Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Solo esta historia llena de clichés y el OC.
Libro I
Capítulo 2
Yubel
[Demonio/Efecto/OSCURIDAD/Nivel 10/ATK 0/DEF 0]
Esta carta no puede ser destruida en batalla. No recibes daño de batalla de batallas en las que esté involucrada esta carta. Antes del cálculo de daño, cuando esta carta en Posición de Ataque boca arriba es atacada por un monstruo de tu adversario: inflige daño a tu adversario igual al ATK de ese monstruo. Durante tu End Phase: Sacrifica 1 monstruo o destruye esta carta. Cuando esta carta es destruida, excepto por su propio efecto: su dueño puede Invocar de Modo Especial, desde su mano, Deck o Cementerio, 1 "Yubel - Terror Encarnado".
El edificio residencial al que nos mudamos tenía un área de juegos en el primer piso, la cual incluía un salón interno para días lluviosos, y un jardín con columpios y otros juegos infantiles. En el exterior también había varias mesas de pícnic, las cuales eran utilizadas para los duelos y de vez en cuando otros juegos de mesa.
La mayoría de los niños del edificio pasaban sus tardes en ese lugar.
Como dije, mis padres estaban esperando que por fin me conectara con otros niños, pues comenzaba a preocuparles el que pasara tanto tiempo encerrado en mi habitación con los videojuegos, la computadora y mis libros de cuentos. Por ese motivo, la tarde del lunes, mi madre empujó mi mazo en mis manos y me sugirió (ordenó, más bien) que fuera a presentarme con los hijos de nuestros vecinos y me divirtiera con ellos.
—Tal vez puedas encontrar otros niños con quienes probar tus nuevas cartas —me dijo. Luego, al parecer como ocurrencia tardía, agregó—: Incluso es posible que tus nuevos amiguitos estén allí y puedan presentarte a los vecinos. Tan solo asegúrate de volver antes de las seis para poder recibir juntos a papá.
Internamente, hice una mueca de exasperación. No creía que a Haou le gustaría ser llamado «mi amiguito».
Sin muchas esperanzas de que mi madre cambiara de opinión, ajusté el estuche del mazo a mi cinturón y salí del departamento para ir a la mencionada área de juegos.
Spoiler: no fue divertido.
Los verdaderos niños de siete años son ruidosos y descuidados. Casi de inmediato me vi rodeado por ellos, como si fueran tiburones saltando sobre su presa al olfatear la «sangre fresca». Comenzaron a hacerme toda clase de preguntas: de dónde venía, qué juegos me gustaban, cuál era mi manga favorito de la Jump y un largo etcétera. Respondí a casi todo lo mejor que pude, hasta que comenzaron las preguntas sobre Duelo de Monstruos. Claro, estando en el yugiverso no podía ser diferente. En este mundo los niños de siete años no quieren ser futbolistas, astronautas o como sus padres; quieren ser duelistas como Yugi Muto, Katsuya Jonouchi, Seto Kaiba y Mai Kujaku.
Una vez les confirmé que me gustaba el duelo, no perdieron tiempo en desafiarme.
Mi baraja de guerreros no tuvo muchos problemas en destrozar sus mazos, los cuales eran incluso más básicos que el mío. He dejado en claro lo simple que es el «Deck de Inicio: Guerreros» en comparación con un mazo medianamente bien construido, aunque eso no toma en cuenta que la mayoría de los niños de siete años no juegan con una estrategia real en mente. Casi la totalidad de sus decks estaban formados de cartas de alguno de los Sets Bases que llamaron su atención por sus ilustraciones y la mayoría contenían una cantidad enorme de monstruos de nivel alto que nunca podían invocar. Podríamos haber usado las reglas del Formato Estándar –es decir, el formato que se jugaba antes de Ciudad Batallas–, pero ellos querían «jugar como los profesionales». En general, sus mazos eran desiguales, con poca estrategia, y muchos de ellos carecían de cualquier apoyo de Cartas Mágicas y de Trampa.
Ese día tuve un flahsback de cuando iba en la secundaria en mi vida pasada y nadie sabía jugar, así que utilizábamos cartas falsas e improvisábamos las reglas como si estuviéramos en el Reino de los Duelistas.
Para mi suerte, luego de los niños de siete años, estaban los mayores –de nueve o diez años– quienes sí que sabían cómo jugar al menos con las reglas básicas. Incluso cuando no estaban al nivel que Judai y Haou me mostraron el día anterior, eran un reto mucho más interesante. Un par incluso comenzaban a entender lo que es jugar con un arquetipo y armar combos.
—Eres muy bueno —me dijo Rika Inaba, una niña de diez años, cuando mi «Dragón de Zafiro» aplastó a su «Protector del Trono» dejando el camino libre para que mi «Guerrero de Zera» acabara con sus últimos Puntos de Vida.
Con ella, ya iban diez niños a los que ganaba sin que representaran un reto verdadero.
—¡Hola! —escuché un saludo entusiasta. Vi como la mano de Rika se tensaba y dejó caer su mazo sobre la mesa, como si acabara de escuchar al mismo diablo.
Me giré para ver hacia la entrada y vi a Judai caminando apresurado hacia nosotros… hasta que un par de chicos mayores se interpusieron en su camino. Estaba muy lejos para escuchar lo que le dijeron, pero no debió ser algo agradable, ya que, unos instantes después, el niño retrocedió, casi como si acabaran de darle un empujón. Los niños mayores dijeron algo más, tras lo cual el menor simplemente dio media vuelta y salió del área de juegos con la cabeza agachada.
—¿Estás bien? —le pregunté a Rika intuyendo cuál sería su respuesta.
—Sí, no pasa nada —se apresuró a responder, al tiempo que reunía sus cartas, que todavía estaban dispersas por la mesa.
—Parece que viste a un fantasma —le dije al ver su comportamiento nervioso. No pareció querer agregar nada, así que decidí probar otro enfoque—: ¿Por qué esos niños mayores expulsaron a Judai de este lugar?
Su mirada se crispó de nuevo en cuanto escuchó mi pregunta.
—Judai no tiene permitido entrar aquí —dijo con brusquedad—. No es bueno.
—Es curioso: jugué con él y su hermano ayer. Son muy agradables. —Bueno, al menos Judai lo era; Haou, por otro lado…
—¡Es un monstruo! —Los labios de Rika se fruncieron mientras hablaba, y sus manos se apretaron con tanta fuerza alrededor de sus cartas que sus nudillos se pusieron blancos—. No ganaste contra él, ¿verdad?
—Estuve cerca —mentí, más o menos—. ¡Es un rival muy duro!
—Cuando ganas, pasan cosas malas. Escuché incluso que un niño murió. Todos saben que Judai es un demonio.
—¿Un demonio? —murmuré.
A esas alturas era innegable que el Incidente Yubel estaba ocurriendo. Sobre si un chico había muerto o no tras tener un duelo contra Judai, parecía ser solamente un rumor infundado por las acciones del espíritu. Aunque tampoco estaba seguro. Yubel en el anime demostró ser capaz de eso y más. Y, de nuevo, este es un mundo en donde, debajo de toda la parte divertida de ganarse la vida con un juego de cartas para niños, estaban los juegos macabros de Marik, o el Faraón sin Nombre quemando vivo a un sujeto como penalización por hacer trapa en un Juego de lo Oscuro.
Por ahora, mi mayor pista de que ese rumor no podía ser cierto era la presencia de Yubel. Si el espíritu ya hubiera hecho algo de ese calibre, los padres de Judai lo habrían forzado a deshacerse de la carta. Al menos eso es lo que esperaba, basado en mi conocimiento previo. El anime dejaba en claro que Judai se sometió a un tratamiento a la edad de ocho o nueve años, el cual básicamente borró todo ese periodo de su mente; pero no especificaba cuánto tiempo pasó desde que el espíritu comenzó a volverse violento hasta que terminó siendo enviado al espacio. Podían ser un par de meses o incluso años. Tampoco sabía sí el incidente con Osamu fue lo más grave o solamente la gota que colmó el vaso.
—Yo creo que es muy agradable —dije por fin.
Rika se tensó de nuevo y apartó la mirada de mí con nerviosismo.
Le sonreí, recogí mis cartas, me puse de pie y caminé hacia la salida del área de juegos. No pensé que volviera por allí a jugar con esos niños luego de ese día. Y tampoco tenía la intención de involucrarme en el Incidente Yubel más de lo necesario…
Esta última resolución duró solo hasta que llegué a las escaleras del edificio.
Allí me encontré con Judai. Estaba sentado en el tercer peldaño, con su mirada perdida en el infinito. No había rastro alguno de ese brillo entusiasta que noté en su mirada el día anterior, cuando fuimos a la tienda de cartas y jugamos en mi casa, por el contrario: sus ojos estaban apagados y melancólicos. Esa mirada en él me pareció por completo antinatural. Se supone que debe ser un niño feliz y lleno de energía… Al menos hasta la temporada tres y todo el desastre en la otra dimensión. Justamente algo que era consecuencia directa de lo que estaba pasando ahora mismo en la vida del niño que tenía delante de mí.
—Hola —lo saludé y me senté a su lado.
Judai me miró por un momento, y noté el miedo en su mirada. Lo supe de inmediato: temía que cualquier cosa que hubiera escuchado sobre él haría que me alejara. ¿Cuántos amigos había perdido desde que todo esto comenzó?
—Hola —respondió en voz baja y cautelosa.
—Entonces… —dije alargando la palabra como, creo, haría un verdadero niño de siete años—. ¿Tienes tiempo para un duelo?
La alegría volvió a sus ojos.
—¡Por supuesto!
Maldita sea mi debilidad con los niños pequeños. Simplemente, no me gusta verlos estar tristes.
- GX -
No fue complicado convencer a mis padres de que no tenía interés de jugar más con los otros niños del edificio. Les conté una verdad a medias: alguien inició una serie de desagradables rumores sobre Judai, debido a que les ganó en un duelo, y ahora los otros niños lo discriminaban. Como él era mi primer amigo en esta ciudad y, técnicamente, el único amigo que había tenido en toda mi vida (en esta vida, al menos), decidí que su amistad era más importante que un montón de niños tontos que lo trataban mal.
Funcionó, ya que no cuestionaron por qué en vez de ir al área de juegos prefería invitar a Judai a nuestra casa para jugar, o ir yo mismo a la suya. No es como si estuviera muy lejos de nuestro departamento: eran únicamente dos puertas de distancia.
Conocí a Osamu la primera vez que fui a visitar a Judai a su departamento.
Resultó que era el hijo mayor de un empleado del padre de Judai. Tenía diecisiete años y cuidaba a los gemelos como parte de un empleo de verano –de medio tiempo cuando estaba en clases–. Era un tipo agradable y me felicitó por decidir ser amigo de su «hermano pequeño» y no escuchar los rumores hirientes de los otros niños. También era un duelista de un nivel competente, quizá podría haber ido a la Academia de Duelos de haber tenido la oportunidad.
Hablando con él, descubrí que él era la razón por la que Judai sabía que iba a mudarme. Al parecer, el grupo de vecinas chismosas, esas que no pueden faltar en ningún edificio, estaban hablando sobre la nueva familia que se mudaría durante el verano. Osamu, viendo al niño tan triste a causa de que nadie quería jugar con él, se lo dijo esperando que encontrara un nuevo amigo. De hecho, desde ese día, el chico se había pasado todas las tardes sentado en las escaleras, esperando a que sus nuevos vecinos aparecieran.
Volviendo a mi historia, el que el adolescente todavía estuviera allí, al parecer sano y salvo, fue la confirmación que necesitaba de que el Incidente Yubel todavía no llegaba al punto de inflexión que recuerdo del anime. Ese rumor sobre la muerte de un niño parecía ser una simple exageración. Tampoco es que se pueda culpar a esos niños: en otras circunstancias yo también habría estado aterrado.
Por mi parte, a pesar de mi objeción anterior a mezclarme de cualquier forma en la historia de Judai, mientras más lo conocía más difícil era para mí estar lejos. Su actitud me recordaba mucho a un amigo mío de la secundaria, uno de esos amigos entrañables que solamente se tienen a los doce años.
La situación con Haou era… dejémoslo en diferente.
No lo veía mucho. Incluso cuando iba a visitar su casa, este permanecía en su habitación, de donde salía muy de vez en cuando. Las pocas veces que su hermano conseguía arrastrarlo a nuestros duelos, sus ojos fríos todavía juzgaban cada uno de mis movimientos como en una batalla de vida o muerte.
Y luego estaba Yubel. Sus ataques fueron incrementando su intensidad. Cierto, ya no me tomaba por sorpresa como el primer día, y de alguna manera mi mente estaba protegida para el ataque que sufriría cada vez que me atreviera a ganar un duelo contra Judai. Pero esa misma defensa pareció servirle como una medida de cuánto poder podía usar para tratar de lastimarme: las molestias pasaron de leves pinchazos al equivalente psíquico de recibir un puñetazo. Lo peor fue que, entre más intensidad hubiera detrás del ataque, la sombra que a veces distinguía detrás de él iba tomando más claridad.
Muchas veces me quedaba despierto en la cama hasta altas horas de la noche, sumido en mis temores. Quizá sería mejor para mí alejarme de Judai. Me preocupaba lo que pasaría si Yubel decidía que lo mejor era deshacerse de mí enviándome a un coma profundo. O, peor aún, ¿qué haría si se daba cuenta de que sabía sobre su existencia? Era posible que entonces sí que trataría de deshacerse de mí definitivamente.
Sin embargo, no podía hacerle eso a Judai. Inevitablemente, él aparecería en mi puerta en algún momento y su capacidad natural para atraer a otros como luciérnagas me haría terminar pasando la tarde en su casa o en mi habitación, entretenidos con los duelos, jugando videojuegos o viendo una película.
Por supuesto, mis padres estaban más que felices con este desarrollo. Al parecer comencé a sonreír más y, aunque todavía pasaba mucho tiempo en mi habitación, lo hacía en compañía de Judai. Incluso el fin de semana fui con él al parque local para ver a los duelistas de secundaria que utilizaban discos de duelo, y durante la siguiente semana fuimos un par de veces a Kaibalandia. Allí nuestras barajas sufrieron un pequeño impulso.
En la zona de árcades del parque había unas máquinas que básicamente eran puzles de «gana en un turno», como los que recuerdo de muchos de los videojuegos de la franquicia, los cuales jugué en mi vida anterior. Así que, entre Judai y yo, nos dedicamos a romper todos los récords y, por supuesto, siendo un parque construido por Seto Kaiba, las recompensas eran cartas que iban desde decentes a buenas, y raras en los niveles de dificultad más altos.
De esa forma, pasó la mitad de agosto y, como era costumbre en mi familia, el tío Kouji nos hizo una visita durante su descanso del verano.
Eso debió ser un momento feliz, ya que el hombre me agradaba (contrario a lo implicado en el anime, su discurso de modo profesor no era aburrido), pero no podía sacarme de la cabeza un detalle sobre él:
En la serie, Kouji Satou no era lo que podríamos llamar un gran «fanático» de Judai. Bueno, eso es un eufemismo: Kouji Satou abiertamente lo odiaba, y lo hacía a un grado tan enfermizo que, en comparación con la actitud prejuiciosa de Chronos al comienzo, era inexcusable. El director de Obelisco al menos se redimió y demostró ser alguien que se preocupaba por sus alumnos, sin importar el color del uniforme o los rencores pasados. Los prejuicios de Kouji Satou eran tan profundos y, en cierto sentido, irracionales, que incluso lo llevaron a atentar contra la vida de sus propios alumnos y al final le costaron la propia.
Puedo entender que un profesor estricto se moleste con la actitud desobligada de Judai, y que además era una distracción para el resto de los alumnos (y esto en un país como Japón donde fracasar en los estudios es inadmisible); pero, ¿llegar tan lejos como para intentar asesinarlo?
Así de intensas eran algunas cosas en este mundo, más allá incluso de los Juegos de lo Oscuro.
Con todo lo expuesto antes, no estaba seguro de cómo afectaría al canon (si es que mi presencia no lo había destruido ya por completo) el que él conociera a Judai tantos años antes de su ingreso a la Academia de Duelos. Quizá el hecho de que mi tío Kouji todavía fuera un estudiante universitario, y no un profesor en la Academia, fuera suficiente para que no viera a Judai con los mismos ojos que en la serie.
Por fortuna, el día que mi tío Kouji llegó a casa, quedó demostrado que mis preocupaciones eran infundadas.
Mi madre nos envió a Judai y a mí a esperarlo en la recepción del edificio, así que decidimos matar el tiempo con algunos duelos.
Como es costumbre, la diversión pronto hizo que dejáramos de prestar atención a nuestro entorno. Mi mazo poco a poco estaba dirigiéndose a la clásica combinación de Tipo Guerrero con Tipo Lanzador de Conjuros. Los HÉROES de Judai, por su parte, eran mucho más poderosos con las cartas que ganó en los árcades de Kaibalandia, que incluían a monstruos como «HÉROE Elemental Bladedge» y un par de sus Fusiones con otros HÉROES. Debido a esto, nuestros duelos eran cada vez más complejos.
No fuimos conscientes de que mi tío había llegado hasta que lo escuchamos aplaudir cuando terminó nuestro tercer duelo.
—Muy bien jugado, ambos —nos dijo, mientras se acercaba a nosotros.
Revolvió mi cabello, como era su costumbre, al tiempo que me sonreía con calidez. Quizá eso pueda parecer una actitud poco acorde con su personalidad en la serie, en donde apareció como un profesor estricto y muy apegado a sus prejuicios personales, pero, a final de cuentas, es mi tío. Esto me hace preguntarme si su actitud en la serie fue algo que surgió más tarde, o si fue una característica que únicamente demostraba en sus clases y no con su familia.
—Me alegra verte, tío Kouji. Él es Judai. ¡Es un duelista increíble!
—Es un placer conocerlo, señor Satou —lo saludó Judai con una timidez y formalidad poco habituales en él.
—Ya veo… —dijo mi tío, mirándolo de manera crítica—. Supongo que eres el pequeño bribón que consiguió sacar de su caparazón a nuestro pequeño Kenichi. Mi hermano me ha hablado muy bien de ti.
Eso sí que fue un gran cambio con respecto al Kouji Satou que recuerdo del anime. Aunque, de nuevo, un par de episodios de una serie poco pueden hacer para reflejar su realidad como una persona de carne y hueso.
—No hice nada —respondió Judai todavía algo tímido. Supuse que se debía a que era solamente un niño de siete años.
—Yo no lo veo así: Kenichi antes no hablaba con nadie fuera de la familia, además de que parecía ser indiferente al duelo. Temía que su gran potencial como duelista se desperdiciara.
Me sonrojé, avergonzado ante esas palabras. Conocer a Judai poco a poco estaba lanzando por la borda mi decisión de quedarme al margen de la escena de los duelos. ¡Malditos sean su alegría y optimismo contagiosos!
—¡Oye, Judai, el tío Kouji es un duelista profesional! —le dije para desviar la conversación lejos de mí y mi recién recuperado gusto por el juego.
Los ojos del niño se iluminaron de emoción al escuchar eso.
—¡He visto sus duelos! —¡Oh, ya veo! Así que a eso se debió su timidez anterior—. ¡La forma en la que destrozó a Insector Haga la temporada de invierno fue lo más increíble que he visto!
El tío Kouji sonrió divertido ante el repentino exabrupto de Judai. Nos hizo una señal para que lo siguiéramos hacia el ascensor.
—Ese fue un duelo difícil. Su combinación de «Parásito Paracida» con «Barrera de Insectos» es una muy buena defensa. Por fortuna, mis cartas nunca me fallan en situaciones como esa.
Judai estaba radiante de escucharlo hablar y yo no pude reprimir mi sonrisa.
—Por otro lado, fue decepcionante que no haya participado en la temporada de primavera. ¡Quería ver más duelos de su deck!
—Estuve ocupado: esta primavera tuve que prepararme para un examen muy importante.
El ánimo del chico se desinfló un poco al escuchar eso.
—¿Un examen? —preguntó en voz baja.
—El tío Kouji estudia en la universidad de Tokio —le aclaré.
—Pero… ¡Es un duelista profesional!
Mi tío soltó una carcajada. Era claro que encontraba divertida la respuesta de Judai.
—Hay mucho más en el mundo que los duelos. La educación también es fundamental. Pretendo convertirme en profesor para así poder enseñar a la siguiente generación. Ser un duelista está bien, pero nunca está de más tener alguna otra alternativa de carrera.
—Sí —estuve de acuerdo—. Voy a ser un escritor y publicaré libros de fantasía. También aprenderé a programar videojuegos y, luego, haré mi propio RPG para que los lectores puedan explorar el mundo que narraré en mis novelas.
Nunca había dicho eso en voz alta, y no sé por qué lo dije en ese momento. Tal vez solo me salió de forma natural, como un niño respondiendo a quién le pregunta qué quiere ser cuando sea mayor.
—Ese es un plan interesante —dijo mi tío mirándome con un gesto pensativo.
—¡Pensé que seríamos duelistas profesionales juntos! —se quejó Judai y no pude evitar notar algo de dolor en sus palabras. Al parecer, luego de ese tiempo sin amigos, hizo que se volviera más apegado a mí de lo que supuse en un primer momento.
—Bueno, como dijo mi tío: puedo ser duelista y otra cosa también. Así que seré un duelista…, pero también un escritor y un programador de videojuegos.
La mirada de Judai se iluminó de nuevo y el tío Kouji soltó otra carcajada divertida ante nuestra interacción.
Mentalmente, sentí la necesidad de darme un fuerte golpe en el rostro. Por un momento hablé sin filtros y declaré una intención de convertirme en duelista, algo que sin duda él no me dejaría olvidar. Podía tener siete años, pero ya era una fuerza a tener en cuenta respecto a influenciar a otros. ¿Me pregunto si tendrá que ver con sus poderes como Rey Supremo? Espera… ¿Judai tenía los poderes de la Oscuridad Gentil, incluso si Haou era una entidad separada de él en esta vida? Más preguntas que, en ese momento, no sabía si quería conocer la respuesta.
Bueno, ser un duelista tampoco podía estar tan mal. No al menos en un mundo donde ser competente en los juegos de cartas para niños es casi tan satisfactorio e importante como ser un deportista de alto rendimiento.
Algo en lo que pensé mucho desde que conocí a Judai, fue en la posibilidad de terminar enfrentando amenazas como los Asesinos de las Siete Estrellas o la Luz de la Destrucción. En especial la segunda. Si la Teoría del Caos es correcta, mi presencia en ese mundo ya había trastocado todo (comenzando con la existencia de Haou); pero eso no cambiaba un hecho: la Luz de la Destrucción vendría tras de él y su hermano, atrapando en el fuego cruzado a todas las personas cercanas a ellos.
Supuse que ahora eso ya era inevitable: aceptar ser un duelista profesional con él significaba que la forma más fácil de lograrlo era asistir a la Academia de Duelos, y eso se traducía en quedar envuelto en todo el asunto de los asesinos, dormitorios abandonados, fuerzas cósmicas destructivas y un espíritu de duelo enloquecido…
Lo último, no obstante, era asumir demasiadas cosas. Empezando con el destino de Yubel: ¿Qué me aseguraba que no sería enviado al espacio en los siguientes años? Haou estaba allí, y si mis sospechas eran ciertas respecto a él, la sangre correría en su familia antes de permitir que eso pasara.
Claro, muchas cosas podían cambiar con el paso del tiempo. La Academia de Duelos estaba muy lejos. Judai recién cumpliría ocho años ese verano, así que faltaban mínimo siete años hasta que tuviera que preocuparme por eso. Tampoco significaba que pudiera relajarme debido a mi conocimiento previo de este mundo. Eso nunca fue una opción, ni en el pasado ni ahora. Después de todo, el efecto mariposa es una cosa.
—¿Así que serás un duelista profesional? —La voz del tío Kouji me sacó de mis pensamientos.
No supe cómo responder a eso, así que me limité a asentir con timidez.
—Entonces, me parece que es buen momento para darte esto.
Mientras hablaba, mi tío sacó una pequeña caja de cartón del bolsillo interno de su saco. Era una caja de colores verde y morado, con varias ilustraciones de monstruos, entre las que se destacaba la imagen de «Genesis del Vampiro». Era la «Baraja de Estructura: Locura de Zombi». Me quedé sin palabras y Judai soltó un jadeo entrecortado al ver el paquete con el mazo.
Mis manos se cerraron alrededor la caja, al tiempo que un escalofrío me recorría la espalda.
No sé si lo he dicho: amo a los monstruos tradicionales y todo lo que tiene que ver con ellos. No es de extrañar que los «Fantastruco» y los Vampiros sean mis arquetipos favoritos en el juego. Incluso antes de las Reglas Maestras, los monstruos con los que más jugaba eran los zombis. Conocía ese mazo como la palma de mi mano: fue mi primer deck verdadero cuando comencé a jugar en mi vida anterior. No por nada siempre lo elegía cuando empezaba una partida nueva en el juego Ultimate Master de Gameboy Advance.
—¡Gracias! —dije con tal entusiasmo que sin duda dejé en ridículo a Judai.
El tío Kouji volvió a sonreír mientras revolvía mi cabello.
—No hay por qué. Solamente asegúrate de darles un buen uso.
¡Oh, definitivamente! Los engranajes de mi cabeza ya estaban poniéndose en marcha, recuperando todos los combos de la baraja y las cartas que necesitaría adquirir para mejorarla y convertirla en el prototipo de mi mazo Castlevania. Sabía que no sería lo mismo, pues muchas de las cartas necesarias no existían aún en este mundo, y las pocas que había eran muy costosas. Sin contar el pequeño detalle del Deck Extra. El tipo de mazo de zombis que estaba acostumbrado a jugar requería de la utilización extensiva de Monstruos Xyz y de Sincronía, cartas que entonces me parecían como algo que estaba a décadas de distancia de aparecer.
De hecho, no estaba seguro de si los Monstruos Xyz iban a existir en un futuro en este mundo o línea del tiempo. Aunque Arc-V estableció la existencia de un multiverso en la franquicia, eso no era indicativo de nada. Siempre había la posibilidad de que el juego en este mundo evolucionara por una dirección muy diferente. Sin contar esa hipótesis de los fans de que los sucesos ocurridos en Zexal borraron las tres series anteriores, lo que dejaba a Arc-V como una línea de tiempo completamente nueva.
Nada más entrar a mi departamento, Judai y yo despejamos la mesita del café de la sala, y tomamos asiento uno frente al otro.
Rápidamente, abrí la caja, teniendo cuidado de no dañarla, y saqué su contenido. Tomé el manual de reglas y la guía de combos del mazo y los hice a un lado; luego, extendí todas las cartas en la mesa para poder admirarlas. No era por completo igual a la versión que recordaba de mi otro mundo, ya que no incluía más de una copia de cada carta (ni siquiera las cartas clave de la estrategia). Muchas de esas cartas habían sido reemplazadas por monstruos normales de tipo zombi y algunas otras cartas básicas más genéricas.
Nos preparamos para el duelo. Cuando saqué la primera mano, el escalofrío de excitación se hizo mayor.
Volver a tener estas cartas en mis manos era como encontrarme con un viejo amigo. De pronto, los rostros de mis amigos de la secundaria en mi primera vida, los cuales pensé casi perdidos en las brumas de mi memoria, volvieron a llenar mi cabeza. Tal vez había olvidado sus nombres hace mucho tiempo, pero la sensación de desafiarlos a un duelo durante el descanso, o al salir de la escuela, todavía estaba allí, fresca como el primer día.
Gracias a la «Tortuga Pirámide» (cuyo efecto permite hacer Invocación Especial de un monstruo de Tipo Zombi con 2000 de defensa o menos), era muy fácil invocar al «Señor de los Vampiros» y a «Ryu Kokki», monstruos muy poderosos para esa etapa del juego, y cuya invocación en circunstancias normales requiere de un Sacrificio. Sus altos puntos de ataque podían superar con facilidad la ofensiva y defensiva de los monstruos de Judai, tomando en cuenta que en ese momento su mazo aún carecía de muchas de las mejores fusiones de los HÉROES Elementales. Aun así, no me lo dejó fácil y se esforzó por sacar las combinaciones de cartas más rebuscadas con tal de no dejarse vencer.
—¡Guau! —exclamó Judai tras un duelo en el que no pudo hacer nada, pues un combo algo elaborado me permitió invocar a «Genesis de Vampiro» y a «Ryu Kokki» en mi segundo turno, lo que se tradujo en un OTK—. No has tenido ese mazo una hora y ya lo usas como si siempre hubieras jugado con él.
Por supuesto, él no sabía que su suposición era correcta…, más o menos.
—Amo los mazos de zombis —me excusé con una media mentira—. Memoricé las cartas de este deck desde que lo anunciaron, así que es como si hubiera estudiado por meses el cómo utilizarlo.
—Vaya, puedo decir que realmente funcionó —respondió Judai, mientras se encogía de hombros.
Vi algo parpadear detrás de él, pero, a diferencia de las veces anteriores, la figura de Yubel no desapareció tras unos segundos, sino que se volvió tan nítida que ni siquiera los hologramas de los discos de duelo podrían lograr ese nivel de detalle. El miedo se reflejó en mi mirada, lo que delató el hecho de que podía verlo. Por un momento me miró sorprendido, antes de que su gesto se desfigurara en una sonrisa torcida que prometía dolor.
Los labios del espíritu se movieron, claramente formando palabras, sin que mis oídos llegaran a captar sonido alguno. Lo que sí noté fue como Judai se tensaba, y luego, en un movimiento tan rápido que pudo hacerse daño, se giró para ver al espíritu.
—¡No! —jadeó Judai. Yubel, sin escucharlo, alzó sus garras en mi dirección.
«Estoy muerto», pensé. Cerré los ojos esperando el golpe fatal… Nunca llegó.
Abrí mis ojos de nuevo.
El espíritu de Señor de los Vampiros estaba de pie junto a Yubel, sosteniendo la mano con la que pretendía lastimarme.
—¿Está todo bien, niños? —escuché la voz de mi madre desde la cocina, donde ella hablaba con mi tío.
—¡Sí! —le respondí tratando de escucharme lo más tranquilo posible—. ¡Derramé el jugo por accidente!
—¡Ten más cuidado, por favor!
Me sumí en mi asiento, solo atinando a recoger mis cartas de la mesa con mi mano temblorosa, sosteniendo el mazo entero contra mi pecho, como si fuera una especie de talismán mágico capaz de protegerme de lo que estaba ocurriendo.
—¡Por favor, detente! —suplicó Judai al espíritu en un susurro.
El espíritu le dedicó una mirada indescifrable, resopló de manera malhumorada y luego desapareció.
El Señor de los Vampiros miró las cartas de Judai por un momento, luego se giró hacia mí. Su rostro mostraba preocupación genuina, incluso cuando acabábamos de conocernos, o al menos eso es lo que yo creía entonces.
—No te preocupes. Voy a estar bien —murmuré, tanto para él como para Judai.
Al parecer, mi voz no fue muy convincente, pero debió bastar porque el espíritu desapareció, no sin antes volver a mirar a Judai.
La habitación se sumió en un silencio tenso. Varias veces tuve la impresión de que Judai quería decir algo. Al final, siempre se arrepentía y desviaba la mirada.
—Lo siento —susurró por fin.
Se apresuró a tomar sus cartas y luego se dirigió hacia la puerta del departamento sin decir nada más. Por un momento, me pareció ver lágrimas en sus ojos.
Me quedé donde estaba, con la mirada perdida en el infinito y sintiendo el latido de mi corazón en la garganta. No recordaba haber sentido tanto miedo en esta o en cualquier otra vida. Yubel iba a matarme, estaba seguro de eso, o al menos enviarme a un coma profundo, como hizo con Osamu en el anime.
Luego de varios minutos, me tranquilicé lo suficiente como para volver a mi habitación. Me eché en la cama y pasé allí el resto de la tarde, simplemente mirando el techo.
La gente suele creer que vivir en un mundo Shonen con espíritus, magia y juegos de cartas debe ser algo increíble, ¡la aventura de sus vidas! No toman en cuenta la parte aterradora, como el hecho de que algunos espíritus pueden causar daño, incluso sin estar dentro de un duelo. ¡Imaginen tener siete años de nuevo y estar frente a eso!
Yubel es un ser aterrador: una auténtica pesadilla viviente. Incluso así, él es solo la punta del iceberg de lo que puedes encontrar en ese mundo. Ni hablar de lo que hay más allá del velo que separa lo conocido de lo desconocido…
- GX -
La visita de mi tío duró todo el fin de semana; durante ese tiempo le hice muchas preguntas sobre su experiencia como duelista profesional. Tengo que admitir que, antes de esa visita, en realidad no prestaba mucha atención a su carrera. Como dije, antes de mudarnos a Domino, era muy distante con respecto a mi nueva familia, una actitud similar a la de Ken Ichijouji. En lo más profundo, creo que en realidad una parte de mí se aferraba a los pocos recuerdos restantes de mi antigua familia y se negaba a aceptar del todo a estas personas.
Por otro lado, conversar con mi tío me sirvió como una distracción a los acontecimientos del viernes anterior. No quería pensar en Judai, los espíritus de duelo y, por supuesto, en lo realmente cerca que estuve de morir de nuevo.
Él tampoco volvió a visitarme durante esos días, lo cual, junto con mi actitud un tanto taciturna durante ese fin de semana, debió levantar algunas alarmas en mis padres, pues en más de una ocasión capté sus miradas tristes cuando consideraban que yo no me daba cuenta.
Ese verano cambió muchas cosas. El conocer a Judai y aceptar que, después de todo, soy un duelista, me unió a mi nueva familia. Al final, resulta que Johan tiene razón: el duelo es capaz de unir a las personas, incluso de forma indirecta. Y por supuesto, aprendí que tal vez el ser un duelista no es algo que elijas, sino que es parte de ti. En mi otro mundo esto podría resultar ridículo, pero en el yugiverso en realidad tiene sentido: los duelos son, después de todo, la encarnación de antiguos rituales que la gente de este mundo ha practicado desde tiempos inmemoriales.
Creo que mis padres intuían que algo grave había pasado entre nosotros la tarde del viernes y que, debido a eso, estaba volviendo a mi actitud más reservada y retraída sobre mí mismo.
Cuando la visita de mi tío terminó, me vi sin un escape para distraerme de pensar en Judai y lo que podía pasar. Por fortuna, también dejé de perder sueño a causa del temor de que Yubel apareciera de pronto en mi habitación por la noche para terminar el trabajo que el Señor de los Vampiros le impidió realizar. ¿Qué tan lejos puede manifestarse un espíritu de duelo fuera de su carta? Una pregunta que sin duda pasó mucho por mi cabeza en aquellos momentos.
No vi a Judai los siguientes días, ni quise ir al área de juegos. Me encerré en mi habitación y volví a dedicar mi tiempo a los videojuegos.
Fue así hasta que mi madre se hartó y decidió que necesitaba tomar sol. Me envió al área de juegos una mañana y me dijo que no volviera hasta que fuera la hora de la comida.
No podía volver a jugar con los otros niños. Corté toda posibilidad de eso cuando elegí a Judai sobre ellos, o al menos esa era la forma como me sentía al respecto. Tampoco es que quisiera jugar con niños de siete años. En ese sentido, Judai era diferente. A pesar de su actitud infantil, era un duelista al que podía respetar por sus habilidades y con quien podía jugar como lo hacía en mi vida pasada.
Me senté en la escalera esperando matar tiempo, con nada más que mis mazos como toda distracción.
Creo que llevaba allí una hora, cuando sentí que alguien estaba de pie detrás de mí. Su presencia me erizó el cabello y provocó que me dieran ganas de salir corriendo.
Me giré, esperando ver a Yubel. No era el espíritu. Los ojos fríos de Haou me devolvieron la mirada.
—Ven conmigo —me ordenó, dándose la vuelta y caminando en dirección a su departamento, sin esperar siquiera a que le respondiera.
Vacilé un momento, antes de ponerme de pie y apresurarme detrás de él. Había algo en su tono, tal vez la autoridad de un verdadero rey, que era imposible de ignorar.
Saludé a Osamu, quien estaba sentado en la sala, concentrado en lo que parecía ser su tarea de verano. Haou me condujo hasta la habitación que compartía con su hermano. Judai estaba allí, sentado en una silla, con la mirada perdida en algún punto fuera de la ventana.
—Cierra la puerta —me ordenó Haou cuando entré detrás de él. Esto hizo que Judai se girara, dándose cuenta de que yo estaba allí. Pude ver la culpa en sus ojos, antes de que desviara su mirada hacia el suelo.
Hice lo que él me pidió y esperé.
El silencio era tenso y aterrador. Creo que Haou estaba disfrutando el torturarme de esa forma.
—¿Desde hace cuánto puedes ver a los espíritus? —preguntó tras un rato.
Ante el Rey Supremo me sentía muy pequeño, como un verdadero niño de siete años. Quise decir cualquier cosa, pero me encontré con que las palabras simplemente no me salían. Puedo entender por qué O'Brien se quebró ante él a pesar de ser un soldado.
—Responde.
No necesito levantar la voz. Le bastaba con su manera de hablar, con el tono imperioso de un rey, para obtener lo que quería.
—¡Hermano! —susurró Judai, solo para encogerse en su lugar cuando los ojos fríos del Rey Supremo se dirigieron a él por un instante, antes de volver a verme.
—Responde a mi pregunta —repitió.
Me mordí el labio, nervioso.
—Al principio, únicamente fue como una sombra que aparecía por un segundo detrás de Judai. Yo… pensé que era mi imaginación —mentí al final.
—¿Es así? —preguntó, dejando en claro que sabía que no estaba diciendo toda la verdad.
Asentí con cautela y, ante su mirada impasible, al final murmuré:
—Sí, justo así fue.
No quise enfrentar a Judai. ¿Se enfadaría conmigo por no haberle dicho antes?
—Muy bien —aceptó Haou, aunque, por su tono, supe que no dejaría pasar las cosas con tanta facilidad. Por ahora mi respuesta vaga parecía ser suficiente.
El silencio volvió a llenar la habitación. Comencé a creer que de verdad no saldría vivo de ese lugar.
—Tendremos que hacer algo al respecto —dijo Haou luego de un rato—. No podemos permitir que la información sobre los Espíritus de Duelo trascienda más allá de los rumores. Si los adultos se enteran sobre la existencia del nuestro, pueden intentar deshacerse de él.
«Oh, por supuesto», pensé. «Pueden poner su carta en un cohete y enviarla al espacio».
—Así que no hablarás sobre su existencia con nadie. ¿Está claro?
Asentí de manera rígida.
—Sí… No le diré a nadie.
—Es bueno que entiendas tu posición —dijo—. Porque, para estar seguro de que no hablarás con nadie sobre esto, necesito más que simples palabras.
De pronto, sentí como si la gravedad hubiera aumentado al doble y se me dificulto el respirar.
—¡Hermano! —Judai se puso de pie—. ¡No puedes…!
—Esto es para nuestra protección. —Las palabras de Haou enviaron al niño de regreso a su silla.
Judai negó con la cabeza.
—No es correcto… —murmuró.
El mayor suspiró de una forma que lo hizo parecer más humano. El ambiente pesado en la habitación se relajó un poco, como si Haou vacilara tras escuchar a su hermano menor. Yubel apareció detrás de él y su presencia pareció reafirmar su convicción de que estaba haciendo lo correcto.
Me miró un momento con sus ojos convertidos en dos orbes dorados que ya no se molestó en ocultar. Algo en su mirada me hizo saber que él sospechaba más sobre mi verdadera identidad de lo que yo pensaba.
—Un niño de siete años no tiene ese nivel de experiencia en el duelo. Se necesitan años para eso. —Me di cuenta de porque Haou me había estudiado con interés durante todo ese tiempo. No era el Rey Supremo por nada: supo ver a través de mi actuación y mis habilidades—. Casualmente, alguien así se muda a este edificio, y rápidamente se vuelve tu amigo. ¿Y si alguien lo envió aquí?
Por un momento, la voz de Yuuko Ichihara resonó en mi mente: «Las coincidencias no existen, todo acontecimiento, por pequeño que parezca, tiene un significado». ¿Era por eso, por lo inevitable? ¿Alguien movió los hilos para llevarme allí? ¿Quién? No quería creer en la posibilidad de que la Luz de la Destrucción fuera responsable.
—¡Kenichi no es…! —comenzó a decir Judai.
Haou lo hizo callar con una mirada, mientras Yubel se movía a sus espaldas y ponía sus manos en sus hombros, como si quisiera consolarlo. El Rey Supremo caminó en mi dirección. Quise retroceder, únicamente para descubrir que estaba paralizado.
—Muéstrame tus cartas —me ordenó—. Ambos mazos.
Miré a Judai un momento, antes de asentir con la cabeza y sacar ambos mazos de sus deck-box.
Haou estudio ambas barajas por un rato. Cuando apreció satisfecho de lo que fuera que vio en mis cartas, extendió su dedo índice derecho, el cual estaba cubierto por oscuridad.
Dio un pequeño toque en ambos decks, ocasionando que parte de la energía oscura en su dedo infestara las cartas.
—Hay al menos dos espíritus aquí. Uno ha despertado, el otro posiblemente lo hará pronto. Puede haber más, pero, si es así, no están listos para mostrarse. —Por supuesto, me pareció que en realidad buscaba otra cosa. ¿Algún rastro de la Luz de la Destrucción?
Sus ojos se dirigieron hacia mí. Estaba analizándome, tal vez en busca de cualquier pista de que fuera un agente enviado allí por su enemigo mortal. Yubel se movió a su lado, agachándose para susurrar algo en su oído.
—Sabías sobre el espíritu desde el comienzo —dijo—. No sé si sabes lo que es, pero en definitiva eras consciente de que estaba allí. Incluso después de eso y tras conocer lo que los otros niños piensan sobre Judai, permaneciste a su lado.
—Porque es mi amigo —me atreví a decir. Aunque yo mismo no sabía la verdadera razón por la cual me era imposible alejarme de él.
Pude ver una leve sonrisa en el rostro de Judai.
—¿De verdad? —me cuestionó Haou.
Asentí, tratando de mostrarme firme.
No sé si él me creyó o no. Su mirada volvió a concentrarse en Judai, quien asintió rápidamente, confirmando mis palabras.
Haou volvió a mirarme.
—¿Podrías jurar por tu propia vida que no fuiste enviado aquí por orden de nuestro enemigo?
Asentí de nuevo, incapaz de hablar.
—Veremos. Toma tu mazo. Voy a demostrarte el verdadero duelo y descubriré toda la verdad a través de él.
—¡No! —Judai negó con la cabeza—. Hermano, Kenichi no es…
—¿Olvidas a todos esos que decían ser tus amigos y te dieron la espalda? Si de verdad es tu amigo, soportará esto.
—Ellos no le dieron la espalda: Yubel los lastimó. —Sentí ganas de morderme la lengua.
Haou me miró alzando una ceja.
—También trató de lastimarme —agregué casi en un susurro.
Yubel resopló.
—Dices no ser un espía —dijo Haou—. ¿Cómo es que conoces su nombre?
Me mordí el labio. Judai no había intentado Invocar a su guardián ni una sola vez cuando nos enfrentamos, ni siquiera presumió la carta (incluso cuando Yubel es una carta única: solo una copia en todo el mundo). ¿Era por qué ya estaba al tanto de lo que hacía el espíritu? No estaba seguro, pero sin duda fue un gran desliz de mi parte decir su nombre.
Entonces, me di cuenta de algo más: todo ese tiempo, Haou deliberadamente se refirió a Yubel como «el espíritu». ¿Lo había hecho a propósito? ¿Era un señuelo para descubrir qué tanto sabía sobre él? Un espía debía de conocer el nombre de El Guardián.
Suspiré y decidí hacer frente a Haou con todo el coraje que tenía.
—¿Qué quieres saber de mí? —le pregunté.
—Las verdades que has estado ocultando de nosotros —me respondió—. Un niño de siete años no se comporta como tú lo haces. Los niños de siete años son pequeños animales asustadizos que huyen ante la primera señal de algo que no entienden.
Judai se tensó un poco al escuchar eso.
Asentí una vez más, saqué mi mazo y me preparé para enfrentar a Haou. Tenía que dejar cualquier miedo de lado, a fin de conseguir salir vivo de allí.
No estaba listo para lo que pasó después. Cuando Haou sacó el primer HÉROE Malvado, supe que estaba jodido.
