Disclaimer: el potterverso le pertenece a Rowling.
Capítulo 7
Aceptar no es comprender
—Tranquilo, Harry, ya volverán.
—Pasaron dos horas, señor, ¿y si les ocurrió algo?
El hombre suspiró y observó al joven apostado en la ventana. Tenía su rostro pegado al vidrio y la preocupación lo estaba consumiendo. Con una sonrisa lo invitó a salir juntos a esperar afuera, tal vez eso lograría tranquilizarlo un poco. Cuando estuvieron los dos ubicados en el cobertizo, Harry sentado en los escalones de la arcada principal y Charlus apoyado en una de las columnas, continuó hablando para calmarlo.
—Piensa, Harry, que son dos brujas que han ido de compras y mi Dorea sacará el mayor provecho de ese paseo. Se tomarán su tiempo.
—Debí haber ido con ellas, señor, no debí dejar sola a Hermione.
El hombre lo miró un momento evaluando si debía o no preguntar, decidió que lo prudente era sacarse esa duda lo antes posible. Entre antes la elimine, mejor.
—Dime, Harry— comenzó a decir con cuidado—, tú y Hermione, ustedes tienen una relación profunda… se diría que muy íntima…
—¿Íntima?... — repitió y observó a Charlus un segundo hasta que entendió a qué se estaba refiriendo y reaccionó—: ¡no, no!, ¡nada de eso!, ¡sólo somos amigos!
—¿Seguro? — preguntó—, entre ustedes hay más que una simple amistad, eso es obvio para cualquiera.
Los colores en el rostro de Harry iban ascendiendo hasta alcanzar el morado.
—Para nada— se apresuró a decir—, Hermione es… ella es especial, sí, pero no de esa manera.
Miró hacia el suelo y a su mente vino Ginny. Le había tomado tiempo darse cuenta de sus sentimientos hacia ella y, cuando al fin lo reconoció, la guerra mostró su cara más cruda. Se sentía aplastado por todo lo vivido y su suspiro contenía su frustración y miedos.
—Es algo que nos preocupó, ¿sabes? — escuchó decir a Charlus y Harry volvió a mirarlo—. Cuando Albus vino por nuestra ayuda, luego del Juramento Inquebrantable y de explicar la situación de manera general, nos apresuramos en adoptarlos. Vimos que esa sería una estrategia que podría funcionar pero después de verlos interactuar nos preguntábamos si ustedes…
Harry se paró de inmediato y, si bien aún no tenía la altura del mago frente a él, quedó claro que lo que estaba por decir guardaba toda la seriedad posible.
—Entre Hermione y yo no hay algo. Ella es… ella es mi hermana, mi familia. Una hermana mayor que me regaña cuando hago las cosas mal, que cubre mis espaldas siempre, que ríe conmigo, que… que… que incluso ha llorado conmigo. No hay un nosotros como ustedes piensan.
—Ojalá así sea y no cambie con el tiempo— pensó Charlus y agregó con una sonrisa—: Bien, me alegra escuchar eso ya que ser hermanos públicamente y tener ese tipo de relación sólo alimentaría rumores incestuosos— rió al ver el rostro confuso de Harry—, y le echarían la culpa a los genes Black de mi querida Dorea.
Ante sus palabras finales rió más fuerte como si se tratara de una vieja broma. Al cabo de unos buenos minutos y ya recuperado, Charlus comenzó a hablar tratando de distraer al joven mago junto a él.
—Ellas volverán pronto, debes tener paciencia. Mi bruja es una muy poderosa, no debes temer, y creo que tu hermana es muy fuerte también.
—Sí, así es, señor.
—Padre, debes llamarme padre.
—Cierto, eh, padre.
—La mejor técnica para recordar cómo debes llamarme es mantener en tu mente el recuerdo de la mirada asesina de Dorea cuando te equivocas. Si la mantienes presente, aprenderás mucho más rápido a no cometer errores— dijo riendo.
Harry tragó de golpe. Un escalofrío lo recorrió íntegro. Debía agradecer que esa bruja no estaba para escuchar sus continuos traspiés. No era que lo maldeciría o le hiciera algo malo pero su mirada, esos ojos grises acerados fijos en él cuando se equivocaba, y ese silencio glacial que caía en la habitación hacían que le corrieran escalofríos. Charlus chasqueó la lengua ante el gesto temeroso de Harry y dijo:
—Los Black tienen la alarmante habilidad de mantener una comunicación no verbal, especialmente si es para mostrar su disgusto y reprendernos.
—A usted no lo mira así…— masculló casi para sí mismo y agregó—:… padre.
—Por supuesto que lo hace, sólo no te has dado cuenta. Presta atención y verás que no pasa un día sin que reciba la mirada.
—Walburga no era así de silenciosa. Su retrato al menos gritaba como una banshee.
—Ah, cierto, el retrato poco amable de mi sobrina política— dijo tras un suspiro—. Me permito decir que ella es una excepción y por eso no me extraña que su hijo Sirius también lo sea. Ese jovencito tiene a quién salir después de todo.
Harry lo miró como si le hubiera salido otra cabeza.
—No me mires así, jovencito— y rió—, ese chico se parece mucho a su madre cuando ella era joven. Ambos son rebeldes, contestatarios, inconformistas— Charlus parecía algo perdido en el recuerdo de la imagen de la joven Walburga—. Me pregunto… ¿qué hubiera pasado si el miedo hacia su padre no la hubiera detenido? — chasqueó la lengua—. Los castigos de mi cuñado Pollux no eran tan amables ni se contentaban sólo con quemar un nombre en un tapiz, de eso puedes estar seguro.
—¡¿Amable?! — reaccionó Harry—, Sirius me contó cómo lo castigaba su madre y las cosas que decía y como lo trataba…
El semblante de Charlus se ensombreció un momento adquiriendo seriedad.
—La familia Black guarda oscuros secretos, mi muchacho, tan oscuros como su propio nombre.
Harry lo miró en silencio unos segundos antes de preguntar:
—¿Qué quiere decir con eso?
—La Noble y Ancestral Casa de los Black— dijo con tono solemne y suspiró—, una de las familias más viejas del mundo mágico británico y la única que puede arrogarse el haber mantenido su línea principal limpia de sangre muggle por más de mil años— levantó una ceja conspirativamente y con una sonrisa algo maliciosa agregó—: o eso sostienen y quieren que creas.
Se sentó y le hizo una seña a Harry para que hiciera lo mismo. Miró el horizonte unos segundos en silencio antes de continuar.
—Una familia como los Black tiene muchos secretos y el comportamiento de cada uno de ellos se debe al peso descomunal de esos misterios.
Harry recordó las palabras de Sirius cuando le mostró el árbol genealógico aquel verano previo a su quinto año. Recordó que decía que su familia no era buena y que habían hecho cosas terribles.
—Dorea… ella no parece mala persona…— opinó Harry y se sonrojó—, quiero decir que ella…
—Mi Dorea es Dorea Potter— interrumpió con firmeza Charlus—, sin embargo… Dorea Black, ella es mucho más… intensa.
—Habla como si fueran dos personas diferentes.
—En alguna medida lo son— sonrió—, hace poco tiempo que viven con nosotros y no lo has notado pero serás capaz de verlo con tus propios ojos cuando estemos en público. Tu hermana ya habrá sido testigo de la fuerza de su madre, de lo que provoca en los demás con su simple presencia.
—¿A… a qué se refiere… padre? — dijo mientras pensaba—, debo acostumbrarme a llamarlo así.
—Podríamos decir que ella tiene dos caras. La cara pública de mi Dorea es la de una Black. Aquí en familia, en la intimidad de nuestro hogar, es una Potter: una bruja más relajada, sonriente, amable. Sólo cuando estemos los cuatro y no haya otros ojos presentes, la verás siendo cálida y hogareña pero ante los demás será un pilar más de la estirpe de los Black.
—Si hasta ahora ha sido amable… no quiero ni pensar lo que sería en público.
—Y sé lo que estás pensado, hijo, y puedo asegurarte que verla actuar ante los otros, especialmente sus hermanos, primos y sobrinos, resulta hasta divertido. Especialmente por las reacciones que provoca.
Harry miró el suelo pensativo y Charlus chasqueó con la lengua divertido.
—Por eso era tan importante que vayan ellas dos solas al Callejón Diagón. Tú te pareces bastante a mí y, por obvias razones, a James Potter. Ir nosotros con ellas centraría la atención en ti y tu parecido. Lo que necesitamos es sembrar fuertemente la idea de que Hermione es nuestra hija.
—Y para eso necesitan que se comporte como Dorea frente a todos.
—Así es.
—¿Está seguro de que lo lograremos?, quiero decir, ¿podremos entrar en slytherin y ganar la confianza de esas personas?
—Si hacen lo que su madre les dice, sí, lo harán.
—No será fácil.
—Por supuesto que no.
—Sabe… yo…— pensó por un momento en Hermione y cómo lo regañaría por hablar sobre cosas del futuro pero tenía deseos de desahogar sus miedos—… yo pude haber ido a Slytherin— confesó.
El mago lo observó detenidamente. Estos chicos no hablaban mucho de sí mismos, tampoco había habido tiempo para eso con todo lo que Dorea les había dado para leer y practicar. Lo miró con atención escuchándolo.
—El Sombrero Seleccionador me dio la oportunidad de elegir y fue mi decisión ir a Gryffindor. Luego el director… él dijo que yo tenía cualidades que Salazar Slytherin apreciaba: inteligencia, ingenio, determinación y… 'un cierto desprecio por las reglas'— masculló sus últimas palabras.
Se cuidó de no mencionar que también hablaba parsel. Creyó por un instante que Hermione definitivamente lo mataría si mencionaba ese detalle.
—Y elegiste gryffindor por tus padres.
Harry asintió y agregó:
—Digamos que el ejemplar de slytherin que había conocido no me dejó una muy buena impresión tampoco— comentó recordando el primer encuentro con Draco Malfoy.
Charlus lo miró reflexivamente y, con la sabiduría de un hombre que ha vivido muchos años, comenzó a hablar. En el fondo, hubiera deseado tener la oportunidad de decirle estas cosas a su hijo pero el destino así no lo quiso, el mismo destino que ahora le traía dos jóvenes asustados y con el peso de una gran responsabilidad.
—Muchos de los niños mágicos, tanto sangrepuras como mestizos, terminan en la casa de sus familias más bien por tradición y no tanto por sus verdaderas cualidades. Esto no sólo pasa con la Casa Slytherin, como muchos supondrían, sino en las cuatro. Toda la escolaridad en Hogwarts está atravesada por la tradición sólo que las serpientes son más evidentes por sus discursos de supremacía que susurran abiertamente en los pasillos. Esto no ocurre con los nacidos de muggles porque ellos no le deben consideraciones a nadie, todo es nuevo y por descubrir, no tienen padres o abuelos que pongan sobre sus hombros las expectativas de toda una genealogía.
Harry pensó directamente en Percy. No había duda alguna que tenía ambiciones que podrían haberlo llevado a Slytherin pero terminó en Gryffindor. También vino a su mente Neville. No dudaba que su amigo fuera valiente pero valientes también eran los Hufflepuff y él parecía tener las cualidades de los tejones con mayor ímpetu.
—En mi caso— continuó Charlus—, podría haber ido a Hufflepuff de la misma manera que a Gryffindor. El Sombrero estuvo bastante tiempo debatiéndose.
—Pero usted eligió Gryffindor.
—Así es. Temía lo que podría decir mi familia y mis amigos de aquel entonces.
—Y ahora yo… Hermione y yo… romperemos la tradición de la familia Potter.
—Eso no es algo malo e incluso demuestra lo que he venido pensando durante años y que intento explicarte ahora.
Harry no preguntó, sólo lo miró atento a sus palabras.
—Cada persona tiene sus virtudes y defectos, más allá de dónde termine tras la selección. Cada Casa promueve, alimenta unos más que otros y termina estandarizando determinados comportamientos— miró a Harry con ternura paternal y continuó—. Lo que hace la casa que te da la bienvenida es impulsar sus cualidades y te enseña a manifestarte de una determinada manera. Los leones estimulan la confrontación directa porque ven en eso mismo una virtud. Siempre de frente y directo al punto, siempre expresando el torbellino de emociones que los invade: sea en defensa de algún ideal, de una persona o acusando una injusticia.
Charlus pensó en Dorea y se sonrió mientras continuaba hablando.
—Los slytherins tienen también sus cualidades pero su reputación se funda en tres de ellas: astucia, ambición e instinto de supervivencia. Eso les creó la fama de cobardes, traicioneros y oportunistas.
—"O tal vez en Slytherin/ Harás tus verdaderos amigos / Esa gente astuta utiliza cualquier medio /
Para lograr sus fines" — recitó Harry las palabras del Sombrero Seleccionador.
Su padre adoptivo sonrió.
—En slytherin también encontrarás coraje— dijo ante la sorprendida mirada del joven—, piensa que se necesita mucho de él para enfrentar a tus pares en las mazmorras y ganarte su respeto. También se necesita valor para hacerle frente al resto de la escuela y la sociedad porque todos ellos desconfiarán de ti sólo por los colores de tu corbata— Harry lo miró y frunció el ceño—, encontrarás una sólida lealtad entre las serpientes mientras que los demás, sin importar tu buen comportamiento, verán dobleces, intenciones escondidas, maldades.
Harry pensó en esas palabras, aun así no olvidaba quiénes estarían en Slytherin.
—La lealtad de ellos, al final, estará con Tom.
—No— dijo Charlus con firmeza sorprendiéndolo—, la inmensa mayoría no le es leal completamente— sonrió de costado y agregó—: ¿lo olvidas?, ¿instinto de supervivencia?
Rió quedadamente y agregó:
—Las apariencias, Harry, no olvides las apariencias— dijo como si fuera lo más obvio del mundo—. Toda serpiente que se precie intuye, siente el poder y toma una decisión ante él: o lo confronta, o lo evade o se alinea tras él. Y no olvides que ellas también pueden mudar de piel llegado el momento así que no te sorprendas si dicen ser una cosa pero son otra.
—La única slytherin que conocí y se enfrentó a Tom fue And…— se cayó de inmediato al ver que casi decía algo que no debía.
—Si te refieres a la pequeña Andy— comenzó a decir con cierta diversión—, sólo siguió el patrón de una decisión que tomó hace algunos años. Ella ahora es una traidora a la sangre, su esposo es un hijo de muggles y su pequeña una mestiza. Por supuesto que va a enfrentarse a Riddle y no me extrañaría que ahora mismo esté en la Orden que formó Albus.
Eso era algo que ni Harry ni Hermione sabían con certeza pero, al igual que Dorea y Charlus, imaginaban que sí, que así debía ser y que Andrómeda Tonks era parte de la Orden del Fénix.
—Siguiendo con lo que estaba diciendo… las serpientes calculan todo y a todos. Verás, en las mazmorras hay una lucha de poder constante. El lugar de cada uno no está predeterminado al llegar. No importa si vienes de una familia prominente, tu posición será puesta a prueba siempre.
—¿Cómo sabe todo eso…, padre?
—Simple observación y muchos años junto a mi amada Dorea— respondió—, ella es una slytherin en cada hebra de su preciosa cabellera, en sus silencios y en sus palabras. Nada en ella puede confundirse con otra casa. Inclusive su adorable y buen corazón es viperino— rió ante sus últimas palabras.
Harry se preguntó cómo un corazón puede ser viperino y bueno a la vez, consideraba eso una gran contradicción. Sin embargo, el trabajo de hormiga de Charlus estaba teniendo sus logros y el joven mago estaba desarmando lo que se había construido y solidificado durante sus años y experiencias en Hogwarts. Sí, tenía presente que Andromeda Tonks era una slytherin y que fue de gran ayuda pero, a la vez, la consideraba la excepción que confirmaba la regla. Todo lo demás era para Harry pútrido y desleal: Severus Snape, Draco y Lucius Malfoy, Bellatrix Lestrange, Alecto y Amycus Carrow, Vincent Crabbe y Gregory Goyle, sobre todo, Tom Riddle.
Harry trataba, con Godric y Merlín como testigos, él trataba de desandar el camino, de ver en los intersticios, de entender esa manera diferente de ver el mundo que tenían las serpientes. No sería hasta que experimentara ser una, hasta que viera y viviera en carne propia esos colores que llegaría a comprender mucho de lo que se le decía. Por ahora, simplemente escuchaba.
—Se necesita valor, querido hijo, para enfrentar lo que quieren enfrentar— continuó Charlus—, ahora ustedes persiguen un objetivo que es de vida o muerte, esa es su ambición y meta. Para lograrla tendrán que desarrollar su astucia e instinto de supervivencia— su voz adquirió firmeza—. No olvides las características que Dorea les ha repetido incansablemente, características que sé que tienen ambos, tú y Hermione, pero que ahora deben aflorar como una segunda piel.
Harry asintió y suspiró mientras repetía lo que ya sabía de memoria y que poco a poco entraría en su sistema como la sangre que recorre sus venas.
—Ambiciosos, inteligentes, astutos, líderes fuertes y orientados hacia los logros— comenzó a decir—, tienden a dudar antes de actuar, con el fin de sopesar todos los posibles resultados antes de decidir exactamente lo que se debe hacerse.
—Tengo entendido, por lo que dijo Hermione, que eso último será muy difícil de lograr para ti.
El joven hizo un mohín pero debió rendirse ante la verdad.
—Sí… ella tiene razón con eso— levantó la cabeza de golpe, miró a su padre y dijo con urgencia—, por favor, no le diga que dije eso… no le diga que dije que tiene razón.
Charlus rió fuerte.
—No es necesario… creo que ella sabe muy bien que tiene razón y sabe que tú lo sabes también.
Harry pasó su mano por su cabello y los revolvió aún más con resignación.
—Sí… me conoce muy bien…
—No olvides lo que acabo de decir hace un momento, Harry— comenzó a decir trayendo una vez más la atención del muchacho—.En la casa de las serpientes te enseñaran a elegir, medirte, observar y luego, si llegas a la conclusión de que debes accionar, te enseñan a lanzarte de la manera menos visible posible porque nadie debe ver tu mano en los acontecimientos. Ser descubierto significa haber fallado y el orgullo no permite que ocurra a menudo.
Las palabras del mago iban internalizándose en Harry, las absorbía como quien sujeta un salvavidas en un naufragio. Quería creer en ellas, quería asegurarse que entre tanta farsa no se perdería a sí mismo. Dorea se lo había dicho cientos de veces y ahora Charlus se lo repetía.
Una parte de él se negaba a considerar lo que aquella bruja, ahora su madre, le insistió durante los últimos dos meses. Ella le decía que la casa Gryffindor los había modelado a su imagen y semejanza, pero que ellos podrían ser perfectos Slytherin si aceptaban moldear su comportamiento y estructura de pensamiento una vez más. Si lo pensaba, si le daba una oportunidad a esas palabras, Harry entendía que parte de su carácter fue cambiando con los años gracias a su amistad con Ron y Hermione, fue mutando poco a poco de un chico que reprimía todo lo posible sus emociones, que se resignaba a ser una sombra, que seguía las reglas para no ser castigado por sus tíos a alguien que podía pasar de ellas.
¿Podría ahora cambiar una vez más ante estos nuevos estímulos o sólo sería una farsa que quedaría al descubierto más temprano que tarde? No podía permitir eso, se decía que se volvería una serpiente por el bien de la misión y que incluso Godric Gryffindor debería estar de acuerdo con eso ya que sólo el más valiente de los leones admitiría, por las razones correctas, vestir las escamas de una serpiente. Lo que él no llegaba a saber con claridad es que todo dependería del tiempo que les tome concretar su misión o, de ser posible, volver a su tiempo. La verdad sea dicha, los seres humanos se adaptan a los nuevos estímulos y ellos ahora están entrando a un nuevo ambiente, uno que les exigirá guardar bajo siete llaves sus impulsos, reacciones, emociones y gestos.
La imagen del profesor Snape volvió a su mente una vez más como tantas veces durante las últimas semanas. Tenía que hacerse a la idea de que vería su versión joven. Su amiga se lo repetía para que pudiera pensar y reprimir su impulso de caerle a golpes y maldiciones. En un par de semanas comprobaría cuánto de la personalidad del hombre que conoció se debía a su trabajo como espía y cuanto era parte de él mismo.
Harry sacudió su cabeza, quería sacar esos pensamientos de su mente así que preguntó a Charlus lo primero que se le cruzó.
—Señor, es decir, padre… ¿cómo es que terminó con… con…?
—¿… con tu madre? — concluyó la pregunta sonriendo.
El muchacho simplemente asintió algo ruborizado.
—Pues… lo mío podría decirse que fue amor a primera vista. Vi su brillo particular y me atrajo obstinadamente. No hice caso de las advertencias de mis amigos, de mis padres, de los mismos Black que rondaban Hogwarts en aquél entonces. Me había enamorado de ella y no renunciaría sólo porque me lo dijeran los demás o incluso ella misma.
Harry parpadeó. Eso se asemejaba mucho a lo que le habían dicho de su propio padre James respecto a su madre Lily.
—¿Acaso todos los Potter somos iguales? — se preguntó y sacudió su cabeza para prestar atención.
—Pero aunque veía esa luz particular nunca negué la oscuridad que la rodeaba, las sombras que esconde. Después de todo, su propio apellido da cuenta de eso, ¿no?
—Black…— murmuró.
—Esa oscuridad se traduce en obsesión, Harry. Cuando abrazan una idea— negó con la cabeza—, se vuelven impermeables a cualquier razonamiento contrario.
A su mente volvió Sirius y cómo no obedeció el pedido de que se quede en Grimmauld Place. Él fue obstinadamente al Departamento de Misterios. También recordó cuando le habló sobre la noche de la muerte de sus padres y cómo fue solo tras Pettigrew, cayendo en una trampa que lo condenó a Azkabán. Sí, Charlus no se equivocaba, todos los Black parecían ser presos de sus obsesiones.
—¿Y Hermione debe ser como ellos?
—Según entiendo, aún sin ser una Black es obstinada así que no veo problema.
—Por favor… tampoco le diga eso… si no quiere que se enoje.
—Hmmm, puede que aparentar ser como Dorea le sea mucho más sencillo de lo que todos creemos— opinó sonriente.
Un 'plop' llamó la atención de ambos. Charlus simplemente continuó sonriendo mientras que Harry se puso de pie de inmediato. Ahí, cerca de ellos, ambas brujas se aparecieron. El brillo de satisfacción maquiavélica en el semblante de Dorea le decía a su esposo que había tenido mucho más éxito de lo esperado. Hermione, por su parte, traía el semblante cansado, algo que resultaba normal ya que había sido sometida a su primera prueba social.
Harry corrió hacia ellas para darles la bienvenida.
—Sí— pensó Charlus—, un Potter de pies a cabeza, impulsivo con sus emociones como todos nosotros.
—¡Bienvenidas! — dijo el joven mago al llegar con una amplia sonrisa a su encuentro.
—Es un gusto volver a casa, hijo— respondió Dorea—, por favor, ayuda a tu hermana con las compras— miró a ambos y ordenó con cierta seriedad—. La cena será a la hora acostumbrada, dispongan de su tiempo hasta ese momento.
Hermione y Harry se miraron, había mucho de qué hablar. Asimismo, Charlus entendió que su esposa tenía algo que comunicarle por lo que emprendió el camino hacia dentro de la casa donde le prepararía un té y esperaría a que hablara.
Sin embargo, ellos no eran los únicos cuatro con la imperiosa necesidad de expresar sus novedades. En el Callejón Diagón habían quedado una madre y su hijo en silencio, observando el punto exacto en el que las dos brujas se habían desaparecido.
Walburga nunca antes había deseado tanto estar bajo la protección e intimidad de su hogar como en ese momento. Estaba segura de que no podría mantener a raya por mucho más tiempo sus miedos y que en cualquier instante aflorarían con fuerza. Ojos ajenos no debían verla en ese estado, por eso, segundos después de que se despidieran de Dorea y su hija, tomó del brazo a su propio hijo sin advertencia previa y, apretando fieramente su mandíbula, se desapareció hacia Grimmauld Place.
Regulus no se esperaba ese movimiento y trastabilló hacia adelante al llegar. Miró de reojo a su madre y notó cómo ella se volvía presa de las emociones yendo mucho más allá de un semblante pálido y una leve agitación. Ahora que estaban dentro de la propiedad, por más que fuera el exterior de la casa, la mujer respiraba agitadamente como si hubiera corrido un largo tramo y sus manos temblaban. Estaba más que preocupado pero decidió que no era el momento de preguntarle qué ocurría sino de observar cómo se desarrollaban los acontecimientos.
No quería convertirse él mismo en el foco de su desahogo, Merlín lo librara de semejante suplicio.
Ambos ingresaron a su hogar: ella cual vendaval desatado y él con la mesura de un hijo menor que aprendió cómo mantenerse fuera de la atención de los demás, a base de observar los problemas en los que se metía su hermano mayor. El primer instinto slytherin que desarrolló fue el de supervivencia y, con él, la astucia. Ambos le permitían sortear a una madre iracunda, un padre estricto y silencioso, un exhermano problemático que gustaba bromear a costa de él y toda una familia que lo condenaría si sólo llegara a sonreírle a la persona equivocada.
Los pasos de Walburga se hicieron sonar por la casa desde el momento que cruzó el recibidor. Orion, atento a su lectura de 'El Profeta', suspiró pensando que durante la próxima hora estaría escuchando las quejas de su esposa y toda clase de comentarios despectivos. La bruja desahogaba su veneno en él, despotricando contra la presencia de traidores a la sangre, sangresucias e inmundicias en el Callejón Diagón. La conversación se había vuelto una tradición que comenzó siete años atrás cuando acompañó a Sirius por primera vez. Por suerte, pensaba él, esta sería la anteúltima vez que escucharía a Walburga quejarse, Regulus se graduaría el próximo año y no habría más paseos de compras para el inicio de un ciclo escolar. Con tranquilidad esperó la llegada de lo inevitable e ineludible: los gritos de Walburga.
Pero ella no se apareció por su despacho.
Escuchó con atención cómo los pasos se dirigían a la biblioteca con premura y cómo el silencio reinaba en su hogar. Orion entrecerró sus ojos. ¿Qué fuerza fue capaz de silenciar a su esposa?, ¿qué pudo haber encontrado en el Callejón que lo salvó del suplicio anual? Sea lo que sea, se negaría a cantar victoria hasta saber qué pasó.
Su naturaleza curiosa tenía en igual medida una alta dosis de paciencia. Las preguntas se arremolinaban en su cabeza, se ordenaban, formulaban una o varias hipótesis y, con la paciencia de un observador atento, aguardaba a que la respuesta surgiera en el momento debido. Si debía forzar las situaciones para obtener los resultados, lo haría pero sólo de requerirse una intervención, de lo contrario, aguardar era lo conveniente.
De repente, escuchó la voz estridente de Walburga que lo sacó de su línea de pensamiento:
—¡Regulus, prepara las lechuzas!— ordenó.
—¿Cuál prefieres esta vez, madre? — escuchó que respondió su hijo al pie de la escalera.
—¡Todas!
El chico frunció el ceño. Tenían cuatro lechuzas, una por cada miembro que había vivido en la casa. Sirius no se llevó la suya al huir y ahora pocas veces se la utilizaba dado que recordaba demasiado a su anterior dueño. Por su parte, la respuesta de la bruja logró que Orion levantara la vista del periódico y se irguiera con mayor curiosidad: el misterio no hacía más que crecer. Pudo escuchar que su hijo preguntó lo que él mismo pensaba en ese momento:
—¿Todas?
—¡HAZ LO QUE SE TE ORDENA! ¡DE INMEDIATO, REGULUS ARCTURUS BLACK!
La impresión congeló al joven mago en su lugar por un segundo hasta que sus pies, por sí solos, emprendieron su camino hasta la lechucería de manera automática. Su madre nunca había utilizado ese tono con él, nunca antes le había alzado la voz de esa manera ni había dicho su nombre completo de manera reprobatoria.
Y él no fue el único sorprendido.
Decidido a obtener una respuesta, Orion se dirigió hacia la biblioteca en el momento en el que Regulus llegaba con cuatro jaulas. Ambos magos vieron como la bruja completaba un 'gemino' y enrollaba cada carta con velocidad. Cuando se giró, el hombre pudo ver que su esposa podría haberse enfrentado a un inferí de lo turbado que tenía su semblante. Ella, al verlo apostado en el umbral, susurró casi con ahogo.
—Ha vuelto.
Orion, fiel a su estirpe, sólo la miró con seriedad esperando una explicación que no solicitaría en voz alta.
—Ella ha vuelto…— repitió y, como si la palabra aguijoneara su lengua, la nombró—: Dorea.
Regulus observó a su padre, vio cómo sus labios, que rara vez formulaban palabras innecesarias, modularon ese nombre como si lo saboreara. Un nombre que parecía estar tan maldito como el del propio Voldemort por la reacción que causó.
—Debes dar aviso— ordenó Orion.
Walburga asintió y extendió su mano a su hijo para que le alcanzara las lechuzas. De esa manera fue como Regulus vio los destinatarios de cada carta y cómo se perdían en el horizonte a gran velocidad: Arcturus Black, su tío-abuelo y el Patriarca de la familia; Pollux Black, su temible abuelo; Cygnus Black II, su silencioso metódico tío y Cassiopea Black, su extravagante tía viajera . Se giró buscando la mirada de su padre pero él ya no estaba en el umbral. Su madre, en cambio, tragaba fuerte con la vista clavada en el vuelo de las lechuzas.
Decidido a que le debían una explicación, dejó caer su pregunta:
—Madre, ¿qué… qué está ocurriendo?
Ella sin mirarlo simplemente susurró casi entre dientes:
—Arcana Custōs.
Nunca había escuchado esas palabras y, si bien podía entender su significado literal gracias a su conocimiento del latín, no tenía idea del significado y alcance mágico. ¿Sería algún hechizo?, ¿tal vez alguna maldición? La respuesta se suponía que debía acabar con sus dudas pero sólo lo dejó aún más confundido. Horas más tarde, cuando finalmente la bruja dejó la biblioteca, luego de responder las cartas que llegaban, comenzó a buscar entre los libros.
Por amor a Merlín y Salazar, él averiguaría que demonios estaba ocurriendo.
A/U: ¡Hola! Este es un capítulo tranquilo. No creo que Harry sea tan abierto a comportarse como un Black por más que quiera, creo que primero debe asimilar a conciencia la idea. No esperen ver el mismo comportamiento de Hermione en él, recuerden que él no dejará de ser un Potter, aunque sí tendrá alguna que otra respuesta suspicaz que haría enorgullecer a Dorea.
Espero lo hayan disfrutado. Los reviews los iré respondiendo a través de un PM a excepción de los guests a quienes contesto a continuación.
Respuestas:
Caroonte01: Hola! Gracias! Habrás visto que no, no actualizo rápido. Si aún estás ahí, espero que así sea, ojalá te haya gustado esta actualización. Dorea sabe varios secretos, además de ser una figura importante en la familia, tan importante como el patriarca jejeje. Te dejo mis cariños.
paola: Quiero que sea un Regulus-Hermione, sólo espero que mis musas sigan cantando hacia ese rumbo porque también es cierto que Sirius, potencialmente, también podría ser su pareja. ¿Con quién quedará Harry en este pasado? Ufff, tan difícil de saber… paciencia. Jajajaja, juro por este fic que deseo que sea Regulus pero, repito… depende de lo que ocurra más adelante. Besos
Maucast: Hola! Gracias! realmente es muy poco el tiempo para que les enseñen Artes Oscuras y tampoco es simple etiqueta. Han sido sesiones de lavado de cerebro prácticamente jejeje, sesiones en las que se les repetía que escondan su piel de león y que vistan escamas de serpiente. Además, deben practicar su oclumancia diariamente porque ellos sí que tienen secretos que guardar. Saludos
Luna: Gracias! Me alegra que mi desarrollo de Dorea sea de tu gusto, ella crece dentro de mí jejeje, la muy maquiavélica. Hermione debía justificar ser hija de ellos y como no tiene rasgos Potter, ser más como una Black era lo más conveniente además de simplificar su camino a las mazmorras. Harry será más como lo conocemos, como repito, no deja de ser un Potter pero verás cierta lengua viperina de vez en cuando. Besos!
Janet: Jejeje, gracias! ya los veremos en acción, en el próximo capítulo de hecho… paciencia que ya llegaré. Un abrazo
No se: Muchas, muchas gracias! Espero disfrutes este capítulo. Dumbledore es quien es, veremos si Dorea lo deja manipular a sus hijos jejeje, Regulus…mmmm él tendrá mucho en qué pensar, Jajajaja, lo que pensará James estará en los próximos capítulos así como lo que piensan Remus, Sirius, Peter y, por supuesto, Lily y Snape. Espero sigas ahí. Mis cariños.
Natalia MerVel: Qué bueno que estás aquí también! Tendremos bastante de los Black aquí, bastante. En este fic quiero quitarme las ganas de describir a esta familia jejeje. Ten paciencia con Rosas y espinas, please, eso llevará un tiempito más. Te dejo mis cariños… besos.
¡Gracias por llegar hasta aquí!
Espero lo hayan disfrutado
Dejen un review, please, ayuda a las musas.
Un saludo a todos, chicos.
