Disclaimer: el potterverso le pertenece a Rowling.

Un capítulo para que se diviertan un rato, espero les guste.


Capítulo 8

Pero comprender ayuda a aceptar

Dorea los dejó a ambos y se dirigió a la cottage dónde sabía que disfrutaría de un delicioso té preparado por Charlus. Tanto Harry como Hermione la observaron alejarse en silencio como si ambos, por distintas razones, prolongaran el momento de la conversación que se debían.

Los segundos pasaron y el mago miró a su amiga a su lado. Observó con atención cuán cambiada estaba. Cerró sus ojos y trajo a su memoria la imagen de la bruja que siempre disfrutaba usar jeans y zapatillas, una blusa y un sweater enorme y viejo, que recogía su indomable cabello con un moño desprolijo cuya única función era evitar que estorbe su lectura. Los abrió nuevamente y ante él se alzaba una imagen muy diferente: ahora esa misma bruja vestía de seda verde y plata, llevaba diamantes en el lóbulo de sus orejas y una cascada de rizos armados y prolijos caía sobre sus hombros.

Ya no había ni un mínimo rastro muggle en ella. La ilusión era tan asombrosa que casi podía ver él mismo un parecido con Dorea y eso que era plenamente consciente del engaño.

—Terminaré matándolo, ¿no es así? — dijo Hermione interrumpiendo los pensamientos de Harry.

—¿A Riddle? — preguntó él y sonrió. Miró hacia los costados asegurándose de que sean los únicos en los alrededores antes agregar—: la profecía dice que seré yo el que debe asestar el golpe final pero si tú quieres, puedes hacerlo, no te detendré.

La chica chasqueó la lengua y suspiró.

—¡No!, no me refiero a eso… aunque bien sabes que lo haría si pudiera. Si… si pudiera evitarte ese deber, lo haría sin dudarlo— giró su cabeza y lo miró con un dejo de tristeza en sus ojos—, me refiero al león… al león en mí… terminaré matándolo, ahogándolo.

Él le sonrió con calidez.

—Ah, sí, entiendo. Lo gryffindor dentro de ti… dentro de ambos—, suspiró como ella y pasó su mano por su cabello—. Algo parecido le dije hoy a Charlus… este… eh… a papá— se corrigió y negó con la cabeza, ¿por qué todo debía ser tan confuso?—, y él… él me dijo que no se puede matar lo que forma parte de la esencia de uno.

Guardó silencio. Ambos se quedaron mirando un punto lejano en el horizonte, hasta que Harry continuó:

—Y realmente lo creo. Quiero creer que el valor, la lealtad y el coraje no nacieron el día que fuimos sorteados a gryffindor, quiero creer y convencerme que eso formaba parte de nosotros y que nada ni nadie podrá matarlo. Ni siquiera nosotros mismos.

—¿Así lo crees, Harry? — susurró—, yo… ahora… me siento tan… tan confundida.

Volvió a observarla una vez más y notó los otros cambios que iban más allá de lo exterior y visible a simple vista. A base de repetición tras repetición, del alba hasta bien entrada la madrugada, Dorea se había encargado de inculcarle patrones de comportamiento, posturas, gestos que ella había aprendido desde que nació y creció en el seno de la familia Black. Ahora, su amiga, su hermana, se paraba firmemente con sus pies juntos y ambas manos unidas hacia adelante, de la misma manera que Dorea y suponía que de la misma manera que cualquier otra bruja sangrepura. El cambio había calado mucho más profundo de lo que había pensado en un principio y comenzaba a entender el temor de Hermione.

—¿Te da miedo descubrir que hubieras sido una perfecta slytherin de haber vivido otras circunstancias? — preguntó Harry sorprendiéndola de repente por lo intuitivo y acertado que fue su comentario.

Ella sopesó la respuesta, no servía de nada mentirle a él como no servía de nada mentirse a sí misma.

—A decir verdad, sí. Esa idea cruzó mi mente una que otra vez estos días.

—Tal vez…— comenzó a decir—… tal vez, papá, tiene razón. Tal vez todos poseemos cualidades que nos ubican en una u otra casa y al llegar a Hogwarts, desarrollamos unas más que otras dependiendo de dónde somos sorteados.

—Le dijiste que el Sombrero pensaba mandarte a slytherin, ¿no es cierto?

Él le sonrió de lado. No había reprimenda alguna en la pregunta sino la certeza de cuánto le costaba a él cerrar la boca a veces.

—Sí… de algo debíamos charlar mientras ustedes estaban de compras.

—E imagino que no encontraste otro tema de conversación— dijo ella cruzándose de brazos.

Con ese gesto recuperaba a su amiga hija de muggles que conoció desde siempre. Ahora, estos momentos formarían parte de la intimidad de ellos dos, algo que conocería cada uno sobre el otro. Para los demás serían hijos perfectos de Dorea y Charlus Potter. Entre ellos serían sólo Harry y Hermione.

—Ambos tenemos cualidades slytherin, hermanita. El director me lo dijo cuando tenía doce, él dijo que Salazar Slytherin hubiera elogiado mis… virtudes…

—Me lo habías dicho…, sí— afirmó ella—, y también te dijo que lo que te hacía gryffidor era haber elegido ir a esa casa y ahora, nosotros, estamos eligiendo ir a slytherin lo que significaría, si seguimos la misma lógica… significaría que nos volveremos como ellos.

—Ya somos un poco como ellos, Hermione— dijo él y sonriéndole agregó—: tú eres astuta, lo de encantar la lista de nombres del ED no se me hubiera ocurrido nunca y gracias a eso supimos que fue Marietta Edgecombe quién nos delató. También tienes ambición, deseas demostrar de lo que eres capaz— frunció sus labios y continuó—, sólo alguien con cierta inclinación hacia slytherin hubiera sido capaz de hacer lo que tú le hiciste a Rita Skeeter.

La que fruncía sus labios ahora era Hermione.

—Sí, es cierto…— admitió—, fue excesivo encerrarla en un frasco pero… quería darle una lección por todas esas cosas horribles que escribió sobre nosotros.

—¿Sólo eso? — preguntó admirado—, extorsionarla para que escribiera ese artículo en 'El Quisquilloso' cuando estuvimos en quinto año, ¿no me dirás que eso no fue inteligente, astuto… viperino? — amplió su sonrisa con picardía—, muy slytherin de tu parte…

Ella llevó ambas manos hacia su rostro cubriéndolo avergonzada.

—Te das cuenta, Harry, que estás provocándome una crisis de identidad.

Él rió.

—No estoy diciendo nada que tú no hayas pensado antes, ¿verdad? Porque si te sientes cómo te sientes es porque todo esto tú ya lo has pensado y sólo Merlín sabe qué otras cosas más pasaron por tu mente.

Ella bajó sus manos y lo miró entrecerrando sus ojos con desafío. Sentía que debía devolver la estocada.

—Tú engañaste a Ron haciéndole creer que habías usado el Felix Felicis en su bebida.

Y él no se quedaría atrás.

—Y tú lanzaste un 'confundus' a Cormac Mclaggen.

—Tú liberaste a Dobby engañando a Lucius Malfoy.

—Y tú entregaste a Umbridge a los centauros.

—Tú usaste ese libro de Snape para hacer trampas en Pociones.

—Y tú usaste un giratiempos en tercero para poder cursar todo lo que quisieras y llegar a tiempo con los deberes. Eso fue como hacer trampa, ¿verdad? Ya quisiera yo un giratiempos.

Luego de unos segundos de silencio en el que ambos se miraban desafiantes, esperando algún otro golpe bajo, estallaron de risa por un buen rato.

—Veamos el lado positivo de todo esto— comenzó a decir Harry limpiando unas lágrimas de sus ojos—, si siempre tuvimos algo de verde y plata con nosotros, será más fácil cumplir con nuestra misión porque no todo será un engaño.

La misión— pensó ella y se acarició el puente de la nariz.

Sí, la misión que ella misma había impulsado con su brillante idea de infiltrarse en slytherin y averiguar todo lo posible sobre los horrocruxes. Además, no había olvidado el libro que Albus le había heredado, 'Los cuentos de Beedle, el bardo", y que aún debía traducir para entender qué mensaje quiso trasmitirle con eso. Lamentaba no poder ir a su despacho en ese preciso momento y acribillarlo a preguntas.

—Sabes, Harry… hoy, por un momento, comencé a pensar que todo el plan era un error— dijo de repente.

Él se sorprendió. El semblante preocupado de su amiga no sólo era por una pequeña crisis de identidad sino que había algo más. Se puso algo serio pensando que tal vez algo había ocurrido en su paseo de compras.

—¿Por qué lo dices, Hermione?, ¿ocurrió algo?

—No exactamente… o sí…— miró hacia la casa donde sabía que estaban Dorea y Charlus—. Conocí a Walburga en persona.

—¿Te… te dijo algo?, ¿te insultó? — preguntó apurado y con verdadera preocupación.

Su mandíbula se había tensado y su mano se cerró en un puño. Todos sabían los insultos del retrato e imaginaba que en persona, Walburga Black debía ser mucho peor.

—No, no— respondió enseguida—, de hecho, eso fue lo extraño— dijo con un tono algo conspirativo bajando su voz.

Él la miró entrecerrando sus ojos queriendo entender hacia dónde iba su amiga.

—Bueno, te presentaron como sangrepura, no debería insultarte demasiado… tal vez sólo por llevar el apellido Potter… sabemos por Sirius que ella no era admiradora de mi familia.

—No, Harry, no— suspiró—, yo también creí que lo haría, sobre todo recordando que a estas alturas Sirius ya se fugó de su casa y está viviendo con tu padre. Me esperaba algún insulto pero… todo lo contrario… fue muy cortés, demasiado. Ella se comportó con propiedad e incluso con... miedo.

—¿Miedo? — preguntó extrañado

—Sí… miedo de Dorea.

Harry quedó analizando esas palabras y esperó que su 'ahora' hermana siguiera.

—Dorea es su tía y había más que respeto en el trato de Walburga, había cuidado y temor como si hacerla enojar fuera a desatar una calamidad.

Harry recordó las palabras que Charlus le había dicho temprano ese día y las de Sirius en su quinto año.

—Los Black tienen muchos misterios— repitió él como un eco de esos dos magos adultos.

—Y Dorea dijo que le gustaba coleccionar secretos, ¿lo recuerdas? — agregó Hermione—, cuando la conocimos en la oficina del director, ella dijo que conocía muchas cosas y que por eso no la eliminarían del árbol genealógico.

Harry asintió. Eso era verdad. Si pensaba en esas palabras dichas al pasar y con cierta liviandad, parecería como si la familia Black en su totalidad estuviera siendo extorsionada por Dorea. Suponía que la bruja tenía sus cartas bajo la manga pero lo que Hermione le describía ahora parecía ser excesivo, ¿o no?

—También conocí a R.A.B— dijo con una media sonrisa Hermione, trayendo a Harry de sus pensamientos—, el hermano menor de Sirius, Regulus Arcturus Black.

—¿Qué tal te pareció?

Ella miró hacia un costado evaluando sus recuerdos y lo que pensó de él al conocerlo.

—Físicamente, se parece a Sirius pero... hay algo diferente en él, no sabría decir qué con el poco trato que tuvimos— dijo pensativa.

—Será nuestro compañero en slytherin.

—Sí, uno de los tantos nuevos amigos que debemos hacer y cuya confianza debemos ganar— dijo mordiéndose el labio con cierto enojo.

—Eso te molesta.

Hermione suspiró y dejó caer sus hombros. Con Harry podía ser genuina, ¿no?, a él sí podía mostrarle sus temores, sus dudas, después de todo, ahora eran realmente hermanos. Antes los unían los sentimientos y ahora los legitimaba el apellido.

—Todo es muy, muy complicado— se abrazó a sí misma—, y siento que me va a caer un rayo por decir esto pero…

Harry se adelantó y quedó frente a ella. La tomó de ambos brazos y esperó a que hablara. Con ese simple gesto trasmitía la fuerza que necesitaba para seguir su línea de pensamiento. Hermione realmente lucía un semblante que le decía que esas palabras iban en serio y que realmente creía que ardería en su propio lugar sólo por decir lo que estaba pensando.

—Lo que quiero decir es que ahora entiendo los rostros inexpresivos de las serpientes— comenzó a decir e hizo un mohín antes de seguir, como si las palabras fueran difíciles de pronunciar—. Me refiero a Malfoy, Parkinson, Greengrass, Nott, Zabini… esas caras que no decían nada más que aburrimiento es su máscara. Ahora yo… yo debo ser igual, debo usarla al punto de que se vuelva el gesto cotidiano… ¿lo entiendes, Harry?, debo hacer lo mismo que me exasperaba de ellos y siento que arderé en un infierno personal y exclusivo para mí.

Él sonrió.

—Sí, lo entiendo.

—Debo lucir esa máscara cuando quiera mantenerme indiferente para que los demás no sepan mis verdaderas emociones, sentimientos y pensamientos; cuando no sepa cómo reaccionar para que no vean mis temores ni inseguridades, cuando evalúe a los demás para que no note que estoy interesada en ellos…— lo miró a los ojos demostrando su cansancio—. Juro que mi cara se acalambró y me duele la mandíbula de tanto que debí controlar mis expresiones.

La acercó hacia él y la abrazó. Le dio tiempo para que se sienta contenida antes de azuzarla y molestarla.

—Dime, Hermione... ¿qué te molesta más de todo esto? — preguntó con cuidado y luego agregó con una sonrisa pícara—: ¿qué debas usar una máscara o que seas muy buena en eso?

Ella golpeó su pecho mientras chasqueaba su lengua.

—Ambas… creo.

Y volvieron a reír antes de separarse y caminar por los alrededores disfrutando el sol en sus rostros.

—Deberíamos ir y acomodar las compras, Harry.

—Están reducidas mágicamente, no pesan, así que podemos dar una vuelta y luego hacer lo que madre nos pidió.

Hermione se detuvo, pasó una mano por su rostro mostrando resignación.

—No puedo creer que seamos tan buenos en nuestros papeles.

—¿A qué te refieres? — preguntó él.

—Esto…— señaló a ambos—, lo de recién… yo diciendo que deberíamos acomodar las cosas obedeciendo lo que se nos dijo y tú salteándote la orden de… mamá. Tú siendo Potter y yo siendo Black— pronunció ambos apellidos con vehemencia.

—Será porque hemos practicado mucho.

—No… no es sólo eso. Es porque Dorea y Charlus, o… mejor dicho, mamá y papá han sabido explotar nuestras personalidades para que nos sea mucho más natural todo.

—Igual, es difícil.

La bruja se paró de golpe y lo miró aprehensivamente.

—Para ti no tanto, así que no te quejes— dijo—, recuerda que tú podrás ser más... más... más tú, más normal mientras que yo— se señaló así misma y lo que vestía—, debo convertirme en la reina de hielo.

—Yo heredé la personalidad de papá y tú la de...

—Mamá, sí, lo sé lo sé, es lo que acabo de decir, ¿no?— cortó ella la frase de Harry—, solo tengo miedo de fallar, de equivocarme... de dejar ver que no soy lo que aparento y que eso nos ponga en peligro.

Harry le sonrió ampliamente y vio que Hermione tenía el rostro serio y miraba el suelo así que con su dedo índice levantó el mentón de su amiga e hizo que lo mirara un instante. La sonrisa del mago era apacible y sus ojos verdes le trasmitían paz.

—No te preocupes, hermana, tú no fallarás y, aunque te llegaras a equivocar, estoy seguro que encontrarás la manera de volver el error un acierto. Eres la bruja más inteligente que conozco y confío ciegamente en ti.

Hermione escuchó esas palabras y sonrió. La confianza de Harry en ella hacía que el miedo la abandonara.

—Gracias, hermanito… por confiar en mí.

—Gracias a ti por mantenerme con vida. No sé qué hubiera hecho si no estuvieras a mi lado.

—Hubieras caído en el primer pozo que te cruzaras, nunca miras por donde caminas— dijo juguetonamente.

—Para que mirar si tú me señalas dónde debo pisar— respondió él.

Ambos sonrieron y miraron el horizonte sin separarse. Hermione en un momento apoyó su cabeza en el hombro de Harry y el la rodeo con su brazo. Así se quedaron, siendo observados desde lejos por Dorea y Charlus.

—Verlos así me preocupa— comentó la bruja.

—Sí, es cierto— agregó su esposo—, le pregunté si entre ellos había sólo amistad y fue muy enfático en decir que no, que ellos se consideran hermanos.

—Ahora lo son… aun así…

—Sí, lo sé, querida…— le dijo él sonriendo—, incluso diciendo que son hermanos, cuando están así parecen una pareja por lo que darán qué hablar.

Ella rió y agregó:

—Me culparan por eso, estoy segura.

—Por supuesto, dado el historial de tu familia y la costumbre de casarse entre ellos.

—Mmmm, sí…— amplió aún más su sonrisa—, será divertido ver la duda en los demás cuando vean a nuestros hijos y se pregunten si entre ellos hay más que simple fraternidad.

—Tienes un humor perverso, querida mía.

—A ti te gusta.

—Forma parte de tu irresistible encanto— dijo y besó su mejilla.

Dorea llevó la taza a sus labios y saboreó los restos de su té antes de dirigirse al sillón. Charlus la siguió con la mirada, tantos años después y aún la adoraba con locura… tantos años juntos y podía ver detrás de su máscara cuando algo la alegraba o, tal vez, simplemente era que ella dejaba que viera cuando estaba tramando algo. No le molestaba que fuera uno o lo otro porque en un caso significaba que él había aprendido a leerla y en el otro que ella confiaba en él y ambas cosas le causaban infinito placer.

—Dime, querida, ¿qué has visto en el Callejón Diagón que te ha dejado extasiada?, dudo que haya sido la colección de invierno de Sophie Tatting.

Ella rió. ¡Cómo amaba a su esposo!, la conocía a la perfección y lograba alegrarla con su suspicacia y su humor.

—La pequeña Buguie y su hijo estaban también por ahí. Se enteró de mi presencia gracias a Sophie y fue en mi búsqueda.

—Entonces… a estas alturas, ya todos debieron haber recibido una lechuza y pronto recibiremos sus cálidas palabras de bienvenida.

—No ser mosca y estar junto a mi primo Artie para ver su reacción.

—Mmmm, sí, verdaderamente tu hermano Pollux será el que más se sorprenda. Arcturus puede que piense que tramas algo más.

—Y no se equivoca.

—¿Qué planea esa mente compleja que tienes, querida?

—Sobrevivir, esposo mío, sobrevivir— fue hasta la ventana y observó a sus hijos que regresaban a casa—, esos jovencitos trajeron consigo noticias alarmantes del futuro y es mi deber evitar que ocurra.

—No han dicho mucho.

—Han dicho suficiente y callado demasiado. En sus silencios, en sus gestos se puede leer que lo que le espera a la familia Black es la hecatombe y no puedo permitirlo.

—Sólo espero que no te pongas tú en riesgo… no demasiado al menos.

—Siempre lo hubo, siempre hubo peligro en mi vida. Soy miembro de la orgullosa estirpe de los Black y tengo deberes hacia mi familia. Deberes que he abandonado por mucho tiempo.

—No te atormentes… perdimos a nuestro pequeño, no puedes…

—No, lo sé… sé que tuvimos nuestras razones para alejarnos y no te culpo ni responsabilizo. Sin ti a mi lado creo… creo que hubiera enloquecido.

—Importa lo que hagamos de ahora en más con lo que tenemos, con lo que el destino nos trajo.

—Así es, mi Charlus, así es… y yo volveré a incordiar a los míos con mi simple existencia y más… mucho más…

—Les recordarás por qué eres la Arcana Custōs.

—Y conspirarán mi muerte por eso… lo sé…

Él la rodeó con sus brazos con un claro signo protector y de completo apoyo. Por más que renegara de las actuales palabras de su esposa, no había mucho más que pudiera hacer. El día que se comprometió a estar a su lado aceptó cada rasgo, cada detalle de la vida de Dorea y sus responsabilidades eran parte fundamental de ella. Sólo podía estar a su lado, siempre, resguardándola porque, después de todo, era un Potter y en su familia también había tradiciones, entre ellas, la de dar la vida por los que aman.

Así los encontraron Harry y Hermione al atravesar la puerta. No tardaron mucho en volver a la rutina que los había imbuido esas últimas semanas y las lecciones continuaron. Sin embargo, ahora la calidez familiar era cada vez más palpable entre ellos y la complicidad nacía y crecía en cada gesto, mirada o comentario de esta otra familia Potter.

Los días pasaron mucho más rápido de lo que hubieran querido y ese jueves 1 de septiembre los Potter-Black llegaron muy, muy temprano a la plataforma 9 ¾. Sabían que eran la nueva sensación del exclusivo círculo social que dominaba la familia Black ya que, a esas alturas, tres semanas después del encuentro con Walburga y sumados un par de paseos más por el Callejón Diagon, la mayoría de los que detentaban el poder económico y social sabrían que ellos estarían ahí. Por esa razón, para evitar algún encuentro que pudiera arriesgar a sus hijos, simplemente decidieron llegar a primera hora y así ellos tendrían un vagón al que entrarían sin necesidad de pedir permiso.

—¡Cuídense mucho! — apuntó Dorea mirando a sus hijos —, tengan mucho cuidado y no duden en llamarnos si algo, cualquier cosa, llega a ocurrir.

—No se expongan sin necesidad— aconsejó Charlus—, sé que su instinto y lugar de origen les dice que no deben confiar en nadie y que no pueden involucrar a nadie pero son nuestros hijos ahora y es nuestro deber estar ahí para ustedes.

—No se preocupen, nos cuidaremos— respondió Harry

—Y los mantendremos al tanto de lo que ocurra— agregó Hermione

—Recuerden— señaló Dorea con severidad—, el lugar al que irán se mide por los detalles, los mensajes velados, aquello que se dice con pocas o ninguna palabra de por medio. No olviden que para los slytherins lo que más importa, aquello que es vital, son los secretos, por eso deben cuidar los propios y aprender a ver y guardar el de los otros.

—Y eso significa que estarán bajo el escrutinio de todos en las mazmorras... serán los chicos nuevos y misteriosos... además de ser los primeros Potter en mucho, mucho tiempo en ser seleccionados en esa casa— agregó Charlus

—Lo siento tanto— volvió a decir Harry— siento que deba romperse esa tradición…

—No deberías— cortó de inmediato su padre y le repitió lo que ya le había señalado—. Cuando era joven, cuando tenía tu edad, me importaba como a cualquiera la casa a la que pertenecía pero los años me han enseñado que esas divisiones no nos dejan ver las virtudes en lo que es diferente. Todos tenemos algo de cada casa y no debemos olvidarlo.

Ambos jóvenes sonrieron y se dejaron abrazar por ese hombre mientras que su madre se mantenía estoica y sólo acarició las mejillas de cada uno con una cálida sonrisa. Les desearon el mayor de los éxitos enfatizando que debían pedir ayuda ante la primera señal de problemas. No se cansaban de repetirlo.

Así se separaron y abordaron el tren.

Charlus y Dorea se quedarían hasta que partieran, así lo habían decidido. A ojos de cualquiera ellos simplemente estarían mirando y supervisando cómo sus hijos se iban a Hogwarts por primera y única vez. Eso también permitiría que sean ellos, los adultos, los que fueran abordados por otros adultos que los reconocerían sin lugar a dudas. Aunque debían agradecer la presencia de varias familias de mestizos y sangrepuras que no frecuentaban el círculo social más alto y peligroso y que, por tanto, no reconocían la importancia y significancia de esa pareja ahí presente. Toda esa gente los hacían pasar desapercibidos y los ubicaban en un buen lugar para observar a los demás sin que sean notados con una primera mirada. Sólo serían encontrados por los que los buscaran de manera específica y, por ese motivo, Fleamont y Euphenia Potter no los vieron.

No podían creer lo mucho que Harry se parecía a James. Dorea se sonrió hacia sus adentros con la malicia que la caracterizaba. Deseaba estar en el tren cuando se encontraran y poder ver la sorpresa en el joven merodeador ya que no todos los días encuentras a tu doble en un vagón. En ese momento, una pareja que ya habían divisado a lo lejos pero que decidieron ignorar hasta que se acercara se paró a su lado. Walburga y Orion Black estaban ahí.

Y ella no había sido la única en notarlos.

Sirius había visto a su padre y madre desde el compartimento que eligieron él y sus amigos. Por un momento creyó que estaría en problemas puesto que Orion nunca, jamás iba a la estación, nunca se acercó, ni siquiera cuando había sido su primer día de escuela o cuando fue repudiado quedando Regulus como hijo único. Sabía que su padre despreciaba cualquier atisbo de sentimentalismo y que consideraba que ir a dejarlo y verlo abordar el tren era una muestra innecesaria de emociones. El miedo comenzó a recorrerlo, el miedo de que esté ahí por él o, peor, por los Potter que tan amablemente lo habían recibido en su hogar y lo habían adoptado prácticamente. Sus amigos notaron su semblante serio y temeroso y le preguntaron que le ocurría.

El simplemente pudo susurrar su respuesta destilando el veneno que sentía por su familia.

—El desgraciado de mi padre vino— los demás siguieron su mirada mientras él continuaba hablando—: seguro que es por mí, seguro que va por tus padres, James, debemos advertirles.

—No lo creo, Canuto, cálmate, puede que sólo sea por tu hermano.

El negó rápidamente y con vehemencia.

—No, no… él no dejaría su estudio por nada que no sea hacer daño… lo conozco... lo conozco muy bien...

Los cuatro miraban con atención, atentos a cualquier posible ataque, pero cuando vieron que los padres de Sirius pasaban de los Potter, sin siquiera mirarlos, para pararse frente a una pareja que desconocían, tuvieron muchas preguntas pero se tranquilizaron. Después de todo, no estaban ahí por los padres de James.

Pero sí, Sirius tenía algo de razón y su intuición no estaba muy lejos de la verdad ya que Walburga y Orion estaban ahí por los Potter... pero por los otros.

—Dorea, Charlus... un placer encontrarlos— saludó Walburga con educación.

Orion extendió su saludo con distancia y respeto a través de un simple gesto.

—Es bueno ver a la familia— respondió Dorea con sarcasmo evidente.

—Un placer— agregó su esposo con su habitual sinceridad.

Después de todo, Charlus siempre fue un hombre ameno, un Potter de pies a cabeza y sin la responsabilidad de llevar adelante las relaciones sociales y políticas de la otra rama familiar. Sin embargo, siempre fue un hombre inteligente… inteligente y astuto, nadie lo veía venir hasta que estaba ahí, frente a ti. Eso fue lo que le ocurrió a Dorea y por eso lo amaba aún más de lo que podía ser sano. Ella, que se consideraba la serpiente más astuta y la Black más inteligente se vio sorprendida por nada más ni nada menos que un gryffindor, uno que guardaba su valentía para ocasiones que la ameritaran, rasgo que Dorea consideraba algo slytherin. Charlus la conquistó sin que ella se diera cuenta y ese coraje leonino se hizo muy presente cuando no dudó en enfrentar a su difunto padre Cygnus e incluso desafiar a su tío Sirius Black II, el entonces Cabeza de su familia.

Todo por ella.

Llegó al punto de enfrentar el prejuicio de su propia familia por cortejar y luego desposar a una Black, a una bruja con sus características y encima de slytherin. Porque puede que las jóvenes generaciones no conozcan a esta bruja en particular, o al propio Charlus, ya que ella había nacido en 1920 y él en 1918 y estaban en 1977, mucho tiempo y muchas cosas habían pasado. Sin embargo, los que vivieron en aquellos años los recordaban muy bien y al pensar en ella un escalofrío recorría sus cuerpos.

Dorea fue confidente de muchos en su juventud y, de hecho la buscaban por eso: por sus palabras y consejos, por su capacidad de guardar en lo profundo lo que escuchaba. Tarde se dieron cuenta de que habían guardado sus miedos, sus faltas, sus errores en el mismo banco y que eso le daba poder a Dorea Black. El poder sobre la vida de muchos por lo que sabía de cada uno, por las deudas que fueron adquiriendo tras los favores otorgados.

Poco a poco las personas habían comenzado a evitarla y tanto ella como su esposo Charlus no reclamaron nada, simplemente siguieron sus vidas. Fue la muerte de su pequeño Edward lo que los aisló y, desde ese momento, aunque los buscaran, ellos no estaban, habían desaparecido. La última vez que fueron vistos en sociedad fue en 1950, más de veinte años atrás, y ahora aparecían como si nada hubiera ocurrido recordándoles a todos aquellos que aún vivían que sus secretos seguían ahí, en conocimiento de alguien y que con los años los intereses aumentaban porque era mucho mayor la pérdida, el riesgo si alguno de ellos salía a la luz.

—¿Sus hijos? — preguntó Walburga.

—En el tren— respondió Dorea con un tono que remarcaba la obviedad de la respuesta.

—Creí que podría conocer al joven Potter— agregó sonrojada casi como una excusa.

—En otra ocasión será— respondió su tía.

Regulus llegó en ese preciso momento. Había sido interceptado por algunos compañeros de su casa retrasándolo y, por primera vez, mostró un atisbo de sus genes coléricos sorprendiendo a más de un slytherin en el camino. ¿Cómo se atrevían a retrasarlo?, ¿cómo osaban detener su paso, interponerse entre él y su encuentro con sus nuevos familiares?

—Buenos días, Señora Potter, un gusto volver a verla— saludó con la gracia de quien ensayó decenas de veces frente a un espejo.

Que lo hiciera era algo que nadie debía saber, por supuesto. Tal vez sólo Kreacher tuviera conocimiento ya que él le indicaba si el tono utilizado en el saludo era demasiado exagerado o si, por el contrario, dejaba entrever una confianza inapropiada.

Miró los alrededores y no vio a Hermione, ¿habría subido al tren ya? Maldijo una y mil veces a cada uno de los que lo detuvieron con nimiedades. Él desconocía que tanto la bruja de su interés como su hermano habían llegado mucho antes que cualquiera en ese lugar y que no hubiera importado que él llegara de manera directa, no la hubiera encontrado.

—Joven Regulus, es bueno verlo— dijo Dorea sonriendo al ver que buscaba a su hija y que se decepcionaba por no encontrarla—. Querido, te presento al heredero de la familia Black, Regulus... Regulus, él es mi esposo, Charlus Potter.

Esas palabras trajeron al joven a la conversación y saludó al hombre de lentes rectangulares.

—Veo que has estado al tanto de las novedades de la familia— opinó Orión sin perder su porte.

A Dorea le brilló la mirada prácticamente. Amaba cuando le deban pie para hacer uso de su lengua mordaz.

—Puede que el mundo mágico se haya olvidado de mí pero yo no de él… ¿me subestimas, Orion?

—¿Por qué vuelves? — preguntó sin preámbulos y con brusquedad.

—La misma razón que me llevó a alejarme me trae de nuevo, sobrino querido... mis hijos...

La miró unos minutos evaluándola y, como siempre, nada, absolutamente nada podía leerse en ese rostro. Tal vez sólo se reflejaba un dejo de la ira tan característica de los Black, ese sentimiento obsesivo que los lleva a entregarse por completo a una causa, una idea, una persona o la familia. Debía admitir que siempre admiró a esta bruja, su tía segunda Dorea Black.

Para él siempre sería Black, no Potter, ese apellido que ahora lucía no iba con ella, con su espíritu, con su esencia.

Siempre pensó que había sido una absoluta pérdida y casi una desgracia que se casara con el hombre que lo miraba sonriente en ese momento. Aunque… siendo sincero sólo consigo mismo, esa decisión hizo que la admirara más, después de todo, debió haber sido borrada y repudiada del árbol por contraer matrimonio con un más que evidente traidor a la sangre y que encima de males no pertenecía a la rama familiar principal por lo que nada se ganaba con ese casamiento. Pero no lo hicieron, la mantuvieron y aún el infame de Arcturus Black sostenía esa decisión con la orden absoluta de no borrarla ni a ella ni a su descendencia. Si aún permanece con el beneplácito del patriarca de no ser borrada, pese a lo que hizo o a que decidió desaparecer de la vista de todos, es que ella posee algo Arcturus teme o sabe algo de él en particular. Sólo un verdadero Black, uno que se valga con el peso de su genealogía, sería capaz de manipular hasta ese punto sus circunstancias y a los que detentan poder.

Sí, él, Orion Black, la admiraba y aún la amaba en secreto. Sin embargo, esos recuerdos de su adolescencia serían para otro momento, ahora debía conformarse con su regreso y deleitarse con el revuelo que su simple presencia causaba dentro y fuera de la familia.

El silbido del tren anunció que estaba pronto a partir llamando la atención de los cuatro.

—Sube, Regulus— ordenó su madre.

Él simplemente asintió y se despidió con respeto de los demás adultos.

Charlus Potter fue el único que alzó su mano despidiendo a sus hijos sentados en uno de esos vagones. Dorea se mantenía estoica, una Black no hacía aspavientos al aire, su simple mirada debía trasmitir el mensaje deseado a aquellos que supieran leerlos y era evidente que sus hijos debían conocer ese lenguaje. Aunque Walburga desoía esa cualidad de los Black, gritando cada vez que algo la frustraba e iba en contra de sus deseos, Orion la mantenía por lo que estaba apostado de manera firme e inmutable y su simple mirada era suficiente para que incluso Sirius dejara a un lado sus juegos infantiles.

Ahora que la multitud de padres y familiares dejaban la estación, ahora que podían estar solos, él averiguaría el alcance de la presencia de su tía en Londres. Estaba preparado para increparla pero ella se le adelantó.

—Un almuerzo en Grimmauld Place sería lo conveniente— dijo ella mientras tomaba el brazo de su marido y comenzaban a caminar hacia la salida sin siquiera mirarlos, conduciéndose a sí misma hasta una de las casas ancestrales de los Black como si fuera ama y señora.

Orion se permitió sonreír ante esa orden. Sí, esa bruja era su tía Dorea a quien amó en su adolescencia, a quien le hubiera gustado desposar sin importarle el incesto o la diferencia de edad. Sin embargo, ella eligió al hombre que iba a su lado y él tuvo que aceptar los designios de su padre y desposar a su prima Walburga. Se permitió un leve suspiro resignado y miró de reojo a su esposa quien no recuperaba el color en su semblante, Orion se podía permitir disfrutar de los milagros de su tía, entre ellos, silenciar a su esposa.

Sonrió como hacía años no lo hacía y emprendió su camino. En breve sería anfitrión y debía comportarse como tal, demostrar que ya no era un niño y que él sería leal a la Arcana Custōs aunque su padre Arcturus exigiera lo contrario.


N/A: Hola! Gracias por esperar pacientemente las actualizaciones. Por ustedes, mis fieles lectores, es que continúo a pesar que la vida me acorta cada vez más los tiempos. Espero que el capítulo les haya gustado. Quería que se viera la relación entre Hermione y Harry, Dorea y Charlus y un poco de Orion y Walburga. De él desarrollaré más adelante.

Mis disculpas por no responder sus reviews como siempre lo hago, realmente, tengo muy poco tiempo. Trataré de hacerlo en la siguiente actualización.

PD: No olvido Rosas y espinas, por favor, tengan paciencia con esa historia… ya la continuaré.

Quiero agradecerles a Alpha bellatrix Malfoy black, TsukihimePrincess, Caroonte01, No se, yoxo, Natalia MerVel, paola, herkyo, dana-weasleygranger, tenshin anime, CecyBlack, Soteria, PrincesLinx, pax399, Lily Snape Cullen Malfoy, YUKI NICKY1, Alexa SixT, NotYellow, Catty712, andreacantoral501, Atenea Black.

¡Gracias por llegar hasta aquí!

¿Dejan un review que alimente a las musas

como las chucherías a las lechuzas?

¡Un saludo a todos, chicos!