Mi hijo
Conociendo a la Familia.
Aone abrió la puerta para que el castaño saliera primero del restaurante. Ya en el exterior sus miradas volvieron a encontrarse, ambos estaban felices, habían solucionado todo y se sentían como adolescentes enamorados.
—¿Viniste en tu auto? —preguntó el albino para romper ese silencio que se había formado entre ellos.
—No —susurro Futakuchi negando con la cabeza—… Himuro no me dejó —agregó y al ver la mirada algo confundida de Aone continuó—, dijo un montón de cosas y me quitó la llave del auto en la oficina, así que él terminó llevándome hasta mi casa y luego tome un taxi hasta aquí.
—Te llevo —eso no fue una pregunta pero el castaño asintió, con una sonrisa en sus labios, como si lo hubiera sido.
En ese momento un auto se detuvo delante de ellos, un valet salió del vehículo y luego de rodearlo le entregó la llave al albino, antes de hacer una reverencia y agradecer por escoger ese restaurante. Aone apenas inclinó su cabeza, luego abrió la puerta del copiloto para que Futakuchi subiera, en cuanto esté estuvo dentro del auto cerró la puerta, rodeo el vehículo y subió en el lugar del piloto.
—¿A donde? —preguntó el Albino poniendo en marcha el vehículo.
—¿En serio no sabes dónde vivo? —dijo bastante divertido el castaño— ¿En verdad no me investigaste? Yo sí sé dónde vives y mucho más…
—No me pareció apropiado hacer que espíen a la persona que amo —susurró el albino deteniéndose en el semáforo de la esquina—… además no sabía si podría resistirme a ir por ti cuando supiera donde vives.
—A la derecha cinco cuadras y nuevamente a la derecha —dijo Futakuchi antes de que el semáforo cambiará dándoles el paso—… sé lo que se siente… yo no pude evitarlo y hace tiempo te investigué, y me dolió mucho… luego ya no quise saber más nada de ti, pero cuando te vi de vuelta… con la que yo creía era tu familia… sentí que mi mundo se derrumbaba, mis fuerzas me abandonaban y simplemente no sabía qué hacer —Futakuchi hablaba muy lento mirando por la ventanilla—… creo que siempre tuve miedo de volver a encontrarte porque, aunque dijera lo que dijera, en el fondo sabía qué seguía locamente enamorado de ti… el edificio de la esquina —agregó antes de volver a mirar al albino.
Aone detuvo el auto, miró a Futakuchi y pensó por un momento sus palabras, pero antes de que pudiera decir algo el castaño ya estaba bajando del vehículo, así que él también bajó y se apresuró a detenerlo acorralandolo contra el auto.
—No te escapes —murmuró el albino acercándose lentamente a los labios del castaño.
—No estaba —intentó hablar futakuchi pero fue detenido por un dulce y suave beso…
—Ven conmigo —pidió Aone sin alejarse demasiado de esos delicioso labios.
—¡¿Acabas de traerme a mi casa y ahora quiere llevarme a otro lado?! —dijo entre risas el castaño, pero solo recibió una mirada seria de Aone, lo que lo hizo dudar— ¿A qué te refieres?
—Ven conmigo a mi viaje.
—¡¿Qué?! No, no, no… imposible… tengo que trabajar, muchas cosas para leer y revisar… imposible, no puedo irme por quién sabe cuánto tiempo y no puedo pagar absolutamente nad…
—Nos vamos el jueves y volvemos el domingo, yo te invito, así que pago todo, puedes llevarte el trabajo y ocuparte de eso mientras yo esté ocupado con los negocios y podremos pasar todo mi tiempo libre juntos… ¡Por favor! —argumentó Aone luego de interrumpir al castaño, e hizo un pequeño puchero al agregar ese por favor, siempre se le pegaban las manías y expresiones de Taichi.
Futakuchi dudo un poco pero no pudo resistirse a ese puchero acompañado por esa mirada de cachorro abandonado.
—Ahhh… está bien —aceptó soltando un suspiro antes de señalarlo con un dedo de forma amenazante—… Pero más te vale que no me abandones solo en una habitación de hotel todo el maldito día por tu trabajo…
Futakuchi no pudo decir más nada pues los labios de Aone se lo impidieron. El albino había vuelto a apoderarse de la boca del castaño en un beso un poco más apasionado y demandante que los anteriores.
0-1-2-3-4
Kuro abrió la puerta y ante él se encontró con un hombre casi de su altura de cabello rubio oscuro y ojos marrones, el pelinegro lo inspecciono con la mirada, paro antes de que pudiera decir cualquier cosa, el hombre habló.
—Hola… ¿Aquí vive Kenma Kozume? —preguntó el rubio esbozando una pequeña sonrisa.
—¿Quien lo busca? —indagó Kuro frunciendo un poco el ceño era raro que alguien que él no conocía buscará a su Kenma.
—Tsukishima Akiteru —respondió el rubio consiguiendo que Kuro cambie su expresión y dude un momento.
—Pasa —murmuró el pelinegro moviéndose para permitirle el paso—… soy el esposo de Kenma, Kuroo Tetsuro, pero todos me dicen Kuro —agregó guiando al rubio hasta la sala donde Kenma jugaba un videojuego con Kei—, amor, te buscan.
Kenma miró a su esposo e inmediatamente sus ojos vieron con curiosidad al hombre que lo acompañaba, y según Kuro, lo buscaba. El hombre sonrió y Kenma no pudo evitar pensar que lo conocía de algún lado.
—¿Quién es usted? —preguntó el doncel poniéndose de pie sin dejar de ver con precaución a ese hombre.
—Hola… soy tu hermano Akiteru —respondió el rubio sin dejar de ver a Kenma, quien parecía sorprendido—… sé que ya sabes de mi, lamento aparecer así pero… nuestro padre me pidió ayuda… además hace mucho tiempo que quería conocerte.
Kenma soltó un suspiro y miró a Kei, quien había pausado el juego y ahora miraba con curiosidad a aquel extraño.
—Kei, cielo, ve a jugar un rato a tu habitación mientras nosotros hablamos —dijo el doncel con un tono suave. El niño lo miró y por la expresión de su madre supo que no era buena idea replicar, así que solo asintió y lanzándole una mirada seria a aquel extraño se fue a su habitación.
—Preparare café y té… si té es una buena idea —murmuró Kuro caminando hacia la cocina sin dejar de mirar de reojo a su lindo esposo.
—¿Él te envío… que quiere? —preguntó Kenma en un tono serio dejando el control del juego sobre la mesita ratona, antes de sentarse en el sillón y hacerle una seña a Akiteru para que también se siente en otro de los sillones.
—En verdad no me envió… lo ví el lunes en una reunión de trabajo y me contó lo que sucedió. Está muy preocupado… ustedes son su familia y le duele que lo rechacen e ignoren —comentó Akiteru sentándose—… Se que quizás no soy la persona más indicada para pedir nada, después de todo están en esta situación por mi culpa…
—No —interrumpió Kenma—… el único culpable aquí es nuestro padre, él fue el único que mintió durante tantos años… ¿Cómo confiar en una persona que hace algo así? No sé tú, pero yo ya perdí la poca confianza que le tenía… ¿Cómo confías en él?
—Mira todo lo que yo sé es que él los quiere, a ti y a tu madre, siempre han sido su prioridad, a mi madre y a mí nos ha ayudado económicamente aún cuando nosotros insistimos en que no era necesario…
—No lo tomes a mal, pero creo que no sabes nada de Kenma Vicious —dijo Kuro llamando la atención de ambos rubios, antes de dejar una bandeja con tres tazas y algunas galletas sobre la mesita, para luego sentarse junto a su esposo—… tu padre es un hombre al que solo le interesan los negocios… personalmente no entiendo como Julia lo soporto tanto tiempo —agregó obteniendo una mirada algo incrédula de Akiteru.
—Quiere a mi madre, pero todos saben que su boda e incluso mi nacimiento fueron para obtener algo… él jamás fue un buen padre… pero una cosa era segura, su familia tenía que verse perfecta y amorosa ante los demás —dijo Kenma tomando la taza de té que su esposo había preparado.
—Creo que ustedes piensan demasiado mal de él… yo solo sé que en verdad se preocupa y los quiere… y que si no fue por él yo hubiera muerto hace años… sí, sé que tiene muchos defectos, pero… ¿Quien no los tiene?
—¿Seguro que eres hijo de Vicious? —preguntó Kuro frunciendo un poco el ceño, sin quitar sus ojos de Akiteru.
—Si, muy seguro.
—Se nota que no creciste viviendo con él… la única vez que se preocupó por mí fue cuando comencé a salir con Kuro y cuando decidí casarme con él —comentó Kenma sin despegar sus ojos del contenido de su taza…
—Cualquiera se hubiera preocupado… yo como tú hermano mayor me preocuparía…
—¿Por qué? —preguntó el doncel interrumpiendo a su hermano y mirándolo algo confundido por un momento.
—Me hubiera preocupado saber si en verdad te quería, si te hacia feliz.
—Me hubiera gustado tenerte como hermano mayor, pero si te hubieras criado con él serías diferente… lo único que le importo a él en ese momento fue que tanto lo beneficiaba mi relación y boda con Kuro.
—Lo siento —murmuró Akiteru mientras pensaba que a su padre le iba a ser realmente difícil recuperar a su familia—… a mi también me hubiera gustado tenerte como hermanito —murmuró antes de soltar un suspiro—… creo que nos fuimos por las ramas, será mejor que me vaya —agregó Akiteru antes de volver a suspirar—, al menos cumplir uno de mis objetivos y pude conocerte —concluyó poniéndose de pie y dibujando una sonrisa algo triste en sus labios.
—Akiteru… espera… eres mi hermano ¿Quieres cenar con nosotros y conocernos mejor? —murmuró Kenma con algo de vergüenza poniéndose de pie, sin levantar la mirada. Escuchó la suave risa de su esposo, pero ninguna respuesta de Akiteru, entonces con algo de precaución levantó la mirada y se encontró con un sonriente Akiteru que derramaba algunas lágrimas mientras asentía.
Todavía no sabía si darle una oportunidad a su padre o no, pero si podía darle una oportunidad a su hermano, no sabía casi nada de él pero eso se podía solucionar, por ahora solo sabía que no se parecía en nada a su padre y eso realmente le agradaba.
0-1-2-3-4
Ni bien entró en la mansión el pelirrojo fue recibido por uno de los empleados.
—Buenas noches Lee ¿Ya llegó Suga?
—Buenas noches Akashi-sama, si su hermano ya llegó está en la sala con sus padres.
—Genial —murmuró el pelirrojo sacando una carpeta de su portafolios—, por favor deja eso en mi oficina, gracias —agregó entregándole el portafolios al hombre, quien solo asintió y se alejó en dirección contraria a la de Seijuro.
En cuanto el pelirrojo entró en la sala , los ojos de todos los presentes se centraron en él e inmediatamente se escuchó el grito de Shoyo "Tío Sei" y unos segundos después el pequeño pelinaranja ya estaba en brazos de Seijuro, quien no tardó nada en acercarse y saludar al resto de los presentes.
—Seijuro, creí que llegarías antes ¿Sucedió algo? —indagó Masaomi mientras su hijo se ubicaba en uno de los sillones frente a Suga.
—Tuve que esperar a que terminarán unos papeles y en eso llegó Reo, quería comentarme lo que está sucediendo con Ryota —respondió luego de dejar al niño en el piso, quien inmediatamente volvió a acercarse a Tobio para seguir jugando.
—¿Que le sucede?
—Luego te cuento —dijo Seijuro antes de extenderle la carpeta a Suga, quien lo miró sin entender demasiado que quería—… un regalo para tí… necesito que firmes —agregó en cuanto el doncel sujetó la carpeta y luego le ofreció una pluma.
—Seijuro ¿Que se supone que es esto?... Ya te dije que no quiero acciones de la empresa —se quejó Suga abriendo la carpeta y comenzando a leer la primer hoja.
—Las acciones son tuyas te guste o no y yo las manejaré hasta que tú quieras hacerlo… pero estas no son de nuestra empresa, ya lo dije son un regalo y haremos como con lo demás, yo me ocuparé —respondió el pelirrojo con una sonrisa maliciosa.
—Seijuro ya te dije que yo no —comenzó a decir Suga pero se detuvo al leer el nombre de la empresa a la que pertenecían esas acciones—… no, no, no, no… ¡no lo hiciste! —murmuraba él peligris mientras leía lo más rápido que podía esos papeles, para finalmente centrar sus ojos en su hermano.
—Seijuro ¿Qué le compraste? Ya conoces a mi hijo, no le tienes que comprar acciones, regálale un libro —acotó Kaede entre risas por la expresión de sorpresa del peligris, pero se detuvo porque comenzó a sonar su celular—, lo siento será mejor que conteste, en un momento vuelvo —agregó la mujer antes de alejarse hacia el pasillo con el teléfono en mano.
—Te lo dije, conozco a las personas como él y le voy a devolver cada golpe donde más le duele —dijo Seijuro en un tono realmente serio.
Suga miró a Daichi y el pelinegro inmediatamente comprendió a qué se refería el pelirrojo. Suga le dió la carpeta a Daichi y al leer por arriba los papeles supo que Seijuro había comprado casi el 30% de las acciones de la empresa de Sadayuki y las había puesto a nombre de Suga.
—¿Por qué a mi nombre? —preguntó Suga mordiéndose el labio inferior antes de tomar la pluma que Seijuro había dejado sobre la mesita frente a él.
—Por que cuando su mundo se derrumbe quiero que sepa que fue por lo que te hizo —susurró Seijuro mirando de reojo hacia la puerta, por dónde había salido Kaede—, si no quieres que tu madre se entere te recomiendo que firmes rápido.
—Suga ten en cuenta que esto es sutil y civilizado, mucho más de lo que ese desgraciado se merece, no hicimos nada más solo por ti —agregó Masaomi también con una mirada seria.
Suga soltó un suspiro, no se esperaba que los dos hubieran trabajado juntos para "vengarlo" por decirlo de alguna forma. Masaomi y Seijuro le mostraron su cariño y lo hicieron sentir en familia desde el primer momento, sabía que podía contar con ellos y ahí estaba la prueba, podrían haber mandado a alguien para que destrozara a Sadayuki, pero no lo hicieron, porque sabían que era algo que a él no le gustaba. Extendió su mano hacia Daichi y recibió nuevamente los papeles.
—Esta bien, pero no quiero saber nada más de esto, no me interesa que hagas con la empresa, las acciones, ni nada —dijo Suga antes de firmar los papeles para luego entregárselos a su hermano.
Suga caminaba junto a su madre guiando a los niños a la habitación que habían acondicionado para Shoyo.
—Mamá te dije que no hacía falta que hagas esto —se quejo el peligris mirando a su madre y luego a su pequeño que venía detrás de ellos jalando de la mano a Tobio.
—Solo pensamos que era bueno que él tenga su lugar aquí, para cuando quiera quedarse o cuando tú necesites que te lo cuidemos por una noche o algunos días —respondió Kaede deteniéndose ante una pintada de un alegre naranja.
—¡Cómo si fuera a dejártelo por dias! —exclamó Suga con una mirada incrédula.
—Ahhh, eso nunca se sabe mi cielo, nunca se sabe —agregó la mujer antes de abrir la puerta y permitirle el paso a los dos niños.
La habitación era enorme, pintada en colores cálidos, una cama bastante grande, una biblioteca con libros de cuentos y otra con materiales didácticos, papeles de todo tipo, lápices, crayones y pinturas, también había varios puff y almohadones esparcidos por el lugar, una pequeña mesa con tres sillas y juguetes por doquier.
Shoyo y Tobio miraron asombrados el lugar y después de un pequeño grito de asombro, ambos niños corrieron al interior de la habitación y comenzaron a revisarlo todo.
—Creo que les gusta —susurró Kaede, viendo la sonrisa de su hijo que no despegaba sus ojos de los dos niños—… me encanta verte así de feliz… en verdad te agradan los Sawamura —agregó consiguiendo que su hijo la mirara…
—No sé cómo explicarlo, pero me encantan, los amo y me siento en familia junto a ellos, como cuando estábamos con papá y Saeko, antes de que todo se arruinara —murmuró Suga antes de abrazar a su madre.
—Te amo, me hace muy feliz verte así cielo… me agrada Daichi, es perfecto para ti —dijo Kaede antes de dejar un beso en la mejilla de su hijo.
Hacía unos minutos que Suga, Kaede y los niños se habían ido, unos instantes después Masaomi se retiró para atender una llamada, por lo que Daichi y Seijuro se encontraban solos en la sala en lo que parecía un duelo de miradas.
—Sawamura no creo que necesite decirlo, pero si haces sufrir o lastimas a Suga…
—Eso no va a pasar —interrumpió el pelinegro sin cambiar su expresión seria—… Suga y Shoyo nos hacen felices a Tobio y a mí… te aseguro que nada los va a lastimar mientras yo pueda evitarlo.
—Eso espero porque nadie lastima a mi familia… y Sadayuki pronto se va a enterar de eso —agregó Seijuro con una expresión algo sombría y a Daichi le pareció que por un momento uno de sus ojos cambio de color.
—Respecto a eso, no sé qué quieres hacer, pero si necesitas ayuda no dudes en decirme, es más tengo bastante información sobre él y sus negocios —dijo Daichi aflojando ya su duelo de miradas.
—Eso me agrada, pero no le diremos nada a Suga… si se entera estarás en problemas y no quiero eso, parece que es feliz a tu lado… después de lo de su hermana la única persona que lo hacía feliz era Shoyo… es bueno verlo sonreír de esa forma —comentó el pelirrojo suavizando su expresión y dibujando una sonrisa en su rostro.
—Lo juro, haré todo lo posible para que sigan así.
—Espero que así sea… ahora cambiando de tema, creo que si puedes ayudarme en algo…
—Solo dilo, y haré lo posible —respondió Daichi ante el repentino silencio del pelirrojo.
—Quiero encontrar a la banda que tocó en la fiesta de tu abuelo… más específicamente al cantante.
—Claro, son conocidos de mi abuela, ella daba clases de música en un centro comunitario hace algunos años y un grupo de jóvenes creó esa banda que se dedica más que nada a tocar en fiestas, a mi abuela siempre le gustó cómo tocaban, así que hace tiempo que los contrata para las fiestas que organiza… pero creo que el cantante de esta vez es nuevo… puedo pedirle el número de Koganei a mi abuela, es el bajista y agente de la banda —dijo Daichi con una sonrisa y muchas ganas de preguntar ¿Por qué le interesaba? Pero prefirió no hacerlo, pues sabía que Akashi Seijuro no es una persona a la que le gusta dar muchas explicaciones.
—Gracias… ¿Te parece si vamos yendo a esperar al comedor? —preguntó el pelirrojo poniéndose de pie, a lo que Daichi asintió, para luego ponerse de pie y seguir al dueño de casa.
Al parecer las cosas no iban a ser tan malas como creía.
otro capítulo, espero que les guste.
gracias por leer
