Mi hijo
Lágrimas felices.
Akaashi llegó a la oficina en compañía de Bokuto, quien no parecía muy feliz en ese momento.
―Kotaro, amor, ya te dije que todo está bien y Midorima dijo lo mismo, deja de preocuparte tanto ―dijo el pelinegro acariciando la mano de su pareja mientras caminaba hacia la oficina de su primo.
―Midorima dijo que de cualquier forma tienes que tener cuidado.
―Amor, si solucionamos el problema de Shoyo, te juro que no tocaré ni me meteré en nada del trabajo hasta que nazca el bebé… ¿si? ―propuso el doncel deteniéndose a unos pasos de la oficina de Hajime, para centrarse en los dorados ojos de su pareja, quien luego de dudar un momento asintió antes de dejar un corto beso en los labios del doncel.
Akaashi sonrio antes de golpear la puerta de la oficina de Hajime, luego de escuchar un leve "pase", ingreso en la oficina seguido por el peligris, allí se encontraron con Iwaizumi y Daichi, quienes parecían un tanto preocupados.
… … …
La secretaria entró en la oficina llevando una bandeja con varias tazas, una tetera, azucarera y una caja con unas cuantas tarteletas, la cual dejó sobre la mesita al lado del sillón donde estaba sentado el doncel.
―Iwaizumi san, conseguimos las tarteletas de crema de limón que ordenó ―dijo la mujer mirando al pelinegro de ojos verdes, luego miró al doncel y continuó―, Akaashi san, le prepare té de jazmín pero si quiere otra cosa solo pidalo.
―Eso esta bien gracias Ann ―respondió el doncel con una sonrisa antes de tomar una tarteleta―… por cierto ¿no vino nadie buscandome?
Antes de que la mujer pudiera contestar apareció otra de las secretarías, quien iba acompañada del rubio al que estaban esperando.
―Disculpe Akaashi san, el señor Tsukishima lo busca.
―Oh genial, pasa Akiteru.
Luego de un momento de saludos, presentaciones y ponerse en tema, los cinco hombres terminaron sentados casi rodeando al rubio, quien a pedido de Akaashi comenzó a contarles todo lo que vivió con Saeko
―Bien escuchando esto puedo imaginar perfectamente que es lo que estás pensando Keiji ―dijo Hajime extendiendole media tarteleta a su primo quien ya se había terminado la suya y la de su pareja.
―Gracias ―murmuró aceptando la tarteleta y luego agregó―… no niego que es una posibilidad remota, pero dudo que Oiwake se arriesgue así.
―Pienso lo mismo, pero no entiendo a qué quieres ir Keiji ―comentó Daichi llamando la atención del doncel―… no creo que quieras perseguir a los Terushima con otra prueba de ADN…
―No… quiero perseguir a Saeko y acorralarla… no nos va a costar mucho, es evidente que no está del todo en sus cabales ―respondió como si nada el doncel antes de morder la tarteleta.
―Momento… ¡¿qué?! ―exclamó algo sorprendido Akiteru, verbalizando lo que el resto de los presentes pensó.
―Sé que para ti puede sonar horrible… pero no quiero lastimarla ni nada, solo quiero que se pise en sus mentiras… ella no es una persona preparada para cuidar de un niño… apenas si puede cuidar de ella misma, tu lo sabes, acabas de decirlo… y ya te contamos lo que le hizo a Shoyo siendo un bebé…
―Akiteru, tu la viste y hablaste con ella… di la verdad ¿que piensas? ―dijo Bokuto interrumpiendo a su pareja y centrando sus ojos en el rubio.
―La verdad… no lo sé ―murmuró el rubio antes de soltar un suspiro―… no sé qué tanto de la antigua Saeko sigue ahí… no sé qué pensar, necesitaria hablar un poco más largo y tendido con ella…
―Genial, porque eso es justo lo que necesito que hagas ―los dos pelinegros se miraron entre ellos antes de volver a centrarse en su primo―… podemos organizarte un encuentro con ella para que hablen de todo lo que quieras… y veremos si obtenemos algo de información que nos sea útil.
―¿Y cómo piensas hacer eso? ―preguntó Hajime frunciendo un poco el ceño.
―Noya está en contacto con Tanaka ―respondió el doncel.
Hajime sintió el codazo que Daichi le dio entre las costillas y con una simple mirada comprendió lo que su primo quería. Como si nada reviso su celular y cambiando un poco su expresión volvió a hablar.
―Keiji, Daichi… acaba de llegar un mensaje del tío Washijo nos espera en la sala B ―dijo antes de ponerse de pie y hacerle una seña a sus primos para que se muevan―, nos disculpan será solo un momento ―agregó mirando a Akiteru y Bokuto, y sin más los tres pelinegros salieron y se encaminaron por el pasillo hasta que Hajime se metió en la oficina de Akaashi.
Akaashi fue el último en entrar en su oficina y luego de cerrar la puerta lo primero que vio fue a Hajime con los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión seria.
―La verdad, ahora ―Hajime no levanto mucho la voz, no hacía falta pues su tono resaltaba la urgencia y seriedad del asunto.
―Ella no esta bien, creo que toda la situación está siendo demasiado para ella… y cuando vio a Akiteru fue como si sus nervios se dispararan aún más… Akiteru ya duda de que Shoyo pueda ser suyo, si los reunimos ese será uno de los temas principales ¿qué tanto crees que se altere ante la posibilidad de que reclame por un ADN? ¿y ante la posibilidad de perder a su reciente familia? Kanna Terushima no permitirá un escándalo así…
―¿Quieres alterarla lo suficiente como para que haga alguna tontería? ―exclamó Daichi mirando algo sorprendido al doncel.
―Quiero que se altere lo suficiente como para que el examen psicológico, que ustedes van a pedir, salga "mal" ―respondió el doncel dibujando comillas en el aire en la última palabra.
―Bueno gracias a lo que hizo y al ataque de Noya, podemos pedirlo argumentando que ella es peligrosa para el niño ―comentó Hajime, aunque en su expresión se notaba que todavía dudaba mucho sobre eso.
―Keiji ¿te das cuenta que para que falle el examen tiene que estar demasiado alterada? ―preguntó Daichi antes de soltar un suspiro, que le hizo saber a Keiji que su primo no pondría objeciones y ayudaría.
―Por eso Akiteru es el primer paso… ella hizo sufrir a Shoyo y lo va a lamentar ―dijo el doncel antes de dibujar una sonrisa algo macabra en su rostro―, Daichi ¿tienes el número del hermano de Suga? ―el mencionado hizo una pequeña mueca con sus labios y finalmente asintió.
―Keiji, cuando te pones así solo puedo pensar, menos mal que somos familia y nos quieres ―comentó Hajime antes de sonreírle a sus dos primos. Estaba decidido, harían lo que sea para devolver a Shoyo a su verdadero hogar.
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Furihata entró en la cocina y se sirvió un vaso de agua, solo para observar un momento a los otros empleados que estaban tomando un descanso aprovechando que no había nadie de la familia en la casa, a demás de Saeko quien apenas si salía de su habitación. Escuchó a las empleadas criticar a Kanna y Saeko, inmediatamente supo que eso iba a tomar un buen rato, por lo que luego de enjuagar el vaso salió de la cocina intentando no ser notado y se dirigió hacia las habitaciones de los empleados. Asegurándose de que no hubiera nadie cerca, golpeó la puerta frente a él y espero hasta que un somnoliento Ryu abrió.
―Hola Furihata ―dijo luego de cubrir un bostezo―, ¿necesitas algo?
―¿Podemos hablar un momento? ―preguntó el doncel mirando algo nervioso hacia los lados.
―Claro, pasa ―respondió el rapado antes de moverse para darle paso al doncel. El rapado se sentó en el borde de la cama y simplemente esperó que el castaño hablara.
―Tu conoces a Shoyo mejor que yo… y queria saber ¿que puedo hacer para animarlo? ―preguntó el castaño luego de soltar un suspiro.
―Me encantaria ayudarte, pero no lo sé, sigue igual desde que llegó aquí ―respondió Ryu cascandose el cuello.
―Pero ahora es peor ―exclamó el doncel ganándose una mirada curiosa y algo preocupada, por lo que intentó explicarse―… ¿sabes lo que le pasó en la playa? yo sé que no tiene la mejor relación con sus padres, pero eso no justifica ―los nervios del doncel se habían disparado y había comenzado a hablar de más y si no fuera por la interrupción de Ryu habría seguido…
―¿Qué sucedió en la playa?
―Saeko tironeo su bracito y le dejó un horrible moretón ―respondió Kouki intentando resumir la situación.
La expresión del rapado inmediatamente cambió a una de molestia, pero antes de que pudiera decir algo el tono de llamada de su celular llamó su atención, tomó el aparato que estaba sobre la mesita de noche y luego de ver que era Noya quien llamaba, atendió.
―Hola Noya…
―Ryu, necesitamos hablar urgente ―el tono del doncel lo puso en alerta, estaba molesto.
―¿Pasó algo?
―Tu hermana es una perra… y te juro por lo que más quiero que si no nos ayudas iré con Chikara y le mostraré las fotos de lo que tu hermana le hizo a Shoyo, te enviare una dirección y espero verte allí en dos horas.
―Ok ―fue todo lo que pudo decir el rapado antes de que la llamada fuera cortada por el doncel. Miró su celular por un momento pensando que hacer y finalmente volvió a centrar sus ojos en el castaño que seguía de pie a unos pocos pasos de él―… lo siento Furihata, tengo que hacer algo, pero puedo pasar por ti y Shoyo a la salida del colegio y vemos que podemos hacer para animarlo ―una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro del doncel antes de asentir―, ahora si me disculpas, tengo que hablar con mi hermana.
Ambos salieron de la habitación y Ryu de apresuró hacia la habitación de su hermana. Dio dos golpes en la puerta y luego de escuchar el malhumorado "¿quién?" con cuidado abrió y entró en la habitación, luego de un rápido vistazo encontró a su hermana sentada en un sillón individual cerca de la ventana, deshaciendo nudos de un largo cordón.
―Esto no es bueno ―susurró para sí mismo, antes de acercarse.
Sabía que cuando su hermana entraba en los periodos de abstinencia se ocupaba con diferentes cosas y una de sus predilectas era hacer y deshacer nudos.
―¡Volviste! ¿Donde rayos te metiste el fin de semana? ―se quejó la rubia ni bien notó a su hermano.
―Estuve acomodando cosas en la casa que alquile y me fui de ahí, anoche me tocó trabajar ―explicó el rapado mirándola con el ceño fruncido, sabía que si le decia que pasó el fin de semana con Chikara su discusión se iría hacia un terreno que no quería pisar―… ¿qué pasó con Shoyo?
―¿Qué? ¿como que alquilaste una casa?
―Saeko te hice una pregunta ―se quejó el rapado al ver que su hermana ignoró lo importante.
―Yo tambien te acabo de hacer una pregunta ―exclamó la rubia arrojando lo que tenía en la falda y poniéndose de pie.
―¿Por qué siempre haces las cosas así? ―insistió Ryu pasándose las manos por la cabeza.
―¿Por qué todos se interesan más por él? ―vociferó la mujer consiguiendo que el malhumor de Ryu aparezca.
―¡TIENE CINCO AÑOS SAEKO… CINCO! ―la sorpresa se reflejó en el rostro de la rubia, Tanaka nunca le había gritado de esa manera, al notar eso el rapado soltó un suspiro y luego continuó―… es un niño que necesita que lo cuiden… en el tiempo que lleva aquí apenas si has estado con él, yo con mi trabajo que cambia de turno constantemente, paso más tiempo con él que tu… si tengo que decir la verdad hace años que tu apenas si puedes cuidar de ti misma… Shoyo no tiene la culpa de tus problemas y si en verdad piensas lo contrario… ya te dije que tienes que hacer…
―¿Por qué eres así conmigo? soy tu familia Ryu ―se quejó la rubia con el cuerpo tembloroso.
―Si lo eres, y Shoyo también lo es… no me hagas elegir, porque esta vez pierdes Saeko ―el rapado le lanzó una mirada fría a su hermana y sin más que decir salió de la habitación, dando un portazo tras él, y se alejó mientras a lo lejos se escuchaban los reclamos de Saeko.
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Shoyo iba en la parte de atrás del auto mirando el cielo por la ventanilla, su expresión era algo triste y parecía no poder dejar de suspirar. Tanto Ryu como Furihata intentaron hablar con él pero el niño simplemente no respondía a sus preguntas. Cuando Ryu detuvo el auto, el pequeño quitó la vista del cielo y miró sin ganas a su alrededor, solo para notar que no estaban en la casa de los Terushima y una sonrisa comenzó a aparecer en su rostro en cuanto notó que estaban frente a SU casa, sus ojos brillaron con alegría y en cuanto Kouki le abrió la puerta del auto, tardo solo unos segundos en correr hasta la puerta de la casa y comenzar a golpear, pues no llegaba al timbre… sólo se detuvo al ver que la puerta finalmente se abría…
En cuanto abrió la puerta, Chikara vio a Ryu y un joven castaño acercándose y se paralizó en cuanto sintió que un niño se abrazaba a sus piernas…
―Tio Chikara ―el grito del niño llegó al pelinegro en cuanto bajó la vista para saber quien lo abrazaba, la sorpresa se reflejó inmediatamente en el rostro del doncel y sintió que su corazón daba un brinco al ver esa cabello naranja siempre revuelto.
―Shoyo ―murmuró Ennoshita viendo como Ryu levantaba al pequeño en brazos y se lo acercaba para que pudiera abrazarlo, pues con su abultado vientre le era difícil agacharse y mucho más levantar al niño.
Los brazos del doncel rodearon al pelinaranja e inmediatamente comenzó a llenar de besos las mejillas del pequeño mientras murmuraba cuanto lo extrañaba y lo feliz que estaba de verlo. La risa de Shoyo se expandió rápidamente y de repente el sonido de la porcelana estrellándose en el piso llamó la atención de todos, quienes al mirar hacia el interior de la casa se encontraron a un Suga con los ojos algo nublados y una sonrisa temblorosa que comenzaba a acercarse hacia ellos. Ryu bajó a Shoyo y este inmediatamente corrió hacia los brazos de su mamá.
―Shoyo… mi bebé, mi bebé ―era todo lo que podía murmurar el doncel mientras abrazaba al niño que se aferraba a él con todas su fuerza, susurrando "mamá" mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas―… Ahhh… no llores mi pajarito ―murmuró Suga al ver rodar aquellas lágrimas y no pudo evitar soltar algunas también.
―Son lágrimas felices, te extrañe mami ―murmuró el niño dibujando una enorme sonrisa en su rostro, de esas que iluminaban por completo el mundo de aquel doncel―… también tas llorando mami.
―También son lágrimas felices pajarito… te extrañe mucho, mucho, mucho ―respondió el peligris apoyando su frente sobre la del pequeño mientras sonreía para su bebé.
Ohh todavia tengo los ojos húmedos por esa ultima escena...
Solo dire, como siempre, gracias por esperar, leer y comentar.
y muchas, muchas gracias a Ara Cervantes, es bueno saber que te gusta tanto esta historia, gracias por comentar.
Saludos, nos leemos.
