Cosecha
Los sueños empezaron junto con mi vuelta a la rutina habitual.
Meditación del amanecer, desayuno, clase con alguno de los sacerdotes, almuerzo, tareas compartidas en el templo, descanso, entrenamiento, meditación del crepúsculo y cena.
Esos eran mis momentos de paz porque a veces, la mayoría de las veces, si me quedaba dormida, mi mente me atormentaba con esos sueños horribles que no tenían ningún sentido.
Así que reducía mi sueño a las horas mínimas indispensables y me esforzaba mucho más en los entrenamientos. Estando cansada dormía profundamente y si soñaba algo no era capaz de recordarlo.
—Me preocupas —confesó Dúa. Ambas nos apresurábamos colina arriba, el sacerdote Buhel nos había llamado para preparar el Festival de la Cosecha.
—No tienes de qué preocuparte, ya te lo he dicho. Sólo quiero estar centrada y convencer a Urbosa de que me lleve con ella tras el festival.
—Pero no descansas lo suficiente. No creas que no me doy cuenta de toda la infusión del vigía que tomas. Vas a terminar mal, ¿sabías que esas semillas tienen otros efectos indeseados? No hay más que ver la velocidad a la que hablas a veces. Además, descansar tan poco no es conveniente.
—Estoy bien, ya te lo he dicho, te preocupas más que Raris cuando derrama la sal.
Buhel quería que hiciésemos una ofrenda colectiva a las diosas. Debíamos ponernos en círculo, recitar unas palabras o algo así. Era tremendamente aburrido. Hasta los guardianes se aburrían, vi bostezar a Bakoron y a Kylan un par de veces. Involucrar a los guardianes significaba que tenían que participar en nuestra ceremonia, así que nos habían asignado una pareja a cada una. Buhel llegó una mañana con una lista de parejas y nadie pudo protestar, pero se notaba a leguas que existían los favoritismos de siempre, porque antes de que el maestro lo anunciase, sabía de sobra que Penta estaría con sir Warden y Huna con Kylan. No es que menospreciase a los demás, pero ellas habían elegido y eso no era justo.
—¿Estás lista? —dijo Bakoron a mi lado.
—Sí, sólo me había distraído un poco.
Por suerte me había tocado él. Era el más simpático de todos y pienso que empezaba a tenerle afecto, me recordaba un poco a mis hermanos. Tría radiaba felicidad al estar al lado de su ídolo el pájaro idiota, y casi se podía decir lo mismo de Dúa con Link. Desde que se lo habían asignado se pasaba el día emanando rayos de felicidad. Y no le veía ningún sentido a eso, porque él se comportaba todo el tiempo como esa persona extraña y ausente que no tenía nada que ver con alguien que había hurgado en mi guarida secreta y robado todas mis cosas. Ni siquiera ser pareja de alguien tan cariñoso como Dúa parecía modificar su actitud de soldado repelente de mirada vacía.
Yo esperaba que mi pequeña obsesión con él se esfumase tras mi retiro en la biblioteca, pero ahora se me aparecía en los sueños. Sí, eso es, podía pasar días enteros evitándole, pero terminaba viéndole de todos modos. En los sueños no hacía nada especial, tan solo aparecerse a mirar con su cara de bobo. Entonces es cuando solía despertarme.
Tras la cita con Buhel nos dirigimos al campo de tiro. Ese día mi entreno con el arco fue relativamente bien. Revali había dejado de increparme cuando vio que mi nivel no era tan bajo como él había presupuesto.
—Dúa ha mejorado mucho con el arco —dijo Tría a mi lado.
—Eso es porque Link la ha estado ayudando —intervino Huna —sé que a veces tras sus prácticas con el don, él se queda un rato más para darle consejos. Tiene suerte porque Link es muy guapo. Es como un príncipe, si no me hubiera tocado Kylan me habría gustado mucho que fuese él mi pareja para la Cosecha.
—Para mí sería un problema —carcajeó Tría —es demasiado callado.
—Cuando quiere puede ser muy elocuente —dije. Ambas me miraron extrañadas —además, todo eso de la pareja es una tontería. Sólo es una ceremonia más de las miles que celebramos.
—Pero habrá un baile, y el maestro Aurus me ha dicho que podremos tener una cena en el patio, todos juntos. Casi me recuerda a las celebraciones del castillo de Hyrule… —suspiró Huna.
Lo de los bailes con pompa y todo eso me daba igual, pero las celebraciones de la Cosecha sí habían traído algo bueno. Todo el mundo estaba distraído con preparativos y pude escabullirme con facilidad siempre que quise. No volví al borde y lo echaba de menos, pero no quería toparme con él, así que busqué sitios alternativos, como la colina que ascendía hasta el observatorio, o el bosque donde acampaba Urbosa cuando estaba de visita.
En pocos días había construido un planeador nuevo. Los materiales eran algo peores, era muy difícil conseguirlos. En construir el anterior planeador tardé casi un año, ahora no disponía de tanto tiempo. Si todo iba como era debido, podría llegar a probarlo y ya había dado con el momento perfecto: la noche de la fiesta de la Cosecha. Lo tenía todo pensado: mientras los demás estuvieran de celebración, yo podría ascender hasta la falda del Pico Nevado. No demasiados metros, sólo hasta la cornisa sobre el puente que bordea el río. Era un momento ideal para hacer la prueba, porque pronto empezaría a hacer frío y todas las laderas de la montaña se cubrirían de blanco. Necesitaba un suelo bien despejado para poder aterrizar sin peligro.
—Te tiemblan las manos.
Mierda, ¡era él! Casi tuve que pellizcarme para ver si no era otro sueño surrealista en el que Link se aparecía a mi lado como un fantasma.
—Para nada. —susurré, evitando mirarle. Notaba cierto hormigueo en las manos por la infusión del vigía.
—Has sido más imprecisa porque te tiemblan.
Miré a los lados por el rabillo del ojo. Me había apartado bajo la sombra de un árbol tras mi turno de tiro con arco y al parecer él estaba de guardia por ahí. Volvía a ser el turno de Dúa y las demás estaban pendientes de las explicaciones de Kylan y Revali.
Link no se inmutó ni siguió su ronda, siguió en el mismo sitio. Había conseguido esquivarle con éxito durante mucho tiempo y al parecer tendría que aguantarle. Resoplé y no dije nada, pero tampoco quise apartarme. Bastante tenía con no poder ir al borde como para no poder estar bajo la sombra donde me diese la gana.
—Estuviste castigada, faltaste dos semanas —dijo, mirando al frente, con su aire distraído.
—No.
—Pues nosotros pensamos que sí.
—Entonces pensasteis mal.
No tenía por qué dar explicaciones de mis trabajos con Uthef en la biblioteca, y mucho menos a alguien como él. Cada vez tenía más claro cuál era su rol en la Meseta: espiarnos. Era otro tipo de vigilancia más sutil, estaba segura de que ninguna de mis compañeras lo sospechaba.
—Sé que encontraste mis cosas —murmuré, sin poder reprimirme más. Desde mi vuelta sólo me había dedicado a tratar de negar su presencia, pero en el fondo siempre me había guardado ese reproche.
Al parecer mi comentario había perturbado un poco su humor.
—Son objetos peligrosos. No sabemos dónde se esconde el enemigo y el rey de Hyrule fue muy claro en ese sentido.
—¿Qué? —tuve que soltar una carcajada por lo bajo —mis tonterías son objetos peligrosos y los destruiste por orden del rey. No sabes lo poco creíble que suena eso.
—No se trata de eso —vi cómo se tensaba su mandíbula —sino que el enemigo entró al castillo a través de algún punto débil. Un descuido tonto puede ser suficiente, cualquier distracción serviría. Podría estar escondido aquí también y aprovecharse del exceso de confianza.
—¿Crees que está aquí escondido? ¿En serio?
—No lo sé.
—Pues no soy un enemigo oculto, así que mis cosas no son ningún peligro para nadie.
—No me refiero a eso —resopló, empezando a perder del todo máscara de guardián.
—Da igual, ya las habrás quemado.
—No creo que seas un enemigo oculto.
—Pues contigo no lo tengo tan claro.
Me miró asombrado y tuve que contener otra carcajada.
—Es que no entiendo por qué te resulta tan complicado seguir las normas. Ya te dije que el enemigo se aprovecha de eso, de cualquier mínimo error o accidente. Lo sé por experiencia.
—Ve a decírselo a tu jefe, ¡corre! —estallé —aún no me explico por qué no lo has hecho ya. O tal vez es porque temes que él piense que en realidad eres un incompetente.
Por suerte Onorim me salvó a tiempo, nos llamó a todas para formar un círculo y así dar acabadas las prácticas del día. Cuando volví a mirar hacia la sombra del árbol, Link ya no estaba.
Los días pasaron y al fin llegó el día del festival de la Cosecha. Durante todo ese tiempo Link volvió a comportarse como si todas fuésemos invisibles, o bueno, sobre todo yo. Mejor así, me sentía mucho mejor después de haber podido echarle en cara lo de mi vieja guarida secreta. Eso sí, tenía la certeza de que tal vez él podía estar implicado con ese enemigo invisible que se habría colado en el castillo de Hyrule.
Era una teoría que no me había atrevido a compartir con nadie, tan sólo le pedí a Dúa que me contase cualquier cosa fuera de lugar que notase de Link cuando él la vigilaba en sus prácticas del don, o cuando ensayaban su parte en la ceremonia de la Cosecha. Me preocupaba que él consiguiese aprovecharse de ella, o que estuviera recabando información para un enemigo oculto. Eso explicaría de una vez por qué no me delató a Sir Warden: era mucho mejor ser invisible, moverse con sigilo. Era como si todas las piezas del rompecabezas encajasen de repente. Seguramente había localizado mi guarida mientras inspeccionaba la Meseta en busca de sitios para esconder a los enemigos.
Esa tarde, antes de que se pusiera el sol, acudí con mi túnica ceremonial a esperar la llegada de Urbosa. Sabía que había sido invitada al festival, y aunque dejaría a gran parte de la tropa custodiando el desfiladero que permitía la entrada a la Meseta, los sacerdotes habían enviado un mensaje invitando a todas las gerudo.
Cuando vi su figura alta recortándose contra el naranja de los últimos rayos de sol, corrí a abrazarla.
—¡Pajarito! ¿Y esta efusividad?
La había echado demasiado de menos. Con todos los cambios de las últimas semanas me había sentido más lejos de casa que nunca y necesitaba a Urbosa.
—¿Estás bien? —levantó mi barbilla para poder mirarme.
—Sí —me limpié las lágrimas. Ni siquiera me había dado cuenta de que se me habían escapado.
—¿Seguro?
—Sí, ha sido una tontería, no te preocupes.
—Estás muy guapa. ¿Te has puesto flores en el pelo?
—Ha sido idea de Dúa —dije, sintiendo vergüenza. Se había empeñado en hacer una corona con flores silvestres para cada una de nosotras.
—Vamos, cuéntame cómo has estado estos días. Tenemos un rato antes de que empiece la ceremonia.
Le hablé de los guardianes, de lo desagradable que era estar sometida a tanta vigilancia. Le hablé de mi trabajo en la biblioteca, del castigo de Uthef. Le dije que habíamos hecho las paces, pero ella insistió en que tendría algunas palabras con él al respecto. Le conté mis mínimos progresos con el arco, y conseguí convencerla para que en su próxima visita me prestase una daga pequeña con la que poder practicar.
—¿Y qué tal con los guardianes? ¿Algo más aparte de que su presencia te resulta insoportable? —bromeó.
—Pues sí —dije con seriedad —no me fío de ellos. Dijiste que eran de fiar, pero no tenemos pruebas de que en realidad no sean espías enemigos.
—Sir Warden es amigo mío. Y es un soldado muy honorable, sabe elegir bien.
—No es él quien me preocupa. Hay otros con un comportamiento muy extraño. Parece como si tramasen algo, como si nos estuvieran espiando.
—¿Quién espía? —carcajeó.
Suspiré y desvié la mirada. Sabía que ella no me tomaría en serio hasta que no lo demostrase con pruebas. Pero algo no iba bien, estaba segura.
—Zelda, mírame —dijo, sosteniéndome la mejilla —sé lo extraño que es esto. Y por una vez te doy la razón en que tantas medidas pueden resultar agobiantes. Bastante raro es ya vivir aquí, un lugar desconectado de la realidad. Pero créeme que es por un bien mayor.
—Yo no he elegido venir aquí —resoplé.
—Cuando pasen unos años, si todo está tranquilo, podrás marcharte. Podrás ser parte de mi ejército o volver con tu familia. Lo que tú decidas.
—¿De verdad?
—Sí.
La abracé con fuerza y sentí su risa contra mi cara.
—Tu madre no querría verte así jamás —susurró, acariciándome el pelo —traerte aquí era necesario, pero si eres infeliz, estoy segura de que habría dejado que tú decidas una vez alcances la mayoría de edad.
—Gracias, Urbosa.
La ceremonia comenzó una vez se puso el sol. El sacerdote Kagel sacó su violín, y su hermano, el sacerdote Buhel, le acompañó con la flauta. Habían encendido hogueras, todo estaba decorado con flores. Los aldeanos también acudieron, por supuesto. Iban con sus mejores ropas, las mujeres habían trenzado sus cabellos. Había un suave aroma a flores en el ambiente. Reconozco que era bonito. Nosotras esperábamos en el porche de la entrada al templo, hasta que el canciller nos llamó. Los siete sacerdotes caminaron en primer lugar, presididos por el maestro Aurus. Después acudimos nosotras de la mano de nuestras parejas, en el mismo orden que tenía nuestro rango.
—¿Hay ceremonias de la cosecha en Ciudad Goron? —pregunté a Bakoron.
—¡No! Pero celebramos otras cosas distintas, como el día de la Gran Roca, o el homenaje al Dragón de Lava.
—Seguro que es bonito —sonreí. Y pensé que era una pena que mi vida tampoco me permitiese poder viajar y ver cosas así.
Por orden de jerarquía, cada pareja pronunció sus plegarias, tal y como habíamos estado practicando. Kylan cantó una canción junto a Huna, y bueno, reconozco que ambos tienen una voz bonita. Dúa llevaba en la mano una rama seca de jazmín, y con su don consiguió que floreciese. Fue precioso, jamás pensé que su don hubiera evolucionado hasta el punto de poder sanar a otros seres vivos, como árboles o plantas. Se llevó una gran ovación por parte de los aldeanos y también mía, me sentí orgullosa al ver que todos podían admirar su increíble don. Tría conjuró una columna de aire y Revali se elevó usándola para disparar una flecha de fuego que encendió una lámpara de aceite. Al fin llegó mi turno y el de Bakoron. Habíamos decidido preparar una plegaria al Dragón del Fuego, y habíamos escrito unos versos. Mientras los pronunciábamos, fui encendiendo una a una las demás lámparas de aceite, y toda la plaza central quedó iluminada por el fuego. Cerraron el ritual Penta y Sir Warden, que desenvainó su espada. Leyeron unos versos muy antiguos, que hablaban sobre el Héroe ancestral y la Diosa Hylia.
Pasadas las formalidades, llegó la fiesta. Siguió la música, y hubo comida en abundancia para todos. El reducido grupo gerudo que había acudido llevó sus tambores de piel, y encendieron sus propias hogueras, un poco alejadas de la plaza.
Fui a buscar a Dúa, que seguía amarrada a Link. Le hice varios gestos de desesperación para que se desprendiese de él y viniese a hablar conmigo.
—Ha sido muy bonito, ¿verdad? —me dijo, una vez estuvimos a solas.
—Sí, supongo —suspiré —Dúa, voy a llevar a cabo mi plan.
—¿Esta noche? ¿Estás segura?
—No hay un momento mejor. En cualquier otro instante habrá vigilancia por todas partes. Ahora es el momento, no creo que haya otra oportunidad así en muchos meses.
—Pero…¿lo has pensado bien? Estamos pasándolo tan bien ahora que no sé…
—Vale. Como te dije no es obligatorio que me acompañes. Puedes quedarte aquí si así lo deseas.
—Link va a darse cuenta de que tramo algo contigo.
Asentí con la cabeza y no dije nada más. De repente me sentí un poco mareada. Ahora era más importante lo que pudiese sospechar Link que un plan que habíamos hecho juntas desde hacía mucho tiempo atrás.
—Tetra, no te enfades conmigo… —dijo Dúa, notando mi cambio de humor.
—Para nada —forcé una sonrisa.
No podía seguir ahí ni un minuto más. Me dieron unas ganas absurdas de llorar, no sé por qué, pero me las tragué y puse en marcha el plan yo sola.
Urbosa estaba entretenida con Sir Warden y Bakoron, los sacerdotes desperdigados en medio de la fiesta y mis hermanas demasiado entretenidas con sus parejas como para pensar en nada más. En un par de pasos llegué a la nueva guarida.
Me eché la capa por encima y saqué con cuidado el planeador. Lo peor era tener que llevarlo hasta lo alto del Pico Nevado, tenía que idear algo para transportarlo mejor en un futuro.
Corría un viento helado por la ladera de la montaña. La cima clareaba con nieve, era una montaña alta, de nieves perpetuas. Yo sólo tenía que ascender un poco por la ladera sur, subir hasta el Puente de Nayru, uno de los pasos que llevaban al sendero principal. Hacía bastante frío allí, nada que ver con la temperatura aún veraniega y tolerable del resto de le la meseta. Diablos, debería haber pensado en algún invento para medir la dirección del viento. Me fijé en las copas altas de los pinos, apenas se movían, así que no habría problemas con las ráfagas de aire. Al fin crucé el puente, el Río de Cristal discurría debajo, una corriente helada que manaba desde el corazón de la montaña, brotando de un lugar oscuro en alguna parte de la ladera. El agua era ruidosa, se formaban rápidos, la nieve que se derretía en verano hacía que el río estuviese más crecido que nunca, y la pendiente y las rocas lo volvían salvaje en la ladera. Desde ese punto vislumbré una cornisa, era el lugar que Dúa y yo habíamos pensado para realizar un descenso de prueba, sólo queríamos planear unos pocos metros y aterrizar al pie de la montaña. Con cuidado puse el planeador en el suelo y comencé a desplegar la tela, extendiéndola con cuidado.
—¡Tetra!
La voz de Dúa se confundía con el ruido de la corriente, pero no pude evitar sonreír con fuerza al verla aparecer al fin.
—¿Lo has pensado mejor?
—No estoy convencida —refunfuñó, se acercó jadeando por la carrera —pero me da miedo que hagas esto tú sola.
—Ayúdame a colocar el planeador.
Había llegado la hora. Sólo tenía que dar un pequeño salto y dejarme caer por el borde de la cornisa. Tomé aire y miré hacia las estrellas. Me temblaron un poco las piernas, pero no podía pensarlo más.
De repente noté cómo una fuerza repentina golpeaba las alas del planeador por debajo, levantándolo hacia arriba. Tuve que sujetarlo con fuerza, pero a los segundos, me di cuenta de que funcionaba a la perfección. Diosas, mis pies estaban lejos del suelo. Me moví con velocidad ladera abajo, tal vez debía hacer que la proa fuese más afilada, así podría maniobrar mejor. Detrás de mí oía los gritos y la risa de Dúa, hasta que algo empezó a torcerse. Una racha de viento se levantó deslizándose por la ladera de la montaña, y el pico del planeador se levantó sin que yo pudiera hacer nada. Oí un chillido, y también grité yo. Me había desviado bastante, me movía sin remedio hacia el puente. Conseguí torcer lo suficiente como para dirigirme allí, el suelo quedaba lejos en los extremos y si caía me haría mucho daño. El pico del planeador chocó contra la madera dura del borde del puente, sonó como un golpe sordo, y lo siguiente que noté fue el agua helada del río entrando en mi nariz y boca. Todo fue confuso, la corriente me arrastraba y me quedaba sin aire, hasta que algo tiró de mí. Era Dúa, que se zambullía con su habilidad natural.
—¡Agárrate bien! —gritó.
Me empujó hasta que pude aferrarme a una roca en la orilla, entonces, todo pasó muy rápido. Hubo como un crujido y un pino alto y oscuro se desplomó, derrumbando parte del puente, y sepultando a Dúa debajo.
—¡Dúa! —grité.
Como pude intenté acercarme al puente. Era inútil, la corriente era demasiado fuerte, estaba aturdida y no podía mover las piedras ni aquel tronco gigantesco yo sola. Salí a la orilla y empecé a llamarla a chillidos, pero no la veía, ni tampoco aparecía corriente abajo. Diosas, debía estar atrapada debajo del puente.
Eché a correr en dirección al templo, no podía sentir los pies del frío, la túnica empapada se me pegaba al cuerpo, y lo único cálido que podía sentir eran las lágrimas que se me caían sin control por las mejillas. Dúa tenía que estar bien, tenía que aguantar. ¿Cómo diablos se había caído un pino tan enorme? Dúa era zora, podía aguantar mucho tiempo bajo el agua, pero ¿y si estaba inconsciente?
—¡Eh! ¿A dónde vas?
En la oscuridad vi a alguien acercarse, era Link, nos había seguido a pesar de todos nuestros intentos por despistarle a él y a los demás.
—Diosas, gracias —sollocé, cayendo al suelo.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Dúa?
—Ayuda, por favor.
No era capaz de articular nada con sentido. Él volvió la cabeza hacia la luz y el ruido del festival. Después me agarró para que me pusiera en pie.
—Llévame hasta allí.
Como pude arrastré a Link en la oscuridad. Cuando vio el desastre se llevó las manos a la cabeza.
—Está atrapada debajo, por favor… —supliqué. Pensé que había pasado lo peor, todo por mi culpa, jamás podría perdonarme algo así.
Link se quitó las botas y se lanzó al agua. Se sumergió varias veces, apareciendo y desapareciendo en medio de la corriente. Tal vez debería ir yo al festival y pedir más ayuda o tendría que lamentar otra pérdida más.
—¡La he encontrado! —gritó entonces.
Me quedé paralizada. Y por primera vez en mi vida recé de verdad a las diosas: juro que me portaré bien, juro que haré todo lo que me digáis, juro que cerraré la boca para siempre, juro que protegeré con toda mi alma a mis hermanas… Link no aparecía, cada segundo que pasaba debajo del agua parecía largo como un año entero. Pero al fin vi su cabeza emerger, tosió y escupió una bocanada de agua. Llevaba a Dúa en brazos.
—¡Dúa!
Con cuidado Link la dejó en la orilla. Respiraba con agitación, pero estaba viva.
—Tranquila, ya estás a salvo —dijo él.
—Voy a pedir ayuda —intervine. Él asintió y se quedó cuidando de Dúa en la orilla.
El maestro Uthef fue el primero en llegar, acompañado de Urbosa. Ella me trajo una manta seca, en la que me envolví.
Por supuesto, el accidente puso fin a la fiesta. Los sacerdotes corrieron de un lado a otro, unos llevando a mis hermanas a los barracones, los otros dando explicaciones a los aldeanos. Los guardianes nos miraron con espanto cuando Link llegó con Dúa en brazos. La llevó al laboratorio, allí es donde el sacerdote Kagel examinaría a Dúa y curaría sus heridas. Yo me quedé sentada en los escalones de piedra de entrada al edificio.
Urbosa sólo desplegó los labios para decirme "hablaremos mañana, descansa ahora". Pero no quise moverme de allí. No me movería de allí hasta no saber si Dúa se recuperaría del todo.
Tiritaba de pies a cabeza, mis ropas aún estaban empapadas con el agua helada del río. Sólo quería desaparecer, ¿cómo podía ser tan estúpida? ¿Cómo podía aprovecharme de la amistad de una persona tan buena como Dúa obligándola a hacer algo que ella no quería hacer? Merecía ser yo la que hubiera sufrido ese accidente.
Pasaron varias horas, y al fin, Link apareció por la puerta. Dio un par de zancadas y se quedó mirando al frente, al vacío.
—¿Cómo está? —murmuré.
—Sólo tiene un brazo fracturado. Quedó atrapada bajo una piedra y por eso no pudo soltarse ella sola.
—Gracias a las diosas —suspiré con alivio.
Él dio unas cuantas zancadas más, marchándose de allí sin más.
—¡Link, espera! —se dio la vuelta para encararme, pero casi prefería que no lo hubiera hecho, porque sus ojos azules relampaguearon de tal manera que sentí un escalofrío —muchas gracias. Gracias, de verdad.
—Te lo dije. Te dije que era peligroso jugar así —gruñó —y esto es lo que has conseguido. Espero que estés orgullosa.
No pude responderle porque las palabras se ahogaron dentro de mi garganta. Además, tenía razón. Él se dio la vuelta y se perdió en la oscuridad de la noche.
Nota:
Bargo, gracias por tu review! Pues sí, Tetra es un personaje bastante imperfecto que, como todo personaje, ha de evolucionar con el conflicto de la historia. Además de haber vivido aislada pues es aún joven, de ahí que haga tantas tonterías xD Un abrazo, -J.
Mimmary, ¡espero que estés bien! Me da un poco de cosa que hayas estado en el hospital, espero que te hayas recuperado y todo quede en un susto. Por otro lado me extraña mucho lo que dices de Wattpad, siempre publico ahí primero los capítulos porque mis followers de allí me quieren más xDD (es coña... o no xD). En serio, es cuestión de minutos, pero siempre subo antes los capítulos en la otra plataforma. Un abrazo, que te mejores -J.
