El dormitorio
La posición en la que estaba le permitía ver todo lo bella que era. Admirar su perfección, su dulzura, su rostro inocente y fuerte a la vez, adornada por una mirada tan encantadora que no creyó merecerla en ningún momento de su vida.
¿Por qué tenía que ser tan amable con ella?
La mano que tenía encerrada continúo apretándose un poco más, no al punto de doler, sino en el limite que con solo su tacto transmitía que no quería separase por nada del mundo.
Era tan dulce.
Ni siquiera se dio cuenta cuando posó sus labios en la delicada mano de Caitlyn, cuando se dio cuenta de lo sucedido elevó sus ojos para encontrarse con los orbes azules de la mujer que tenia en frente, anonadada y sorprendida.
Tan, tan dulce…
Por un momento se sintió como si cometiera un crimen, uno tan grande como para permanecer tras las rejas el resto de su vida. El miedo a volver a estar encerrada y privada de su bien merecida libertad.
Pero no, éste se desvaneció veloz como humo que se lleva el viento al escuchar una risilla proveniente de los labios de quien tenia en frente que ahora la miraba divertida. Su sonrisa era hermosa y lo era aun mas cuando se lo dedicaba a ella. Y sus labios, sus labios eran…
—Si fueras otra chica, me lanzaría sobre ti y te besaría.
Oh, perfecto. ¿Había pronunciado esas palabras en voz alta? ¿Cómo es que se supone que una chica de tan alta alcurnia podría manejar esta fuerte declaración?
—¿Y que te impide hacerlo?
La declaración fue tan repentina que incluso alguien como ella le tomo tiempo procesar cada palabra. ¿Eso era…?
Parpadeó perpleja, rápido como un insecto de los barrios de donde creció. Uno que se encontraba en duda en si escapar o quedarse por mero instinto de supervivencia. Pero en el caso de Vi, sus convicciones y sus propios deseos se estaban disputando su voluntad.
—Oh…— dijo, incorporándose en el borde de la cama estirando sus brazos hacia arriba y dando un merecido bostezo procurando que ninguna pizca de indecisión delatara su actuar. A su espalda, escucho a Caitlyn moverse sobre las sábanas, pero este sonido no hizo mas que encender una vivida sensación sobre su estómago.
Evitó voltearse y se levanto de la cama, se sacudió un poco la ropa que llevaba y con unos pasos que parecían mas nerviosos de los que debería rodeó el mueble, eludiendo la vista de su anfitriona con total perseverancia. De reojo podía ver como luchaba con unos botones…
Con los dedos cosquilleantes Vi se deshizo de su chaqueta, tan lentamente como si ésta pesara cientos de toneladas y logró arrojarla al piso, a un costado, a donde no le importara. Luego, cargada de ansiedad, viró sus ojos celestes hacia ella, donde la chica que la estaba volviendo loca.
Caitlyn estaba tendida en la cama, con una rodilla mas elevada que la otra provocando con el largo de sus piernas. Las pupilas de la pelirrosa subieron mas encontrándose con que la mujer tendida en el lecho había abierto un poco mas su escote, pero por alguna razón su saco seguía en su sitio.
—Se me trabaron los botones— dijo a modo de disculpa. Con una voz tan dulce que creyó no poder aguantar ni un segundo más.
Y no, no aguanto más.
Cual león tras acorralar a su presa, Vi se lanzo sobre Caitlyn, encerrándola bajo sus poderosos brazos entrenados. Ella la miró de la misma forma que haría un conejito asustado, con los ojos cristalinos esperando una mordida mortal de su depredador.
Así fue…
Con una pasión salvaje Vi se apodero de sus labios, encerrándolos y aferrándolos a los suyos como si quisiera tomar total posesión de ellos. Caitlyn no pudo evitar contener la respiración profundamente mientras se dejaba llevar, tratando de combatir sus miedos frotando con sus dedos nerviosos los botones trabados de su ropa.
—Mhmm… — algo murmuró, o tal vez no. No importaba, nada importaba mas que tener atrapados esos deliciosos labios de muñeca encerrados con los suyos. Podía sentir como Caitlyn se retorcía dubitativa con respecto a como moverse o si no debía moverse en una situación como esta.
La pelirrosa soltó una risilla ahogada al pensar como es que una chica como ella, que lucia tan profesional no podía seguir un protocolo establecido. De pronto, sintió unos cosquilleos ligeros en sus costillas.
Los besos se detuvieron y Vi asomo un poco su vista a lo que sea que la oficial estaba tratando de hacerle.
—Ah… hay qu- hay que quitarse la ropa para lavarla…
Los deditos de Caitlyn forcejeaban con desabotonar las prendas de quien tenia encima de ella; Vi rió más fuerte por dentro, si apenas podía desabotonar un par de sus propias prendas lograría menos con las ropas de Vi. Entendiendo el mensaje Vi se incorporó sentándose sobre las caderas de Caitlyn, luego, de manera veloz, remangó su camisa quitándosela por encima de su cabeza.
La sorpresa de la oficial no se hizo esperar, incluso Vi creyó escuchar un chillido de asombro proveniente de su boca al momento de mirarla desde su posición baja.
—¿Algún problema oficial?
El susurro penetró en los oídos de Caitlyn, haciendo que saliese de su estado de asombro al tener a aquella mujer con el torso desnudo sobre sí, y cuyos brazos subían a su nuca desmarañando aun mas el cabello rebelde. Impulso a sus brazos a moverse, pero estos llevados por la curiosidad ya estaban explorando los muslos de la exconvicta.
—Yo… —dijo, en un tono de disculpa por tener las manos tan audaces. Sin embargo sus muñecas fueron encerradas entre los dedos de Vi, que la guiaron suavemente hacia arriba, dejando que toque su cadera, que repase con lentitud sus abdominales trabajados… sus… pechos… y las coronas rosadas de sus pezones.
—Mmmhhh… — Vi dejó salir un respiro, uno delicioso provocado por los roces de tan hermosa mujer —Toca cuando quieras bombón… eso… todo lo que ves es tuyo…
Ante esta invitación, las manos curiosas de Caitlyn tomaron su propia iniciativa pero sin despegarse del sello de los dedos de la pelirrosa. Subieron, por su pecho agitado que se mecía adelante y atrás demostrando el goce que el cuerpo de la exconvicta estaba disfrutando.
Al llegar a sus montañas, mas precisamente a sus pezones erectos y firmes; Vi estiro el cuello hacia atrás gozando de la presión que las falanges de Caitlyn ejercían sobre ellos quien los presionaba con tanta, tanta delicadeza.
—Uhh… — soltó al experimentar como un pellizco en sus pechos le había tomado desprevenida.
Encerrada bajo suyo la joven oficial había convertido su mirada de sorpresa por una picara y deseosa exteriorizando su placer en un rostro sonriente y asombrado a la vez. No era difícil de percibir que tal vez esta era la primera vez tocando una piel que no era suya propia, ya que la emoción desbocada era una clara muestra de ello.
—Si cariño… muy bien…
Vi respiraba con dificultad debido a la agitación en su pecho, cuyo temblor y compas se veían reflejados en los movimientos de su cadera, que lentamente se frotaba con deleite sobre las caderas de su chica. La pelirrosa soltó las manos de la oficial dejándola campar a su antojo y con libertad. Decidida a concentrarse en el cuerpo de su presa, Vi bajo sus manos deslizándose por los brazos de Caitlyn que curioseaban sus pechos sin parar, llegando sus hombros y…
De repente los dedos de Vi azotaron los brazos de Caitlyn en la cama, dejando sus manos curiosas por encima de su cabeza y cabello ligeramente revuelto. Luego, con asidua velocidad posó sus manos en aquellos botones que tanto problema le habían dado a su chica. No, esta vez ellos no podrían con la boxeadora, estaba tan consumida por el deseo que, agarrándolos con fuerza, abrió los pliegues incluso haciendo sonar los hilos que se rompían.
—¡Mmmmmhhh!
La oficial no pudo evitar emocionarse por una actitud tan agresiva, aquella mirada que le había arrancado la ropa ahora se estaba relamiendo los labios al observarle los senos cubiertos por un sujetador morado que contenía con dificultad su respiración. A un sonido de "Je", los labios de Vi atacaron sus clavículas desnudas y mordida a mordida bajaban por su escote, aquel que le había vuelto loca durante tantos días ya.
A medida que se deslizaba por su cuerpo, el interior de Caitlyn empezaba a subir su temperatura gradualmente. Mientras mas bajo iba, más ardiente sentía. Así, cuando los besos de la pelirrosa llegaron al límite bajo de su ombligo creyó que iría a explotar, y lo único que pudo hacer fue seguir exigiendo mas de esto, expresando tales deseos con sus manos, las cuales se aferraban a los rebeldes cabellos de su amante, procurando que por nada del mundo se separase de su piel.
Esto era lo mejor que había sentido en toda su vida.
No hubo pausa en sus besos cuando su bota izquierda voló, tampoco cuando la derecha fue a parar cerca de la puerta. Pero Vi se detuvo cerca de un segundo al momento de llegar a los pliegues de su pantalón, levantando los ojos hacia arriba, directo a los orbes zafiro que la observaban suplicantes y deseosos de amor.
Dejó en su sitio su ropa interior, mientras que las telas del pantalón se deslizaron hasta sus rodillas a la vez que sus manos frotaban con cautela sus muslos adornados de sudor. Caitlyn iba a mover su cuerpo para acomodarse mejor, pero a una velocidad indescriptible Vi elevo sus piernas y de una manera casi imposible la despojó de esa prenda, arrojándola lejos no le importaba donde.
Sin detenerse ni un segundo en sus deseos, la exconvicta se arrojó nuevamente a los labios de su amante quien permanecía sorprendida pero deseosa a la vez. Estar sobre la oficial era glorioso, degustaba tanto de ver como mecía su cuerpo intentando entrar en contacto con el suyo como un marinero que volvía a tocar tierra.
Las manos de Caitlyn no se detuvieron en tocar. Rozaron los abdominales esculpidos, los brazos marcados y los pechos de Vi sin pausa ni desdén rozándose a si misma en varias ocasiones prendiéndola mas que nunca. El calor de su cuerpo volvió a subir al sentir los dedos de la pelirrosa abriéndose camino por donde sus labios ya habían pasado una vez, por su pecho descubierto. Llegó un momento en que las manos de Vi se apoderaron de sus pechos envueltos en su brasier, frotándolos por encima tal como lo haría una niña pequeña inspeccionando un regalo envuelto.
Las deditos de Vi se abrieron camino, rozando las deliciosas costillas y el abdomen, subieron por su piel chocándose con esa prenda estorbosa pero penetrando bajo ella. Las yemas de sus dedos lograron encontrar lo que buscaban con tanto afán y ahora frotaban aquel tesoro con sutileza.
—¡Ah!
El grito de placer de Caitlyn no se pudo disimular y salió de su boca con tanta fuerza que no creyó que fuera su voz. Vi no se detuvo, el sonoro clamor solo la incitaba a frotar y pellizcar con mas fuerza los pezones de su amante que se removía de goce bajo ella, quien dominada por la pasión ahora la tenia sostenida de las muñecas y le impedía alejarse de ella.
—"Esto es un estorbo"—pensó Vi, celosa del sujetador que le privaba de tan hermosa vista.
Como si le hubiera leído la mente, la oficial deslizo sus dedos a donde el broche de aquella prende debía encontrarse, logrando su faena en el segundo intento y deshaciéndose de ella. Vi capto el mensaje con rapidez. Arrojó la prenda allá donde fuere y se quedo por un segundo admirando el tesoro que hasta este momento solo había podido palpar.
El zafiro de sus ojos la miro desde su posición baja. Caitlyn tenia los cabellos revueltos y ahora si piel privada de casi toda prenda estaba perlada de una deliciosa capa de sudor provocado por su amor y pasión. Sus pechos perfectos la hipnotizaron en ese instante, su forma maravillosa era adornada y coronada por unos hermosos pezones rozados que coronaban sus montes como la cereza de un delicioso pastel.
Y tan deseosa por saborearlos, Vi se lanzó a por ellos.
—¡Ah!
Su deliciosa voz resonó en la habitación, Vi podía decir que era el sonido mas bonito que escuchó en su vida y nadie le podría negar. A medida que su lengua masticaba con exquisitez sus pezones y sus senos, el dulce sonido de sus gemidos impulsaba a proseguir su tarea, solo haciendo pausas de vez en vez y dando mimos en el pecho derecho para enfocarse en el otro sin parar. El fuego le estaba dominando.
Caitlyn se sentía en las nubes, sus pensamientos nublados por el placer no podían describir el goce de ese momento. Y cuando creyó que tal éxtasis era el limite de sus sensaciones sintió como, otra vez, era llevada más y más arriba.
Los fugaces dedos de Vi empezaron a bajar por los abdominales de la chica de cabellos largos, rozando sus caderas, su cintura, llegando al confín de su torso donde una única prenda yacía solitaria.
Palpo por fuera la ropa interior púrpura la cual estaba tan húmeda como toda su piel, deslizándose cual ladrón entre ella y rozando por fuera su grandioso tesoro. Sus dedos rozaron su intimidad de izquierda a derecha, de arriba abajo. En círculos. En líneas informes que prendían de más fuego su cuerpo y que se estaba ardiendo del placer.
—¡…Oh por los!
Se introdujo con suavidad, con delicadeza, como un artesano que afina con delicadeza sus instrumentos. Levemente, entrando y saliendo, frotando los costados y provocando que todo el cuerpo de la oficial temblase por cada roce que se hacia más veloz, más profundo.
Al momento de exhalar un gemido de placer, los labios de Caitlyn fueron aprisionados ahogando su voz el cual se entremezclo con uno de la exconvicta que suspiraba de placer a sus compas.
Vi se dejó caer completamente sobre ella, deslizándose con sutileza y rodeándola desde la espalda y terminaron acomodadas una a lado de la otra. Vi detrás y Caitlyn delante. Esto no hizo perder el contacto en sus labios que continuaban unidos y que seguían devorándose con pasión; mejor aún, la pelirrosa podría frotar de mejor manera sus pezones erectos sobre la espalda de la oficial cuyas manos envolvían la cabeza de Vi en un intento de no perder ni un solo segundo de contacto.
La zaunita empecinada por más, desvió su boca hacia abajo, mordiendo y reclamando el cuello de su mujer llegando por fin hasta la perfección de sus pechos, cuyos botones erectos sobresalían deseosos de que fueran tomados por ella. Al mismo tiempo, sus dedos no daban tregua en darle atención a su intimidad el cual seguía atendido con total exquisitez.
Caitlyn podía sentir como su cuerpo se llenaba de placer, cada poro de piel, cada una de sus extremidades. Hasta el último de sus finos cabellos podía sentir el eléctrico choque de emoción que se avecinaba.
—¡Si! ¡Si! ¡Si! ¡Más! ¡Más rápido!
No dejó esperando a su chica. Con sus cabellos rosa impregnados en sus pechos, Vi continuó deleitando a la oficial con su mano izquierda, tal y como ella quería. Tal y como se lo estaba suplicando. Penetró más, más hondo, más veloz, sus cuerpos moviéndose con prisa tocándose y compartiendo el mismo sudor, fundiéndose en un solo ser solo conformado de placer. El cuerpo de la oficial lo sentía, acercarse, como si tuviera el dedo en el gatillo y estuviera a punto de disparar. Mas profundo, más glorioso, más rápido.
—¡Si!
De un momento a otro una fuerte corriente eléctrica surco sus extremidades, tensándolas al extremo. Quemando por completo su interior, su intimidad y su pecho cargado de éxtasis. Exhaló el gemido más fuerte que creyó dar en su vida mientras sentía como cada musculo de su cuerpo se contraía al límite de lo posible. Era la felicidad absoluta.
Estaba en el cielo.
Con los tres siguientes parpadeos el nublado de su mente empezó a desvanecerse, sus músculos que hasta ahora estaban en absoluto movimiento se quedaron inmóviles, mientras sentía como los dedos de Vi salían de ella. La respiración que hasta ahora era errática regresaba a su normalidad, devolviéndola a la realidad.
—¿Te gustó, bombón? —el rostro de Vi emergió de su espalda apoyándose a lado de su cuello.
No pudo evitar sonreír con gracia, pero, aun así, no le daría el orgullo de recibir una respuesta que era más que obvia.
—Cállate… —susurró, escondiendo su rostro en la almohada más cercana, pero aproximándose mas al cuerpo de la pelirrosa, cuyos brazos la rodearon con dulzura aproximándola a ella.
—¿Crees que tus padres hayan oído? —le susurró al oído, a la vez que trataba de alisarle el cabello.
—Para nada —dijo completamente segura—. Las paredes de esta casa están-
De pronto, la chapa de la puerta fue azotada por una patada tan fuerte que la descolocó de su sitio, y como había sucedido una vez, por ella cruzó la honorable representante del concejo.
—¡Hija! ¡Escuché gritos y…!
Y así, por segunda vez en el día, las caras de Caitlyn y Vi miraron al rostro sorprendido de su madre, pero en una situación completamente diferente.
Amé esta serie como no imaginan, y a ellas... A ellas las adoro. Fue por ellas que pude entrar al fandom y ver su relacion plasmada de manera tan hermosa en una serie fue un golpe fuerte de felicidad.
Los escritores dijeron que "algo paso" pero dejaron todo a la imaginacion; tal vez esto fue lo que paso, no lo se xD
