INTERNADO DE SEÑORITAS GINTAMA
CAPITULO IV
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Llegaron al centro comercial caminando sin problemas, anduvieron paseando y entrando en varias tiendas. Pero su parada principal era el súper mercado, anduvieron vagando por él y echando todas la comida que se les antojaba. Helado, papas, pastelillos, refrescos, frituras, frutas y verduras, pan, y mucha más comida chatarra que unas adolescentes pudieran soportar. Ya en la fila para pagar Souko dejo a Kagura sola, pero antes le dio una parte del dinero y ella se perdió quien sabe a dónde fue. Kagura se molestó con ella, la estuvo esperando en una banca cerca de la salida, si no llegaba en cinco minutos se iría sola. Pasó el tiempo y emprendió camino a la puerta.
—China ¿a dónde vas?, espérame —grito Souko —Eres bien desesperada —dijo cuándo la alcanzó y le jalo un cachete. Souko agarro unas cuantas bolsas para ayudar a su amiga.
Al cruzar la puerta de salida Souko se detuvo en seco, Kagura lo notó y volteó a ver dónde miraba su amiga, vio un hombre más alto que ellas, de complexión delgada, blanco y con sus cabellos purpuras parados.
—Pero miren que tenemos aquí, es la tortillera —dijo el hombre frente a ellas. —Y al parecer viene con su novia.
Kagura se sonrojo ante ese comentario.
— ¿Qué quieres Oshiro? —grito Souko, Kagura sonrió, fue buena idea acompañar a su amiga después de todo.
—Nada solo venía a saludar —respondió despreocupado, aquel que la sádica había llamado Oshiro.
—Bueno pues lárgate
—Estamos en una zona pública pequeña Souko, puedo estar donde quiera. —Sonaba retador la voz de aquel hombre.
—Bueno si no tienes nada más que decir me voy —dijo Souko jalando a Kagura para seguir caminando.
Souko soltó a Kagura cuando sintió que su amiga había hecho un esfuerzo para librase de su agarre. Cuando volteo a ver, su amiga tenía la mano del caucásico torcida.
— ¿Dónde pensabas colocar tus sucias manos? —dijo Kagura con una mirada sádica.
—Oe Souko ¿no has caído bajo para que tu pequeña novia te defienda?
Kagura hizo volar al susodicho y este cayó de espaldas al piso.
—No dejaría que me defendieran, solo que es bonito dejar a los niños jugar —al finalizar Souko su oración, le dio un fuerte pisotón en sus joyas familiares. Kagura y Souko se retiraron mientras se reían del que estaba botado en el piso sufriendo de dolor.
Durante el camino solo hubo risas de cómo habían maltratado a aquel hombre. Llegaron a su habitación del internado y empezaron a acomodar las cosas para mañana, guardando las cosas en el refrigerador y otras las dejaban en una mesita. Kagura ya estaba de regreso en su cama, cuando su nariz capto un hermoso olor, ese olor provenía de la castaña que estaba sacando una bolsa color rosa de su bolsa de mano.
— ¿Qué tienes ahí grasosa? —Kagura lanzó el grito de guerra.
—Nada —dijo Souko
—Sé que tienes algo ahí escondido —dijo Kagura mientras se abalanzaba sobre su compañera de habitación
—Está bien te mostraré. —Souko sacó de su bolsa un pastelillo con de chocolate, decorado con cerezas.
—Dame perra grasienta —grito Kagura.
—Quítamelo de la boca si quieres —Una vez terminada esta frase Souko dejo caer el pastelillo en su boca, pero no cabía todo, así que Kagura aprovecho ese momento para lanzarse sobre su compañera. Ambas cayeron, mientras Kagura sostenía las manos de la castaña contra el piso trataba de morder el pastelillo que había quedado fuera de la boca su compañera. Ella no se dio cuenta que no solo el pastel se encontraba dentro de su boca, estaba mordiendo también el labio inferior de su compañera, Souko se dejó llevar por él. Momento y también mordía a su compañera, una competencia de mordidas concluyó en un beso de pico. Kagura reaccionó y se levando de esta sobre su compañera. Souko noto el sonrojo de su amiga.
—¿Qué pasa china? Era tu primer beso —preguntó Souko de forma pícara.
Eso sólo provocó que Kagura se alejara de ella más. Eso había sido sumamente extraño, demasiado. Lo peor del asunto fue que ese había sido su primer beso. A pesar de haber sido rápido, lo sintió como algo lento, y raro dentro de ella.
— A… aléjate— Balbuceó Kagura, lista para golpear a esa chica en cualquier instante
Como si aquello fuese todo lo contrario, así obedeció Souko. Aminorando la distancia entre ambas. Aun así, Kagura no se iba a dar por vencida y sin pensarlo dos veces más, le tiró el agua del jarrón que estaba cerca de ella. Aquello empapó a esa castaña, quien aspiró oxígeno por la boca, sorprendida por lo que acababan de hacerle. La pelirroja aprovechó ese breve momento para huir, ya que la puerta no estaba tan lejos.
Souko bloqueó la salida poniéndose enfrente. Kagura chasqueó la lengua, y de nuevo, Souko quiso atraparla, pero esta se subía a las camas y luego bajaba, tratando de no ser atrapada. Pero, en vano fueron sus intentos de huida, porque Souko la atrapó, cayendo las dos en el suave colchón, negándole todo el movimiento.
— Yo… yo no hago estas cosas— Forcejeaba Kagura, tratando de zafarse del agarre de esa castaña
— ¿Qué cosas?— Rio con burla Souko y esa pelirroja la fulminó con la mirada— Oh... ¿Querrás decir estas?
Se acercó más a ella. La distancia era corta, y aquellas respiraciones se volvían más lentas conforme pasaban los segundos. Kagura tragó saliva... Todo en ella se nublaba, y un cosquilleo por todas partes la invadía, como un desastre en todo su ser. Souko era la causante, y ella, ella sólo quería ser consumida por ese desastre.
Sin pensarlo más, y cuando lo que las separaba se volvió nulo, aquellos labios chocaron. Se consumían con desesperación.
Eso no era normal, era todo lo que tenía en mente Kagura, aun así no quería parar. No la quería lejos de ella. Pronto, la lengua de Souko se introdujo en la boca de Kagura, quien reaccionó sorprendida por aquel acto que sometía su inexperiencia en eso.
A Kagura le resultaba realmente fascinante aquella acción, sus movimientos eran torpes, pero aun así hacía sus intentos por igualar las caricias de la lengua de Souko dentro de ella. Sus delgados brazos rodearon a la castaña por el cuello, por su parte las manos de esta se fueron deslizando por las nulas curvas de la pelirroja, contorneándola lento y suave hasta resguardarse en sus caderas...
Cada vez hacia más calor en la pieza
Cada vez más sentían como se derretían
Sentían que tenían que seguir, avanzar, llegar tan profundo que sus cuerpos supliquen un descanso.
—Souko—. Susurro Kagura cuando sus labios se apartaron de la castaña un leve segundo.
La vista de la castaña se nublo aún más. Esa simple palabra siendo pronunciada por aquella chica entre sus brazos desato una corriente eléctrica que hizo que sus manos se posaran en sus muslos sosteniéndolos y amasándolos con desesperación.
Kagura podía oler aquella esencia de almendras y avellanas que el cabello castaño de la chica desprendía, sin duda alguna resultaba un olor por demás agradable. Entonces los pensamientos de Kagura tomaron el control, "¿qué estás haciendo?" se preguntó e instantáneamente sintió como los músculos de su cuerpo recuperaban la movilidad, poso sus manos en el pecho de la chica que la sostenía con fuerza y termino por empujarla lo más lejos que pudiera...
Souko la miro estoica un par de segundos, la pelirroja frente a ella tenía el rostro rojo y el sudor de su rostro no hacía más que volverla loca, quería hacerla sudar más. Pero no, por la reacción de Kagura supo que se estaba excediendo, que había cosas no podía hacer y solo le quedaba realizarlas en su imaginación.
—Eh...—. Intento pronunciar, se maldijo a si misma por no tener nada coherente que decir.
—Si... Yo no hago esas cosas, gracias por la demostración—. Dijo Kagura.
—No es nada—. Respondió para después sonreírle de forma picara. —Cuando quieras
El solo decir las dos últimas palabras bastaron para que Kagura terminara abandonando la habitación de ambas, en pijama y de noche.
—Estúpida...—. Murmuró para sí misma.
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Capitulo en conjunto con BlueSkyMoon y the sun is silent
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