Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Solo esta historia llena de clichés y el OC.
Libro I
Capítulo 4
Cápsula de Otra Dimensión
[Carta Mágica]
Después de activar esta carta, permanece boca arriba en tu Campo hasta tu 2da Standby Phase. Selecciona 1 carta de tu Deck, luego baraja tu Deck. Retírala del juego y ponla boca abajo. Durante tu segunda Standby Phase, destruye esta carta y añade la carta retirada a tu mano.
Las lecciones de Haou continuaron a lo largo de las vacaciones. Aunque, tampoco fue demasiado tiempo. Las vacaciones de verano en Japón duran poco más de un mes, comenzando la última semana de julio y terminando el 31 de agosto, aun así, son las más extensas del año escolar. Durante las dos semanas que duró el entrenamiento, me di cuenta de que los verdaderos duelos, es decir, los que involucran Energía de Duelo, son como hacer ejercicio. Lo cual explica cómo es que Kaiba y otros personajes se mantenían en tan buena forma.
Durante nuestras prácticas, Haou se dedicó a bombardearme con toda clase de preguntas sobre el juego en mi vida anterior, centrándose exclusivamente en lo que sabía sobre su funcionamiento en general. Para mi suerte, ninguna de esas preguntas me forzó a hablar sobre los formatos de las Reglas Maestras –a pesar de que una parte de mí todavía deseaba contarle al respecto–. Por supuesto, Haou no tenía manera de sospechar sobre la existencia de los otros métodos de invocación que se fueron desarrollando con el tiempo. O al menos fue lo que pensé entonces.
Las lecciones se interrumpieron un fin de semana, ya que los padres de los gemelos se tomaron unas cortas vacaciones de tres días y decidieron ir a un viaje familiar.
El día antes de que partiera, por fin los conocí.
Los padres de los gemelos resultaron ser personas muy agradables, y creo que puedo ver de dónde heredó Judai una personalidad tan contraria a la de Haou. Su madre, Yoshino Yuki, era una mujer muy amable, aunque un poco seria. Además, mi padre y el señor Yuki, cuyo nombre era Raiko Yuki, tenían en común el área de trabajo. Ambos se dedicaban a la informática, aunque el señor Yuki lo hacía para la empresa familiar. Resultó curioso para mí que los Yuki manejaban una importante empresa de telecomunicaciones a nivel global. Sin embargo, tiene sentido que fueran personas acomodadas: la Academia de Duelos no es una escuela económica.
Esos tres días de viaje fueron un descanso tanto para la familia Yuki como para mí: sin Haou y Yubel allí para insistir en el duelo, aproveché para relajarme leyendo y disfrutando de mis videojuegos de RPG.
Agosto se acercaba a su final, y mi cumpleaños número ocho estaba cerca, el día 25. Por supuesto, también se acercaba el final del receso de verano en la escuela y el comienzo del trimestre de otoño. Sin embargo, antes de que el verano terminará, el destino todavía le tenía reservado otro golpe de mesa a mi malogrado plan de pasar al margen de la «historia principal» de este mundo.
Comenzó con un drama familiar.
Mi abuela materna fue madre soltera, un gran estigma en la sociedad japonesa que incluso era peor durante la década de los 1970, época en la que le tocó crecer a mamá. Eso en sí no habría sido importante para mi historia, si no fuera porque la familia de ese abuelo al que nunca conocí se enteró de nuestra existencia. Más concretamente, el medio hermano de mi madre, quien decidió que quería conocernos.
En realidad, todo eso se había estado desarrollando desde hacía unos dos años, pero no me enteré al respecto hasta unos cuantos días antes de mi octavo cumpleaños, cuando estaba programada la primera visita de ese tío del que, hasta ese momento, desconocía su existencia.
Según me explicaron mis padres, mi madre estaba esperando a sentirse más cómoda con respecto a él antes de decidirse a permitirle formar parte de nuestras vidas. El que esa persona viviera en Domino la ayudó en parte a decidirse a darle esa oportunidad.
Respecto al porqué no hablarme sobre esto: pues resulta que ese tío desconocido era alguien famoso dentro de la escena competitiva del Duelo de Monstruos. Debido a esto, mi madre quería asegurarse de que no sufriría una decepción si resultaba que al final las cosas no iban bien y perdíamos contacto con esa otra parte de la familia. Esto solamente me hizo sentir más curiosidad por este tío misterioso. Tenía el presentimiento de que había algo más allá en el asunto que un simple drama familiar. ¿La razón? Mi vida simple terminó cuando Judai entró a formar parte de ella. Esto no podía ser una coincidencia. Nunca lo es.
La familia Yuki regresó de su viaje el lunes. Justo dos días antes de mi cumpleaños. A diferencia de mí, Judai estaba emocionado por la noticia. Nada más enterarse de que mi tío desconocido era alguien importante en la escena del duelo, comenzó a hacer toda clase de conjeturas.
—¡Tal vez sea un duelista profesional! Si es así, qué envidia. ¡Tener dos tíos que son profesionales!
Yubel frunció el ceño ante las palabras de Judai. No fue necesario que dijera algo. En mi mente, casi pude escuchar su voz de padre estricto regañando a Judai: «Eres un rey, no debes sentir envidia de un simple plebeyo». En esos días, parecía que nunca iba a superar su antipatía, lo cual no era una sorpresa en realidad.
No quise teorizar al respecto por mí mismo, incluso cuando estaba un poco nervioso. Ese presentimiento de que estaba pasando algo más grande no me dejaba tranquilo.
Los dos días pasaron muy rápido, llegó el momento de mi fiesta de cumpleaños. Y por «fiesta» quiero decir que mis padres organizaron una reunión entre nuestra pequeña familia, el tío Kouji, Judai, Haou, Osamu y, por supuesto, mi tío misterioso. Mis abuelos paternos vivían lejos, en un pueblo de Hokkaido, por lo que rara vez venían para las fiestas familiares. A ellos los visitamos en mayo, durante la Golden Week, cuando no eran ellos quienes venían de visita. Además, mi abuela materna no podía dejar su trabajo para venir a vernos desde Tokio.
Los menores fuimos a mi habitación mientras esperábamos que el invitado misterioso apareciera. Era muy obvio que a Haou le disgustaba ser tratado como un niño, pero no tenía otra opción más que aceptarlo si no quería atraer atención innecesaria sobre él.
Haou se sentó en el sillón que usaba como silla de lectura, mientras Judai y yo nos acomodamos a la TV sentados en la alfombra. Para distraernos, decidí encender mi PlayStation y estrenar un juego de plataformas que era como una versión de Spyro the Dragon con un «Bebé Dragón» como protagonista. Como curiosidad, en este mundo, PlayStation es una consola de Corporación Kaiba: a Sony no le fue muy bien al comienzo de los noventa y terminó siendo comprada por Kaiba.
—No sé cómo puedes concentrarte en videojuegos cuando posiblemente hoy conoceremos a otro duelista profesional —dijo Judai.
—Con algo hay que matar el tiempo —le respondí encogiéndose de hombros—. ¡Vamos, pasa este nivel! —agregué cediéndole el control.
—Qué desperdicio de tiempo y recursos —se quejó Yubel apareciendo a lado de Judai—. ¿Por qué gastar en esta cosa cuando necesitas mejorar tu baraja? Nunca serás un duelista competente si no lo tomas en serio.
Hice una mueca demostrando mi exaspero con eso.
—Es el regalo de cumpleaños de la abuela —le espeté.
—Yubel, al menos por hoy intenta ser amable —le reprendió Judai. Mientras hablaba, consiguió hacer un salto complicado para alcanzar un ítem que fortalecía al «Bebé Dragón», el cual, por supuesto, era la gema que aparece en la carta «Tesoros de Dragón».
—Qué burda representación de nuestro mundo —volvió a quejarse el espíritu.
—No necesita ser igual a tu mundo, el punto es que sea divertido —le expliqué con tono aburrido.
—No tan divertido como un duelo, pero supongo que está bien para pasar el rato —agregó Judai—. ¡Toma eso! —gritó al usar el ataque de flamas de «Bebé Dragón» para deshacerse de una «Planta Come-Hombres» que bloqueaba el camino para llegar a un cofre.
—¡Niños, los invitados están aquí! —nos llamó mi madre.
Judai se puso de pie de un salto, apenas conteniendo la emoción. Para su desespero, me tomé mi tiempo en apagar la consola, esperar a que el disco dejara de girar y, por fin, guardarlo en su caja.
Hecho eso, me puse de pie y los tres salimos al pasillo, dirigiéndonos a la sala.
Pude escuchar la conversación animada de mi tío Kouji con papá y aquel otro tío, hermano de mi madre, desconocido. Salimos del pasillo y me detuve en seco. Pude escuchar a Judai contener la respiración.
El joven sentado en el sillón no era otro que Yugi Muto.
Se puso de pie y, para mi sorpresa, era un poco más alto de lo que esperaba. Supongo que en los cuatro años transcurridos desde Ciudad Batallas «dio el estirón», como se decía coloquialmente en mi país…, me refiero a donde vivía en mi otra vida. Fue extraño verlo usando algo más que su característico uniforme de la preparatoria de Ciudad Domino. En su lugar, utilizaba un pantalón vaquero y una camisa de vestir de color negro.
—Así que tú eres el pequeño Kenichi —me dijo sonriendo, mientras caminaba en mi dirección y me tendía la mano para estrecharla—. Un saludo de un duelista a otro. Me dicen que eres muy bueno.
—Un poco —dije en voz baja y tímida devolviéndole el saludo. Podía sentir el calor del rubor manchando mis mejillas. El saludo de Yugi fue firme, aunque amistoso.
—Supongo que estos son tus amigos —dijo mirando a Judai y a Haou.
—Sí, él es Judai —le respondí señalando al niño a mi derecha—, y él es su hermano, Haou.
—Es un placer conocerlos —dijo Yugi al tiempo que les sonreía a ambos.
Nos dirigimos a la sala.
Los tres niños nos sentamos en el sofá más grande. Yugi se sentó en el sillón individual, mientras que papá y el tío Kouji compartían el sofá mediano.
—Tengo tu regalo de cumpleaños justo aquí —me dijo Yugi, mientras sacaba un sobre de cartas de su bolsillo derecho.
No era de una expansión cualquiera: se trataba de un sobre de la «Serie Dorada», la cual se suponía no saldría a la venta hasta tres semanas más tarde. Supongo que movió sus influencias como Rey de los Duelistas para conseguir eso. La verdad, no pensé que Yugi fuera de quienes hacían eso. Eso era algo que esperaría más de alguien como Kaiba.
—¡Gracias! —dije, todavía sin poder creerlo.
—No hay por qué —respondió Yugi, sonriendo—. Espero que disfrutes de las cartas.
Observé con cuidado el sobre en mis manos. El papel dorado brillaba con más intensidad de lo que recuerdo de los sobres del otro mundo. Por un momento, me pregunté si el envoltorio estaba hecho con oro auténtico. Considerando que el precio sugerido cada sobre de refuerzo era una pequeña fortuna (treinta mil yenes cada uno), bien podría ser así.
—¿Pasa algo? —me preguntó, al parecer notando mi desconcierto.
—Es solo que… Bueno, se supone que estos sobres no estarán a la venta hasta dentro de tres semanas.
—¡Oh, es eso! No te preocupes. Pegasus suele enviar algunos paquetes como cortesía a algunos duelistas antes de su fecha de venta oficial. No estamos rompiendo ningún embargo.
Asentí. Estaba a punto de abrir el sobre de cartas, cuando la voz de mi padre me detuvo:
—Kenichi, conoces la regla: los regalos se abren después de partir el pastel.
Solté un pequeño suspiro de decepción y dejé el paquete de refuerzo en la mesa del café, junto con mis otros regalos de cumpleaños. Pude escuchar un sonido de decepción de Judai, y creo que incluso el tío Kouji pareció contrariado por esa regla que nos impedía ver las cartas de inmediato.
La mirada de Yugi se dirigió hacia los gemelos.
—Escuché que su cumpleaños también será pronto —les dijo Yugi.
—Es la próxima semana —le respondió Judai con la misma timidez que demostró cuando conoció a mi tío.
—No tengo un regalo muy impresionante para ustedes, pero espero que esto sea suficiente.
Yugi tomó sus cartas del deckbox de su cinturón, extendiéndose frente a sí. Seleccionó dos cartas y guardó el resto, para luego entregar las cartas que eligió a los niños.
—¡Muchas gracias! —exclamó Judai como si acabaran de darle el mejor obsequio del mundo entero. Considerando lo mucho que admiraba a Yugi Muto, lo era—. ¡Guau! ¡Esto es increíble!
—Gracias. —La voz de Haou, como de costumbre, fue mucho más mesurada y digna que la de su hermano.
—No tienen que darlas —les indicó Yugi con una sonrisa.
No supe qué carta le dio a Haou. Por otro lado, en el momento que Judai sostuvo la suya, un inconfundible «Kuri kuri» resonó en la habitación. Claro está que solo cuatro de las personas allí reunidas pudimos escucharlo.
Vi a Osamu salir del comedor. Supuse que había estado en la cocina ayudando a mi madre a terminar los preparativos de la comida.
—¿Qué les parece si improvisamos un pequeño torneo mientras esperamos a que la comida esté servida? —nos preguntó. Fue más que obvio que estaba tan ansioso como nosotros por ver en acción al Rey de los Duelistas.
Dado que no podíamos usar discos de duelo, decidimos utilizar la mesa del comedor. Solamente éramos seis duelistas, así que papá se excusó para ir a la cocina a ayudar a mamá.
El tío Kouji hizo un pequeño sorteo para dividir a los menores en dos grupos. Dado que él y Yugi eran profesionales, se acordó que cada uno estaría en un grupo diferente. Además de eso, para hacer las cosas más «justas», improvisaron dos mazos empleando las cartas de reserva que tenía en mi carpeta.
Pude notar la decepción de Judai por no tener la oportunidad de ver a Yugi jugar con su legendario mazo. Siendo sincero, yo me sentí igual. Yugi emitía un aura que rivalizaba con la de Haou, cada vez que decidía derrotarme con un OTK, así que era obvio que su duelo sería un espectáculo. Siendo el Rey de los Duelistas, y el protagonista Yu original, no podía ser de otra forma.
Al final, Yugi aceptó que, luego del improvisado torneo, él y el tío Kouji podrían tener un duelo de exhibición en el estacionamiento utilizando sus discos de duelo, como un regalo extra para mí y el próximo cumpleaños de los gemelos.
El torneo se definió de un modo simple: cada participante se enfrentaría a otro en dos duelos, uno contra cada uno de los miembros de su grupo. Los dos duelistas de cada grupo que ganaran más duelos pasarían a las semifinales.
Me tocó el grupo con Osamu y el tío Kouji. Para desgracia del adolescente, lo vencimos. En el otro grupo, Judai fue quien quedó eliminado. En las semifinales tuve que enfrentar a Yugi. No creo necesario decir que perdí, aunque no sin hacer mi mejor esfuerzo. Yugi no nos decepcionó, incluso con un mazo formado por cartas tan básicas que podrían haber estado en el deck inicial de Forbidden Memories. Demostró porque es el Rey de los Duelistas al armar un combo que pudo deshacerse de mi «Genesis de Vampiro» y dejar camino libre a mis últimos puntos de vida.
Haou aplastó al tío Kouji como esperaba. Mi tío podía ser un duelista profesional, pero el Rey Supremo estaba en un nivel completamente diferente. Así pues, el resto nos sentamos alrededor de la mesa del comedor para ver el duelo final entre Haou y Yugi Muto.
No habían jugado siquiera la primera carta, cuando una niebla púrpura envolvió la habitación y el tiempo a nuestro alrededor se detuvo. Todo se sentía justo como en el duelo de Pegasus contra Yugi en el segundo episodio de la serie Duel Monsters.
—Un Juego de lo Oscuro —dijo Yugi. Por su tono, no fue algo que lo tomara por sorpresa—. Debí suponer que un enfrentamiento contra el Rey Supremo sería así.
—No es realmente eso —corrigió Haou—. El tiempo volverá a correr cuando hayamos terminado de hablar.
—Es justo. No me gustaría que el cumpleaños de mi sobrino se arruinara. —Mientras hablaba, me guiñó el ojo.
—Dejemos los juegos y vayamos directo al punto: eres el responsable de que Kenichi Satou esté en nuestro mundo.
Miré a Yugi con una mezcla de muchos sentimientos. Duda, miedo, sorpresa, ira… ¿Cómo se relacionaba el Rey de los Duelistas con mi peculiar situación de reencarnación?
—¿Desde hace cuánto lo sabes? —preguntó Yugi sin inmutarse, confirmando la acusación de Haou.
—Desde que lo conocí noté algo extraño en su Energía de Duelo. Al principio, era como si careciera de ella y en su lugar tuviera una «dosis» prestada por alguien más. Conforme los días han pasado, y se ha expuesto al Duelo de Monstruos, esta energía ajena a él ha ido desapareciendo mientras su propia energía se desarrolla. Esto fue necesario para atar definitivamente su alma a este mundo.
Sentí que se me revolvía el estómago. Todos esos duelos no fueron con el objetivo de hacerme más fuerte, sino el de dejarme atrapado por completo en este mundo. Una parte de mí sabía que me habría sido imposible volver a mi propio mundo, pero si había una posibilidad, aunque fuera remota, y esto la había arruinado yo…
(Por un momento, hubo un pequeño flash en mi mente: la Puerta Suprema y las estrellas de los abismos exteriores… Tuve que cerrar los ojos para apartar mi mente de los horrores que se ocultaban más allá de la Puerta, abrazando la seguridad de la ignorancia.)
—Esa Energía de Duelo prestada es tuya —terminó Haou devolviéndome a la realidad.
Miré a Yugi. Una parte de mí esperaba que lo negara. Es decir, este es Yugi Muto, ¡se supone que es el héroe! No hay posibilidad de que él…
—Sí —admitió—. Es un remanente del ritual que lo trajo a este mundo. Y también cumple la función de proteger su alma hasta que sea capaz de desarrollar Energía de Duelo propia.
Yugi giró la cabeza para verme de frente. Parecía estarme pidiendo disculpas en silencio, aunque también había determinación en su mirada. Yugi no se arrepentía de lo que había hecho.
—Las almas de este mundo, duelistas o no, nacen con la capacidad de producir lo que llamamos Energía de Duelo —me explicó—. Es como respirar. Pero tu alma no pertenece a este mundo. Era necesario protegerla hasta que lograras adaptarte lo suficiente para que pudieras vivir de forma normal en nuestro mundo.
Fruncí el ceño. Su descripción de lo que es la Energía de Duelo correspondía al Aj, una de las partes místicas de todo ser vivo de la mitología egipcia. Es decir, la Energía Espiritual que mantenía unidas todas las piezas que conformaban a un ser vivo, físico o espiritual.
—¿Por qué? —le pregunté—. ¿Por qué traerme aquí? Hacer algo así es algo que no se decide por un simple capricho.
La mirada de Yugi se suavizó.
—Lo siento. En ese momento fue nuestra única opción, o todo por lo que hemos luchado durante décadas se perderá.
—Hay otros involucrados —conjeturó Haou.
—Sí. Hasta donde sé, solamente tres de los que participamos hemos recibido los recuerdos de lo ocurrido. El resto es una moneda al aire: puede ser que recuerden o no, incluso es posible que solo tengan recuerdos parciales. Admito que fue un movimiento muy arriesgado.
Tuve que apartar la mirada de Yugi. Una parte de mí estaba furiosa por eso, aunque no sabía exactamente por qué.
(La imagen de la Puerta volvió a inundar mi mente. Si estiraba mi mano, tal vez podría abrirla.)
De pronto, escuché a Judai hablándome, quizá dándose cuenta de cómo las palabras de Yugi me habían afectado:
—No entiendo todo lo que pasa, pero sé que Yugi no quería lastimarte. ¡Él es un héroe!
Asentí levemente, y luego volví a mirar a Yugi.
—¿Por qué yo? —me atreví a preguntarle.
Él permaneció un momento en silencio, al parecer meditando en la mejor forma de responder. Al final, creo que decidió hacerlo de la forma más rápida y honesta posible, como tirando de un curita:
—No hubo una razón en particular. El método que empleamos nos permitió acceder a otras realidades. Sin embargo, esas realidades debían ser compatibles con esta, conectadas a través de una dualidad. Por lo que aprendí sobre ti de tu madre, esa cosa en común debió ser la existencia del Duelo de Monstruos. Eso es interesante. Las posibilidades de obtener el alma de un duelista eran muy bajas. Por estadística, debe haber muy pocos mundos allá afuera conectados por esa dualidad específica.
—Ustedes no eligieron —dije—. Tiraron un anzuelo y esperaron a ver si atrapaban algo.
«Fue cómo en un Robo del Destino», pensé con amargura.
—¿Qué habría pasado de no obtener a un duelista? —preguntó Haou sin inmutarse ni un poco por la carga emocional. Para él solamente importaba obtener las respuestas para el acertijo que le representaba mi existencia en este mundo.
Por supuesto, Haou tenía un gran conocimiento sobre el funcionamiento místico de este mundo, así que era capaz de hacer las preguntas correctas.
—En principio, nada. Pero no puedo negar que de hecho es una ventaja. —Yugi me miró de nuevo—. En especial porque eres alguien competente.
¿Competente? Podía nombrar al menos una docena de duelistas de mi mundo que hubieran sido mejor opción que yo. Por ejemplo, IFCPotter, un Youtuber español de Yu-Gi-Oh!, quien además era juez en torneos europeos, sin duda habría tenido mejores oportunidades para sobrevivir en este mundo regido por un juego de cartas.
Yugi prosiguió su explicación:
—Podemos imaginar nuestro mundo como un estanque de agua. En ese sentido, el alma traída desde afuera es como una roca que es lanzada en él. Al caer, esa piedra generará ondas que modifican la forma original del estanque. De esa manera, incluso cuando las olas se detengan, el cambio permanecerá.
—¿Por qué arriesgarse a perturbar el equilibrio del universo mismo? —le preguntó Haou.
Yugi suspiró con cansancio, lo cual lo hizo parecer mucho más viejo. Sin duda lo que los llevó a esto no era algo de lo que pudiera hablar con facilidad. Si la mitad de las historias de «viaje en el tiempo para arreglar el futuro» son correctas, entonces puedo entender el por qué.
—La razón es que algo salió muy mal en el futuro. Y a causa de esto, perdimos la guerra contra la Luz de la Destrucción.
Mierda. No esperaba eso.
Desde que vi GX, de todos los villanos, de todas las series de la franquicia, la Luz de la Destrucción siempre fue la que me pareció más peligrosa. De hecho, una de las principales razones por las que estaba feliz de no involucrarme en la historia de Judai era no tener que lidiar con ella.
Sentí un escalofrío y miré a Haou con cautela. Su aura se había tornado peligrosa. Incluso Judai de pronto se mostró muy serio. Miré a Yugi de nuevo, y noté la tensión en su rostro. Además, sus ojos demostraban que en su vida había visto cosas lo suficientemente duras como para no deseárselas a nadie más.
La voz de Yugi reflejó esto cuando continuó hablando:
—Los pocos que quedamos en ese mundo condenado, sabíamos que la única forma de ganar era volver a intentarlo desde el principio. Para nuestra mala fortuna, el tiempo no se puede alterar tan fácilmente. Contrario a como pasa en la ficción, no hay manera de crear una línea divergente o de enviar a alguien a cambiar las cosas, ya sea físicamente o solo sus recuerdos, para que reviva su vida y modifique la historia. Uno de nuestros enemigos intentó algo similar en el pasado, y el resultado fue que la destrucción se acelerara. Al final, restaurar la línea del tiempo original como única forma de evitar la aniquilación de todos.
—¡Paradox! —se me escapó.
Sentí como todas las miradas se volvían hacia mí.
—Sí —confirmó Yugi—. Me gustaría saber cómo es que tienes ese conocimiento. Habrá tiempo para eso más adelante.
Aparté la mirada, enfadado conmigo mismo por mi desliz. Por otro lado, para mí, Yugi estaba diciendo que fue la Luz de la Destrucción la que causó el fin del mundo en el futuro, y no la Invocación por Sincronía, como pensaban los de Yliaster. Si eso era así, todos los esfuerzos de los supervivientes de ese futuro fueron en vano. Incluso la lucha de Yusei y los demás firmantes carecía de sentido.
Por supuesto, también había la posibilidad de que estuviera en una versión de su mundo en la que los eventos de 5D's no sucedieron, cosa que quedó desmentida por el hecho de que Yugi reconoció la existencia de Paradox. Eso me decía que al menos era seguro que los eventos de Lazos a través del tiempo sucedieron.
—Entonces, ¿cómo detener a la Luz? —preguntó Haou. Era claro que estaba impaciente por conocer el plan que el Rey de los Duelistas y sus aliados tenían para enfrentar a su gran enemiga.
Yugi esperó unos segundos antes de responder:
—Las líneas del tiempo son como una suma: el orden de los factores no altera el resultado. Pero tampoco puedes cambiar esos factores de forma libre. Si intentas quitar uno, su valor se sumará a otro acelerando el resultado. También, puedes dividir uno o más, no obstante, esto únicamente te hará ganar tiempo, que al final tampoco significa nada, pues seguirá siendo el mismo resultado.
»Únicamente queda una acción posible: agregar un factor externo que altere la suma, a fin de conseguir un resultado diferente.
»Con eso en mente, Kaiba usó su tecnología para calcular todos los resultados posibles de alterar la línea del tiempo cambiando los factores que conocemos. Así descubrimos que todos los caminos llevaban a ese desenlace catastrófico: volvíamos a ese futuro donde la Luz de la Destrucción había ganado y estaba a punto de destruir la vida en el universo de manera definitiva.
»Sin embargo, ahora hay un factor externo. La línea del tiempo se ha reiniciado y tenemos una última oportunidad para hacer bien las cosas.
Sentí un sabor amargo en mi boca. Básicamente, encontraron una forma de saltarse los Puntos Fijos del Tiempo y engañar al mismo destino.
Me di cuenta de que Judai miraba a Yugi con un gesto confundido.
—Pero, ¡eres el Rey de los Duelistas! —dijo.
—No soy capaz de vencer a la Luz de la Destrucción —declaró Yugi. Si el mejor duelista de la historia no puede, ¿entonces que se supone que hagamos el resto?
Miré a Judai y a Haou una vez más. Las palabras de Yugi dejaron implícito algo más: Judai perdió. Lo más probable es que hubiera muerto asesinado por la Luz.
Yugi sonrió con cansancio por un momento.
—Necesitas el poder de la Oscuridad Gentil —dije. Al diablo guardar el secreto. Sentí la mirada de Haou sobre mí por un momento y traté de ignorarlo.
—Sí —admitió Yugi—. Es necesario tener ese poder para vencer a la Luz de la Destrucción de forma definitiva. Incluso si derrotaba a su avatar, eventualmente, como todos los mortales, iba a morir y la Luz de la Destrucción tendría el camino libre.
—Fue por eso que decidieron traer a un factor externo a este mundo —dijo Haou con voz tranquila, casi resignada—. Fracase en mi misión y ustedes recurrieron a medidas desesperadas para reescribir la historia.
Yugi asintió con la cabeza.
Judai abrió la boca, y luego volvió a cerrarla.
—Hubo cambios en el estanque que no previeron —dije volviendo a la primera analogía de Yugi.
—Sí. En primer lugar, no esperábamos que Haou y Judai se separaran en dos cuerpos. Puedo sentir que su alma es la misma, lo cual solo hace más fascinante este fenómeno. Y por supuesto, originalmente pensamos que el resultado del ritual nos daría un mundo más maleable.
Su mirada se dirigió hacia mí
—Las circunstancias de tu nacimiento son una prueba de eso. —Sonrió con amargura—. Al parecer, pecamos demasiado al jugar a ser dioses, y el universo nos respondió con factores que no pudimos prever, por qué en primera instancia no sabíamos que existían.
—¿Qué quieres decir…? —Yugi me miró con curiosidad. Suspiré y completé mi pregunta—: Es decir, ¿a qué se refiere con las circunstancias de mi nacimiento? ¿Sabían que iba a nacer dentro de tu familia?
—La Energía de Duelo en cierta forma es similar al ADN —me explicó Yugi—. Al usar la mía para proteger tu alma hasta que pudieras adaptarte a este mundo, pretendíamos que nacieras en mi propia familia. Dado que mi única familia lo bastante cercana por las fechas en las que deberías nacer eran mis padres y mi abuelo, creímos que solo podrías reencarnar como mi hermano menor. No previmos que mi padre tuviera una hija fuera del matrimonio antes de casarse con mi madre. Tampoco que el destino querría que, en esta línea del tiempo, papá no viviera más allá de mi quinto cumpleaños, haciendo que nacieras como parte de la familia Satou.
—¿Cómo me encontraste? —Necesitaba saberlo.
Yugi se permitió una sonrisa triste.
—Al principio, pensamos que fracasamos. Salvo uno de nosotros: Seto. —Oh, por supuesto, Seto Jodido Kaiba tenía que estar metido en esto. En buena hora aceptó usar la magia—. Se negó a aceptar que sus cálculos pudieran haber fallado. Para demostrarlo, construyó un satélite diseñado para localizar mi propia Energía de Duelo en cualquier parte del mundo. Si hubiera un niño por allí que compartiera ese rasgo conmigo, lo encontraría.
»Por fortuna, para nosotros, Kouji Satou decidió obsequiarte un mazo en tu quinto cumpleaños. La Energía de Duelo oculta en tu alma brotó cuando tuviste tu primer duelo, así fue como supimos que existías.
Yugi hizo una pausa, al parecer para darme tiempo de procesar todo lo que me había dicho.
—No fue difícil encontrar la conexión entre nuestras familias. Seto contrató a varios detectives para investigar. Ellos encontraron a tu abuela, a quien reconocí como una de las personas que asistió al funeral de mi padre. Después de eso, Seto consiguió una muestra de ADN para asegurarse de que eras el correcto.
»Mi intención era confirmar tu seguridad sin involucrarte. Seto, por su parte, pensó que no tenía sentido haber hecho eso, para luego dejar que te perdieras en el anonimato. —Por el tono de su voz, supe que Yugi no estaba de acuerdo con eso. Tal vez por remordimiento… no estoy seguro—. Tras dos años de poco avance y tu aparente negativa a aceptar el duelo, Seto se desesperó. Por eso decidió llevarte con la única persona que podría cambiar eso, alguien que fuera capaz de sentir mi Energía de Duelo en ti y guiarte por el camino del duelista para que pudieras desarrollar tu propia energía.
Oh, por supuesto, ¿quién mejor para ese trabajo que Judai? Comencé a atar los cabos sueltos. La empresa en la que trabajaba mi padre fue adquirida por Kaiba y de inmediato fue transferido a Ciudad Domino. De hecho, la encargada de realizar los arreglos de vivienda para mi familia fue la misma Corporación Kaiba. Sabiendo todo esto, era fácil ver que Kaiba ni siquiera se molestó en ser sutil.
—Hay más que eso —lo interrumpió Haou—. Tu Energía de Duelo no fue lo único que usaron para traerlo a este mundo. ¿De verdad crees que no puedo sentir un poco de mi propio poder en él?
Sentí que me faltaba el aire: una revelación tras otra, perdía un poco más del respeto que le tenía a Yugi. La parte racional de mí quería disculpar sus acciones, pensando en lo desesperados que debieron estar como para recurrir a esto. Por supuesto, soy humano, y no pude evitar sentir que toda esta vida había sido una marioneta a la que tiraban de las cuerdas.
—No pretendí ocultarlo —respondió Yugi, sosteniéndole la mirada a Haou—. Utilizamos lo poco que quedó de la Oscuridad Gentil en el ritual. Esto se decidió como un seguro para evitar que el enemigo pudiera influenciarlo. La verdad es que no sabemos hasta qué punto la presencia de Kenichi ha alterado nuestra realidad. No queríamos dejar cabos sueltos, en caso de que la Luz lo encontrara algún día y aprovechara su existencia de alguna forma para dar al traste con nuestros planes.
Volvió a verme como pidiendo disculpas.
—No me di cuenta de que esa fracción de Oscuridad Gentil te haría ir a Judai como una polilla a la luz. —Haou hizo una mueca ante la analogía—. Ahora sé que Seto previó eso y lo utilizó para arreglar su pequeña conspiración personal.
A esas alturas, creo que nada me sorprendía. Aun así, fue triste darme cuenta de la posibilidad de que incluso mi amistad con Judai era parte de una manipulación del frío presidente de Corporación Kaiba. ¿Había algo en mi vida que fuera una verdadera decisión personal?
(La Puerta Suprema volvió a aparecer en mi mente. Volví a ignorarla.)
—¿Ustedes borraron mis recuerdos? —pregunté.
Yugi pareció no entender del todo a que me refería. Tragando un nudo en mi garganta, le expliqué:
—No puedo recordar mi nombre, ni los nombres de las personas a quienes amaba en mi vida pasada… Únicamente tengo rostros que se han ido desvaneciendo con el tiempo.
También supuse que eso podría ser parte del ritual. Tal vez por eso recordaba con tanta claridad los detalles sobre el duelo y otras cosas relacionadas. No lo dije en voz alta.
Noté un poco de dolor y melancolía en la mirada de Yugi. Supuse que el saber sobre mis memorias perdidas debió ser un recordatorio de la situación de «su otro yo». La diferencia es que Atem olvidó su propio nombre en un sacrificio personal para salvar al mundo.
Yugi fue muy acertado cuando dijo que estaban jugando a ser dioses. Este es el tipo de cosas que seres como esos hacen, en especial él…
—La verdad es que no sabemos todos los efectos secundarios que pudo tener en tu alma —admitió Yugi—. Por eso queríamos que nacieras en mi familia.
No necesitó decirlo. Podía intuir el resto por mí mismo: «Para así poder documentar el proceso y a la vez moldear una herramienta a como la necesitáramos».
—¿Hay alguna razón para decirme todo esto ahora? —pregunté con voz un poco amarga—. Es decir, no es el tipo de conversación que esperas tener con un niño de siete… ocho años.
Yugi asintió con seriedad.
—Si solamente fueras un niño ordinario, no te habría dicho nada sobre esto. E incluso estoy seguro de que no habrías sido incluido en esta conversación por parte de Haou. —Yo no estaba muy seguro de que fuera así.
»Siendo sincero, vine aquí para confirmar si estabas bien. —Fruncí el ceño. ¿Por qué no lo estaría? Tenía una familia que me quería y cuidó de mí a pesar de ser un problema—. No quiero que me malinterpretes. Sé que Miyuki es una mujer cariñosa y amable. Por supuesto, es un poco extraño para mí tener una hermana cuando siempre fui hijo único. —Tosió sobre su puño.
»Como dije, si me hubiera encontrado con un niño ordinario, no te habría hablado de estas cosas. Siendo que no sucedió de esa forma, opté por ser sincero al respecto. Supongo que es lo menos que mereces: saber por qué estás aquí.
Me sentí un poco extrañado. ¿Cómo es que Yugi se había dado cuenta de que yo no era un niño ordinario? ¿Mi comportamiento era muy obvio o se trataba de algo más? Recordé lo que Haou dijo: que mis ojos revelaban un alma vieja. ¿Era por eso? Supongo que el hecho de que comprendiera algunos términos que un niño no debería saber también ayuda. Es decir, ¿cuántos niños de ocho años saben lo que es un embargo legal y cómo funciona? ¿Cuántos mostrarían preocupación por las implicaciones legales de obtener un producto antes de la fecha de venta estipulada por una compañía?
—Muy bien, creo que es suficiente —dijo Haou antes de que pudiera hacer más preguntas a Yugi—. Todavía hay cosas que me gustaría saber, pero pueden esperar para otro momento.
La niebla púrpura comenzó a disiparse, al tiempo que la realidad regresaba a la normalidad a nuestro alrededor.
- GX -
Parpadee confundido. Sentía como si acabara de olvidar algo importante, pero por más que me esforzaba en recordar, mi mente siempre terminaba en blanco. Al final, sacudí la cabeza y decidí concentrarme en el duelo. Si no podía recordarlo, entonces no era tan relevante.
Haou dio una buena pelea; no obstante, quedó demostrado porque Yugi era el Rey de los Duelistas cuando logró una victoria sin llegar a bajar de los mil Puntos de Vida.
Terminado el torneo, fue la hora de despejar el comedor para servir la comida: espagueti con queso, pechuga de pollo rellena, ensalada de lechuga y tomate; de postre una buena tarta casera de chocolate y flan napolitano. Mi madre siempre se preguntó de dónde saqué mi gusto por los platillos occidentales. No es que me disguste la cocina japonesa, pero es inevitable sentir un poco de nostalgia por la comida que para mí antes fue lo cotidiano.
La comida transcurrió en una charla amena dominada por las preguntas de Judai sobre los torneos en los que Yugi participaba. Nos enteramos de que Yugi no pensaba dedicarse en sí a ser un duelista profesional de tiempo completo. De hecho, estaba estudiando arqueología en «Todai», la Universidad de Tokio. Solamente participaba en torneos de caridad o en eventos por invitación. Eso explica por qué su baraja estuvo de gira durante el primer año de Judai en la Academia de Duelos.
Una vez terminamos de comer, volvimos a la sala para abrir los regalos.
Comencé con el de mis padres: resultó ser el The Endless Fantasy VIII que no pude comprar por gastar mis ahorros en cartas. Mis abuelos paternos me enviaron ropa, como de costumbre. De Osamu recibí una elegante carpeta para mis cartas. Supongo que escuchó cuando le dije a Judai que pronto necesitaría espacio para guardar todas las cartas que había estado obteniendo en las últimas semanas.
El regalo del tío Kouji resultó ser un tapete de duelo de realidad aumentada. Por algún motivo, los niños menores de once no podíamos adquirir discos de duelo, así que estos tapetes eran la alternativa para que los menores disfrutaran de algo parecido a un duelo holográfico. En cierto sentido, los tapetes de duelo eran como las cajas holográficas que Kaiba creó en el manga. Además, para usarlos necesitas unas gafas similares a los Visores de Duelo de Zexal, de otro modo no podrás ver a los monstruos.
El regalo de los gemelos resultó ser lo esperado: más cartas. Dos copias de «Mezuki» que de inmediato pasaron a ser formación permanente en mi mazo Castlevania aún en construcción.
Por fin llegó la hora de abrir el sobre de la «Serie Dorada». La colección era la misma del OCG en el otro mundo. Es decir: veinte de las cartas más buscadas de la historia del Duelo de Monstruos, todas ellas impresas en rareza Ultra. La única carta diferente era que el «Dragón Negro de Ojos Rojos» remplazando a «Brionac, Dragón de la Barrera de Hielo», por ser este un monstruo de Sincronía que todavía no debería existir a estas alturas de la línea del tiempo.
Abrí el sobre de cartas con cuidado y extraje las cinco tarjetas: «Jinzo», «Tributo Torrencial», «Tifón del Espacio Místico», «Scapegoat» y «Exodia el Prohibido». Nada mal. Ahora podría intentar a juntar mi set de Exodia… Luego de años de eso, todavía no lo logró. Descubrí que, una de las razones por las que casi nadie completa a Exodia en un duelo, es por qué en realidad casi nadie tiene el set entero en su colección.
Con los regalos abiertos, la única cosa que quedaba para terminar el día era ese duelo que Yugi y el tío Kouji nos prometieron.
Salimos del departamento rumbo al estacionamiento del edificio. Cuando llegamos, mis dos tíos se dirigieron a sus coches y sacaron sus respectivos discos de duelo. Siguieron los procedimientos estándar de un duelo profesional: ajustar el disco de duelo a las reglas del Formato Avanzado, cortar la baraja del oponente y acordar quien tenía el primer turno. Tras todo eso, por fin comenzaron la partida.
Fue un duelo fantástico. Me di cuenta lo mucho que el tío Kouji se estaba divirtiendo. Por lo que sabía, nunca había tenido la oportunidad de luchar contra Yugi, aunque ambos participaron en Ciudad Batallas. Resultó evidente que, para él, ese instante era una especie de clímax en su carrera como duelista profesional, incluso si no fue en una arena oficial. En aproximadamente un año conseguiría su título de profesor y, si las cosas iban según recuerdo del canon, luego de eso se retiraría de la liga y tomaría un puesto de docente en la Academia de Duelos. Esperaba que esto fuera suficiente para que no se convirtiera en ese villano episódico, un camino que significaba su muerte.
Al poco tiempo de comenzado el duelo, alguien debió correr la voz, puesto que el estacionamiento se llenó con una pequeña multitud. Destacaban la mayoría de los niños que usualmente estaban por las tardes en el área de juegos.
—¡Es increíble! —escuché decir a Rika, la niña con la que me había enfrentado casi un mes atrás en el área de juegos—. ¡Realmente es Yugi Muto!
—He visto a su oponente. Es un duelista de la Liga Profesional de Tokio —dijo otro niño—. Es Kouji Satou. Venció a Insector Haga en un duelo muy reñido el invierno pasado. Al final, aplastó a los insectos de su adversario con un monstruo muy genial que parecía un mecha.
La multitud ovacionó cuando Yugi consiguió armar un combo que le permitió invocar tanto al «Mago Oscuro» como a la «Chica Maga Oscura» en un mismo turno.
—Kenichi —escuché a Rika llamándome—. ¿Es cierto que Yugi vino a tu fiesta de cumpleaños?
Me sorprendió que hiciera una pregunta tan directa y específica. ¿Cuándo y cómo se enteraron de eso?
Asentí lentamente con la cabeza para confirmarlo. La mirada de la niña se encendió con entusiasmo.
—¿Crees que si consigo que mi primo te invite a su fiesta el próximo mes puedas arreglar que Yugi vaya?
La miré con incredulidad ante esa pregunta. ¿Qué pensaban que era Yugi? ¿Un payaso de fiestas? Veía más a Yuya haciendo esas cosas que al Rey de los Duelistas.
—No. Es alguien muy ocupado. —Di media vuelta y regresé con mi familia y mis invitados. Decidí ignorar cualquier otra pregunta del resto de los niños allí.
El duelo terminó con un triunfo de Yugi. A pesar de eso, el tío Kouji se las arregló para dejarlo con trescientos puntos de vida. En su libro ese parecía ser un gran logro. Y la ovación de la pequeña multitud fue más que suficiente recordatorio de eso.
- GX -
Horas más tarde, recordé que era eso que olvidé antes del duelo de Haou y Yugi: la conversación con Yugi, en la que confesó estar involucrado en la conspiración que me trajo a este mundo.
Algo alteró mis recuerdos de ese momento, o al menos los bloqueó. Supongo que para evitar que hiciera alguna tontería frente a mis padres y el tío Kouji. Mi sospecha principal recaía en Haou o en Yubel. El Rey Supremo demostró poder hacer cosas como detener el tiempo. Y si en algo era experto el espíritu, era en manipular y jugar con las mentes de otros.
La fiesta había terminado oficialmente. Yugi se había marchado hacía un par de horas, al igual que Osamu. Mis padres y mi tío se quedaron conversando en la sala. Mientras, los menores nos retiramos de regreso a mi habitación para probar las nuevas cartas y el tapete de duelo.
Por mi parte, tenía tantas dudas en mi mente que me era muy difícil concentrarme en los duelos.
—¿Sabía todo esto? —cuestioné a Haou.
Judai me miró con curiosidad y luego se volvió hacia su hermano frunciendo el ceño. Yubel estaba de pie detrás de Haou con los brazos cruzados.
—Tenía mis sospechas, pero no sabía quién te mandó aquí, si era un aliado o un enemigo. Aún tengo que definir eso último.
—Yugi no es un enemigo —dijo Judai con mucha seguridad.
Haou lo miró, arqueando una ceja.
—¿Cómo puedes estar seguro de eso? Todo el mundo es un enemigo hasta comprobarse lo contrario. En especial, aquellos que aparentan no serlo.
¿Estaba hablando por experiencia propia?
—¿Has jugado antes con mi mente?
Haou no dijo nada. Yubel resopló.
—¿Por qué alguien querría hacer eso? —me cuestionó el espíritu.
—Tenía que estar seguro de que no harías algo que fuera sospechoso para el resto —confirmó Haou.
—¿Por qué entonces dejó que participara en su conversación con Yugi? Era más fácil mantenerte ignorante.
—Él no lo habría permitido. Desde el momento en que entró por la puerta de este edificio, Yugi Muto nos mantuvo bajo vigilancia.
Judai abrió la boca, claramente para replicar.
—Es verdad —se le adelantó Yubel.
—No sé si todo lo que dijo es verdad —prosiguió Haou—, pero es un hecho que él es uno de los responsables de que estés aquí. Además, no es alguien a quien se pueda engañar fácilmente.
Lo entendí: Yugi se dio cuenta de su pequeña manipulación mental y deliberadamente dejó que pasara. Al igual que Judai, quería creer que Yugi era el héroe impoluto al que vi en la serie de mi primera infancia, sin embargo, Haou tiene razón: nadie es capaz de pasar por las cosas que vivió sin quedar marcado. Un recordatorio de que, en el mundo real, las cosas no son tan simples como decir: «Estos son los buenos, esos los malos, y aquel es un antihéroe».
No obstante, debía dejar de pasar eso… al menos por ahora. Había un tema más importante que debía tratar con Haou.
—¿Por qué decidió entrenarme? ¿Fue por lo que Yugi hizo? ¿Acaso porque mi alma…?
—Ese es un motivo —admitió.
—¿Sabías esto y nunca me dijiste nada? —le preguntó Judai a Haou, resoplando molesto.
—¿Qué habrías hecho con esa información? —replicó su hermano—. Eres demasiado blando.
Aun así, lo dejó participar en su conversación con Yugi. Quizá Haou creyó que ya no tenía caso ocultarlo más tiempo.
—¿Qué es lo que quieres de mí entonces? —inquirí.
—Una herramienta que pueda usar.
Apreté los puños, pero no dije nada. Era algo que ya había intuido por mí mismo.
—¡Hermano! —Judai se quejó como ya era su costumbre.
—Lo que quieres es un soldado para tu guerra contra la Luz —dije, olvidándome del respeto por un momento—. ¿Qué es lo que gano yo con este trato?
—Pienso que aprender verdadero duelo es un pago suficiente —me espetó Yubel—. Además, escuchaste lo que dijo Yugi sobre la Energía de Duelo y las almas que no nacieron en este mundo.
—La Energía de Duelo de Yugi para mí es como los anticuerpos de una madre para un recién nacido: puede protegerme, pero se agotará eventualmente. —Y si se agotaba, moriría.
—Aún hay muchas cosas que ocultas de mí —declaró Haou—. Por lo mucho que te esfuerzas en hacerlo, es claro que se trata de algo que puede alterar por completo la balanza de poderes. Ese conocimiento que no puede caer en manos de un enemigo.
—Entonces, podrías simplemente haberme dejado morir.
Judai hizo un sonido ahogado al escuchar eso.
—Hay cosas peores que la muerte —repuso Haou.
No estoy seguro si fue una amenaza. En todo caso, era algo que yo ya sabía. Luego de experimentar la paz después de la muerte, volver a la vida muchas veces se sintió peor. Sin contar el casi volverme loco por un montón de recuerdos que no podía comprobar si habían sucedido o no.
«Pero la locura y la salvaje venganza del vacío son las únicas mercedes que… concede a los presuntuosos…»
—Lo sé —le respondí, mientras trataba de dar sentido a ese último pensamiento—. Al parecer, cuando renací me tocó la vara más corta. —Suspiré—. ¿Cómo se supone que debo llamarte ahora? ¿Majestad, maestro, sensei?
—Pequeño mocoso irrespetuoso —me espetó Yubel.
Haou contuvo al espíritu con un simple gesto de su mano. Judai estaba muy serio, mirándonos uno a otro con el ceño fruncido.
—¿Estás aceptando darme tu lealtad absoluta? —me preguntó Haou.
No, tú no eres mi…
—El conocimiento que tengo me convierte en blanco de todas las fuerzas que vagan por este mundo. La Luz de la Destrucción y quién sabe cuántas más. En ese sentido, elegirte a ti es decidirme por el menor de los males.
Judai abrió la boca para replicar.
—¿Cómo te atreves? —se le adelantó Yubel.
—Hablamos de fuerzas que están a la par de los dioses —dije—. Creo que, en realidad, usar la palabra «mal» es simplemente una formalidad. Bien y mal son conceptos abstractos creados por los seres humanos. En las esferas más elevadas, carece de sentido utilizar dicha clasificación. Sin embargo, salvo por Judai, ninguno de ustedes ha hecho nada para demostrarme que no sean una amenaza para mí a corto o largo plazo.
Haou me miró con curiosidad. Yubel estaba cada vez más furioso. Judai se echó hacia atrás, soltando el aire, viéndose derrotado.
—En ese caso —proseguí—, no tengo más opción que aceptar una alianza con aquellos con quienes al menos hay una mínima garantía de seguridad.
—¿Eso es todo? —me cuestionó Haou.
Asentí con la cabeza.
—Sí. Pienso que es el mejor trato que podría conseguir…
—Ni siquiera deberíamos negociar contigo —gruñó Yubel por lo bajo.
—… Así que, por ahora, voy a tener que llamarte maestro Haou.
—Siempre podrías acudir a Yugi Muto —me recordó Haou, tal vez como una prueba.
Era cierto. No obstante, por más que Yugi fuera el Rey de los Duelistas, no conocía todos los secretos que había detrás de un poder como la Oscuridad Gentil. En ese caso, mi mejor opción era Haou. Aunque, tal vez, esa misma oscuridad estaba influyendo en mis pensamientos. Como Yugi insinuó, fue lo que me hizo desoír todo mi sentido común y elegir mi amistad con Judai sobre mi propia seguridad: ahora era una polilla yendo hacia la luz de una bombilla.
Mi madre nos llamó para decirnos que los padres de los gemelos habían llegado y era hora de marcharse. Además, ya eran casi las diez. Nuestra hora de dormir se había pasado –desventajas de ser un niño una vez más–. Haou se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta.
—Solo espero lo mejor de mis soldados —dijo mientras pasaba a mi lado.
Judai me miró un momento. Suspiró y luego siguió a su hermano. No pude sino compadecerme de él por lo difícil que debió ser crecer con alguien como Haou como hermano. Claramente, eso hizo que el Judai de esta línea del tiempo difiere mucho con el de la serie. A veces parecía como si no pudiera contradecir en absoluto. En cierta forma, eso era aterrador.
Al menos para mí, todo el asunto no dejaba de sentirse como un trato con el diablo. Curiosamente, tenía la sensación de que no era la primera ni la última vez en que me encontraba en la posición de tener que tomar una decisión como esa.
—¿Estás seguro de esto?
—No, sin embargo, tampoco tengo otra opción.
—¿Sabes lo que pasara si tienen éxito? Cada ser humano en este planeta…
—Sí, lo sé. No se preocupe: no va a pasar. Ellos siempre ganan. Tal vez mueran unas cuantas decenas de personas, pero no el mundo entero.
—No sabes si eso será así…
—Lo será.
Sacudí la cabeza. Era hora de dormir, no de recordar conversaciones que pudieran o no haber sucedido en otra vida. Además, sin darse cuenta, Haou hizo algo bueno al jugar con mi mente: bloqueó mi acceso a la Puerta Suprema por algunos años más.
