Mi hijo

Recuerdo: relación con Sadayuki

—Noya... ya lo hablamos muchas veces, lo más importante en mi vida es Shoyo, por lo tanto no puedo meter a cualquiera en mi casa —dijo viendo cómo el castaño se dejaba caer sobre el sillón.

—Lo sé, y ambos sabemos que ya perdiste varios candidatos por eso.

—Deja de culpar a Shoyo por los fracasos en mis relaciones —se quejó el peligris sentándose junto al castaño.

—Ambos sabemos que los tres que conocieron a Shoyo se fueron por qué les parecía demasiado, no podían seguirle el paso o era más que evidente que Shoyo no los quería y no lo iban a poder comprar… ah recuerdo que uno no llegó a conocerlo huyó al sabe de su existencia… ¿Y con el otro que pasó? —comentó entre risas centrando sus ojos en su amigo doncel.

—Era insoportable, hablaba todo el tiempo de trabajo —comentó entre risas sacándole una carcajada al castaño.

—¿Y… a este tipo Sadayuki le permitirán conocer a Shoyo? ¿Cuánto tiempo llevan ya?

—Insiste en que quiere conocerlo y la verdad no lo sé… llevamos como tres meses desde nuestra primera "cita"... En verdad se esforzó para que aceptara salir con él y finalmente acepte ir a tomar un café para que se calmara y dejara de acosarme tanto…

—Bien escondido lo tenías —acotó Noya con una enorme sonrisa codeando al peligris.

—Nada de escondido… ha sido muy dulce y bueno y en verdad creo que podría llegar a llevarse bien con Shoyo, creo que le diré de salir los tres el sabado.

—Eso sería genial de todas formas sabes que no tenemos ningún problema en cuidar a Shoyo para que puedas salir —agregó el castaño con una sonrisa pícara.

—Lo tendré en cuenta —respondió Suga entre risas.

Sadayuki Mizoguchi se había acercado a Suga en una fiesta de la editorial y se mostró muy interesado en todo momento, aún cuando el peligris intentaba mantener cierta distancia. El hombre en poco tiempo conocía la rutina del peligris y pronto Suga comenzó a encontrarlo en su camino a su café favorito, en el gimnasio, cuando iba a alguna junta en la editorial. En verdad era sorprendente la insistencia de aquel hombre, hasta que finalmente en su primer cita Suga aceptó intentar conocerse mejor después de que Sadayuki le asegurará que quería conocer a Shoyo.

Luego de tres meses de innumerables citas, ya se conocían bastante bien, o eso pensaba Suga, por lo que finalmente decidió presentarle a Shoyo.

Era sábado y Shoyo caminaba de la mano de Suga hacia la heladería, junto a ellos caminaba aquel hombre rubio que sonreía cada vez que el peligris lo miraba.

—Dejame adivinar… chocolate ¿No? —preguntó el rubio mirando con una enorme sonrisa a Shoyo, quien asintió con una amplia sonrisa.

Para sorpresa de Suga, el rubio comenzó muy bien, Shoyo parecía no tener problema con él y eso mejoró la relación del peligris con el rubio ,aunque siguian manteniendo sus límites de horarios y espacios.

Sadayuki poco a poco comenzó a exigir más tiempo, no se llevaba mal con Shoyo, pero quería más intimidad con el peligris, motivo por el cual sus salidas comenzaron a ser durante los fines de semana e insistía para que estuvieran solo ellos, a Suga no le agradaba del todo dejar a Shoyo con los Azumane, pero todo parecía ir bien… era la primera vez en años que una pareja le duraba tanto tiempo… y algo le decía que todo era por la insistencia y la personalidad posesiva del rubio… quizás por eso seguía teniendo dudas.

—Cielo tengo un lugar maravilloso para ir el fin de semana a relajarnos, nos vamos el viernes y volvemos el domingo —dijo Sadayuki mientras abrazaba por la espalda a Suga, quien estaba preparando café en ese momento.

—Sadayuki ya te dije que este fin de semana no íbamos a salir, quiero pasarlo con Shoyo.

—Suga por favor pasas toda la semana con él —se quejó el rubio todavía sin soltarlo.

—Crei que las cosas estaban claras cuando iniciamos esto… Shoyo siempre va a ser mi prioridad…

—Lo sé, lo sé —interrumpió Sadayuki antes de soltar un suspiro—… me agrada Shoyo y sabes que también quiero pasar tiempo contigo, por qué en verdad me gustas y bueno la cabaña solo esta libre este fin de semana…

—Bueno, podríamos ir si llevamos a Shoyo…

El rubio dudo un momento y finalmente aceptó, después de todo había conseguido lo que quería y podría ver cómo era una convivencia más extensa con el niño.

Luego de tres horas de viaje llegaron a su destino, una bella cabaña de piedra y madera, ubicada en un bellísimo lugar rodeada de árboles y podía verse el lago que estaba a unos cuantos minutos a pie. Luego de dejar sus cosas en la cabaña, los tres recorrieron los alrededores entre juegos, correteos y risas.

El día pasó tranquilo, aunque bastante alejado de lo que Sadayuki había imaginado en un principio. Prácticamente no tuvo ni cinco minutos a solas con el peligris pues el pequeño pelinaranja se lo pasaba interrumpiendo, motivo por el cual el rubio esperaba impaciente la llegada de la noche.

Suga entró en la habitación que compartiría con el rubio luego de acostar a Shoyo en la habitación de enfrente.

—¿Ya se durmió?

—No, pero no va a durar demasiado, si está la mitad de agotado que yo se va a dormir en un momento —respondió el peligris dejándose caer sobre la cama

—¿Estás muy agotado? —agregó el rubio acostándose a su lado y comenzando a acariciar delicadamente el cuerpo del doncel.

—Sadayuki, no es buena idea…

—¿Por qué no?

—MamaSuga —la vocesita de Shoyo llegó como respuesta y al mirar encontraron al pequeño asomándose por la puerta—… tengo miedo…

—Ahhh mi pajarito, ven aquí, mamá te cuidará —dijo suga extendiendo sus brazos e inmediatamente el pequeño pelinaranja corrió hacia él, y más rápido de lo que dices chocolate, Shoyo estaba acostado entre Sadayuki y Suga.

El rubio se pasó un buen rato dando vueltas en la cama y Suga simplemente decidió ignorarlo, su pequeño lo había abrazado y ahora dormía tranquilamente y pensando que podría contentar al rubio al día siguiente finalmente Suga se durmió.

Al despertar en la mañana, Shoyo dormía algo despatarrado, pero sin soltar la camisa de Suga, quien simplemente sonrió al ver a su bebé ocupar casi media cama. Busco a Sadayuki con la mirada pero no lo encontró en la habitación. Se liberó del agarre del pelinaranja y salió de la habitación hacia la cocina, pero se detuvo a medio camino al escuchar la voz del rubio en la sala.

—Te dije que no me molestaras… Ya sé lo que tengo que hacer, estoy trabajando en ello y como que me llamo Sadayuki Mizoguchi lo conseguiré… ahora ocupate de tus asuntos.

El rubio sonaba molesto, era la primera vez que Suga lo veía y escuchaba así, pero decidió no darle demasiada importancia pues era algo normal en la gente de negocios, había escuchado así a su madre innumerables veces. Suga hizo un ruido con la puerta como para que Sadayuki notará su presencia y luego entró en la sala.

—Buen día —saludó Suga antes de darle un corto beso en la labios al rubio.

—Buen día hermosura, espero no haberte despertado —murmuró Sadayuki rodeando con su brazos al peligris.

—Claro que no… lamento lo de anoche… prometo que te lo compensare —agregó Suga volviendo a besarlo mientras sentía como aquellas manos apretaban su trasero—… pero hoy no, así que no empieces lo que no podemos terminar, Shoyo despertara de un momento a otro —murmuró terminando el beso y alejándose del Rubio.

—Puedes estar seguro de que te lo cobraré —respondió el rubio con una sonrisa que no termino de convencer a Suga.

—Ok… ¿Te parece si preparo el desayuno y tú despiertas a Shoyo?

Sadayuki asintió antes de dejar otro corto beso sobre los labios de Suga para luego alejarse hacia la habitación.

Luego de desayunar Suga y Shoyo se pusieron a jugar, pero Sadayuki se mantuvo un poco alejado de ellos, era evidente que no estaba de muy buen humor y cada dos por tres su celular sonaba, y con cada llamada su humor empeoraba… pero Suga decidió no darle importancia, no tenía ningún problema en ignorarlo si seguía así. Para la cena parecía que el humor del rubio había mejorado. Después de ducharse Suga buscó a Shoyo y lo encontró en su habitación.

—¿Pajarito hoy dormirás aquí o quieres volver a dormir con nosotros? —preguntó agachándose para levantar al pequeño, pero este se alejó dando unos cuantos pasos hacia atrás.

—Yo soy un niño grande, dormiré solito —respondió haciendo un puchero que le causó algo de gracia a Suga. Shoyo se metió en la cama y se giró ignorando al peligris.

—Ok… buenas noches pajarito —murmuro Suga algo sorprendido por la actitud de su niño, le dió un beso en la frente y salió de la habitación.

En la otra habitación, Sadayuki lo esperaba en la cama. Suga se acercó lentamente y se acostó sin poder dejar de pensar en el raro comportamiento de su pequeño, él no era así.

—¿Sucede algo cielo?

—Shoyo se comportó extraño… dice que ya es grande y…

—Suga, los niños crecen y siempre llega el momento donde no quieren que sus padres estén tan pegados a ellos —comentó Sadayuki acariciando la mejilla del peligris.

—Lo sé… pero Shoyo es mi bebé y…

—Sabes… podemos tener un bebé así no tendrás que preocuparte de que Shoyo crezca —dijo el rubio ganándose la completa atención de Suga.

—¡¿Qué?!

—Me gustas, tengamos un bebé.

—¿Qué?... No, no, no… las cosas no funcionan así… hay que —no sabía que pensar o qué decir, esto se volvía cada vez más extraño, ¡¿cómo podía decir semejante cosa cuando no hacía ni seis meses que se conocían?!—… sabes que, estoy cansado, mejor dejemos este tema aquí —concluyo y sin esperar respuesta alguna se giró hacia el otro lado cerró los ojos y fingió dormir, aunque el sueño no le llegó hasta muy entrada la madrugada.

Por la mañana Sadayuki despertó a Suga con un beso y luego de charlar un poco, ignorando completamente lo.sucedido en la noche, se ofreció a preparar el desayuno, pues debían partir antes del mediodía ya que al rubio le surgió un problema en la empresa que debía resolver lo antes posible.

A Suga le pareció bien, todavía no sabía qué pensar o responder sobre el tema del bebé y la verdad no quería pasar mucho tiempo a solas con Sadayuki, por las dudas. Entró en la habitación de Shoyo con una sonrisa, pero esta desapareció en cuanto vio a su pequeño.

Shoyo estaba hecho una bolita en un rincón de la cama muy al borde de la misma, entre sus brazos apretaba con fuerza a su conejo de tela, Keko… y en sus mejillas se notaba el rastro de algunas lágrimas. Esa imagen casi rompe el corazón de Suga, sabía que su pequeño solo dormía en esa posición cuando tenía miedo… y por eso mismo no pudo evitar preguntarse porque no fue a buscarlo o lo llamó durante la noche.

Sin decir nada se acostó junto a su pequeño y lo atrajo hacia él, abrazándolo con fuerza. El pelinaranja se sobresaltó en un principio, pero al ver que era su mamá quién lo sujetaba, solo escondió su carita en el pecho de Suga y se dejó hacer. Las constantes caricias de Suga hicieron que el pequeño se relajara y al notar que el pequeño cuerpo ya no estaba tan rígido, el peligris se atrevió a hablar.

—Pajarito ¿Estás bien? ¿Qué sucede bebé?

Suga espero un momento pero ninguna respuesta salió de los labios de su pequeño. Centró sus ojos en los del niño y notó la duda en ellos, eso lo preocupó aún más por qué Shoyo jamás dudaba en contarle nada, aún cuando rompía cosas se disculpaba y le decía la verdad.

Por más de que insistirá Suga no obtuvo más respuesta que "nada" "estoy bien" y "yo puedo solo, ya soy grande" cosas que no dejaban de preocupar al peligris. Notó las miradas furtivas que el pequeño pelinaranja le lanzaba a Sadayuki y lo esquivó que se volvía cuando él estaba cerca, entonces solo optó por dejarlo hasta que estuvieran solos en la casa.

El viaje de vuelta fue mucho más tranquilo que el de ida, pues Shoyo casi ni se escuchó, durmió gran parte del trayecto y la otra parte solo se lo pasó mirando por la ventana. Suga hablo como siempre con Sadayuki, pero su mente seguí preguntándose qué le pasaba a su pequeño hiperactivo y risueño.

Al llegar a la casa Shoyo apenas se despidió de Sadayuki y corrió hacia la puerta, Suga le dió un rápido beso de despedida y Sadayuki se fue con la promesa de que pasaría al día siguiente.

En cuanto Suga abrió la puerta, Shoyo corrió al interior de la casa y en un instante desapareció. Suga dejo las cosas sobre el sillón e inmediatamente comenzó a buscar a su pequeño, cosa que no le llevo demasiado tiempo pues lo conocía bastante bien y sabía que cuando estaba triste o molesto por algo se metía en su armario y se acostaba en el piso entre sus peluches.

Abrió el armario y nuevamente lo encontró hecho una bolita. Quitó algunos de los peluches y lo levantó. Se acostó en la cama sin soltar al pequeño, iba a preguntar qué le sucedía, pero el sollozo de su pequeño se lo impidió. Se mantuvo en silencio durante un momento y luego comenzó a tararear una canción para calmar a Shoyo. Luego de un rato el pequeño dejo de llorar y murmuró…

—Yo me portare bien, ya no lloraré, haré las cosas solito como un niño grande… no me dejes mamá —esas palabras sorprendieron a Suga.

—Shoyo mírame —pidio alejándose un poco y acariciando incansablemente el brazo del niño y cuando sus ojos color caramelo se encontraron con aquellos orbes idénticos a los suyos, aseguró—… tu eres mi hijo y no hay nada en este mundo que haga que te deje… siempre serás mi bebé, aún cuando seas grande y tengas a tu propia familia, seguirás siendo mi bebé —acarició aquellas mejillas con cariño y una sonrisa apareció en sus labios cuando esos ojitos brillaron y Shoyo sonrió— ¿De dónde sacaste esa idea mi pajarito?

—Sadayuki dijo que —el pequeño hizo una pausa al ver como cambiaba la expresión de Suga…

—¿Que te dijo bebé? —insistió deteniendo su mano sobre el hombro del niño y en ese momento noto como una expresión de dolor cruzó el rostro del pequeño, entonces quitó su mano y Shoyo bajó la mirada.

—Dijo que yo no debía estar allí, que soy molesto y eso no le gusta y a ti tampoco y que si no me comportó como un niño grande y hago todo solito tú y él se desharía de mí y tendrían un nuevo bebé y… y… y…

—Ya, ya —dijo volviendo a abrazar al niño—… Shoyo no tienes que hacer caso a lo que él diga, solo tiene que importarte lo que yo diga ¿Entendido? —apretó un poco más el abrazo y se alejó al escuchar un quejido de Shoyo y nuevamente encontró una expresión de dolor en su rostro, eso lo hizo dudar y sin decir nada le quitó la remera de mangas largas al niño.

Su respiración se detuvo al ver esas leves marcas en la pálida piel de Shoyo, marcas que pronto se convertirían en moretones. Las marcas se centran en sus hombros y había alguna que otra en los brazos pero al hacer girar al niño notó varias en la espalda, sobre todo a la altura de los omoplatos.

—¿Shoyo que te pasó?… ¿qué te hizo? —preguntó mientras sus ojos comenzaban a inundarse de lágrimas.

—Ayer mientras tú te duchabas… el me apretó los brazos mientras me decía un montón de cosas, luego me agarró muy fuerte de los hombros y me golpeó contra la pared, diciendo que por mi bien me quedara solito esa noche y que comenzará a hacer todo solito… y que si te hablaba de eso iba a ser peor… me dió miedo y —las lágrimas y un sollozo no permitieron que el pelinaranja continuará…

Suga lo volvió a abrazar con cuidado y ambos terminaron acostados nuevamente en la cama hasta que Shoyo se durmió sujetando con fuerza la camisa del peligris.

Eso no podía ser, nadie podía hacerle algo así a su niño, Sadayuki Mizoguchi acababa de terminar esa relación y esa decisión no tenía marcha atrás ni reconsideraciones. Al día siguiente luego de dejar a Shoyo en el preescolar iría a verlo y terminaría con él. Definitivamente.

Si lo conseguí, termine el cap todavia en fecha del cumple de Asahi.

Ok aquí comienza el recuerdo, sigue un cap más seguro, no sé si habrá otro más de recuerdo, ya veré. Decidí hacerlo así, me pareció más interesante que hacer un diálogo donde Suga cuenta la historia.

Solo les voy a decir prepárense para el siguiente cap... Los te quieren sacar armas, les doy tiempo para que las preparen.

Espero que les haya gustado.

¡¡¡¡Feliz cumple ASAHI!!!!