¡Hola, hola! Esto no es una ilusión… sí, sí señoras y señores, es un capítulo nuevo. Alter321 sigue viva.
Disclaimer: El potterverso le pertenece a Rowling.
Este capítulo está dedicado a DanaWeasley-Granger.
Capítulo 11:
Familias complicadas y travesura realizada
Mientras Harry caminaba hacia lo profundo de las mazmorras, pensaba en lo difícil que sería entrar a la habitación y encontrarse cara a cara con Snape, el hombre que mayores resentimientos le causaba. La imagen de la traición al director aún se repetía en su mente una y otra vez, como si quisiera encontrar sentido a lo que pudo haberse evitado si el mago más grande de su tiempo no hubiera confiado en la persona equivocada. Sus padres habían confiado en Pettigrew y murieron, Dumbledore confió en Snape y murió.
Eso lo encolerizaba cada vez más.
Sabía que la más mínima provocación podría encender la mecha de su rabia acumulada y explotar. Era exactamente en esos momentos cuando la voz de Hermione se colaba en su mente advirtiéndole:
—No es el mismo hombre.
Quería creer que ella lo decía porque no lo entendía, porque estaba solo pero de inmediato negaba con la cabeza y se regañaba a sí mismo en su interior. Ella lo dejó todo para acompañarlo, se arriesgó tanto o más que él y no había profecía que la obligara, sólo la lealtad de una amistad forjada en tiempos peligrosos. Hermione no lo abandonaría, no lo dejaría, no lo traicionaría y sería injusto alejarla o desmerecerla cuando ha probado ser su bastión en tiempos difíciles e inciertos.
—Además, en todo caso, sería 'Profesor Snape', Harry.
Negó con la cabeza recordando las innumerables veces que le hizo esa corrección a él y a Ron. Si su amiga supiera que muchas veces sólo decía 'Snape' para molestarla y no por el poco respeto que le tenía a ese hombre, ¿qué haría?, ¿lo miraría con los labios y ceño fruncidos?, ¿se enojaría?
—No— pensó de inmediato— lo más probable es que me sonría de costado como la sabelotodo que es y me responda con un 'ya lo sabía, Harry. Como también sé que tú sabes que lo sé'.
Eran esos detalles los que lo hacían sentir en casa sea dónde sea que se encontrara. Eran sus amigos los que le hacían sentir que valía la pena luchar, que valía la pena seguir a pesar de que el mundo entero esté en su contra.
Por eso dolía la ausencia de Ron aún más. Si no hubieran viajado al pasado, ¿hubieran vuelto a ver a su amigo?, ¿él hubiera regresado? La esperanza de que sí lo encontrarían y se abrazarían perdonándose mutuamente lo apuraba para buscar el camino a su época.
Alzó su cabeza y se vio a un paso de la habitación. Se detuvo un instante, necesitaba tiempo para recobrar fuerzas y enfrentar su destino porque no serían los rostros de Dean, Neville, Seamus o Ron los que se encontraría. Lejos estaba la calidez de la Torre de Gryffindor y la camaradería de sus viejos amigos y compañeros, lejos en el espacio y el tiempo.
Todo parecía estar en silencio aunque sabía que había ojos en las sombras observándolo, estudiándolo. No importaba que estuviera en su tiempo o fuera de él, seguía siendo una especie de celebridad mal que le pese. Era un Potter y tan rápido como su nombre circuló en la escuela, también lo hizo su nueva genealogía y podía apostar su preciosa capa de invisibilidad a que serían pocos los que se atreverían a levantar su varita contra un miembro de la familia Black. No importaba el apellido de su padre en este momento, sino el peso del apellido de su madre y todo el misterio que la envolvía.
Tratando de no pensar en su familia recordó al Sombrero Seleccionador. El viejo chisme lo mandó a Slytherin más allá de las necesidades de la misión. Lo envió ahí porque ahora pertenecía a esa casa, algo que él sospechaba desde sus once años, algo que Charlus ayudó a digerir pero seguía siendo algo difícil de aceptar en su totalidad. Su corazón leonino se revelaba pero no con la furia adolescente que hubiera imaginado sino con el rugido de uno que está cansado de luchar pero aún no daba indicios de rendirse.
O sea, su ya más que conocida terquedad.
En medio de toda la incertidumbre y del peligro, Charlus resultó ser una bendición. Nunca supo lo que se sentía tener un padre, un guía más allá de los breves momentos compartidos con Sirius o Remus. Tal vez el señor Weasley era una figura paternal pero sentía que ahora quedaba muy lejos. Charlus era diferente porque él le permitía una conexión única con su familia, una historia que era suya y de nadie más. ¿Será que todos los Potter guardan cierto parecido?, sin lugar a dudas él y su padre eran similares por obvias razones pero Charlus también tenía rasgos casi idénticos: espeso cabello azabache y lentes, ¿acaso la miopía era marca registrada entre los Potter? Esa similitud era un problema, lo sabía, especialmente cuando en las mazmorras muchos odiaban a James.
Su pensamiento volvió a Snape como si fuera Roma y todos los caminos de la mente fueran a él. Se dijo a sí mismo que al menos debía intentar tratarlo con indiferencia, hacer de cuenta que no existe y pasar de él. ¿Sería posible?
—Lo dudo— se dijo a sí mismo con un hilo de voz a la vez que agregaba en su mente. —Pero Hermione no podrá decir que no lo intenté.
—Un pobre intento de tu parte, Harry— la voz de su amiga se coló una vez más.
Comenzaba a pensar que su conciencia estaba tomando la forma de una esbelta bruja de cabello rizado y enmarañado. No la versión Potter-Black sino la versión Granger, esa sería siempre su preferida.
—Debes reconocer, Hermione, que Snape tampoco me hizo las cosas sencillas durante los años que convivimos en el castillo— pensó—. Siendo sólo un niño de once años me miraba con sospecha y en vigilancia constante, como si me evaluara día a día queriendo encontrar algo más de lo que veían sus ojos.
Algo le decía al león cansado y escondido entre las escamas de una serpiente que Severus Snape no se rendiría tan fácilmente y que encontraría la manera de exasperarlo ahora de la misma manera que su versión adulta y futura. Harry no podía evitar pensar en las palabras 'traidor' y 'peligro' cada vez que sentía esos ojos clavados en su nuca, por más que Hermione le advirtiera que eran personas diferentes.
—Hay cosas que nunca cambian… en él o en mí.
Mientras pensaba en su compañero de habitación, otra persona se asomó en su mente. ¿Qué haría cuando Peter Pettigrew se cruce en su camino? Recordar ese rostro regordete y sucio en su tercer año, esos ojos desquiciados por el miedo y, más tarde, por la devoción a su amo al punto de aceptar perder una mano, ese recuerdo hizo que sus propias manos se volvieran un puño. ¿Sería capaz de pasar a su lado sin lanzarle maldiciones? ¿Podría coser su lengua dentro de su boca antes de advertirles a sus padres la traición de la que serían víctimas? Clavó sus uñas en su palma en un intento por contener la furia que podría llevarlo hasta la Torre de Gryffindor y arruinar toda la misión.
Suspiró, tomó sus lentes y comenzó a limpiarlos con un pañuelo de manera autómata. Podría haber utilizado magia pero debía serenarse y sus pensamientos no se lo permitían. Con un meticuloso control de su respiración, se enfocó en el movimiento circular firme pero, a la vez, suave para no dañar el vidrio. Estuvo unos segundos inmerso en esa monótona acción cuando sus ojos se fijaron en esa simple tela entre sus dedos. Contempló sus iniciales pulcramente bordadas debajo del escudo de su familia y acarició con la yema de los dedos ese detalle.
Nada podía ser simple, o eso es lo que pensaba Harry mientras recordaba la voz de su padre Charlus. Si debía volver a Hogwarts, no podía ir a Gryffindor, debía ir a Slytherin. Si podía conservar su identidad, no sería siendo un Potter cualquiera, no, debía ser el Potter cuya madre era una Black. Si su madre debía ser una Black, no podía ser cualquier miembro de esa familia, debía ser Dorea Black. Siendo honestos, ser un Black ya era complicado, y con lo poco que conoció a Sirius lo había confirmado, pero ser hijo de Dorea guardaba una importancia que no estaba seguro de comprender completamente.
Había secretos que rodeaban a Dorea y Harry sabía que su necesidad de saber todo de todos aquellos que llamaban su atención le exigía averiguar qué ocultaba, aunque no se atrevía a hacerlo de manera directa. Su instinto de preservación parecía tomar dimensiones inimaginables cuando se trataba de su actual madre. Todo lo que tuviera que ver con ella era intrincado, complicado y serio. Incluso estaba seguro que inmiscuirse más de lo debido significaba peligro de muerte.
Miraba su pañuelo y observaba un claro ejemplo de ese complejo secretismo. Su padre le había comentado que, siendo él parte de una rama menor de los Potter, podía usar una versión simple pero distintiva del escudo familiar. Con tranquilidad, Charlus le explicó a sus dos recién estrenados hijos que llevar el blasón bordado en sus posesiones era casi una obligación en el mundo de los sangrepura y de muchos mestizos de linaje antiguo. También mencionó que, como los Potter no son demasiado formales, la mayor parte del tiempo podían simplemente eludir esa costumbre como, de hecho, él mismo lo hacía.
La trampa estaba en ese 'podían' porque claramente no se les estaría permitido. Su madre era Dorea y los Black tienen la particularidad de llevar las costumbres mágicas al extremo de grabarlas con fuego en el alma de sus miembros. Charlus podía escaquearse las costumbres que quisiera y que su amada esposa lo toleraba, como si de una vieja batalla perdida se tratara, pero sus hijos eran harina de otro costal y ella no permitiría semejante afrenta. Por este motivo él y Hermione llevaban bordado en sus pertenencias una tercera versión del escudo familiar Potter, no el de la rama principal o la que usaría su padre. Ahí, entre sus dedos, observaba el campo partido en dos: a la derecha estaba el blasón de los Potter, sobre el campo rojo rubí un triángulo de líneas doradas y dentro de ese triángulo un león rampante del mismo color. A la izquierda el de la familia Black sólo que, en lugar de la calavera, había un par de llaves negras formando una equis.
No lo había notado antes pero esos detalles debían significar algo importante. Si bien no conocía mucho del mundo mágico, sabía que a la izquierda firma la persona de mayor importancia y en un escudo debería ser igual. Siendo que llevan el apellido Potter, ese escudo debería estar a la izquierda pero estaba a la derecha. ¿Será porque la familia Black es anterior a la Potter? ¿y por qué hay unas llaves en lugar de la calavera? Ese triángulo lo había visto en otro lugar pero ¿dónde?
—¿Extrañas a tu familia?
Levantó sus ojos como un látigo. Se distrajo tanto con la heráldica familiar que Regulus se acercó hasta su lado sin que él lo percibiera.
—Hermione sólo está en el ala opuesta— respondió él con cierta tensión en su mandíbula.
—Lo decía por tus padres— agregó dirigiendo la mirada al pañuelo de Harry—, ese blasón no lo había visto nunca.
—Es un escudo acolado— comentó mientras volvía a ponerse sus lentes—. Respetamos ambas herencias, por eso llevamos ambos.
—Veo— dijo casi ensimismado—, parece el escudo de mi familia y el de los Potter. Hubiera creído que sólo llevarían el de tu padre.
Agradecía que el menor de los Black le dejara la posibilidad de responder tal como hubiera querido Dorea.
—Estamos orgullosos de la familia de nuestra madre. Conocemos su importancia, primo.
Regulus parecía sorprendido por la respuesta al igual que los otros que también escuchaban en silencio. No dejaban de ver a James Potter en Harry pero sabían que ningún Gryffindor se enorgullecería de la familia Black. El propio Sirius los negaba siempre que tenía una oportunidad.
—Realmente ustedes son otra familia Potter— concluyó y volvió su mirada hacia la heráldica, específicamente hacia las llaves—La 'arcana custos'— susurró.
—Disculpa…— indagó Harry no habiendo escuchado con claridad.
—Las llaves— señaló Regulus—, están sobre el nombre de tía Dorea en el árbol familiar— Se acercó a Harry y susurró en su oído—. Madre me advirtió que ese símbolo designa a la 'arcana custos'.
Harry simplemente asintió como si realmente comprendiera lo que acababa de escuchar cuando en realidad no tenía idea. Al igual que Regulus, quería trasmitir conocimiento que no poseía en pos de que el otro revelara más; sin embargo, ambos se quedaron sólo con el deseo porque ninguno tenía idea de lo que estaban hablando, de lo que significaban esas palabras. Tras un incómodo silencio y viendo que no obtendría lo que esperaba, decidió dejar al joven Black y asumir con valentía su futuro próximo.
—Ahora, si me disculpas, debo reclamar mi lugar en la habitación. Nos vemos mañana.
Con esas palabras entró dispuesto a enfrentar a su enemigo. Sea lo que sea que encuentre, él haría enorgullecer a Hermione encarando la situación como su madre le había enseñado.
Lo hubiera conseguido sin lugar a dudas si tan solo su enemigo no estuviera vistiendo pijamas y de camino al baño.
Parpadeó mientras tenía un duelo de miradas con Snape. No lo pudo evitar, no pudo contenerse y la comisura de sus labios comenzó a subir contra su voluntad mostrando una sonrisa tan similar a la de James que dolía a los ojos. Todo lo que él imaginó que ocurriría se hizo trizas ante la imagen de Severus Snape en pijamas a punto de entrar al baño. Encima eran unos pijamas que parecían salidos del closet de la abuela de Neville.
—¿Qué miras Potter? — inquirió con hostilidad.
Severus estaba seguro que se trataba de una broma cruel del destino. De niño creyó que Hogwarts sería su santuario pero los malditos Merodeadores lo volvieron un calvario. El único lugar en el que podía descansar, relajarse tanto como puede permitírselo un slytherin, era su habitación y ahora un Potter la invadía. Encima ese mismo Potter era el calco de su peor pesadilla y le estaba sonriendo con la misma arrogancia. Se preguntó si sería algo que llevaban en la sangre en esa familia, producto de su Magia Familiar, porque estaba seguro que no eran tan incestuosos como otros.
Harry sólo negó con la cabeza y se giró tratando de distraer su mente. Siendo el último en llegar a la habitación, simplemente debía aceptar el reparto que sus compañeros decidieron. Antes de siquiera tocar sus cosas movió su varita y tanto su almohada como el cajón de la mesita de luz brillaron tenuemente.
Frunció el ceño. Deseaba volverse hacia los otros y reclamar quién había maldecido sus cosas, si acaso fue Snape o quién pero parecían dormir tras las cortinas de sus camas. Contuvo sus deseos y deshizo los maleficios pensando que tal vez era una bienvenida en el cubículo de las serpientes. Ya habría tiempo de enfrentar a aquellos que creían tomarlo desprevenido, esa noche no era el momento. Si tan sólo supieran que estaban frente a un Harry Potter que pasó seis años en Hogwarts enfrentando lo impensable y varios meses escapando con un horrocrux al cuello, sabrían que unos simples maleficios en sus objetos personales no lo tomarían desprevenido. Además, si supieran que su amiga, es decir, su hermana era tan paranoica como su actual madre y que no lo dejó salir de su casa hasta haber aprendido lo necesario para sobrevivir en un nido de serpientes, estaba seguro que no intentarían tomarlo ponerle trampas.
Con más seguridad en sí mismo se vistió y, antes de intentar dormir, tomó la funda de su almohada, la transfiguró y se la lanzó a Snape, que estaba entrando a su cama, con el mismo gesto divertido que parecía enervar a su enemigo en escalas siderales:
—Toma una gorra de dormir— anunció—, debes proteger tu cabello sedoso.
No esperó respuesta y corrió sus cortinas con un eco de risas de fondo. No eran los únicos despiertos evidentemente. No había mejor manera de desacralizar a una persona que verla en la banalidad de lo cotidiano. El joven Severus Snape en un pijama estilo camisón estaba muy lejos del futuro profesor Severus Snape y su escalofriante túnica negra. Con esa imagen en mente cerró sus ojos e intentó conciliar el sueño lo mejor que pudo. Tal vez la imagen que acababa de ver incluso le sirviera para espantar a boggart si llegaba a cruzar uno.
No supo cuándo pero se quedó dormido.
Despertó antes del amanecer como lo hacía cuando vivía con los Dursley. Nunca se lo había mencionado a sus amigos pero en el único lugar donde podía encontrar el sueño profundo, y disfrutar del milagro de quedar serenamente dormido, era la Torre de Gryffindor. Ni siquiera en la Madriguera lograba descansar de manera apropiada ya que siempre estaba atiborrada de personas y ruidos diversos que lo divertían más que molestarlo. Ahora estaba muy lejos de la calidez de la Torre y más que nunca su instinto de preservación estaba en alerta, casi como cuando dormía en el bosque.
Se vistió vigilando las cortinas cerradas de las demás camas y decidió subir a la Sala Común.
—Subir a la Sala Común— se repitió en su mente.
El concepto le resultaba extraño y se quedó pensando en eso un momento mientras avanzaba escalones arriba. Su hermana estaba ahí, esperándolo, con esa pose regia que enorgullecía a su madre. Él no debía ser menos. Si su amiga estaba haciendo el esfuerzo de comportarse como Dorea les había enseñado, él haría lo mismo así que le ofreció su brazo mientras la saludaba con la familiaridad de una sonrisa.
El gesto escondía la confianza de años de convivencia y aventuras. No necesitaban palabras, sólo una mirada y encararon el mundo fuera de las mazmorras.
En el camino cada uno comentó, casi como un siseo, lo vivido la noche anterior. Hermione debió morderse el interior de sus mejillas para no reír a carcajadas ante la imagen de su profesor en camisón. Era difícil mantener la postura de una sangrepura pero no había lugar para el error, siempre podía haber ojos observándolos. Debía admitir que por mucho que le molestara, día a día se le hacía más sencilla la actuación al punto de temer que esa pose se le internalice tanto que no lo lograra, en un futuro, diferenciar su verdadero comportamiento de la simulación.
Sintieron que unos pasos apurados se acercaban a ellos. Cada uno estaba atento y en guardia sin perder la pose de simples estudiantes sangrepura rumbo al comedor. Podían imaginar quién era porque hasta el momento sólo había un mago con la confianza suficiente como para buscarlos.
Y no se equivocaron, era Regulus.
El joven los saludó con cortesía y quedó mirando el suelo pensando qué debía decir, qué conversación debía iniciar. Henry lo llamó 'primo', reconoció la relación familiar y eso lo alegró profundamente. Temía que el hermano de Hermione sea una especie de cancerbero o, peor, una especie de Merodeador pero todo indicaba que no.
Tras unos segundos de silencio decidió arriesgar una conversación:
—No deberían aventurarse por el Castillo sin conocer el camino.
Ambos hermanos se miraron con cierta aprehensión. Era verdad lo que le señalaban, no debían ir solos porque se supone que ellos no deberían conocer el castillo en su primer día. Les era inevitable dejar que sus pies siguieran el camino que transitaron durante años. El único lugar que desconocían eran las mazmorras pero una vez fuera de ellas, estaban en territorio amigo. No debían bajar la guardia, no debían dar lugar a sospechas. La paranoia se adueñaba de sus mentes a pesar de que Regulus sólo deseaba iniciar una amistad.
O tal vez algo más si pensaba en la elegante bruja que caminaba del brazo de su hermano.
—Hermione tiene buena memoria— señaló Harry con prisa, intentando despejar cualquier posible duda.
—Eso serviría si el Castillo no fuera mágico— respondió Regulus—, las escaleras cambian de lugar de manera constante y las aulas suelen abrirse y cerrarse casi caprichosamente. Entrar a una y quedar encerrado no es manera de iniciar el año.
—Padre nos advirtió al igual que nuestra querida madre — respondió Hermione—, crecimos con las historias de Hogwarts al punto de sentirlo un segundo hogar a pesar de no haber puesto nunca un pie aquí—, sonrió y agregó con una media sonrisa—: ¿Las escaleras te han dejado caer al vacío?
Regulus sonrió y liberó el aire que parecía haber retenido quién sabe por cuánto tiempo. Había iniciado una conversación y podía sentir cierto orgullo en ese pequeño logro. Deseaba más que nunca tener un mínimo porcentaje de la desenvoltura social de su propio hermano pero, sabiendo que eso era imposible, sólo le quedaba resignarse a sus propias herramientas.
—Sí y más de una vez. Creo que encuentran divertido comenzar su movimiento cuando estás por pisar el último escalón. Si no tienen cuidado pueden hacer que llegues tarde a clases.
Harry rió.
—Llegar tarde a clases o caer al vacío. Me pregunto, ¿qué será peor para ti, querida hermana?
Hermione sólo le dirigió una mirada de reojo mientras Regulus continuaba su explicación también sonriendo ante la broma. No comprendía del todo pero su confianza aumentaba al ver que estaba siendo incluido en la dinámica íntima de los hermanos, algo que le indicaba que era bienvenido por ellos.
—Además, y esto es muy importante— seguía el joven Black—, los pasillos de las mazmorras suelen hacer que los que no son miembros de la casa se extravíen en ellas, haciendo que vuelvan a la salida constantemente.
—Al menos que alguien tome poción multijugos para colarse— señaló Harry entre dientes.
—Disculpa, ¿qué dijiste?
—Al menos sabemos que nadie podrá colarse— dijo de prisa Hermione mientras apretaba el brazo de Harry reprendiéndolo.
—Siempre es bueno tenerlo en cuenta si alguien quiere hacerles daño. Si están cerca de la Sala Común sólo deben adentrarse más y los pasillos los protegerán.
Ambos hermanos se miraron y asintieron. Saber que las mazmorras protegen a sus miembros era algo desconocido pero también sabían que no era infalible porque bien que Harry y Ron pudieron entrar con poción multijugos.
—Esas y varias cosas más deben tenerse en cuenta, así que traten de estar acompañados estos primeros días así evitan extraviarse.
—Así lo haremos— respondió Harry
—Y... por regla general— comenzó a decir tras un suspiro—, traten de no caminar solos— viendo que ambos lo miraron intrigados continuó—: No sé qué les advirtió tía Dorea al respecto pero los slytherin no somos queridos en general. Más de uno busca aprovecharse si nos ven solos, especialmente cuatro miembros de Gryffindor que se hacen llamar Merodeadores— los miró un segundo y concluyó—, uno de los cuales es, pues, el otro Potter.
—¿Merodeadores dices? — dijo Harry tratando de esconder su orgullo—, ese nombre suena más a un grupo de bromistas que a un grupo de aprovechadores.
—Pues, todo depende de cómo lo mires— indicó—, cuando eres quien hace la broma o la observa puede causar gracia pero cuando eres a quién se la juegan, no sé si estarías tan de acuerdo.
La voz de Regulus escondía más que simple rechazo a la existencia de los Merodeadores. Hermione se preguntó cuántas bromas le habrán jugado y de qué calibre habrán sido. Cerró su puño ante la imposibilidad de morderse los labios y escuchó a su madre reprenderla en su mente por exteriorizar sus pensamientos. No podía evitar sentir empatía por el joven que los acompañaba. Recordó su infancia en el colegio muggle y cuántas bromas padeció, bromas que eran más bien bullying. En su mente hicieron eco las risas, los sobrenombres, las burlas de quienes se escondían tras el escudo que crea ser parte de la mayoría. El enojo empezó a escalar en su interior y presionaba el agarre de Harry que sólo la miró intrigado por su semblante serio.
—Los profesores sabrán controlarlos, imagino— opinó Hermione.
—Como dije, a los slytherin no los quiere casi nadie y eso incluye a los profesores, casi en su mayoría. Así que no esperen mucha imparcialidad de su parte, además…— se detuvo un instante, los miró y sonriendo agregó—: ¿Quién le creería a una vil y astuta serpiente cuando es sabido por todos que es traicionera y cobarde, siendo que el que acusa es un valiente y justo león?
El sarcasmo en sus palabras no les causó gracia alguna. Ellos seguían sintiendo la piel del león en sus corazones así que se vieron un tanto insultados y cuestionados en sus acciones pasadas. Siempre que acusaron a alguna serpiente fue con razones justas, ¿no?
Llegaron al Salón Comedor. Estaba casi vacío a excepción de algunos de Hufflepuff y Ravenclaw. En Gryffindor no había nadie y ellos eran los primeros Slytherin.
—Hufflepuff, la casa de quienes trabajan duro y Ravenclaw, la casa de quienes aman el conocimiento por sobre todas las cosas.
—Cualquiera diría que Slytherin, la casa de los ambiciosos sería algo más madrugadora— señaló Harry.
—¿No estamos nosotros aquí? — respondió Regulus—, además, no todas las ambiciones requieren de un despertar temprano.
—Imagino que los ambiciosos y madrugadores estarán en la biblioteca en este momento, aprovechando que los Ravenclaw están desayunando— indicó Hermione.
Regulus le sonrió conspirativamente:
—Es algo que tú harías, ¿no es cierto?
Ella asintió mientras Harry le acercaba el asiento y ocupaba el lugar a su lado.
El desayuno pasó así como las clases de esa primera semana. Ambos eran inseparables y Hermione parecía tener un radar para detectar a los Merodeadores fuera de las aulas así que los esquivaban con una precisión quirúrgica. Tenían que reconocer que sus bromas escalaban conforme pasaban los días pero haber convivido con los gemelos durante años les daba cierta experiencia a la hora de olfatear problemas, aunque observaban que los Merodeadores estaban un nivel más arriba de Fred y George.
El objetivo de Hermione era mantener lejos a Harry sobre todo. Ella sabía que podía confrontarlos y salir más o menos airosa de la situación. Ya había enfrentado a Sirius y colateralmente a Remus en el vagón del tren. También había intercambiado palabras con Lily ese mismo día, cosa que no la enorgullecía en absoluto. James aún era un misterio.
Y por fin llegó el día viernes. La segunda clase compartida con Gryffindor era nada más ni nada menos que pociones, la primera era Defensa Contra las Artes Oscura pero aún carecían de profesor así que no se habían cruzado. Al ingresar al aula Hermione observó que ese sería su pequeño calvario porque su hermano se volvió una pequeña olla a presión que iba acumulando más y más vapor conforme iban transcurriendo los minutos. Harry estaba al borde de la descompostura al tener en un mismo espacio a Snape y a Pettigrew. No colaboraba en nada que las voces de Sirius y James se hicieran oír entre el bullicio general.
Hubo varios comentarios dirigidos a ellos y fue Lily la que se interpuso cuando hubo un intento de sabotearles el caldero por parte de Sirius. Hermione sólo tenía su atención en Harry y no veía la hora de que la maldita clase terminara.
Para colmo de males, Slughorn se les había pegado como chicle al zapato. Sus elogios llegaron al borde del ridículo cuando llamó la atención sobre la forma en la que Hermione tomaba el cuchillo y lo deslizaba sobre los hongos.
—Como si fuera mantequilla, perfecto.
Usó todo su autocontrol para no rodar sus ojos. Mientras que observaba la mirada de reojo de Harry clavada en el libro de pociones de Snape. El libro del 'Principe Mestizo' que él mismo utilizó en su pasado.
—Ya casi termina la clase, pronto podremos irnos— le susurró al oído y acarició su brazo para serenarlo.
—Siempre siendo mi pilar, Hermione— le dijo él mientras acomodaba uno de sus rizos tras su oreja.
—Siempre, Harry.
Terminaron la poción y debieron agradecer que Slughorn se detuviera en el brebaje de James y Sirius en último lugar. El divagar del profesor los demoró lo suficiente como para que prácticamente ambos hermanos se esfumaran del aula.
—¿Por qué no los detuvieron? — inquirió Sirius a sus amigos.
—No deberías obsesionarte con ellos.
—Y tú deberías querer saber más de ellos, Moony.
—Sirius tiene razón— agregó James—, mis padres me dijeron poco y nada.
—Si no me equivoco, te dijeron que no te metieras con ellos— le recordó Remus.
—Es lo mismo que decir nada— cerró la discusión con cierto enojo.
No podía creer la carta que le habían enviado sus padres en respuesta a sus preguntas. Había sido una simple confirmación sobre la relación familiar entre ambos y una "sugerencia" de no intervenir en los asuntos de esa rama familiar. Lo cierto era que aquello que James calificaba como "sugerencia" era más bien una "orden" subrayada de sus padres y eso mismo lo llenaba más de preguntas. ¿Quién demonios eran los padres de esos dos?, ¿por qué nunca había escuchado hablar de ellos?, ¿por qué nunca los conoció en las reuniones familiares o en las festividades?, ¿acaso su familia también tenía esqueletos escondidos en el closet como los Black? Esa duda carcomía sus nervios porque nunca había sentido en su vida que sus padres le ocultaran algo o le negaran algo.
Una vez más habían perdido su oportunidad y, en lo que restaba del día, no podrían aproximarse y deberían conformarse con observarlos de lejos. A los Merodeadores no les cabía duda alguna que eran unas serpientes escurridizas y cobardes que algo debían ocultar. Por eso es que decidieron actuar clandestinamente también, ser más silenciosos en sus movimientos, tratar de pasar desapercibidos para atraparlos en el momento que menos lo esperaran.
Para esto, el más apropiado era Peter y su forma animaga.
Él era perfecto para estudiar al enemigo, siempre y cuando esquivara a los gatos que deambulaban, especialmente a la Señora Norris que parecía reconocerlo de alguna manera. Gracias a él y al espejo de Sirius y James que le habían prestado de manera provisoria, pudieron entender y diagramar un poco los movimientos de los extraños hermanos: parecía que no se separaban nunca a excepción de cuando ella estaba en la biblioteca. Iban juntos pero no siempre permanecían así. Henry "Harry" Potter muchas veces se ausentaba unas horas y luego volvía por ella para escoltarla al Salón Comedor en el horario de la cena. Una costumbre sangrepura que le revolvía el estómago a Sirius y hacía reír a James, aunque en el fondo deseaba hacer lo mismo con Lily.
El plan entonces sería simple: entretener a Henry Potter de alguna manera y lograr que Hermione Potter vuelva sola al Salón Comedor. El objetivo era separarlos y así darle tiempo a James de enfrentar a Henry y a Sirius de enfrentarla a ella. "Divide y vencerás", esa era la lógica, aunque no siempre sale todo a pedir de boca.
Eligieron el primer fin de semana permitido para ir a Hogsmeade ya que habría menos estudiantes en los pasillos. Hablaron con Dorcas Meadowes para que interceptara a Henry Potter y lo demorara mientras que convencieron a Mary Macdonald de acercarse al cubículo de la bruja y la hiciera ir en busca de su hermano bajo alguna excusa. Todo parecía ir como querían salvo que no contaron con un gran y enorme detalle.
Los fatídicos hermanos Potter no irían a la biblioteca ese día sino que irían a Hogsmeade como el resto de la escuela. Así que los Merodeadores se vieron rodeados de niños de primero y segundo año, los únicos enclaustrados ese día en el interior del Castillo.
—¿Cómo no se les ocurrió que ellos tendrían una cita o que simplemente irían al pueblo a conocerlo? — dijo riendo Lily al verlos ofuscados —. En serio, ¡es el primer fin de semana de salida!, por supuesto que irían.
Pensar en una emboscada en pleno Hogsmeade no era lo ideal así que decidieron esperar a ver si volvían antes y repetían su rutina más cerca del horario de la cena. Por esa razón se encontraban en la Torre de Gryffindor, Peter observaba el Mapa del Merodeador mientras Sirius y James se lanzaban gomitas dulces mutuamente. Remus estaba cumpliendo su labor como prefecto un poco molesto al ver que James no hacía su parte como premio anual. Se preguntaba incluso si Lily no llegaría a odiarlo al no tomar sus responsabilidades con la seriedad que merecían.
—Cornamenta, Canuto— llamó Peter—, esos hermanos aún no vuelven pero miren quien está caminando solo hacia las mazmorras.
Ambos chicos miraron el mapa y sonrieron. Habían tenido un día lleno de frustraciones y ya sabían con quién iban a desahogarse. En el camino se cruzaron con Remus que sólo le bastó con ver la mirada de sus amigos para saber que debía ir tras ellos para minimizar los daños.
Lo que Peter no vio es que no muy lejos aparecía el nombre de Hermione tomando uno de los atajos que, en teoría, no debería conocer. Le había prometido a Harry ir rápido a la biblioteca y volver antes de que nadie se diera cuenta que estaban separados, confiando que los Merodeadores se encontrarían en algún lugar de Hogsmeade y no más cerca de lo que ella esperaba. El día anterior había dejado su cuaderno de notas y, si bien estaba convencida de que había puesto un hechizo sobre él para que nadie más que ella o Harry pudiera leerlo, no quería correr el riesgo de que otros sortearan sus trampas. Para su suerte, Madame Pince lo tenía en resguardo así que con un agradecimiento y una sensación de alivio inundándola, retomó su camino.
Una vez en los pasillos del castillo, y no en la seguridad de uno de los atajos, retomó su paso altanero y seguro al ritmo mental de "Soy la dueña del espacio que habito", su mantra diario. Harry no debía estar lejos, se suponía que iba a esperar a Regulus y los dos irían a su encuentro. Siendo sincera consigo misma, se sentía vulnerable sin su hermano a su lado, ya llevaban tanto tiempo uno junto al otro que se sentía muy extraño estar sin su compañía. Iba atenta a sus alrededores, con la guardia en alto, cuando unas voces llamaron su atención.
Eran risas, insultos y hechizos.
Se detuvo un instante considerando cambiar su rumbo y evitar lo que sabía eran problemas. No debía meterse en líos ni llamar la atención más allá de su nombre pero no podía ir contra su naturaleza y todo su ser le decía que había alguien que podría necesitar su ayuda. Ese tipo de risas hacían eco en su mente, eran burlas tan parecidas a las que escuchaba en su escuela primaria muggle, tan parecidas a las de sus propios compañeros de Gryffindor en su primer año antes del encuentro del troll que marcó su amistad con Harry y Ron y, sobre todo, tan pero tan parecidas a las de Malfoy, Parkinson y compañía. Algo en su interior se encendió, algo que le exigía hacer justicia y, si bien no podía enfrentar el mundo como una leona dadas las circunstancias, lo haría como una serpiente.
Después de todo, las serpientes también pueden ser defensivas y letalmente venenosas.
Aceleró el paso con el estómago hecho un nudo pero decidida, siguiendo los sonidos que crecían a medida que se acercaba. Dobló la esquina y justo frente a ella se alzaba la espalda de Snape que mantenía un escudo defensivo mientras intentaba devolver algún ataque hacia James y Sirius que lanzaban hechizos con sorna y comentarios despectivos. Peter no paraba de reír e incluso Remus se sonreía por la situación, manteniendo distancia como ajeno a toda responsabilidad. Hermione entendió que fastidiar y cansar a Snape era lo más divertido del mundo en ese momento para los Merodeadores.
Ella no salió al cruce de inmediato y se detuvo a observar. Fueron sólo unos segundos pero los sintió eternos. Su mente trabajaba a mil por hora tratando de idear la forma más rápida y certera de desactivar la bomba que tenía delante de ella. Semanas evitando todo tipo de contacto para acabar inmiscuyéndose en un asunto que no era el suyo y por alguien que sabía que no se lo agradecería en esta o en ninguna vida, sin importar en que época estén. Fue ver el movimiento de Sirius a punto de lanzar un 'tallantallegra' en el momento preciso en el que Snape perdió el control de su escudo que ella levantó su propia varita y lanzó un 'protego' hacia la víctima.
Y ahora toda la atención estaba sobre ella.
James se detuvo y la miró con sorpresa, ni en sus mejores planes encontraría a su misteriosa prima lejana sola y frente a él, tal como lo deseaba y venía planeando. Los cuatro se pusieron a la defensiva y Snape, que no había cambiado su posición de ataque, la miró de reojo por sobre su hombro, observando cómo salía de la sombra que la protegía.
—Aléjate— susurró Snape.
Ese era su asunto, suyo y de nadie más. Lo que menos quería en este mundo era tener que lidiar con otro Potter ese día. Suficiente había tenido con los Merodeadores molestándolo tras haberse cruzado a Lily y sentir la mirada despectiva que ex mejor amiga le dirigió. Su casi siseo fue escuchado por sus enemigos gracias al silencio sepulcral que los rodeaba. James se sonrió ante la orden que Severus le dio a la bruja de sus pesadillas.
—Otra bruja al rescate solo que a esta no puedes insultarla— rió ante la ironía—. De hecho, ella debería despreciarte a ti tal como hiciste con Lily.
No importaba cuánto tiempo hubiera pasado, James Potter podía usar una y otra vez ese puñal y dolería de la misma manera. Snape estaba al borde de lanzar un 'sectumsempra' y Hermione pudo leer la intención asesina. Decidió llevar la atención hacia ella.
—Interesante— dijo aunque su tono no guardaba el entusiasmo del descubrimiento.
De repente, una media sonrisa se dibujó en su rostro dándole un aire soberbio mientras alzaba su mentón, acercándose al grupo con un paso firme y tranquilo. Ese aire de superioridad tocaba las fibras de Sirius enervándolo. No podía creer cómo esa bruja se había convertido en una encarnación de los manierismos de los Black. Podía ver en a sus primas Narcisa y Bellatrix, incluso podía imaginar a su propia madre o a su tía Callidora.
—¿Qué es lo que te parece interesante? — preguntó Sirius con el seño fruncido.
La bruja no respondió, simplemente siguió mirándolos con altanería, como si de insectos se trataran. Antes de que explotara el mayor de los Black, Hermione se dignó a responder siguiendo sus propias reglas y tiempos y no lo que los demás demandaban.
—Por sus corbatas son Gryffindors— comenzó diciendo—, y según se explica en Hogwarts: una historia esa es la Casa donde habitan los valientes cuya osadía, temple y caballerosidad los ponen aparte de todos.
—Y así es— afirmó su primo con una sonrisa y firmeza de convicción mientras que Snape fruncía el ceño y mascullaba algún insulto indescifrable
—Entonces— continuó ella—, me resulta interesante que aquellos que se supone encarnan esas cualidades desafíen en grupo a un único individuo.
Esas palabras hicieron que los cuatro se pusieran serios pero antes de que dijeran algo, la bruja siguió:
—O bien la palabra valiente no es una característica de la casa Gryffindor o, en realidad… — miró a Snape con una sonrisa y luego a los cuatro que estaban expectantes—. … en realidad Severus Snape es un rival formidable al que solo pueden hacer frente los cuatro en grupo.
Las opciones que había dado eran insultantes y degradantes. Por su parte, Snape sentía que realmente estaba viendo a esta bruja por primera vez y sonrió ampliamente con diversión por la trampa verbal que tendió: si los Merodeadores decían que él no era un mago "formidable" y, por el contrario, afirmaban que se trataba de un vulgar intento de mago, como solían repetir constantemente, entonces se reconocían a sí mismos como unos cobardes por atacarlo en grupo. Si acaso se dignaban a llamarse valientes a ellos mismos, reconocían que Snape era "formidable". Podían negar todo y con eso negaban ser parte de la casa de los leones o, por el contrario, negaban que esas sean sus virtudes.
Escuchar esas palabras y, sobre todo, ver la sonrisa de Snape sacó de quicio a James y Sirius. Peter, por su parte, calculaba las palabras, las medía así como medía a la bruja que las había pronunciado y Remus, por primera vez en mucho, mucho tiempo, comenzó a sentir vergüenza por sus actos.
—Tú no te metas, bruja, este no es tu asunto.
—Es algo entre Quejicus y nosotros— agregó Sirius.
—Chicos… será mejor que…— intentó Remus llamar la atención.
—Al menos que quieras meterte en problemas... — continuó James sin escuchar a su amigo.
Hermione analizó la situación. Era esperable que esto ocurriera tarde o temprano. Ella no había olvidado las palabras de Harry en quinto año, así como algunos de los recuerdos que luego compartieron en las noches de campamento. Los Merodeadores eran unos bromistas que superaban la escala de los gemelos y solían hacer cosas que luego, como adultos, Remus confesaría con cierta vergüenza de sí mismo.
—Resulta que sí estoy involucrada— corrigió con seriedad esta vez—, estoy siendo testigo y eso ya me involucra— agregó con su tono de sabelotodo y ex prefecta en su tiempo.
Sirius rió como si hubiera ganado una apuesta antes de decir con cierta burla:
—Y hasta ahí llegaste. ¡Qué patético!
—Pensé que te enfrentarías a nosotros— dijo con una sonrisa James entendiendo las palabras de su amigo.
Con esa risa, Canuto confirmaba que esa bruja era cobarde como cualquier serpiente por más que sea una Potter. Un Potter que se digne de su apellido se enfrentaría a quien considera su enemigo y no se quedaría en el simple lugar de testigo, buscaría ser el protagonista.
—Oh, es cierto, tienes razón en eso, yo no pienso enfrentarlos— confirmó Hermione.
—No puedo creer que seas una Potter. Parece que como tal solo llevas el apellido, por lo demás eres una cobarde serpiente.
Hermione sonrió a esas palabras:
—Pero eso puede cambiar si insisten en ser cuatro contra uno… sobre todo si ese uno es de mi casa.
—Chicos, será mejor que nos vayamos... — intentó de nuevo Remus.
Cada palabra que decía esa chica parecía que señalaba lo vergonzoso que eran sus propios actos. Parecía que su conciencia, esa vocecita que siempre le hablaba y le decía que tal vez estaban yendo demasiado lejos con sus bromas, esa voz y esa sensación que lo carcomía se había materializado y tomado la forma de esa bruja. Al señalarse a sí misma como testigo remarcó el lugar en el que él se situaba siempre y que consideraba ajeno a los enfrentamientos.
—¿Qué harías si continuamos?— preguntó Sirius ignorando la voz de Remus y la de Peter que se había sumado en ese momento.
—Sería una verdadera molestia— dijo mientras miraba su varita como si analizara usarla o no—. Ser testigo es un lugar cómodo, ¿sabes? Quisiera seguir siéndolo pero si insisten en involucrarme aún más ya no sería mi responsabilidad.
—¿Es eso una amenaza? — preguntó James.
Por su parte Severus se lo estaba pasando muy bien ante este extraño escenario. Al principio, cuando la vio llegar e intervenir, creyó que estaría de nuevo en una de esas situaciones que lo ubicaban como la pobre víctima de esos cuatro pero no. Hermione Calypso Potter se había involucrado, es cierto, pero en ningún momento saltó con un discurso de lo que debían hacer o no los demás, tampoco se ubicó a sí misma como defensora porque eso era lo justo. Ella los estaba desafiando verbalmente, acorralándolos, jugando con ellos. Se preguntaba si sería capaz de mantener esa frialdad en un duelo, si su habilidad con la varita estaba a la altura de su habilidad con las palabras. Por esa razón y porque la curiosidad era uno de sus mayores defectos no vio mal que la chica se le uniera en este desafío, al contrario.
—¿Amenaza? por supuesto que no— levantó su mirada y la clavó en James con una media sonrisa—. ¿Lógico? sí y mucho dadas las reglas de esta escuela— su tono se volvió casi soñador, como de quien rememora algo lejano—. Creo que las palabras de la Profesora Mcgonagall, jefa de su Casa dicho sea de paso, cuando mi hermano y yo llegamos, fueron algo así como "su casa es su hogar mientras estén en Hogwarts y sus compañeros, su familia". Puedo asegurarles que no dejo pasar los asuntos familiares muy a la ligera.
Miró por encima de ellos, a la persona que se acercaba por detrás de los Merodeadores y que escuchó parte de sus palabras, y dijo:
—No es cierto, ¿hermano?
Snape había visto a los otros dos magos acercándose y notó los cambios en el semblante de Henry Charlus Potter al ver la situación. A diferencia de su hermana, él no ocultaba sus emociones tras una fría máscara sino que los expresaba. Aun así era difícil deducir qué era lo que lo molestaba: ¿ver a su hermana increpada?, ¿ver la diferencia numérica entre los contrincantes como había pasado con Hermione?, ¿ver a dos miembros lejanos de su familia enfrentando a la bruja?
—Claro, hermana, somos Potter y un Potter no abandona a su familia— respondió sin sacar las manos de los bolsillos.
Harry tenía una postura un tanto casual que contrastaba con la de Regulus tan ceñido a las formas sangrepura.
—¿Y a qué familia podrías referirte? — preguntó Peter con sorna—, ¿Black, Potter, Slytherin?
Por primera vez Severus Snape vio un cambio en Henry. Durante el tiempo que compartieron, 'Harry' se mostró ameno, amable, vomitivamente risueño. Con el único que mostraba cierta tensión era con él, con Severus Snape, y no podía culparlo ya que el sentimiento era mutuo. Evan Rosier solía decirle que eso era pura y exclusivamente su culpa por odiarlo sin conocerlo y sólo por su apariencia y apellido. Sin embargo, ahora mismo ese semblante cordial y simpático desapareció cuando miró con tanto desprecio a Pettigrew; cualquiera creería que la sangre Black en él había despertado. Realmente había repulsión en esa mirada y Snape podría jurar que esos ojos verdes, un color que le recordaba dolorosamente a Lily, tenían el brillo siniestro del 'Avada Kedabra'.
Hermione también se dio cuenta y tragó fuerte. Decidió intervenir y justo cuando estaba por responder, temiendo que Harry cometa algún error que rozara el suicidio, su mejor amigo y hermano se encogió de hombros con desdén y dijo:
—Lo preguntas como si hubiera una contradicción.
—¿No eres capaz de ver que sí la hay? — señaló James.
En su mente, James Potter se regañaba a sí mismo por la situación. Él quería confrontar a los hermanos, especialmente a Henry Potter, pero en otros términos y no a punta de varita… de no ser necesario. Por eso quería separarlo de su hermana, ya que a sus ojos ella era la conflictiva y soberbia según había observado y escuchado de Sirius y Remus. Ahora no sólo su plan no funcionó sino que la confrontación estaba cargada de resentimiento y violencia, algo que iba totalmente en contra de la orden de su Familia.
Harry miró a su padre, aún había enojo en su semblante pero no el mismo que le dirigía a Pettigrew.
—La verdad, no la hay.
—Un Potter nunca podría ser fiel a los Black, mucho menos a la casa Slytherin— agregó Sirius con ese tono que utilizan los adultos con los niños para señalarles lo obvio.
Hermione no pudo evitar reír. Por su mente pasaba la reprimenda que le daría su madre de haberla visto y escuchado. Ahora la atención estaba una vez más centrada en ella.
—¿Y tú de qué te ríes? — preguntó Peter que sintió la amenaza de Henry Potter, sintió ese deseo homicida y no le gustó en lo más mínimo. Ya deseaba que esto terminara y maldecía la situación. Ya había dejado de ser divertido.
Fue Harry el que respondió.
—Conociendo a mi hermana, se ríe de lo irónico que suena lo que acaba de decir tu amigo— ahora dirigiéndose a Sirius, agregó—: O bien tu amistad con James Potter es una farsa o lo que acabas de decir no tiene sentido alguno. Eres un Black y tu mejor amigo es un Potter. ¿Piensas acaso que él sería capaz de traicionarte?
—No te atrevas a compararme con ustedes— sentenció Sirius—, yo no soy un Black, esa no es mi familia.
Esas palabras tronaron en Regulus con fuerza. No podía expresarlo en voz alta, a veces ni se atrevía a pensarlo siquiera pero no podía evitar sentirlo: extrañaba a su hermano y llevaba años padeciendo su distancia. Deseaba hacer las paces pero cada día confirmaba que era una imposibilidad, un sueño infantil que debía dejar atrás, como el propio Sirius había hecho con él cuando cambió a su hermano menor por la corbata roja y dorada. No sabía cuántas veces Sirius había negado a su familia y con eso a él, a Reggie, que ya debía dejar sus esperanzas atrás y aceptar su destino como bien su madre se lo repetía hasta el hartazgo.
—Podrás negar tus orígenes una y mil veces pero eso no destruye la verdad— acotó Hermione—. Eres un Black, la Magia Familiar corre por tus venas y se percibe en cada fibra de tu ser.
Sirius sólo deseaba que se callen. ¿Cómo se atrevían?, ¿Con qué derecho?
—Una familia es lo que hacen sus miembros de ella. No hay destinos prefijados—continuó diciendo Harry mientras miraba a Regulus de reojo, recordando que pese a sus decisiones confrontó a Voldemort y al final tomó la decisión correcta.
—Podré ser un Black pero mi lealtad no está con ellos, está con mis amigos, con James, con Gryffindor. No nos parecemos en nada. Ustedes podrán llevar el apellido Potter pero son iguales a todos los Slytherin, no merecen ese apellido.
Harry miró a James y sonrió de lado antes de decir:
— 'Tan valiente como justo, tan leal como sincero', explícame, estimado primo, ¿Qué de valiente y justo hay en enfrentar a un mago entre cuatro y qué de leal y sincero hay en ti respecto a la casa Gryffindor si haces algo como esto sin remordimientos?
James no podría explicar cómo pero la mirada de Henry Potter en él lo incomodó de una manera difícil de explicar sin que lo tacharan de loco y lo encerraran en San Mungo. Era como sentir el desencanto de alguien importante, como cuando su propio padre lo miraba decepcionado por algo que dijo o hizo.
—Son sólo bromas— defendió Remus—, no era un duelo real.
—Si esa es la excusa que te repites a ti mismo para no ejercer como prefecto ante tus amigos, será mejor que reflexiones sobre lo que significa tu trabajo y cómo lo llevas adelante.
Las palabras de Hermione tuvieron el filo de un puñal y fueron demoledoras para Remus. Él no fue el único que sintió el peso porque también James pudo entender el significado, después de todo, él era Premio Anual.
—Ya… ya mejor vámonos— atinó a decir James con cierta vergüenza.
—Pero…— quiso insistir Sirius, no podían dejar las cosas así. Esto era igual a perder.
—James tiene razón, Sirius— comenzó a decir Remus que miró a los hermanos y agregó—: si debemos resolverlo con un duelo, que sea formal.
—No es a nosotros a quienes debes preguntarle— respondió Hermione—, sino a Snape. Después de todo, era él el blanco de sus bromas.
Severus sintió las miradas dirigidas ahora a él. Hasta el momento, se había relajado en la cómoda posición de espectador en el duelo verbal de esta extraña y compleja familia revuelta que eran los Potter-Black. Debía dar una respuesta y pronto para no quedar como un imbécil.
—Ya tuve suficiente de ustedes— murmuró con desprecio.
—Ve, Regulus, por favor acompaña a Snape— solicitó Harry—, nosotros aún debemos decir algo más.
Regulus asintió y avanzó hacia Severus pasando por al lado de los Merodeadores mientras Harry observaba al igual que Hermione de manera vigilante. El menor de los Black no había emitido sonido, sólo observó y escuchó con atención cada detalle de ese acalorado encuentro. Pensó que era extraño que no haya ocurrido antes dado que ya llevaban un tiempo en Hogwarts por lo que dedujo que los hermanos habían hecho lo posible por evitar este intercambio. Pensó que las razones tendrían mucho que ver con los asuntos internos entre ambas ramas familiares pero también apostaba a que Sirius tendría algo de responsabilidad también. Hermione y Henry estaban orgullosos de ser Black por línea materna así que era lógico que sintieran una afrenta cada vez que escucharan o vieran cómo su hermano mayor despreciaba su herencia. No se le ocurrían otras respuestas y podía empatizar con esos sentimientos.
Harry esperó a que Regulus alejara a Snape lo suficiente de la situación para poder acercarse y estar frente a su padre, cara a cara. Hubo unos segundos de incordioso silencio en el que los Merodeadores se preguntaron qué querría este mago. ¿Sería que se arrepintió y pediría un duelo?, ¿qué demonios querría? Vieron cómo sacó la mano derecha de su bolsillo y la extendía hacia ellos. Observaron con atención que no tuviera su varita apuntándolos pero, incluso privado de ella, Harry logró petrificarlos con simples palabras.
—Formalmente no nos hemos presentado, heredero Potter—saludó—: Henry Charlus Potter, primo lejano de la rama principal, un placer.
¿Presentarse?, ¿ahora quería presentarse? ¿Llevaban esquivándose tanto tiempo para que luego de casi un duelo mágico y una discusión verbal decidiera, como si se tratara de unos simples buenos días, presentarse?
—¿Pero a qué juegas? — decidió confrontar Pettigrew pero su amigo lo frenó en seco.
—Silencio, Peter— ordenó sin retirar sus ojos de Harry. Su padre le dijo miles de veces cómo debía comportarse y nunca había obedecido pero ahora sentía algo extraño ante este familiar lejano. Fue en el momento en el que Henry pronunció el lema del escudo de armas de los Potter que algo se encendió en su interior y la duda comenzó a carcomerlo—. James Fleamont Potter— murmuró su nombre completo y aceptó la mano, sintiendo cómo la magia de ambos conectaba de manera armoniosa.
—Mi hermana, Hermione Calypso Potter— presentó señalándola a la vez que ella se acercaba.
A diferencia de Harry, Hermione no extendió su mano. Ella elevó su mentón manteniendo su seriedad y saludó con un breve asentimiento.
—Un placer que nos conozcamos finalmente— atinó a decir James escondiendo su malestar frente a la chica—. Mis amigos que, a estas alturas, ya deben conocer: Remus Lupin, Peter Pettigrew y Siri…
—No necesito que nos presentes, James— interrumpió Sirius—. Sabes que odio estas estupideces sangrepura. No seré parte del circo.
Con esas palabras, se retiró con velocidad seguido por Peter que no dejaba de sentir la mirada asesina de Henry Potter en él. Había algo en esos ojos verdes que lo vigilaban constantemente. Más de una vez sintió ese crepitar de magia incómoda y nunca supo a qué se debía pero ahora podía confirmarlo. Se trataba de ese mago que, por alguna razón, lo odiaba sin siquiera conocerse.
—Lo… lo siento— empezó a decir James—, lo siento por mi amigo y por… por lo de hace un momento… yo… nosotros.
Remus no se creía lo que veía y escuchaba. ¿James estaba pidiendo disculpas? ¿disculpas a un par de slytherins? Que sí, eran parte de su familia pero esa excusa nunca sirvió para Sirius respecto a Regulus, hubiera imaginado que tampoco servirían con James respecto a esos dos.
—No es a nosotros a quien deberías pedir disculpas— respondió la bruja con seriedad.
Todo en ella gritaba juicios de valor. Era como si encarnara los altos índices de la moral, las buenas costumbres y el comportamiento. Remus y James no podían negar que Sirius tenía razón: esa bruja era tan acartonada que temía que se quebrara a la más mínima afrenta. Era como estar junto al miembro más estricto y rígido de cualquier familia sangrepura.
—Ustedes no conocen a Queji… es decir, ustedes no conocen a Snape como nosotros. No conocen a ninguno de los slytherin como nosotros— intentó explicar James y, en el fondo, justificarse a sí mismo por qué decidía ser amable con dos corbatas verdeplatinas. La respuesta era que esos dos no sólo eran familia lejana sino que eran slytherins hace muy poco tiempo, en consecuencia, las mañas no deberían habérseles pegado aún... ¿no?
—Es verdad— asintió Harry—, y no creo que lleguemos a conocerlos demasiado en un solo año.
—¿Entonces por qué lo defienden? ¿Por qué intervinieron si ustedes…?— comenzó a preguntar acusatoriamente pero decidió callarse de repente, no deseaba volver a comenzar un enfrentamiento.
—Porque era lo justo, heredero Potter— comenzó a decir Hermione—. Mi hermano lo dijo: somos Potter, somos Black y somos Slytherin. Me atrevo a decir incluso que, fuera de estas paredes, somos Hogwarts también al ser sus estudiantes, lo representamos. Una cosa no niega la otra, es nuestra herencia, lo que somos.
—En algún momento deberán elegir. Hay contradicción en todo lo que acabas de decir aunque no lo vean o sientan. Son tiempos… oscuros… y de nada servirá intentar mantenerse neutral.
A sus ojos eso era lo que estos hermanos intentaban hacer: mantenerse neutrales como muchos en slytherin. Tal vez era la forma que tenían para lidiar con lo que él consideraba una terrible contradicción: tener sangre Black y Potter.
—No lo creo— dijo Harry convencido—, después de todo, el destino de nuestras familias no está escrito en piedra y sellado con magia.
Con esas palabras, ofreció su brazo a su hermana para retirarse.
—Un placer habernos presentado finalmente— dijo Hermione y agregó sonriendo—: será en una próxima ocasión que tengamos oportunidad de volver a hablar, ¿quién sabe? Podrían conocer a nuestra madre y entender por qué somos lo que somos.
—Realmente, sería un encuentro digno de ser recordado— agregó Harry riendo como si fuera el mejor chiste del día—. Nuestros saludos a Sirius Black, aunque él no lo crea o ustedes tampoco, nuestras intenciones sí son buenas— miró a Hermione y concluyó para estupor de Remus y James—: Travesura realizada.
Sin darles tiempo a que reaccionaran a esas palabras, ambos hermanos fueron al encuentro de los otros dos slytherin que no se alejaron demasiado. Debían asegurarse que Henry y Hermione no tuvieran problemas con los Merodeadores aunque los motivos de Regulus y Snape eran completamente diferentes entre ellos.
Fue sólo unos segundos después de verlos alejarse que James y Remus se vieron a los ojos aún confundidos:
—¿A-acaso… acaso ellos citaron la clave del Mapa?
—No… no creo… no, Moony… eso es imposible pero…
—Tal vez… tal vez nos han escuchado decirlo alguna que otra vez… no hemos sido cuidadosos y tal vez pudimos decirlo cerca de ellos y…
—Sí… sí… tienes razón… no hay motivos para… para
—Para creer que saben del Mapa.
—No… no lo creo pero, por las dudas, no se lo mencionemos a Canuto o Colagusano… se pondrían paranoicos y la situación está tensa como para agregar más fuego al caldero.
—Sí, James… será lo mejor— asintió Remus mientras tragaba duro—. Busquemos a esos dos, ¿quién sabe cuánto tome hacer las paces con Canuto?
Así fue como ambos magos se giraron rumbo a la Torre de Gryffindor, convenciéndose hacia sus adentros que sólo fueron casualidad esas últimas palabras de Henry Potter.
N/A: ¡Hola a todos! Cómo estás mis queridos lectores… lectoras? Ha pasado muchísimo tiempo desde la última actualización de esta o de cualquiera de mis historias. ¿sigue alguien ahí?, espero que sí. Como pueden leer, sigo viva y con ganas de continuar pero con escaso tiempo. (En lo profundo desearía que existiera la computadora de Star Trek: The next generation y poder dictarle todo lo que se me cruza por la mente pero no). Disculpen con sinceridad mi larga ausencia, no es justo, lo sé... demasiadas responsabilidades y tan pocas horas en el día, necesito un giratiempo, ¿alguien me lo presta?.
En fin: millones de gracias a cada uno por su paciencia, por su fe en mí, por todo. Gracias SH97, Megara03, Alexa SixT, TsukihimePrincess, Kokuyoseki no ketsueki, JuliaLestrange, tenshin anime, Natalia MerVel, Paola, La Fantasia final de Kefka, andreacantoral501, yoxo, Abril Elena, galiciato, Calypso Nigthstar, , MilyWong, Hina002, estefaniawilkins, Yo, bloodyqueen0480, , Lily black, lalitarey93, Moonse, Akshata Rauthan1, Miracoli, nurse82, xSouh, lunatico0030, Andreablack00, Schlaf Ruternless, Cinnamonheart, Mitzuki19, Ame y a cada anónimo/guest que me ha dejado su cariño (espero no haberme olvidado de ninguno y si así fue, mi inmenso cariño para ti que mi mente no te rescató pero mi corazón sabe que estás ahí). Les agradezco a todos la paciencia, vuelvo a repetirlo porque sé que es importante, ustedes lo merecen.
Gracias a ti también, DanaWeasley-Granger, gracias por creer en mí, por la paciencia, el apoyo diario, el beteo de ideas locas y las semillitas de otras tantas que tal vez, algún día, se conviertan en historias bien desarrolladas.
Las demás historias no están abandonadas… Remus se verá con Hermione en el Tiempo y sus secretos y Tracey encontrará su camino junto a una Hermione que acepta día a día su destino en Rosas y espinas.
Como siempre
¡Gracias por llegar hasta aquí!
¿Dejan un review que alimente a las musas
como las chucherías a las lechuzas?
¡Un saludo a todos, chicos!
