Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Solo esta historia llena de clichés y el OC.


Libro I

Capítulo 3


El Ojo de la Verdad

[Carta de Trampa/Continua]

Tu adversario debe mantener su mano mostrada. Una vez por turno, durante la Standby Phase de tu adversario, si éste tiene una o más Mágicas en su mano: tu adversario gana 1000 LP si en la resolución tiene una o más Mágicas en su mano.


No tarde mucho en descubrir que, cuando Haou hablaba de aprender «verdadero duelo», se refería a una cosa en particular: Juegos de lo Oscuro. Incluso sin apuestas de alma u hologramas avanzados, esas cosas pasan factura. Por supuesto, no hubo daño real en ninguno de los duelos, aunque el perder Puntos de Vida significaba ver cómo tus fuerzas físicas se agotaban. Juro que cada Punto de Vida perdido fue como correr los cien metros planos.

En nuestro primer «Duelo Oscuro», decidió que necesitaba aprender de la forma difícil y me aplastó de la manera más humillante posible con un OTK usando HÉROES Malvados de todas las cosas. Lo peor es que esas cartas ni siquiera habían sido editadas aún en el juego actual de este mundo, si no que él las llamó utilizando esa peculiar habilidad que parecen tener muchos protagonistas «Yu» para generar cartas, al parecer, de la nada.

Tras unos cuantos duelos, terminé tan agotado que solo quería irme a dormir. No pude evitar sentirme algo humillado por el hecho de que para Haou fuera tan fácil hacer eso. La sensación únicamente empeoró cuando vi la sonrisa satisfecha de Yubel. Judai parecía dividido entre regañar a su hermano y a su guardián, y tratar de asegurarse de que estaba bien. Por un momento tuve la impresión de que él sabía lo que pasaba, como si él mismo hubiera tenido que soportar un entrenamiento como ese antes.

—Lección uno —dijo—: el oponente no mostrará piedad, tú tampoco debes hacerlo. Si no vienes en mi contra con todo lo que tienes, entonces no me sirves para nada.

No tuvo que decirme lo que hacía con aquellos que no eran de utilidad para él…

—Comprendo —dije mientras me preparaba de nuevo para hacer frente a Haou.

Un Duelo de lo Oscuro en esencia se sentía muy similar al poder de Yubel, lo cual tiene sentido considerando el hecho de que es un espíritu de duelo. Por un momento me pasó por la mente la idea de que las acciones del espíritu al atacar a otros con su poder tuvieran un motivo oculto más allá de proteger a Judai. ¿Podría ser que buscaba comprobar si los niños que jugaban eran del todo humanos o tenían alguna habilidad sobrenatural? Si era así, tengo que admitir que es una buena manera de detectar posibles amenazas enviadas por la Luz de la Destrucción u otro enemigo.

—Baraja tus cartas —me ordenó Haou.

—Hermano, tal vez deberías detenerte… —Judai intentó negociar con él.

—Si no puedes ver esto, entonces márchate —lo cortó su hermano.

Judai se mordió el labio inferior y se sentó en un rincón para observar el resto de la «lección» en silencio.

Otro OTK y terminé con la respiración tan agitada que, por un momento, fue como si acabara de correr una maratón.

Mientras me recuperaba, Haou continuó hablando:

—Lección dos: las cartas responden a la voluntad del duelista que las usa. Si no tienes la determinación y la fuerza para emplearlas, son simples trozos de cartón sin valor. Mi voluntad es más fuerte que la tuya, por eso, incluso si tuvieras un mazo diseñado para contrarrestar al mío, el resultado sería el mismo. Con una voluntad tan débil para utilizar tus cartas como es debido, nunca lograrás siquiera tocar mis puntos de vida.

Quedó claro para mí que en nuestro primer duelo solamente fui capaz de causarle daño, por qué en ese momento su intención no era derrotarme, sino medir qué tan competente era como duelista. Tal vez, sin saberlo, había captado su atención mucho antes de que se hubieran percatado de mi capacidad para ver a Yubel, o en realidad siempre lo supieron. Incluso era posible que yo hubiera malinterpretado su expresión de sorpresa una semana atrás. ¿Y si fue debido a la presencia del Señor de los Vampiros? La realidad es que no había visto al espíritu desde ese día, aunque su presencia siempre se sentía cerca, vigilando.

Volviendo al punto, dadas sus sospechas de que yo podía ser un espía, podía entender que tanto Yubel como Haou hubieran estado actuando cautelosos con respecto a mí. Aunque, eso no explicaba por qué él quería enseñarme sobre su visión del Duelo de Monstruos cuando podría simplemente deshacerse de mí. ¿Se debía al hecho de que podía ver los espíritus o debido a Judai…? O, tal vez, esa era su manera retorcida de conseguir un compañero de juegos para su hermano y, de esa manera, terminar con su depresión. Tendría sentido, ya que él no parecía el tipo de persona que se tomara el tiempo para jugar con un niño, incluso cuando él mismo lo era.

Por otro lado, no podía negar que toda esa lección sobre duelo se estaba tornando interesante. En un principio pensé que cuando Haou infundió oscuridad en mis cartas se trató de una especie de preparación para los Juegos de lo Oscuro, y que ese también fue el motivo por el que, antes de comenzar todo eso, hizo lo mismo con sus propias cartas. Pero después de escuchar la forma en que habló sobre la voluntad de un duelista y como esta influía en su capacidad para usar sus cartas, entendí la realidad detrás de sus acciones: lo hizo para llamar a los HÉROES Malvados. De forma similar, cuando lo hizo con mis cartas fue una forma de sentir a los espíritus en ellas. ¿La voluntad de un duelista era incluso capaz de alterar por completo la esencia de sus cartas? Es lo que estaba a punto de averiguar.

—Su voluntad fue capaz de crear esas cartas —expresé mi conjetura en voz alta.

Haou alzó una ceja. Yubel, en cambio, resopló con molestia.

—No —me respondió el Rey Supremo—, estas cartas respondieron a mi voluntad y acudieron a mi llamado.

—Ustedes, los humanos en su arrogancia suponen que fueron los creadores del duelo y sus cartas —dijo el espíritu apenas pudiendo reprimir su furia—. Como si imprimirlas en cartón fuera suficiente para darles vida.

No pude culpar a Yubel por estar enfadado. Y eso me hizo sentir culpable por la forma en que abandoné mis propias cartas durante años.

Robé la primera carta de esa tercera ronda, resultó ser «Señor de los Vampiros». Me quedé viendo a mi monstruo por un largo rato, mientras meditaba sobre las palabras de Yubel. Las cartas eran más que papel y tinta, lo cual es algo lógico dado el tipo particular de magia de este mundo. Muchas de ellas incluso están habitadas por espíritus, los cuales tienen un alma. Después de todo, los espíritus de duelo fueron usados en el anime como alimento para la «Súper Polimerización». Y si algo tiene espíritu y alma, no puede ser un simple objeto.

—Ustedes están vivos, como yo… Como cada animal y planta en este planeta.

La carta en mis manos se sentía cálida, igual que «Dragón de Zafiro» cuando lo sostuve por primera vez. La señal inequívoca de que había vida en esa carta.

Por el rabillo del ojo, vi a Judai sonreír. Era la primera vez que lo veía hacerlo desde que estaba allí.

De pronto, muchas cosas que sucedían en las series de la franquicia cobraron sentido para mí. Por ejemplo, el modo en que Yusei obtuvo, aparentemente, de la nada al «Dragón del Quásar Fugaz». En realidad, fue la voluntad del Equipo 5D's, la influencia del Dragón Carmesí, y el dominio de una forma avanzada de realizar una Invocación por Sincronía, lo que le había permitido manifestar esa carta en este mundo. No es que con su poder hubiera creado las cartas de la nada, sino que, de cierto modo, fue algo similar a la habilidad de PlayMaker para obtener cartas desde la Tormenta de Datos: la carta siempre existió –o al menos era una evolución viable de sus monstruos–, solamente necesitaba alguien capaz de darle una forma.

Tal vez, si lograba descubrir el secreto para manifestar las cartas, podría obtener mi mazo Castlevania completo. Por supuesto, antes de lograr una hazaña así, primero tenía que dominar todo lo que Haou intentaba enseñarme; sin embargo, no sería fácil. Adquirir un poder como ese no es cuestión de leer unos pocos libros y encontrar algunos espíritus dispuestos a ayudarte, como las leyes de la física que rigen el «mundo real», este mundo tenía sus propias leyes naturales que no podían ser saltadas. También era posible que la capacidad de manifestar cartas de esa forma podía con lo que nacías o no, como la magia en Harry Potter o el Haki del Rey en One Piece.

—He visto las losas con los monstruos —dije sin poder contenerme. Aunque, en mi defensa, encontrarlas no es complicado. Al igual que muchas civilizaciones antiguas construían estructuras piramidales, en este mundo las piedras con monstruos no eran algo exclusivo del Antiguo Egipto. Además, Ilusiones Industriales solía entregarlas a los museos locales de sus países, una vez que habían convertido a los monstruos en ellas en cartas—. ¡Están por todas partes! Durante décadas han desconcertado a los arqueólogos. ¿Por qué hay grabados tan similares en sitios tan remotos como China, Egipto y Sudamérica?

Haou alzó una ceja y me miró con interés.

Volviendo a mirar las cartas en mi mano, traté de salir del paso hablando con la mayor tranquilidad que pude:

—Durante años no he tenido nada más que mi propia curiosidad por saber cosas, por descubrir si la magia es real. —No era del todo una mentira, por qué, si resultaba ser real, entonces podría decir que mi presencia aquí se debía a la magia y no a una simple coincidencia. Aunque, dijo una parte de mí, ¡eso precisamente es la magia: manipular las coincidencias a favor del taumaturgo!

Sí, respondió otra parte de mí, en su forma más básica, eso es.

—¿Magia? —me preguntó Judai con curiosidad.

Asentí con la cabeza.

—Aleister Crowley dijo que todo en el mundo es magia; hasta que los humanos llegan, lo estudian, le dan un nombre y lo clasifican como ciencia.

Ni siquiera estaba seguro de si Aleister Crowley era alguien en este mundo. A decir verdad, no me importaba. Tampoco es como si conociera todo el trabajo de La Bestia. Para mí su nombre era más bien una referencia cruzada que aparecía de tanto en tanto cuando investigaba sobre esoterismo para escribir mis historias en mi vida anterior.

—Supongo que ahora estás listo para decirnos quién eres realmente —dijo Haou.

—¿Quién soy realmente?

¿Había una respuesta a eso? Mi propio nombre no había sobrevivido al proceso desconocido qué me trajo a este mundo, fuera magia o no. Ese mero pensamiento me aterraba tanto que hacía un gran esfuerzo por mantenerlo fuera de mi cabeza lo más posible. Los nombres tienen poder, eso es un hecho, por eso uno de los primeros pasos para conseguir exorcizar a un demonio es hacer que el ente que posee a la víctima revele su nombre, lo que te da poder sobre él.

A su vez, los nombres propios tienen un enorme significado místico en este mundo. La mitología egipcia es fundamental para entender cómo funciona este mundo y su misticismo. Pues bien, resulta que los egipcios creían que los seres vivos estamos compuestos de cinco partes: Ib, Ka, Ba, Aj, Ren y Sheut. Es decir: Corazón, Espíritu, Alma, Energía Espiritual, Nombre y Sombra. De entre estos, su concepto del Ren es algo muy interesante: es el nombre propio de todo ser vivo; la llave a su alma, su vida, su muerte y su destino. El Ren es otorgado por los dioses y es único para cada ser.

Dicha definición me hizo recordar lo que Yuuko Ichihara dijo a Watanuki en el primer capítulo de xxxHolic: «Si le dices a un enemigo tu nombre, podrá encontrar la forma de apoderarse de tu alma».

Las palabras de Haou me trajeron de vuelta al presente:

—No aprendiste a usar el mazo de zombis leyendo sobre él —dijo con voz calmada, como si estuviera exponiendo ante una clase—. Conocías perfectamente cómo funcionaba cada carta antes de siquiera tenerlas en tus manos: conocías sus efectos y cómo combinarlas. Por más que hubieras leído las descripciones de las cartas, hubiera sido imposible para ti armar los combos correctos sin experiencia previa.

Juntó su mazo frente a él, sin apartar la mirada de mí.

—Eres un duelista competente, no porque seas un prodigio o un genio; sino porque tienes experiencia —declaró.

Mi miró un momento, como tratando de analizar mis reacciones, luego prosiguió:

—Superaste a Judai en varios duelos porque sabías de antemano cómo funcionan los HÉROES Elementales al haberlos enfrentado antes, tal vez incluso llegaste a usarlos. Eso, sumado a tu conocimiento previo de tus propias cartas y sus limitantes, te ayudó a contrarrestar sus combos. Por eso fracasaste cuando me enfrentaste: porque no jugué las cartas siguiendo las convenciones sobre cómo debe jugarse una baraja de HÉROES.

Eso fue muy preciso.

Haou barajó sus cartas de nuevo, pero no sacó una mano para iniciar otro duelo.

—Eso me lleva a la pregunta más importante que quería hacerte. —dijo con tono calmado y peligroso—. Quiero que respondas con total honestidad. He interrogado a muchas personas en el pasado, grandes guerreros con un verdadero entrenamiento y años de experiencia, así que sabré si me mientes. Dime, Kenichi Satou, ¿quién eres?

Respiré lo más profundamente que pude, y dejé la mano que robé sobre la mesa frente a mí, sin molestarme siquiera en ocultar qué cartas eran.

—No lo sé —respondí—. Los últimos años, desde que dejé de balbucear como bebé, los he pasado preguntándome lo mismo.

—¿Quién te envió a este lugar?

—No estoy seguro de si existe una respuesta a esa pregunta.

Hasta donde sabía, mi alma no llegó a este mundo debido a los experimentos de algún ninja loco intentando llevar a otro nivel la «Resurrección del Mundo Impuro», o se le traspapeló a algún ángel despistado.

—¿Querías lastimar a Judai? —me preguntó Yubel.

Judai se removió en su asiento tras escuchar eso. No estoy seguro de si en ese punto era consciente de su importancia en el gran esquema cósmico de su mundo, y quizá no se le pasó por la cabeza la posibilidad de que su nuevo amigo bien podría ser un enemigo tratando de acercarse a él para lastimarlo.

—¡Kenichi no lo haría! —se apresuró a replicar—. Es un buen tipo. Lo supe en cuanto tuvimos nuestro primer duelo.

Le sonreí a mi amigo, y luego enfrenté a Yubel cara a cara al responder, para demostrarle que no tenía nada que ocultar:

—Yubel, si Kensuke Satou nunca hubiera conseguido un empleo en esta ciudad, posiblemente jamás habría conocido a Judai.

Fui muy honesto al decir eso, y de inmediato sentí una punzada de culpa cuando vi cómo la realidad tras esas palabras golpeaba a Judai. Quizá comprendió los cientos de pequeños detalles que, de haber resultado diferentes, le habrían costado pasar sus vacaciones de verano en el aislamiento que los otros niños le impusieron a causa de Yubel.

El espíritu de duelo resopló, dejando en claro que no creía ni una sola palabra de lo que dije.

Tal vez tenía razón. ¿Y si nada era una coincidencia?

Las coincidencias no existen, solo puede haber lo inevitable.

—Kenichi dice la verdad —insistió Judai—. No importa lo que ustedes piensen de él ¡Es mi amigo!

—¡Judai! —lo reprendió Yubel con un tono que me recordó al de un padre preocupado—. Eres superior a él en todo aspecto. No debes rebajarte al nivel de un simple humano.

—¡No me importa! Ya se los dije: Kenichi es mi amigo y nunca me dio motivos para suponer que quisiera lastimarme.

—No —prosiguió su guardián con voz furibunda—, únicamente te ocultó cosas importantes, como su capacidad para ver espíritus.

Judai negó con la cabeza.

—Si eso es todo, entonces yo tampoco fui honesto con él. —Me miró—. Lo siento, estaba tan feliz de que por fin alguien más quería jugar conmigo… Para Haou y Yubel los duelos son un arma, igual que lo es una espada, y Osamu está tan ocupado todo el tiempo en sus tareas y cocinando… Yo solo… Lo siento.

—No importa —le dije—. La verdad es que no sé por qué no me alejé cuando Yubel comenzó a atacarme. Lo consideré muchas veces, simplemente no podía. No sé explicarlo.

Era como un instinto que me obligaba a permanecer allí contra todo mi sentido común. Por un momento me pregunté si tal vez Haou tenía razón. ¿Y sí alguna fuerza externa me estaba obligando a permanecer allí?

Suspiré de nuevo y fui honesto con todos:

—Mi intención era apartarme lo más que pudiera de los duelos. Ser un espectador casual más que un participante. Si ese día mis padres no me hubieran empujado a jugar con Judai, ni siquiera me habría acercado a él.

—¡Pero amas los duelos! —El exabrupto de Judai me tomó por sorpresa, al grado que tuve un pequeño respingo—. Tu mazo y tú se hicieron uno en cuanto empezaste a tomar el juego en serio.

No podía negar eso. Había una magia inherente en los duelos, una que tal vez había estado allí incluso en mi mundo original sin que lo supiera. Esa magia me hacía imposible no amar el juego. Quizá por eso me fue imposible dejar la franquicia, aunque me limitara a ver unboxings en YouTube y jugar con los videojuegos.

—Incluso si nunca nos hubiéramos conocido —terminó Judai—, eventualmente habrías descubierto ese amor por los duelos.

—Fuiste un duelista —declaró Haou. No fue necesario que me aclarara que se refería a mi vida pasada.

—No con cartas físicas —le respondí—. No al menos por un largo tiempo.

—Dijiste que no sabías quién eras —me recordó Yubel con sospecha.

—No recuerdo cuál era mi nombre, ni recuerdo detalles demasiado específicos de mi vida antes de esta. Los rostros y los nombres de cualquier persona a quien haya conocido se me escapan. Carecer de todos esos detalles es carecer de una identidad.

—¡Pero recuerdas los duelos! —insistió Judai—. Tal vez a través de ellos puedas recuperar lo que te falta.

Sonreí con tristeza. En este mundo es posible creer en algo así: que un juego de cartas tenga las respuestas de toda una vida. No obstante, en el mundo de dónde venía, el juego había sido un simple juego de cartas más, sin nada del misticismo y la magia que tenía en este.

—Tal vez —dije—, sin embargo, sería tarde. No puedo volver a la vida que tuve antes. Hace algún tiempo me di cuenta de que no tenía más remedio que vivir esta nueva existencia.

Haou dejó su deck sobre la mesa con suavidad, lo que atrajo nuestra atención de vuelta hacia él.

—Tu reencarnación es una anomalía. Normalmente, un humano ordinario no debería poder retener ningún recuerdo demasiado específico de otras vidas.

Era algo que también me había cuestionado. Todos los relatos sobre reencarnación coincidían en un punto: las memorias de las vidas pasadas se vuelven más borrosas conforme el paso del tiempo, y desaparecen por completo entre los cinco y los ocho años. En cambio, salvo por mi incapacidad de recordar nombres y rostros, mi memoria parecía intacta, tal vez incluso mejor de lo que debería ser.

Haou siguió hablando:

—Incluso si eras un duelista en una época pasada, tardarías en entender el duelo como es en esta época. Mencionaste las losas de piedra y los grabados. Esa era una de las maneras en las que se llevaba a cabo el duelo en este mundo en las épocas antiguas, al menos en la Dimensión de los Humanos. Los participantes debían ceder su energía vital al espíritu que llamaban desde el reino espiritual y, a través de los rituales sagrados, enfrentaban a los espíritus llamados por sus adversarios.

»Las tablas de piedra eran un medio para dar un cuerpo físico a esos espíritus y que pudieran manifestarse en el mundo de los humanos, medio que ahora existe en las cartas. Quién diseñó el juego lo sabía, o al menos tuvo la intuición suficiente para descubrirlo, y configuró el aspecto de las cartas para parecerse a las tablas de piedra de la antigüedad. Nada en el diseño de una carta está puesto allí por accidente. Incluso la imagen del reverso fue diseñada para permitir el libre flujo de energía entre este plano y los planos espirituales.

»El mismo "juego" fue estructurado de tal forma que, sin darse cuenta, los participantes activamente están tomando parte de un ritual mágico que se remonta a los orígenes mismos de su civilización.

Eso concordaba a la perfección con la mitología de la que hablaba el lore de Yu-Gi-Oh!. Si se observa la parte de atrás de una carta, es fácil darse cuenta de que representa un vórtice o portal desde el cual podría salir un monstruo. Eso explicaba por qué en este mundo nunca vi que los duelistas hicieran uso de fundas para proteger sus cartas. Al comienzo pensé que sería alguna cuestión técnica, quizá el plástico causaba interferencia con los discos de duelo o algo así; pero, tras escuchar eso, me di cuenta de que inconscientemente buscan no interferir el flujo de la llamada Energía de Duelo.

A todo esto: ¿cómo es que el Disco de Duelo reconoce cada carta? Nunca vi en ellas algún chip, como los de las tarjetas de crédito, o cualquier tipo de código que el aparato pudiera leer. La opción obvia era que tuvieran algún tipo de escáner, no obstante, hasta donde sabía, no era así. ¿De alguna forma el aparato reconocía la energía de la propia carta? Considerando la manera en que funcionaban los DiaDhank en el Antiguo Egipto, bien podría ser así.

—No eres un duelista de épocas antiguas —prosiguió Haou—. Todo tu conocimiento es exclusivo del Duelo de Monstruos moderno. A pesar de eso, el alma que reflejan tus ojos es mucho más vieja que tu cuerpo físico. Pero, si tu edad física es la correcta, entonces no deberías de haber tenido más de un año cuando las primeras cartas modernas aparecieron en este país.

¿Por cuánto tiempo había sabido todo esto? Supongo que creer que un niño puede engañar a la encarnación de una fuerza suprema del cosmos, la fuente misma de la vida en este universo, fue muy ingenuo de mi parte. Ese dicho de que «los ojos son el espejo del alma» tomó un nuevo significado luego de aprender todo aquello.

—¿Vienes del futuro? —me preguntó Judai de pronto muy emocionado.

—No… —Dudé un momento—. No de cualquier futuro de este mundo, al menos. Supongo que Rick Sánchez tiene razón: «Existen un número infinito de realidades posibles».

Yubel resopló, como burlándose.

—¿Estás diciendo que vienes de un mundo que está más allá de las estrellas? Eso es imposible.

No pude evitar estremecerme. Al decir eso, Yubel lo hizo sonar como si yo fuera una especie de ente Lovecraftiano. Además, me resultó curioso que un ser como el guardián, quien literalmente era un espíritu mitad humano, mitad dragón-demonio, cuestionara la existencia de más mundos fuera de los límites de su propio universo.

Por un momento pensé en responderle citando a Farengar de Skyrim: «Tachar de imposible lo que no tiene cabida dentro de la propia experiencia es una señal inequívoca de estupidez»; pero, por una vez, mi instinto de autopreservación pudo más y me quedé callado.

En lugar de eso, repliqué:

—¿Por qué no podría ser así? Desde hace décadas los científicos están discutiendo la teoría de cuerdas.

—¿Cuerdas? —preguntó Judai—. ¿Qué tienen que ver unas cuerdas con todo esto?

—¡Todo! La teoría de cuerdas establece que el universo no está formado por objetos puntuales, sino por filamentos subatómicos con forma de cuerdas; las cuales, dependiendo de cómo vibran, generan todas las partículas existentes en el universo.

Mi explicación pareció molestar aún más a Yubel.

—Ustedes, los científicos, siempre están tratando de reducir todo a su fría lógica y sus cálculos. Igual que ese molesto Kozaky.

Judai, por el contrario, parecía estar incluso más confundido.

—No soy un científico —me quejé. En realidad, solo era alguien con mucha curiosidad que leía de todo un poco.

—De cualquier modo —prosiguió Yubel con un tono de burla—, ¿cómo unas simples cuerdas serían responsables de la existencia de otros mundos más allá de este?

—¿De verdad tengo que dar una clase de física cuántica? —le seguí el juego con el mismo tono—. Mira, los físicos han identificado cuatro de las fuerzas fundamentales del universo. Una de ellas es la gravedad. El problema es que la gravedad no parece llevarse bien con las otras fuerzas a la hora de intentar unificarlas con las reglas cuánticas. Pero, si resulta que el universo es generado por la vibración de las cuerdas, entonces es posible incrementar la cantidad de dimensiones espaciales de tal forma que las fuerzas por fin puedan estabilizarse. ¿Por qué no podemos ver las dimensiones extra? Pues porque están ocultas a causa de la compactificación.

»El problema es que la ecuación matemática que debería darnos la compactificación específica de las dimensiones de un universo arroja un número infinito de resultados posibles, cuando solo debería darnos uno. Pero, desde otro ángulo, esto puede ser visto como algo más impresionante que tener un único dado, ya que nos está diciendo que hay más de un modo de construir un universo. Es decir, que este universo, y el universo donde nací antes, son solamente dos entre muchos otros: estamos en un multiverso.

Judai negó con la cabeza, al parecer tratando de despejar su cabeza de esos conceptos de física que no era capaz de entender, y después dijo:

—Eso es aburrido. Hablemos de cosas más entretenidas: ¿cómo era el duelo en ese otro mundo? ¿Qué mazo jugabas?

Parpadeé un poco, sorprendido, luego me reí. Creo que solo Judai podía decidir que no le importaban las implicaciones detrás de la existencia de muchos universos diferentes, prefiriendo saber cómo podría ser el duelo en esos otros mundos.

—En ese otro mundo, el Duelo de Monstruos

Hice una pausa y luego me corregí:

—Yu-Gi-Oh! Juego de Cartas Coleccionables, o TCG, OCG si vivías en Asia… El juego, vamos, no significaba lo mismo que en este mundo. De hecho, era uno más entre muchos otros similares.

Incluso Haou y Yubel me vieron con curiosidad al escuchar esto. Por mi parte, toda esta charla sobre juegos de cartas de mi mundo me trajo muchos recuerdos. Recordé los rostros de los amigos que me introdujeron al duelo en primer lugar, pero fui incapaz de unir algún nombre a ellos.

—Dices que había más de un juego. ¿Cómo funcionaba eso? —me preguntó Haou.

Tardé un momento en ordenar mis pensamientos, buscando cómo explicarlo. El Duelo de Monstruos es un elemento crucial en la vida de este universo; ¿les molestaría que, para nosotros, solamente fuera uno más entre tantos?

—Sé que todo comenzó con Magic —les expliqué—. Un profesor de matemáticas creó un juego de cartas como parte de su tesis, o algo así. El caso es que, luego, una editorial de juegos de mesa, Wizards of the Cost, adquirió el juego y comenzó a editarlo en algún punto a comienzos de la década de los noventa, es decir, esta década. El juego, Magic: The Gathering, fue reconocido como el primer juego de cartas coleccionables. Hubo muchos más después de ese, la mayoría desaparecieron, y algunos pocos perduraron. Al final, creo que los más grandes y reconocidos en todo el mundo, además del propio Magic, fueron Pokémon TCG y la versión de Yu-Gi-Oh!, de Duelo de Monstruos, editada por la compañía japonesa Konami.

Mi mirada se desvió a mis cartas que aún estaban frente a mí.

—Esa segunda versión es la que más se asemeja al juego de este mundo. —Solté una pequeña carcajada—. A decir verdad, en esencia, son iguales. Únicamente que las reglas de Konami tienen algunas diferencias menores: como que establecen los puntos de vida iniciales en 8000 y no 4000, y algunas cartas son diferentes. No daría un yen por una «Carta de Santidad» de mi mundo.

Por supuesto, deje de lado que existían los animes, y también las otras invocaciones. Lo último fue un poco complicado, y por un momento tuve que morderme la lengua: una parte de mí quería decirlo todo sobre los monstruos de Sincronía, Xyz, Péndulo y Enlace. Se sentía como si ese fuera mi deber.

—«Carta de Santidad» es muy buena —Yubel resopló con molestia.

—Su efecto en la versión de Konami es: «Destierra todas las demás cartas que controles y las cartas en tu mano (mínimo 1 de cada uno); roba hasta tener dos cartas en la mano». Hay muchas mejores cartas para acelerar el robo. Hasta preferiría arriesgarme con «Golpe de Ases».

Yubel hizo una mueca de asco ante el nombre de la carta.

—Los esclavos de la Luz suelen abusar de esa.

—¿Cómo eran los otros juegos? —me preguntó Judai inclinándose con entusiasmo, deseando escuchar más.

Me reí por lo bajo. Por supuesto, Judai querría saber eso.

—Nunca jugué Magic, lo poco que sé es que va de unos magos llamados Planeswalkers que pueden moverse entre dimensiones, o planos, según su lore. Se supone que cada jugador es uno de esto, y su deck es su biblioteca de hechizos. A diferencia de en Duelo de Monstruos, cada carta tiene un coste que debe ser cubierto con «Maná», el cual se obtiene de cartas llamadas «Tierras». Cada vez que giras una carta de Tierra generas un Maná para pagar el coste de una carta. En sí, el juego tiene una estructura muy similar, con turnos divididos en Fases. Hay cartas permanentes, como las criaturas, y otras que son de un solo uso, incluso cartas instantáneas para generar disrupción al oponente. Y por supuesto, el juego se basa en atacar y defender los puntos de vida.

—¿Pagar el coste de maná? Suena extraño —se quejó Judai.

—Es casi como tributar, con la única diferencia que todas las cartas tienen un costo de Maná, y al comienzo de cada turno todas tus Tierras se enderezan, para poder generar más Maná.

Usé mis cartas para ejemplificar, tomando las cartas mágicas como Tierras y los monstruos como reemplazo a otra carta, simulando que su nivel era el costo de maná de la carta.

Pokémon TCG es un monstruo muy diferente. —De nuevo utilicé mis cartas como si fueran las del otro juego para ir ejemplificando a medida que explicaba—. Aquí los jugadores son Entrenadores Pokémon, es decir, de monstruos de bolsillo. Cada jugador tiene un pokémon activo y puede bajar otros a su banca hasta tener cinco en reserva, simulando el hecho de que en las batallas pokémon cada entrenador emplea equipos de hasta seis monstruos.

»El objetivo de este juego es derrotar al equipo del entrenador rival. Por cada pokémon enemigo que derrotas, puedes reclamar un premio. Cada carta de pokémon tiene una cantidad de HP definida, y dependiendo de cuánta energía tengan (representada por cartas elementales que se apilan bajo cada carta pokémon), puede usar varias habilidades para atacar al pokémon activo del oponente. Si un pokémon activo llega a 0 de HP, se debilita y el jugador debe enviar a otro pokémon de su banca. Si su banca está vacía, pierde la batalla.

»Por supuesto, durante tu turno puedes cambiar entre tu pokémon activo y uno de tu banca. De igual forma, puedes utilizar cartas de Entrenador, que vendrían a ser como las cartas mágicas, o cartas de Estadios. Un pokémon activo también puede evolucionar a una versión superior.

—¿Por qué hacerlo tan complicado? —me preguntó Judai con una mueca.

—Bueno, había jugadores de Magic y de Pokémon que decían que el Duelo de Monstruos era complicado.

—¡De ninguna manera!

—Sí. Más de alguna vez alguien me preguntó: ¿por qué únicamente puedes bajar cinco criaturas? ¿Por qué complicarse la vida con ataque y defensa de cientos o miles? ¿No se confunden con eso de las velocidades de hechizo y las cadenas?

Yubel resopló. Parecía que para él era el equivalente a un gruñido Uchiha.

—Hay muchos supuestos duelistas que no comprenden cómo funciona una cadena —murmuró por lo bajo.

—Yo podría hacer lo mismo —replicó Judai—. ¿Por qué únicamente usar seis monstruos en todo el deck? No me veo limitando mi duelo a tan solo seis de mis HÉROES.

—Seis siempre ha sido el límite de un equipo en una batalla pokémon. Es lógico que se mantenga en el juego de cartas. Además, no es que solo tuvieran seis de estos en sus mazos. Podías tener muchos más, pero durante el juego únicamente se podía bajar cinco a tu banca y uno activo; los cuales también podías evolucionar para ajustar la estrategia a las acciones del oponente.

—¿Cómo? ¿Había batallas fuera del juego? ¿Cómo luchaban sin cartas? —Judai pareció llegar a una conclusión por su cuenta, lo que hizo que su boca se abriera con sorpresa—. Estas cosas, pokémon, ¿eran reales? ¿Eran cómo los espíritus de duelo?

Parpadeé sorprendido y luego solté una carcajada.

—No, nada de eso. Los pokémon no eran reales. De existir, me habría encantado tener un Charmander, un Chikorita, un Psyduck y un Piplup.

Judai se rascó la cabeza en un gesto de confusión, obviamente sin reconocer ninguno de esos nombres.

—Entonces, ¿cómo funcionaba una batalla pokémon sin cartas?

—En los videojuegos. De hecho, Pokémon comenzó como un juego de vídeo. Y, con el tiempo, se lo diversificaron a todo: anime, películas, juegos de mesa, peluches y un largo etcétera. Pokémon era incluso más grande que Yu-Gi-Oh!.

Judai abrió la boca con horror.

—¡Eso es imposible! Estás mintiendo, ¿verdad? ¡Nada puede ser más grande que los duelos!

—Como un juego de cartas, no —admití, recordando que, hasta donde supe, Yu-Gi-Oh! TCG todavía conservaba el récord como el juego de cartas coleccionables más vendido—, pero, si combinamos todo, Nintendo, GameFreak y The Pokémon Company ganaban mucho más dinero que los millones que Yu-Gi-Oh! le daba a Konami y a Shueisha. Cuando se anunciaba una nueva generación, todos los fanáticos se volvían locos.

—¡Amigo, ese mundo suena horrible!

—Suficiente —finalmente Haou nos hizo callar.

—Lo siento —me disculpé.

Judai no parecía muy arrepentido.

—Nunca me respondiste que mazo jugabas en tu otro mundo —comentó ignorando a su hermano.

—Mi primer y único mazo físico fue «Locura de Zombi».

—Por supuesto —se rio Judai.

—Pero en videojuegos probé un poco de todo: mazos de quemar puntos, mazos por atributo, por tipo, Exodia, OTK con Contadores Mágicos, de ataque directo o elementales. Y por arquetipos: Amazoness, Ojos Rojos, Caos, Caos-Dragón, y al final me quedé con vampiros, mazo al que llamaba Castlevania, y con Fantastrucos.

—Pequeñas molestias entrometidas —masculló Yubel.

—¿Qué? —le preguntó Judai.

—Esos molestos Fantastrucos: suelen embrujar las casas y convertirse en verdaderas plagas.

—¿Existen? —le pregunté más emocionado de lo que pretendía, y luego agregué con más mesura—: No los he visto en las listas de cartas.

—¡Por supuesto que existen! —me espetó con molestia—. De nuevo esa arrogancia humana. No están en las listas de cartas porque no las tienen: son espíritus débiles y más una molestia al nivel de un mosquito. No tienen el poder ni la disciplina suficientes para establecer una carta, mucho menos un duelista.

—¡No son inútiles! —repliqué—. Son muy divertidos. Su estrategia principal se basa en llenar el campo como una horda, obligar al oponente a pasar a la defensa, y luego atacar directamente para después ocultarse cambiándose boca abajo. Como un fantasma travieso que sale a asustar y luego se oculta.

—Sí, suena divertido, aunque muy molesto —Judai estuvo de acuerdo con los dos, quizá en un intento de ser diplomático.

—Puedo ver porque un pequeño humano insolente como tú disfrutaría de hacer tratos con esas plagas —trató de insultarme Yubel.

—Quiero un mazo Fantastruco —me quejé como un verdadero niño de siete años.

Sentí como si el fantasma de una mano se posara sobre mi hombro. Me giré levemente y vi al Señor de los Vampiros.

—Tú si me entiendes, ¿verdad, compañero?

El espíritu no dijo nada, rara vez lo hacía. Aún no entendía por qué estaba allí, por qué me eligió a mí.

Ahora tenía otra cosa en que pensar respecto al duelo y los espíritus. ¿Acaso los Fantastrucos no podían formar vínculos con las cartas porque el duelo en este mundo no había evolucionado hasta hacer posible la aparición de la Invocación Xyz?

Fuimos interrumpidos cuando Osamu llamó a la puerta de la habitación de los gemelos.

—Kenichi, tu madre te llama —me dijo.

—Iré enseguida —le respondí.

Me congelé en mi lugar cuando sentí la mirada fría de Haou posada sobre mí. Me miró durante un lapso no mayor a treinta segundos, que se sintió como una eternidad.

—Puedes marcharte —me dijo por fin.

Me puse de pie, recogí mis cartas y luego miré a Haou por un momento.

—Yo solo… —Suspiré—. ¿Por qué me está enseñando todo esto?

Haou enarcó una ceja.

—Lo sabrás cuando lo crea necesario, no antes. Será mejor que estés aquí mañana antes de las diez —me ordenó—. O no te gustará lo que haré.

—¡Hermano! —lo regañó Judai.

—Es mi última palabra. Si pretende convertirse en un duelista, entonces será uno de verdad.

Judai soltó un suspiro y se puso de pie.

—Vamos —me dijo liderando el camino en dirección a la puerta.

—Un rey no debe rebajarse a escoltar a un plebeyo —lo reprendió Yubel.

—Es mi amigo —replicó Judai malhumorado.

- GX -

Mi madre estaba feliz de que hubiera resuelto mis problemas con Judai. Eso alivió un poco la tensión que se había generado en mi familia los últimos días. Fue entonces que noté algo: poco a poco, cuando intentaba recordar a mi madre de la otra vida, era el rostro de Miyuki Satou el que acudía a mi mente. En cierto sentido, eso me hizo entristecer. Una parte de mí se consoló pensando en que, si aquella mujer cuyo nombre no podía recordar era capaz de verme desde algún cielo u otro plano de existencia, seguro sería feliz de que había alguien que estaba allí para cuidar de su hijo.

Esa noche, comí mucho más de lo normal para mí en la cena y me fui a la cama dos horas más temprano de lo que acostumbraba en vacaciones. A diferencia de la última semana, me quedé dormido casi de inmediato.

Esto para compensar toda la energía que perdí en esos dos duelos en contra de Haou.

A pesar de eso, mi sueño no fue del todo tranquilo. Los recuerdos de mi vida pasada se presentaron con una fuerza con la que no lo habían hecho en años, centrados principalmente en mis amigos de secundaria.

Fui recordando como comenzó: yo junto con tres de mis amigos decidimos aprender a jugar Yu-Gi-Oh!, esto cuando el juego comenzó a ser popular en nuestra ciudad. Debido a esto, pensábamos que lo mejor era adquirir cada uno una de las cuatro Barajas de Inicio, así que fuimos a la tienda de juegos más cercana. En realidad, no era una tienda de juegos en sí, sino lo que podríamos llamar una tienda friki: vendían cosas de anime, cómics, videojuegos, juegos de rol, juegos de mesa, de figuras y, por supuesto, de cartas. No era raro ver allí a gente, usualmente chicos de preparatoria y un poco mayores, jugando a Magic, Pokémon y, en tiempos más recientes, Yu-Gi-Oh!.

Al final, el dependiente nos sugirió comprar algo un poco más avanzado y mejor para aprender el juego: una de las barajas de estructura que acababan de salir. Fue la primera vez que vi el mazo de «Locura de Zombi», y el hecho de que sus monstruos fueran vampiros, momias y demás entes similares me atrapó por completo.

Como dije: amo los monstruos clásicos.

No teníamos mucha idea de lo que estábamos haciendo. Pasamos horas estudiando el manual de reglas y viendo a los que jugaban en la tienda, para darnos una idea de en qué nos estábamos metiendo, ya que queríamos dejar de improvisar reglas imitando lo que veíamos en la temporada del Reino de los Duelistas.

Incluso cuando ese mundo no tenía hologramas avanzados como en este, y no había algo similar a una Liga Profesional, fue muy divertido. En realidad, sí había torneos oficiales, pero casi nadie de quienes conocíamos tenía tiempo o dinero para entrar en uno de esos. Todo era jugar de forma casual entre nosotros, con esos cuatro mazos y, de vez en cuando, con los otros chicos que se juntaban en la tienda las tardes después de la escuela.

Fue así hasta que nos graduamos de secundaria y cada quién se fue a una escuela diferente. No hubo más duelos para mí. «Locura de Zombi» quedó olvidada en un cajón de mi escritorio…

Hasta que llegó a mis manos una Game Boy Advance. Era una consola de videojuegos portátil de segunda mano que un primo, o algún otro familiar, me obsequió. El aparato venía con un único juego: Yu-Gi-Oh! Ultimate Masters WCT 2006. Al comienzo del juego, debías escoger entre seis Barajas de Estructura. Y allí estaba de nuevo: «Locura de Zombi».

Sin embargo, cuando esos sueños con días mejores terminaron, comenzó uno de lo más desconcertante:

Había una puerta. Por un momento pensé que era la misma puerta en la que el grupo de Judai encontró a Yubel poseyendo a Johan en el anime. Salvo que a mi alrededor no había un desierto, sino un paisaje formado por rocas que bien podrían estar en un acantilado. Tampoco había un cielo siniestro de nubes moradas. Este estaba tachonado de estrellas, incluso más de las que debía ser posible ver sin la contaminación lumínica de las ciudades. Un cielo en el cual no podía distinguir una sola estrella que me resultara familiar.

A mi cabeza únicamente llegó un pensamiento: estas eran las estrellas espectrales que solo son visibles en los Abismos Exteriores.

Mi atención se dirigió de nuevo hacia la puerta. Era grande y tallada con algún tipo de madera oscura, tal vez ébano. Me acerqué a ella y traté de empujarla con mis manos. No se movió ni un milímetro.

—No se abrirá —escuché decir a alguien.

Giré mi mirada en dirección a esa voz. Un hombre joven, vestido con ropas de viajero, me miraba desde atrás de sus anteojos redondos.

—La Puerta Suprema no se abrirá a menos que tengas la llave correcta. Y, por supuesto, también necesitas el libro.

—No existe el libro —respondí, no al menos todavía, aunque era posible encontrar algunas de sus piezas.

—¡Ah! Pero eso es lo más maravilloso: si no existe, ¡puedes hacer lo que quieras con él! El ne… representa el poder infinito de la creencia y la voluntad. Un poder capaz de hacer realidad cualquier cosa… Por ejemplo, revivir a los muertos.

Las estrellas extrañas parpadearon formando un patrón, y sentí como si algo me jalara para sacarme de aquel paraje desolado que resguarda la Puerta Suprema.

Me desperté con la respiración agitada y la sensación de la hoja de un cuchillo cortando mi garganta.

Tardaría años en dar sentido a ese último sueño.