Mi hijo.
Saeko y Akiteru
Futakuchi ayudaba a Mirah en la cocina cuando Aone llegó en compañía de Taichi, el niño inmediatamente corrió a saludar a su abuela y unos minutos después estaba sentado en la mesada muy cerca de donde el castaño cortaba vegetales.
―Hola Taichi ―saludo el castaño con una sonrisa.
―Hola ―respondió el pequeño mirando lo que el doncel hacia.
―¿Te gustan las zanahorias? ―preguntó Kenji ofreciendo al niño un bastón de zanahoria que acababa de cortar, pero el pequeño inmediatamente negó con la cabeza y el castaño no pudo evitar reír ante esa reacción.
―Ah, sólo las come cocidas, pero seguro te acepta un dango ―comentó Mirah con una sonrisa mientras ayudaba a Aone a desempaquetar todo lo que acababa de traer.
―Madre, sabes que son para el postre ―murmuró Aone antes de mirar de reojo al pequeño pelirrojo que acababa de abrir la boca para decir algo, pero finalmente no lo hizo―… y sabes que si come mucho dulce luego no quiere cenar.
―Bueno… creo que uno estaría bien, pero ―dijo Futakuchi mirando al pequeño con una sonrisa antes de fruncir un poco el ceño y hacer un momento de silencio para asegurarse que el niño prestara atención―… si no comes la cena no habrá más dango para ti… ¿entendido?
Taichi inmediatamente asintió con la cabeza y un momento después Mirah le estaba dando un dango al pequeño antes de bajarlo de la mesada.
―Bien ya escuchaste al tío Kenji, ahora juega un rato mientras terminamos de preparar la cena ―dijo Mirah mientras enviaba al niño hacia la sala.
Luego de un rato la mujer envió a la pareja a la sala con el niño mientras ella terminaba de preparar todo.
Kenji se dejó caer sobre el sillón antes de soltar un suspiro, estaba algo cansado, había andado casi todo el día, Sophie había ido esa mañana a su departamento e insistió hasta que el castaño aceptó acompañarla a hacer compras, actividad que se extendió más de lo que había pensado.
―Amor ¿estás bien? ―preguntó el albino antes de sentarse junto a su pareja y abrazarlo para que se apoyara en él.
―Si, solo algo cansado, es difícil seguirle el ritmo a una niña de 13 que quiere ver cada tienda del centro comercial ―respondió acomodando su cabeza en el hombro de Aone―… si ahora termino así por un día de caminata en un centro comercial ¿que voy a hacer más adelante? ―preguntó el doncel más para sí mismo que otra cosa, mientras llevaba sus manos a su vientre todavía plano y un instante después una de las manos de Aone estaba sobre las suyas.
―No es fácil seguirle el ritmo a los niños… pero todo estara bien, te acostumbraras ―murmuró Takanobu antes de que ambos se encontraron con la mirada del pequeño pelirrojo que ahora estaba parado frente a ellos mirándolos con curiosidad.
―Tío Kenji… ¿te duele la pancita? ―preguntó con inocencia el niño antes apoyar su manito sobre las de la pareja.
―No, Taichi, estoy bien ―respondió el castaño antes de moverse y levantar al niño para sentarlo en su regazo.
―¿Seguro? maman fait… hace eso cuando le duele ―continuó el niño con una expresión algo preocupada antes de acariciar la mejilla del castaño.
―En verdad estoy bien, no me duele nada ―afirmó Kenji antes de dudar un momento y mirar de reojo a Aone, quien asintió apenas levantando las comisuras de sus labios―… ¿puedes guardar un secreto?
Taichi asintió insistentemente a esa pregunta antes de mirar a su tío Aone, quien se acercó un poco más a él y dijo…
―El tío Kenji y yo vamos a tener un bebé ―el pequeño abrió mucho los ojos ante esa noticia y antes de que pudiera decir cualquier cosa un grito de felicidad de Mirah se escuchó en toda la sala.
―Ahhhhh, si, si, si… voy a ser abuela.
La mujer se acercó y abrazó a la pareja antes de comenzar a llenarlos de besos y a hacer preguntas, era evidente que estaba muy feliz.
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Aquel restaurante era uno de los más lujoso, importante y conocido de la ciudad, Himuro sabía más que bien que hacer una reservación allí era casi imposible a menos que quisieras esperar como mínimo medio año.
Murasakibara habló con el metre mientras Himuro y Furihata observaban algo sorprendidos el elegante lugar, el empleado les pidió que lo siguieran y sin demora los guió hasta uno de los balcones. El lugar era realmente hermoso y tenía una de las mejores vistas de la ciudad, era lo suficientemente amplio como para ubicar una mesa para dos o a lo sumo cuatro personas.
La mesa estaba preparada para cuatro personas y en una de las sillas estaba ubicado un elegante pelirrojo que en ese momento dejaba su copa con vino sobre la mesa para ponerse de pie y hacer una pequeña reverencia a modo de saludo.
―Atsushi… Himuro un placer volver a verte ―saludo antes de darle un apretón de manos al pelinegro para luego centrar sus rojos ojos en el castaño.
―Igualmente Akashi ―dijo el pelinegro antes mirar a su primo―, él es mi primo, Furihata Kouki.
―Lo sé, nos conocimos hace poco ―murmuró el pelirrojo antes de sujetar la mano del castaño y dejar un rápido beso en el dorso de la misma, acción que inmediatamente sonrojo al doncel―, hola Kouki.
―¡¿Cómo es eso de que ya se conocen?! ―preguntó Himuro mirando a su primo con una sonrisa ladina mientras todos se ubicaban en sus lugares.
―Siento la demora Aka-chin, pero tu abogado es molesto ―dijo el pelilila en su tono cansino mientras Himuro interrogaba a un nervioso Kouki.
―¿Tu padre decidió dejar todo en tus manos? ―murmuró el pelirrojo con una sonrisa ladina―… sé que es un poco pesado pero…
―Si lo sé, Terushima se lo buscó ―acotó el pelilila llamando la atención de los dos donceles, quienes olvidaron el tema y los nervios por un momento.
―¡¿Terushima Yuji?! ―dijeron al unísono ambos donceles.
―¿Qué sucede con él? ―agregó Himuro lanzándole una mirada seria a los dos hombres.
―Tenemos algunos problemas con él ―respondió Murasakibara luego de dudar un momento.
―¡¿Por qué… acaso trabajas para él?! ―indagó el pelirrojo frunciendo un poco el ceño, pues cuando investigo a Terushima el nombre Himuro no aparecia.
―Yo no… Kouki si… ¿tiene que preocuparse?
―¡¿Qué?! ―exclamaron los dos hombres antes de centrar sus ojos en el castaño.
―Tatsuya, yo solo cuido a su hijo, sus problemas de negocios no tiene que ver conmigo ―murmuró Kouki todavía algo nervioso.
―¡¿Tu te encargas de Sh… aw?! ―comenzó Murasakibara y fue detenido por una patada por debajo de la mesa, por parte de Akashi.
―¡¿Cuidas niños?! Interesante, no lo hubiese imaginado ―acotó inmediatamente el pelirrojo.
―Si… hice varios trabajos y por pedido de un amigo termine haciendo una suplencia en la guardería de la empresa… al parecer a todos les gusto mi trabajo y de repente el señor Terushima me llamó para ofrecerme trabajo en su casa…
―Tiene un don, los niños lo aman ―dijo Himuro interrumpiendo al castaño antes de volver a centrar sus ojos en él―… por cierto no me has contado como te va con este niño.
―Shoyo ―un suspiro se escapó de los labios del doncel―… es un niño muy dulce, no se merece esa madre, ni esa familia ―murmuró antes de darles una rápida mirada a los presentes.
―Wow, hicieron algo feo para que hables así ―comentó Himuro y solo recibió un asentimiento de su primo.
―Te lo juro, desde que estoy ahí, más de una vez he pensado en sacar a ese niño de esa casa y llevarlo lejos… devolverlo a su verdadera mamá ―agregó el castaño apretando con fuerza la servilleta en sus manos.
―Kouki ―la voz del pelirrojo llamó la atención del doncel y de la pareja, pero sus ojos se centraron solo en el castaño―… somos muchos los que estamos en esto y no nos detendremos hasta que Shoyo vuelva con Suga.
―¿Conoces a Shoyo?
―Es mi sobrino… gracias por cuidarlo.
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―¿Seguro que no es una molestia? ―volvió a preguntar Asahi antes de dar una mirada a la sala de esa casa.
―Ya te dije que no hay problema Asahi la casa es bastante grande ―respondió Kuro colocando los vasos en la mesa.
―Si… además creo que todos tenemos curiosidad por lo que sucedió hoy ―agregó Kenma mirando de reojo a Akiteru que en ese momento ayudaba a acomodar las sillas alrededor de aquella enorme mesa.
―Eso es seguro, todos queremos saber ―acotó Akaashi, también centrando sus ojos en el hermano de Kenma, quien los miró a todos y soltó un suspiro algo resignado.
―Bien… pero luego de cenar ―dijo Akiteru en un tono cansino, pues ninguno de los presentes había dejado de enloquecerlo con preguntas después de su charla con Saeko esa tarde.
La cena transcurrió sin mucho problema, con los mayores intentando evitar el tema de Shoyo y lo sucedido esa tarde. Luego de la cena los niños se ubicaron en la sala para jugar mientras los adultos permanecieron en la mesa, todos esperando ansiosos con sus ojos centrados en Akiteru.
―Conocí a Tanaka Saeko en secundaria, simplemente un día, faltando tres meses para finalizar el ciclo, se transfirió al colegio al que yo iba, no le fue difícil encajar, se sentaba al lado mío así que antes de darme cuenta ya éramos amigos, su madre estaba enferma y más de una vez termine ayudándole a ella y su hermano Ryuunosuke… nos llevábamos bien, era linda, graciosa, con una sonrisa hermosa… pero con el tiempo se fue alejando, no se graduó y un día me llegó la noticia de que estaba en una granja de rehabilitación ―Akiteru no dejaba de jugar con sus dedos mientras hablaba y su expresión era algo triste―… intente buscarla varias veces, pero con el estudio, mi capacitación en fisioterapia y las prácticas en el hospital, se me complicaba, en su casa casi nunca había nadie y las pocas veces que encontré a Ryu el estaba tan perdido con su paradero como yo… finalmente la encontré un día en el hospital, en una de sus tantas entradas por drogas ―con una mirada a los presentes descubrió que no había dicho nada nuevo…
―Según Suga, recaia frecuentemente, en verdad les costaba mucho mantenerla alejada de las drogas ―dijo Noya llamando la atención de Akiteru.
―Sobre todo porque ella no quería que la ayudaran ―agregó Asahi.
―Siempre fue de las personas que creian que podian hacer todo por sí solas ―dijo Akiteru asintiendo a lo que la pareja acababa de decir―, me costo mucho poder acercarme a ella y aun más que aceptara mi ayuda… pero cada vez que consumía terminabamos discutiendo y ella volvía a hacer lo posible por alejarme… habíamos pasado mucho tiempo juntos y a esa altura yo sabía bien que uno de sus mecanismos de defensa era alejar a las personas y aislarse, por eso me esforzaba y no me rendía con ella… estuve ahí cuando conoció a Terushima… y debo admitir que en un punto me molesto un poco él hacía menos que yo y ella le hacía más caso… luego me hizo enojar mucho más porque la desaparición de Terushima hizo que ella recayera peor que antes… entonces fue cuando mi relación con ella dio un giro, fuimos más que amigos y ella estaba bien ―Akiteru hizo una pausa, soltó un suspiro y luego de morderse el labio inferior continuó―… creí que me quería y que finalmente todo estaría bien… pero Terushima volvió...
"Akiteru sirvió dos tazas con café e inmediatamente las acomodó en la bandeja donde había dispuesto el resto del desayuno, algo de fruta, panecillos, mermelada y queso para untar. Tomó la bandeja y se giró dispuesto a volver a la habitación, pero se detuvo en la sala al ver a Saeko saliendo de la habitación ya completamente vestida.
―Ohh quería despertarte con el desayuno ―se quejó inflando un poco los cachetes antes de mostrar una sonrisa.
―Akiteru… esto ya no tiene caso, solo déjame ―dijo Saeko esquivando la mirada del rubio que se había detenido ante ella.
―Otra vez con eso, ya te dije que eso no va a suceder ―la sonrisa del rubio se amplió mientras dejaba la bandeja sobre la mesita de la sala antes de tomar una de las tazas de café y ofrecersela a la mujer.
―No… lo digo en serio… yo sé lo que sientes por mí y sé que, aunque quiera, no puedo ofrecerte nada bueno… además ya lo sabes me gusta Yuji ―Saeko dibujó una sonrisa algo triste en su rostro antes de volver a mirar al rubio que seguía inmóvil ante ella.
―¿Sabes que… gustar no es lo mismo que amar? ―murmuró Akiteru dejando el café que la rubia no había aceptado nuevamente sobre la bandeja.
―No voy a escuchar sermones sobre el amor también de ti ―se quejó la mujer acercándose al sillón para recoger la chaqueta y los zapatos que había dejado allí la noche anterior―… ambos sabíamos que no teníamos que enredarnos así… ¿por qué eres así? ¿por qué siempre me das todo lo que quiero? ―exclamó comenzando a ponerse los zapatos, pero se detuvo cuando Akiteru también se acercó a ella.
―Tu conoces la respuesta a esas preguntas ―murmuró el rubio antes de sujetar suavemente el rostro de la mujer y dejar un corto beso en sus labios, al separarse Saeko cerró los ojos pero sin alejarse demasiado agregó…
―Yuji vuelve hoy, todo estará bien de ahora en más… él prometió que se quedara, por eso no podemos seguir así… no puedo volver a ―Saeko comenzó a alejarse todavía sin mirar a Akiteru―… no me lo hagas dificil, dejame seguir ―sus últimas palabras fueron un murmullo y sin más caminó hasta la puerta y se fue."
―La última vez que la vi estaba caminando con Terushima, luego tuve un accidente en el que casi muero, Vicius hizo que me transladaran a Tokio, me salvaron y mi recuperación tomó más tiempo del que esperaba luego comencé a trabajar con él y aunque quería volver a verla no volví, decidí dejarselo al destino.
―Parece que siempre fue una tonta ―murmuró Noya luego de soltar un largo suspiro.
―¡Yu! ―exclamó Asahi pero inmediatamente fue interrumpido por Kenma…
―Tiene razón ―comentó el rubio antes de centrar sus ojos en su hermano―, te dejo por Terushima y él volvió a abandonarla… dejándola con un hijo…
―Un momento ―exclamó Kuro interrumpiendo a su esposo y llamando la atención de todos―… ¿cómo estamos seguros que…?
―ADN Kuro ―dijo Akaashi en su tono tranquilo impidiendo que su primo terminara su pregunta.
―No puedes culparme por atar cabos, podría ser, él estuvo con ella prácticamente al mismo tiempo que Terushima ―se quejó el pelinegro señalando a su cuñado que en ese momento los miraba algo confundido a todos.
―Kuro todos sabemos que el ADN fue lo primero que se pidió ―dijo Kenma mirando de reojo a su marido.
―Pero no es nada que el dinero no pueda arreglar ―comentó como si nada Bokuto llamando la atención de todos.
―Boku… ¡¿Qué… ?! ―intentó hablar Akaashi pero no pudo completar su pregunta y ante su momento de duda el peligris continuó.
―Amor, solo mira todo lo que la "mamá" ―dibujó comillas con los dedos ante esa palabra― de Wakatoshi hizo, a cuantas personas compró… cuánto tiempo mantuvo oculta la verdad ―el peligris dibujó una sonrisa de lado en su rostro antes de rascarse la nuca―… solo digo que considerando todo eso… no parece tan difícil ni descabellado comprar un exámen de ADN…
―No, eso no… no es posible… su abogado ―murmuró Akaashi mientras su cabeza trabajaba procesando toda la información y se centraba en el abogado de Terushima el cual era conocido en el medio por sus técnicas poco convencionales y trucos poco éticos para ganar casos―… ¡Rayos! ―exclamó antes de centrar sus ojos en Akiteru―. Tengo que saber cada detalle de tu relación con Saeko.
Akiteru seguía analizando todo lo que acababa de escuchar y pronto su cabeza fue un completo caos.
―No es… posible… ella no… no me haría algo… así ―murmuró el rubio antes de dar una rápida mirada a todos los presentes.
―Akiteru ―dijo Noya haciendo que el rubio se centre en él―… sé por Ryu que ella en esa época estaba muy mal, realmente perdida y muy… muy obsesionada con Terushima… según él esa obsesión sigue hasta ahora.
―Creo que mejor dejamos este tema para otro día ―la voz de Kenma interrumpió toda línea de pensamiento en los presentes― dejemos que Akiteru procese toda esta información ―agregó antes de regalarle una cálida sonrisa a su hermano.
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Luego de dejar a Shoyo en su habitación, Terushima volvió a la sala para encontrar a Saeko mirando por la ventana. Definitivamente esa tarde no había sido para nada lo que esperaba y si lo pensaba bien toda esa semana no había sido para nada lo que esperaba.
El rubio se dejó caer sobre el sillón antes de soltar un profundo suspiro y centrar sus ojos en Saeko que todavía no se movía de su lugar.
―¿De donde me es familiar el hombre con el que hablabas hoy? ―preguntó Terushima luego de unos minutos de silencio.
―Es Tsukishima ―respondió la mujer sin alejar la vista del paisaje que le brindaba la ventana.
―Ohh… tu amigo de secundaria ―comentó el rubio―… ¿y por qué estaba con los amigos de Sugawara?
―No lo sé… hace mucho tiempo que no lo veía ―murmuró Saeko luego de dudar un momento y voltear para ver a su esposo―… considerando todo lo que pasó ¿eso es importante?
―No, pero era una forma de esquivar el tema de lo que sucedió hoy ―dijo Yuji como si nada antes de dibujar una pequeña sonrisa en su rostro y hacerle una seña a la rubia para que se siente a su lado―… en verdad por un momento crei que funcionaria ―murmuró en cuanto Saeko se sentó junto a él.
La mujer se acurrucó contra el cuerpo de Terushima, mientras este le acariciaba la espalda.
―Desde que desapareció… no dejo de pensar que tal vez… Ryu… tiene razón ―susurró Saeko con el rostro medio escondido en la camisa de su esposo.
―¿En verdad crees eso?
―No lo sé ―murmuró la rubia antes de soltar un suspiro―… solo sé que no dejo de meter la pata con él, cada vez que intento algo solo hago que las cosas empeoren…
―Puede que suene cursi, pero una vez me dijeron "no importa el resultado solo sigue intentando en algún momento las cosas mejoraran" ―comentó Terushima acariciando el cabello de su esposa.
―¡¿Te parece que podemos mejorar esto?!
―Si no lo intentamos no lo sabremos ―respondió con una sonrisa captando la mirada de Saeko quien volvió a suspirar antes de sonreír.
Luego de charlar un rato y ordenar pizza para cenar, la pareja se asomó en la habitación donde habían dejado a Shoyo, solo para encontrar al pequeño acurrucado en un rincón de la cama abrazando a su conejo de tela, Yuji entró en la habitación y se acercó al niño, se acostó a su lado y acarició varias veces la mejilla del pequeño pelinaranja, hasta que este comenzó a moverse.
Terushima sonrió en cuanto Shoyo abrió los ojos. El pequeño dio un rápido vistazo a su alrededor y solo apretó con más fuerza a Keko escondiendo un poco su rostro en la cabeza del muñeco.
―Hola… ¿tienes hambre? hay pizza para cenar ―dijo el rubio ampliando su sonrisa, antes de hacerle una seña a Saeko para que se acerque―… y mamá quiere decirte algo.
Shoyo miró a Saeko de reojo y no despegó sus ojos de ella mientras la mujer rodeaba la cama para sentarse en el borde de la cama a su lado.
―Shoyo… en verdad lamento lo que pasó hoy ―dijo la mujer con una expresión triste y Shoyo acarició su brazo donde ahora había una marca que pronto sería más oscura―...lo siento, de verdad… estaba preocupada y todavía no sé cómo actuar en estas situaciones… ¿me perdonas?
Shoyo se sentó en la cama, los miró un momento a cada uno y finalmente asintió apenas moviendo la cabeza antes de sentir que Saeko le acariciaba el cabello.
―Gracias, prometo que no volverá a suceder ―agregó con una sonrisa la mujer antes de dejar un suave beso en la frente del niño quien inmediatamente frunció el ceño.
―Bien, vamos a cenar ―concluyó Terushima levantandose de la cama y extendiendo su mano hacia Shoyo, quien luego de dudar un momento simplemente bajó de la cama sin aceptar la ayuda del rubio.
Bueno después de un buen tiempo finalmente pude actualizar, he estado más complicada de lo que esperaba en este tiempo, quería agregar otra pareja, pero eso hubiera demorado más la actualización, así que finalmente decidí publicarlo así.
Espero no demorar tanto para la próxima actualización.
Gracias por esperar y leer.
