Mi hijo

Tiempo sin verte

—Akaashiiiiiiiiii —la voz se escuchó en todo el lugar.

Keiji ocupaba una pequeña mesa en el exterior de un café. Dió un vistazo a su alrededor y se detuvo en un doncel de su edad, de cabello negro y ojos grises que se acercaba a él con una enorme sonrisa en su rostro.

—Hola Takao —saludó con una sonrisa cuando el otro estuvo frente a él.

—Keiji chan, ¡Cuánto tiempo sin vernos! —respondió el otro pelinegro antes de abrazar con fuerza al abogado—… te ves genial primo, radiante… te extrañe mucho en la última reunión familiar —agregó mirando de pies a cabeza a Keiji antes de sentarse en el lugar frente a él.

—Tu te ves muy bien —replicó Keiji entre risas centrando sus ojos en la apenas notoria barriga de su primo—, felicidades, todavía no te lo había dicho en persona… ¿Ya de cuánto estás?

—Gracias, ya estoy entrando en los cinco meses y no te fijes en la ropa holgada, cada día se nota más —dijo Takao con una sonrisa radiante mientras estiraba la remera hacia los lados para que se ajustara más a su vientre.

Una mesera se acerco a ellos y con una sonrisa preguntó…

—¿Saben que van a ordenar?

—Yo quiero helado de chocolate y crema… y un brownie —pidió Takao luego de dudar un momento.

—Para mi… helado de limón con chispas de chocolate y algunas fresas.

—Nuestro helado de limón no trae chocolate, pero si no le molesta puedo hacer que las agreguen encina —comentó la muchacha y Akaashi asintió con una sonrisa como respuesta.

La muchacha se alejó y en cuanto Keiji volvió a centrar su atención en Takao, se encontró con una mirada calculadora y una sonrisa ladina. Le sostuvo la mirada intentando deducir que sucedía, hasta que finalmente Takao hablo…

—¿Desde cuándo te gusta el helado de limón a tí? —preguntó sin quitarle los ojos de encima.

—Jamás dije que no me gustara…

—No, pero a ti te encanta el helado de fresa y siempre pides de ese con chocolate o banana… vamos nos conocemos desde bebés —dijo Takao interrumpiendo a su primo.

—¡¿Acaso no puedo tener muchas ganas de tomar helado de limón con chispas de chocolate?! —se quejó Akaashi.

—Estás embarazado —afirmó Takao ampliando su sonrisa y congelando al pobre Akaashi por la sorpresa—… así empecé yo con pequeños antojos que parecían algo normal, pero cuando lo piensas salen de lo común, Shin chan me hizo notar eso, si no era por él no me habría dado cuanta que estaba comiendo más tomates y frutas de lo que acostumbraba.

—Takao no estoy embarazado —dijo Keiji con una mirada seria, en ese momento llegó la mesera, les dejó sus órdenes y volvió a alejarse—… no he tenido ni nauseas, ni mareos, ni nada que indique la posibilidad de un embarazo.

Takao soltó un suspiro cansado antes de tomar la cuchara y llevarse un poco de helado a la boca.

—No todos los embarazos son iguales —agregó con una sonrisa antes de resignarse con ese tema, pues su primo era un hueso duro de roer—… cambiando de tema, no fuiste a la reunión familiar que organizó la abuela… está molesta.

—Lo sé, ella, el abuelo y mamá me llamaron para quejarse… pero saben que no voy a ir a un lugar donde esté mi padre…

—¿Todavía no pueden arreglar eso?

—No y realmente dudo que alguna vez se arregle… intentó pagarle a Kōtarō para que me deje y como eso no funciono llevó las cosas a otro nivel, creyendo que no me iba a enterar lo que planeaba… él no quiere ver lo feliz que soy, ni saber cuánto nos amamos Kōtarō y yo… hasta que eso no cambie todo seguirá igual —respondió Keiji en un tono molesto que se iba volviendo triste a medida que hablaba.

—Te entiendo, recuerda que Shintaro tuvo que pasar las pruebas que le puso mi padre para que lo aceptara —dijo Takao sin poder evitar reír al recordar todo lo que su esposo tuvo que pasar.

—Pero finalmente lo aceptó —agregó Keiji soltando un suspiro antes de llevarse una cucharada de helado a la boca.

—Dejaste al psicólogo y nunca llamaste al que te recomendé —dijo Takao luego de un momento de silencio.

—Me cuesta abrirme a alguien más, me es más fácil hablar contigo

—Keiji, sabes que soy psicólogo infantil, que te portes como un niño con este tema no significa que lo seas..

—En verdad no te cité aquí para hablar de eso —Takao volvió a suspirar y le hizo una seña con la mano para que continuara— ¿Recuerdas a mi primo Hajime Iwaizumi?

—Claro, trabaja contigo y varías veces los he ayudado en algún caso, al igual que Shin chan ¿Que sucede, otro caso? —indagó antes de llevarse la cuchara a la boca con un trozo de brownie y helado.

—Mas o menos… la pareja de Hajime tiene un hijo y la madre del niño está decidida a dejarle la custodia completa… yo me encargaré de todo lo legal y creemos que sería bueno que el pequeño tenga algunas sesiones contigo… por lo que Hajime me contó parece que se siente abandonado y culpable de que su mamá lo deje… sería fantástico si pudieras hacerlo tú pero si no por favor recomiéndame a alguien.

—¿Cuantos años tiene? —Akaashi levantó cuatro dedos como respuesta—. Ok, haremos una cita para evaluar la situación y entonces decidiré si lo atiendo yo o lo envío con alguien más… Shintaro está insoportable para que ya dejé de trabajar, pero me siento bien así que lo único que hice fue pasar algunos de los casos más difíciles a un colega… le dije a Shin chan que no tomaría a nadie más, pero si no se entera todo estará bien —respondió el pelinegro con una enorme sonrisa mientras acariciaba su barriga.

—Señor Sawamura, lo busca un señor Ushijima, no tiene cita pero insiste —la voz de su secretaria se escuchó por el altavoz del teléfono y Daichi se sorprendió, dejó lo que estaba haciendo al escuchar aquel apellido.

—No se preocupe señora Li, lo recibiré, que pasé —respondió antes de apretar un botón del teléfono para cortar la comunicación.

Un fornido y alto castaño entró en la oficina. Se acercó a Daichi, quien ya estaba a unos pasos de su escritorio, y se dieron un corto apretón de manos como saludo.

—Wakatoshi, bienvenido, mucho tiempo sin vernos —saludó Daichi antes de señalar la silla frente al escritorio para que se sentara.

—Hola Daichi —murmuró el castaño sentándose y viendo como el pelinegro rodeaba el escritorio para volver a ubicarse en su lugar.

—Supongo que vienes por el acuerdo matrimonial —dijo la abogada buscando algo en uno de sus cajones.

—Si… lamento molestar con eso, pero mi madre organizo todo y…

—No confías en ella —comentó el pelinegro llenando el silencio que su primo acababa de hacer—, bien qué haces en no confiar —Wakatoshi lo miró sin cambiar su expresión seria—… según esto al casarse ambos obtiene un porcentaje de acciones del otro, el cual incrementará cuando tengan hijos, cada quien conservará su patrimonio, o sea si te separas y tú compraste la casa tú te quedas con ella, hasta ahí creo que todo está bien...

—Si eso ya me habían comentado que sería así.

—Pero, lo que sigue a mi personalmente me molestó, yo no lo haría bajo esos términos, ambos estarán en el consejo directivo de ambas empresas, ninguno de los dos podrá hacer movimientos de dinero mayores a los diez mil dólares si no tiene autorización de tu madre y del padre de Riko —la expresión del castaño iba cambiando lentamente, volviéndose más dura y sería, si eso era posible—… y así siguen varias cosas más, pero quiero mencionar uno en específico, que no sé si ya te lo han comentado… Riko tiene que quedar embarazada antes del primer año de matrimonio, de no ser así, se pondrán en venta el cinco por ciento de sus acciones en todas las empresas y lo mismo si a los siguientes seis meses no sucede y así —la respiración del castaño comenzó a alterarse y su ceño fruncido denotaba lo molesto que estaba.

—Pero como se le ocurre, está realmente loca si piensa que voy a firmar eso —afirmó con una mirada cargada de decisión—… por ahora lo que menos quiero es tener hijos con Riko.

—Wakatoshi, hay una cosa más, no sabíamos bien que era o a que se refería, así que decidimos investigarlo con Akaashi… ¿Sabes que es Katkua?

—Hay dos cosas con ese nombre, una propiedad enorme y una fábrica textil, ambas ubicadas en un pueblo no muy grande, el pueblo natal de mi abuela materna, se que la mayoría de los habitantes del pueblo trabajan en la fábrica, mi abuela es la dueña y evidentemente pasará a mi madre cuando ella ya no esté, madre está esperando que eso suceda para vender todo, no le gusta ese lugar.

—Uno de los puntos dice que renuncias a todos tus derechos sobre Katkua.

—No tiene sentido, dudo que esas propiedades lleguen hasta mi, ya te dije en cuanto mi madre tenga poder sobre ellas las va a vender.

—En realidad ya es tuyo, todo está bajo una antigua cláusula que dice que la propiedad y la fabrica pasan directamente al primogénito de cada heredero, en cuanto esté nace, por lo tanto desde que naciste todo Katkua es tuyo y en cuanto tengas un hijo será de él, podrás administrarlo y demás pero no venderlo… tu abuela es la que se encarga de todo, al parecer evitó decirle la verdad a tu madre por bastante tiempo —se hizo un momento de silencio entre ellos y finalmente Daichi continuó—… Wakatoshi sé que no es asunto mío, pero tengo que decirlo… ¿Por qué lo haces? ¿Por qué sigues dejando que tú madre controle tu vida? No conozco a Riko Aída, pero ¿En verdad la quieres? ¿En verdad te hace feliz?... Recuerda que yo pase por un mal matrimonio y no te deseo lo mismo.

—Riko está bien… puede ser algo mandona a veces y su comida es horrible, pero nos llevamos bien —respondió el castaño con un tono nada expresivo…lo que a Daichi se le hizo bastante triste, su primo no era feliz y si nadie hacía algo no lo sería jamás.

—Lo que me dices no es suficiente ni para convivir con ella y tú pretendes casarte… dime Wakatoshi ¿Cuando fue la última vez que fuiste feliz, que sonreíste y te dijiste a ti mismo no necesito nada más que esto?

—¿Eso importa por que… ? —preguntó el castaño alargando la "e".

—Porque, si no puedes responder eres una causa pérdida, morirás solo, viejo y amargado.

"El pelirrojo dejó un beso en su hombro y se acurrucó entre sus brazos, era su costumbre antes de caer dormido luego de hacer el amor. Sintió la sonrisa en los labios del doncel, mientras esté enredaba su pierna con la suya. Una sonrisa se dibujó en los labios del castaño mientras veía como su amado doncel se quedaba dormido entre sus brazos. Era feliz, no necesitaba nada más que a aquel pelirrojo a su lado".

El recuerdo llegó de golpe y una pequeña sonrisa apareció en su rostro al pensar en la sonrisa de Satori mientras cantaba levantando sus dedos.

—Hace tiempo fui feliz, no necesitaba nada más que a él… pero se fue y con él se fueron mis días de felicidad —murmuró en un tono que sonaba realmente triste.

—¿Por qué se fue?

—No lo sé… todo estaba bien pero de repente un día se fue sin ninguna explicación.

—Para eso querías el investigador —afirmó Daichi mirando el reloj y poniéndose de pie—… tengo que irme, pero vienes conmigo, hace mucho que no ves a Tobio y quiero presentarte a alguien —vio que el castaño estaba a punto de replicar y se apresuró a interrumpirlo—, además nos fuimos un poco de tema, tenemos que terminar de hablar de ese contrato.

El castaño finalmente aceptó acompañar a Daichi. Le ordeno a su chófer que lo siguiera y sin muchas explicaciones subió al auto del pelinegro. Durante el camino la charla fue sobre aquel acuerdo matrimonial, era más que evidente que su madre y los abogados de esta le estaban tendiendo una trampa con aquel documento.

Daichi se detuvo ante una casa y le dijo que habían llegado, cosa que sorprendió al castaño, definitivamente esa no era la casa de su primo. Se acercó a su auto, le pidió las llaves a su chófer y le dió el resto del día libre junto con algo de dinero para que pudiera tomar un taxi.

Tobio contaba, escondiendo su rostro entre sus brazos, apoyado sobre la pared, mientras Shoyo y Taichi corrían por el jardín buscando donde esconderse. En el interior de la casa, más específicamente en la sala Suga y Tendō hablaban de trabajo mientras el pelirrojo le mostraba los diseños de personajes que había hecho para el próximo libro del peligris y definitivamente a Suga le encantaba cómo trabajaba el pelirrojo.

—¿Te parece si hacemos una pausa y preparamos la merienda? —dijo Suga poniéndose de pie.

—Claro —respondió un alegre Tendō poniéndose de pie de un salto, para seguir al doncel que ya se encaminaba hacia la cocina

—¿Y que tal la convivencia con Aone? —preguntó Suga mientras sacaba las tazas para los niños.

—Muy bien… no me había dado cuenta cuanto lo extrañaba, aunque es un consentidor, cualquier cosa que a Taichi se le ocurra él la consigue… algún día va a ser una pareja y un padre maravilloso —comentó mientras servía unas cuantas galletas en un plato.

—Si eso es seguro.

—¿Suga, tú que sabes de Futakuchi Kenji… lo conoces?

—Sé que es el abogado de la ex de Daichi… creo que estudió en el extranjero, pero no sé mucho más… ¿Por qué? Podemos preguntarle a Daichi si quieres… ¿Por qué tu interés en él? —indagó curioso el peligris mientras dejaba las tazas con leche en la mesa.

—Por Aone —respondió el pelirrojo sin darse cuenta y se mordió el labio inferior al notar lo que acababa de hacer y ver esa sonrisa maliciosa en Suga—… pero no puedes decirle nada —pidió al ver la enorme sonrisa de emoción en el doncel…

—Ok, pero tienes que contarme todo —murmuró Suga acercándose al pelirrojo y golpeando suavemente el hombro de este—… y quién sabe, quizás hasta te ayude.

Ambos sonrieron de manera cómplice y antes de que cualquiera pudiera decir algo más, sonó el timbre.

—Seguiremos con este tema luego,yo abro, tú llama a los niños —dijo Suga entes de alejarse hacia la puerta.

Satori salió al patio y luego de dar un rápido vistazo encontró a Tobio y Taichi junta a uno de los árboles mirando hacia la copa del mismo. El doncel comenzó a acercarse lentamente y ante la curiosidad levantó la mirada hacia donde miraban los niños, para encontrarse con Shoyo abrazado a una rama, de la cual comenzaba a resbalar. El pelirrojo corrió lo que le falta ahora el árbol y se detuvo bajo en pequeño extendiendo los brazos.

—Sueltate Shoyo, yo te atrapó.

El niño dudo un momento y finalmente se soltó, siendo atraso en el aire por Tendō, quien lo abrazó con fuerza antes de dejarlo en el piso.

—¡¿Como subiste hasta ahí?! Será mejor que Suga no se entere —agregó el pelirrojo mirando a los tres niños, quienes asintieron.

—Gracias —dijo el pelinaranja antes de dejar un beso en la mejilla del doncel.

—De nada… bien vamos adentro, a lavarse las manos que la merienda está lista.

Todos comenzaron a caminar hacia la casa y Tendō no pudo evitar reír al escuchar la pequeña discusión entre Tobio y Shoyo.

—Shoyo tonto.

—Yo no soy tonto

—Que si…

—Que no…

—Bueno ya basta y apresurense —dijo Tendō. Los tres niños lo miraron de reojo luego corrieron al interior de la casa.

Tendō entró a la sala con una enorme sonrisa luego de escuchar a Suga pedirle a los niños que no corran. El doncel dió un rápido vistazo, pasó por Suga, por Daichi y se quedó helado al ver a aquel fornido y alto castaño de ojos marrones, idénticos a los de su niño.

—Wakatoshi…

—Satori…

Murmuraron al unísono sin poder despegar sus ojos del otro, ignorando por completo a la pareja que los observaban.

otro capítulo, terminado y publicado, espero les guste.

finalmente apareció Wakatoshi, para quienes lo pedían y pronto podran saber un poco de la historia de él y Satori.

Como siempre gracias y nos leemos pronto.