Mi hijo
Podemos intentarlo.
Los dedos de Suga dejaron de dibujar círculos y formas son sentido sobre el pecho de Daichi, cosa que hizo desde que comenzó a contarle lo que había sucedido. Se movió un poco en la cama, quitó el perrito de peluche que había quedado atrapado entre ellos y sin despegarse de aquel cuerpo o deshacerse de aquellos brazos que lo sujetaban, centró sus ojos color caramelo en aquellos orbes cafés que, sabía, no habían dejado de verlo en ningún momento.
—Terminé con moretones por todo el cuerpo, varios cortes superficiales, dos costillas rotas y unas cuantas fisuradas, por eso estuve poco más de un mes y medio sin poder hacer fuerza ni levantar nada medianamente pesado…
—Por eso no podías levantar a los niños —murmuró Daichi obteniendo un asentimiento del doncel.
—La policía tomó mi declaración, lo detuvieron, pero sus abogados se movieron muy rápido a lo que Akaashi respondió de la mis manera, pidiendo una orden de restricción… estuve internado dos días… no tienes una idea lo que me costó hacer que Shoyo se fuera con Asahi a su casa… cuando me dieron el alta, no me sentía del todo bien volviendo a casa, pero no quería molestar a nadie más, Asahi y Noya se encargaron de limpiar y acomodar todo, se deshicieron de la alfombra de la sala y quitaron las manchas de sangre del lugar, se quedaron con nosotros los primeros tres días y luego cualquiera de los dos iba todos los días a ver cómo estábamos… Shoyo no quería dejarme solo y cuando hizo una semana de lo ocurrido Sadayuki empezó a enviarme cosas y a rondar cerca de la casa, pero la policía no llegaba a atraparlo cerca, Akaashi presionó a sus abogados y optaron por indemnizarme y trataron de mantenerlo ocupado lejos de Japón y de mi, lo que era evidente no iba a durar, entonces opte por mudarme, Akaashi se encargó de todo en un tiempo récord y bueno… aquí estamos…
Daichi apretó un poco más su abrazo, quería que Suga supiera que él lo protegería, por qué así era, él no permitiría que volvieran a lastimar al peligris o a Shoyo. Suga sonrió al sentirse seguro entre esos brazos y volvió a buscar aquellos ojos cafés, para encontrarse con una expresión bastante seria, quizás enojada, en el rostro del pelinegro, rumiando para sí mismo una sarta de insultos contra Sadayuki Mizoguchi. Suga acarició la mejilla de Daichi y este pareció salir de su nube de odio y volvió a centrar sus ojos en aquellos orbes color caramelo, que lo veían con dulzura y esa preciosa sonrisa que hicieron que ya no lo resistiera y simplemente se apoderó de aquellos labios en un beso real, nada superficial o corto. Sus labios se amoldaron perfectamente, ambos saborearon la superficie y sin demora invadieron la boca contraria con su lengua, volviendo a encontrarse con un leve dejo de sabor a fresas y chocolate. Las lenguas danzaban intentando obtener el control. El cuerpo de Suga terminó sobre el de Daichi, sus manos no podían despegarse del cuerpo contrario y finalmente terminaron el beso por la falta de aire.
Sus respiraciones comenzaron a normalizarse mientes ninguno podía despegar sus ojos del otro. Daichi acarició con ternura la pequeña cicatriz cerca de la ceja derecha de Suga y soltó un suspiro mientras ampliaba su sonrisa.
—Nunca me pasó algo así… desde la primera vez que te ví, supe que debía protegerte, esas marcas no debían estar en tu piel —murmuró antes de acariciar los labios de Suga, ahora algo hinchados por el beso anterior—… no hago otra cosa que pensar en ti, en tu sonrisa y en cuanto deseo besar tus labios… me enamoró tu forma de ser, la dulzura de tu mirada y cada momento que pasó contigo descubro algo que me enamora aún más —las mejillas del doncel enrojecieron y su sonrisa se amplió gracias a aquellas palabras, porque sí, él se sentía igual—… adoro que Tobio te quiera y que se abra contigo como no lo hace con nadie más y adoro a Shoyo, su sonrisa y su alegría, su hiperactividad, su ternura y la forma que tiene de hacer a mi hijo feliz… cuando estoy con ustedes siento que al fin mi familia está completa…
Daichi sintió como sus mejillas comenzaban a arder, acababa de salir del hechizo de aquella mirada y al darse cuenta de todo lo que había dicho, sintió que moriría, aquel doncel era lo más hermoso que jamás había visto y definitivamente perdía el control estando cerca de él. Notó la posición en la que estaban, Suga sentado a horcajadas sobre él, más específicamente apoyando su trasero sobre su estómago, peligrosamente cerca de su pelvis, inclinado hacia adelante, se sostenía apoyando sus antebrazos sobre su pecho… y entonces notó la ubicación de sus propias manos, la izquierda sobre aquel bello rostro, apenas rodando esos tentadores labios, mientras su mano derecha sujetaba con firmeza la cintura del doncel para mantenerlo en aquella posición.
Suga sin decir nada se movió alejándose un poco, aunque no demasiado. Daichi quitó de golpe sus manos y todo lo que pudo hacer ante aquel silencio fue murmurar…
—Lo siento… lo siento, yo no sé…
El doncel detuvo las palabras del pelinegro apoyando sus dedos sobre aquellos dulces labios que estaba seguro serían su perdición.
—Deja de disculparte —dijo antes de volver a acercarse y dejar un corto beso sobre esos labios—… es difícil de creer, pero me siento igual… tienes algo que me encanta y definitivamente tus labios serán mi perdición —Daichi lo miró algo confundido y con una sonrisa Suga volvió a darle otro corto beso—… quiero besarlos a cada momento… nunca me sentí así con nadie, solo quiero verte sonreír, quiero que Tobio sonría y sea feliz… se nota que Shoyo te quiere, siempre fue muy dado con todas las personas, pero a la vez mantiene sus límites y parece que pasó algunos de sus límites por estar contigo y con Tobio, son las primeras personas con las que se queda solo, después del incidente, ni siquiera ha querido quedarse en casa de Tadashi sin mi…
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Daichi. Sujetó a Suga y se incorporó haciendo que el peligris quedará sentado sobre sus piernas. Sus manos acusaron el rostro del doncel por un momento y apoyó su frente sobre la de Suga.
—Es un niño muy dulce, igual que tú y en verdad, en verdad quiero que ambos estén en mi vida y la de Tobio, para siempre —Suga se mordió el labio inferior y luego de dudar y mantenerse en silencio, sin despegar sus ojos de los del pelinegro, acarició su mejilla antes de murmurar.
—Creo que… podemos intentarlo —la sonrisa de Daichi se amplió, un leve temblor atravesó el cuerpo del doncel y soltó un suspiro antes de continuar—… pero vayamos despacio ¿Si?
—Si… me parece bien… ambos tenemos niños y creo que por ellos y por nosotros deberíamos tomarlo con calma —murmuró el pelinegro antes de volver a besar esos tentadores labios.
El beso inició dulce y de a poco comenzó a volverse más apasionado. Las manos de Daichi comenzaron a recorrer los costados de Suga mientras esté se abrazaba al cuello del pelinegro y comenzaba a mover sus caderas. La excitación de ambos empezó a crecer y Suga detuvo el beso y sus movimientos, separándose un poco del pelinegro.
—Tus besos van a ser mi perdición —murmuró algo agitado el peligris…
—Lo mismo digo —agregó Daichi antes de suspirar—… mejor nos detenemos y dormimos, ya es tarde y nuestros niños suelen levantarse temprano.
Suga asintió y sin decir nada dejo otro corto beso en los labios de Daichi y ambos volvieron a acostarse, para dormirse luego de unos minutos sin dejar de abrazarse o sonreír, estaban felices, muy felices.
Shoyo despertó cuando la luz del sol, que entraba por la ventana, comenzó a darle en la cara. Estaba cruzado en la cama y podía sentir los dedos de Tobio entre su cabello. Se sentó en la cama y vio al pelinegro durmiendo boca abajo con la mano, que hasta hace un momento le sujetaba el cabello, saliendo de la cama. Una enorme sonrisa se dibujó en el rostro del pequeño pelinaranja y sin demora comenzó a picar con un dedo la mejilla de Tobio.
—Tobio, despierta, despierta, despierta.
El pelinegro se quejó y removió un poco tratando de esconder su rostro en la almohada para qué Shoyo ya no lo pícara.
—Tobio, vamos levántate —insistió ahora empujando el hombro del pelinegro.
—Ahhhhhh… Shoyo ¿Que quieres? —preguntó el de ojos azules sentandose en la cama y mirando sin ganas al pelinaranja.
—Vamos a jugar, desayunamos y jugamos, mamá seguro hizo galletas —dijo Shoyo lo más rápido que pudo, mientras miraba con una enorme sonrisa al niño frente a él.
Tobio Simplemente no pudo decir lo que no. ¿Como decirle que no a alguien que brilla como el mismo sol? Se preguntó el pequeño pelinegro mientras bajaba de la cama y comenzaba a caminar tras el pelinaranja.
Ambos se sorprendieron al llegar a la sala, no se escuchaba ningún ruido y no había olor a nada, eso era extraño a esa hora Suga o Daichi ya deberían estar preparando el desayuno. Se asomaron a la cocina y no vieron a nadie, volvieron a mirarse por un momento y sin decir nada ambos corrieron nuevamente hacia las habitaciones.
Tobio entró en la habitación de su padre y se sorprendió al verla completamente ordenada, la cama estaba tendida, las cortinas abiertas y parecía que su papá no había dormido allí. Sin demora corrió hasta la habitación de huéspedes, que era la que había usado Suga, y allí se encontró a Shoyo de pie en la entrada y al mirar hacia la habitación vio a su papá abrazado con Suga, durmiendo en la misma cama, llevaban la misma ropa de la noche anterior y no estaban tapados.
Los pequeños volvieron a mirarse y una sonrisa se dibujó en el rostro de ambos. Shoyo se llevó un dedo a la boca para indicarle a Tobio que no haga ruido y comenzó a acercarse con mucho cuidado a la cama mientras le hacía una seña, al otro niño, para que haga lo mismo.
Ambos subieron a la cama con mucha cuidado y al grito de "ya" de Shoyo, saltaron sobre la pareja que dormía.
Gritos, risas y algún que otro quejido de dolor no se hicieron esperar para ser seguidos por un ataque de cosquillas de ambos adultos a los niños.
—¿MamáSuga estás bien? —preguntó el pelinaranja con una enorme sonrisa acariciando la mejilla del peligris, cuando dejaron de hacerse cosquillas.
—Estoy muy bien mi pajarito —respondió Suga antes de dejar un beso en la mejilla del pequeño— ¿Y tú, dormiste bien? —el pequeño asintió efusivamente y le dió un fuerte abrazo al peligris.
—Siendo más de las diez de la mañana ¿Quieren desayunar? —preguntó Daichi luego de mirar el reloj.
Shoyo gritó "siiiiiiiiiii" y Tobio solo asintió. Los cuatro se levantaron de la cama y se encaminaron a la cocina.
—Tobio —llamó el peligris y el pequeño se detuvo y centró sus ojos en el doncel qué sostenía el perrito de peluche naranja—… gracias cielo, me ayudó mucho —Tobio tomó el perrito y sonrió, sonrojándose un poco, cuando Suga dejó un beso en su mejilla.
Daichi sonrió al verlos así, estaba seguro que había decidido bien, Suga y Shoyo eran lo que ellos necesitaban.
—¿Qué quieres desayunar Shoyo? —preguntó el pelinegro acariciando la cabeza del pequeño pelinaranja, Pero antes de que esté pudiera responder el sonido del timbre llamó la atención de los cuatro.
Daichi abrió la puerta y se sorprendió al encontrarse frente a él a aquella pareja.
—Hola cielo, ¿Cómo estás, tanto tiempo? —preguntó la mujer abrazando al pelinegro.
—Hola mamá… ¿Qué hacen aquí? —indagó Daichi, mirando a su padre, luego de que su madre lo soltará.
—¡¿No podemos visitar a nuestro hijo y nieto?! —exclamó el hombre haciendo algunos ademanes con sus manos.
—Claro que pueden… pasen —contestó el pelinegro haciéndose a un lado para que sus padres entrarán en la casa.
En la cocina Suga preparaba unas tostadas, mientras se calentaba el agua y el café, y entonces tobio gritando "abuela" llamó su atención. Al voltear vio a Tobio en brazos de una mujer de no más de cincuenta años, de cabello castaño oscuro, con alguna que otra cana, recogido en una coleta y ojos de un hermoso color chocolate, junto a ella había un hombre que también no parecía tener más de cincuenta años, bastante fornido y de la misma altura que Daichi, de cabello negro y ojos también negros.
La pareja saludó cariñosamente a Tobio y luego centraron sus ojos en el doncel y el pequeño pelinaranja que los miraban algo curiosos.
—Padre, madre, ellos son unos amigos —dijo Daichi acercándose a Suga— Sugawara Koushi y su hijo Shoyo —agrego señalandolos antes de mirar al peligris—… ellos son Miroku Sawamura y Sango Iwaizumi, mis padres.
La pareja sonrió ampliamente al notar aquel leve sonrojo en su hijo y en aquel lindo doncel.
Hola. Aquí otro cap.
Como extrañaba a Daichi decidí centrarme solo en ellos en este cap.
Espero que les haya gustado.
Ya para el siguiente me centrarse en los Azumane.
Probablemente de ahora en más comiencen a aparecer los padres de los personajes... Solo pensé todo lo que me falta por meter, es un dolor de cabeza, pero bueno de alguna forma lo haré.
Como siempre muchas gracias por leer y comentar
