Mi hijo

Decisión.

Ryuunosuke lavó la taza que acababa de usar, la dejó sobre la encimera y luego se dispuso a ir a su habitación, cuando su celular comenzó a sonar y sin dudar atendió en cuanto leyó el nombre que aparecía en pantalla.

―Hola Noya ―saludó en cuanto contestó.

―Hola Ryu, tengo la solución a tus problemas… bueno a algunos ―dijo Noya con un tono alegre.

―Ahh, no sabes el favor que me haces ―dijo Ryu antes de soltar un suspiro―… creo que en cualquier momento enloquecere con todo esto.

―Bueno pues no te apresures a enloquecer, te conseguí un trabajo que te permitirá dormir por las noches, luego te enviare un mensaje con la hora y dirección para que veas a mi esposo y acuerden bien los detalles y mañana por la tarde veremos a un amigo que tiene una casa que no está usando…

―Wow, ¡¿de verdad?! eso es genial ―dijo el rapado con una enorme sonrisa―, si soluciono eso todo mejorará… ¿sabes como está Chikara? ―esa pregunta estaba cargada de dudas y fue casi inaudible.

―Esta bien, hoy fue con tía Hanna a hacerse una ecografía, luego vere si puedo conseguirte la imagen.

―Gracias Noya, en verdad es bueno saber que al menos todavía me queda un amigo ―comentó Ryu en un tono algo melancólico.

―Ryu ¿todo bien?

―Ahhh… más o menos… ya estoy cansado de esta casa, no veo la hora de irme ―respondió y soltó un suspiro que delataba su cansancio―… y en verdad extraño a Chikara.

―Hey, animate un poco, ya veras que todo mejora… y te puedo asegurar que Chikara también te extraña, estoy seguro que en cuanto todo mejore volverán a estar juntos…

Una sonrisa apareció en el rostro de Ryuunosuke al escuchar esas palabras, pero se desdibujó un poco al escuchar voces, lo que denotaba que la familia acababa de volver.

―Eres genial Noya, enviame un mensaje y nos encontramos mañana… te dejo porque acaba de volver la familia y voy a ver qué sucedió.

Sin mucho más se despidió de su amigo y se encaminó hacia la sala donde encontró a Kanna regañando a Saeko, mientras Yuuji se alejaba hacia su oficina con el teléfono pegado al oído, seguramente hablando con su abogado.

―Te lo aseguro, si perdemos al niño por tu culpa, me vas a conocer ―bramaba la mujer de cabello blanco, mirando con desprecio a la rubia.

―¡¿Ahora es mi culpa?! le recuerdo que fue usted quien hizo que Yuuji se alejara de mí, si no hubiera hecho eso habría tenido a su nieto desde que nació ―replicó Saeko mirando seria a la mujer.

―No tientes a la suerte ―advirtió Kanna volteandose, dispuesta a alejarse.

―Usted no me tiente ―vociferó la rubia antes de comenzar a subir las escaleras.

Ryu notó la mirada asesina que Kanna le lanzó a Saeko y sin decir nada comenzó a subir las escaleras tras su hermana, dejando a esa mujer masticando maldiciones. Golpeó la puerta y como estaba entreabierta entró sin esperar respuesta, dio un rápido vistazo en la habitación y encontró a su hermana sentada en el piso del balcón, con la mirada perdida en aquel enorme jardín. Se acercó sin importarle si hacía ruido y se sentó cerca de Saeko.

―Esa bruja maldita, lo único que le importa es su heredero ―murmuró la rubia sin desviar la mirada―… guardate lo que sea que vayas a decir ―agregó adelantándose a Ryu―, ya sé que yo me busqué esto al aceptar sus condiciones… pero no puedes culparme por tener esperanzas… Yuuji era, es, todo lo que esperaba y ahora tengo una oportunidad…

―Saeko… me hace muy feliz que estes bien, que estés limpia y en verdad deseo que eso dure… pero me preocupa tu felicidad, creo que estas esperando un imposible ―murmuró Ryu centrando sus ojos en uno de los canteros repleto de flores…

―Se supone que tienes que apoyarme Ryu.

―Hermana ¿en verdad quieres una familia con un niño al que evitaste por cinco años? ―preguntó el rapado centrando sus ojos en su hermana, quien lo miraba con una expresión algo triste.

―No sé… no sé si es posible… hoy lo conocimos…

―Se parece a Suga, sonríe todo el tiempo y sus ojos son idénticos a los de él, más claros que los tuyos… dicen que se parece a tu padre ―susurró Ryu recordando las veces que había visto al pequeño y junto con ese recuerdo llegó la sonrisa de Ennoshita cuando estaba con Shoyo, una sonrisa que él pocas veces había visto pues parecía que Chikara guardaba esas sonrisas solo para los niños.

―Ese niño jamás me va a querer, es evidente que su mamá es Suga y no va a aceptar a nadie más ―los ojos de Saeko parecieron nublarse por un momento y volvió a desviar su mirada hacia los canteros del jardín―… creo que Suga me odia ―sus últimas palabras fueron casi inaudibles.

―Saeko ¿en verdad creíste el cuento de la familia feliz que te pintaron Yuuji y Kanna? ¿Creen que traerán a Shoyo aquí y él estará feliz? ―comentó el rapado como si nada mientras se ponía de pie―… en cuanto a Suga, tu sabes que no odia a nadie… pero sí debe de estar muy molesto, Shoyo es lo más importante en su vida y tu quieres quitarselo ―agregó encaminandose hacia la puerta.

―¿Ryu… ?

―Tengo que prepararme, pronto empezara mi turno… no te quedes mucho ahí afuera ―fue todo lo que dijo antes de salir de la habitación.

Sabía que acababa de ser cruel con su hermana, pero esa era una buena oportunidad para que pensara en sus acciones. Era obvio que Yuuji no la amaba y sin importar que obtengan la tenencia de Shoyo o no, eso no iba a cambiar y tarde o temprano Saeko volvería a salir lastimada… y él no estaba dispuesto a seguir perdiendo lo poco que tenía porque ella estaba obsesionada con Terushima, por lo que era mejor que abriera los ojos pronto.

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―Espera.

La voz llegó hasta Aone e inmediatamente detuvo las puertas del ascensor para esperar al pelinegro que se acercaba a paso presuroso.

―Gracias Aone. Hola ―dijo el pelinegro y el albino en respuesta hizo un pequeño movimiento con la cabeza―, no esperaba encontrarte aquí ―agregó mientras el ascensor comenzaba a moverse.

―Vine a ver como esta, a penas respondió un mensaje ―murmuró el albino.

Ambos soltaron un suspiro algo cansado y guardaron silencio. Cuando el ascensor se detuvo, caminaron hasta la puerta del departamento que buscaban y Himuro se apresuró a golpear. En cuanto Futakuchi abrió la puerta el pelinegro se metió al departamento y comenzó a caminar por el lugar.

―¿Quieres decirme que rayos piensas hacer?... ¿qué fue eso de hoy? ―preguntó Himuro mirando con el ceño fruncido al castaño que se acercaba al sillón seguido por su pareja.

―Lo siento ―murmuró el castaño esquivando la mirada de su amigo.

―¿Qué dijiste? ―insistió el pelinegro consiguiendo que el otro doncel finalmente centrara sus ojos en él.

―Lo siento… bien… lamento haber escapado hoy, no debí dejarte con ellos… pero… no puedo, no quiero tratar con ella ―dijo el castaño con una expresión triste, que consiguió suavizar a su amigo.

―Kenji ―murmuró Himuro acercándose al otro doncel―, sabes que yo te apoyare en lo que sea, nos conocemos y sé de todos tus complejos con tu familia… pero no puedo trabajar si tengo a tu madre y su familia esperando en mi oficina o llamando cada quince minutos para ver si llegaste ―el castaño bajó la mirada al escuchar eso, en verdad su familia estaba siendo una molestia―… además ¿cuánto crees que tardarán en averiguar donde vives? Kenji, tienes que enfrentarla... habla con ella.

―Tatsuya… no puedo…

―Kenji ―la voz de Aone llamó la atención de ambos donceles que lo miraron algo sorprendidos―… también estuvieron llamando a mi oficina… y ―agregó el albino e hizo una pausa…

―Lo siento… no quería que esto pasara ―se disculpó el castaño volviendo a bajar la mirada.

―Aone ¿yyyyy…? ―preguntó de repente Himuro haciendo que el castaño note que su novio había dejado la frase a medias―… ¿que pasó?

―Fue raro… el señor Brown ―comenzó a decir Aone pero se detuvo al notar la preocupación en su pareja―… Ahh no tiene importancia… no te preocupes y no tienes que disculparte, tu madre debería entender que todavía no estás listo para verla ―agregó acercándose más a su castaño y pasando su brazo por los hombros del doncel lo pegó a su cuerpo, sabía que eso calmaba a su osito pardo.

―Bueno pero mientras tu madre se da cuenta de eso ¿qué harás? ―indagó el pelinegro y solo obtuvo un suspiro de su amigo―… haremos lo siguiente, trabajaras en casa, te enviaremos lo que necesites al mail y si necesito verte será aquí o en la oficina de mi hermano ¿te parece? cuando vuelvan les diré que estás enfermo o de vacaciones ¿si?

―Si… es buena idea, mientras decido qué hacer ―respondió el castaño sin ganas.

―Amor, creo que será mejor si te mudas conmigo hasta que lo soluciones ―propuso Aone y el castaño lo miró algo confundido―… Himuro tiene razón, no tardaran mucho en saber que vives aquí… mi departamento es grande y a Satori le encantará que estés con nosotros.

―¿No crees que seria lo mismo? cualquiera supondría que si no esta aquí estará contigo o conmigo ―acotó Himuro, haciendo dudar al albino.

―Podemos pedirle la casa a Satori por unos días hasta que decidas que hacer, estoy seguro que no tendrá problema.

Futakuchi miró un momento a su pareja y luego a su amigo, quien luego de pensarlo un momento asintió. Sabía que tenía razón, era una buena idea, necesitaba algo de tiempo para despejar su mente y finalmente enfrentar a su madre, pues no quería verla y largarse a llorar como la última vez.

―Bien, hermosura, te daré solo una semana, intenta pensar con calma y no estires mucho el asunto, que ya me acostumbre a tenerte en la oficina y mi trabajo es mucho más fácil si tú acompañas a Taiga a las reuniones ―dijo Himuro con una enorme sonrisa antes de comenzar a alejarse, jalando al doncel para que lo acompañe hasta la puerta.

―Gracias, eres el mejor amigo que alguien puede tener ―murmuró Kenji abrazando al pelinegro―… ¿en serio ya te vas?

―Si, Murasakibara me invitó a cenar, quiere que conozca a uno de sus amigos… pero antes tenía que pasar por aquí, estaba un poquito preocupado por ti… cuidate y cualquier cosa me llamas ―se despidió Himuro antes de soltar al castaño, abrir la puerta y alejarse por el pasillo.

Futakuchi vió a su amigo desaparecer tras las puertas del ascensor y un instante después un sonido hizo que mirara alarmado en todas direcciones, inmediatamente cerró la puerta y puso el seguro antes de girarse y centrar sus ojos en Aone que lo miraba desde el sillón.

―Amor… ¿me ayudas a preparar una maleta? aceptaré tu oferta y pasaré esta noche en tu departamento… ¿la oferta sigue en pie?

―Para ti… siempre ―respondió Aone acercándose al castaño para envolverlo en un abrazo. Kenji se aferró con fuerza y sintió como aquel perfume que tanto le gustaba lo inundaba, consiguiendo calmar un poco los nervios que lo habían atormentado todo el día.

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Ennoshita llenó la bañera y luego de poner algo de música relajante, se metió en la bañera y dejo que el agua caliente y la espuma cubrieran su cuerpo y se llevaran todas las tensiones.

Podía decir que ese había sido un día largo, había empezado bien como todas las mañanas con un sonriente Shoyo que se despedía de él y su bebé. El médico dijo que todo estaba bien, su bebé era un niño que se desarrollaba muy bien. Todo iba bien hasta que al mediodía escuchó a Hanna hablando con Noya y se enteró que Suga se reuniria esa tarde con Terushima y Saeko… y al parecer por lo que Noya sabía ellos querían ver a Shoyo ese día, desde que escuchó esas palabras la preocupación lo invadió y su bebé comenzó a moverse sin control. Unas horas después se notaba en su rostro que no estaba bien y Hanna no dudó en hacer que Semi lo llevara a casa de Suga.

"―Gracias Semi ―dijo el pelinegro ya en la sala, mientras el otro doncel lo observaba sentarse en el sillón.

―¿Quieres que te prepare algo… que tal un té? ―preguntó el peligris mirando hacia la cocina.

―No hace falta, yo puedo hacerlo, de seguro te necesitan en el café.

―No te preocupes, Hanna dijo que no te dejara solo por nada, no puedo irme hasta que Nishinoya esté aquí ―el pelinegro soltó un suspiro cansado sabiendo que Hanna era muy capaz de eso.

―Esta bien, gracias… por ahora solo quiero que se tranquilice un poco ―respondió Chikara en un susurró bajando la vista a su abultado vientre mientras apoyaba sus manos en el.

―Si tu te calmas, él también lo hará ―dijo el peligris sentándose a un lado del pelinegro y acercando su mano a aquel abultado vientre preguntó―, ¿puedo? ―Ennoshita asintió, un instante después sintió la cálida mano que daba una lenta caricia sobre la ropa―… intenta cantar o tararear, hablale de lo que creas importante, hazle saber que es amado… a mi me funcionaba con Kenjiro ―agregó con una sonrisa―... cuando nació apenas pude verlo y me desmaye, fueron unos cuantos minutos y él no dejó de llorar hasta que escuchó mi voz, entonces hizo una pequeña mueca y se durmió.

―Que lindo… generalmente no hablas de tu hijo ―comentó Ennoshita con una enorme sonrisa mientras Semi quitaba su mano y desviaba un poco la mirada.

―Creo que siempre estamos ocupados con otras cosas… Kenjiro es un niño muy bueno y está encantado con mi nuevo trabajo, porque ahora puedo pasar más tiempo con él… Hanna es genial acomodó mi horario cuando le dije que tenía un hijo.

―Si es fantástica… y ¡¿sabes que le encantaría a ella y a mi?! ―preguntó el pelinegro ganándose una mirada curiosa del peligris―… que lleves a Kenjiro al café un día de estos para que lo conozcamos.

―Bien, veré que puedo hacer ―respondió Semi con una pequeña sonrisa―… ¿más tranquilo?

Con esa pregunta Ennoshita notó que su bebé estaba mucho más tranquilo, al igual que él, la charla del peligris había logrado calmarlo, había dejado de pensar en los problemas por un momento y sí ahora se sentía mejor, así que como respuesta solo asintió con una sonrisa.

―¿Ennoshita puedo hacerte una pregunta? ―indagó el peligris luego de un momento en silencio y Chikara solo volvió a asentir―… sé que no es asunto mío pero… ¿qué sucede con el padre de tu bebé?

―Las cosas no están del todo bien ―respondió el pelinegro antes de soltar un suspiro―… tiene que decidir si en verdad nos quiere en su vida o no…

―¿Seguro?... por lo que he visto parece que si los quiere en su vida… no se ha cansado de ir a verte cada día y mantiene su distancia, tengo entendido que le pediste eso ―Chikara miró un momento al peligris y no supo qué responder, él era consciente de todo lo que hacía Ryu―… ¿sabes algo?en cierta forma me recuerda al padre de Kenjiro… empezamos como amigos con derechos, él quería algo más serio pero yo no quería aceptar que estaba perdidamente enamorado de él, el orgullo era más fuerte… y a pesar de todo él seguía detrás de mí apoyándome en todo, respetaba mi decisión y no presionaba sobre el tema… la última vez que lo vi me volvió a preguntar si quería ser su pareja y pasar el resto de la vida con él… siempre le decía que no, pero esa vez algo me hizo decirle que lo pensaría… su sonrisa era enorme y… fue la última vez que lo vi ―la voz de Semi terminó siendo prácticamente un susurro, bajó su mirada y Chikara tuvo miedo de que esa conversación terminara en lágrimas incontenibles, él se sentía mal de solo escucharlo así que no podía ni imaginar cómo se sentiría Semi―… sé que debes de tener tus motivos, pero no dejes pasar mucho tiempo así, nunca sabes qué puede pasar… sé lo que es vivir un embarazo solo y que por más de que estés rodeado de personas que te aman y acompañan…

―Hay algo que falta ―murmuró Chikara interrumpiendo a Semi, quien solo asintió―… entiendo lo que quieres decir, tambien he perdido personas importantes de un momento para otro… pero necesito que Ryu me demuestre que tiene intenciones de tomar esto enserio.

―¿Crees que va por buen camino? ―el pelinegro asintió en respuesta―… entonces deberías darle una pequeña recompensa… ¿no crees?

―¡¿Recompensa?!... algo como…

―Algo simple, habla con él cuéntale sobre su bebé, ni siquiera es necesaria que lo veas puede ser por teléfono.

―Mmmm lo pensare..."

Acarició su vientre y soltó un suspiro, finalmente su bebé estaba realmente tranquilo, todo lo que había necesitado era escuchar a Suga y Shoyo.

―A ti también te preocupan… es lógico, en cierta forma son tu familia, Shoyo es sobrino de tu papá ―murmuró antes de dibujar una sonrisa en su rostro―… ¿Crees que tenemos que recompensarlo?... después de todo sigue yendo cada día a vernos, mantiene su distancia, no llama ni manda mensajes como desquiciado… y aunque nos duela lo que le sucede a Suga, sé que no es su culpa, él no controla a Saeko.

Chikara se quedó un momento pensando y finalmente salió del agua cuando sus dedos ya estaban arrugados y el agua casi fria. Luego de secarse y acomodarse, se recostó de lado en la cama y luego de abrazar una almohada, soltó un largo suspiro y marcó el número de Tanaka. El teléfono sonó dos veces e inmediatamente escuchó la voz de Ryu.

―¡¿Chikara?! ―dijo en un tono algo preocupado.

―Hola Ryu ―saludó dudando un poco.

―Hola…

―¿Puedes hablar en este momento… o molesto? ―preguntó, recordando que el trabajo del rapado era de guardia nocturno en un edificio.

―Si, si, no te preocupes, solo tengo que vigilar las cámaras, al menos por la próxima hora… ¿sucede algo?

―Todo esta bien… solo quiero escuchar tu voz, quiero que nuestro bebé conozca tu voz, ¡pero! ―exclamó para obtener la completa atención de Tanaka y luego de una pequeña pausa continuó―… no quiero que hablemos de nuestros problemas… solo quiero que él sepa quien eres, habla con nuestro hijo, cuentale de ti, anécdotas, tus sueños, canta, leele un cuento, no sé… lo que sea, pero no quiero escuchar problemas de nadie y si haces preguntas, que sean solo sobre el bebé ¿Si?

―Ok… creo que entiendo ―respondió Ryu luego de dudar un momento―… ¿Cómo estás?

―Ryu, en serio, si no respetas mis condiciones no se va a volver a repetir ―le advirtió el pelinegro antes de poner el celular en altavoz y dejarlo sobre la almohada cerca de su cuerpo, más que nada de su vientre.

―Tu estado afecta al bebé así que es una pregunta válida ―se apresuró a recalcar el rapado y Chikara no pudo evitar reír, en verdad extrañaba hablar con él y que saliera con ese tipo de cosas―… ¿esto se va a repetir?

―Si no te molesta intentaré llamarte por las noche… aunque no sé con qué frecuencia…

―Por supuesto que no me molesta, me encanta la idea, por mi todos los días o… cuando tu quieras ―la voz de Ryu sonaba muy alegre y eso hacía feliz al pelinegro.

―Ok veremos que sucede… depende de como te portes… y bueno, tu respuesta… estoy, estamos bien… nuestro niño estuvo un poco inquieto en la tarde, fue mi culpa estaba preocupado y él lo notó… pero ya todo está bien ―aclaró el pelinegro y se preocupó un poco porque sin darse cuenta había hablado demasiado…

―Bueno no voy a preguntar sobre eso… si dices que estas bien te creo ―Chikara suspiro algo aliviado―… ¿quieres contarme sobre el bebé?

―Bien, ya estoy de cinco meses y un poquito, cada día se nota más, dentro de poco no va a haber nada que lo oculte, es un niño y creo que le gustan las cosas agridulces, todos mis antojos han sido de cosas agridulces y yogures o cosas acidas… no hay mucho más que decir… ah sí, le encanta la risa y la voz de Shoyo a veces está realmente inquieto y cuando escucha a Shoyo se calma ―respondió con una sonrisa.

―¿Ya puedes sentir sus movimientos?

―Si desde los cuatro meses o un poquito más…

―Chika… lo siento ―la voz de Ryu apenas se escuchó. El pelinegro se mordió el labio inferior y luego soltó un suspiro, no quería hablar de eso, no queria entrar en esa espirar de disculpas y reproches, solo quería que fuera una charla casual como las que tenían antes, como si nada malo sucediera.

―Cuéntanos una historia, un cuento para dormir ―pidió Chikara dibujando una sonrisa en sus labios al recordar las extrañas historias que Tanaka inventaba―… sin monstruos o zombies por favor.

―Ok, ok, algo apto para bebés, prepárate pequeño porque vas a escuchar una de mis mejores historias ―dijo el rapado antes de aclararse la garganta―. Había una vez una familia de ratones…

La historia de Tanaka era de lo más extraño que Ennoshita había escuchado en mucho tiempo, pero por alguna razón no podía dejar de sonreír mientras escuchaba esa voz tan familiar que cada tanto cambiaba para hacer las voces de los personajes. Todavia no sabia si habia hecho lo correcto, pero no se arrepentía, en verdad lo extrañaba.

Nuevo cap. espero que les guste.

Gracias por leer y seguir esta historia.