Mi hijo.

Perdido.

En cuanto la gente comenzó a acercarse a la rubia, Shoyo retrocedió y se escondio detras de las piernas de una mujer que le acarició la cabeza antes de mirar feo a la rubia que ahora estaba rodeada de personas, la mujer le dijo al niño que volviera con su maestra y también se acercó al grupo, momento que el pequeño pelinaranja aprovechó para alejarse más. Vio a una mujer caminando con un niño que llevaba el mismo uniforme que él y corrió detrás de ellos como si los conociera, algunos le dieron una leve mirada pero no le prestaron mucha atención pues el bullicio que se estaba creando alrededor de la rubia llamaba mucho la atención.

La mujer iba hablando por teléfono mientras sostenía la mano del niño, y Shoyo opto por caminar cerca de ella, aunque siempre unos pasos detrás, se acercó un poco cuando cruzaron la calle, y luego continuó igual, ya al llegar a la siguiente esquina dobló hacia la izquierda alejándose de la mujer y el niño. Conocía ese camino, era el que siempre tomaba con Kouki para ir a jugar a un parque cercano. Al llegar a la esquina se detuvo entre las personas que esperaban para cruzar esa enorme calle y cuando todos comenzaron a caminar se apresuró entre ellos, sabía que era peligroso quedarse atrás cruzando esa calle, siempre pasaban muchos autos por allí.

En el parque notó que algunas de las personas que acababan de cruzar la calle con él lo miraron y se demoraron un momento viéndolo, por lo que antes de que alguien lo atrapara y comenzará a hacerle preguntas, se echó a correr, se metió entre un grupo de arbustos y salió en el sector de juegos, donde se escondió debajo del enorme tobogán con forma de pingüino. Luego de unos cuantos minutos se asomo un poco y noto que había pocas personas alrededor, pero nadie estaba mirando hacia su escondite, volvió a sentarse y comenzó a revisar su mochila hasta que encontró la bolsa con galletas que Kouki le había dado esa mañana, había compartido algunas con sus amigos en la escuela pero como el doncel siempre de daba muchas le habían quedado unas cuantas y definitivamente ese era un buen momento para comerlas pues le estaba dando algo de hambre.

Las mejillas del pequeño rápidamente se llenaron de migas y se hincharon al tener la boca llena… y pronto comenzaron a humedecerse por las lágrimas que comenzaron a caer de sus ojos… estaba triste, se sentía solo y definitivamente había otra sensación en su interior que hacía que su estómago se sintiera raro y quisiera un abrazo de Mamasuga o en su defecto de Kouki.

―Basta… no llores ―se dijo a sí mismo restregando sus ojos para quitar las lágrimas―… Tengo que volver con Mamasuga.

Guardó las galletas que le quedaban en su mochila y se la volvió a poner antes de salir de su escondite. Caminó hacia el centro del parque y se detuvo junto a la gran fuente, dio un vistazo alrededor y definitivamente no tenía idea de hacia dónde ir, pero cuando vio el café frente al parque una pequeña sonrisa apareció en su rostro, conocía ese lugar cada vez que venía a ese parque con Kouki, merendaban en ese café y sabía que uno de los meseros era amigo de Kouki, seguramente él lo ayudaría.

Shoyo camina hasta el cruce que está a mitad del parque y da justo frente al café que está en la esquina… pero por desgracia no había nadie esperando para cruzar y eso definitivamente preocupó al niño, que miró a su alrededor y finalmente decidió esperar a que se juntaran algunas personas que quisieran cruzar.

Se sentó en un banco cercano, esperando no llamar mucho la atención mientras su mirada pasaba entre la parada del cruce y el frente del café. Luego de algunos minutos el niño comienza a impacientarse, el semáforo ya había cambiado dos veces y por alguna razón no se juntaban personas que quisieran cruzar. Volvió a mirar hacia el café y vi al amigo de Kouki atendiendo una de las mesas exteriores, eso alegró al pequeño y antes de pensarlo demasiado ya estaba de pie acercándose al cruce, el semáforo mostraba una luz verde que daba el paso y luego se soltar un suspiro comenzó a correr para cruzar aquella larga calle de dos sentidos. Sus ojitos centrados en el frente de repente captaron la imagen del amigo de Kouki corriendo hacia él y pudo escuchar un…

―¡Shoyo no!

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Luego de un momento de desesperación de la rubia, donde dio algunas vueltas buscando entre los presentes y luego en el interior del colegio, Saeko llamó a Yuuji y desde el colegio llamaron a la policía.

Entre una cosa y otra ya iba a pasar casi media hora desde que notaron la desaparición de Shoyo.

―Eres una estúpida ¿cómo pudiste perderlo? ―fue lo primero que Kanna gritó en cuanto vio a Saeko junto a Yuuji hablando con la policía.

―Madre, no es el momento ―exclamó Yuuji mirando molesto a su madre antes de volver a centrarse en el policía con el que estaban hablando―… ¿decia oficial?

―Nuestros oficiales están buscando en los alrededores y tenemos otro grupo revisando las cámaras cercanas para ver si hay algún rastro, también emitimos una alerta por si se ve a alguien llevando un niño con su descripción… lo encontraremos… de todas formas quisiera saber si él conoce algún sitio cercano, al que haya pensado que podía llegar…

―¿Qué?... no… no sé… él ―las palabras se atoraron en la garganta del rubio, cuando se dio cuenta de que no tenía idea, jamás había recogido al niño del colegio… apenas sabía algo de su hijo, el que más lo conocía era… Furihata. En cuanto ese nombre apareció en su mente buscó su celular y llamó al número del doncel al que había despedido esa mañana―. Furihata ―exclamó en cuanto el doncel respondió.

―Señor Terushima ya abandone su casa si es lo que quería saber…

―Shoyo desapareció ―se apresuró a decir el rubio interrumpiendo al castaño.

―¡¿Qué?! ¿cómo?

―Se escapó cuando Saeko vino al colegio por él… pero la policía nos está preguntando si hay algún lugar cercano que él conozca y al que pensara que podía llegar ―el rubio habló lo más rápido que pudo.

―No… El único lugar al que hemos ido por ahí es el parque que está a algunas calles, pero tiene que cruzar la avenida, él no cruzaría solo… no sé… yo puedo…

―Gracias Furihata es de mucha ayuda, nosotros nos ocuparemos ―dijo cortando las palabras del castaño antes de terminar la llamada e informar al policía, quien inmediatamente notificó para que revisaran muy bien esa zona.

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Himuro dejó lo que estaba leyendo y centró sus ojos en su primo, cuando este soltó unas cuantas maldiciones a su celular antes de mover sus dedos frenéticamente sobre la pantalla.

―Kouki ¿todo bien?... te ves algo pálido ―dijo Himuro viendo como el castaño se impacientaba con el celular en la oreja esperando que alguien lo atendiera.

―Akashi, perdieron a Shoyo ―soltó el castaño casi atropellando sus palabras, en cuanto escuchó el atisbo de saludo del otro lado.

―¡¿QUÉ?! ―exclamó Akashi por el teléfono y Himuro en la sala, lo que consiguió que el castaño centrará sus ojos en su primo quien ahora se acercaba a él.

―Terushima acaba de llamar… al parecer se escapó cuando Saeko fue por él… solo sé eso ―dijo el doncel sintiendo como sus ojos comenzaban a humedecerse―… preguntó si Shoyo conocía algún lugar cerca del colegio… so… solo conoce el… el parque que… que es… esta cer… ―la voz del castaño comenzó a temblar demasiado en la última frase.

―Kouki tranquilo, lo encontraremos ―dijo el pelirrojo en ese tono tan característico de él, lleno de seguridad.

―Sei… y… y si…

―No, no pienses eso, va a estar bien ―un gemido, muy parecido a un sollozo se escapó de los labios del doncel―… Kouki ¿estás con alguien? pasame con quien sea que esté contigo.

―Akashi… ¿en que te ayudo?

―Himuro ¿puedes traer a Kouki a mi oficina?

―Ok, ya salimos para allá ―respondió el pelinegro y corto luego de escuchar un leve gracias, luego sujetó el rostro de su primo y limpio las lágrimas que comenzaban a caer―… tranquilo, Akashi tiene razón, va a estar bien… ahora lavate la cara así salimos.

El castaño solo asintió y mientras se encaminaba hacia el baño escucho su celular sonando.

―Es Koganei ¿atiendo? ―dijo el pelinegro pues todavía sostenía el teléfono de su primo.

―No, debe ser por alguna tontería… no debería ocupar la línea por si llaman por Shoyo ―respondió entrando en el baño, quería apresurarse en verdad estaba preocupado por el pequeño pelinaranja.

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Tadashi se acercó a Tobio, que estaba sentado en el piso cerca de la ventana arrojando una pequeña pelota contra la pared, la cual atrapaba en cuanto rebotaba y la volvía a arrojar. El pecoso lo miró durante un momento antes de atrapar la pelota para atraer la atención del pequeño pelinegro, una vez que los ojos azules estaban sobre él se sentó a cierta distancia y arrojó la pelota hacia el otro niño.

―Kei… ―dijo Kenma antes de mirar a su hijo que había quedado solo entre un montón de bloques y algunos muñecos― ¿Por qué no te unes a jugar con Tobio y Tadashi?

El pequeño rubio miró con el ceño fruncido a los dos niños y luego a su mamá, pero no se movió hasta que el doncel cambió su expresión a una completamente seria, entonces se puso de pie y arrastrando los pies, se acercó a los dos niños.

―Gracias por venir… En verdad nos está preocupando, por lo que sé Tobio siempre fue algo solitario pero ahora es peor ―dijo Suga dejando una bandeja con galletas y bebidas en la mesita, antes de sentarse junto a Noya y antes de que pudieran decir cualquier otra cosa el timbre los interrumpió.

Suga se levantó del sillón y comenzó a caminar hacia la puerta para ver quien era, esta no era su casa, pero se manejaba en ella como si lo fuera pues Daichi no se cansaba de decirle que así era. Abrió la puerta y miró algo confundido al hombre de traje frente a él, se le hacía familiar y tardó solo unos instantes en recordar que era uno de los guardias de Seijuro.

―Sugawara-sama…

―¿Akashi te envió? ¿pasó algo? ―preguntó el peligris, era muy extraño que su hermano enviara a alguien sin avisarle.

―Akashi-sama nos pidió que lo llevemos, no nos dijo nada más, él le dirá en cuanto lleguemos… por favor ¿podría? ―dijo el hombre haciendo una seña hacia el auto que esperaba en marcha en la calle.

La preocupación se vió en esos ojos color caramelo y sin decir nada volvió hasta la sala donde todavía esperaban los otros dos donceles, quienes inmediatamente se pusieron de pie al ver la preocupación en el rostro de Suga.

―¿Qué pasó? ―se apresuró a preguntar Noya.

―No lo sé… Seijuro envió a alguien por mi… y tengo que ir ―murmuró el peligris antes de centrar sus ojos en Tobio quien en ese momento lo estaba mirando mientras se ponía de pie.

―Ve, nosotros nos quedamos y cuidamos a Tobio ―dijo Kenma también mirando al niño que ahora se acercaba a ellos.

―Gracias ―susurró antes de agacharse para estar a la altura de Tobio y acariciar la mejilla del niño―… Tobio, cielo, tengo que irme por un ratito, tratare de volver lo más rápido posible ―el pequeño frunció el ceño al escuchar esas palabras y sin demora se abrazó al cuello del doncel mientras negaba con la cabeza―… Dashi y Kei se quedaran a jugar contigo y en verdad volvere muy pronto…

―¡No! ―exclamó el niño antes de enterrar el rostro en el hueco del cuello de Suga y soltar un ahogado― No me dejes.

Suga abrazó al niño para calmarlo un poco y miró a sus amigos en busca de ayuda. No podía dejarlo si se ponía así.

―Bien, entonces creo que iremos contigo ―dijo como si nada Noya acercándose a su pequeño para tomarlo en brazos y encaminarse hacia la puerta..

Suga lo observó mientras se acercaba a la puerta y luego miró a Kenma quien estaba tomando la mano de Kei y también parecía listo para salir.

―Ok… parece que está decidido ―susurró el peligris antes de levantar a Tobio y acercarse a la mesita de sala para tomar su celular y luego salir de la casa.

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El viaje en auto duró unos pocos minutos y Suga frunció el ceño al ver que se detuvieron en el edificio de las oficinas administrativas de Akashi.

Lo que fuera que estaba sucediendo no podía ser bueno si su hermano estaba haciendo que lo trajeran allí.

El hombre que fue por él y el conductor del auto los escoltaron hasta el edificio, y saltándose el caos de personas que había en la recepción los guiaron hasta la sala de espera de una de las salas de juntas en la planta baja

―Sugawara-sama ¿podría acompañarme solo usted? ―dijo el hombre que los guió, haciendo una leve reverencia antes de mirar hacia la puerta de la sala de juntas.

Suga miró a los otros dos donceles que ya se estaban acomodando en los sillones. Se acercó a ellos y dejó a Tobio en el sillón entre Noya y Kenma.

―¿Me esperaras aquí? ―preguntó antes de mirar hacia la puerta y señalarla―… estaré allí detrás de esa puerta, será un momento y volveré contigo ¿Si? ―dijo antes de dibujar una sonrisa en su rostro y volver a mirar al pequeño, quien luego de dudar un momento asintió con una pequeña sonrisa.

El peligris dejo un beso en la mejilla del niño y sin dudarlo entró en aquella sala de reuniones. No sabia que esperar porque no le habían dicho nada pero se congeló en el lugar al dar un rápido vistazo. Allí estaba su hermano Seijuro, Reo, Furihata, Himuro, Iwaizumi, Daichi y otros 4 hombres a los que no conocía, dos de los cuales llevaban placas de policía colgando en el cuello… y en un instante su mente pasó por un montón de escenarios horribles, con una cosa en común "algo le pasó a Shoyo."

―¡Ay… no, no! ―las palabras se escaparon en un susurró de los labios del peligris y sus ojos se encontraron con los de Daichi, quien no demoró en acercarse y abrazarlo―… ¿le pasó algo a mi bebé? ―pregunto luego de un momento, sin soltar a Daichi y pasando sus ojos del pelinegro a Seijuro, quien también se había acercado a él.

―Se le escapó a Saeko, a la salida del preescolar… lo están… estamos buscando ―respondió el pelirrojo y vió como el peligris se congelaba en el lugar y lo miraba como si acabara de hablar en alguna rara lengua muerta que nadie podría comprender.

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Mientras Akashi y Daichi se acercaban a Suga, Himuro tomó a Furi del brazo y lo alejó hacia un rincón de aquella sala y antes de que el castaño pudiera decirle algo le entrego el celular y lo miró con el ceño fruncido.

―Atiende a tu amigo ya lleva 6 llamadas, dile que llame más tarde o lo que sea, pero que se detenga ―murmuró tratando de no llamar la atención de los presentes.

El castaño vio las notificaciones de llamadas y antes de que pudiera decir algo el aparato empezó a vibrar y nuevamente anunció "Koganei llamando," el doncel soltó un suspiro y atendió.

―Koganei, no es buen momento ―dijo en un tono suave para no llamar la atención.

―Disculpe ¿es usted Kouki? le hablamos del hospital xxxx ―dijo una voz de hombre que definitivamente no era su amigo.

―¿Qué?

―Koganei sufrió un accidente intentando salvar a un niño y lo último que dijo antes de quedar inconsciente fue que lo llamemos a usted y Shoyo… pero no hay ningún Shoyo en su celular…

―Shoyo… ¿El niño tiene el cabello naranja? ―se apresuró a preguntar el doncel ya sin importarle llamar la atención.

―Si, debe tene a…

―¿Cómo está? ―interrumpió el castaño.

―También inconsciente…


Si, lo sé llevo mucho tiempo sin actualizar... pero sigo y seguiré con esto.