INTERNADO DE SEÑORITAS GINTAMA

CAPÍTULO XIII


La ausencia de la joven de carmesí cabellera se notaba en el instituto desde el primer día, pues las clases transcurrieron con demasiada tranquilidad, tanta que espantaba tanto a profesoras como alumnas. Pues no hubo intentos de asesinatos ni gritos de guerra entre el par que era conocido por todos en la escuela.

La versión de los hechos que se dio ante las profesoras y estudiantes era que Yato Kagura se había enfermado gravemente y ahora estaba en el hospital, su enfermedad era muy contagiosa y por eso no se podían recibir visitas. Ginko se encargó de sobornar a la loca de la hermana para evitar cualquier fuga de información, lo cual le costó muy caro, y las demás sólo le costó una amenaza de castigo con la profesora Zurako y Tenko.

Pero no solamente era ausencia de la pelirroja. También estaba la reciente separación del cuarteto de sádicas. Souko prestaba atención en clases inclusive había subido sus calificaciones. En cuanto al par restante que había sido unido incluso antes de que Kagura llegara de intercambio había empezado a separarse. Soyo y Nobume no estaban tan unidas como siempre, ahora se veía a la menor con una versión mayor de Kagura.

Desde su cita con Umiko el corazón de Soyo mostraba dudas. Nobume era su primera novia e inclusive podía considerarla su primer amor, ella siempre estuvo en sus peores momentos, ella siempre le hizo compañía cuando estuvo sola porque su hermano era instruido en su profesión y rara vez tenía tiempo para ella. Por Nobume era que había tenido la oportunidad de matricularse en esa institución, pero Umiko era bastante distinta a Nobume. Su corazón estaba en duda por eso le pidió tiempo a Nobume, ella no le respondió pero tampoco le dio una opinión al respecto.

Los rumores en la escuela se empezaron a esparcir. Ahora el par de sádicas eran Souko y Nobume, aniquilando a todos en el club de esgrima. Soyo se la pasaba cocinando después de clases para luego encontrarse con la hermana mayor de Kagura.

En cierta forma, era buena la ausencia de la joven extranjera en la institución. Pero no sabían que esta reciente calma era el inicio de una tormenta.

La tormenta empezó en la segunda semana sin Kagura, pues un hombre llegó irrumpiendo el lugar. A pesar de los reclamos de las profesoras hacia las autoridades del plantel sabían que él era un hombre intocable y hasta que cumpliera su prometido no se iría del lugar, así que la única recomendación que hacían era que no se cruzaran en su camino.

El aura que transmitía ese hombre hacía temblar a todas, a todas, excepto a un grupo de profesoras.

−Hola –saludó mientras tenía su dedo meñique en su nariz. Eso sólo lo hizo enojar que se lanzó bruscamente hacia ella.

−¿Es cierto que mi hija escapó de la escuela? −le cuestionó el hombre que rompió la calma del lugar, además que lucía una capa y un casco ocultando su identidad. Ambos estaban en un pasillo bastante transitado por alumno

−Umibouzu sama este no es un lugar para hablar −solicitó la mujer que estaba siendo sostenida con brusquedad y contra la pared.

−Estúpida traga dulce, dime dónde está mi pequeña. −Muchas de las estudiantes presentes no comprendía el porqué de la discusión ni la identidad del intruso a la institución. Y las que si entendían se quedaban al margen de la escena, pues desde el momento que dijo que su hija escapó de la escuela supieron la identidad del hombre sin nunca haberlo visto previamente.

−¡Papá! −gritó una joven pelirroja. Ella había llegado al encuentro cuando escucho los rumores de que alguien intimidante recorría los pasillos de la escuela.

−¡Umiko! −Soltó a la profesora y abrió sus brazos para recibir a su hija, aunque lo único que ella le dio fue una patada en el rostro.

Esa escena les hizo confirmar sus sospechas a la que estaban ocultas en un pasillo anexo al que estaba la familia y la profesora.

−Umibouzu sama, Yato san −pronuncio sus nombres con el debido respeto, algo que era demasiado extraño en esa profesora de plateados cabellos−. Continuemos la conversación en la sala de profesores por favor −pidió mientras le señalaba el camino que debían tomar−, las estudiantes no saben que su hija escapo no puede seguir haciendo ese tipo de escenas −murmuro lo último para convencerlo a que lo siguiera

Sin decir ninguna palabra el par de bestias fue siguiendo a la profesora de plateados cabellos, hasta una habitación, ella simplemente suplicaba por una muerte rápida y sin dolor, sabia de lo que ese hombre era capaz y más cuando se trataba de su adorada hija menor.

−Es aquí –abrió la puerta−, ahora si podemos retomar lo que estábamos hablando tranquilamen…

−¿Es cierto que mi hija escapó? –Nuevamente tenia a esa maestra entre su mano y arrinconándola a la pared.

−No se preocupe, tenemos todo bajo control –habló con dificultad y entrecortado pues la mano en su garganta le estaba impidiendo respirar bien.

−¿Por qué escapó? –Dejo de someterla, para sentarse y al fin quitarse ese casco y capa que le cubrían.

−Por problemas amorosos –respondió Umiko, sin darle tiempo a la profesora de inventar una excusa creible.

−¿Quién fue el miserable que le rompió el corazón a mi niña? –Golpeo el escritorio al termina la oración y se puso de pie.

−No es un él, es una ella –contestó y es que estaba disfrutando echarle leña al fuego.

−¿Ella? ¿Qué? Había escuchado de los extraños rumores que recorren las escuelas de solamente mujeres pero no pensé que fuera cierto, ¿Qué? ¿También las profesoras lo hacen entre ellas?

−Umibouzu sama, esto son solo problemas de chicas pubertas, no tiene por qué preocuparse tenemos la situación controlada –dijo ignorando la pregunta.

−Yo conozco a la chica –indicó, y en cierta forma lo hacía como venganza hacia la castaña, pues interrumpió sus planes con la princesita.

−Guíame hacia ella –pidió.

Pero no fue necesario, porque la chica en cuestión más otras dos, estaban tras la puerta.

−Souko, Nobume, princesa. ¿Qué hacen aquí? –cuestionó la profesora sorprendida.

−Vimos a alguien armando un revuelto porque su pequeña hija se perdió y me pareció interesante –respondió con monótono Okita.

−Yo la acompañaba –exclamó Nobume mientras comía su dona.

−Yo acompañaba a Umiko san –murmuró la más pequeña de las tres.

−Por tu mirada altanera siento que tú eres quien le rompió el corazón a mi niña –exclamó el padre preocupado al colocarse delante de ella.

−Antes que nada, yo no rompí nada. Ni siquiera hable con ella el día que desapareció. Así que usted es el padre de la china, le haré llegar factura de todas las cosas que me ha roto su hija−. Ambos parecían matarse con la mirada.

−Señor padre de Kagura –pidió la palabra, quien parecía la mejor educada−, creo ser yo la culpable del escape de Kagura.

−¿Usted? –cuestionó asombrado, como esa chica que parecía de alto linaje podría haber provocado un sentimiento negativo en su hija−. ¿Por qué?

−Le explique es normal que las estudiantes de aquí tengan prometidos…

−¿Qué clase de escuela son ustedes? –Toda su furia volvía a dirigirse a la profesora−. ¿Qué clase de institución deja que sus alumnas se casen tan jóvenes?

−Viejo, tú te casaste con mami cuando ella terminó la escuela media –interrumpió el discurso de su padre.

−¿Quién es el estúpido prometido de mi niño? –preguntó mientras se aguantaba las lágrimas de llorar−. A ella si búsquenle un prometido.

−Uno que tenga mucho dinero –pidió Umiko sin leer el ambiente.

−Umibouzu sama, la escuela no es quien escoge los prometidos, −realmente tratar con esa familia era un dolor en el culo, pero para eso le pagaban−. Los prometidos son escogidos por la familia. Es común que nuestras estudiantes los tengan, pero solo se trata del ochenta por ciento de ellas, es un porcentaje alto debido a que nuestra institución es famosa de instruir a futuras matriarcas. Y las familias se unen por intereses monetarios−explico el porqué de los compromisos a temprana edad−. Además me gustaría hablar con usted en privado. –Pidió mientras se tallaba la sien, todo este drama le estaba causando jaqueca.

−Oh ya veo, creo que todo esto es un gran malentendido –empezaba a entender porque Sakata le decía que no se preocupara−. Umiko lárgate –pidió con brusquedad, cosa que espantó a las demás, pues el poco tiempo que estuvieron con él se podía ver como un padre cariñoso y que se preocupa por sus hijas.

−Souko, Nobume, Soyo, ustedes también deberían hacer lo mismo. Esto sólo nos concierne a él y a mí. Él es su padre y yo soy su tutora legal. Así que por favor váyanse o no quieran que mande a llamar a la profesora Hijikata.

−En seguida nos retiramos –exclamó Soyo con nulo color en su rostro, mientras jalaba de una mano a Nobume y con la otra a Souko.

−Nos vemos luego viejo –la primera en irse fue su hija.

−Fue un gusto conocerlo… −Apenas se dio cuenta que no conocía su nombre.

−Yato Kankou –respondió al ver la duda de la pequeña.

−Un gusto Kankou san, yo soy Tokugawa Soyo.

−Imai Nobume

−Okita Souko –se presentaron−, Soyo, ustedes váyanse primero quiero decirle algo –pidió a sus amigas que ella no dijeron nada y se retiraron del lugar−. Antes que nada, no quiero que me vea como culpable. Yo no hice nada para que su estúpida hija escapara, si escapó fue porque hizo sacó conclusiones antes de que preguntar. –Sin darle tiempo de decir algo a los adultos, se fue del lugar.


Melgamonster. 20180908