempo? —saludó Hanna abrazando a la mujer, quien apenas correspondió el gesto.
—Yū ¿Qué es eso que llevas puesto? —exclamó sin cambiar su expresión mientras examinaba con la mirada al joven—, te enviamos un traje mucho mejor que ése…
—Hola madre, que bueno verte después de tanto tiempo —dijo el castaño con todo el sarcasmo que le fue posible— el traje que enviaron no me quedó…
—Oh, rayos… debiste avisar o comprar algo mejor, no podemos presentarte así a los pretendientes…
—¡¿A los que?! —exclamó el doncel sobresaltandose un poco…
—Momoi ¿Que sucede? Se supone que no tardarias, están esperando —la voz de Takano llamó la atención de Noya y Hanna—… Hermana, ¿Cómo estás, tanto tiempo? —dijo abrazando a Hanna y dejando un corto beso en su mejilla—… Yū ¿Has crecido? Y… ¿Que es ese peinado? —acotó inspeccionando a su hijo con la mirada y deteniéndose en el cabello en punta de este…
—Un año, y sigo siendo tan idiota que pensé que podían haber cambiado —murmuró Noya entornando los ojos antes de dar media vuelta y comenzar a alejarse rodeado de un aura realmente oscura, su buen humor acababa de irse por el caño…
—En qué mierda estas pensando no puedes casarte con él y mucho menos tener un hijo de ese —bramó Takano acercándose peligrosamente al castaño que permanecía sentado en uno de los sillones de la sala de Hanna.
—Sabes que tenemos una lista de excelentes candidatos para ti, que están muy interesados, no puedes hacer eso, estarías arruinando una gran oportunidad —dijo Momoi caminando de un lugar a otro en la sala.
—Se acabó nunca debimos darte tanta libertad, volverás con nosotros y te desharas de "eso" —la última palabra de Takano salió cargada de desprecio mientras su mirada se posaba en el vientre de su hijo. Noya cubrió su vientre con ambas manos y rápidamente sintió como el enojo crecía en su interior...
—¡Takano! ¿Como puedes decir algo así? —exclamó Hanna mostrando su molestia.
—Tu no te metas, ya has hecho suficiente daño a mi familia, no puedo creer que permitieran que algo así pasara —la voz de Takano era cada vez más fuerte y parecía que de un momento a otro iba a estallar de ira.
—Tu eres el que no debe meterse —la voz de Yū resonó en la habitación y todos los ojos se posaron en el pequeño doncel embarazado—… No vengas a hablar de familia ahora, cuando jamás lo fuimos… siempre fui una carga y una molestia para ustedes, lo sé porque ustedes mismos me lo han dicho toda la vida… tía Hanna es la mejor persona que pueda existir y no voy a permitir que la trates así, a mi dime lo que quieras pero a ella no —dijo abandonando su lugar y acercándose a su tía para abrazarla—… ya soy mayor de edad, tengo 20, ustedes no pueden mandar sobre mi, solo quise compartir con ustedes una noticia que a mí me hizo muy feliz, NO pedí su opinión y si les molesta algo de mi estilo de vida… olvídense de mí como lo han hecho durante todo este tiempo…
La voz de Noya sonó completamente fría, ese día sacó todo el frío que se había acumulado en su interior al vivir tanto tiempo con esa familia…
—Amor… Yū ¿Estás bien? —el doncel salió de sus cavilaciones y solo asintió— ¿Seguro? No dijiste nada en todo el viaje ¿Te parece que estuvo bien irnos así?
El doncel miró a su alrededor y se encontró en la sala de su casa. ¿En qué momento habían llegado? Busco a Asahi y lo vio, algo borroso, acercándose a él desde la habitación de Tadashi y casi sin darse cuenta se apresuró y se tiró a los brazos de su esposo.
—Si se hubiesen comportado como siempre hubiera sido mucho más fácil —murmuró Noya abrazando con fuerza a su esposo mientras escondía su rostro en la camisa de su amado. No quería que Asahi viera sus ojos llenos de lágrimas, lágrimas que no quería dejar salir, pero se le están haciendo imposible. Sintió los fuertes brazos de Asahi envolviendo su cuerpo y como este dejaba un beso en su cabeza.
—Amor, sabíamos que este es un tema difícil y tú siempre dijiste que no le ibas a negar sus abuelos a Dashi…
—Lo sé, y lo mantengo, el único que puede sacar a alguien de su vida es él —murmuró Noya con la voz algo ahogada por las lágrimas que comenzaban a caer.
—Yū —dijo Asahi separando un poco al doncel de su cuerpo, para poder verle el rostro. Limpió las lágrimas de las mejillas de su amado y lo besó dulcemente— ¿Entiendes que tendrás que tratar con ellos cada vez que quieran ver a Dashi?
La respiración de Noya se detuvo por un momento. Sus ojos no se despegaban de los de su esposo, sintió las lágrimas acumulándose nuevamente en sus ojos y volvió a esconder su rostro en el pecho de Asahi.
—¿Que voy a hacer?
—Ya veremos —respondió acariciando la cabeza de su esposo—… Sabes que te amo y siempre estaré contigo, eres lo mejor que me pasó en la vida y no voy a dejar que nadie te lastime.
—Te amo Asahi Azumane —murmuró el doncel antes de ponerse de pinturas y dejar un beso en los labios de su esposo.
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Uffff ¡Que familia! Y eso que todavía no saben casi nada.. es probable que más adelante hagamos otra incursión en esta familia y veamos con más detalle el pasado de esta pareja.Ahhh pobre Noya, cómo puedo hacerlo sufrir asi?! Ahhh si, porque soy malvada y cruel muajaja ... Bueno no, solo surgió.Espero que les haya gustado.Gracias por leer y comentar.Besos
