Mi hijo
Familia.
La cena había sido entretenida, Taichi no se cansaba de hacer preguntas. Al terminar la cena todos sabían que Wakatoshi actualmente maneja varias empresas, motivo por el cual viaja mucho, también que había sido jugador de voley profesional y que se retiró hacia tres años por motivos personales.
Taichi escuchó atentamente las historias de cuando su mamá era conocido como el "Guess Monster," su papá cómo el "Miracle boy" y cuando su tío Aone era parte de la muralla impenetrable.
Luego del postre y de un rato de charla los ojitos de Taichi comenzaron a cerrarse, por lo que Tendō lo levantó y lo llevó a su habitación luego de que el niño murmurar un somnoliento "bonne nuit" como despedida para todos los presentes.
En cuanto el pelirrojo volvió Mirah sirvió café con macarons y siguieron charlando.
—Satori, me preguntaba… ¿Por qué están viviendo aquí con los Aone? —preguntó repentinamente el castaño, haciendo que la expresión del pelirrojo cambiará y mirara con algo de desesperación al albino.
—Ahh yo puedo responder eso —dijo Mirah llamando la atención de todos—… es nuestra culpa, tenemos algunos problemas familiares y como en Francia Takanobu reconoció a Taichi como suyo, ambos quedaron enredados en nuestros problemas…
—Por eso les pedimos que vivan con nosotros por un tiempo, para poder protegerlos —agregó el grandote.
La mirada de Wakatoshi se volvió más seria y se centró en los rojos ojos de Tendō, el doncel soltó un suspiro e intentó dibujar una sonrisa en su rostro, lo que no salió tan bien como esperaba.
—Pense que solo llevaba tu apellido —murmuró el castaño sin quitar esa mirada que sólo le confirmaba a Satori lo molesto que estaba.
—Bueno… en verdad… tu madre insistió buscándome por un tiempo, por suerte el investigador que contrató es amigo de Mirah y él nos ayudó haciéndole creer que estaba en una relación con Aone y que esperaba un hijo de él, por eso cuando Tai nació lo reconocimos como Aone Tendō —respondió Satori, quien había iniciado dudando y terminó hablando lo más rápido que pudo…
—Cuando no hacía ni un mes del nacimiento de Taichi, tu madre viajó a Francia y oh casualidad comenzó a rondar la zona donde vivía Satori —añadió Mirah ganando por un momento la atención del castaño—, obviamente le costaba creer la historia que le había llegado… hice que Takanobu se llevará a Satori y Taichi, y repetimos lo mismo las otras tres veces que ella estuvo por ahí.
—Parece que se rindió hace dos años —murmuró Satori—… de todas formas solo usamos el apellido Aone en situaciones médicas o viajes… para cualquiera que pregunte él es Tendō.
—Me ocuparé de eso —aseguró el castaño—, me aseguraré de que mi madre esta vez no sea una molestia y Taichi y tú usarán el apellido Ushijima —las mejillas de Satori tomaron un ligero color rosado.
—Wakatoshi —se quejó el pelirrojo desviando la mirada…
—¿Qué harán Taichi y tú mañana?
—Creo que nada en especial… ¿Por qué? —indagó volviendo a mirar al castaño que seguía con su expresión seria.
—Quisiera que me acompañen a elegir casa —Satori lo miró algo confundido, sabía que el castaño era dueño del departamento donde habían vivido antes de que él se fuera, ¿Acaso lo había vendido?
—Tu tenías un departamento ¿Qué pasó con él?
—Estoy viviendo en el, pero quiero una casa, si vamos a vivir juntos lo mejor será que me ayuden a elegir —agregó el castaño como si nada, sin prestarle demasiada atención a la mirada algo sorprendida de Satori—… son mi familia, los quiero conmigo.
—Wakatoshi… me alegra que pienses así, pero no sé si sea buena idea —murmuró el pelirrojo con un ligero temblor en la voz—… a tu madre no le gustará y en verdad, en verdad no quiero que se acerque a mi hijo —agregó esquivandole la mirada al castaño.
—Satori —dijo acariciando la mejilla del doncel y con mucha delicadeza hizo que volviera a mirarlo—, te dije que me ocuparé de todo y no te estoy pidiendo que se muden ya conmigo, entiendo lo que ha pasado y esperaré, pero si quiero elegir un hogar y comenzar a prepararlo todo, quiero que tengan todo lo que puedan necesitar y por eso necesito tu ayuda —el pelirrojo soltó un suspiro y finalmente dibujó una sonrisa en sus labios
—Siempre al punto… ok… si vamos por la mañana podemos almorzar juntos… ¿Te parece? —el castaño asintió y la sonrisa de Satori se amplió.
Era medianoche cuando volvió a su departamento, su humor era terrible, se sentía molesto y frustrado, su día en verdad había sido malo.
El departamento estaba en penumbras y en completo silencio. Encendió la luz y dió un rápido vistazo al lugar, deteniéndose en la mesa que todavía estaba servida y en ese mismo momento quiso que la tierra se lo tragara, había olvidado por completo su promesa y conociendo a su pareja seguramente se había encerrado en la habitación y ahora tendría que dormir en el sillón hasta que se le pase el enojo. Soltó un suspiro y miro hacia la habitación, la puerta estaba entornada y eso le hizo pensar que tenía una oportunidad.
—Chika, amor… en verdad lo siento, tuve una tarde terrible, Saeko me encerró y se llevó mi celular, me encontraron haciendo la revisión y luego tuvimos que ponernos a buscarla por todo el lugar —comenzó a contar acercándose a la puerta, sabía que Ennoshita no se dormiría hasta saber qué había vuelto. Le sorprendió no escuchar nada y sin más vueltas abrió la puerta.
La pequeña habitación estaba completamente ordenada, la cama prolijamente tendida, pero ni rastro de su pareja. Revisó el baño y también lo encontró limpio y ordenado. Volvió a la sala y con paso presuroso recorrió el pequeño lugar y la cocina, y definitivamente no había ni rastro de Chikara.
Se detuvo junto a la mesa, la cena estaba completamente fría y seguramente deliciosa, Ennoshita es el mejor cocinero que él conocía. Centró sus ojos en aquel plato servido que apenas había sido tocado. Observó esa fuente repleta de bollos de melonpan y sintió unas ganas terribles de golpearse, Chikara hacia melonpan cuando tenía que decirle algo importante que lo hacía dudar de cómo podría reaccionar.
Tomó su celular y lo conectó al cargador para inmediatamente encenderlo y llamar a su querido pelinegro. El teléfono sonó una y otra, y otra vez pero Chikara no atendía, volvió a llamar y nuevamente lo mismo.
"Decir que Chikara en ese momento estaba molesto era poco, había quemado la comida y ahora el arroz y todo lo demás que estaba preparando se encontraban en el tarro de basura y Ennoshita estaba sentado en el piso del balcón de la habitación mirando el cielo.
Tanaka se acercó con cuidado y pensando muy bien lo que diría, siempre tuvo un don para meter la pata y lo que menos quería hacer era empeorar las cosas en ese momento. Soltó un suspiro y habló.
—Chikara… En verdad lo siento no tenía idea que Saeko hizo eso…
—¿Por qué tu hermana tenía acceso a esa cuenta? —dijo el doncel con la voz temblorosa. Tanaka se mordió el labio inferior y bajó la mirada—… ahí estaba todo lo que juntamos… todo lo que junte para comprar una casa —agregó poniéndose de pie con los ojos completamente nublados por las lágrimas y entrando nuevamente a la habitación
—Lo siento… en verdad no sé cómo…
—Sí… sé que no sabes —murmuró ya derramando lágrimas y retrocedió un paso al notar que Tanaka intentó tocarlo—… a veces me pregunto ¿por qué sigo aquí? ¿Por qué me enamoré de tí?...
—Chika… sabes que te amo, pero no puedes pedirme que elija entre mi familia…
—No te pido que elijas… solo quiero que me muestres que te importo aunque sea un poco… y si no te importo simplemente dilo y me iré…"
Aquel recuerdo golpeó a Ryuunosuke de repente. Las pocas veces que discutía con su pelinegro, terminaban más o menos igual y él siempre prometía ser más considerado, prestarle más atención y darle más de su tiempo mientras le repetía una y otra vez que lo amaba y que él era lo mejor de su vida.
Se maldijo con ganas, sabía que a pesar de sus promesas siempre terminaba haciendo lo mismo. Volvió a la habitación y con algo de miedo abrió el armario y se quedó helado allí de pie, al notar que casi toda la ropa de Ennoshita ya no estaba.
Akaashi soltó un suspiro cuando terminó de acomodarse en la cama. Ese día había sido extraño y ahora tenía que cuidarse todo lo posible por su bebé.
La puerta de la habitaciones estaba abierta y desde su lugar podía ver a Kōtarō entrando y saliendo de la pequeña habitación de huéspedes. El peligris movía muebles y cosas con la intención de acomodar el lugar lo mejor posible para el pequeño Lev.
El ruido era incesante y cada tanto llegaba hasta el algún quejido de su pareja. Soltó el aire lentamente e intentó relajarse, quería ayudar pero sabía que su pareja volvería a poner el grito en el cielo si lo veía de pie. Un sonido más fuerte, como de algo al caer, vino desde el pasillo y el pelinegro volvió a centrar sus ojos en la puerta, en ese momento noto al pequeño de ojos verdes que lo miraba apenas asomándose por el marco de la puerta, Keiji le mostró una pequeña sonrisa y le hizo una seña para que se acerque.
El niño sonrió y sin dudar entró en la habitación, tenía una mirada curiosa y llevaba un gato de peluche verde que parecía a punto de perder una oreja y un brazo.
—Parece que a tu tío todavía le falta bastante para terminar con tu habitación, ¿Quieres hacerme compañía mientras termina?
El pequeño asintió ampliando su sonrisa e inmediatamente se subió a la cama y se acomodó junto al doncel.
—Me gusta tu gato —comentó Akaashi tratando de entablar conversación con el niño.
—E Kota… babushka me do degado —dijo el niño ofreciéndole el peluche al doncel para que lo sujete.
—Es muy lindo ¿te gustaría que le arregle la oreja y el brazo?
Lev dudo un momento y mordió su labio inferior antes de asentir, pero un instante después su expresión cambió a una algo triste que preocupo un poco al pelinegro.
—Babushka ta no pede —murmuró bajando la mirada.
Akaashi acarició la mejilla del pequeño y lo abrazó, sabía que esa situación era difícil para el niño.
—Tu abuela quería lo mejor para ti, por eso quiso que estés con nosotros —murmuró el pelinegro sin dejar de acariciar al pequeño.
Las caricias y las palabras se convirtieron en arrullo y cuando Kōtarō entró en la habitación buscando al niño se encontró a su pareja y al pequeño dormidos. Akaashi en su lugar a la izquierda, abrazaba a Lev, quien estaba hacia el medio de la cama acurrucado junto al cuerpo del doncel. A Bokuto le encantó esa escena y por ello no quiso despertarlos, así que solo les dió un dulce beso en la frente a ambos y luego de ponerse el pijama simplemente se acostó del lado libre de la cama, los cubrió con una manta a los tres y se acomodó junto al pequeño antes de estirar su brazo para acariciar la mejilla de Akaashi e inmediatamente la sonrisa en su rostro se amplió, ahora tenía un sobrino y en algunos meses tendría un hijo, definitivamente estaba feliz.
Suga despertó entre aquellos fornidos brazos, la habitación estaba completamente iluminada por el sol de la mañana, miró al hombre que lo abrazaba y una sonrisa se formó en sus labios al ver las marcas que él había dejado sobre esos fornidos hombros. Notó la sonrisa en el rostro de Daichi y comenzó a repartir besos sobre ese amplio y bien formado pecho.
—Buen día —murmuró Suga al escuchar la suave risa del pelinegro.
—Buen día —susurró el pelinegro mirando con amor al doncel entre sus brazos—… ojalá pudiera despertar así cada mañana —agregó acariciando la mejilla de Suga, quien amplió su sonrisa antes de dejar un beso en la palma del pelinegro—, ¿Te parece si desayunamos? —preguntó antes de dejar un beso en esos rosados labios.
—Mmmmm ¿Te parece si usamos la ducha antes? —susurró el peligris antes de volver a besar al pelinegro y morderle el labio inferior.
—Lo que tú quieras —respondió Daichi antes de ponerse de pie y arrastrar consigo al doncel.
Entre besos, risas y caricias llegaron a la ducha y pronto el vapor y los gemidos llenaron el baño. Aquella ducha duró un poco más de lo hubieran imaginado y al salir sus cuerpos tenían más marcas que antes.
Nuevamente en la habitación Suga buscó su ropa, se puso el bóxer y el pantalón y al encontrar su camisa despojado de todos los botones, miró con algo de reproche al pelinegro, quien sosteniendo su camisa le devolvió la misma mirada.
—Tu empezaste —se justificó el peligris con una sonrisa pícara.
—Ok… lo siento —murmuró Daichi con una sonrisa de lado caminando hacia su armario y comenzando a buscar—… creo que aquí tengo una camisa que debería quedarte —dijo antes de sacar una camisa negra con detalles en naranja—, fue un regalo que me encantó y cuando dejo de quedarme no pude deshacerme de ella.
—Gracias —respondió Suga con una sonrisa tomando la prenda, la cual se notaba era mucho más pequeña que las demás.
Suga sonrió al notar que le quedaba como hecha a medida y dándole un corto beso a Daichi se encaminó hacia la cocina para preparar el desayuno.
—¿Suga te parece si pasamos por Shoyo y vamos a almorzar a casa de mis padres?
El peligris lo miró algo sorprendido mientras dejaba una taza con café frente a él.
—Mmmm ¿Te parece? ¿No crees que seremos una molestia?
—Claro que no, además mi madre ayer insistió mucho en que los lleve a ti y a Shoyo un día de estos, te aseguro que estará feliz.
—Ok.
Daichi detuvo su auto frente a la casa de los Azumane y bajó junto a Suga por la insistencia del doncel.
Asahi les abrió la puerta y los invito a pasar un momento pues Noya estaba bañando a los dos niños.
—Lo siento Suga, se pusieron a jugar en el patio y terminaron rodando entre la tierra que estaba preparada para poner los arbustos que todavía no llegaron —se disculpó el castaño mientras los invitaba a sentarse en los sillones de la sala.
—No te preocupes Asahi, ya sabemos cómo son nuestros pequeños ¿Y qué tal todo ya están listos para el viaje? —dijo el peligris con una gran sonrisa.
—Bien, podría decirse… creo que todavía le va a costar, las heridas son profundas.
—Yū es una persona maravillosa y está rodeado de personas que lo aman —comentó el pelinegro...
—Daichi tiene razón, seguro saldrá adelante —agregó Suga—… ¿Hanna viaja con ustedes?
—No, está semana quiere ocuparse del nuevo local que abrirá aquí, vendrá para despedirnos y ya se quedará, puede que luego te llamé, dijo que quería pasar a verte.
—Genial a Shoyo le encantará tener a la abuela Hanna por unos días —comentó Suga sonriendo.
La risa de los niños llegó hasta ellos por el pasillo y unos segundos después aparecieron ambos niños corriendo entre risas, vistiendo sólo ropa interior y siendo perseguidos por un empapado y sonriente Noya.
—Vengan aquí —gritó Noya entre risas mientras se acercaba a los pequeños, los cuales se detuvieron al encontrarse con Asahi de pie junto al sillón—, los tengo —dijo el doncel atrapando a ambos niños y comenzando a hacerles cosquillas.
—No… mamá… detente —dijo entre risas el pequeño pecoso.
—Tío… ya —dijo también entre risas Shoyo…
—Hola mi pajarito —saludó Suga asomándose detrás de Asahi, Noya soltó a los niños y en cuanto recuperaron el aire ambos pequeños corrieron a abrazar al peligris.
—Suga, Daichi, buen día —saludó Noya con una sonrisa pícara mirando a ambos intercaladamente—, ¿Cómo les fue en su cita?
—Muy bien, gracias por cuidar a mi pajarito —respondió Suga devolviéndole la sonrisa al doncel—, Shoyo será mejor que te vistas, tenemos que ir a almorzar con Tobio.
—Siii… ¿Dashi puede venir también? —preguntó el pequeño pelinaranja mirando a su mamá y luego a Noya.
—Lo siento Shoyo, pero hoy tenemos que viajar muy lejos —dijo Asahi e inmediatamente la expresión del niño entristeció—, pero cuando volvamos haremos algo todos juntos ¿Te parece?
El pequeño inflo los cachetes y después de dudar un momento extendió su manito con el meñique extendido.
—¿Promesa?
—Promesa —dijo Asahi enlazando su meñique con el niño, quien inmediatamente volvió a sonreír.
Luego de vestir a ambos niños, se despidieron de los Azumane deseándoles un buen viaje y luego la pareja y el pequeño pelinaranja subieron al auto y se encaminaron hacia la casa de los Sawamura.
como siemre geacias por leer y espero que les haya gustado este capítulo.
