Mi hijo.
Mala noticia.
El celular de Hajime sonó antes de que pudiera abrir la puerta del departamento, leyó el nombre que aparecía en la pantalla y le dejó el paso a Tooru y Morisuke mientras él atendía.
—Hola…
—Hajime ¿dondé estas? —dijo inmediatamente la voz al otro lado, se notaba que algo le urgia.
—Acabo de llegar al departamento ¿Qué sucede Makki? —preguntó con una expresión seria, en verdad no le gustó el tono que había usado su amigo y colega.
—Estaré allí en unos minutos —respondió y terminó la llamada antes de que Hajime pudiera decir cualquier otra cosa.
Iwaizumi soltó un suspiro cansado y al levantar la mirada se encontró con Tooru que lo miraba con el ceño fruncido.
—No empieces con esta discución de vuelta —murmuró Hajime en un tono cansado antes de desviar un momento su mirada para ver a Mori que apenas se asomaba por el borde de la pared que separaba el pasillo de entrada del comedor. Tooru siguió la mirada de Hajime y suavizó su expresión al ver algo de temor en los ojitos de su pequeño.
—Mori, cielo… —susurró Tooru, pero fue interrumpido por el niño.
—¿Puedo llamar al tío Tatsuya? —preguntó el niño dudando un poco antes de morder su labio inferior.
Oikawa dudó un momento y soltando un suspiro solo asintió, comenzó a tantear sus bolsillos en busca de su celular pero se detuvo al ver que Iwa le ofrecía su teléfono, miró la pantalla y una pequeña sonrisa apareció en su rostro al ver que el pelinegro tenía como fondo de pantalla una foto de él y Mori durmiendo abrazados, que de seguro había tomado el día de la tormenta. Buscó el número, llamó y esperó a que contestaran.
—Hola Iwaizumi —saludó Himuro con un tono suave.
—Hola Himuro, soy Oikawa… te llamó porque Morisuke quiere hablar contigo… te pasó con él —dijo Tooru antes de entregarle el teléfono al niño.
—Hola tío —saludó el pequeño mientras se alejaba un poco de los mayores.
—Me gustó esa foto —murmuró Oikawa viendo cómo su pequeño caminaba hacia la ventana hablando por teléfono.
—Se veían adorables —susurró el pelinegro antes de centrar sus ojos en el pequeño Morisuke —… Tenemos que hablar con él.
—¿Qué quería Hanamaki?
—No sé, qué tanto crees que pudo decirme, no hablamos ni dos minutos… y en serio tienes que dejar esos celos maniáticos —murmuró Iwaizumi mirando serio a su pareja.
En ese momento el timbre sonó y Hajime se acercó al comunicador para atender. Tooru tomó todo lo que habían traído y comenzó a dejar todo en su lugar, la mochila y el abrigo de Mori en su habitación y el canasto con lo que había quedado del picnic lo llevó a la cocina. Estaba sacando lo que había en el canasto cuando unas voces llamaron su atención.
—Esto no es bueno Hajime, casi me da algo cuando ví la firma de Oiwake Takurō —dijo aquel doncel de cabello rosado entregándole una carpeta a Hajime—… sé que yo solo estoy aquí para ayudarte con todo, tu eres el abogado que se hace cargo, pero… si él sabe que estoy trabajando contigo puede empeorar las cosas.
—No te preocupes, no es la primera vez que me toca enfrentarme a él —dijo Hajime haciéndose a un lado para permitirle el paso a otro hombre de cabello negro un poco más alto que él, quien cargaba a un pequeño de unos cinco años de cabello castaño casi rosado, parecido al de Hanamaki. Iwa los guió hasta los sillones de la sala y luego volvió a mirar a Tooru que se acercaba con expresión seria, e inmediatamente volvió a mirar a los recién llegados—… El es mi pareja Oikawa Tooru —agregó señalandolo—, ellos son Hanamaki Takahiro, su esposo Matsukawa Issei y su hijo Shigeru —Oikawa dibujó una sonrisa en su rostro y saludo a los recién llegados antes de ser interrumpido por Morisuke quien le devolvió el celular, Hajime levantó al niño en brazos y también lo presentó—, y este pequeño es nuestro hijo Morisuke.
—Oh en verdad es lindo, tiene los ojos de su mamá —comentó Hanamaki, luego de dejar un beso en la mejilla del niño y volvió a mirar a Tooru, quien se sonrojo un poco por aquellas palabras.
—Mori ¿quieres jugar con Shigeru mientras nosotros hablamos? —propuso Tooru con una sonrisa.
—¿Quieres jugar con el niño Shi? —preguntó Matsukawa en un tono tranquilo sin cambiar su expresión algo aburrida.
Ambos niños se miraron un momento y finalmente asintieron. Hajime y Matsukawa bajaron a los niños y en un momento ambos desaparecieron en la habitación del pequeño.
—Oikawa disculpa la intromisión, pero cuando Mattsun y Shi fueron por mi, entregaron esto y en cuanto lo vi supe que no podía esperar… así que por eso estoy aquí con mi familia.
—No hay problema —dijo Tooru y Hajime sonrió disimuladamente mientras se sentaba en uno de los sillones, era evidente que al castaño no le gustaba nada la presencia de Makki—. Prepararé café —agregó el castaño antes de alejarse hacia la cocina.
—Alguien dijo que sería solo un momento —murmuró Mattsun mirando de reojo a su esposo.
—Si, si, ya vamos —respondió el de cabello rosado acercándose a Hajime y haciendo que abra la carpeta—… bien, no sé cómo viene la cosa aquí, pero por lo que dicen estos papeles va a estar difícil.
—Increíble, no hace ni una semana que empezaste y ya te vas a encontrar con él —exclamó Matsukawa soltando un suspiro.
—No te preocupes Matsukawa que —comenzó a decir Iwaizumi mientras comenzaba a leer los papeles que contenía aquella carpeta, pero se detuvo de repente y su expresión cambió a una de preocupación—… ¡Mierda! esto no puede ser —agregó mientras seguía leyendo y comenzaba a revisar el resto de los papeles…
—¿Quien es Sugawara Koushi? —preguntó Makki—... no quisiera ser él en este momento.
En ese momento Tooru, que traía una bandeja con algunas galletas se detuvo ante ellos y al escuchar el nombre de su primo sus orbes color chocolate se centraron en su pareja, quien no despegaba la vista de aquellos papeles mientras con la mano izquierda comenzaba a rascarse la nuca, eso no era bueno.
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Ennoshita acomodó un poco aquella remera holgada y se puso el delantal tratando de no ajustarlo demasiado pues su pancita de embarazado se notaba cada vez más.
El café estaba a unos días de abrir ya tenía los nuevos empleados y solo les quedaba acomodar los últimos detalles y terminar de definir los postres y tipos de cafés que servirían. Narita Kazuhito era un excelente Batista y mesero al igual que su pareja Kinoshita Hisashi, quien también parecía tener buena mano para los pasteles, pero para acompañar a Ennoshita en la cocina Hanna contrató a Eita Semi otro excelente pastelero.
Chikara abrió la alacena y soltó un suspiro al ver los enormes sacos de harina acostados unos sobre otros.
—Lo siento, los muchachos del reparto me ayudaron a guardarlos y cuando quise acordar ya los habían puesto así —dijo Narita asomándose a la puerta de la alacena antes de sujetar el primer saco de harina—, te bajó este y luego acomodarse los otros así puedes abrirlos aquí y no tienes que hacer fuerza para bajarlos.
—Gracias Narita.
—No hay porque para eso estoy.
—Ennoshita ya está la mousse de chocolate —interrumpió Eita llamando la atención del otro doncel.
—Genial Eita, ya llevo la harina así preparamos la masa…
—Creo que alguien te busca —agregó el peligris mirando de reojo hacia la puerta de la cocina por dónde se veía un fragmento del mostrador.
Ennoshita llenó un recipiente con harina y se lo entregó a Eita antes de salir de la cocina, desde que aceptó ese empleo era normal que cada dos por tres alguien lo buscará ya fuera para tomar órdenes, hacer o entregar pedidos, para firmar algún papel, entre otras cosas… por lo que no se esperaba que él estuviera parado allí.
Ryuunosuke suavizó su expresión e inmediatamente centró sus ojos en Chikara. El pelinegro soltó un suspiro y miró a Kinoshita que estaba acomodando unas tazas mientras miraba con recelo al de cabeza rapada.
—Kinoshita, ayuda a Eita en la cocina, yo me encargo de esto.
—Ok, cualquier cosa llámanos —murmuró Kinoshita encaminandose hacía la cocina sin dejar de ver de reojo a Tanaka.
Ennoshita rodeó el mostrador y se acercó a Ryuunosuke, pero se detuvo manteniendo la distancia.
—Chikara…
—¿Qué haces aquí? —preguntó interrumpiendo a Ryu mientras se repetía una y otra vez que debía mantenerse firme.
—Chikara, te extraño… sé qué tal vez esperas lo de siempre, pero esta vez no va a ser así no me voy a disculpar no te voy a llenar de promesas… en lugar de eso comenzaré a cumplir cada promesa que te hice, ya conseguí un trabajo aquí y es mejor que el anterior, ahora soy guardia de seguridad en una empresa, sigo buscando una casa o departamento…
—¡¿Te mudarás aquí?! ¿Y tu hermana? —preguntó Ennoshita algo sorprendido.
—Ya no tengo que ocuparme tanto de ella… ahora tendrá a su familia y yo podré tener la mía… podremos estar juntos sin llamadas cada cinco minutos ni nada de todo eso que te molesta, seremos tú y yo…
—Alto —interrumpió Ennoshita—… ya he pasado muchas veces por esto de "cambiaré y te lo demostrare"... pero ya ves que seguiamos igual…
—Te amo y esta vez lo haré, solo dame una oportunidad —suplicó Ryu interrumpiendo al doncel, mirándolo con esa mirada triste que siempre podía a Ennoshita.
—También te amo, pero a veces siento que soy el único que en verdad siente algo de los dos… ¡déjame terminar! —exclamó al ver que Tanaka estaba a punto de volver a interrumpir—… no sé por qué te amo, pero no lo puedo cambiar y no estoy dispuesto a seguir recibiendo migajas de ti ¡Que eso te quede muy claro!... sí, te daré otra oportunidad —agregó antes de extender su mano hacia Ryu en señal de que se detenga, pues era seguro que gritaria de felicidad y saltaría sobre él— ¡Demuéstrame que es verdad lo que me has dicho todos estos años!
—Haré lo que tu quieras… solo dime —comenzó a decir Ryu pero se detuvo al escuchar la risa de Chikara…
—¿No te parece que seria muy facil si yo te digo lo que tienes que hacer? —Ryu sonrió y se rascó la nuca—… piensa Ryu, sé que encontraras la manera.
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El sonido del piano inundaba aquella habitación y Suga no podía dejar de ver realmente sorprendido al pequeño pelinegro que tocaba aquel instrumento.
—Es increíble —exclamó en un susurro mirando por un momento a Daichi.
—Mamá siempre lo cuida cuando yo no puedo y ella es una maestra en el piano, Tobio se crió escuchandola y en algún punto comenzó a enseñarle —respondió el pelinegro con una sonrisa.
—Tía Sango dice que tiene muy buen oído igual que su padre, pero a Daichi nunca le interesó la música —comentó Keiji— ¿Crees que a Tobio le interese la música? —preguntó mirando a su primo.
—No lo sé, por ahora solo toca con mamá o cuando está molesto.
—¿Deberías buscarle algún profesor o algo? fomenta ese talento —dijo Suga volviendo a mirar a Tobio, que ahora intentaba enseñarle a Shoyo y Lev a tocar algunas notas.
—Si llega a buscar a alguien tía Sango lo asesina —comentó con una sonrisa Keiji.
—Mamá fue concertista, conoce a la mayoría de los pianistas y con casi todos tiene algún pero… dice que si él quiere aprender ella le va enseñar… es más creo que en cualquier momento le va a regalar un piano, no sé como se contuvo hasta ahora.
En ese momento el celular de Suga sonó, vio el nombre de Iwaizumi en la pantalla y sin dudar atendió.
—Hola.
—Hola Suga, soy Iwaizumi, necesito hablar de algo contigo urgente ¿Donde estás? —preguntó en un tono serio.
—Estoy en casa de tu abuelo, vinimos a pasar un rato con Keiji —respondió el peligris dudando un poco.
—Genial, él puede ayudarnos, voy para allá —dijo el pelinegro e inmediatamente la llamada terminó.
Suga miró algo desconcertado su celular y luego volvió a mirar a los dos pelinegros que ahora tenían sus ojos clavados en él.
—¿Sucedió algo? —preguntó Daichi.
—Ni idea —murmuró Suga.
Pasaron unos cuantos minutos y ahora los niños jugaban en el jardín mientras Keiji, Suga y Daichi tomaban un té en la sala, vigilando a los pequeños cada tanto por los enormes ventanales.
Hajime llegó en compañía de Tooru y Morisuke. El niño inmediatamente se fue al patio a jugar con los demás y luego de un pequeño saludo Hajime y Tooru se sentaron frente a los otros adultos.
—Suga realmente no hay forma fácil de decir esto así que solo lo diré—dijo Iwa obteniendo toda la atención del doncel—… te están reclamando la tenencia de Shoyo.
El sonido de una taza rompiéndose en el piso fue lo siguiente que se escuchó. Los ojos de todos se clavaron en el peligris, quien permanecía estático, a excepción de sus manos que no dejaban de temblar.
—No puede ser —fueron las únicas palabras que escaparon de Suga en un susurro tembloroso.
—¡¿QUÉ?! —exclamaron Daichi y Keiji al unísono antes de arrebatarle la carpeta de las manos a Hajime.
—Terushima Yūji… y su esposa Tanaka Saeko…
—¡¿Qué?! Saeko no es su esposa —dijo Suga interrumpiendo a Hajime, mientras su respiración comenzaba a agitarse.
—Al parecer se casaron hace una semana —agregó Hajime mientras Tooru y Keiji se acercaban al peligris para intentar calmarlo.
—Esto… no, no pueden… es mi bebé —murmuró Suga, las palabras bailaban en su cabeza y no podía formar una oración completa mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Suga tienes que calmarte, te necesitamos bien para ver cómo encarar esto —dijo Keiji centrando sus grises ojos en los de Suga—, vamos a pelear por él todo lo que haga falta…
—Suga necesitan saberlo todo —murmuró Tooru llamando la atención de todos.
Nuevo capitulo y ya se acercan los problemas y las explicaciones, pronto atare cavos sueltos o haré un enredo mayor... ya se vera.
Gracias a todos los leer.
Nos leemos.
Noe
