INTERNADO DE SEÑORITAS GINTAMA
CAPÍTULO XVI
Como era costumbre, después de las clases las chicas en el Internado de Señoritas Gintama debían pertenecer a un club para que reforzaran sus habilidades más sobresalientes. Tal era el caso de dos mujeres que eran las mejores que el arte del kendo había tenido en la historia de esa institución.
—Chicas, —alguien osó a interrumpir el encuentro tradicional que se daba al principio de la clase entre las dos mejores.
—¿Qué quieres? —amenazaron al unísono con sus espadas en el cuello.
—Hay alguien fuera del dojo que dice conocerlas. Al principio la tratamos como una simple acosadora. La primera vez que la vimos estaba paseando en los alrededores, pero ahora ya hasta se asoma por la ventana. Le pedimos amablemente que se fuera ya que estaba interrumpiendo nuestras prácticas, pero golpeo muy fuerte a las tres chicas que se lo pidieron y como ustedes son las más hábiles decidimos pedirles ayuda a ustedes. Ya que cuando le dijimos que buscaríamos a alguien más para reprenderla pidió a las mejores y de paso a la que tiene el cabello negro como la noche, creo que se refiere a usted Imai san.
—Déjame adivinar —pidió mientras quitaba la espada de cerca de su interlocutora—, ¿es una joven de cabellos rubís?
—Sí —respondió sin dudar.
—Parece que tu admiradora pasó a acosadora.
—Cállate Souko, —ahora a quien intentó golpear fue a su compañera de habitación.
—Vamos, ahorita estas sola y puedes aprovechar tener una aventura extramarital.
—En dado caso preferiría tenerla contigo que con esa loca.
—Eso me dolió. —Una nueva voz se sumaba a la conversación. Las otras miembros del club se alejaron del lugar, inclusive esas que rodeaban a las mejores estudiantes.
—¿Cómo entraste? —cuestionó Souko mientras se ponía en su pose de pelea.
—Por la puerta, tienen una muy mala seguridad aquí —dijo señalando a las personas que yacían en el suelo, víctima de sus ataques—. Pero no te emociones, vengo por ella. No por ti.
—¿Por mí? —cuestionó Nobume incrédula, hasta hace unos tres días ella había estado acosando a su amada princesa hasta que la salvó de sus brazos, pero ahora, eso que la buscaba a ella no tenía sentido.
—Sí, —desvió la espada de Souko que la amenazaba y se acercó más a quien hace pocos días era su rival de amor—. Me gustan las personas fuertes.
—¿Eres una masoquista disfrazada de sádica? —cuestionó con sorna Souko.
—No. Solo que tú me recordaste mi antiguo gusto por las personas fuertes, —tocó el mechón de cabello de Nobume y lo acariciaba con mucha delicadeza—. Así que estoy aquí para pedir un duelo contra ti.
—Entonces inscríbete al club —respondió tajante Nobume.
—No estoy muy interesada en las espadas, prefiero la pelea cuerpo a cuerpo o en las artes marciales mixtas, así que para mí no hay ningún problema porque vengas a mi con tu espada.
—En el reglamento esta prohibido pelear contra alguien de diferente club por cuestiones personales.
—Entonces… Tal vez deba secuestrar a cierta princesa…
—Deja a Tokugawa sama lejos de esto, —al fin había obtenido lo que quería, esa mujer ya le estaba amenazando con su espada nuevamente.
—Oh toqué una fibra sensible —dijo con sorna mientras se acercaba más a ella—, también debería comentar a las autoridades que levantaste tu espada contra alguien desarmado.
—Era para ejercer mi trabajo. Entonces yo también debería comentar a las autoridades de que fuerzas a alumnas en pleno horario escolar.
—Bueno, creo que en una parte estamos a mano, pero aun asi pelea conmigo. Por favor. —Ahora Nobume podía entender porque Soyo cayó en sus redes tan fácil, Umiko podía adoptar cualquier personalidad, la que mejor se adaptara a la persona que quería conquistar, le estaba sonando muy tentador darle un poco de su propia medicina a Soyo y Umiko.
—No, he dicho.
—Entonces te acusare con las autoridades —le depositó un beso en la mejilla, para hacerla enojar, quería ver otras facetas de ese rostro estoico, pero no cumplió su cometido. Así que salió indignada del lugar.
—Souko ahorita vengo. —Indicó a su compañera mientras dejaba su espada de lado y se quitaba algunas partes de su traje de kendo—, no me esperes.
—Nobume… —No sabía que decir, pero reconoció enseguida en su rostro que su sentido sádico se había activado, algo que nunca lo vio cuando ella estaba con la princesa.
El club de kendo estaba alejado de las instalaciones centrales de la escuela, el edificio principal y este estaban separados por un pequeño bosque con una gran cantidad de árboles, pero con el camino principal bien señalado. Pero si no lo conoces bien puedes caerte con algunas de las raíces que sobresalen y tal fue el caso de la mujer exuberante de carmesí cabellos, pero se llevó una gran sorpresa al darse cuenta que su caída no fue provocada por una parte de un árbol sino por el pie de alguien.
—Vaya no pensé que realmente fueras a caer en ms provocaciones —comentó con sorna Umiko para quien había ido a su compañía—. ¿Estás interesada en nuestra pelea?
—Digamos que tengo una imagen que mantener en el club, soy la hija de una respetada familia ¿sabes?
—Sí, sí. Todos aquí vienen de cunas de oro. Pero eso no responde a mi pregunta.
—Lo que dijo Okita me dejó pensando.
—¿Okita? ¿Qué dijo?
Umiko que había estado sentada en el piso y con las piernas abiertas por la caída, Nobume le clavó entre ellas una espada de madera que se veía vieja y desgastada y le susurró al oído:
—Eres una masoquista disfrazada de sádica.
—Interesante teoría, ¿quieres comprobarla? —cuestionó coquetamente Umiko.
—Suena bien.
Y con eso dieron inició a sus combates en el bosque, lejos de la sociedad estudiantil, donde ambas se convertían en bestias salvajes sin importar de herir de gravedad a su contrincante. Solo estaban ellas dos, sus respiraciones cansadas pocas veces se distinguían del silencio del bosque. Acababan despeinadas, sudadas y mugrosas, ninguna daba su brazo a torcer, todos sus encuentros terminaban en un lastimoso empate que solo alimentaban sus ganas de seguir peleando, pero al oscurecer era cuando daban pausa a sus combates y regresaban a sus correspondientes dormitorios.
—Traga donas —la recibió su compañera de cuarto desde hace unas semanas, si recordaba ya iba a cumplir la cuarta semana desde que Kagura se fue.
—¿Souko? —cuestionó dudosa, había empleado un tono de voz muy serio.
—Espero no hayas olvidado la demostración que tenemos mañana.
—¿Mañana es la demostración? —Se le había olvidado completamente, llevaba una semana y media con sus combates con la pelirroja que se había olvidado de sus demás actividades.
—Sí y recuerda que todos están invitados, —hizo énfasis a eso ya que era lo más seguro que cierta princesa fuera a verla, ya que constantemente iba a su habitación en su búsqueda, pero no la encontraba, había mantenido eso oculto de Nobume porque realmente se veía que se la pasaba de maravilla con la china mayor—. Espero que todo el entrenamiento que has hecho durante todo este tiempo sirva de algo mañana
Cada semestre los clubs hacían demostraciones para ver que tanto habían avanzado en sus habilidades.
—Sí, tengo unas técnicas que te van a sorprender —comentó con un brillo en sus ojos.
—Lo más seguro es que la princesa vaya, espero que no tengas pensado invitar a la loca.
—Si va ella lo más seguro es que le gustaría competir con las demás así que no. Espero que acabe temprano.
—Puedes largarte cuando termines tu presentación.
—Bueno.
—Además necesitas urgentemente una ducha, apestas
—Voy.
El día de la demostración de club de Kendo había llegado, Soyo la había espero con bastantes ansias, era su oportunidad de ver a Nobume desde que la dejó en su habitación luego de que la salvara de Umiko. Al poco tiempo se enteró que había empezado a dormir con su vecina. Intentaba hablarle entre clases, pero ella se hacia la desatendida pues le estaba prestando atención a sus profesores, sorpresivamente después de que Kagura se fue las tres empezaron a sacar mejores calificaciones. Luego cuando buscaba a Nobume después de que ella sabía que tenía club nunca la encontraba. Hasta que un día la vio por casualidad, Nobume estaba regresando a su dormitorio con señales de tierra y sudor algo le decía que estaba entrenando para la demostración así que no la interrumpiera más hasta ese día.
Su presentación fue hermosa, nunca había visto a Nobume tan fuerte, tan decida y esas estocadas nunca se las había visto hacer; pero su sorpresa fue mayor cuando Nobume después de terminar su presentación de su dominio de la espada salió corriendo del dojo, al parecer la única sorprendida fue ella, porque sus compañeras lo vieron como lo más común del mundo, así que la siguió. Tal vez no podía imitar su velocidad, pero si podía segur las huellas recién dejadas en la tierra del camino.
—Llegas tarde. —Sonó una voz que se le hacía bastante conocida.
—Tuve actividades del club que me retrasaron, pero ya estoy aquí. ¿Continuamos en lo que quedamos?
—Sí, pero antes. —Sin ningún aviso y con gran velocidad Umiko tomó los labios de Nobume; Soyo no estaba sorprendida por la acción de esta ya que muchas veces la aplicó con ella, lo que no se podía creer es que Nobume no hiciera nada por alejarla de ella.
Después de presenciar eso Soyo salió corriendo del lugar, chocando con una persona que transitaba por el lugar.
—¿Princesita? —cuestionó al verla.
—Okita san. —La abrazó y empezó a llorar en su torso.
—Lo siento princesa —dijo mientras acariciaba su cabello.
MELGAMONSTER 20190217
