Mi hijo.

Encuentro.

Afuera había tormenta y la lluvia caía en la ciudad pero en aquel departamento la situación no era muy distinta. Hajime rodó los ojos y solo soltó un suspiro, sin moverse de la cama, mientras escuchaba las quejas de su pareja que no dejaba de caminar de un lugar a otro en la habitación, ya llevaba un buen rato así, más específicamente desde que el pelinegro recibió una llamada después de la cena, Tooru había acostado a Mori y al volver a la sala escuchó a Iwa despedirse, la sola mención de ese nombre inició la avalancha de quejas.

—¡Iwa! Deja de hacer eso y dime algo… ¡¿Tan poco te importo?! —la última frase la dijo casi gritando y ya derramando lágrimas.

Hajime centró sus verdes ojos en aquellos orbes chocolate nublados por las lágrimas, se puso de pie y acercándose con expresión seria, respondió…

—Sí, me importa poco cuando te comportas como un idiota —exclamó el pelinegro casi gritando. Las lágrimas cayeron con más fuerza de los ojos de Tooru y eso hizo sentir mal a Hajime, por lo que soltó el aire lentamente para calmarse, sujetó al castaño por las mejillas y luego agregó en un tono más tranquilo y algo cansado—… si estoy contigo es porque te amo y no te voy a dejar por nadie ¡A ver si eso se mete de una vez en tu tonta cabeza celosa!

—¡Lo llamaste a él! —respondió Oikawa inflando los cachetes y bajando un poco la mirada.

—Si no consigo a alguien que reemplazar a Keiji no me va a quedar tiempo para nada… tienes que entender que lo hago para poder estar contigo y con nuestro hijo… quiero acompañarte lo que más pueda en el embarazo y lo más importante, Mori necesita una familia presente… ¡¿Que clase de papá seré si no puedo aunque sea jugar cinco minutos con él?! —dijo el pelinegro y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro al ver que las lágrimas de Tooru habían cesado—… sabes que lo viví con Keiji, él sufrió mucho por que sus padres lo ignoraban y lo veían como un objeto… y Morisuke ya pasó por eso… yo no voy a permitir que siga así, tenemos que remediarlo…

—Entiendo eso —murmuró el castaño antes de volver a mirar a su pareja con los ojos cargados de tristeza—… pero… ¿Por qué él?

—¿Cuando vas a entender que no tuve nada con Makki? —exclamó Hajime ya en un tono que demostraba que su paciencia se estaba mandando mudar.

—A otro perro con ese hueso Iwaizumi Hajime —dijo el castaño volviendo a inflar los cachetes haciendo que su voz sonará algo infantil—… yo sé bien que saliste con él y que te dejó.

—Tooru estás acabando con mi paciencia —vociferó el pelinegro antes de agregar—… es un amigo y excelente abogado, está casado y tiene un hijo y aceptó volver a trabajar porque Keiji y yo se lo pedimos… acéptalo y deja de hacer berrinches sin sentido…

Una repentina luz iluminado por un momento la oscura noche y un momento después un estruendoso ruido retumbó en todo el lugar. Hajime miró inmediatamente hacia la ventana y vio algunos relámpagos a lo lejos e inmediatamente fue golpeado por un recuerdo…

"El sonido de un fuerte trueno lo despertó. La habitación estaba apenas iluminada por la poca luz que entraba por la ventana. Se giró hacia el otro lado y en ese momento la luz de un relámpago iluminó fugazmente la habitación, escuchó un sollozo, se sentó en la cama y encendió la luz, para encontrarse a Keiji sentado en su cama cubierto con una manta, temblando como gelatina.

—Keiji —murmuró y solo continuó cuando los grises y llorosos ojos del otro niño lo miraron—… no tengas miedo yo te cuidare —agregó moviéndose en la cama antes de extender su mano hacia su primo y llamarlo.

Otro trueno resonó afuera y de un salto Akaashi bajo de su cama y corrió a acostarse con su primo, quien mediatamente abrazo el tembloroso cuerpo Keiji y comenzó a tararear la canción que su madre siempre la cantaba a él."

… Y se preocupó, era normal que los niños le temieran a esas cosas, así que sin decir nada más dió por terminada esa discusión y salió de la habitación, vio la puerta entreabierta de la habitación de Mori y al asomarse vio al pequeño acurrucado y temblando debajo de las sábanas y su cobertor de gatos. Por el rabillo del ojo vio a Tooru acercándose todavía molesto y sin darle importancia entró en la habitación y se acercó a la cama del pequeño.

—Mori… Morisuke, cielo sal todo está bien —murmuró y el pequeño apenas levantó las sábanas para verlo…

—No hay que temer, estamos aquí contigo —agregó Tooru en un tono dulce agachándose junto a Iwa frente al pequeño.

Otro trueno retumbó afuera y el pequeño volvió a esconderse bajo las sábanas, comenzando nuevamente a temblar. Hajime sacó al niño de su escondite y lo abrazo acunandolo entre sus brazos.

—Bebé, ¿Quieres dormir esta noche con nosotros? —murmuró Tooru acariciando la cabeza del niño, quien solo asintió sin despegarse del cuerpo del pelinegro.

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Tadashi sentía que de un momento a otro lo iban a cortar en dos. Desde que llegó esa mañana al colegio fue abordado por Kei y Shoyo, ambos lo reclamaban a cada instante para que juegue o simplemente esté con ellos y en ese momento ambos lo sujetaban uno de cada brazo y parecía que ninguno estaba dispuesto a soltarlo mientras el resto de sus amigos solo miraban sin atreverse a intervenir… y finalmente fue salvado otra vez en ese día por la señorita Kiyoko, quien simplemente tomó al niño en brazos para que los otros dos ya no lo estrujaran y tironeran.

El pequeño pecoso sonrió aliviado cuando su mamá lo tomó en brazos y se aferró con fuerza al cuerpo del doncel, estaba agotado y definitivamente no le gustaba ser el centro de atención.

—Parece que tu día fue agotador Dashi —murmuró Noya con una sonrisa antes de dejar un beso en la frente del pequeño mientras acariciaba su espalda.

—¿Tadashi puede venir a casa? —preguntaron Shoyo y Kei al unísono, a sus respectivos padres, llamando la atención de Noya y todos los demás.

Kuro y Suga miraron a sus expectantes niños y luego a Noya que en ese momento intentaba despegar al pequeño pecoso de su cuerpo, sin conseguirlo.

—Lo siento niños pero hoy Tadashi y yo visitaremos a la tía Hanna —dijo Noya con una de sus sonrisas centrándose en su pequeño antes de agregar—… será otro día ¿Si?

El pequeño pecoso asintió esbozando una pequeña sonrisa mientras los otros dos niños inflaron los cachetes a modo de protesta.

—Pobre Dashi, deben haberlo enloquecido hoy —murmuró Suga acercándose a Noya y acariciando el cabello del niño.

—Lo van a partir en dos un día de estos —susurró Noya viendo como ahora Shoyo y Tobio discutían—… en verdad tengo que irme, hace mucho que no vemos a tía Hanna… a diferencia tuya que la tienes viviendo en tu casa —agregó la última frase mirando de reojo al peligris como si estuviera molesto.

—Pensé que ibas a querer ponerte al día con todo lo que sucedió —exclamo Suga sin quitar su sonrisa.

—Claro que quiero pero —hizo una pausa y luego exclamó con una sonrisa—… ¡ya sé! Reunámonos todos para almorzar el sábado, tu casa, la mía o donde quieran, los niños podrán jugar y nosotros nos pondremos al día —concluyó mirando a los niños y a los padres presentes, antes de ver la hora en su celular—… es tarde me tengo que ir, ustedes pónganse de acuerdo y nos avisan —agregó señalando al grupo antes de dejar un beso en la mejilla del peligris y alejarse hacia su auto.

Cuando Suga volvió a ver al grupo se encontró con varias miradas confundidas.

—Noya tiene esos arranques —dijo antes de ampliar su sonrisa y centrar sus ojos en los niños— ¿Quien quiere hacer un picnic este sábado?.

Shoyo fue el primero en levantar la mano e inmediatamente sujetó la mano de Tobio y también la levantó. Lev miró algo confundido hacia los lados y al ver a su tío sonriendo con una mano levantada, también hizo lo mismo, Bokuto codeó a Kuro y este también levantó la mano. Taichi le lanzó una mirada suplicante a Tendō y este no pudo hacer más que levantar su mano. Oikawa miró a Morisuke esperando una respuesta del pequeño pero este sólo se limitó a ver a los otros niños que parecían alegres, al castaño soltó un suspiro y cuando estaba por decirle algo al niño lo vio bajar la mirada y mover apenas su mano hacia arriba la cual repentinamente fue tomada por Lev y extendida todo lo alto que el niño podía.

—Ok, parece que seremos unos cuantos… ¿Les parece ir al parque Toyama? —propuso Daichi obteniendo varias sonrisas y asentimientos.

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Luego de estacionar Noya entró en aquel centro comercial llevando a Tadashi muy bien agarrado de la mano, no quería perderlo. Miró un mapa del lugar y luego de unos instantes encontró la ubicación del nuevo local de su tía.

Levantó a Tadashi y se acercó a la escalera mecánica, pero antes de subir un hombre llamó su atención.

Aquel hombre vestía unos jeans gastados, camisa blanca, un buzo rojo y llevaba un gorro gris, pero lo que llamó la atención de Noya era la forma en la que miraba aquel mapa del lugar, que estaba a unos cuantos pasos de la escalera mecánica, era como si en lugar de un mapa hubiera ante él un texto incomprensible en alguna lengua muerta. El hombre bufó y soltó una maldición lo bastante fuerte como para que varias personas voltearan a verlo. A Noya le sorprendió lo familiar que le sonó aquello… lo conocía, estaba seguro que lo conocía pero ¿De dónde? De repente se vio siendo observado por aquel hombre y al ver esos ojos azul grisáceo supo quien era.

—¡Tanaka Ryuunosuke! —exclamó y el otro ladeo la cabeza mirándolo un poco más confundido.

—¡¿Nishinoya?! —murmuró el hombre dibujando una sonrisa algo tétrica en su rostro.

—Increible, ya me sonaba esa forma de maldecir… tantos años sin vernos y mira donde nos volvemos a encontrar —comentó Noya recibiendo un afectuoso abrazo de Tanaka, quien luego centró sus ojos en el pequeño pecoso—… ohh, él es Azumane Tadashi mi hijo.

—Tiene tus ojos… no puedo creerlo, ¡¿Te casaste?! —dijo el de cabeza rapada, a lo que Yū respondió mostrándole la mano donde llevaba la alianza.

—¿Tienes que hacer algo? Si no podemos tomar algo y charlar un rato —propuso el doncel con una enorme sonrisa.

—Busco un local… pero en verdad no sé —murmuró Tanaka volviendo a centrar sus ojos en el mapa del centro comercial.

—¿Quieres que te ayude? Conocemos bastante bien el lugar…

—Un café… pero no es ninguno de los que aparecen en esta lista.

—Primero ¿cómo se llama el café? ¿Seguro que es en este centro comercial? Y… ¿Seguro que ya abrió? En este momento aquí hay varios locales nuevos que cerraron contrato hace poco y todavía no abrieron…

—Si me dieron esta dirección —respondió el hombre entregándole a Noya un papel que decía la dirección del centro comercial y otros datos que eran imposible de leer pues habían sido tachados… al parecer alguien no quería que su amigo tuviera esa información—… el local de Nagano se llama "Amai Tamashii" no sé si aquí se llamará igual…

—Si se llama igual… ¿Por qué buscas el café de mi tía? —indagó Noya mirando de reojo a Ryu.

—¡¿Hanna es tu tía?! —el doncel asintió y soltando un suspiro Tanaka agregó—… buscó a mi pareja, sé que Hanna no lo hubiera dejado solo a su suerte y me dijeron que lo vieron aquí… en verdad tengo que hablar con Chikara…

—¡¿Chikara?!... Chikara Ennoshita —exclamó Noya luego de dudar un momento—… rayos, tú eres él —comenzó a decir el doncel pero se detuvo y acercándose nuevamente a la escalera mecánica agregó—… ven definitivamente tenemos que hablar antes de que vayas al café.

Tanaka lo siguió sin decir nada, subieron dos pisos y se detuvieron frente a un café, entonces el doncel señaló una mesa y volvió a mirarlo.

—Espérame aquí, para mi ordena un café con leche grande y algunos brownies, dejaré a Tadashi con alguien y vuelvo.

Vió a Tanaka asentir y sin más se apresuró a subir otro piso y buscar el nuevo local de su tía. Sonrió al ver el cartel idéntico al local de Nagano. En cuanto entró notó que el lugar parecía listo para abrir y de repente lo invadió la nostalgia, él pasó casi toda su adolescencia en aquel café de Nagano y este era casi idéntico.

—Noya, bienvenido —la suave voz llamó su atención y entonces notó al joven pelinegro que estaba acomodando unas tazas en un estante—, Hanna está en la cocina.

—Hola Ennoshita, hacía mucho que no te veía —saludó Yū acercándose al mostrador y como si acabaran de llamarla la mujer salió de la cocina y una enorme sonrisa apareció en su rostro al ver a su sobrino y al pequeño pecoso, a los que se acercó inmediatamente para abrazarlos y comenzar a bombardearlo con preguntas.

—Ohh cielo recuerdas a Chikara —dijo la mujer señalando al pelinegro—, será el encargado aquí y pastelero mientras no se exceda demasiado.

—Hanna estoy embarazado, no invalido —respondió el pelinegro con una sonrisa.

—Ningún cuidado es suficiente aunque… ah tienen que probar el pastel de té que preparó hoy, estamos viendo nuevas recetas.

—Wow, felicidades Ennoshita, no sabía que esperabas un bebé, tía qué raro que no me contaste antes —se quejó Noya…

—Lo siento Noya pero casi nadie lo sabe —murmuró Chikara.

—Ohhh, no te preocupes por mí nadie se enterara… en cuanto al pastel será luego… acabo de encontrar a un amigo que hace mucho no veía y quedé de verlo en un momento ¿Puedo dejarte a Dashi un rato?

—Claro cielo, sabes que ho hay problema, ve con tu amigo.

Noya dejó un beso en la frente de su niño y salió del lugar pensando en lo último que le dijo el pelinegro, entonces una pregunta apareció en su cabeza "¿Ryu sabía que su pareja esperaba un bebé?"

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Bokuto entró en la biblioteca, todavía cargando el bolso con la ropa de su entrenamiento, y allí se encontró con su padre, quien en ese momento hablaba con Akira Iwaizumi.

—Diles que se detengan —dijo el peligris mirando a su padre con una expresión tan seria o más que su tono, lo que llamó la atención de ambos hombres, quienes lo miraron algo confundidos, pues no era común ver a Kōtarō así—, no necesito un grupo de guardaespaldas así como tampoco necesito que amenacen a Kyouya… el maldito se apareció cuando estaba terminando el entrenamiento… no quiero un conflicto de mafia rodeandonos…

Mathias miró de reojo a Akira y soltando un suspiro cambió su expresión por una más seria antes de responder…

—Tu sabes que nos salimos de eso mucho antes de que nacieras, cuando esperábamos a tu hermano… podría ser cosa de tu tío Berwald, pero lo dudo por que Tino no se lo permitiría… además en serio crees que puede hacer algo que disguste a su hermanito Erick —su voz también fue seria y sus ojos se encontraron con los orbes dorados de su hijo en lo que parecía una batalla—… además tú tío lo ha dicho un millón de veces ya no son mafia no se dedican a esas cosas.

—¿Entonces de dónde mierda salieron los tipos que se llevaron a Kyouya y a que rayos se refería con lo de las amenazas? —preguntó entre dientes el peligris.

—Lo siento Kōtarō eso es mi culpa, yo puse guardaespaldas para que los vigilen discretamente cuando tú o Keiji salgan, lamento no haberte informado antes —dijo Akira consiguiendo que padre e hijo dejarán su batalla de miradas y se centrarán un momento en él—… ahora de lo que no tengo idea es de eso de las amenazas a Kyouya ¿Qué te dijo?

—Dijo que no se va a doblegar ante las amenazas de unos mafiosos —murmuró Kōtarō, viendo como la expresión del abuelo de Akaashi cambiaba a una completamente sería.

—¿Qué rayos hizo ese idiota?... No le digas nada a Keiji, yo me encargaré de averiguar y los guardaespaldas seguirán detrás de ustedes ahora con más razón que antes…

Kōtarō quería replicar pero un golpe en la puerta hizo que todos se mantuvieran en silencio y centrarán sus ojos en la blanca puerta que se abrió dejando ver a Keiji siendo casi arrastrado por Lev.

En cuanto vio a Kōtarō el niño soltó la mano del doncel y corrió a los brazos de su tío quien inmediatamente lo levantó antes de dejar un sonoro beso en la mejilla del niño.

—Ya se me hacía raro que todavía no llegaras —murmuró Keiji acercándose a su pareja.

—Lo siento, tenía que hablar algo con mi padre —susurró sujetando con la cintura al pelinegro—… hola amor —agregó antes de dejar un corto beso en los labios del doncel— ¿Cómo has estado?

—Bien, aunque algo aburrido… lo único bueno de esto es que pudimos intensificar las clases de japonés y ruso, ¿No? —respondió Keiji mirando a Lev quien inmediatamente asintió.

—Ahhh no es justo yo me lo estoy perdiendo —se quejó el peligris inflando los cachetes, antes de comenzar a caminar guiando a su pareja fuera de la biblioteca.

—Ya había escuchado algo de tu familia…

—En verdad dejamos eso pero es difícil matar los rumores y la fama —dijo Mathias interrumpiendo a Akira—, cuando uno quiere a su familia a salvo puede caminar lo que sea y nosotros cambiamos… los contactos siguen estando pero todo es legal ahora —agregó con una mirada seria mientras internamente rogaba para no arruinar la vida de su hijo.

—Se que todo es legal, eso lo sé desde que Kōtarō comenzó a salir con Keiji —Mathias suspiró y Akira sonrió por ello—… no te preocupes, Kōtarō hace feliz a mi nieto y eso es todo lo que me importa de él… pero de ti me importan esos contactos que mencionaste.

Ambos sonrieron con miradas cómplices y pensaron que quizás tenían más en común de lo que podían o querían admitir.

otro cap, y ya se viene el drama, asi que a prepararse.

espero que les guste.

Feliz cumpleaños a Tooru Oikawa.

Nos leemos