Mi hijo

Mío, los celos de Bokuto

Dejaron el auto en el garaje del edificio y caminaron hasta el ascensor. Akaashi notó que Bokuto había estado demasiado silencioso durante todo el viaje y eso lo estaba preocupando, pues esa no era una de las cualidades del peligris.

—Kōtarō… ¿Tobio te dijo algo de su madre? Daichi está preocupado al parecer el martes cuando volvió estaba muy molesto y no quiere decir nada ni saber nada de ella —dijo el pelinegro mirándolo con una pequeña sonrisa.

—No… ¿Por qué habría de decirme algo a mi? —respondió mirando de reojo al pelinegro.

—Bueno te contó a ti lo del nuevo novio de Yui, antes que a cualquiera —comentó el pelinegro borrando aquella sonrisa de su rostro. Al parecer en verdad estaba en problemas.

El ascensor se detuvo y abrió sus puertas. Bokuto le hizo una seña a Akaashi y éste salió primero del ascensor, caminó por el pasillo hasta la puerta de su departamento, sabiendo que el peligris lo seguía de cerca sin quitarle los ojos de encima. Abrió la puerta e inmediatamente sintió que Bokuto lo envolvía con sus brazos y lo metía dentro del departamento.

Escuchó la puerta cerrarse tras ellos y sintió las grandes y tibias manos del peligris colándose bajo su ropa. Se estremeció al sentir esa suave respiración en su cuello, aquellos labios rozando su piel y un jadeo escapó de sus labios al sentir los dientes del peligris marcando su cuello.

—Boku… no —intentó hablar el pelinegro pero los labios del peligris se apoderaron de los suyos e inmediatamente esa cálida lengua estaba recorriendo el interior de su boca y danzando con su lengua...

Bokuto terminó el beso y cargo a Akaashi sobre su hombro, como si no pesara absolutamente nada. Lo llevó hasta la habitación y lo dejó sobre la cama. Rápidamente se ubicó sobre él y comenzó a desvestirlo mientras dejaba besos y mordidas sobre esa pálida piel que tanto lo enloquecía, quería marcarlo y que todos supieran que ese ser hermoso le pertenecía.

Akaashi no podía hacer más que soltar suspiros, gemidos y jadeos, pues Bokuto en verdad sabía dónde tocarlo. Sus caricias le erizaban la piel mientras esa boca hacía magia en su cuerpo. Sabía que lo estaba haciendo nuevamente, lo estaba marcando y la verdad era que poco le importaba, en cierta forma le encantaba que Bokuto lo reclamara como suyo.

La boca del peligris se detuvo en uno de los pezones de Akaashi y todo su cuerpo se estremeció al sentir el roce de los dientes en el pezón. Un fuerte gemido se escapó de los labios de Keiji al sentir como una de las manos del peligris rodeaba y apretaba su erecto pene.

—Kōtarō —murmuró mientras el mencionado bajaba por su torso dejando besos y mordidas hasta detenerse en su miembro...

Akaashi cerró con fuerza los ojos al sentir la humeda lengua dibujar círculos sobre su glande, para luego recorrer todo el largo de su miembro y un ronco gemido se escapó del pelinegro al sentir el interior de aquella húmeda boca.

—Boku… si sigues… voy… a —la respiración de Akaashi estaba muy agitada.

—Ohhh, claro que no… hoy solo terminarás cuando yo lo diga —murmuró el peligris comenzando a presionar con uno de sus dedos en la entrada del pelinegro.

La respiración de Akaashi se detuvo al sentir aquel dedo en su interior y se aceleró cuando Kōtarō introdujo otro dedo y comenzó a moverlos simulando embestidas y yendo cada vez más profundo casi rozando aquel dulce punto en su interior… estaba demasiado excitado y no podía articular palabra por lo que le lanzó una mirada suplicante a su amado peligris, quien como respuesta sacó los dedos del interior de Akaashi y se posicionó nuevamente sobre él asegurándose que su miembro rozara la entrada del pelinegro mientras volvía a atacar aquellos rosados y erectos pezones, hasta que Akaashi lo jaló del cabello para que volviera a centrarse en sus ojos.

—Por favor —murmuró Keiji, completamente sonrojado y con bastante dificultad por la excitación, a lo que Kōtarō respondió con una sonrisa ladina.

Entonces Bokuto entró en él de una sola estocada. Akaashi soltó un grito y arqueó la espalda. El dolor y el placer se mezclaban de una forma que le encantaba. Las embestidas de Kōtarō eran constantes y cada vez más rápidas, hasta que de repente Bokuto sacó su miembro y volteó el cuerpo del pelinegro dejándolo boca abajo, y antes de que Akaashi pudiera quejarse o respirar siquiera ya estaba entrando nuevamente en él. El pálido cuerpo de Keiji se tensó y comenzó a gemir cada vez más fuerte, Kōtarō sabía muy bien qué significaba eso, conocía cada punto del cuerpo de su Akaashi y en este preciso momento con cada embestida tocaba ese punto dulce en su interior. Lo pegó más a su cuerpo y se acercó a su oído.

—¿De quién eres? —murmuró antes de morder el lóbulo del pelinegro y apresar nuevamente su miembro con una de sus manos y comenzar a masturbarlo de aquella forma tortuosa.

—Tuyo… sólo tuyo… Bokuto —respondió Akaashi con bastante dificultad por todo el placer que estaba sintiendo.

—Mío, mío… mío —decía Kōtarō entre gemidos y mordidas mientras aceleraba cada vez más las embestidas y escuchaba como Akaashi lo nombraba una y otra vez.

Akaashi acabó en la mano de Kōtarō con un fuerte gemido y el peligris terminó en el interior del pelinegro luego de varias embestidas más y una fuerte mordida en el hombro derecho del pelinegro. Finalmente ambos cayeron en la cama agotados y con la respiración agitada. Akaashi soltó un suspiro y un quejido al acomodarse sobre el pecho de Bokuto. Le dolía aquella mordida, pero no le dió mucho importancia, podía decir que ya estaba acostumbrado a esas sesiones de sexo y marcado por celos.

—Lo siento —susurró Bokuto dejando un suave beso a un lado de la mordida en el hombro del pelinegro—… no pude controlarme.

—Nunca te controlas cuando estás celoso —dijo Akaashi soltando una suave risa antes de morder el fornido brazo del peligris con suficiente fuerza como para dejar una marca por unos cuantos días—… mío.

Bokuto soltó una fuerte carcajada y atrajo a Akaashi hasta sus labios para volver a besarlo.

—Te amo demasiado —murmuró el peligris antes de cambiar su alegre expresión por otra un poco más seria—… y me pone loco que hagas cosas como lo de hoy con Iwaizumi.

—¿Que tengo que hacer para que ya dejes esos estúpidos celos? —se quejó Akaashi centrando sus grises ojos en aquellos orbes dorados—… él sólo es mi primo… a ti te amo… ¿Dime qué harías si yo me pusiera celoso cada vez que tú haces alguna estupidez con Kuro?

—Pero… Akaaaaaaaashiiiii… no es lo mismo con Kuro somos amigos y sabes que solo te amo a ti —agregó el peligris en un tono infantil inflando los cachetes…

—Sabes que yo puedo decir exactamente lo mismo —murmuró el pelinegro dibujando una pequeña sonrisa mientras acariciaba la mejilla de su pareja—… ¿Y sabes qué no entiendo?... Solo te molesta Iwa… y no te atrevas a negarlo —agregó frunciendo el ceño por un momento—… ¿Por qué? Si vamos al punto tengo mucho más trato con Daichi.

—Es diferente… Daichi es el padre de tu ahijado y… Iwaizumi —empezó a hablar Bokuto y al mencionar al castaño de ojos verdes desvió la mirada—… es el tipo que sabe cosas de ti que ni yo, ni nadie más sabe, es al que recurres cuando necesitas ayuda y… —la última frase fue un murmullo que Akaashi no llegó a oír.

—¿Qué? Repite lo último, no te escuché —dijo el pelinegro y el de ojos dorados sólo negó con la cabeza todavía sin mirarlo, entonces Akaashi se incorporó un poco, tomó el rostro del peligris con ambas manos y lo obligó a mirarlo—… Bokuto Kōtarō, repite lo que dijiste.

—Fue tu primer beso —respondió finalmente con una expresión de tristeza.

—¿De dónde sacaste eso? —preguntado el pelinegro mirándolo algo confundido.

—Kuro me lo dijo… estaban haciendo un juego de desafíos y ustedes se besaron —agregó volviendo a inflar los cachetes.

—Voy a matar a Kuro —murmuró el pelinegro rodando los ojos, para luego volver a centrarlos en su pareja y apoyar un dedo sobre sus labios para que sólo escuchara—… escucha bien, tú eres el único que lo sabe todo de mi, las veces que recurro a él es porque sé que los demás no pueden ayudarme con algo y lo más importante... teníamos 10 años, estábamos jugando y eso simplemente no califica como un beso real, solo fue un roce de labios —dijo acercándose a los labios del peligris, para apoderarse de ellos en un beso apasionado, le dió una suave mordida al labio inferior e inmediatamente introdujo su lengua en la boca contraria para recorrer cada milímetro de aquella cavidad, antes de terminar el beso volvió a morder el labio inferior de Bokuto, aunque esta vez un poco más fuerte y luego agregó—… eso es un beso de verdad… tu, gran tonto, eres mi primer amor y probablemente mi primer todo… ¿Quedó claro?

—Mmmm… no me quedó muy claro, creo que necesito otra demostración —dijo Bokuto con una sonrisa de oreja a oreja antes de rozar los labios del pelinegro para que éste lo volviera a besar.

—Ahh lo que tengo que hacer por tus tontos celos —se quejó Akaashi en cuanto terminaron con una seguidilla de besos.

—Hay una forma en la que ya no sentiría celos de nadie, jamás —murmuró Kōtarō con una sonrisa pícara.

—¿Cuál? —indagó Keiji con algo de temor por aquella sonrisa.

—Tengamos un hijo —murmuró en un tono casi inaudible y la mirada del pelinegro pareció perderse por un momento.

Akaashi amaba demasiado a Bokuto y por eso mismo era la única persona con la que se permitía bajar sus barreras y mostrarse tal cual es… y en ese preciso momento lo tomó con sus barras completamente bajas, su mente se perdió en un recuerdo y sus ojos comenzaron a nublarse...

—Boku… ¿Por qué me haces esto? —dijo el pelinegro con un evidente temblor en la voz mientras se separaba del peligris y se sentaba en su lado de la cama—… ya lo hablamos —murmuró levantando del piso la camisa del peligris e inmediatamente se envolvió con ella, intentando esconderse.

Sintió un nudo en su interior y se abrazó a sí mismo presionando con fuerza su estómago mientras bajaba la cabeza y desviando la mirada.

—Akaashi… lo siento —murmuró Kōtarō acomodándose detrás del pelinegro y rodeándolo con sus brazos—… soy un idiota que habla sin pensar —agregó apoyando su cabeza sobre el hombro de Keiji.

—No es tu culpa… soy yo —susurró Akaashi mientras las saladas lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas. Sintió los brazos de Kōtarō aferrarse con más fuerza y pegarlo más a su cuerpo—… creo que tienes razón, necesito volver al psicólogo, ya son casi cuatro años y no lo supero —su cuerpo comenzó a temblar y las lágrimas se volvieron incontrolables.

Bokuto comenzó a mecerlo mientras cantaba muy quedo una canción a modo de arrullo, cosa que ya se había vuelto una costumbre, cuando al pelinegro lo golpeaban los recuerdos y las lágrimas se volvían incontenible lo único que lo calmaba era el calor de Bokuto y aquel arrullo.

Akaashi se durmió entre los brazos de Bokuto a mitad de la canción, pero eso no hizo que el peligris se detuviera, siguió con su arrullo hasta el final mientras inspeccionaba con la mirada cada milímetro del rostro de su amado Keiji. Esa noche Kōtarō velaria su sueño hasta que el cansancio lo venciera, reviviendo aquellos recuerdos una y otra vez…

Había vuelto al departamento y se sorprendió al encontrar a Akaashi sentado en el balcón observando el cielo, se veía radiante rodeado por un aura de tranquilidad que relajaría a cualquiera. Lo miró de reojo y sonrió al notar la expresión embobada del peligris, le hizo una seña para que se acercara y cuando Kōtarō estuvo a su lado sujetó su mano derecha y la guío hasta su vientre.

—Hola papá —murmuró Akaashi con una sonrisa mientras acariciaba su vientre y la mano de Kōtarō.

La mandíbula del peligris se había desencajado mientras su cerebro analizaba aquellas palabras… finalmente cuando cayó, una enorme sonrisa se instaló en su rostro e inmediatamente se inclinó besó el vientre todavía plano de Akaashi y luego se apoderó de los labios del pelinegro.

—Te amo tanto ¿Cuánto...? —intentó preguntar el peligris pero las palabras casi no le salían de lo feliz que estaba.

—Parece que estoy por entrar a los tres meses, por eso me sentía mal.

—Es… es… hay que decirles —intento hablar Bokuto pero el pelinegro lo detuvo…

—¿Podemos mantenerlo en secreto un mes más? Hasta el aniversario de tus padres, será un lindo regalo.

—Como tú quieras, te amo, te amo, te amo —respondió Kōtarō sin quitar la sonrisa de sus labios.

—Ahhhh ya quiero verlo —decía Kōtarō mientras caminaba junto a Keiji hacia la clínica.

—Tranquilizate Kōtarō, ¿Si sabes que no se va a ver demasiado, no? —dijo entre risas el pelinegro.

—No importa, aunque sea pequeño veré a nuestro…

Bokuto no pudo terminar la frase escuchó un estruendo y un rechinido e inmediatamente sintió que alguien lo empujaba…

El médico les hablaba, pero su mente estaba perdida, Bokuto no podía despegar sus ojos de Akaashi, quien estaba congelado en aquella cama de hospital, tal vez igual de perdido que él. Podía ver el dolor en sus grises ojos, el temblor de su cuerpo y esas pálidas manos apretando su vientre. Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Akaashi y el cuerpo del peligris reaccionó antes que su mente, de repente se vio apretando al pelinegro contra su pecho, llorando junto a él y tratando de consolarlo, aún sabiendo que era imposible… acababan de perder a su pequeño bebé por culpa de un auto que perdió el control luego de golpear con otro vehículo y terminó sobre la vereda llevándose consigo a Akaashi…

Bokuto abrió los ojos de golpe e intentó quitar aquella imagen de su cabeza. Sintió como el cuerpo de Akaashi se estremecía e inmediatamente lo pegó más a su cuerpo y comenzó a tararear nuevamente aquella canción de cuna, sabiendo que era lo único que tranquilizaba a su amado Akaashi desde aquel día. Adoraba a ese doncel, por eso lo protegería y esperaría todo el tiempo que fuera necesario, sabía que aquel era un tema difícil para el pelinegro, después de todo su bebé no tenía ni cuatro meses de gestación cuando lo perdieron y los únicos que sabían de su existencia eran ellos y los doctores.

Una canción despertó a Iwaizumi. Antes de abrir los ojos ya sabía que significaba. Estiró su mano, tomó el celular y atendió la llamada, aunque no dijo nada y solo espero a que hablaran del otro lado, después de todo sabía perfectamente quién llamaba y por qué…

—¿Como te atreves? Yo aquí esforzándome como nunca para no molestarte y tu me haces esto —la voz de Oikawa se escuchaba algo arrastrada y llorosa, delatando que el castaño estaba algo ebrio.

—¿A ti te parece llamarme a esta hora, en ese estado después de haberme ignorado por días? —respondió Iwa algo molesto. Sabía que el castaño lo llamaría para quejarse por la foto y en el fondo eso le molestaba mucho…

—¿Cómo puedes decirme eso? Cuándo tú te estás besuqueando con esos dos por ahí —y ahora sí era mucho más evidente que Tooru estaba llorando—… yo aquí ex...tra...ñándo...teeeee tannntooo...

—Tooru tranquilízate… solo quería que me llamaras, aunque no esperaba que estuvieras borracho —dijo Iwa escuchando los sollozos de su pareja al otro lado del teléfono—... también te extraño.

—Iwa-chan te amo… no quiero que me dejes...

Iwaizumi iba a responder, pero en ese instante escuchó a lo lejos una voz de mujer que decía "Oikawa ¡¿que rayos haces?! Dijiste que no debías llamar…"

—Pero Iwa —la queja de Tooru se escuchó muy clara...

"Ve a ducharte, no querrás que Yaku te vea así." Fue lo último que Hajime escuchó antes de que la llamada terminara, e inmediatamente las preguntas se agolparon en su cabeza ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué Tooru no debía llamar? ¿Quién mierda era ese tal Yaku? Rápidamente decidió que no se iba a quedar con todas esas dudas e inmediatamente llamó al celular de Oikawa. Escuchó un tono y la voz de una grabación que decía "El número al que está llamando se encuentra apagado o fuera del área de cobertura."

Soltó una maldición entre dientes, esa sería una noche larga y estaba seguro que se la pasaría dando vueltas en la cama.

Otro capitulo. ojala les haya gustado el.intento de lemon, es el primer lemon yaoi que hago asi que no sé , hice mi mejor intento, seguramnte mejorare con el tiempo.

como siempre espero que les haya gustafo el capitulo y gracias por leer y comentar.

Por cierto FELIZ CUMPLE NOYA!!!!