¡Hola! dos capítulos en un día... mmm... ¿señales de un apocalipsis personal? XD

Disclaimer: El potterverso le pertenece a Rowling.


Capítulo 6

Callejón Diagón

—En algún momento deberemos avanzar, hija.

Hermione tenía un semblante apesadumbrado y sus labios temblaban un poco.

—No te preocupes— dijo Dorea de inmediato dándole ánimos—, lo harás bien.

—No lo sabemos…— respondió apenas—, ¿realmente lo cree necesario, señora Potter? — la mirada seria de la mujer hizo que Hermione se corrigiera de inmediato—, es decir, ¿es necesario, madre?

No hubo respuesta a esa pregunta, sólo el mismo gesto serio y mirada altiva.

La joven bruja aprendió muchas cosas durante las semanas de convivencia con los Potter y por primera vez en su vida entendió a Sirius Black y se compadeció de él y de sí misma. No había nada más cruel para un niño que ser adoctrinado por una Black de la vieja estirpe y las antiguas costumbres. Dorea carecía completamente del alto y agudo timbre de voz del retrato de Walburga pero una simple mirada suya era capaz de congelar el fuego.

O eso sospechaban Hermione y Harry.

Suspiró con los ojos cerrados y al abrirlos dijo con seguridad:

—Ya estoy lista.

Un simple asentimiento de su nueva madre fue suficiente, había dado una respuesta adecuada y esperada, había hecho algo bien.

Dieron el primer paso que las sacó de las sombras y se adentraron en el Callejón Diagón que, a esa hora, tenía muy pocos transeúntes inmersos en sus rutinas y que poca atención prestaron a la pareja de brujas que caminaba con firmeza. Dorea iba vestida completamente de negro a excepción de los bordes de su túnica, del cinto que abrazaba su cintura y del interior del cuello, todos ellos de color borravino. Su hija llevaba el mismo estilo pero en lugar de negro y borravino, sus colores eran verde musgo y gris plata. Mientras una lucía un simple collar de diamantes y sus cabellos iban recogidos de manera sencilla con hebillas haciendo juego, la otra lucía unos pequeños zarcillos de diamantes y su espesa cabellera caía sobre sus hombros llegando hasta su cintura. Era tupida y desordenada pero había armonía en ella, solo lograda por la mano de una profesional como Dorea.

Hermione seguía el paso de su madre, estudiando su caminar e imitándolo como había hecho las últimas semanas en la cottage: mentón en alto, rostro serio, mirada altiva. Ella era hija de una Black y los Black siempre eran amos y señores del suelo que pisaban. Nada de apretar los labios, nada de dar respingones, nada de fruncir el ceño a menos que la situación lo demande y, la mayor parte del tiempo, no lo haría así que lo mejor sería que mantuviera un rostro inexpresivo que expresar demasiado.

Si no sabes qué decir, si no sabes qué expresión debes dar, sencillamente no hagas nada. Mira siempre desde la altura, no importa que tan mala sea la situación, no importa que tan apremiante sea lo que ocurra ni quienes estén involucrados. Tú debes mirar con absoluto aburrimiento todo lo que te rodea, especialmente si no estás entre aquellos que debes considerar tus pares, es decir, los slytherins.

Esas habían sido las palabras de Dorea repetidas decenas de veces a ella y a Harry, aunque él recibía otro tipo de consejos porque, según la mujer, no debían ser un calco uno del otro. Además, se le había advertido que de una bruja se esperaban determinados comportamientos y de un mago, otros. No era una cuestión puramente sexista sino que cada uno utilizaría una estrategia diferente para acercarse a los demás y conseguir sus objetivos.

Tras practicar arduamente desde el amanecer hasta altas horas de la noche aprendiendo protocolos, genealogías, gestos, ademanes y secretos, ahora Hermione se veía a sí misma caminando por el Callejón Diagón como si fuera dueña del lugar. Su corazón se comprimía al pensar en aquellos conocidos que se cruzaría y que debería tratar con altivez pero no con menosprecio, para nada. Después de todo, ella era una Potter y debía conseguir que su comportamiento reflejara la armonía entre esas dos familias y educaciones tan pero tan diferentes: la soberbia de los Black y la sencillez de corazón de los Potter.

Un completo imposible que ella debía hacer realidad.

Mientras avanzaban en su caminar, la joven bruja ya se estaba arrepintiendo de su misión. Creía que ni siquiera el hambre ni las continuas corridas por el Bosque de Dean se asemejaban a los peligros que ahora debía enfrentar. Trataba de no pensar en ello, trataba de no dejarse llevar por sus miedos y dudas. Miró la espalda de la mujer que caminaba con elegancia delante de ella. Debía seguir el plan de esa bruja a pesar de que esa misma bruja desconocía los planes de Hermione y Harry. Lo único seguro para ambas era que debía infiltrarse en la casa slytherin y de ahí infiltrarse entre mortifagos y Dorea Potter prometió que si seguía sus instrucciones, lo lograría. Habría dificultades y percances pero conseguirían su meta.

Trató de concentrar su atención en lo que la rodeaba, sobre todo ahora que atravesaban la puerta de Twilfitt y Tatting.

Recuerda siempre, Hermione, silencio, siempre debes estar en silencio a menos que se te hable de manera directa, a menos que se te presente como es debido y sólo si estás en compañía de tu madre, tu padre o tu 'hermano Henry'. De lo contrario, sólo mirarás con seriedad y aburrimiento. De los dos hermanos Potter, eres la más parecida a los Black— se repetía a sí misma mientras esperaban a ser atendidas.

Esas palabras eran las órdenes y enseñanzas de Dorea y se las recordaba como un pequeño mantra a prueba de calamidades, la fuente de la mismísima verdad.

—Bienvenidas a Twilfitt y Tatting, ¿en qué puedo ayudarlas? — las recibió una mujer que, por su postura, parecía algo más joven de lo que en realidad debía ser.

—¡Buenas tardes, Sophie! — dijo Dorea sin inflexion alguna en su voz.

Un segundo, sólo un segundo le tomó a la dueña de la tienda reconocerla y en ese segundo sus ojos se expandieron por la sorpresa pero, de inmediato, recuperó la compostura. Su voz se dulcificó lo suficiente como para sorprender a Hermione.

—¡Querida Dorea!, ¡dichosos los ojos que te ven y te contemplan! ¿Cuántos años sin verte por aquí?

—No los suficientes, debo admitir— respondió sin temor alguno y sin vergüenza.

Cualquiera sentiría un insulto en esa respuesta y tono desdeñoso utilizado pero parecía que la mujer no lo notaba o lo pasaba por alto al tratarse de Dorea.

—¿Y quién es esta elegante señorita que te acompaña? — preguntó dirigiéndole la mirada a la jovencita parada detrás.

—Hermione, tesoro, ven junto a mí— dijo la bruja—, déjame presentarte a Sophie Tatting.

Dorea acompañó sus palabras con un gesto protector hacia Hermione colocando su mano derecha en la espalda de la bruja más joven.

—Sophie, te presento a Hermione, mi hija mayor.

Hermione hizo un educado saludo y una sutil inclinación de su cabeza en señal de reconocimiento antes de saludar con propiedad:

—Un placer, Madame Tatting, mi madre siempre ha tenido los mejores halagos para sus diseños.

La pobre mujer tuvo una pequeña oleada de sensaciones que no pudo evitar que se traslucieran en su semblante. Dorea no sólo había dicho 'hija' sino 'hija mayor', lo que indicaba que había otro u otros hijos. Esta información era algo que nadie, nadie conocía porque, de lo contrario, ella ya lo sabría. Además, la joven bruja le había dado un apropiado halago que la hizo henchirse de orgullo.

¿No había perdido a su hijo hacía años?, ¿cómo es que tuvo otros y nadie se ha enterado?, ¿seré yo, Sophie Tatting, la primera en saber esta jugosa noticia? ¡Esto debo decírselo a Úrsula y Clementine de manera urgente!, morirán de envidia por no haber sido ellas las primeras en saber esto— pensaba y se regodeaba en su interior mientras saludaba con el orgullo de ser la primera en hacerlo—: El placer es mío, señorita Potter. Me alegra poder conocerla.

Hermione sólo le dio otro asentimiento de cabeza y una media sonrisa. Sentía cómo le temblaban las mejillas por el esfuerzo que hacía en controlar cada músculo de su cara. En estas tres semanas había aprendido que los músculos faciales también podían contraerse por el cansancio y el esfuerzo repetido.

—¿En qué puedo servirles? — fue lo siguiente que preguntó con un inusitado brillo predador en sus ojos.

—Sophie, Hermione necesita túnicas de Hogwarts completamente negras. Unas siete será adecuado. Además, queremos adquirir los nuevos modelos de capa que sé que dispones y aún no expones en la vidriera— acompañó sus últimas palabras con una sonrisa cómplice.

—¡Serán las primeras en lucirlas!— respondió la mujer mientras se deleitaba con todo lo que iba descubriendo.

¿Túnicas negras de Hogwarts? significa que la joven irá a la escuela este año, ¿será sexto?, ¿séptimo? Es una joven delgada y de contextura mediana, podría ser de uno u otro año— pensó mientras señalaba un taburete circular— Por favor, suba aquí, señorita, así podré tomarle las medidas.

Hermione subió dos escalones y se sintió una muñeca que era manipulada con rapidez por la señora Tatting tomándole las medidas.

—Una hermosa jovencita de dieciséis años— atinó a decir.

Ese era un claro intento por indagar más sobre la desconocida hija de Dorea. La mujer no retiraba sus ojos del rostro de Hermione para ver su reacción ante su pregunta pero la jovencita la defraudó porque no mostró gesto alguno, sólo dirigió su mirada a su madre quien, con una sonrisa, parecía autorizarla a hablar.

Y así lo hizo.

Interesante— pensó Sophie—, educada como una Black. La única excepción a esa regla fue el joven Sirius, pues los demás siempre buscaron la mirada de autorización de sus padres mientras estuvieran bajo su tutela.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de la chica.

—Diecisiete años, próximamente, dieciocho— mintió con descaro y sin que le temblara la voz.

Ella ya tenía dieciocho, los había cumplido en septiembre de 1997 pero eso no importaba ya. De hecho, el tema de su edad estaba muy abajo en el orden de sus preocupaciones.

—Oh, estarás en tu séptimo año, ¡cuánta emoción! — dijo la mujer—, imagino que deberás estar ansiosa por rendir tus EXTASIS.

Hermione pensaba que como Granger respondería que ya tenía todo preparado, todo leído, todo estudiado para comenzar como debía y que no perdería el tiempo. Como hija de Dorea simplemente asintió con un suave pestañeo, sin una sonrisa u otro gesto que lo acompañe.

¡Por Merlín! literalmente se me va a caer la cara pero de lo acalambrada que la tengo— se gritaba la joven bruja por dentro.

Mientras, Madame Tatting intentaba descifrar ese gesto

¿Acaso eso fue un sí o que no?, ¿qué significó eso?

No podía repreguntar y verla actuar así le recordó a Dorea de joven: siempre tan meticulosa, callada, serena a menos que la situación lo demande con mucha exigencia. Sin duda, esta jovencita debía ser su hija. Su comportamiento era el mismo y su color de cabello también aunque la textura le recordaba a la de Bellatrix Black, ahora Lestrange.

Sin duda esta niña heredó los rasgos de los Black aunque sus ojos… sus ojos se parecen más a los de los Potter— pensó mientras terminaba de tomar las medidas.

Tomó la libreta en la que la vuelapluma había anotado lo que ella iba diciendo en voz alta, se cercioró que todo estuviera en orden y volvió su mirada a las clientas que la observaban con seriedad.

—Tendré sus túnicas listas en dos horas, al igual que las capas ¿En qué color las prefieren?

Dorea miró a su hija autorizándola a responder.

—Verde esmeralda como la casa Slytherin, Madame— respondió sin titubeos y dejando escapar orgullo en sus palabras.

—¿Cómo la casa Slytherin? — repitió con cautela—, ¿no deseas esperar a que seas sorteada y te la envío a Hogwarts?

—No será necesario— respondió—, no tengo duda alguna que enorgulleceré a mi madre.

Esa respuesta taxativa y segura no dejó lugar para ningún tipo de futuras sospechas en Madame Tatting. Esa joven era, con total y plena seguridad, hija de Dorea quién, por su parte, se aseguró de mostrar una media sonrisa de orgullo ante esas palabras mientras pensaba.

Esta niña aprende rápido. Dudo mucho que tenga problemas en Hogwarts. Esa respuesta no sólo fue apropiada sino muy, muy astuta. ¿Será que estoy despertando la pequeña serpiente que todos llevamos dentro y que ella tendría algo dormida? — pensó y luego miró a Sophie una vez más para ordenar:

—Agrega otras siete túnicas de mago con el talle que mi querido Charlus tenía a la edad de diecisiete años y una capa de hombre del mismo color que la que pidió Hermione.

—Co-como ordene, Dorea. Aunque... no creo que le queden a Charlus.

La mujer chasqueó la lengua reprobatoriamente y agregó:

—Por supuesto que no serán para mi esposo sino para mi hijo— y con esas palabras y una sonrisa altiva, se giró y dirigió hacia la puerta—, volveremos en tres horas en lugar de dos.

Hermione quedó un segundo mirando a la mujer, inclinó su cabeza a modo de saludo y siguió a su madre.

—¡Bendito Merlín! — susurró Sophie apenas estuvo sola—, ¿habrá tenido mellizos? — se preguntó.

De inmediato hizo movimientos con su varita buscando con rapidez en viejos libros. Ella tenía todo detallado y prolijamente ordenado así que no le tomó mucho tiempo tener la información que necesitaba.

Catorce túnicas de primera calidad y dos capas en tres horas. Debía poner manos a la obra a pesar de que tenía el terrible impulso de activar su red flú y cotillear con sus amigas sobre lo que acababa de pasar. Pensaba que si se apuraba, podría dar rienda suelta a su lengua y ser la primera en dar las últimas novedades en su círculo social.

Por su parte, apenas dieron unos cuantos pasos y tomaron distancia, Hermione debió detenerse y respirar profundamente. Su corazón latía con fuerza y sus manos comenzaron a temblar al punto que Dorea las tomó entre las suyas y susurró:

—Lo hiciste muy bien, Hermione, excelente. No debes preocuparte.

—¿Crees... crees que haya creído que soy tu hija? — preguntó con nerviosismo y duda.

Sus ojos eran dos orbes que transparentaban sus miedos. La mujer suspiró profundamente y respondió con una sonrisa cálida y tranquilizadora que pocas veces dejaba ver y que, generalmente, estaba dirigida sólo a Charlus.

—Por supuesto, no tuvo ninguna duda al respecto. A todas luces eres mi hija, Hermione Calypso Potter.

—Pe-pero... y si... y si...

—La gente cree lo que quiere creer, Hermione, les encanta encontrar semejanzas incluso donde no las hay. Si no existen, las crean— rió bajito un poco y continuó—, ¿nunca observaste cómo la gente encuentra rasgos parecidos entre los hermanos o entre padres e hijos, abuelos y nietos, tíos y sobrinos? Siempre encuentran justificaciones a lo que miran, conexiones que les confirmen sus pensamientos.

Hermione tragó fuerte mientras observaba a la mujer y se dejaba convencer por ella.

—Te aseguro que Sophie Tatting te habrá encontrado parecida a toda mi genealogía— chasqueó con la lengua algo divertida—, y tu respuesta, muy ingeniosa y atinada valga decirlo, le aseguró que lo que intuía, por más errado que fuese, era verdad y a sus ojos eres una descendiente de la orgullosa, noble y ancestral casa de los Black. Esa mujer conoció a mi madre y a mi abuela, vistió a ambas, así que tiene un árbol entero para justificar cada mínimo rasgo en tu rostro y en tu comportamiento. Ese era el objetivo, ¿no? tú te parecerás a mí mientras que Harry, indudablemente, es un Potter.

—Debo... debo confiar en ti... madre... — respondió luego de unos momentos con una sonrisa cómplice.

—Así es, querida hija, así es— apretó un poco los hombros de la chica y se irguió con altivez una vez más y agregó—: Ahora, continuemos con este pequeño desfile y compremos el resto de las cosas que necesitarán en Hogwarts. Si ves algo que te guste, no dudes en pedírmelo. De hecho, te insto a que lo hagas, especialmente si nos cruzamos a alguien que deba ver cómo de manera educada me pides un pequeño capricho ¿de acuerdo?

—De acuerdo— murmuró y continuaron su camino.

Ambas recorrieron las tiendas. Muchos de los antiguos vendedores que habían conocido a Dorea en su juventud, tenían al frente de sus negocios a sus empleados por lo que se perdieron el encuentro con la bruja que había sido olvidada en los anales del tiempo. Así que, sin mayores retrasos, compraron todo lo necesario para el inicio del ciclo escolar. Miraron el reloj, aún les quedaba casi una hora antes de volver a Twilfitt y Tatting por lo que Dorea condujo a Hermione por un camino que la joven bruja no conocía y que conectaba el Callejón Diagón con el exclusivo Adamantia Alley y entraron a la más exclusiva pattiserie del Londres mágico.

—Buenos días— saludó con sobriedad un mago tras un mostrador en el recibidor—, ¿a nombre de quién la reserva?

Sin embargo, Dorea pasó del chico y simplemente ingresó al lugar. Hermione, por más que deseaba solidarizarse con el empleado, explicarse, decir aunque sea un 'buenos días', sólo pudo seguir a su madre y ubicarse junto a ella.

El empleado estuvo a punto de llamar a seguridad cuando vio que Gerald, el dueño en persona, se dirigía a la mesa en la que esas brujas impertinentes se habían sentado. Vio cómo se les ofreció la carta y eran prácticamente reverenciadas. Sólo horas más tarde se enteraría de la identidad de las personas y agradecería a Merlín no haber dicho o hecho nada que pudiera costarle su trabajo.

Mientras tanto, en la tienda de túnicas, Sophie Tatting se encontraba rodeada de telas en movimiento que danzaban a su alrededor siguiendo los patrones que su varita iba comandando. Debía terminar lo antes posible, de lo contrario, sus novedades ya no serían tales porque alguien más se le adelantaría con los chismes. En ese momento, la campanilla de la puerta de entrada sonó y debió dejar en suspenso su labor para atender a alguno de sus exclusivos clientes que, aunque no le gustara, debería esperar a que concluyera con el pedido de Dorea.

Ahí, irguiéndose con solemnidad y altanería frente a su mostrador, se encontraba Walburga Black y su hijo menor Regulus. No podía estar más feliz por su llegada, por fin había oídos a los que podía susurrar lo que había ocurrido una hora antes.

—Buenos días, Madame Black, joven Regulus— saludó con cordialidad.

—Vinimos como cada año por las túnicas para mi hijo— dijo de manera absoluta.

—Entiendo, Madame Black pero debo informarle que no tomaré pedidos hasta la próxima hora y media.

Regulus sostuvo su respiración un instante y miró a la mujer. No tenía deseos de escuchar los gritos de su madre pero sabía que ahí estarían en cualquier momento por lo que inició una cuenta regresiva mentalmente.

Tres, dos, uno…

Y comenzó. Primero fue un siseo, su madre tenía la costumbre de expresar su primera queja entre dientes y de ahí iba en ascenso, tanto su voz como su tono y el calibre de los insultos que podía llegar a decir. Por eso rogaba que Madame Tatting tuviera suficiente con eso y que dejara lo que sea que estuviera haciendo y tomara el pedido de su madre. Era, realmente, demasiado temprano en la mañana como para escuchar el timbre agudo de Walburga Black y él no se encontraba con el mejor de los humores.

Pero Sophie negó con la cabeza y la primera cosa que llamó la atención del joven mago fue que la mujer no se había impresionado por el siseo, al contrario, sonrió de lado.

—Lo siento, Madame Black, pero en este momento me encuentro atendiendo el pedido de la Señora Potter.

Regulus no podía creerlo y pensó que Tatting había llegado a la senilidad o bien debía tener un instinto suicida. ¿Cómo se le ocurría mencionar frente a su madre a los Potter?, ¿a esos traidores a la sangre? No sería demasiado el escándalo si sólo fuera por sus decisiones políticas, después de todo eran respetables, pero acogieron a su hermano. Eran doblemente traidores y un tabú para los Black en general. No se mencionaba ese apellido frente a su madre nunca.

Y Walburga no se quedó atrás viéndose agraviada.

—¡¿Antepones el pedido de esos traidores a la sangre, simpatizantes de la inmundicia?! ¡¿Cómo te atreves Sophie Tatting?!

Tercera cosa que llamó la atención de Regulus: Sophie amplió su sonrisa y sus ojos tenían un brillo extraño. Si eso no fue suficiente, sus siguientes palabras hicieron que toda la situación escalara en extrañeza hasta dejarlo perplejo y confundido.

—Disculpe, Madame Black, creo que me ha malinterpretado. Dije que estoy atendiendo el pedido de la Señora Potter, no de Madame Potter... ¿me entiende?

Y ahora era su madre la que comenzaba a actuar extraño porque Walburga-yo-grito-más-fuerte-que-todos-Black se puso pálida y apretó fuerte su mandíbula. Por un momento incluso sus ojos se agrandaron pero recuperó la compostura de inmediato, no así el color de su rostro.

—La Señora Potter— repitió en un susurro medio preguntando, medio afirmando para sí misma.

—Así es— confirmó sonriente—, hace unos minutos estuvo aquí con su hija.

Y hasta que lo dijo, lo expulsó de su sistema. Tenía tantas ganas de expresarlo en voz alta que no pudo contener su alegría al ser ella la que le diera semejante novedad a Madame Black.

Con esto ya Regulus creyó que había entrado a una dimensión paralela pues, según sabía, los Potter tenían un solo hijo, el infame James Potter. Aunque ahora decían que tenían otro hijo, su propio hermano Sirius Black, al que adoptaron como el perro callejero que era. Pero jamás, jamás escuchó hablar de una hija y por lo visto su madre tampoco dada su expresión. Él, que creía conocer a su madre muy bien al punto de ser el único capaz de manipularla, nunca la había visto así de lívida.

¿Qué demonios está ocurriendo? — pensó.

—La Señora Potter sólo tuvo un hijo— dijo Walburga con cierta solemnidad—, uno que ya murió.

Regulus entendía cada vez menos.

—Eso creía yo también, Madame Black, pero aquí estuvo con su bella y elegante hija. No imagina usted cuánto se parece a ella de joven... y a los Black en general, si me permite el comentario.

Ya, con esas palabras, el joven mago no pudo controlar su gesto y frunció el ceño de manera tan prominente que era evidente su desconcierto. ¿Qué tenían que ver los Potter con los Blacks?, salvo su deshonroso hermano, claro.

Pero Walburga mantuvo su semblante serio y calculador aunque su respiración estaba algo agitada. Su pobre y confundido hijo creyó que con esa comparación Sophie sería maldecida hasta el siguiente siglo pero su madre se mantenía estoica. El colmo de los colmos vino de inmediato.

—Entonces, Madame Tatting, la dejo con sus obligaciones. Volveremos en dos horas si está de acuerdo.

Regulus debió taparse la boca porque su quijada podría haber abierto un hueco en el suelo de lo rápido que cayó. ¿Acaso su madre se retiraba?, ¿su madre, Walburga Black, se retiraba por los Potter? Ahora estaba preocupado, su salud no debía estar bien.

Antes de salir, Sophie se dio el lujo de dar otra estocada más.

—En dos horas estará bien, Madame Black, me dará tiempo suficiente para concluir la túnicas de la joven Potter y su hermano.

Walburga se detuvo y pareció contener todo su ser antes de avanzar en silencio hacia la salida. Regulus la seguía en silencio pero vigilante. Su madre caminaba con velocidad. Creyó que eso significaba que comprarían otras cosas pero ella solo pasaba de las tiendas, miraba su interior y seguía a la siguiente hasta que se detuvo de golpe haciendo que su hijo chocara con su espalda.

—La pattiserie— murmuró como una revelación.

Ignorando por completo a Regulus caminó con velocidad hasta el lugar. Se repetía que debía estar ahí, que ella tenía que estar ahí.

Mientras, dentro del negocio, Dorea reconoció desde lejos a su sobrina que caminaba en su dirección. Se dio cuenta de que se había enterado y que la estaba buscando. Hermione bebía un té con el cuidado y atención que se le enseñó en esas tres semanas, casi nadie notaría lo amateur que era.

La bruja mayor se acercó a su oído y susurró.

—Walburga Black entrará por esa puerta en unos segundos.

—¡Que qué! — dijo entre dientes disparándose todas sus alertas y miedos.

Apretó fuerte su taza y tragó lentamente.

—Tarde o temprano se iba a dar.

—Hubiera preferido que sea más bien tarde... o nunca— musitó.

—Me habías dicho que conociste su no tan amable retrato.

Ella asintió y agregó.

—Sus insultos eran bien coloridos debo decir.

Dorea sonrió y dijo:

—No te preocupes, no dirá nada fuera de lugar frente a mí.

—Si usted lo dice— murmuró.

Madre— corrigió—, no olvides decir madre y tranquila, actúa como en Twilfitt and Tattings. Lo hiciste maravillosamente ahí y puedes hacerlo igual o mejor ahora. Sólo recuerda que estás interpretando un papel en una obra de teatro y llevas una máscara que sólo engaña al público.

Hermione cerró los ojos y comenzó a repasar los consejos que se le habían dado hasta el momento. Ella era una gryffindor valiente y podía enfrentar esto, podía hacerlo, ella podía. Al abrir sus ojos otra vez, Dorea vio el brillo de la determinación en ellos y sonrió con orgullo mientras la campana de la puerta sonaba, anunciando que alguien había entrado.

Ninguna de las dos dirigió su mirada hacia la entrada, no tenían por qué, sólo se miraban entre ellas y continuaron una conversación. No esperaban a nadie y nadie debía llamar su atención pues ellas eran el centro de su propio universo.

Debes creer, convencerte, que eres lo más importante del mundo y actuarás como si lo fueras— le había dicho su madre y ella se lo repetía.

Ese era el secreto, esa era la clave.

Soy lo más importante en este lugar... yo y mi madre.

La sombra de los recién llegados se proyectó en la mesa y ambas brujas alzaron su mirada.

Hermione tenía un semblante serio y estoico. Regulus notó sus facciones: su mentón firme, sus ojos color café, su cabello esponjoso y largo como una furiosa cascada. Nunca la había visto, sabía que no era una estudiante de Hogwarts, ¿quién diablos era?

Había quedado maravillado por la joven al punto que ni siquiera prestó atención a la otra bruja hasta que habló.

—Walburga, ¿a qué se debe el privilegio de tu compañía, querida sobrina?

—Tía Dorea... ha pasado mucho tiempo— saludó casi con ahogo.

—Lo repito, no ha sido el suficiente— respondió con cierto desdén.

Regulus evaluó a las brujas que lo rodeaban: su madre estaba visiblemente afectada, hasta diría que nerviosa; esa mujer frente a ellos no era la madre de James Potter, de eso estaba seguro, y había dicho 'sobrina' mientras que su madre dijo 'tía'. Luego estaba la joven bruja a la que no parecía importarle lo que ocurría a su alrededor, simplemente bebía su té con los ojos cerrados como si nada estuviera pasando. Parecía que lo degustaba por el movimiento de su paladar, lo disfrutaba ajena a lo que ocurría.

—¿Puedo disponer de tu compañía? —preguntó Walburga.

El mago ya estaba hasta la coronilla de las sorpresas. ¿Su madre pidiendo permiso?, ¡¿quiénes eran estas brujas por el santo amor de Merlín?!

—Hermione, querida— comenzó a decir Dorea y la chica alzó la vista hacia ella—, deja que te presente a mi sobrina, Madame Walburga Black, y a quien supongo debe ser su hijo, Regulus Black— presentó con seguridad y agregó—: mi hija, Hermione.

La joven bruja se levantó con cierta solemnidad y cuidado y saludó a ambos.

—Un placer conocer a la familia de mi madre, Madame Black, joven Black— saludó con una sonrisa tenue.

—Un placer y una verdadera sorpresa debo añadir...- murmuró Walburga.

Hermione la miró y luego a su madre como buscando una respuesta a una pregunta no formulada.

—Disculpa a mi sobrina, hija querida, aún se encuentra afectada por saber que sigo con vida... —dijo y dejó escapar una risa cantarina.

Walburga frunció el ceño y dijo de inmediato.

—Regulus Black, mi hijo y heredero de la Noble y Ancestral Casa de los Black— lo introdujo como si de repente recordara el protocolo al ser reprendida por su tía de manera solapada—, Regulus, ellas son Dorea Potter neé Black y su... hija.

Dejó en suspenso la última palabra por el shock de saber que era cierto lo que había dicho Madame Tatting. ¿Sería cierto también que su tía había tenido un hijo?

El mago saludó con propiedad y respeto a Dorea primero y luego a Hermione tomando su mano y besándola. Se permitió sentir la suavidad de la palma de la chica y quedó grabada en su retina la imagen seria y altiva de la joven, como si su saludo no significara nada especial para ella, aunque si lo fue para él.

—Tomen asiento, por favor— indicó la señora Potter y agregó—: siento, Regulus, que debas verte acompañado de mujeres cuando con seguridad querrías estar en otro lugar como la tienda de Artículos de Calidad de Quidditch.

Levantó de repente su mirada hacia la bruja llamada Dorea y luego miró a Hermione que estaba prestándole atención a él y su maldita respuesta no salía de su boca. ¿Dónde estaba toda esa endemoniada educación recibida como un yugo cuando se la necesitaba?

—Para nada, madame— atinó a decir de golpe—, no es ninguna pena, por el contrario, me siento honrado de fungir como su escolta esta tarde.

Demasiado ceremonioso— pensó Hermione pero de inmediato recordó su propio comportamiento y no podía recriminar nada. Sólo deseaba tirarse por un acantilado en ese preciso instante.

—¿Qué tal le está yendo a mi problemático hermano mayor?

Y con esa pregunta, finalmente, Regulus la ubicó en el árbol de la familia: Dorea Black, casada con Charlus Potter, la menor de cuatro hermanos, hija de Cygnus Black I y Violetta Bulstrode. ¿Cómo pudo olvidarlo?, estaba frente a la misteriosa hermanita desconocida de su abuelo pero, según el árbol, tenía un sólo hijo y no una hija.

—Creo que imaginarás su reacción cuando sepa que estás de regreso en Londres— escuchó decir a su madre.

Dorea sonrió y sus ojos brillaban. Hermione estaba atenta, intuía que ahí estaba pasando algo, había historia en esa conversación velada, ¿un conflicto familiar acaso?

—Él sabe lo suficiente, no debes ocupar tu mente en los asuntos de tus mayores— la reprendió.

—¿Tío Arcturus sabe que tienes hijos?

—Veo que Madame Tatting no ha perdido tiempo— dijo sonriente.

Walburga observó a su tía y luego a Hermione que se mantenía ajena a la conversación, o eso parecía porque una sola mirada de Dorea hizo que la chica abriera la boca.

—No veo por qué los asuntos de la familia Potter deban ser tratados con la familia Black.

—Eso se debe, mi querida hija, a que mi familia tiene dificultades para soltar las cosas y creo que aún no me han soltado a mí... o eso piensan.

Hermione asintió levemente y se llamó al silencio una vez más mientras que su madre sonreía cual tiburón a su sobrina. Por su parte, Regulus deseaba hablar pero era evidente que la tensión se cortaba con un cuchillo, no era el momento para una charla amena pero fue ahí cuando la joven bruja que lo tenía cautivado lo miró y comentó:

—Es agradable saber que habrá un rostro conocido el primero de septiembre.

—¿Irás a Hogwarts? — preguntó demasiado rápido como para notar que no seguía las normas del protocolo y se sonrojó.

—Charlus insistió y, como siempre, tiene la capacidad de convencerme— comenzó a decir Dorea.

—Fue Harry quien lo convenció, madre, sabes que él siempre logra lo que quiere— agregó la chica con cierta diversión en su voz.

—¿Y quién es la que siempre logra convencer a Harry? — preguntó Dorea elevando una ceja.

Hermione se sonrojo de verdad porque eso era cierto, muy cierto. Después de todo, ¿de quién había sido la brillante idea de ir a Hogwarts, entrar a slytherin y averiguar cosas? En ese momento, sintió que debía decir algo más y sonrió antes de decir con complicidad y picardía:

—No hay pruebas de tales acusaciones, señora Potter.

Era como un juego, un breve vistazo a lo que parecía la intimidad familiar, la intimidad de una cálida relación entre madre e hija. No había sido un error de su parte llamarla 'señora Potter', había puesto en su tono de voz la distancia juguetona entre una madre y su hija dando cuenta de una relación consolidada y sin fracturas. Algo realmente cierto aunque nadie sabía que era una relación con la grandiosa antigüedad de tres semanas y no dieciocho años.

—Para despejar las dudas que azotan tu mente, pequeña Walburga...—comenzó a decir Dorea mientras pasaba su mirada pícara de su hija a su sobrina—… no presenté a mis hijos ante mi primo, el actual Patriarca de la familia, porque no tuve ni tengo deseos de hacerlo. ¿Debo recordarte acaso que ni siquiera tuvo la decencia de informarme de la muerte del anterior Patriarca, mi propio tío? Enterarse por la edición especial del profeta con las fotografías de un funeral al que no fui convocada es razón suficiente para entender que no hay motivos para presentar a mis hijos.

Había ira contenida en esas palabras.

—Padre estuvo afectado en ese momento y el Patriarca... — intentó explicar Walburga con preocupación, se sentía una vez más como una niña o adolescente ante Dorea. Estaba nerviosa, tenía miedo de cometer errores, de hacerla enojar o hacer enojar a su padre. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que este tipo de emociones la inundaban?, ¿años?, ¿décadas?

Dorea volvió a reír con abierta impunidad interrumpiendo las justificaciones.

—Nadie desea ver cara a cara sus más oscuros secretos, ¿no?

Su sobrina presionó su mandíbula muy fuerte, el miedo se dejaba ver en el brillo de sus ojos y en como intentaba humedecer su garganta. Las palabras se habían esfumado de su mente, no había nada que pudiera decir.

—En fin— resolvió Dorea—, hoy estamos aquí por los deseos de mi hija, trasmitidos a mi hijo, quien convenció a su padre y él a mí de enviarlos a Hogwarts en el año de sus EXTASIS— sonrió a su hija que seguía bebiendo su té ignorando a los demás y agregó—: aunque intuyo que el deseo de lograr cierta distancia de sus padres también tiene algo que ver.

—Entonces, sí irás a Hogwarts— agregó Regulus llamando la atención de las tres brujas como si de repente se percataran de la presencia del mago.

—Sí, así es— respondió ella con sobriedad y se dirigió a su madre—, han pasado cincuenta minutos.

—Gracias por recordarlo, tesoro—miró a Walburga—, si nos disculpas, debemos retirar las túnicas de Hogwarts.

Regulus no deseaba despedirse así, no luego de tanta tensión. Sintiendo que por fin su cerebro comenzaba a funcionar, se dirigió a Walburga:

—Madre, si estás de acuerdo, podríamos acompañarlas, después de todo aún queda hacer nuestro pedido.

Ella asintió por lo que el mago se puso de pie y ofreció su brazo a Hermione para escoltarla hasta el negocio de Madame Tatting. ¡Cómo agradecía en ese momento la distancia que había desde la pattisserie!

Por primera vez en su vida, las compras para ir a Hogwarts no fueron un suplicio, por lo menos no el acostumbrado. Ya tendría tiempo de digerir todo lo que ocurrió y analizar cómo era posible que su madre estuviera tan afectada por esa bruja y por qué la Señora Potter hablaba con tanta libertad del propio Patriarca. Por ahora, sólo podía disfrutar de la compañía de una joven y hermosa bruja que lo intrigaba y atraía.

Sin duda alguna, este año parecía ser más interesante de lo que había sospechado.


N/A: ¿Cómo estás? Hoy les traje un poco más de Dorea y les presenté a Walburga y Regulus. ¿Qué sabrá Dorea de su sobrina como para tenerla en la palma de su mano y darse el lujo de juguetear con ella? ¿Qué secretos guarda de Arcturus y Pollux? De a poco los iremos descubriendo jajajaja (yo sé algunos, no todos, Dorea me los dirá con el tiempo y a través de las musas jajajaja). Me pareció interesante este comportamiento de Walburga, por primera vez en mucho tiempo se ve cohibida, lívida, afectada y no puede gritar jajajaja. Y Regulus, mi querido Regulus. Este fue el capítulo que me hizo cambiar de parecer respecto a Harry, no pude evitar caer tontamente por él. Espero les vaya gustando.

A través de este fic, me permitiré desarrollar a la Noble y Ancestral Casa de los Black.

Respuestas:

PrincesLinx: Gracias! espero este capítulo te guste también, siempre me apasiona desarrollar el tipo de personalidad como el de Dorea. La idea era que fuera un harmony, al principio así fue pero no pude seguirlo de esa manera, lo siento, espero eso no te aleje como lectora. Habrá cierto shippeo, seguro, pero no creo que terminen juntos. No me atrevo a dar un no rotundo porque nunca se saber pero, lo más probable, es que no. Ojalá te siga viendo por aquí a pesar de eso. Pronto estarán en Hogwarts, ya verás jejeje. Un abrazo.

Lily Snape Cullen Malfoy: ¿Verdad que sí? jajaja, Dorea se las trae y aportará ciertos secretos a la historia. Después de todo, su misión personal es salvar su familia jejee. Regulus es el candidato con más números comprados, si sigue así, es el que ganará la lotería. Gracias por decirme eso, me alegra que te gusten mis delirios. Te dejo mis cariños.

paola: Gracias! en este fic exploraré a la familia Black por medio de Dorea, espero te guste lo que vaya desarrollando. Como he dicho, por ahora Regulus es el candidato con más fichas... esperemos continúe así. Un abrazo.

¡Gracias por llegar hasta aquí!

Las chucherías son la recompensa de las lechuzas,

los reviews lo son para las musas de los fics.

¿Dejan el suyo?

XD

¡Un saludo a todos, chicos!