Puerta al Amanecer

Sé que tardé en reaccionar, estaba como en shock.

De repente sólo sabía que Link me arrastraba tirando de mi muñeca en medio de un enorme caos. Los aldeanos gritaban aterrorizados, los monstruos habían prendido fuego a sus casas. Era de noche y las llamas se alzaban altas, como los gritos de la gente. Él se deshizo de tantos monstruos se cruzaron en su camino, mientras parecíamos correr hacia el origen del estallido.

La plaza estaba llena de moblins oscuros como lobos con los ojos brillando en la oscuridad.

—No te muevas de aquí.

Link me soltó en un sitio que le pareció oportuno para poder manejar sus armas a dos manos. ¡Era como en las pesadillas! ¿De dónde habían salido todos esos monstruos? ¿Cómo… cómo habían podido derrumbar el Templo del Tiempo?

—Asiente si me estás escuchando —de repente Link me devolvió a la realidad. Estaba frente a mí zarandeándome y no sabía cuánto tiempo llevaba haciendo eso.

—No… no estaba escuchando.

—La plaza vuelve a ser segura, vamos al templo.

Volvió a arrastrarme como si yo no tuviera voluntad propia. En ese momento es que no la tenía, porque no estaba segura del todo de que eso no fuese otra de las pesadillas.

—¡Urbosa! —chillé cuando vi enormes piedras bloqueando las escaleras de acceso al Templo del Tiempo. Me solté de la garra de Link y eché a correr llamando a Dúa y a Urbosa.

—¡Para! ¡Puede haber más monstruos ahí! —gritó Link a mi espalda.

No había monstruos, pero sí una montaña de escombros, fuego y polvo. Parte de la cúpula central se había roto por su cara este, aunque el techo aún se mantenía, así como la torre central. Sin embargo, todo el interior del templo estaba tapado con piedras, paredes y cristales. Los fuegos terminaban de consumir los tapices y la madera del interior.

—¡Para de una vez! —Link consiguió atrapar mi brazo otra vez y me frenó con brusquedad, haciéndome daño —¿no ves que podría derrumbarse el techo? No sabemos si es seguro.

—¿Qué les ha pasado? —murmuré —estarán bien, ¿no? Han escapado a tiempo…

—Pues… no lo sé —admitió de mala gana —pero no podemos entrar ahí ahora.

—Vamos a buscar a Dúa, estará en los barracones, se habrán escondido allí.

Urbosa tenía que haber escapado, era imposible que estuviera bajo esos escombros. Era lista, fuerte y rápida y no… no estaba allí. No podía ni pensar algo así. El edificio de los barracones y el templo de meditación se mantenían en pie, pero también había pequeños incendios que nos hicieron saber que los monstruos lo habrían registrado.

—Espera aquí afuera.

—¡Ni hablar! Voy a buscar a Dúa, no me pienso quedar aquí.

—Pero pueden quedar moblins ahí dentro.

Me adelanté y eché a correr hacia los dormitorios. Había camas revueltas, cosas rotas. La horda lo había pisoteado todo. Pero al menos no vi cuerpos, ni sangre, ni rastro de ninguna de mis hermanas. Link también parecía desesperado, no había parado de buscar a sus compañeros y de llamarlos con un silbido penetrante que podría haberse oído desde la cima del Pico Nevado. Por un instante tomó aire, como si estuviera poniendo orden en su cabeza, y se agachó para examinar mejor lo que nos rodeaba.

—Se las han llevado, estoy seguro —determinó.

—No las han matado.

—No creo.

—¿No crees o no lo sabes? Si lo sabes dímelo ahora mismo —dije, pegando un tirón de su camisa —no soy una cría, quiero saber la verdad.

—No, ¡calma, maldita sea! —se desprendió de mí con brusquedad —no lo creo, es la verdad, no estoy intentando endulzarte la realidad como si fueras una dama de la corte. Lo que ves es lo que hay, y ves lo mismo que yo. No hay sangre, pero sí huellas de un forcejeo, si quisieran matarlas las habrían hecho volar en pedazos, como en el templo.

Sentí un escalofrío. "Como en el templo".

—Voy a buscar a Urbosa.

—Oye, escúchame un segundo —dijo, volviendo a atrapar mi muñeca —no podemos tocar ni una piedra ahora, ¿lo entiendes? Yo te ayudo a buscar a todo el mundo si hace falta, todos los guardianes han desaparecido y estaban afuera como tú y yo. Tal vez alguno de ellos sabe qué ha pasado ahí dentro. Pero si te metes en el templo tú sola tendré que seguirte y moriremos los dos aplastados.

Suspiré e intenté serenarme un poco, sabía que Link tenía razón. Salimos de allí, al fin pude reaccionar y moverme por voluntad propia. Seguí a Link hacia la aldea, donde los aldeanos habían formado hileras hasta el río para llenar cubos de agua. Entre todos fueron apagando los fuegos de sus casas. Había cadáveres de moblins en el suelo… y por desgracia también de algunos aldeanos que no habían sobrevivido a la emboscada. No pudimos hacer más que unirnos a los demás para ayudar a evitar más incendios y desastres.

—Quédate aquí, voy a mirar en el bosque y por los alrededores —dijo, volviendo a desenvainar la espada.

—¿Qué? Ni hablar, yo también quiero mirar en el bosque.

—No, tú sigue ayudando, no voy a tardar nada y volveré a buscarte. Estoy seguro de que no quedan enemigos, estos de aquí sólo fueron una distracción para que el resto escapase con tus hermanas. Estoy casi seguro de que los guardianes también han sido apresados o han ido a buscarlas, pero he de mirar por si queda alguien.

—Ya no tengo por qué recibir órdenes de nadie —protesté, y vi que él se achantaba un segundo —aun así, tienes razón. Ayudaré a esta gente y esperaré a que vuelvas con noticias.

Apagamos los fuegos y conseguimos ir localizando a los heridos poco a poco. Hubo cinco víctimas mortales, los demás tenían quemaduras, o algún golpe en la cabeza o en el costado.

—Lady Tetra, sentaos y descansad un poco —me dijo Ed el panadero, tendiéndome un pellejo con agua —está todo bajo control… dentro de lo que cabe.

Al poco vi a Link y a otro aldeano cargando un cuerpo malherido. Me puse en pie para guiarles hacia un lugar donde habíamos reunido mantas y agua, donde habíamos atendido a los demás heridos. La sorpresa fue descubrir que el herido era el maestro Uthef.

—¡Maestro! —me arrodillé a su lado. Tenía un golpe muy feo en la cabeza, algo como para dejarte inconsciente durante un mes.

—Has escapado… —murmuró.

—¿Escapado? Estaba lejos cuando todo ocurrió.

Tosió y le di agua del pellejo que me había traído Ed.

—Maestro Uthef, ¿recordáis qué ha pasado? —preguntó Link.

Uthef se tomó su tiempo para poder aclararse, yo coloqué un manta enrollada bajo su cabeza para incorporarle un poco.

—Estábamos en el templo —dijo al fin —seguíamos discutiendo tu expulsión. Lady Urbosa insistía en que fuese algo temporal, que te dejásemos vivir con los aldeanos un tiempo antes de tomar la decisión definitiva. Yo… la apoyaba…

—Gracias, pero eso no importa ahora —dije, apretando su mano.

—Nuestras normas son estrictas, tras una votación no podemos rectificar. Ella se enfadó, salí tras ella para tratar de dialogar y entonces vi un halo de luz muy potente, como una energía…

—Una energía… —murmuró Link.

—Sí, eso es. Hubo varios halos de luz, como rayos. Apuntaron al techo, y también hubo una gran explosión, no tiene lógica. El techo se vino abajo. Algo me golpeó en la cabeza, una piedra supongo. Al menos pude escapar. El canciller y los demás sacerdotes han perecido.

Me llevé la mano a la boca, no era posible. Tal vez, si mirábamos bajo los escombros… levanté la vista hacia el templo y tropecé con los ojos de Link, que negó con suavidad, adivinando mi intención.

—Es como dice el maestro —intervino el aldeano que había traído a Uthef junto a Link —yo estaba por allí, tengo un huerto detrás del templo y volvía de revisarlo cuando todo saltó por los aires. Vi a lady Urbosa salir, fue hacia los barracones.

Suspiré y sentí que mi corazón volvía a latir. Sabía que estaba viva, tenía esa sensación, si ella hubiese muerto lo sabría de alguna manera.

—¿Viste a alguien más? ¿A los demás guardianes? —interrogó Link.

—Sí, ellos combatieron a los moblin hasta que vosotros llegasteis. Pero descubrieron que esos monstruos se estaban llevando a las niñas y los persiguieron hacia la entrada del desfiladero.

—¿Cómo han podido entrar por el desfiladero? Lo vigilaban las gerudo —razoné. Era la única vía de entrada a la Meseta.

—Eran muchos —dijo Link —debieron neutralizarlas. Si poseen un arma capaz de destruir el templo, no creo que las gerudo tuvieran opción.

—Hay que avisar al rey de Hyrule —dijo Uthef, justo antes de desmayarse vencido por el dolor de su herida.

Una vez los incendios se extinguieron del todo y los heridos tuvieron atención, Link decidió ir hacia la Puerta al Amanecer, la entrada al desfiladero y a la única vía de escape de la Meseta. Tuve que aguantar algunos gruñidos e impertinencias pero me dejó acompañarle. Lo que encontramos allí fue tan desolador como las ruinas del Templo del Tiempo.

—Mierda, lo han derrumbado —resopló, levantando una roca pequeña de la montaña de escombros. La examinó con el ceño fruncido y la lanzó con rabia al vacío.

—Podemos escalarlo o rodearlo —reflexioné.

—Morirías aplastada por la montaña. Ahora el camino no existe y tras esas explosiones podría haber una avalancha. No se trata de roca firme y consistente.

—Entonces apartaremos los escombros, los aldeanos nos ayudarán a abrir el camino de nuevo.

—Sí, habrá que volver a despejar la Puerta. Pero tardaremos semanas en conseguirlo.

—Semanas…

Tuve que sentarme, volviendo a estar sobrepasada. Semanas era demasiado tiempo. ¿Qué harían con Dúa y Urbosa en semanas? ¿Por qué se las habían llevado? ¿Pretendían sobornar al rey de Hyrule forzando algún tipo de intercambio? A lo mejor sir Warden y los guardianes conseguían rescatarlas y traerlas de vuelta sanas y salvas. Quería aferrarme a esa idea, pero algo me decía que era improbable, que tenían pocas posibilidades. ¿Y Revali? Él podía volar, podría volver a la Meseta y avisarnos de lo sucedido. Si no lo había hecho era porque a lo mejor él también era un prisionero. Vi cómo se tensaba la mandíbula de Link, seguramente él también tenía todas esas conjeturas.

—Sólo hay una manera de salir de aquí —determinó, con los ojos clavados en el borde del desfiladero.

—¿Cómo?

—La paravela.

—¿La paravela? ¿Qué diablos es eso? ¿Es una entrada secreta a la Meseta?

—Vamos —gruñó, obligándome a seguir sus zancadas.

—No sé a dónde quieres que vaya, no sé cuál es tu idea, si me dieses una mínima explicación lo agradecería.

—Tu artefacto volador, la paravela —dijo, como si fuese algo obvio.

—¿El planeador?

—Lo llamo paravela.

Me detuve en seco y al fin obligué a que se detuviese. Link debía aprender que yo no vivía dentro de su cabeza ni podía seguir el hilo de sus pensamientos, como él parecía asumir.

—Te recuerdo que se rompió tras el accidente de la Cosecha. Podemos construir otro, pero llevará algo de tiempo. Además, no sé si funcionaría.

—Funcionará —tiró de mí para que lo siguiera de nuevo.

—Para, ¡para! Deja de ser tan brusco —espeté —no… no puedo ni pensar por tu culpa.

—Tu paravela funcionará, la he probado.

—¿Qué?

Resopló un instante y echó a andar de nuevo. Esta vez no me arrastró, pero tuve que seguirle para no perderle de vista. Parecía decidido a no dar más explicaciones, sé que estaba preocupado y de mal humor, pero no era el único. En un parpadeo creí haber perdido a dos de las personas más importantes de mi vida, y aún no estaba segura de que no fuese así, así que no era el único en sentirse desubicado y frustrado con la situación.

Llegamos hasta el cobertizo donde dormían los guardianes. Era una cabaña amplia, cerca de la ribera del río y de la torre de la biblioteca. Él entró ahí un momento y yo le esperé afuera. Al poco apareció con mi planeador en las manos.

—No lo quemaste —dije, atónita.

—Examina que esté en buen estado, mientras voy a preparar el equipaje.

—¿Equipaje?

Desapareció de nuevo en la cabaña. El planeador, la paravela como él decía, estaba en perfecto estado. Es más, él la había modificado. Había recortado un poco la punta, tal y como yo pretendía hacer tras la prueba que hice el día de la Cosecha, y también había reforzado la estructura y el agarre. ¿Quién diablos era Link para hacer algo así? ¿De verdad la había guardado y probado todo ese tiempo? Reapareció con una mochila y una especie de zurrón alargado.

—La usaré para descender, así estaré a tiempo de seguir el rastro de los enemigos. No puedo darles demasiada ventaja o los perderé para siempre.

—¿Descender? En realidad nunca pensé usarla así, no en serio.

—Aguantará bien. Es un buen invento, mucho mejor de lo que había pensado.

—¿Y con qué derecho te crees para robarla e irla probando por ahí?

Link soltó una carcajada. Eso hizo, reírse en mi cara como si no tuviera ninguna importancia.

—El mismo que tú para construirla —dijo —los días de los guardianes también son largos y aburridos. Pero nadie nos prohíbe entrenar ni probar nuestras armas, así que no es como si estuviera haciendo algo fuera de las normas.

—Es una locura… —murmuré, sin terminar de creerme sus intenciones.

—Oye —suspiró, y me miró como si sintiese lástima —nada malo va a pasarte. El enemigo ya se ha llevado lo que quería y la Meseta vuelve a ser un lugar seguro. Debes quedarte cuidando del maestro Uthef y enviar los mensajes al rey de Hyrule, hay que contarle todo lo sucedido. Yo ganaré tiempo usando la paravela para perseguirles, me comunicaré con el castillo en cuanto tenga alguna pista clara y un modo de enviar un mensaje.

—No pienso quedarme de brazos cruzados, ¿sabes? —sentí que las lágrimas sustituían al enfado, la sorpresa, la frustración… o tal vez eran todo eso a la vez —Urbosa y Dúa han desaparecido, son lo más importante para mí. Son… son como mi familia. Jamás dejaré de buscarlas, no me importe lo que pase. Ten por seguro que si te marchas con mi paravela yo construiré otra, las buscaré yo sola, no puedo dejar que se hayan ido sin más. Lo entiendas o no me da igual, no pienso obedecer ninguna orden tuya ni quedarme atrapada aquí otra vez, sola y lejos de realidad.

Borró la cara de burla para mirarme un poco perplejo. Intenté frenar las lágrimas para no parecer una cría estúpida o algo así, pero una vez empecé a llorar ya no podía parar. Era como si de repente todo, los últimos días, hubieran estallado en ese momento. Era injusto que él pudiera ir a buscarlas hasta el final y yo no, no soportaba que incluso habiendo sido expulsada tuviera que seguir el dictado de alguien que no fuese yo misma.

—El mundo de ahí afuera es peligroso, está lleno de monstruos y de otras cosas que ni siquiera puedes imaginar —dijo. Lejos de intentar consolarme intentaba adrede sonar amenazante.

—No tengo miedo —me froté los ojos para apartar las lágrimas de una vez —ellas están ahí fuera sometidas a esos peligros. Y es por mi culpa. No tengo elección.

—No lo dices en serio… —dijo al fin.

—Lo digo tan en serio como todo. Son casi lo único que me queda, no puedo seguir aquí sin hacer nada. Tengo que buscarlas y me da igual si termino estrellándome contra el suelo.

—Otra vez vuelves a ser cabezota —resopló, frunciendo el ceño —es imposible razonar contigo.

—¿Y por qué si vas tú solo está bien? Eso está bien y es correcto, como si fueses inmune a todos esos monstruos. Pero si voy yo a buscarlas es un error —dije, sorbiendo lágrimas por la nariz —no sirvo para ser una hija de Hylia, ni para nada en realidad, ¿es eso? Has de saber que no soy una inútil y por primera vez en mi vida siento que tengo un propósito. Además, sé que ellas harían lo mismo por mí, me buscarían sin dudarlo.

—Si haces eso morirás de un modo absurdo —sus ojos relampaguearon como la noche del incidente.

—De acuerdo, moriré. Pero al menos será mi decisión.

—Maldita sea —tomó aire y arrojó la mochila y el zurrón al suelo, de mala manera —puedes retrasar la búsqueda.

—Nadie te impide buscarlas a ti solo, sin obstáculos ni cargas. Yo haré lo mismo, no te estoy diciendo que tengas que llevarme, sólo te informo de que no voy a quedarme de brazos cruzados.

—Eres idiota, sabes que no puedo permitir eso —recogió otra vez la mochila del suelo. Se metió en la cabaña, oí ruido como si lo estuviera poniendo todo patas arriba. Volvió al poco, aún enfadado. —Eres idiota del todo. Espero que si esto no sale bien admitas tu parte de culpa.

Me arrojó otra mochila vacía y unos pantalones. Creía habérselos visto a Kylan alguna vez.

—No pienso admitir nada, como te he dicho, nadie te obliga a cargar conmigo ni a mí contigo.

Se tragó las palabras, aunque lo oí maldecir varias veces a mi espalda, mientras hacía su equipaje. No pensé que tantas palabras malsonantes podrían salir de alguien como él, que aparentaba ser tan calmado y correcto.

Supuse que quería que me pusiera los pantalones, así que cambié la falda gris de aldeana por los pantalones de Kylan. Después me quedé mirando la mochila de viaje, ¿qué pretendía que hiciera con eso? No tenía ninguna posesión, sólo mi capa, y tras todo el incidente no sabía dónde estaba. Él pareció darse cuenta de eso y me trajo una, también de Kylan. Sacó pan, queso y dos pellejos llenos de agua. Lo dividió todo en dos para que pudiéramos repartir el peso. Aunque su mochila abultaba mucho más: lo vi guardando una especie de piedra gris, cuchillos, un trozo de cuerda, varios saquitos de contenido desconocido y por último enrolló una manta que sujetó con el cierre de su mochila.

—No podemos llevar tanto peso —resopló, observando el equipaje. Después de eso descartó la manta.

—Dudo que la paravela aguante nuestro peso. No fue pensada para llevar a más de una persona.

—Aguantará, ya te lo he dicho. El peso será el justo. Me preocupa más que te sueltes durante el descenso.

Iba a protestar, pero recordé mi único intento de vuelo. El viento te golpeaba con fuerza, brazos y costados, y era difícil mantener el equilibrio. Si había dos personas era aún más difícil, podría desestabilizar a Link y hacerle caer. No podía ni imaginar una situación así y empecé a sentir vértigo.

—Tal vez deberíamos esperar y fabricar otra paravela —dije, expresando parte de mi angustia en voz alta.

—No. Ya no hay tiempo. Te ataré a mi espalda y saltaremos al amanecer.

Por segunda vez me tragué las palabras. Era como una lucha interna: con él y conmigo misma. Si mostraba debilidad sería lo mismo que darle la razón y tendría que admitir que quedarme con Uthef era lo mejor. Por otro lado, si él estaba tan seguro de que saltásemos juntos era porque sentía que era posible, no permitiría que "muriésemos de un modo absurdo" como él mismo había dicho. Cerré la boca y juntos caminamos hasta el borde. Allí esperamos que hubiera algo de claridad, cosa que no tardó mucho en suceder.

—Es la hora —dijo, manteniendo el tono de enfado.

Él había unido varios cinturones, suponía que suyos y de los demás guardianes y eso fue lo que utilizó para atarme por completo a su espalda.

—Deberías dejar que mueva los brazos —protesté, al ver que él pretendía que los mantuviese rectos y aplastados contra su espalda —no soy un fardo.

—Es mejor que no.

—Imagina que surge un imprevisto. Con los brazos atados no puedo ayudar de ninguna manera.

Volvió a maldecir y dejó que soltase los brazos. No es que estuviese mucho más cómoda así, apretó las correas que nos unían con tanta fuerza que casi me hacían daño, pero intuía que poseía un número limitado de protestas con él antes de hacerle enfadar de verdad y que me dejase atada a un árbol.

Me puse la mochila a la espalda, y él se colgó la otra por delante. Dio unos cuantos pasos y yo lo seguí pegada a él, seguramente debíamos parecer una broma. Al fin se agachó para agarrar la paravela, y entonces vi el abismo con los primeros rayos de luz. Diosas…

—Deja de temblar, no vamos a caernos —protestó.

—Tú también estás temblando, no soy la única —la verdad es que podía sentir su tensión y cada mínima contracción de sus músculos contra mi cuerpo.

—Agárrate fuerte.

Me abracé a él y busqué una postura más o menos estable. No me dio tiempo de preguntarle si pensaba contar hasta un número y luego saltar o algo así, cuando quise darme cuenta el viento nos golpeó con fuerza y pude sentir el vacío en el estómago. Cerré los ojos pero los abrí de inmediato, si pasaba algo tenía que poder reaccionar. Él hizo que la paravela virase al este, sostenida por la corriente. Tal vez deberíamos haber saltado desde un lugar más cercano a la Puerta al Amanecer, pero Link no se fiaba por si los enemigos habían acampado en las inmediaciones. Haber saltado por ahí habría sido como aterrizar en la boca del lobo. Cada vez que acelerábamos él elevaba un poco la proa, equilibrando la caída, de forma que el descenso se ralentizó. Planeamos bordeando las rocas de la pared de la Meseta, trazando su circunferencia. Faltaban pocos metros, íbamos a conseguirlo, Link también lo pensaba porque empezó a reírse.

—¡Wooooo! —chilló, justo antes de que sus pies rozasen el suelo.

Intenté seguirle en su carrera, pero era difícil, el terreno era irregular y me había atado tan fuerte que no tenía ninguna libertad de movimiento. Terminamos tropezando y cayendo como una maraña en el suelo. Se me clavó una piedra en la rodilla y fue como si me hubieran golpeado con un mazo.

—No pensaste en el aterrizaje —me quejé.

De un tirón liberó las correas y al fin pude abrazarme bien al suelo.

—Lo hemos conseguido —respiró aliviado, con la espalda en el suelo. Su pecho se elevaba aún arriba y abajo, agitado por la adrenalina —lo hemos conseguido, maldita sea…

—No podremos llevarnos la paravela, pesa demasiado —me lamenté.

—¿Te has hecho daño? —se levantó, sacudiéndose la ropa.

—Para nada, estoy perfectamente.

Quitando el dolor de la rodilla era así, pero sólo era un golpe y no tardaría en estar bien del todo. Considerando lo que acabábamos de hacer podía decirse que debía sentirme agradecida de que no se me hubiera roto nada.

—Bien. Seguiremos hacia al este. No debemos perder el rastro.


Nota:

¡Hola! Este jueves estaré perdida en una montaña (espero poder volver de allí, jajaja), y esta semana voy a tener muy poco tiempo para dedicar a esto, así que os dejo el capítulo de esta semana por anticipado.

En general en el mes de Septiembre estaré más ocupada de lo habitual, así que iré poniendo los capítulos conforme vaya viendo los huecos (espero que con normalidad cuando sea posible).

Un abrazo!

-J.

PD: Nightzz27, qué alegría leerte por aquí! Muchas gracias por darle una oportunidad a la historia, te responderé con más calma ;)