—Ella era una de las chicas mas lindas e interesante que había conocido, estudiaba diseño de indumentaria y hacía pequeños trabajos como modelo de vez en cuando. Se fijó en mí y casi sin darme cuenta terminamos teniendo la relación más seria para mí hasta el momento.Yo estudiaba abogacía y vivía en conflicto con mi padre, porque yo no quería hacer todo lo que él decía y más que nada porque a él no le agradaba Yui —la voz de Daichi era suave y su mirada se había perdido en lo profundo de su tasa—… llevábamos casi un año saliendo cuando quedó embarazada, decidimos casarnos y comentárselo a mis padres, ella tenía la esperanza de que su relación con ellos mejorará cuando supieran la noticia…
—¿Y mejoró? —preguntó Suga aprovechando la pausa que el pelinegro había hecho.
—Mi padre se molestó más que antes, sobre todo conmigo, insistía en que ella solo estaba a mi lado por interés… y yo por cabezón no le creí, confíe en ella y finalmente el tiempo le dió la razón —Daichi terminó su café y entonces centró sus ojos en aquellos orbes color caramelo—… ella sintió más que yo todo lo que mi padre me quitó, comencé a notar sus cambios durante el embarazo, pero no le di importancia precisamente por el embarazo… estaba muy molesta por haber tenido que dejar su trabajo como modelo y con el nacimiento de Tobio las cosas no mejoraron. Yo comencé a trabajar cuando ella quedó embarazada, en el bufete de la familia, dividí el tiempo entre el trabajo y el estudio, esforzándome el doble solo para que ella no tuviera que dejarlo todo, y ya con Tobio eso también empeoró, el tiempo que le dedicaba a ella era cada vez menos y ella se molestaba cada vez más… empezamos a discutir mucho, ella quería volver a nuestro antiguo estilo de vida, cuando mi padre me sostenía económicamente —el pelinegro soltó un suspiro, se puso de pie y comenzó a caminar lentamente hacia la sala, para detenerse ante una foto que mostraba a Suga sonriéndole tiernamente a un bebé de cabello naranja—… hicimos un acuerdo, yo no le pediría nada, ella haría lo que quisiera, sólo tenía que quedarse por Tobio… Dejamos de discutir y sólo fingimos ser una familia feliz, lo que duró dos años… su carrera de modelo tomó impulso y un día sólo se fue y volvió, solo para pedirme el divorcio y una fuerte suma de dinero para dejarme a Tobio...
—Lo siento —murmuró Suga acercándose al pelinegro.
—No te preocupes, no hay nada que lamentar —respondió dibujando una pequeña sonrisa—… Shoyo era un bebé hermoso… ¿Puedo preguntarte algo? Si quieres responder bien, sino también —Suga asintió con una sonrisa— ¿Y el padre de Shoyo? —la expresión del peligris cambio por un momento.
—No me gusta hablar de él… solo diré que cuando se enteró del embarazo se fue negando ser el padre —murmuró Suga sentándose en el sillón.
—Oh, lo siento.
—No te preocupes, no es como si yo sintiera algo por él —comentó el peligris como si nada.
—Bueno en eso estamos iguales, Yui puede ser la madre de Tobio pero en verdad no siento absolutamente nada por ella, lo único que consigue es que me enoje por sus actitudes hacia mi hijo —dijo el pelinegro sentándose junto a Suga—… si ves el lado positivo él no los molesta…
—En eso tienes razón… dudo que pudiera soportar lo que tú… realmente no sé qué haría si mi bebé llorara por culpa de esa persona —comentó el peligris, acercándose más a Daichi, sin siquiera darse cuenta…
En verdad le agradaba la compañía de ese hombre. Sus ojos color café lo transportaban a un lugar tranquilo y seguro, cosa que le gustaba y lo aterraba.
Sus ojos se encontraron y Suga sintió como sus mejillas comenzaban a arder, lo que solo podía significar una cosa.
La respiración de Daichi se detuvo al ver aquel sonrojo que hacía a ese doncel más hermoso y tentador de lo que era. Su mano se movió sin permiso y rozó la mejilla de Suga, con la misma delicadeza con que se toca el más frágil cristal.
Ninguno podía despegar sus ojos del otro, y lentamente comenzaron a acercarse cada vez más… hasta que escucharon unos pasos presurosos acercarse, lo que inmediatamente rompió esa especie de hechizo que acababa de darse en cuando sus miradas se cruzaron..
Suga se separó de Daichi y volteó a ver hacia la escalera, justo para ver a los dos niños terminando de bajar.
—Papá, papá ¿Puede ir Shoyo con nosotros mañana? —preguntó presuroso Tobio mientras se acercaba a su padre, quien lo miró serio por un momento y sonrió luego de soltar un suspiro.
—No es a mi a quien tienes que preguntarle —respondió el pelinegro mayor mirando de reojo al peligris.
—Mamasuga… ¿si? —preguntó Shoyo inflando un poquito los cachetes mientras hacía ojitos.
—Mmmm… me aclaran un poquito.
—¿Vendrán con nosotros mañana?
—¿A dónde cielo? —preguntó acariciando el negro cabello del niño.
—Mañana al salir del preescolar daremos un paseo e iremos a una librería ¿Quieren venir con nosotros? —dijo Daichi mostrándole una sonrisa a Shoyo, quien asintió efusivamente, devolviéndole la sonrisa.
—Bien, entonces es una cita —respondió Suga con una sonrisa antes de darle una mirada de reojo a Daichi… definitivamente ese hombre era de su tipo.
—Genial—murmuró Daichi sin despegar sus ojos de aquellos orbes color caramelo, ganándose una mirada algo extrañada de ambos pequeños, quienes solo sonrieron, sabiendo que habían conseguido lo que querían.
Cuando Daichi cerró la puerta de su casa todavía había una enorme sonrisa en su rostro. No podía creerlo, sin proponérselo y casi sin darse cuenta había conseguido una cita con el peligris que lo venía enloqueciendo. Caminó tras Tobio hasta la sala y el sonido de su celular hizo que se detenga. Miró la pantalla y soltó un suspiro al ver el nombre de quién llamaba.
—Chiky juega un rato, atiendo la llamada y luego preparo todo para bañarte —el pequeño pelinegro sólo asintió, mientras Daichi se metía en su estudio y atendía la llamada al cerrar la puerta— ¿Cual es tu excusa? —preguntó en un tono serio de pocos amigos.
—Daichi lo siento, sé que debes estar molesto pero sabes que no lo hice porque quisiera, a media mañana me llamaron para adelantar un trabajo… creí que terminaría antes de que Tobio saliera del preescolar, pero me fue imposible, me tuvieron hasta hace un momento, recién salgo del estudio —habló muy rápido la mujer a través del teléfono.
—Mira Yui, en verdad no me importa eso, lo único que importa es que ni siquiera fuiste capaz de llamar para avisarme…
—Te digo que me era imposible… Daichi no tengo ganas de discutir, solo quiero disculparme, ¿Puedes pasarme con Tobio? —concluyó molesta la mujer.
—Lo siento, ya está durmiendo, jugó toda la tarde con un amiguito y está muy cansado, llama en otro momento.
—Oye, no puedes, tengo der… —la mujer no pudo terminar de hablar pues Daichi simplemente terminó la llamada.
Soltó un suspiro y pasó una de sus manos por su cabello. Era increíble la facilidad que tenía esa mujer para fastidiarle el buen humor. Su celular volvió a sonar y simplemente cortó la llamada sin siquiera ver quién era, pues la conocía lo suficiente como para saber que seguiría llamando hasta que la dejara hablar con Tobio. Sintiéndose algo frustrado se sentó en su sillón y marcó un número antes de llevarse el teléfono al oído.
—Hola Daichi —la tranquila voz de Akaashi llegó hasta él y soltó un suspiro.
—Keiji, en verdad necesito que hagas algo…
—¿Con qué?...
—¿Con que va a ser? Con Yui obvio.
—¿Qué hizo ahora?
—Llamó esta mañana para cambiarme el día que le toca con Tobio, le dije que sí, tuve que mover reuniones en la oficina y demás y finalmente nunca se presentó a recoger a Tobio…
—¡¿Otra vez?!
—No, esta vez no fue capaz de avisarme, por lo que Tobio se quedó esperando, la maestra me llamó y gracias al cielo Suga estaba allí y se lo llevó, porque yo no podía ir, Kuro tampoco, tú estabas en la corte… en fin todos los que pueden retirarlo, justo hoy, no podían ir.
—Mierda… bueno pero esto nos es útil… mañana pasaré por la colegio de Tobio para pedir copia del acta e iré al juzgado a ver qué puedo conseguir, con algo de suerte le darán una advertencia y reducirán sus visitas.
—No me importa la cantidad de visitas mientras las cumpla como se acuerda —respondió Daichi antes de soltar un suspiro—… Lo hizo llorar…
—¿Qué? Más le vale a esa perra que se prepare —murmuró Keiji en un tono que delataba lo molesto que estaba, lo que hizo sonreír al pelinegro.
—Ya sabía yo que eras el mejor padrino para Tobio —comentó el pelinegro soltando una pequeña risita, al saber que de seguro su primo estaría completamente rojo por lo que acababa de decir—. Ok hablamos luego cuando veas que resuelven en el juzgado. Buenas noches y gracias Keiji, saludos a Bokuto.
—De nada, buenas noches Daichi.
El pelinegro decidió apagar su celular y descolgar el teléfono de línea que hacía un rato había comenzado a sonar, en verdad no tenía ganas de seguir escuchando a su ex.
Salió de su oficina y buscó a Tobio. Encontró al pequeño en su habitación, parado sobre una silla intentando bajar una fotografía que colgaba en la pared, donde se podía ver a Tobio cuando tenía un año junto a una mujer de cabello castaño que mostraba una sonrisa digna de comercial.
—¿Cielo, que haces? —preguntó el pelinegro acercándose al niño y tomando la fotografía que este intentaba alcanzar, para luego ofrecersela.
Tobio tomó la fotografía, bajo de la silla y caminó hasta el baúl donde guardaba las cosas que no usaba, lo abrió y guardó la fotografía en un rincón.
—¿Puedo saber por qué la guardas? Es la foto más bonita que tienes con mamá —preguntó Daichi agachándose junto al pequeño.
—No necesito a esa mamá —dijo Tobio con una expresión seria y Daichi lo miró algo confundido—, Shoyo dijo que me prestará a su mamá y… en verdad quiero a Suga como mamá —agregó el pequeño pelinegro algo avergonzado, lo que hizo sonreír a su padre.
—¿En verdad te agrada Suga?
—Sí —respondió asintiendo—¿A ti también te agrada?
—Sí… ¿Cómo lo notaste?
—Sonríes más cuando estás con él
—Tu también —agregó Daichi con una enorme sonrisa antes de abrazar a su hijo.
De repente el buen humor de Daichi había vuelto, está era una gran oportunidad en verdad le interesaba Suga y no tenía que preocuparse porque le agradará a su hijo… ahora sólo tenía que armarse de valor y hacer lo posible para enamorarlo y conquistarlo.
Esa noche Daichi prácticamente no pudo dormir.
Había llegado a pensar que Suga seguía solo porque esperaba que el padre de Shoyo regresará, ahora sabía que no existía competencia, eso lo hacía feliz pero a su vez planteaba muchas dudas en su cabeza y la más importante era ¿qué hacer para conquistarlo? Hacía demasiado tiempo que no se interesaba en nadie ni intentaba coquetear o conquistar y mucho más tiempo desde su última cita, aunque reconocía que está no sería una cita normal y romántica, sobre todo llevando dos niños.
Allí estaba nuevamente esperando a que su pequeño saliera del preescolar, había sentido nervioso toda la mañana y la tarde, y le había tomado más tiempo que de costumbre el escoger la ropa que usaría ese día. Hacía mucho tiempo que no se sentía así y todo por Daichi. Volvió a acariciar a que el perrito naranja que Tobio había olvidado en su casa y la sonrisa en su rostro se amplió.
—Hola Suga.
—Asahi, que raro que vengas tú ¿y Noya, está bien? —se apresuró a preguntar Suga.
—Si está bien, solo estaba esperando a que llegue Hanna.
—¡¿Hanna?! ¿Qué pasó ayer?
—Ellos se disculparon y dijeron que quieren pasar tiempo con él y con Dashi, quieren recuperar el tiempo perdido… y Yū les dijo que pueden ver a Tadashi, solo eso…
—Preguntaría cómo lo tomó, pero el simple hecho de que Hanna está viniendo me dice que no muy bien.
—Te lo juro, una cosa que hagan que no me agrade y pido una orden de restricción —dijo Asahi con expresión seria.
—Todos estaremos con él, va a estar bien, seguirá siendo nuestro alegre y vivaracho Noya —agregó Suga abrazando a su amigo.
Un momento después se acercaron a ellos Kuro y Daichi y la conversación derivó a otro tema. Las docentes comenzaron a entregar a los niños y ellos al igual que todos lo padres empezaron a acercarse a la puerta, pero a medio camino Daichi se detuvo y su expresión cambió a una realmente seria, lo que preocupó al peligris.
Los tres miraron en la dirección donde miraba Daichi y se encontraron con una mujer de cabello castaño, sujeto en un moño del cual se desprendían varios mechones, de cuerpo delgado con curvas pronunciadas, resaltado por aquel vestido azul que llevaba, su rostro estaba suavemente maquillado, sus ojos marrones estaban centrados en Daichi y sus labios mostraban una leve sonrisa, mientras caminaba lentamente hacia el pelinegro.
Espero que les haya gustafo este cap.Bien aqui intente contar un poco sobre Yui y Daichi, pero no quise profundizar demasiado puede que más adelante profundice más.Como siempre, si todo sale bien en 15 días estare actualizando, gracias a todos por comentar y leer mi historia.Saludos, nos leemos
