Presa.
Mientras su consciencia le dictaba que esas sensaciones que le provocaba ese hombre estaba mal, su cuerpo la traicionaba en cada encuentro que tenían por cada caricia, beso y mordedura que le otorgaba. Sabía que desde su nacimiento ella estaba destinada a ser suya, porque nació de un sentimiento de dolor por parte de él, sustituyendo un sentimiento con otro.
- Kasumi-chan, ¿estás bien? – interrogo el hombre mientras detenía sus embestidas y se apoyaba con sus antebrazos para verla. - ¿Te lastime?
La joven alzo las cejas sorprendida mientras negaba sonrojada e insatisfecha por dejar de sentir el calor que le regalaba el peliblanco.
- No...solo pensaba en lo que soy. – susurro apartando un poco su mirada, además quería dar por terminada esa "conversación" para que Gojou continuara. – Olvídalo...etto...Satoru-san, ¿puedes continuar con...?
La sonrisa se amplió al darse cuenta que no importaba cuantas veces Kasumi y él hayan follado, el pudor además de vergüenza por parte de ella siempre salía a flote logrando así excitarlo más. Recordándole la primera vez que la conoció.
- "Ya les dije que cualquiera le puede pasar, un momento de hambre extrema. – decía ofendido Satoru mientras se cruzaba de brazos caminando junto a Nanami y Shoko. - ¡Como si a ustedes no les haya pasado!
- Podrías bajar la voz necesitamos pasar desapercibidos. – una vena se resaltó en un hombre rubio, que de apariencia se veía un poco mayor que él aunque fuera más joven en "años". – Debemos de asegurarnos que eso solo haya sido una de tus glotonerías o que...
- ¿Haya nacido mi presa? - soltó divertido al ver las reacciones de Shoko y Nanami.
- No deberías tomártelo tan a la ligera. – sucumbió la castaña a Kento. – Sabes que esos temas son de suma importancia para nuestra especie más aun siendo tu uno de los herederos del Clan Gojou.
Ante lo repetitivo de la situación el peliblanco rodo los ojos harto, pero de cierta forma también le daba curiosidad si su ataque de hambre fue por mero instinto o porque después de mucho tiempo una presa ligada a su espécimen había nacido.
- Se perfectamente eso, Shoko. – balbuceo fastidiado. – Bueno iré a divagar al rato regreso.
Sin esperar la respuesta de sus amigos, Satoru desapareció haciendo que ambos suspiraran derrotados, no importaba el tiempo que transcurriera para ellos alguien como Gojou Satoru nunca cambiaria ni los siguientes milenios. Por el simple hecho de ser un vampiro pura sangre desde el nacimiento, y no solo eso sino perteneciente a uno de los Clanes más antiguos de los maestros de la oscuridad, existían leyendas o relatos sobre ellos que no estaban tan alejados a la realidad, pero existía uno en específico que los humanos nunca descubrieron y era que...ellos también podía crear vidas alejadas a su especie por el mero sentimiento de dolor, traición y odio. Obteniendo como resultado a una presa, que se encargaría de ser su alimento permanente sin llegar a convertirla o convertirlo en vampiro. Incluso se decía que varios de su especie lograron procrear aunque las consecuencias hacia el ser humano siempre era la muerte.
- Maldita mocosa ojalá nunca hubieras nacido.
Satoru fue sacado de sus pensamientos ante el grito estridente de un hombre, su olfato hizo que arrugara la nariz al sentir el nauseabundo olor de alcohol, la forma tan deplorable de un hombre corpulento, cabello castaño y que se veía al borde de la furia. Pero lo que sorprendió a Gojou fue la pequeña criatura que estaba en el suelo cubriendo su rostro y como temblaba.
Cerro los ojos al sentir el olor tan exquisito que provoco su arranque de gula hace tiempo atrás.
- ¡Solo mírate! Eres horrible. – se acercó tomando a la infante fuertemente del pelo. - ¡QUE CLASE DE PERSONA DECENTE NACE CON ESE CABELLO MALDITO!. – acercando a la niña a un espejo frente a ellos mientras levantaba su rostro bañado de lágrimas.
Miwa Kasumi vio su reflejo no comprendiendo porque su padre la trataba así, sabía que haber nacido con el cabello y ojos azules no fue su culpa, ser diferente a su demás familia tampoco. No comprendía porque su padre no podía amarla con sus defectos y virtudes como lo hacia ella, como podía obligar a su madre a teñirle su cabello color negro a pesar de su dolor, como siempre llegaba borracho y terminaba golpeándola junto a su madre.
- "Al menos no ha golpeado a mis hermanitos". – cerro los ojos derramando más lágrimas, pero en eso escucho una voz.
- "Abre los ojos". – acato la orden tan rápido como la escucho, sorprendiéndose de ver a un joven detrás de su padre. – "No permitas que te trate así, tu vales más que esa escoria"
- E-Escoria. - puntualizo Kasumi ampliando la sonrisa del joven.
- ¡¿Qué mierda dijiste, mocosa estúpida?!
Sin previo aviso sintió como era lanzada a las bolsas de basura de ese callejón.
- "Tengo miedo". – pensó Miwa cerrando los ojos esperando el próximo golpe, pero después de unos segundos no lo recibió.
Abrió sus grandes ojos viendo impresionada como ese joven de pelo blanco estaba frente a su padre mirándolo burlonamente.
- Y suelen presumirnos en que son una sociedad civilizada. – se jacto Satoru mientras le rompía la mano a ese hombre que comenzó a gritar de dolor. - ¿Por qué gritas? Esto es solo un rasguño.
- ¿Q-Quien demonios eres tu mocoso? – a pesar del dolor la infante vio como su padre intentaba levantarse para golpear al peliblanco. - Eres uno de esos monstruos, ¿no es así?
La sonrisa de Satoru se amplió al escucharlo mostrando sus dos colmillos ante la mirada de fascinación de Kasumi y el miedo desbordante del hombre.
- ¿Me tienes miedo? – cuestiono mientras doblaba el brazo del hombre. – Es curioso nosotros somos sanguinarios con otras especies y nos guste o no debemos de protegernos entre nosotros, pero ustedes son tan repugnantes que tratan de destruirnos y se matan entre ustedes sin tener piedad de su propia sangre.
Los ojos azul cielo de Satoru se tornaron rojos y en un parpadeo dejo inconsciente al hombre dejándolo cerca de un callejón, donde surgían rumores que humanos vendían los órganos de otros. Si tenia suerte esa seria la suerte de ese hombre, entonces olvidándose de ese sujeto dirigió su mirada al pequeño cuerpecito que lo veía como lo mas maravilloso que había visto en su vida, en un parpadeo estaba delante de ella. Cerro los ojos al percibir el olor que desprendía esa niña, fascinado por los latidos rápidos de su corazón y maravillado del rostro de ella.
- Eres preciosa. – toco la mejilla de la ojiazul. - ¿Cómo te llamas?
La pequeña no lo dudo y respondió tranquila.
- Me llamo Miwa Kasumi. – quería tocar el rostro de ese hombre hipnotizada por la belleza que desprendía. – Usted ¿es un ángel?
La pregunta de Miwa hicieron que el alzara las cejas sorprendidos para después carcajearse ante lo inocente que era su presa, tanto que dudaba de ello. Algo dentro de él sabía porque nació, el dolor que sintió en el momento de matar a Suguru se dirigió a un ser que pronto nacería, un ser humano que le entregaría todo si se lo pidiera.
- No, kasumi-chan. No soy un ángel, pero digamos que a partir de hoy yo seré tu protector. – toco el peculiar fleco de ella. – Me gusta tu cabello, es diferente.
Los ojos de Miwa brillaron con mas intensidad y unas lagrimas comenzaron a desbordarse llegando a incomodar a Satoru, ya que al parecer la conexión entre ambos si era demasiado fuerte.
- ¡¿Ehhh?! Kasumi-chan, ¿Por qué estas llorando? ¿Dije algo malo? – la menor negó mientras se limpiaba las lagrimas desconcertando aun mas a Satoru. – Entonces... ¿qué te sucede?
- Solo...estoy feliz. – dijo regalándole la sonrisa mas pura que Gojou pudo ver. – Estoy feliz de conocerte, Satoru.
La pequeña se tomo el atrevimiento de abrazarlo y por la posición que estaban el cuello de ella estaba demasiado cerca del rostro de Satoru, el cual sentía que no podía soportarlo mas y sin previo aviso encajo los colmillos en el dulce cuello de Kasumi sin imaginar que con el tiempo se haría adicto a ella."
Kasumi fue despertada de su recuerdo sintiendo como nuevamente los colmillos de Satoru ingresaba en ella mientras ambos llegaban al clímax como hace dos años atrás. Gimió suavemente al sentir la lengua de él recorriendo su cuello con sumo cuidado, como solía hacerlo cada vez que mordía con fuerza, dejaba marcas en su cuerpo o sentía haber sido muy brusco con ella.
- ¿Te duele algo? – su aliento contra su piel la erizo provocando que este riera. - ¿En que tanto pensabas?
- En lo curioso de ser quien soy. – las palabras de Miwa hicieron que Gojou levantara un poco su rostro enarcando una ceja. – A fin de cuentas mi felicidad es pertenecerte, ya que yo nací para ser tu presa.
Y diciendo esto nuevamente sentía los labios de Satoru sobre los de ella.
Perdonen por los errores ortograficos.
Besos y abrazos.
TheOtherDestiny :)
