Mi hijo
Lo siento
Tobio inmediatamente retrocedió, se abrazó a la pierna del peligris e intentó esconderse detrás de este. La expresión de Suga cambió y en su rostro apareció una sonrisa completamente falsa. En verdad no esperaban encontrarse con esa mujer.
Yui frunció un poco el ceño e inspeccionó con la mirada al peligris de pies a cabeza para detenerse en esos ojos color caramelo que le lanzaban una mirada fría.
—¿Quién eres tú? ¿Dónde está Daichi? —preguntó en un tono que delataba su molestia mientras intentaba mirar al interior de la casa esquivando la figura del doncel.
—Daichi no está en este momento…
—¿Como que no está? —vociferó la castaña pero antes de que Suga pudiera decir algo continuó—… Bueno en verdad no me importa él, solo vine por mi hijo —la mujer dibujó una sonrisa en sus labios y se inclinó para ver a su hijo que apenas asomaba la cabeza todavía escondido detrás del doncel—, Hola mi rey, adivina qué… vendrá conmigo —las manitos del pelinegro se aferraron con más fuerza a la pierna de Suga…
—¡¿Qué?! Claro que no —dijo Suga llevando su mano a la cabeza del pequeño para acariciarlo mientras le lanzaba una mirada aún más fría a esa mujer.
—¡¿Qué?! Soy su madre, claro que…
—NO, está bajo mi cuidado, no te lo llevaras…
En ese momento un vehículo se detuvo frente a la casa y un castaño descendió de el e inmediatamente corrió hacia ellos.
—Yui, ¿Qué haces? Teníamos un acuerdo —esa voz llamó la atención de la mujer que apenas movió la cabeza para encontrarse con la mirada seria de su abogado—… disculpe, mi clienta suele ser algo impulsiva cuando se trata de su hijo.
—Impulsiva nada, no quiere dármelo —se quejó la castaña cruzándose de brazos y mirando con desprecio al peligris, y justo en ese momento se asomó Tendō con los niños.
—Yui, solo vámonos, acordamos que yo hablaría con Daichi y parece que ahora no está —insistió el abogado mientras Shoyo abrazaba a Tobio…
—Te lo dije, quiero que pase el fin de semana conmigo, así que me lo llevaré…
—Tu no te llevarás a mi hijo —la voz de Daichi de escuchó fría y peligrosa, en cuando Yui se movió y lo vieron, Suga no pudo evitar pensar que si las miradas matasen la castaña ya estaría a cincuenta metros bajo tierra— ¿Que hacen en mi casa? —agregó el pelinegro centrando sus ojos en el abogado de la mujer, pero los ojos de este parecían no verlo, estaban centrados en algún punto detrás de Daichi.
—L'oncle (tío)—es escuchó la alegre vocecita de Taichi y al instante pasó corriendo ante todos los presentes para saltar a los brazos del enorme albino que estaba a unos cuantos pasos detrás de Daichi.
—Bonjour ma petite rousse (hola mi pequeño pelirrojo)—saludó después de dejar un beso en la frente del pequeño al que ahora llevaba en brazos.
La voz de Aone devolvió a Futakuchi a la realidad, el castaño miró algo confundido a su alrededor y se encontró con la gélida mirada de Sawamura.
—Mmmm… lo siento emmmm…
—¡Futakuchi! —lo llamó Yui sorprendida por la actitud de su abogado.
—Suga lleva a los niños adentro —pidió el pelinegro acercándose a la puerta.
El peligris no dijo nada solo tomó a Tobio en brazos y se adentro en la casa seguido por Shoyo que lo sujetaba del borde de la camisa. Tendō miró al albino y le hizo una seña para indicarle que espere un momento y luego caminó detrás de Suga, dejando aquella inminente explosión afuera.
—¿Y…? —insistió Daichi.
—Lo siento, es que Yui quiere pasar el fin de semana con Tobio, le dije que me dejara hablar contigo primero, pero…
—Pero nada, hace más de una semana que no pasó tiempo con él —interrumpió la castaña.
—Lo sé, y debo recordarte que eso ha sido cosa tuya —agregó Daichi sin cambiar su expresión—… estoy seguro de que mi abogado se comunicó con Futakuchi y acordaron que te lo llevarás el próximo fin de semana…
—Quiero llevarlo este fin de semana.
—Eso no va a pasar, mañana tiene el festival del colegio…
—Disculpen —interrumpió el pelirrojo intentando pasar a un lado del dueño de casa—, permiso Daichi, nos vemos mañana, suerte —se despidió pasando entre Yui y Kenji.
—Yui ya habías aceptada la próxima semana, déjalo así, sabes cómo está la situación y —Futakuchi se detuvo, podía escuchar la voz de Tendō saludando a Aone y eso le molestó, soltó un suspiro cansado, dió media vuelta y viendo al albino que parecía feliz junto al niño y aquel pelirrojo, comenzó a caminar—… haz lo que quieras, estoy cansado, si te metes en problemas llama a alguien más.
—Maldición —se escapó de los labios de Yui mientras la sorpresa se veía reflejada en su rostro, no se esperaba eso, algo le pasaba a su abogado.
—¿Respetaras el acuerdo que se hizo o no? —preguntó Daichi, también algo sorprendido por la actitud de Futakuchi, nunca había sido tan fácil un encuentro con él.
—Rayos —masculló y soltando un suspiro respondió—… vendré el viernes por él —y sin más dio media vuelta y caminó como alma que lleva el diablo hasta su auto, ignorando a su abogado que se había detenido en la vereda frente a ese enorme hombre.
Los ojos color chocolate recorrieron a Aone, luego al pelirrojo y finalmente al pequeño de ojos marrones que lo miraba algo extrañado sin soltar al albino que lo tenía en brazos.
—No sabía que habías vuelto…
—Kenji —murmuró Aone y el castaño desvió la mirada…
—Me alegra saber que estás bien —respondió Futakuchi lo más rápido que pudo, antes de girarse y empezar a alejarse—… siempre es un gusto, tengo que irme —y simplemente apresuró el paso. No quería quedarse allí, no podía seguir viéndolo así. Encendió el auto y salió de allí más rápido de lo que debía.
—Eso fue raro —murmuró el pelirrojo viendo como el auto se alejaba.
—Rentrons à la mai… —Taichi se detuvo al ver que su mamá fruncía el ceño—… vamos a casa.
—Si, en cuanto tu tío reaccione nos vamos —respondió Satori entre risas viendo cómo el albino había quedado congelado y empezó a mover su mano frente a los ojos de su amigo—. Aoneeeeeeee…
El peliblanco pestañeo varias veces y sin decir nada ni cambiar su expresión comenzó a caminar nuevamente hacia su auto.
Daichi intentó tranquilizarse inhalando y exhalando lentamente. Caminó hasta su auto, el cual había estacionado en la calle al ver a su ex en la casa, lo metió al garaje y bajó los dos potes de helado que había comprado, para luego entrar en la casa.
En la sala encontró a Suga sentado en el sillón todavía con Tobio en brazos mientras Shoyo, estaba parado sobre el sillón abrazando al doncel y a Tobio.
Aquella escena se le hizo de lo más tierna al pelinegro… y eso solo hacía más tentadora la idea de convertir al doncel y al pequeño pelinaranja en parte de su familia, después de todo Tobio nunca se había llevado tan bien con nadie y él mismo nunca se había sentido tan atraído por nadie, cómo se sentía ahora por Suga.
Daichi se acercó tomó a Tobio, e inmediatamente el niño se aferró con todas sus fuerzas a él.
—Todo está bien —murmuró dejando un beso en la frente de su niño.
—No me quiero ir —se quejó Tobio inflando los cachetes.
—No te irás con ella, al menos no hoy… mañana nos espera un día muy movido —dijo Daichi con una sonrisa, logrando que el pequeño se animará un poco.
—Bien, les parece si guardamos ese helado y preparamos algo para cenar —propuso Suga llamando la atención de ambos pelinegros.
Iwaizumi salió del ascensor acompañado por Akaashi. Seguía sintiéndose molesto y como todo le disgustaba la única forma que encontré de sobrellevar las cosas sin matar a nadie fue estando en compañía de su primo. Después del almuerzo pasaron toda la tarde juntos, cada uno trabajando en lo suyo, pero compartiendo oficina y algunas palabras cada tanto. Al momento de irse a sus hogares Iwa dudo un poco y finalmente le pidió a Akaashi que lo acompañará, ya no quería estar solo en su departamento, porque sabía que corría el riesgo de destruir todo.
En cuanto entraron al departamento Iwaizumi se quitó el saco de su traje y dejó su portafolios en una mesita que había en aquel pasillo hacia la sala.
—Keiji, puedes dejar tus cosas aquí, ya conoces el lugar siéntete como en tu casa.
—¿Tendrás espárragos? Quiero comer algo que tenga espárragos —dijo Keiji luego de dejar su portafolios y saco en la misma mesa donde Iwa dejó sus cosas.
—Supongo, no... tengo idea —murmuró Iwa deteniéndose al entrar en la sala.
El olor a salsa era tenue pero delicioso, e inmediatamente la verde mirada de Iwaizumi se centró en la cocina y allí estaba, tras la barra que separaba la cocina de la sala, cocinando alguna cosa con salsa… el doncel que hacía poco más de un mes no veía, el mismo que lo había estado ignorando, el que lo enloquecía como nadie, al que amaba y extrañaba con locura.
Su ceño se frunció, sus manos se cerraron en puños y en ese momento sintió una mano en su hombro. Sus ojos se centraron en los orbes grises de Keiji y soltó el aire que no había notado que estaba conteniendo.
—Recuerda lo que hablamos hoy —murmuró el doncel dibujando en su rostro una de esas sonrisas tan tranquilizadoras.
—¿Iwa-chan? —la voz de Tooru fue un susurro mientras se volteaba quitándose los auriculares—… bienvenido… hola Akaashi, que raro tu aquí —agregó ahora más alto llamando la atención de ambos pelinegros…
—Hola Oikawa, que bueno que hayas vuelto —saludó Akaashi e inmediatamente volvió a centrar sus ojos en su primo—… Hajime si me das el archivo que vine a buscar podré irme, tengo que pasar por una tienda a comprar espárragos —agregó volviendo a mostrarle a su primo aquella sonrisa, que él sabía lo tranquilizaba.
—Ok, dame un momento —respondió Iwa caminando hacia su oficina, mientras agradecía internamente a su primo por inventar aquello.
Akaashi se acercó a la barra, bajo la atenta mirada de Tooru.
—¿Qué tal tu viaje? ¿Todo bien con el modelaje?
—Bien, bastante ocupado… es extraño verte fuera de la oficina sin Bokuto.
—Tuvo que viajar, así que esta semana hemos estado compartiendo nuestra soledad con Iwaizumi —la expresión de Tooru se tornó algo seria al escuchar esas palabras, pero no dijo nada porque vio a Iwa acercándose—… y ¿puedo saber para que me necesitas?
—Mejor te digo mañana —murmuró el castaño antes de soltar un suspiro.
Hajime dejó una delgada carpeta sobre la barra, abrió la heladera y rebuscó un momento para luego dejar una bandeja con espárragos sobre el archivo para Akaashi.
—Llevalos, así no tendrás que ir a una tienda solo por ellos.
—Gracias… será mejor que me vaya —dijo Keiji tomando las cosas que su primo le había dado y se encaminó hacia el pequeño pasillo que daba a la puerta, seguido por Iwa—… hasta mañana Oikawa —saludo antes de meterse al pasillo y tomar sus cosas—, tranquilo, respira y cálmate… tómate un momento y —murmuró ya en la puerta centrando su atención en Iwaizumi…
—Lo sé… no diré nada y dejaré que hable.
Oikawa apagó la cocina y pudo sentir como los nervios comenzaban a invadirlo nuevamente, empezaban haciendo un nudo en su estómago y se expandía inmovilizando cada parte de su cuerpo. Su plan era simple, o al menos eso creía, prepararía una de sus especialidades, tallarines con salsa boloñesa, cuando Iwa llegará él tendría la comida lista y sabía que eso suavizaria a su amado pelinegro… pero rayos, ya había comenzado mal… Iwaizumi había vuelto casi una hora antes del horario que acostumbraba los viernes y para colmo de sus males había llegado acompañado de su primo y no cualquiera de ellos. Tooru sentía que Akaashi era como una piedra en el zapato de su relación, generalmente se llevaba bien con él pero no podía evitar sentir celos cada vez que su Iwa-chan dejaba lo que fuera que estuviera haciendo para correr a ayudar a Keiji.
Ahora estaba inmóvil, invadido por los nervios y los celos… ¿Cómo haría para darle semejante noticia sí apenas podía hacer que su mente formará una oración coherente? Mordió su labio inferior mientras trataba de pensar cómo iniciar esa conversación.
—No hagas eso, te vas a lastimar.
La voz de Iwa lo trajo nuevamente a la realidad y lo primero que vio fue la roja salsa en aquella olla, levantó la mirada y volteo para encontrarse con su amado pelinegro que lo miraba, apoyado contra la heladera con una expresión realmente sería en su rostro. Dejó de morder tu labio e intentó dibujar una sonrisa pero no pudo ni siquiera sostener aquella mirada.
Iwa frunció el ceño cuando el castaño le esquivó la mirada. Sabía que se sentía culpable y en cuanto entró a la sala y sintió el olor a salsa pudo deducir cuál era el plan de su molesto Oikawa.
El silencio que invadió la cocina se estaba volviendo incómodo, el pelinegro soltó un suspiro y caminando nuevamente hacia la sala dijo.
—Ven Oikawa, tenemos que hablar.
Por su experiencia en sus tantas relaciones, Tooru sabía que esas eran las palabras más terribles que podías escuchar de tu pareja, generalmente las cosas no terminaron bien luego de escuchar esas palabras.
Caminó pensando cuán extraña era la actitud de Iwaizumi, por lo general ya lo hubiera golpeado varias veces. Un carraspeo llamó su atención y recién entonces notó que ya estaba sentado en un sillón frente al pelinegro. Esos ojos verdes no dejaban de inspeccionarlo y aquella expresión tan seria no hacía más que aumentar sus nervios.
—Si lo que pretendes es ignorarme para el resto de tu vida al menos dame una explicación —dijo entre dientes Iwaizumi luego de unos cuantos, incómodos, minutos en silencio.
—Yo no pretendo ignorarte ni nada por el estilo —se apresuró a quejarse Tooru.
—¡¿Que acaso no me has estado ignorando este último tiempo?! —vociferó Iwa ya bastante molesto.
—No… bueno si… ahhh… yo… rayos —intentó hablar el castaño y terminó jalándose el cabello con ambas manos—… sucedió algo y no sabía… no sé cómo decírtelo.
—Por todos los cielos, sólo habla, mi paciencia tiene un límite y lo sabes —soltó un suspiro cansado y al ver la mirada algo desconcertada de Tooru agregó—… sólo comienza por donde quieras, te escucharé.
—Ok… a los pocos días de estar en Londres, alguien apareció en una de mis sesiones fotográficas… Alex —murmuró el nombre y vio como el pelinegro frunció el ceño— ¿Recuerda a Alexandra Yaku García? —preguntó con algo de miedo y duda en la voz.
—La rubia extranjera con la que te encamabas cada dos por tres antes de empezar a salir conmigo —dijo Iwa en un tono serio mientras le lanzaba una mirada fulminante, a lo que Tooru solo pudo asentir—… solo dime que no lo hiciste —murmuró Hajime cerrando los ojos y conteniendo por un momento la respiración.
—¡¿QUÉ?! Claro que no, ¿Cómo puedes pensar eso de mí? —se quejó Oikawa en su típico tono chillón antes de centrar sus ojos en aquellos orbes verdes—… jamás podría engañarte, sabes que te amo —murmuró y luego de soltar un suspiro continuó—… ella está casada y esperando un bebé… solo quería hablar conmigo —soltó otro suspiro mientras comenzaba a jugar con sus dedos—… La última vez que nos habíamos visto fue hace 5 años, más específicamente dos semanas antes de su boda, ella tenía dudas y necesitaba hablar, yo había dejado mi libertino estilo de vida para tratar de enamorarte y tú me seguías teniendo a las vueltas… nos encontramos en un bar hablamos de todos nuestros problemas y bebimos hasta embriagarnos, una cosa llevó a la otra y bueno fue… la última noche que pasé con ella… finalmente ella se casó y tú me aceptaste, intenté decírtelo no quería ocultarte nada y tú me dijiste…
—Lo que hayas hecho antes de mí no me importa, solo me interesa lo que hagas estando a mi lado —murmuró Iwaizumi interrumpiendo al castaño.
—Si… bueno, finalmente terminó siendo importante —hizo una pausa.
Iwaizumi se cubrió la cara con las manos por un momento, soltó varios suspiros y al quitar las manos Tooru ya no estaba sentado frente a él miró a su alrededor y luego de un momento lo vio aparecer desde la habitación llevando una delgada carpeta en sus manos, la cual le extendió antes de volver a sentarse. Ignoró los datos del laboratorio que estaban en la tapa y al abrirla lo primero que sus ojos vieron fue la foto de un pequeño de cabello castaño claro y ojos idénticos a los de Tooru. Los verdes ojos del pelinegro volaron de la fotografía al rostro de su pareja y volvieron nuevamente a la foto.
—Él es Morisuke Yaku… es mi… mi hijo —el rostro del pelinegro seguía igual de serio que antes—… cuando Alex se enteró del embarazo pensó que era de su esposo, nunca se le cruzó por la cabeza la posibilidad de que el pequeño no fuera de él… Pero hace algunos meses tuvieron que hacerle unos análisis, su esposo recibiría una herencia pero para eso deberían confirmar que Yaku era de él y resultó que no… tuvieron varias peleas y discusiones por el asunto finalmente se terminó embarazando para asegurar la herencia y él le pidió que se deshaga de Morisuke, no quiere a un niño que no sea suyo —los ojos de Tooru comenzaron a nublarse y el pelinegro sintió que su corazón se comprimía—… tiene cuatro años, casi cinco y hace meses que lo tiene viviendo en el departamento con una nana —una lágrima rodó por su mejilla—, es muy dulce y algo serio, adora los gatos y los cuidan muy bien —una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios—. Alex me buscó cuando supo que estaba en Londres, me contó todo y ahí están los análisis… es mío… he pasado unos días con él y a excepción de los ojos no se parece en nada a mí…
—Sigo sin entender ¿Por qué me ignorabas?... ¿Qué pensaste?
—Lo siento… en verdad no lo sé, casi no podía pensar, solo sentía miedo y… lo acepto, creí que harías lo mismo que él, que no lo querrías, que te alejarias y… y… es pequeño y está solo, no puedo dejarlo así… te amo y no quiero perderte, pero no puedo dejarlo —las lágrimas rodaban sin control por las mejillas del castaño y el pelinegro no lo soporto más, se acercó a él, limpió las lágrimas que caían y sin quitar sus manos de las mejillas dejó un dulce y corto beso en los labios de Tooru.
—Eres el idiota más grande que conozco —murmuró antes de volver a besar esos labios—, ¿Cómo pudiste pensar que te haría algo así? Ese niño no tiene la culpa de las idioteces de sus padres… no lo dejaremos sólo, ¿Está claro? —una sonrisa se dibujó en los labios de Tooru y las lágrimas volvieron a caer, pero estas eran de felicidad—… te amo, y si vuelves a hacerme algo así te voy a pegar tan duro que no vas a despertar en una semana —agregó el pelinegro antes de volver a besarlo y morder aquellos labios como castigo.
Si, nuevo cap y bueno finalmente saben que le pasaba a Oikawa.
En el proximo cap voy a volver sobre Boku y les contare un poco mas de Aone y Futakuchi
Espero que les haya gustado. Graciad por leer y comentar.
Saludos.
