¡Hola! Aquí de nuevo.
Un segundo capítulo al hilo del primero. Espero lo disfruten.
Disclaimer: El potterverso le pertenece a Rowling.
Capítulo 2
Teorías sobre el tiempo
¿Qué haremos ahora?
Quería creer que era una pesadilla y que pronto despertaría. Sin embargo, por más que parpadeaba la fecha del periódico no cambiaba, la música que escuchaba era la misma y las personas vestían igual.
—2 de julio de 1977…— leía para sí una y otra vez—, 2 de julio de 1977… 2 de julio de 1977.
Fue el sonar de una bocina y los insultos de un transeúnte a su vecino lo que la trajo de su momentánea abstracción. Debía volver con su amigo de inmediato.
—Una cosa a la vez…— volvió a decirse y se desapareció.
Las preocupaciones no hacían más que golpearse unas a otras en su mente mientras cambiaba el trapo húmedo de la frente de Harry. ¿Cómo terminaron en 1977? ¿Cómo volverían? ¿Podrán viajar veinte años hacia el futuro? ¿Qué pasará con su misión? Lo único certero por el momento era la recuperación del mago, eso era lo único que debía atender, luego decidirían qué hacer.
Los días pasaron y se había sumido en una pequeña rutina que no difería mucho de la que tenía en 1997: revisar las guardas protectoras, aunque ya no eran cazados por mortifagos de manera específica, buscar alimentos, leer el libro que Dumbledore le había dejado y cuidar a Harry. Se encontraba precisamente haciendo eso cuando observó que él parecía volver en sí. Eso la llenó de un profundo alivio y a pesar de las circunstancias sonrió.
Quedó unos segundos estática contemplando con precaución cómo el mago se incorporaba y sin aviso previo lo abrazó. Con las pocas fuerzas que poseía, él le devolvió el abrazo sintiendo todo el cariño y bienvenida en ese gesto.
—No sabes la alegría que tengo de que hayas despertado al fin— dijo entre lágrimas.
—¿Cuánto… cuánto tiempo estuve…?
Pero ella no respondió su pregunta. Se separó y limpió su rostro antes de bombardearlo con palabras.
—¿Cómo te sientes? ¿Puedes pararte? — empezó a decir—. No, no… mejor quédate recostado, te traeré algo de comer aquí, no te esfuerces— Se paró y fue hasta un extremo de la tienda, tomó una botella y sirvió un vaso de agua—. Toma, bebe despacio. Lo más importante es que te hidrates— Caminó hacia la salida y agregó con una sonrisa—: La cena está casi lista… prometo que no son setas.
Volvió casi tan rápido como salió, traía consigo unos peces asados. Harry apenas se había logrado parar y ella fue corriendo hacia él para ayudarlo a sentarse en la mesa. Sirvió la comida mientras le contaba cómo hizo para atraparlos en un río que estaba cerca. Él la observaba con atención, notaba como no paraba un minuto de hablar y en parte agradecía que llenara el silencio y los temas incómodos con banalidades pero ya habían acabado de comer hacía un buen tiempo y debían abordar los asuntos escabrosos que ambos estaban evitando.
Intentó pararse una vez más y tenía que darle la razón a Hermione, debía ir con cuidado. No tenía fuerzas suficientes como para hacer movimientos bruscos, un hormigueo lo recorría íntegro y sentía como sus piernas flaqueaban. La impotencia lo invadía por depender de su amiga para caminar pero necesitaba aire fresco y ella parecía estar de acuerdo.
Una vez fuera de la tienda y sentado en una roca, lo primero que se le cruzó por la mente era que necesitaba de un cepillo de dientes. De inmediato chasqueó su lengua reprochándose que tanto tiempo junto a Hermione había hecho estragos con su orden de prioridades. Fue en ese momento que notó el sonido de los grillos en los alrededores, el verde que los rodeaba, la calidez del verano que los envolvía.
Miró a la bruja que estaba sentada frente a él en el suelo abrazando sus rodillas, esperando la serie de preguntas que sabía que él haría.
—¿Cuánto tiempo estuve…?
—Casi una semana— respondió medio abstraídamente.
La miró con clara sorpresa y algo de enojo. Eso era imposible, no pudo haber pasado menos de una semana.
—Dime la verdad, Hermione— ordenó—, ¿cuánto tiempo estuve inconsciente?, ¿qué ha pasado?, ¿cómo hiciste para mudarnos por todo el bosque tú sola? — acribilló casi sin respirar y continuó—. No pudo ser sólo una semana. Era Navidad, ¿lo olvidas?... nieve, frío, hambre… y ahora todo está verde y me ofreces peces frescos que sacaste de un río cercano. Hace calor, Hermione, puede que no sea tan inteligente como tú pero puedo deducir ciertas cosas.
Ella lo escuchaba sin siquiera mirarlo. No respondió de inmediato y Harry la observó con cierta ansiedad notando sus ojeras profundas, sus ropas raídas y sucias que parecían ser más notorias a la luz del fuego. En ese momento lo notó: en ningún momento la bruja se había parado para hacer guardia, revisar los hechizos protectores, ni siquiera había hecho mención de ellos. Eso lo alarmó aún más, necesitaba respuestas.
—Hermione…— la llamó—, ¿me dirás qué ocurre? ¿Acaso todos murieron y somos los únicos seres sobre la faz de la Tierra? Porque es la única respuesta lógica que se me ocurre para verte ahí sentada y tan esquiva.
—Todo lo contrario— respondió sin mirarlo—. Nadie ha muerto aún… nadie que… nadie que queramos… por lo menos nadie que conociéramos.
El mago la observó con cautela. Confiaba en su amiga, sobre todo ahora que era la única que se había quedado a su lado sin importar que no tuviera ni una mínima idea de qué hacer, sin importar que no tuviera un plan y que Dumbledore sólo le hubiera dejado pistas extrañas y miles de preguntas como si esto se tratara de un acertijo macabro que debía resolver. ¡Por Godric!, la chica le lanzó un obliviate sin consentimiento a sus propios padres sólo para acompañarlo. Incluso lo había elegido a él y su misión por sobre Ron cuando éste le tendió la mano para marcharse. Podría haberse ido pero no, sin dudarlo se quedó y por eso sus preocupaciones se multiplicaron al escuchar una respuesta tan misteriosa y su mirada que lo rehuía.
—¿Qué demonios pasa? — se preguntó.
Antes de que tuviera tiempo de volver a inquirirla, ella se levantó y tomó un ejemplar de 'El Profeta' que tenía cerca.
—Ahí está la respuesta.
Harry esperaba encontrar el anuncio de que Voldemort había vencido, tal vez de que Hogwarts era sólo escombros y cenizas. Era sólo la tapa y contratapa y, para su asombro, pudo leer que la noticia era un asunto social.
Se suponía que ahí encontraría la respuesta pero sólo sobrevinieron más preguntas además de un enojo creciente. Hermione no era del tipo de bruja que bromearía en momentos como ese, en casi ninguno para ser sinceros, así que no comprendía qué estaba ocurriendo o por qué le había entregado parte de un ejemplar con más de veinte años de antigüedad. Ahí, entre sus dedos y en primera plana, la foto de una joven mujer muy hermosa de pie junto a su pareja. El titular que acompañaba la imagen anunciaba el matrimonio entre Narcissa Black y Lucius Malfoy. En la esquina superior derecha decía con claridad cinco de julio de 1977.
—Ya lo he comprobado— dijo ella de repente sin retirar su mirada del fuego—. Cuando te estabilizaste fui a un pueblo cercano… uno muggle… era dos de julio. Luego fui al mundo mágico, al Callejón Knockturn y vi esa página en el suelo…
—¿Qué… qué intentas decir…?
Hermione alzó sus ojos y lo observó directamente como para que no quedara duda alguna de que decía la verdad.
—Hemos viajado en el tiempo por un accidente mágico. Estamos en 1977.
Harry había pensado mil escenarios posibles desde que se despertó pero ese, sin lugar a dudas y con total seguridad, no estaba ni en sueños ni en pesadillas.
—Pe-pero tú me habías dicho que sólo con un giratiempos se puede volver unas horas, no veinte años— dijo con cierta incredulidad y mucho desconcierto.
—Lo sé, Harry— respondió.
—Debe haber un error… tal vez estuvimos inconscientes… tal vez…
—Yo no estuve inconsciente, todo lo contrario.
—Pe-pero…
—Lo siento… no sé cómo ocurrió… esta vez no tengo la respuesta.
El mago escuchó esas últimas palabras y el tono apesadumbrado en ellas. Comprendió parte del cansancio en el rostro de la chica. No sólo era lo acumulado por el tiempo que llevaban huyendo o por haberlo cuidado a él a costa de su propia salud, era la nueva realidad que ahora los amenazaba y que debían enfrentar: ambos veinte años en el pasado, todos vivos, Dumbledore vivo, Sirius vivo, sus padres vivos…
Esos pensamientos encendieron un calor de esperanza indescriptible en su pecho.
—¡Es una oportunidad, Hermione! — gritó y la bruja lo miró sorprendida—. Es la oportunidad de cambiar todo… de arreglarlo todo…
Por primera vez en mucho, mucho tiempo había alegría en su voz pero la bruja no se contagió con ese súbito sentimiento.
—Harry…— comenzó a decir amenazadoramente y con advertencia.
—Escucha…— siguió él sin advertir el tono o gesto de su amiga—, podemos ir con Dumbledore y decirle todo, todo… ¿lo entiendes?... podemos ir y explicarle, pedirle ayuda. ¡Podré ver a mis padres! ¿Sabes lo que eso significa? ¡Esta es una oportunidad! — finalizó poniéndose de pie e ignorando el dolor en todo su cuerpo.
—¡HARRY! — gritó Hermione— ¡DETENTE AHORA! — se paró y dio un paso hacia él—. ¡¿Qué te expliqué en tercer año?!, ¡¿eh?!... ¡¿Lo recuerdas?! ¡¿Qué te dije?!
La vio encolerizarse como pocas veces. La imagen que ahora tenía frente a él difería de la de hacía tan sólo unos segundos a pesar de que el cansancio aún se reflejaba en el rostro de la bruja. Estaba enojada, peligrosamente fastidiada. Trató de dejar a un lado su euforia y concentrarse en lo que se le estaba preguntando.
—¡Respóndeme, Harry! ¿o lo has olvidado? ¿Qué te advertí cuando retrocedimos esas horas para rescatar a Sirius? ¿Qué te insistí una vez que tuvimos éxito?
Ahí lo comprendió. Trató de recordar y lo hizo pero no quería repetirlo en voz alta. La posibilidad de cambiarlo todo era demasiado buena como para atender las reglas que su amiga tanto se empeñaba en proteger. Como no respondió de inmediato, Hermione comenzó a recitar de memoria:
—Reglas sobre viajes en el tiempo: Nadie debe verte, nadie debe saber que estás en el momento que estás. Si es imposible de evitar, nadie debe saber tu origen. No se puede intervenir sobre los hechos porque no se pueden ver los alcances de los cambios.
Suspiró luego de sus palabras y su rostro se dulcificó. Se acercó a él y con una mano sobre su hombro quería decirle que no podían hacer lo que él indicaba pero Harry erupcionó:
—¡¿Cómo puedes decir eso?!, ¿¡Cómo puede pedirme que deje a mis padres morir… que deje a Pettigrew traicionarlos… o que permita que Sirius vaya a Azkaban?!, ¡¿Quieres que deje que Snape mate a Dumbledore?!
Ella no cambió su gesto a pesar de la violencia en la voz de Harry.
—No podemos actuar precipitadamente… no con tanto en riesgo… debemos…— intentó decir pero su amigo la interrumpió.
—¡¿Qué?!, ¡¿qué debemos hacer?!, ¡¿escondernos?! ¡¿Y por cuánto tiempo!? — se alejó un paso hacia atrás—. No, no Hermione, si está en mi poder evitar que ocurran las peores tragedias de mi vida, lo haré.
Al observarlo tan alterado y a punto de tomar acciones que no debía, la bruja movió su varita, le lanzó un 'petrificus totalus' y lo levitó a un lugar cómodo. Suspiró cansada y una sonrisa apagada de medio lado apareció en sus labios.
—No eres el primer amigo al que le lanzo este hechizo… algo debe andar muy mal en mí, ¿no te parece, Harry?
Se sentó frente a él ignorando el brillo de profundo enojo en la mirada del mago y continuó hablándole.
—No lo permitiré, no permitiré que te lances sin pensar en las consecuencias, sin planificar muy bien las cosas. La última vez fue desastroso, ¿lo olvidas?, todo lo del Departamento de Misterios… la muerte de Sirius… todo eso pudimos evitarlo si no hubiéramos actuado tan precipitadamente.
Lo miró, aún tenía ese brillo asesino en él así que siguió sin retirarle el hechizo.
—Fueron seis días… seis días en los que estuviste inconsciente y yo pensando cómo llegamos aquí y, lo más importante, cómo debemos actuar y cómo regresaremos…
Tomó su bolsito de cuentas y comenzó a sacar muchos, muchos libros, una libreta, una birome y comenzó a hablar.
—La verdad… busqué en todos estos libros y en ninguno se dice mucho, sólo las advertencias que ya te expliqué.
Pasó las hojas garabateadas de su cuaderno. Harry podía ver que habían números, ecuaciones aritmánticas, líneas temporales, hechos cronológicamente anotados y muchos signos de preguntas por todos lados. Incluso habían banderitas de colores señalando momentos determinados y no pudo más que chasquear su lengua mentalmente: ver esos señaladores era casi hogareño, como si Hermione estuviera mostrándole los apuntes de alguna clase o un nuevo plan y horario de estudio. No lo reconocería pero eso sólo despejó gran parte de su enojo.
—Si prometes escucharme, retiro el hechizo— lo observó un instante analizando su mirada—. Confío en ti, Harry Potter— dijo antes de lanzar el 'finite'.
Él sólo la miró y gruñó algo entre dientes. Se acercó a ella y sus apuntes. Si había algo que aprendió durante sus años de amistad era que debía escucharla, aunque lo olvidara con frecuencia.
—Lo siento… no quise petrificarte… pero tú…— comenzó a decir de inmediato.
—No digas más— interrumpió sus disculpas con cierta molestia pero mucho más calmado—. Lo sé… sé que lo sientes. Ahora sólo di lo que tengas que decir.
Ella asintió y suspiró. Tomó su varita y comenzó a hacer círculos. Era como si hubiera convocado una especie de escritura mágica donde su pizarra era el aire mismo.
—Estamos a ocho de julio— comenzó a decir—, esa portada es de hace tres días. Debimos haber llegado el mismo dos de julio por la noche. Pasé varias horas estabilizándote, asegurándome que estés bien y sólo cuando vi que no había peligro de dejarte solo, fui a ese pueblo, debía comprobar cuál de mis hipótesis era cierta.
—¿Qué… qué pensabas? ¿Qué crees que nos pasó?
Se veía tan cansada que Harry se preguntaba si en algún momento se quedaría dormida ahí mismo en medio de sus movimientos de manos y varita. Sin embargo su amiga tenía fuerzas allá donde él creía que era imposible.
—Ninguna de las dos cosas que pensé eran buenas. Primero creí que… que tal vez, al desaparecernos, pudimos haber quedado dentro de una burbuja temporal, un instante para nosotros pero meses o años para los demás. Eso explicaba por qué era verano o parecía ser verano cuando estábamos en plena Nochebuena.
—¿Es eso posible? — preguntó asombrado, nunca había escuchado algo semejante.
—Sí, es posible... aunque no probable. Sólo hubo dos casos registrados: un mago en Sudamérica que desapareció un día camino a su trabajo y regresó quince años después, vestido igual y con el periódico del día que su esposa había denunciado su desaparición en mano, sin envejecer una sola cana. Para él fueron instantes desde que dejó su trabajo hasta llegar a su casa, para los demás fueron años. El segundo caso es menos traumático: se trató de una bruja que estaba tomando su examen para recibir su licencia de desaparición. Se desapareció frente a los jueces y se apareció en el mismo lugar pero meses después. Al igual que con el caso anterior, para ella fue solo un instante, para los demás fueron meses. Esos dos son de los que se tiene registro, aunque debe haber otros de los que no se sabe nada.
A estas alturas, Harry estaba abstraído con las explicaciones de Hermione al punto que su enojo se había esfumado.
—Mi segunda hipótesis es la que terminó siendo real. Viajamos al pasado y estábamos en un verano anterior a nuestro invierno de 1997. Aunque no esperaba que… que…
—No esperabas que fuera tan atrás en el pasado— completó él la frase.
—Así es.
—¿Qué crees que pasó?
—No lo sé, Harry... yo
—Tú siempre tienes teorías, Hermione... ¿Cuál tienes ahora? — preguntó con una sonrisa conciliadora, su ansiedad había disminuido considerablemente.
Ella suspiró y se mordió los labios esquivando la mirada de su amigo.
—Creo que... lo que creo que ocurrió es algo inesperado y muy, muy improbable…
—En eso estamos de acuerdo— opinó evitando rodar sus ojos.
—Bueno… lo que quiero decir es que cuando te abracé para desaparecernos tras el ataque de Nagini... tras recibir el 'crucio' de Riddle
Harry frunció el ceño, no se había detenido a pensar en las heridas de su amiga hasta ese momento.
—¿Tú… tú estás bien? — preguntó de inmediato.
La había visto agotada pero no herida y ahora se reprendía mentalmente por no tomar conciencia de su estado en lugar de reclamarle y discutirle.
—Sí, Harry, estoy bien… o todo lo bien que se puede estar dadas las circunstancias— respondió medio sonriente y continuó con su explicación—. Creo que la casa de Bathilda Bagshot debe estar sobre una de las líneas ley... sé que Godric eligió ese Valle para vivir porque allí hay varias...
—¿Dónde leíste eso? — preguntó intrigado.
—¿En serio preguntas eso? Está en 'Hogwarts: una historia'— respondió negando con la cabeza—. El punto es que esas líneas aún son un misterio para la gran mayoría... menos para los que trabajan en el Departamento de Misterios pero ellos no revelan sus trabajos así que, por mucho que quiera saber, todo es un misterio— suspiró—, el caso es que... por la presión de sacarnos de ahí y ponernos a salvo, debí concentrarme mucho y algo más debió pasar para que una de esas líneas se activara y nos envíe al pasado. No se sintió diferente a una aparición normal sólo que, en lugar de ser el Bosque de Dean nos aparecimos en el cementerio donde habíamos estado momentos antes... no sé por qué, no lo había pensado pero así fue— lo miró unos segundos y dijo con profundo pesar—. Lo siento mucho, Harry... yo...
—No te culpes... no es algo que pudieras manejar, no decidiste traernos aquí... fue un accidente...
—Aun así...
Observó de inmediato que una vez más comenzaría a culparse. Siempre le pareció irónico que ella le recriminara su casi innato instinto de héroe que lo hacía tomar responsabilidad por todos cuando ella hacía lo mismo creyendo que debía tener todo controlado. Cuando algo se salía de sus esquemas, no dejaba de culparse y por eso preguntó interrumpiéndola, para no tener oírla decir que fue su culpa que terminaran ahí atrapados en el pasado.
—¿Y qué más pensaste de todo esto mientras estaba inconsciente?
Hubo un segundo de silencio en el que pareció analizar las palabras.
—Estamos en el pasado y por más que no hayamos usado un giratiempos se aplican las mismas reglas— se acercó una vez más esperando que esta vez él se dejase contener—. Sé que quieres ir corriendo a ver a tus padres, Sirius, Dumbledore pero debemos tener cuidado, mucho cuidado.
Resaltó sus últimas palabras y dibujó una línea temporal en el aire. Harry podía ver ese haz de luz que salía de la varita de Hermione y cómo formaba una línea con fechas diversas en ella.
—1977— dijo la bruja y agrego—: Tus padres así como Sirius, Severus Snape y Peter Pettigrew van a empezar séptimo curso dentro de dos meses casi…
—Debemos advertirles— comenzó a decir pero Hermione sobrepuso su voz a la de su amigo y continuó.
—Ellos aún no están ni siquiera saliendo, Harry— sonrió apenas, le dolía ser la que quebrara las ilusiones—. ¿Lo olvidas?, ¿olvidas las historias de Sirius y el profesor Lupin?
Se silenció de repente y abrió sus ojos ante esas palabras.
—Ellos ni siquiera son novios aún. Según lo que me contaste no hace mucho en Grimmauld Place, Sirius decía que tu padre invitó muchas veces a Lily Evans a ir a Hogsmeade pero no fue hasta un poco pasado el séptimo curso, cuando ambos fueron premios anuales y compartieron más tiempo juntos, que tu madre finalmente lo aceptó.
Lo miró pensativo unos segundos y agregó:
—¿Ahora lo entiendes, Harry?, ¿entiendes el peligro que representa nuestra presencia aquí si no nos manejamos con cuidado? — negó con la cabeza y se sentó en el suelo observando la línea temporal que había dibujado—. Poco se sabe sobre los viajes en el tiempo. Según estudié, nada puede ser cambiado porque lo que uno intenta modificar ya fue modificado.
Al ver el ceño fruncido de chico ella pasó a explicarse.
—En nuestro tercer año, salvamos a Sirius porque ya lo habíamos salvado. Recuerda, tú mismo habías lanzado las piedras que nos sacó de la casa de Hagrid cuando el Ministro estaba llegando con el ejecutor de Buckbeak, mi yo del futuro fue el ruido en los arbustos que hizo que mi yo del pasado se girara cuando vi mi cabello desde atrás, el 'patronus' que te salvó a ti y a Sirius del beso del dementor, ese 'patronus' que pensaste había sido el de tu padre, era el tuyo propio.
Harry se masajeaba el cuello, se notaba el esfuerzo que hacía por comprender y, sobre todo, aceptar las palabras de su amiga.
—Sé que es complicado— agregó ella—, hasta a mí me cuesta entenderlo del todo y creo que en realidad sólo acepto las cosas sin cuestionarlas demasiado. Lo cierto es que pudimos hacer esos cambios aquella vez porque ya los habíamos hecho en el pasado. Se trata de la concepción circular del tiempo.
—Entonces, Hermione, no debería haber problema en acercarnos, porque mis padres se elegirán hagamos lo que hagamos, digamos lo que digamos... — reflexionó él.
—Harry... — comenzó a decir—, lo que acabo de explicar es tan sólo una de varias concepciones del tiempo... luego hay otra, muchas a decir verdad, pero la que me preocupa es la que dice que si se afecta un punto importante se crea una nueva línea temporal. Eso significa que tú y yo modificaremos de tal modo la historia que podríamos poner en riesgo nuestras propias existencias o el futuro tal cual lo conocemos. Podríamos provocar un futuro en el que, en el mejor de los casos, El-que-tú-ya-sabes no exista o podemos provocar que Él nunca haya desaparecido en 1981 y que reine sobre todo el mundo mágico británico.
Esa posibilidad los horrorizaba a ambos y Harry parecía comenzar a comprender todo lo que Hermione había reflexionado mientras él yacía inconsciente.
—¿Y cuál de las dos es, Hermione? ¿cuál es la correcta?
Preguntó sabiendo que no habría una respuesta concreta. Lo hizo sólo por el simple deseo de que se le proporcionara algo seguro. Ella negó con la cabeza y respondió:
—Ambas... ambas son correctas dependiendo cuál sea el caso, cuál sea el hecho. Por eso es tan estricto el control sobre los viajes en el tiempo, por eso está prohibido experimentar con viajar más allá de unas horas... — lo miró fijo, su ojos se veían vidriosos y estaban rojos— Harry... si no nos cuidamos, si no hacemos las cosas de manera calmada y con conciencia, podríamos acelerar procesos, condenar inocentes, provocar nuestra propia inexistencia y, llegados a cierto punto, nuestra ventaja, este conocimiento que tenemos sobre lo que va a ocurrir, sería obsoleto porque una nueva historia se estaría escribiendo.
Exhausto con todo lo que oía y con lo que intentaba razonar, cayó sobre sí mismo sentado y se echó para atrás. No quería reconocerlo pero Hermione, como de costumbre, tenía razón.
—Te enojarás conmigo por lo que te diré pero... — lo miró un segundo meditando sus palabras y con cuidado continuó—… pero incluso, por ejemplo, si bien el profesor Snape mató al director…— Harry se incorporó de repente asustando un poco a Hermione pero ella trató de que no se le notara—… él, por alguna razón que desconocemos, se volvió un doble agente. Es cierto que al final fue un traidor pero por años pasó información que fue útil. Si hacemos algo que impida eso, podremos salvar al director pero podríamos provocar otras muertes de seres queridos.
—¡¿Entonces sugieres que no hagamos nada?! — intervino con cierta furia en su voz
—No… no digo que no hagamos nada sino que seamos cuidadosos con lo que hacemos— corrigió con cierto enojo en su voz—. Podríamos advertirle al director pero no hacer nosotros mismos algo en contra de Snape porque podríamos impedir que ayude... — lo observó unos segundos antes de preguntar con precaución—, ¿ya lo entiendes...?
—¿¡Y Pettigrew…?! ¿También con él me pedirás que no actúe?
—Harry, sé que es difícil…
—¡LO SABES PERO NO LO ENTIENDES! — comenzó a gritar—, ¡SON MIS PADRES...!
—¡HARRY JAMES POTTER! — llamó ella con autoridad en su voz, debía lograr que entendiera si quería continuar con lo que había analizado todos estos días que reflexionó en soledad—. Dime…— dijo ordenando—, ¿¡dime qué crees que pensarían tus padres que aún ni siquiera están juntos y que confían en Peter como en un hermano, al menos sabemos que James Potter lo hace, qué dirían si viene un completo desconocido y les dice que acabarán juntos, que tendrán un hijo y que serán asesinados por la traición de uno de sus mejores amigos?! ¿¡eh!? ¿¡qué dirían sin pruebas, en una época en la que no se confía en los extraños tan rápidamente?!, ¿¡las palabras de quién escucharían?!, ¡¿las nuestras o las de Pettigrew a quién conocen desde hace más de seis años y que puede que aún ni siquiera sepa que los va a traicionar?!... — serenó un poco su voz y agregó—… e incluso, Harry, si hacemos caso a la teoría circular del tiempo, puede que nuestra propia acción sobre Peter Pettigrew sea la que lo lance a traicionar a sus amigos. ¿Qué pasaría si, al igual que en nuestro tercer año, nuestra presencia aquí era inevitable y es nuestra advertencia a tus padres, Sirius y Remus lo que provoca que Peter se sienta desplazado y los traicione al final?
—Entonces sugieres que no hagamos nada... que nos quedemos en esta tienda y que veamos cómo se desarrollan las cosas...
—No, te repito una vez más que no estoy diciendo eso y te sugiero que te calmes o te petrificaré de nuevo... estoy cansada... agotada... y pelear contigo me saca las energías que aún me quedan, así que, por favor, Harry, por favor, escúchame...
Ese ruego fue doloroso, lastimero y el mago se sintió realmente mal por lo que hacía pero no podía evitarlo, siempre su carácter había sido explosivo o eso creía y se justificaba con ese pensamiento.
—Hay otras cosas que debemos tener en cuenta— agregó de inmediato la bruja, realmente estaba perdiendo su poca paciencia—. Los horrocruxes.
Ahí fue cuando Harry lo entendió. Hermione llevaba consigo el guardapelo desde hacía días. No sólo había estado batallando sola con la nueva realidad que debían enfrentar sino que llevaba esa cosa encima casi todo el tiempo. Con razón estaba cansada y tan, tan agobiada.
—¿Recuerdas lo que dijo Kreacher? — la pregunta trajo a Harry de nuevo a la conversación—. Fue en 1979 que Regulus Black le confió a Tom el servicio de su mejor amigo, el propio Kreacher... y ahora estamos en 1977, no sabemos si Él ya creó este horrocrux— dijo señalando su pecho—... lo más probable es que no— suspiró con cansancio evidente—. El anillo que te mencionó el director y el diario, los dos objetos destruidos en 1997, puede que existan en esta época.
Pensando en esas palabras respondió.
—Sí... y no sabemos cuántos son en total o dónde están.
—El profesor Dumbledore había mencionado que posiblemente eran seis por la fascinación de Riddle con el número siete. Su alma estaría partida en siete fragmentos, un número mágico, pero sabemos que eso es posible en 1997, no sabemos si en 1977 es así... por lo pronto son cinco al no existir aún el guardapelo.
—Pero tenemos el guardapelo.
—Sí pero él no sabe que trajimos con nosotros un trozo de él—
—Nagini... — dijo Harry de repente— ¡¿Cómo no lo pensé antes?! Nagini debe ser uno, Él nunca se separa de la serpiente.
—¿Puede un ser vivo ser un horrocrux? — preguntó Hermione con cierta aberración ante esa posibilidad.
—Podría...
—¿Y Tom tendrá la serpiente en esta época?
—Nunca escuché que Sirius mencionara que tuviera una, podría ser que sí o tal vez no aún… como con el guardapelo.
—Entonces puede que sólo existan cuatro: el anillo, el diario, el guardapelo del futuro que tenemos con nosotros y Nagini si ya existe.
—¿Qué haremos? ¿Tienes idea de cómo podemos volver al futuro o qué hacer ahora?
—Solos los dos no podemos hacer nada... eso es más que seguro— opinó.
—Entonces...
—Entonces creo que debemos romper la más sagrada de todas las reglas y hacernos ver...
—Dumbledore...
Hermione asistió y agregó:
—Tal vez él sepa qué hacer...
La voz de la bruja sonó frágil por un instante, dubitativa y eso lo preocupó.
—¿Qué te ocurre? — preguntó y ella sintió que debía compartir un poco, sólo un poco sus preocupaciones.
—Harry... con el giratiempos... la única manera de volver al futuro es atravesando el tiempo nuevamente, revivirlo... ¿entiendes lo que quiero decir? En tercer año, tú y yo vivimos esas cinco horas una vez más hasta llegar al momento en el que nuestros otros yo viajaban. Temo... temo que ahora sea igual... temo que la única manera de volver al futuro sea viviendo estos veinte años...
El horror ante esa posibilidad se vio en su rostro.
—¿Es... es eso posible?
—Sí, es posible— dijo con convicción—, pero aún creo que pueda haber otra salida. Como viajamos sin un giratiempo, tal vez podremos regresar de nuevo pero primero debemos descubrir cómo terminamos aquí— miró a Harry un segundo, tragó con aspereza y agregó—: Aunque también debemos hacernos a la idea de que, tal vez... tal vez no podamos...
—Entonces puede que estemos estancados en esta época para siempre.
—Es una posibilidad que no debemos descartar.
—Es... es angustiante— dijo al final y sus brazos cayeron con pesadez hacia los lados—. ¿Sabes...? Quiero ver a mis padres, siempre quise verlos vivos pero... pero no sé si quiero vivir con ellos teniendo los tres la misma edad
—Y Sirius, Remus, Snape... — enumeró—, yo...
—Debemos regresar, Hermione... — dijo interrumpiéndola—, debemos tratar de advertirles pero debemos volver a nuestra época... por Ron, Ginny... por todos…
—Sí, lo sé.
—¿Veremos a Dumbledore? — preguntó el mago queriendo saber si ella ya tenía un plan.
—Debemos ir con él pero hay cosas que debemos tener en cuenta— comenzó a advertir aunque no sabía cómo tomaría su amigo esas palabras así que procedió con cautela—. Harry… si hay algo que aprendimos es que Albus Dumbledore era… es humano...
—Lo sé... — respondió de inmediato intuyendo hacia dónde iban esas palabras—. Esa biografía de Skeeter... — agregó entre dientes.
—Así es... por eso creo que por más que él entienda que no debe conocer mucho del futuro... sentirá curiosidad por ver en nuestras mentes... sea para saber si decimos la verdad, sea porque realmente quiera saber qué pasará.
—Pero no sabemos oclumancia... no como para rechazarlo completamente.
—Por esa razón no debemos verlo mucho tiempo a los ojos, sólo un momento. Un legeremente ve los recuerdos que uno tiene presentes en el momento en el que ingresa a la mente de su… víctima... sólo si busca por un tiempo y condiciona sus preguntas para que traigamos las respuestas que él necesita, sólo así obtendría lo que quiere. Si lo dejamos ver sólo un poco para que nos crea, está bien pero luego no debemos verlo a los ojos.
—Entiendo... y, según tú, debemos mantenernos alejados... de todos los demás al menos. Al director sólo le diremos lo suficiente para que nos ayude a regresar. Creo… creo que podría ver a mis padres de lejos... sin que ellos me vean... aún tienes la capa de invisibilidad, ¿no?
—Respecto a eso, Harry...
—¡¿Perdimos la capa?!
—No, no... la capa está en la tienda. Me refiero a lo de escondernos.
—Me lo repetiste tantas veces que al fin lo entiendo— sonrió al final de sus palabras.
Sin embargo Hermione comenzó a morderse los labios antes de continuar.
—Bueno... en realidad, iba a proponerte lo contrario.
Luego de todo lo charlado, de todas las advertencias y el regaño recibido, ¿le estaba diciendo hacer exactamente lo contrario?
—Hermione... ¿acaso quieres volverme loco?, acabas de repetirme las reglas sobre viajes en el tiempo, acabas de sermonearme sobre lo peligroso que es y ahora que logras convencerme… ¿ahora me dices que debemos dejarnos ver? Explícate porque no te sigo.
—Sé… sé que fui clara con lo de mantenernos ocultos pero... pero debemos encontrar esos horrocrux, Harry, o por lo menos saber qué son para buscarlos en el futuro, si es que alguna vez regresamos.
—¿Y cómo piensas que haremos eso?
Hermione lo miró fijamente y con mucha seguridad en su semblante. Sabía que iba a proponer algo que traería más problemas que soluciones pero si lo lograban, si tenían éxito, sería la diferencia entre ganar o perder la guerra. Tomó coraje y habló:
—Debemos convencer al director de que nos deje asistir a Hogwarts y ser sorteados en Slytherin— dijo con velocidad.
El mago la miró como si fuera la primera vez que la veía, como si le hubiera salido otra cabeza. No podía creer lo que proponía después de todo el regaño recibido, ¿acaso le estaba diciendo que debían asistir a la escuela y que de todas las casas debían ir a Slytherin? ¿De todas las casas, debía ser el la de las serpientes?
Ella, al ver que no reaccionaba, pasó a explicarse:
—Entiende, Harry, debemos ir allí. Debemos… debemos infiltrarnos de alguna manera, averiguar qué son los otros dos horrocruxes o si hay más de ellos, dónde… dónde pueden estar...
—¿Quieres decir que debemos ir a la escuela, a la misma casa de Snape y los otros mortífagos? — la miró un segundo y agregó con severidad—: No, no sólo dices eso, ¡también dices que debemos ser sus amigos! ¿no es cierto?
Ella asintió.
—Hermione… ahora sí creo que no estás del todo bien— resolvió tras chasquear su lengua.
La manera en la que lo dijo la hizo sonreír. Ella sabía que a Harry no le iba a gustar el plan pero que, en el fondo, él estaría de acuerdo si con eso terminaban con la guerra. Se sentó a su lado y comenzó a explicarle lo que había planeado con sumo detalle, repitiendo aquello que creía que le costaría comprender. Lo hacía no porque creyese que era algo difícil de asimilar sino porque sabía que era algo difícil de aceptar cuando hay tantos sentimientos entretejidos.
Por su parte, el mago se sentía cómodo a su lado. Hermione se había vuelto hogar para él, un refugio al que podía acudir siempre que se sentía fatigado o agobiado por las circunstancias. No debía olvidar que de todos, ella fue la que siempre se quedó a su lado a pesar que incluso en más de una ocasión él intentó alejarla como a los demás. Escuchó cómo repetía varias veces lo que debían hacer, cómo se acercarían a Dumbledore: ella iría primero, se presentaría y, cuando le diera la señal acordada, él aparecería.
—Te pareces demasiado a tu padre. Lo mejor será que hable con él, le explique y luego apareces tú.
—No deberías hacer todo sola.
—De los dos, soy la más calmada.
—También la más mandona— murmuró entre dientes.
—¿Qué acabas de decir? — preguntó, realmente no lo había escuchado.
—Nada… nada importante— dijo con rapidez—. Me mantendré oculto tras la capa, ¿te parece?
—Sí pero no dejes que él la vea.
—Pero… al sacármela, sabrá de ella.
—Podrías desilusionarte— opinó y murmuró más para sí que para ambos—: Aunque él sabrá que hay alguien más… siempre supo cuando nos escondíamos debajo de la capa…
—¿Cómo podría saberlo?
—Imagino que con un 'homenum revelio'... o por lo menos yo lanzaría ese hechizo si me llamaran a una reunión secreta. Querría asegurarme que son sólo la persona que me llama y yo los que estamos y que no es una trampa.
—¿Entonces qué hacemos?
Hermione mordió su labio pensando qué podrían hacer.
—Quédate afuera— resolvió no viendo otra salida—. Espéranos en la Casa de los Gritos, yo conduciré al director hasta allí. Incluso eso también sería una prueba... que sepa que sabemos sobre esa casa y qué son realmente los gritos que la gente escucha.
—Pero yo también quiero estar cuando le expliques.
—¿Confías en mí, Harry?
—Sí, por supuesto.
—Entonces, ¿confiarías que todo lo que hable con Albus Dumbledore será lo que te digo que le diré?
Él hizo una mueca, claro que confiaba, pero eso no quitaba que quisiera estar presente.
—Está bien, Hermione... — dijo con cierta frustración y agregó—: pero me debes una.
—De acuerdo— respondió sonriendo—, tú irás a la Casa de los Gritos y yo... yo me encontraré con el director.
Por primera vez en días, la bruja se sintió aliviada. Había expulsado de sí misma sus preocupaciones, frustraciones, miedos y planes y eso hizo que, a pesar de cargar con el guardapelo, se sintiera mucho mejor. Harry quiso que le diera el horrocrux pero ella no aceptó explicándole cómo, luego de lo ocurrido en lo de Bathila Bagshot, ese guardapelo se le había pegado al pecho. Temía que la conexión que poseía con Voldemort afectara de alguna manera el comportamiento del horrocrux al llevarlo puesto.
Ambos decidieron descansar, después de todo, al día siguiente se encontrarían con el director. Esa sería una reunión plagada de emociones de todo tipo y debían tener fuerzas suficientes para luchar contra sí mismos de ser necesario.
N/A: Bueno, espero que les esté gustando lo suficiente la historia como para esperar próximos capítulos. Dado que aún no resuelvo lo que me mantiene ansiosa, lo más probable sea que continúe con esta publicación por sobre las demás.
¡Gracias por llegar hasta aquí!
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Hasta pronto
XD
