INTERNADO DE SEÑORITAS GINTAMA

CAPÍTULO XV


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Las clases habían terminado por el día de hoy, las estudiantes tenían la libertad de dirigirse a sus clubs o pasar tiempo de caridad en compañía de otras alumnas y ese no era el caso particular del grupo problemático de tercer grado.

—¿Qué tal va tu romance con la princesita? —preguntó Araita a su compañera de carmesí cabellos. Estaban en una de las zonas de descanso—. Para el estilo al que nos tienes acostumbradas has durado mucho con ella. —Era bien conocido que Umiko sólo tenía un único interés en las mujeres a las que les hablaba y no eran sus amigas, llevárselas a la cama y dicha interacción no duraba más de una semana.

—Es muy difícil convencerla, he estado a punto de hacerlo pero siempre pasa algo y ya no pudo hacer nada. —Su antena capilar demostraba su frustración—. Pero la presa más difícil es la que más se disfruta.

—Yo digo que la sigas engatusando y luego utilizaremos su posición social para hacer un golpe contra el gobierno —opinó la del parche.

—No bruja, no comparto contigo las ideas de cambiar el orden político.

—Hablando de la dulce princesa. —La de castaños cabellos señaló a la aludida, que iba en compañía de otras chicas de su clase.

—Vaya, se ve tan inocente, tan corrompible —comentó la que quería hacer terrorismo con su persona.

—No, es mi presa. —Después de haber dicho eso se lanzó hacia ella.

Las zonas de descanso estaban alrededor del jardín de la escuela, Soyo iba caminando por el lado contrario de donde Umiko y sus amigas se encontraban.

—Princesita —la nombró al llegar a su lado.

—¡Umiko san! —exclamó sorprendida.

—Nos vemos mañana en clase Soyo chan —se despidieron al unísono las dos chicas que la acompañaban, sabían lo posesiva que solía ser la pelirroja con la menor además de que no le gustaba tener gente a su alrededor.

—Que amigas tan consideradas tienes Soyo —dijo mientras se acercaba más a su cuerpo—, ¿por qué ya no me has traído comida como antes? —Fue acortando más la distancia, dejando en evidencia sus deseos y es que desde hace como dos días que no la había visto.

—He estado un poco ocupada Umiko san. He empezado a estudiar para mis exámenes —dijo mientras se alejaba de ella, pero por cada paso hacia tras que daba, Umiko daba dos hacia delante.

—Eres una pésima mentirosa So~ yo~ chan~ —dijo a su oído para después morderle el lóbulo de la oreja.

—Umiko san. Deténgase por favor. —Ya no podía alejarse de ella, su espalda había tocado con pared.

—Soyo, deberíamos divertirnos un rato. ¿Qué te parece hoy en los baños de aquí atrás? —dijo con claro coqueteo, y es que la pared donde la había arrinconado correspondía a dicho lugar.

—¿De qué clase de diversión estás hablando Umiko san? —Se estaba haciendo la tonta, ella sabía muy bien a lo que se refería, se había dejado engatusar por las risas que le provocó y las atenciones que tuvo con ella, pero luego sus amigas le contaron la verdad tras esa joven de cabellos de fuego y por eso había empezado a alejarse de ella.

—Creo que tú sabes muy bien a lo que me refiero. —Con su dedo recorrió su piel desde la parte trasera de su oreja, bajó por el cuello y se colocó en el centro de su pecho, mientras que con su otra mano recorrió las curvas de la chica para terminar posándose en su cintura—. Vamos a intentarlo Soyo. —Tomó con fuerza su muñeca y la iba arrastrando hacia el lugar que dijo antes,

—¡No! —Gritó, pero Umiko no se detuvo y siguió su camino—, ¡No!

Después de ese grito una ráfaga de aire que ocasionó que los cabellos sueltos de su trenza se mecieran para luego revelar que fue una espada de madera lo que lo provocó, dicha arma se clavó en la pared a unos centímetros cerca del rostro de Umiko.

—Parece que llegó la caballería a protegerte princesa.

—Me pareció haber escuchado que la señorita dijo que no —exclamó con monótono cuando estuvo cerca de ellas.

—Nobume... —la nombró sorprendida, no creía que después de lo que le había hecho se siguiera preocupando por ella.

—Pensé que ella te había dejado —lo dijo para provocarla, pues también colocó su brazo encima de su hombro de la pequeña.

—Lo hizo —respondió sin perder su rostro impasible—, sólo soy una subordinada protegiendo a su señora, —retiró la espada de donde había permanecido desde que la lanzó—. Antes no te hice nada porque Soyo sama no se sentía incómoda contigo, pero ahora después de oír su grito y ver su expresión no puedo dejar que te le sigas acercándote.

—Nobume… san… —Le dolió que ella se haya referido a su persona con el "sama", hacía muchos años que habían pasado esa frontera para solo llamarse por sus nombres, eso demostraba lo traicionada que se sentía, además de que sólo se había acercado a defenderla porque era su obligación.

—No sabía que los perros del gobierno eran tan jóvenes —exclamó con sorna—, aunque me imagino que para que alguien de su nivel pueda venir a la escuela necesitaba de un guardaespaldas de tiempo completo.

—Así es —respondió—, y si Soyo sama ya no desea pasar tiempo contigo le ayudare a alejarse de tu lado. —Le dio una estocada en aparte del hombro, eso logró que Umiko soltara a Soyo y de un rápido movimiento la colocó a su lado para protegerla mejor mientras seguía guardando la distancia con su espada entre ellas.

Al no ver ningún ataque hacia ellas empezó a correr tirando de Soyo de la mano, hasta que llegaron a su habitación.

—¿Se encuentra bien Soyo sama? —preguntó al momento que cerraba la puerta.

—Sí, gracias a ti —respondió con un tono de pena. Sabía que por el momento su relación no se encontraba muy estable y le dolió que ella le confirmara a Umiko que su relación había terminado.

—Ese es mi trabajo —respondió—, si necesitaba ayuda para alejarse de ella me hubiera dicho. Sabe que responderé a su llamado de auxilio, es mi obligación.

Que utilizara las palabras obligación, le recordó a su trabajo y la manera en que habían empezado a tratarse, pero ni siquiera la primera vez que se conocieron la había sentido tan lejana.

—Nobume, —se lanzó hacia ella, la abrazó y empezó a llorar—. Lo siento mucho, Nobume.

—Si me disculpa, no soy la mejor para esta situación usted en el palacio tendría damas de compañía, yo simplemente velo por su seguridad. —Separó sus brazos de ella.

—¿Nobume? —Se sorprendió ante su repentino comportamiento, pero al nombrarla vio que no causó nada en ella—. Nobume… ¿san? —Le dolía utilizar ese sufijo con ella.

—Mi deber es ser un simple guardaespaldas —respondió—. Usted se encuentra a salvo en su habitación, si no se siente más en peligro me tengo que ir. —Giro para abrir la puerta.

—Nobume… san… —No se acostumbrada a llamarla así—. Esta también es su habitación.

—Por si no se ha dado cuenta princesa, desde hace como dos semana yo no duermo aquí —dijo para después salir de ese lugar.

Soyo ante la ausencia de su exnovia volteo a ver la habitación y se dio cuenta que la mitad de ella se encontraba vacía. Como siempre llegaba tarde no prendía la luz para evitar incomodar a Nobume, pero resulta que todo ese movimiento era inútil ya que Nobume nunca estuvo ahí.

—¡¿Qué he hecho?! —gritó mientras dejaba que sus lágrimas brotaran de sus ojos.

Observó algo brillante que se distinguía del escritorio de su excompañera de habitación.

—Es… es… es el collar que compartimos ella y yo. —Una dona partida por la mitad—. Yo nunca me la quite, fui una tonta. —Se quitó el collar y colocó la mitad junto a la de Nobume. —Debo reparar mi error —murmuró mientras nuevamente se hundía en llanto.

Al otro lado de la pared estaban dos jóvenes que en cierta forma se comprendían, pero lo manifestaban manteniéndose en silencio, hasta que uno de ellas lo rompió.

—¿Estás segura de esto? —Cuestionó la de castaños cabellos—, yo no tengo ningún problema, de todas formas mi compañera no está pero aun así no creo que sea la mejor forma de solucionarlo.

—Amo a Soyo, pero ella fue engatusada fácilmente. No puedo perdonar muy rápido lo que me hizo, se fue con alguien que hizo lo que yo nunca hice, mi forma de ser y mi educación no me permite comportarme así.

—Ve el lado bueno, la cabeza de cerillo no completó su conquista. Pero aun así no te provoques más daño, no cometas el mismo error… —No terminó de decir lo que tenía pensado.

—No, pero quiero ver algo de interés en ella, después de todo ella fue quien arruinó nuestra relación.

—¿La culpa fue solamente de ella? Piénsalo bien tragadonas…

En otro lado de la institución, donde antes se estaba llevando a cabo una pelea por la pequeña hermana del mandatario, seguía el grupo de amigas.

—¿Estas bien? —preguntó la de castaños cabellos

—Creo que esa pregunta está de más —dijo con sorna la del parche—, que no ves la sonrisa que tiene.

—Creo que todo este tiempo me estuve equivocando de presa —exclamó mientras se pasaba la lengua en el lugar donde escurría sangre. Ya que la espada había rosado su mejilla.

—Ya vas a empezar con tu atracción hacia personas fuertes. —Faltaba poco para que se diera un golpe en la frente—. Sólo te recuerdo que ella es enteramente fiel a la princesa.

—Sí, pero ella fue la primera en aceptar que su relación había terminado.

—¡Susumi sama! —se escuchó un grito, quien lo hizo iba corriendo hacia ellas—. Susumi sama me alegro que esté bien, escuché que había una pelea por donde ustedes se suelen reunir y me preocupe por usted.

—Todo está bien Matako —respondió mientras acariciaba la cabeza con rubios cabellos—. Pero lo mejor será irnos, si ella siendo de un grado menor a nosotras se enteró, las profesoras no deben tardar en llegar y todavía no he derrocado el gobierno como para ser atrapada.


I love okikagu: siempre es un placer leer tus comentarios y un placer más actualizar para ti *corazón con brillitos*


¿La salsa de soja recuperara el amor de Nobume?

¿El interés del kamaho por la soja ya se terminó?

¿Que tanto es el gusto de Umiko por la gente fuerte?

Pero la pregunta más importante aquí es: ¿Dónde esta Kagura?


MELGAMONSTER 20181220