Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Solo esta historia llena de clichés y el OC.
Esa vez que reencarné en Yu-Gi-Oh! GX
LIBRO I
DRAW PHASE
«Recuerda que nuestro encuentro fue cosa del destino… Los lazos se están creando, no podemos detenerlos. No importa cuán breve sea el encuentro entre dos personas, al conocerse se afectan el uno al otro. Su encuentro alterará sus vidas de alguna forma y se formarán lazos entre ellos. Todo acontecimiento, sin importar lo pequeño que parezca, tiene un significado en nuestra vida. Y hay un significado en nuestro encuentro de hoy. Trata de recordarlo.»
—Yuuko Ichihara,
xxxHolic
UNO
Señal de Héroe
[Carta de Trampa]
Cuando un monstruo que controlas es destruido en batalla y mandado al Cementerio: Invoca de Modo Especial, desde tu mano o Deck, 1 monstruo "HÉROE Elemental" de Nivel 4 o menor.
Una semana después del inicio de las vacaciones de verano, es decir, justo el primero de agosto, aparcamos en el estacionamiento de un bloque de departamentos ubicado en la zona oeste de Ciudad Domino. No parecía muy distinto a cualquier otro edificio residencial en Japón: una enorme mole de acero y concreto, de veinte pisos de altura y cinco departamentos en cada uno de estos. Nada especial… O al menos no lo habría sido para mí, de no ser por el niño de sonrisa alegre y cabellera en forma de «Kuriboh» que nos dio la bienvenida:
—Mucho gusto, soy Judai Yuki —me saludó en cuanto me vio descender del coche—. ¿Eres el nuevo vecino? ¿Eres un duelista?
Lo miré, aturdido y sin saber cómo responder a preguntas tan directas de alguien a quien ni siquiera había tenido tiempo de decir: «Hola». Sumen a eso mi sorpresa de encontrarme, casi casualmente, cara a cara con uno de los protagonistas de la franquicia de anime en la que renací de manera imprevista.
—¡Espera! —se me adelantó él antes de que pudiera decir nada—. No necesitas responderme: puedo decir que lo eres solo con verte.
—En realidad no —traté de replicar una vez que salí de mi estupor y fui capaz de reaccionar.
—Nuestro pequeño Kenichi no ha jugado con sus cartas durante un tiempo muy largo —le explicó mi madre antes de que yo pudiera terminar de rechazar el obvio intento de Judai por arrastrarme a un duelo—. La verdad no sé por qué: tiene mucho talento.
No necesité verla para saber que en esos momentos estaba sonriendo con diversión, al tiempo que enviaba una mirada cómplice a mi padre. Desde hacía un rato que estaban esforzándose por obligarme a «salir de mi caparazón», como ellos lo decían. Como parte de eso, ponían mucho empeño mucho por lograr que hiciera algunos amigos, así que, como es obvio, no iban a desperdiciar la «oportunidad salvaje» que apareció ante ellos. Además, tenían la ventaja de que aquí, en una ciudad nueva, no tenía la reputación de bicho raro que gané entre los niños de nuestro viejo hogar.
—¿De verdad? —preguntó Judai muy entusiasmado—. ¡Tengamos un duelo!
—Tal vez más tarde —intenté zafarme—. Debo desempacar…
—Tonterías, hijo —me interrumpió mi padre—. Fue un largo viaje por carretera. ¿Por qué no te diviertes un poco con tu nuevo amigo y luego ya te ocupas de las cosas aburridas? De cualquier forma, el camión de la mudanza no estará aquí hasta dentro de un rato más.
Sin esperar a que le diera una respuesta, mi padre empujó la vieja baraja de principiantes en mis manos, la cual, por algún motivo, pasó del fondo de mi armario a la guantera del coche durante el proceso de mudanza.
Al ver la sonrisa radiante de Judai, me di cuenta de que no tenía manera de escaparme de eso.
Resignado, lo seguí en dirección al descanso de una de las escaleras del edificio. Nos sentamos uno frente al otro en el suelo y comenzamos el protocolo tradicional de duelo: cortamos el mazo del oponente, elegimos quien comenzaba con un piedra-papel-tijera y sacamos nuestra primera mano.
En un principio, me dediqué a jugar de forma poco entusiasta. Judai podía ser un futuro duelista legendario, pero supuse que a esa edad no debía estar ni cerca de ser ese asombroso joven duelista que salvaría al mundo de incontables peligros. El que su baraja de HÉROES a ese punto de la historia se encontraba incompleta, hizo que me confiara. Los HÉROES Elementales recién habían sido editados a gran escala dos expansiones atrás, su soporte era mínimo y sus mejores fusiones todavía estaban por llegar al gran público.
Ese fue un error muy grande de mi parte.
Judai resultó ser mucho más efectivo en el manejo de sus cartas de lo que esperaba (lo cual, viendo las cosas en retrospectiva, no debió ser una sorpresa para mí), y pronto me forzó a adoptar una actitud más agresiva.
Claro, con cartas tan simples, los combos que podía hacer estaban muy limitados, lo cual, a su vez, me hizo esforzarme más para sacar las combinaciones más rebuscadas posibles para no terminar ese primer duelo con una derrota aplastante. Técnicamente, era casi treinta años mayor que Judai, por más que mis recuerdos de esos años fueran cosas inconexas la mayor parte del tiempo, estaría maldito si un niño de siete años me vencía…
Lo hizo.
—¡Sabía que eras un duelista! —me dijo con una enorme sonrisa, mientras jugaba su última carta ganando esa partida—. De verdad sabes usar tu mazo.
Las palabras de Judai me hicieron sentir más satisfecho con mi duelo de lo que había estado antes. Si no mal recuerdo, de los duelos que él tuvo en pantalla durante el transcurso de su serie, solamente perdió dos o tres, así que el haber logrado casi vencerlo con una baraja de principiantes me pareció en sí un gran logro; incluso cuando en ese punto todavía era un niño de siete u ocho años con una baraja de HÉROES incompleta.
Bueno, siendo sincero, tampoco es que hubiera tenido muchos duelos en los tres años transcurridos desde que mi tío me obsequió mi mazo de principiante.
—Quiero la revancha —le exigí, mientras recogía mis cartas, aceptando por primera vez en años esa parte de mí que era un duelista.
—¡Por supuesto! —Sus palabras destilaban el mismo entusiasmo por un buen duelo, y pronto quedó demostrado que ninguno de los dos planeaba ceder ante el otro.
Con un renovado gusto por el juego, el cual no había experimentado desde mi vida anterior, me esforcé por exprimir hasta el último de los combos que un mazo tan básico como el mío era capaz de ofrecer. Mis esfuerzos dieron frutos cuando destruí al «HÉROE Elemental Avian» de Judai con mi «Hermosa Cazacabezas», terminando de paso con sus últimos doscientos Puntos de Vida.
Fue en ese momento que sentí una presión en mi cabeza, como si de pronto algo estuviera tratando de aplastarla desde afuera. Por un instante, mi mirada perdió enfoque y luego, por mero instinto, en mi mente se formó la palabra «¡Basta!» y la sensación desapareció.
—¿Estás bien? —La voz preocupada de Judai me hizo recobrar la compostura.
Fui consciente de que todavía tenía mi mano extendida indicando que atacaba con mi monstruo.
—Eh, sí —le respondí algo vacilante.
Fue cuando la vi: había una sombra de aspecto demoníaco de pie detrás de Judai. La sombra parecía parpadear un poco, como la imagen en un viejo televisor de CRT que experimenta interferencia, y al segundo siguiente, ya no estaba.
La aparición duró apenas lo suficiente como para hacerme dudar de si era algo real. Entonces, recordé algo. ¡Por supuesto! Si Judai tenía tan solo siete años, lo más posible era que Yubel todavía estuviera con él... Eso significaba que el espíritu de duelo lastimaría a cualquiera que se atreviera a ganarle en un duelo.
Al analizar la expresión de su rostro, no me quedó muy claro si él era o no consciente de lo que estaba pasando a su alrededor. Sin embargo, por la culpa y el miedo en sus ojos, puedo asumir que era así. Para mi fortuna, mi madre me llamó, pues el camión de la mudanza por fin había llegado.
—Gracias por los duelos —le dije recogiendo mis cartas y poniéndome de pie—. Supongo que te veré por aquí.
—Claro, vivo en el departamento 502 —me respondió él con una sonrisa vacilante.
—¿En el 502?
¡Maravilloso!: nos mudamos justo a dos departamentos de la familia Yuki. El destino al parecer estaba empeñado en que me mezclara con la trama.
—Desde hoy vivo en el 504 —le aclaré a Judai y luego agregué, más por formalidad—: Tal vez podamos jugar otro día.
Vi como su sonrisa se volvía más segura y brillante. Era casi como si acabara de darle una carta nueva.
Esto me hizo darme cuenta de algo: era probable que el «Incidente Yubel» estuviera ocurriendo desde hacía un tiempo ya.
Si ese era el caso, en esos momentos el niño debía estarlo pasando muy mal. Para alguien tan social y extrovertido como lo es él, verse de pronto solo debía de ser casi insoportable. Lo que, a su vez, me hizo preguntarme si Yubel se daba cuenta de esto, o si de hecho le importaba. (Más tarde supe que sí le importaba, pero para él era un precio pequeño a cambio de mantenerlo a salvo de sus enemigos). Decidí ignorar al espíritu, al menos por el momento.
Comenzamos a hablar sobre la liga profesional de duelos de la ciudad. La temporada anual estaba por comenzar en unos pocos meses, y había mucho que conversar al respecto. Gracias a su parloteo, me di cuenta de que Judai había estado deseando hablar con alguien más sobre eso durante un buen rato.
Una vez que llegamos a la puerta de su departamento, Judai se disculpó, pues ya tenía que entrar. No obstante, antes de eso, acordamos reunirnos de nuevo al día siguiente para otra ronda de duelo.
—¡Eso es genial! —dijo—. Tal vez mi hermano quiera unirse a nosotros —agregó.
Pensé que por «hermano mayor» se refería al adolescente que lo cuidaba. Sabía por el anime que sus padres trabajaban casi todo el tiempo. Debido a esto, su cuidado había quedado relegado a niñeras y, en especial, a ese chico: Osamu.
—Entonces, nos veremos mañana —le dije como una ocurrencia tardía.
—Seguro —me contestó ensanchando su sonrisa—. Traeré mi álbum de cartas y podremos comparar lo que tenemos.
No pude evitar reír con algo de vergüenza ante esa sugerencia.
—En realidad, el mazo de principiantes es lo único que tengo.
La mandíbula de Judai se abrió en un gesto cómico, el cual reconocí como algo «típicamente anime».
—¡Pero, amigo, ese mazo es muy básico!
—Lo sé —le respondí sintiéndome todavía más apenado.
En este mundo, no tener cartas era el equivalente a no tener tazos para jugar en el patio de la escuela cuando era niño en mi primera vida.
—Bueno, supongo que habrá que hacer una visita a la tienda de juegos —decidió por los dos.
—Esa no es una mala idea —intervino la voz de mi madre desde algún lugar a mis espaldas—. Aún no has usado el dinero que te mandó la abuela por el día del niño. Esta podría ser una buena oportunidad.
Mentalmente, hice una mueca poco entusiasta. Pensaba guardar ese dinero para comprar el nuevo juego de The Endless Fantasy (la versión de este mundo de Final Fantasy) que saldría en un par de meses. Sin embargo, me tragué mi reproche en la punta de la lengua cuando vi la expresión animada de Judai ante la expectativa de una excursión para conseguir cartas nuevas.
—¡Estupendo! ¡Podremos pasar todo el día ajustando tu baraja!
Pude escuchar las risitas cómplices de mis padres. Quizás intuían que era incapaz de decir «no» a Judai. Algo que ni siquiera yo sabía el porqué.
—Está bien —acepté al verme sin salida.
De ese modo, con la perspectiva de pasar el día siguiente entre más duelos y cartas nuevas, Judai entró en su departamento dando pequeños brincos de entusiasmo y alegría.
—Es un chico agradable —me dijo mi padre, mientras nos alejábamos hacia la puerta de nuestro nuevo hogar.
—Sí, pero parece que se encuentra muy solo —agregó mi madre.
Por mi parte, me limité a asentir de manera un tanto distraída.
Si el incidente con Yubel estaba sucediendo en esos momentos, era obvio que Judai no lo estaba pasando bien. Si consideraba que Osamu todavía no estaba en coma en el hospital, podía deducir que todavía no llegaba a lo peor. Lo que, a su vez, fue como una señal de que, quizá, sería prudente mantener mi distancia, al menos hasta que su guardián se fuera lejos.
Con ese pensamiento algo oscuro, intenté convencerme de no darle más importancia a un asunto que estaba fuera de mi control.
—¿Te divertiste? —me preguntó mi madre cuando entramos a nuestro departamento.
Asentí de manera afirmativa, lo cual hizo que ella sonriera con alivio. No dije nada más y nos dedicamos a ayudar a los hombres de la mudanza a subir las cosas, y tratar de ver cómo acomodarlo en nuestro nuevo hogar. Mis padres solamente me permitieron llevar cosas pequeñas como libros, discos, retratos y los juguetes con los que adornaba mi habitación.
Una vez que terminamos de subir todo y desempacar lo más básico, mi madre nos premió a todos, incluidos los hombres del servicio de mudanzas, con un enorme vaso de limonada.
Cuando los empleados se marcharon, terminamos sentados en el suelo alfombrado de la sala, todavía en desorden, viendo una película infantil.
- GX -
Al día siguiente, desperté a las siete de la mañana, como era mi costumbre en vacaciones. Me es imposible levantarme más tarde, incluso en los días en los que puedo dormir hasta tarde.
No me es fácil deshacerme de hábitos como ese. En especial de uno que mantuve luego de años de madrugar para ir a la escuela y, más tarde, a la empresa.
Mi mirada recorrió el techo desconocido. Estaba pintado de un tono celeste muy suave. Por lo que supe, antes de mudarnos allí, esa había sido la habitación de un bebé. Decidí que iba a pedir permiso a mis padres para pintarla de otro color.
Procedí a salir de la cama, mientras me estiraba para sacudirme el sueño restante. A mi alrededor todo eran cajas llenas de ropa y juguetes puestos sin orden en mi librero y sobre el escritorio. Entre todo ese desorden, vi mi mazo descansando sobre la mesita de noche y no pude evitar sonreír.
Me obligué a apartar la mirada de él para centrarme en otras cosas. Aprovechando el hecho de que mis padres posiblemente estarían en la cama por otra hora más, al ser domingo, decidí que era momento para comenzar a ordenar todo… En realidad, quería tener una excusa para conectar mi consola y mi computadora.
Mientras estaba ocupado en guardar mi ropa en los armarios y en los cajones de la cómoda, no pude evitar que mis pensamientos vagaran por los recuerdos de los acontecimientos del día anterior. De verdad había conocido a Judai, y empaté contra él en una partida de uno a uno de Duelo de Monstruos. Se sentía surrealista. Era un shock ver a un personaje del anime en la vida real. Cierto, había visto a Yugi y al resto de su generación de duelistas en la televisión más de una vez, pero no era lo mismo encontrarme en persona con uno de los legendarios «protagonistas Yu».
Claro, también estaba el tío Kouji, aunque su participación en pantalla en el anime había sido tan corta que, la verdad, me acostumbré pronto a su presencia. En especial porque es parte de mi familia.
Una hora más tarde, mi madre me llamó a desayunar.
—Entonces, ¿qué cartas piensas comprar? —me preguntó mi padre casi en cuanto me senté a la mesa.
Me tomé un momento para considerar mis opciones antes de responderle. Era un juego con muchas posibilidades, otra cosa era si mis recursos me permitirían comprar las cartas que me gustaría tener.
—No sé si debería seguir usando guerreros o cambiar a otra cosa.
El mazo de principiantes no era suficiente para mi redescubierta emoción por jugar y no solo ser espectador. Tenía algunas cartas buenas que podían servir como la base de un deck más adecuado, pero su consistencia tan pobre lo haría desmoronarse ante cualquier otra baraja medianamente buena. Además, tampoco soy un jugador entusiasta del Tipo Guerrero. Mi tipo principal siempre han sido los Zombis, en especial por el Arquetipo Vampiro, por los que siempre he tenido una debilidad especial, tanto dentro como fuera del duelo.
Para mi fortuna, hacía poco tiempo, en este mundo, apareció el primer mazo estructurado de dicho tipo. Ese deck me parecía lo más cercano en el juego de este mundo al mazo Castlevania que me gustaba jugar en mis últimos días en el clan de YGOPro, y el cual había vuelto a jugar unos meses antes de morir, con la salida del último soporte para vampiros durante la Era Vrains.
—Ya veo —respondió mi padre algo pensativo—. ¿Qué te gustaría probar?
En definitiva, los zombis eran mi primera opción. Es por mucho uno de mis tipos de mazo favoritos y era uno de muy fácil acceso por aquellos días. El nuevo mazo estructurado era una buena forma de conseguir a un precio más accesible cartas como «Señor de los Vampiros», «Tortuga Pirámide» y «Libro de la Vida». Además de cartas útiles para cualquier deck: «Olla de la Codicia», «Tormenta Fuerte», «Robo Oportunista» y «Tributo Torrencial».
—Estaba pensando en la nueva baraja de zombis que salió el mes pasado —le respondí por fin—, pero no la completo.
Aunque los mazos de estructura son el modo más fácil de conseguir cartas básicas en este mundo, eso no quiere decir que sean del todo accesibles para un niño de siete años.
Como dije antes, en este mundo las cartas son costosas. Si bien en mi mundo una baraja de estructura costaba diez dólares, en este llegaban a venderse por sumas de cuatrocientos a quinientos dólares. Al cambio de dólar a yen en ese momento, eso eran más de treinta mil yenes. Con lo que tenía ahorrado para mi juego de vídeo, completaba apenas la cuarta parte del costo de un mazo de estructura. De hecho, una baraja de estructura cuesta lo mismo que una consola de videojuegos recién salida al mercado.
Mi padre se limitó a asentir con actitud pensativa, tal vez tratando de decidir si era buena idea adelantar mi regalo de cumpleaños, el cual estaba muy cerca: la última semana de agosto.
—Siempre puedo ver si hay alguna carta vieja que sea útil para mi mazo actual, o incluso comprar un par de sobres de expansión.
No me gustaba ser una carga en lo económico. Incluso cuando esta era mi familia, mi nueva familia, a veces todavía me sentía como si estuviera tomando algo que no era mío, por lo que trataba de ahorrar y gastar lo menos posible.
Ese fue el motivo por el que consideré mejor comprar un par de esos. En comparación a las barajas completas y las cartas sueltas, los sobres de expansión eran más económicos: quinientos yenes, los más viejos, y setecientos unos nuevos. Aunque, también hay que considerar que, en este mundo, las probabilidades de sacar las cartas de las rarezas más altas son mucho más bajas.
Claro, también hay paquetes de refuerzo especiales. Pero, a diferencia de los normales, su costo es mucho mayor. Por ejemplo, los de la «Serie Dorada», al contener cartas de rareza muy alta, se vendían como si de verdad estuvieran impresos con oro. (Spoiler: era verdad). No ayudaba que su tiraje fuera realmente bajo: solo cinco mil cajas en todo el mundo.
En resumen: comprar varios sobres de expansión y rezar a los tres dioses egipcios para obtener cartas útiles era mi mejor opción. Además, siempre es emocionante abrir un sobre de cartas, fueran de un TCG o de un álbum de estampas como los de Dragon Ball que coleccionaba en mi vida anterior.
—¿Quién sabe? ¡Quizá tenga suerte y me salga una carta muy rara que pueda cambiar por otras o por un mazo de estructura!
Mi padre sonrió ante mi repentino entusiasmo.
—Me sorprende que estés al tanto de los nuevos paquetes —me comentó mi madre, mientras me servía arroz blanco con verduras encurtidas y el pescado asado típico de los desayunos japoneses.
—Me gusta estar al tanto de que pasa, para saber que podría jugarse en la liga pro estos días —le respondí con timidez. No era normal que me mostrara tan entusiasta por algo fuera de los videojuegos, menos aún en lo que respectaba al duelo.
Siendo sincero, eso no era muy diferente de lo que hacía en mi vida pasada, ya que, aunque nunca jugué de forma competitiva, siempre sentí fascinación por ver qué nuevas cartas se editaban y como cambiaba eso al meta… Incluso tras todos los cambios que los nuevos métodos de invocación traían de forma constante.
(Recordar esto me hace preguntarme: ¿qué habrá hecho Konami después de la Era Enlace?)
El resto del desayuno transcurrió en una conversación ya no centrada en los juegos de cartas para niños, sino en cómo adaptarnos a una nueva ciudad. Mis padres repitieron las reglas que había estado escuchando desde que supe que íbamos a mudarnos: no salir a explorar por mi cuenta, tener cuidado con quien hablaba y prestar mucha atención a las calles para memorizarlas y evitar perderme en el futuro.
En cuanto terminé mi desayuno, fui a bañarme para estar listo para la salida del día.
Justo a las diez de la mañana, escuché que llamaban a la puerta. Supe de inmediato que se trataba de Judai. Algo obvio en realidad: no conocíamos a nadie más en la ciudad, y los japoneses son demasiado reservados como para ir a recibir a los nuevos vecinos con comida como hacían, por ejemplo, los estadounidenses (una costumbre que recuerdo haber visto reflejada en muchas series de televisión de ese país).
Efectivamente, al abrir la puerta principal me encontré con Judai… y otra persona. No era Osamu.
Junto a él había otro niño de nuestra edad. Un niño que era físicamente idéntico a él. Claro, donde Judai era jovialidad pura, este otro chico destilaba mal humor. No ayudaba el hecho de que, a diferencia de su hermano que vestía como cualquier niño de siete años en los noventa, este chico lucía un atuendo muy formal: pantalones, camisa y zapatos de vestir; todo en color negro. Además, lo primero que hizo cuando les abrí la puerta, fue recorrerme de arriba a abajo con una mirada que me hacía sentir como si estuviera tratando de ver a través de mi propia alma.
La sensación solo empeoró cuando, por un momento, creí ver algo extraño en sus ojos. Podría jurar que habían cambiado de color a un intenso amarillo dorado. Este fenómeno no duró más de una fracción de segundo.
—¡Buenos días! —me saludó Judai con un tono de voz, quizá un poco más fuerte de lo debido—. ¿Están listos? ¡De verdad quiero ver esas cartas nuevas!
—Judai… —La voz del gemelo fue fría al hablar y logró congelar de inmediato el entusiasmo de su hermano.
Luciendo algo avergonzado, el chico se apresuró a presentar al otro niño:
—¡Oh, lo siento! Me estaba olvidando. Este es mi hermano: Haou.
No sé si en ese momento hice alguna expresión extraña, pero estoy seguro de que en mi cabeza sentí como si alguien acabara de empujarme. ¿Por qué Judai tenía un gemelo? Y de todos los nombres posibles, ¿sus padres escogieron precisamente «Haou»? ¿Siquiera era un nombre real? ¿En qué clase de loco fanfiction o universo alternativo de Yu-Gi-Oh GX fui a caer?
—Él es Kenichi: el chico con quien jugué ayer.
Las palabras de Judai me hicieron volver a la realidad.
—Fue un empate —le aclaré de inmediato, sin saber exactamente por qué sentí la necesidad de hacerlo—. Cada quien ganó un duelo…
Mi voz se apagó cuando noté la forma en la que la mirada de Haou me analizaba, con incluso más intensidad que antes.
—Amigo, estabas usando un mazo de principiantes. ¡Nadie gana con un mazo de inicio!
Quise rebatir las palabras de Judai. Estaba seguro de que Yugi lo había hecho en algún episodio de relleno. Tal vez en aquel donde están probando un robot de duelo o algo así. No obstante, justo cuando iba a decir algo, mi madre apareció.
—¡Buenos días! —Judai la saludó de manera alegre—. ¿Ya podemos irnos? ¡Estoy ansioso por ver esas nuevas cartas!
—Tranquilo, la tienda no irá a ninguna parte —dijo ella, riendo levemente ante la actitud exuberante del niño. Su mirada se posó en el otro niño, quien estaba de pie un paso por detrás de su gemelo.
—Él es Haou, mi hermano. Es mayor que yo por diez minutos.
Mi madre le sonrió al niño.
—Es un placer conocerte. Soy Miyuki Satou, desde ayer somos sus nuevos vecinos.
—Mucho gusto —respondió él, claramente más como una formalidad que porque de verdad quisiera ser amable.
—¿Pidieron permiso a sus padres? —preguntó mi madre a los gemelos. Su voz perdió algo de su entusiasmo tras la respuesta más inexpresiva de Haou.
—Por supuesto, anoche, justo cuando llegaron del trabajo —le respondió Judai con voz algo más apagada.
De nueva cuenta, sentí pena por él. Al parecer esa parte no cambió respecto al canon. Debía ser duro tener padres que pasaban tanto tiempo en sus trabajos, al grado de relegar su cuidado por completo a las niñeras. Al menos en esta realidad tenía un hermano gemelo, por más que su comportamiento hasta ahora pareciera ser frío e insensible.
La pregunta sobre si este gemelo misterioso podría ser de verdad el mismísimo Rey Supremo volvió a pasar por mi cabeza tras caer en ese detalle. Alguna vez leí un fanfiction en donde su alma se dividía y, en vez de nacer solamente Judai, el mismo Haou se había reencarnado con un cuerpo propio. Claro, desterré ese pensamiento de inmediato, decidiendo que no era algo que quisiera saber en realidad.
—Me sentiré más segura si les pregunto yo misma —dijo mi madre con un tono de voz un poco más serio.
—No hay nadie en casa —le aclaró Haou.
—Tenían cosas importantes que hacer en el trabajo —agregó su hermano con voz más baja, con un pequeño deje de tristeza apenas perceptible, como si ya estuviera resignado a esa realidad.
—¿En domingo? —inquirió mi madre de forma suspicaz. Si bien el trabajo excesivo forma parte de la cultura japonesa, en este mundo era algo un poco menos común que en mi mundo anterior.
—Lo hacen mucho —respondió Haou como quién habla del clima, mientras que Judai se limitó a asentir de manera automática.
El pinchazo de pena que sentí antes volvió con más fuerza.
No queriendo ahondar más en eso, salimos de la casa y nos dirigimos a la tienda de juegos más cercana, siendo guiados por los gemelos. Bueno, en realidad, solo por Judai. Su hermano prefería mantenerse en silencio, dedicándose a caminar a nuestro lado y, de tanto en tanto, me enviaba esas miradas que me causaban escalofríos.
El viaje no fue muy cómodo para mí debido a esto último. Aunque traté de entablar una conversación amistosa, las constantes miradas de Haou me hacían crispar los nervios. No ayudaba el que Judai pareciera empeñado en que su hermano entrara en la plática, a lo que este únicamente respondía con monosílabos o gruñidos que lo hacían parecer un Uchiha.
Domino, al ser la ciudad natal de Yugi Muto, Seto Kaiba y muchos otros duelistas legendarios (además del hogar de la Matriz de Corporación Kaiba y sede de una de las ligas de duelo más importantes del mundo), tenía muchas tiendas dedicadas al duelo. Gracias a eso, la tienda en la cual los hermanos Yuki compraban sus cartas no estaba muy lejos.
La tienda se ubicaba en un local de tamaño mediano. No me pareció muy diferente a otras «tiendas frikis» que había visitado en mi vida anterior. Salvo por un detalle: casi todo lo que vendían estaba relacionado con el Duelo de Monstruos. Algo obvio, puesto que en este mundo es el juego de cartas. No había Magic: The Gathering, Pokémon TCG, ni cosas más locales al estilo de Mitos y Leyendas.
Eso sí, el local contaba con una pequeña biblioteca dedicada a manuales de rol, y un estante con figuras de juegos de tablero y Monstruos Encapsulados. No era tan raro, ya que esa compañía había sido absorbida por Ilusiones Industriales un par de años atrás, y ahora muchos de sus monstruos tenían versiones en cartas. A su vez, varios monstruos famosos del Duelo de Monstruos ahora estaban también en las cápsulas.
No obstante, lo anterior era algo minúsculo comparado con las vitrinas llenas de cajas con sobres de expansión, carpetas con cartas sueltas y discos de duelo en exhibición. Incluso había toda una vitrina dedicada a los Dados de Monstruos del Calabozo.
Mi madre se quedó de pie cerca de la puerta, dejando espacio para que pudiéramos ver las tarjetas expuestas en la tienda sin presiones. Por supuesto, durante todo el rato pude sentir la mirada intensa de Haou sobre mi espalda, al parecer todavía juzgando todo lo que hacía.
Traté de ignorarlo y centrarme en las cartas.
Había una «Fuerza de Espejo» Ultra Rara que se veía muy bien, salvo por el hecho de que costaba más de veinte mil yenes. No había forma de que cualquiera de nosotros pudiera pagar por una carta como esa.
—¡Es increíble! —exclamó Judai. Tenía el rostro pegado al cristal del exhibidor, a lo que el dependiente suspiró resignado, seguramente ya habituado a que Judai hiciera eso cada vez que pasaba por allí.
En lo personal, todavía no me acostumbraba a ver una carta que, en mi mundo anterior, se podía conseguir por menos de un dólar a un costo tan alto. Su precio se veía agravado por el hecho de que esa carta no había sido reeditada, más allá de para una Serie Coleccionista y como premio para un torneo Junior reciente, y la expansión en la que apareció hacía mucho que estaba discontinuada. De hecho, su edición del Alfa de Magic & Wizards, el Duelo de Monstruos original en inglés, era el «Black Lotus» de este mundo. Imaginen cuánto costaría la carta firmada por el mismísimo Pegasus.
Mi mirada se desvió a una copia de «Las Fuerzas A.», por dos mil yenes. Sería una buena adquisición para mi mazo, ya que permitiría potenciar mucho los puntos de ataque de mis monstruos. Incluso pensé en agregar algunos monstruos de Tipo Lanzador de Conjuros a la receta, tomando en cuenta que es un tipo de monstruo que se lleva muy bien con los de Tipo Guerrero.
—Creo que compraré un par de esas —dije, y luego fui a buscar cartas de equipo. Un «Hacha del Desespero» nunca está de más, e incluso un «Colgante Negro» podría venirme bien para el nivel de mi mazo en ese momento.
Judai, como es de esperarse, estaba más interesado en ver las cartas que había para sus HÉROES Elementales. Si bien las cartas de soporte genérico para guerreros funcionaban de maravilla con su arquetipo, él prefería llevar las cartas diseñadas exclusivamente para ellos. La tienda tenía un par de sus Monstruos de Fusión, los cuales estaban fuera de su presupuesto, así que tuvo que conformarse con apoyos básicos como «Barrera de Héroes» y la carta genérica «Un Héroe Emerge». Para su fortuna, encontró copias del «HÉROE Elemental Clayman» y «HÉROE Elemental Sparkman» a un precio más que decente, los cuales eran los HÉROES que le faltaban para completar su set de los cuatro normales básicos del arquetipo.
En general, en esos momentos los HÉROES Elementales eran un arquetipo barato, siendo sus fusiones y alguna que otra carta de apoyo la parte más costosa del mazo. Y la razón era que la mayoría de estos eran parte de los llamados «Sets Base».
Los «Sets Base» son, en pocas palabras, la versión económica del juego. Se parecen a la «Serie 1» del OCG y, al igual que aquella, contienen la mayoría de las cartas de monstruos vainilla, así como Cartas Mágicas y de Trampa que pudieron haber salido al comienzo del juego. En pocas palabras: es el producto del juego enfocado para niños y casuales.
El que los HÉROES Elementales normales fuesen parte de estas colecciones supongo es la razón por la cual el profesor Chronos se burló de Judai por usar un mazo de dicho arquetipo.
Haou no parecía interesado en obtener nuevas cartas, aunque pude notar como su mirada se desviaba hacia la «Fuerza de Espejo» en exhibición. Sin duda era la carta más rara en la tienda y no pocos duelistas debían de estar deseando agregarla a su deck.
Al final de nuestra excursión, salí de la tienda con dos copias de «Las Fuerzas A.» un tanto más baratas, al ser copias en un estado un poco peor que la exhibida en el mostrador de la tienda, y una copia de «Nuzzler Malévolo». El resto de mi dinero se fue en tres sobres de la expansión de recopilación «Revelación Oscura Volumen 1».
En total, la pequeña excursión a la tienda duró alrededor de una hora.
El camino de regreso fue mucho menos tenso. Judai no era capaz de contener su emoción ante la expectativa de abrir los tres sobres, incluso cuando no eran suyos. Con el tiempo aprendería que para él no hay nada más emocionante que abrir un paquete de cartas nuevo. No tengo duda de que se divertiría mucho si pudiera ver los vídeos de unboxing de cajas enteras de sobres que se publicaban en YouTube en mi mundo original.
Haou, por su parte, parecía estar de peor humor. Podía ver cuánto le molestaba la actitud relajada y exuberante de su hermano.
—¡Ábrelos! —me pidió Judai emocionado ni bien dimos dos pasos dentro de mi departamento.
Mi madre se rio, divertida por su entusiasmo, y luego se marchó en dirección a la cocina, claramente para servirnos jugo y bocadillos.
—Muy bien, ya voy —le dije con falso exaspero, traicionado por la sonrisa dibujada en mi boca. Maldito optimismo contagioso de Judai.
Tomé el primer sobre y lo abrí con unas tijeras escolares, teniendo cuidado de no dañar las cartas en el interior. Las cuatro cartas comunes no eran nada espectaculares, pero la carta rara resultó ser un «Virus Infecta-Tribu». No era una carta en sí muy costosa, sin embargo, se podía vender a buen precio o cambiarse por algo decente si encontrabas a la persona indicada. Curioso, para una carta que en mi mundo siempre recuerdo dentro de la Banlist.
El segundo sobre tenía cartas un poco mejores, destacando un «Goblin Ciegamente Leal», que de inmediato se ganó un lugar dentro de mi mazo. La carta rara resultó ser el monstruo de ritual «Señor de la Llama Legendario», un monstruo que podía llegar a ser útil para un mazo básico de Lanzadores de Conjuros centrado en el uso de Contadores Mágicos. No obstante, carecía de la Carta Mágica de Ritual para su invocación, por lo cual su valor se redujo en al menos un cincuenta por ciento.
Judai comenzó a dar pequeños saltos de alegría cuando fue hora de abrir el último paquete.
Ese fue el mejor de los tres.
Obtuve una copia de «Rompe Raigeki», otra de «Viejo Mago Vengativo» y la carta rara resultó ser «Newdoria». Tres cartas para destruir monstruos en un sobre no estaba nada mal.
Sin embargo, fue una de las dos cartas de rareza común restantes la que de verdad hizo que valiera la pena. Resultó ser «Dragón de Zafiro». Incluso siendo de una rareza tan baja, era una carta costosa. Esto se debe a que, en ese entonces, era uno de los pocos monstruos normales de Nivel 4 con un Ataque de 1900 puntos. De hecho, me sorprendía que hubiera sido editada como una carta de rareza común.
—¡Es increíble! —exclamó Judai, mientras extendía la mano en dirección al dragón.
Incluso Haou, quien había estado observando lo que pasaba desde un rincón del sofá, se inclinó un poco a fin de verla mejor.
—¡Es fantástico! —medio gritó Judai—. Nunca había visto una copia de «Dragón de Zafiro». Tal vez debas cambiar a los dragones. ¡Por usar una carta como esta creo que valdría la pena!
Asentí de manera distraída, todavía con el raro dragón en mis manos.
Aunque lo había utilizado muchas veces antes en varios videojuegos, no era lo mismo sostener la carta real. Más aún en este mundo, uno donde el Duelo de Monstruos es una cosa seria y no un pasatiempo de fin de semana. Además, en ese momento no supe si era mi imaginación, pero la carta irradiaba una sensación cálida que me resultó muy agradable.
Era una carta costosa, tanto que bien podría venderse por el valor de una caja completa de sobres de expansión; sin embargo, decidí en ese momento que no la vendería. Se sentía mal el simple hecho de pensar en deshacerme de ella, incluso cuando al ser un monstruo de Tipo Dragón no tenía mucho sentido el ponerlo dentro de mi mazo. Bueno, lo anterior sin considerar que sus 1900 puntos de ataque no estaban nada mal. En especial, cuando tomaba en cuenta que mi Monstruo Normal de Nivel bajo más poderoso, actualmente era un «Incursor del Hacha» con 1700 puntos de ataque.
En un duelo, doscientos puntos de diferencia pueden ser cruciales. Sobre todo en un mundo en el cual los duelos comenzaban con 4000 Puntos de Vida.
Extendí mi mazo frente a mí para tomar la decisión de qué cartas deberían irse o quedarse. Judai pareció confundido, y me preguntó por qué no simplemente agregar las cartas nuevas a mi mazo y ya. Tuve que explicarle que me gustaba tener cuarenta y dos cartas en el Deck Principal.
—¿Por qué un número tan específico? —Para mi sorpresa, la pregunta vino de Haou.
Tragué un poco de saliva antes de responder a su cuestionamiento. La emoción de encontrar una carta tan especial casi hizo que me olvidara que de hecho él estaba allí.
—El 42 es la respuesta.
—¿La respuesta? —me preguntó Judai esta vez.
—Sí, la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás.
Dejando de lado las referencias a la ciencia ficción, que al parecer ninguno de los hermanos Yuki entendía, volví a centrarme en mis cartas.
Mi mazo mejoró un poco con las nuevas adquisiciones, aunque aún no podía ser llamado una baraja competente. Al menos ese «Dragón de Zafiro» le daba un toque único para ser el deck de un niño de segundo grado de primaria.
—¡Muy bien! ¡Hora del duelo! —declaró Judai en cuanto notó que terminé los ajustes a mi baraja.
Despejamos la mesa para el café y comenzamos la partida.
Fue un poco difícil concentrarme con la mirada analítica de Haou todo el tiempo sobre mí, juzgando cada uno de mis movimientos. Aun así, traté de poner toda mi atención en el duelo y jugar mis cartas de la mejor forma posible.
No sirvió de mucho. El primer duelo terminó con una derrota para mí, mientras Judai conservó más de la mitad de sus puntos de vida.
Respiré profundamente para relajar mis nervios, como hacía en mi otra vida cuando me enfrentaba a algún examen muy complicado. Con la atenta mirada de Haou sobre mí, el duelo se sentía como un examen final de una de esas materias de la universidad que eran tediosas y muy complicadas de manera innecesaria.
Resultó. En ese segundo duelo, aunque tampoco fue una victoria para mí, me fue mucho mejor que en el anterior. Hubo un par de momentos en los que, de no ser por una carta trampa fortuita o uno de esos robos muy convenientes por parte de Judai, de esos que casi parecen un guionazo del destino, pude haber ganado la partida.
Cuando alcé la mirada para felicitarlo por su victoria, lo noté de nuevo: una sombra detrás de él, la sombra de Yubel, que de nueva cuenta desapareció en un parpadeo tan rápido que, de no ser porque ante mí se encontraba Judai Yuki, habría pensado que estaba imaginando cosas. Por fortuna, esta vez no tuve la sensación de presión en mi cabeza.
El tercer duelo comenzó. La intensidad de la mirada de Haou pareció atacar con renovado interés y me vi cometiendo algunos errores muy básicos. Conseguí reponerme al final para salvar el duelo de una derrota mucho peor.
—Muy bien, veamos qué tan bueno eres —declaró Haou al terminar ese tercer duelo.
Judai miró un momento a su gemelo, al parecer dudando sobre si acababa de escuchar correctamente.
—¿De verdad vas a jugar? —le preguntó, incrédulo.
Haou se limitó a mirar a su gemelo, quien se encogió de hombros y se hizo a un lado para que su hermano pasara a ocupar el lugar frente a mí.
Tragué saliva, mezclé mis cartas y respiré profundamente para tranquilizarme. La presencia de este niño era aterradora, cuando menos.
Como indican las formalidades del duelo, le tendí mi deck para que lo barajara, cosa que no hizo.
Aunque él jugaba con un mazo no muy diferente al de Judai, se sentía como el día y la noche en sus manos. Donde el menor solo buscaba divertirse y disfrutar de cada jugada, su hermano mayor era despiadado y no se tocaba el corazón para destruir a mis monstruos. Por cada combo que armaba, él parecía estar dos pasos por delante. Se sentía como el primer duelo contra Heishin en Forbidden Memories… No, mucho peor. La IA del juego tiene sus limitantes, y un jugador que la ha estudiado lo suficiente puede encontrar la forma de engañarla, incluso con la baraja que te dan al comienzo del juego. Este niño era brutal en el sentido puro de la palabra: manejaba sus cartas como si fueran el arma más peligrosa del mundo en las manos del asesino más competente.
A pesar de eso, me las arreglé para sobrevivir a una docena de turnos. Es curioso, era un duelo entre niños de siete años, pero se sentía como una lucha por mi vida. No tenía más dudas: este niño era Haou, el Rey Supremo, el responsable de la masacre de duelistas durante la tercera temporada de Yu-Gi-Oh! GX. ¿Por qué existía como una persona separada de Judai, quien se supone era su reencarnación en la época actual? Otra pregunta que, en ese momento, pensé nunca tendría una respuesta… En lo que a mí respectaba, quizá la única respuesta era la misma que Rick Sánchez dio a Morty: «¡No pienses en eso!».
Cuando el duelo finalmente terminó, y Haou redujo mis Puntos de Vida a cero, por un momento sentí que moriría. El Rey Supremo hacía su duelo todo el tiempo como si estuviera en una batalla a muerte.
Luego de un momento, dejé escapar mi respiración contenida, suspiré aliviado y procedí a recoger mis cartas.
—Lo hiciste muy bien —me felicitó Judai, sonriendo—. Nunca he visto a nadie de nuestra edad tocar los puntos de vida de mi hermano.
—Gracias, supongo.
Podía ver por qué: si Haou era la mitad de aterrador de lo que fue contra mí en cualquier otro duelo, no quiero saber lo que debe parecer para auténticos niños de siete años enfrentarse a él.
Judai sonrió de nuevo, tratando de animarme. Justo en ese momento, mi madre regresó con jugo y galletas para la merienda.
Haou no volvió a participar en los duelos durante el resto de su visita. Por fortuna para mí, nuestro duelo pareció hacerle perder gran parte de su interés, pues dejé de sentir su mirada juzgando todo lo que hacía y finalmente pude relajarme y disfrutar del juego. Bueno, tanto como se puede si tomamos en cuenta que de vez en cuando la sombra de Yubel seguía apareciendo detrás de Judai, en especial cuando conseguía atraparlo con uno de mis combos. Gracias a Ra que no parecía interesado en lastimarme… Al menos no ese día.
La visita terminó y fui a despedir a mis invitados a la puerta. O más bien, despedir a Judai. Haou se limitó a gruñir y luego se marchó sin esperar a su hermano.
—Lo siento —se disculpó Judai conmigo—. Haou es así.
—No hay problema. Pueden venir cuando quieran.
Sentí ganas de morderme la lengua tras esas palabras.
—¡Por supuesto! ¡Nos vemos!
Me quedé un momento de pie con la puerta abierta, viendo el lugar donde Judai había estado de pie unos segundos atrás.
Toda la situación aún me parecía muy surrealista.
«¿En qué lío me he metido?», pensé mientras cerraba la puerta y volvía a mi habitación a guardar mis cartas.
El resto del día, mi mente se mantuvo lejos de eso, ya que debía ayudar a mis padres a abrir cajas y acomodar las cosas en nuestro nuevo hogar; en especial mi propia habitación.
Por fortuna, para mi paz mental, durante el resto de ese día, fui capaz de mantener a los hermanos Yuki fuera de mi mente.
