Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.
Actualización 17/03/21: Corrección de errores menores, y reescritura de algunos párrafos para hacerlos más claros. Los cambios son menores, y no implican alteraciones sobre la trama general de la historia.
Libro I
Capítulo 7
Grito Plateado
[Carta Mágica/Juego Rápido]
Selecciona 1 Monstruo Normal de Tipo Dragón en tu Cementerio; Invoca ese objetivo de Modo Especial. Sólo puedes activar 1 "Grito Plateado" por turno.
Kaibalandia es, en pocas palabras, la prueba del amor absoluto que Kaiba siente por el «Dragón Blanco de Ojos Azules» y de lo grande que es su propio ego. No me malinterpreten: el parque en sí es tan divertido como imagino que debe ser Disneylandia. Y se nota que Kaiba no escatimó en gastos para que esto fuera así.
Además, luego de tantas revelaciones y momentos tensos en la última semana, fue bueno tener un día más relajado en un parque de diversiones. O al menos ese era el plan original, de no ser por mi mala suerte.
Habíamos quedado de reunirnos en el estacionamiento del parque alrededor de las nueve y media de la mañana, para poder entrar en cuanto el parque abriera sus puertas por el día. Con las vacaciones de verano terminadas, Kaibalandia tenía mucha menos afluencia, pero en domingos y días festivos aún había una buena cantidad de visitantes.
Mi sorpresa fue grande cuando no sólo apareció Sho: Ryo estaba con él. Supongo que es lógico, después de todo, si yo fuera su padre, no lo dejaría ir solo al parque de diversiones con otros dos niños de ocho años. Sin embargo, no eran únicamente los hermanos Marufuji quienes se unieron a nuestro paseo dominical. Con ellos venía una niña rubia de ocho años y su hermano hiperactivo de cabellera castaña: los hermanos Tenjouin.
Fue una sensación extraña conocerlos de niños. Fubuki no me pareció muy diferente a su yo adolescente que recuerdo del anime, salvo que parecía tener un gran problema con el consumo excesivo del azúcar. O eso fue lo que pensé, pues era un niño hiperactivo incapaz de quedarse quieto por un segundo. Lo cual me hizo preguntarme si fue enviado a cuidar de Asuka, o la enviaron a ella a vigilarlo a él.
Pero me estoy adelantando.
El día comenzó como siempre para mí: me desperté a las siete de la mañana, antes que mis padres. Mientras esperaba a que ellos se levantaran, encendí mi consola para farmear un poco de experiencia en el RPG que estaba jugando en esos días. Desayunamos alrededor de las ocho como todos los domingos, y luego fui a bañarme para estar listo.
A las nueve en punto, Judai estaba en mi puerta, entusiasmado por la perspectiva de pasar el día en el parque (Haou no se uniría a esta excursión; de hecho, jamás se había unido a nosotros en Kaibalandia). Diez minutos más tarde, estábamos en el coche con mi padre de camino al parque.
—Entonces —nos preguntó él—, ¿qué planes tienen para el día?
—Primero hay que probar las nuevas máquinas de IA de duelo, ya saben, en las que puedes ganar muchas cartas únicas y raras —dijo Judai con entusiasmo.
Oh, cierto. No habíamos podido volver al parque desde el incidente con Yubel, el día que el tío Kouji me obsequió mi baraja de estructura. Durante ese tiempo, Corporación Kaiba estrenó la primera generación de Terminales de Duelo en este mundo. Como es lógico, todavía no tenía monstruos de Sincronía, pero sí que usaban una versión prototipo de las reglas que más tarde serían los Duelos de Velocidad.
—Escuché que puedes digitalizar tu mazo y usarlo en el juego —comenté un dato al azar que había visto en la revista de duelos donde anunciaron los nuevos aparatos. En este mundo las máquinas reconocían cualquier carta, y no sólo las ganadas en el propio juego. Supongo que es lógico. La tecnología para digitalizar las cartas debe ser similar a la usada en las atracciones VR del Mundo Virtual.
La perspectiva de poder hacer eso únicamente emocionó más a Judai.
—¡Oh, qué bien! ¡Podré usar la nueva fusión que adquirí en el último sobre qué compré!
Sonreí ante la diversión de Judai, antes de responder yo mismo la pregunta de mi padre:
—Yo estaba pensando en visitar el Mundo Virtual. Escuché que agregaron una nueva sección dedicada a los monstruos zombis. ¡El jefe es el Señor de los Vampiros!
Mi padre soltó una ligera carcajada.
—Tú y tus monstruos clásicos —dijo sin tono de reproche—. Creo que para navidad tendremos que comprarte todas las películas de monstruos de la Universal.
Eso me emocionó mucho. Una de las cosas que por suerte este mundo compartía con el mío era la literatura gótica del siglo XIX. Drácula, Frankenstein, el hombre Invisible, etcétera, eran algo en este mundo. Además, una de las pocas compañías que existían de mi mundo anterior y también lo hacían en este eran los Estudios Universal. Y eso se tradujo que sus películas clásicas de monstruos también existían. Con todo eso, casi no podía esperar a ganar mi propio dinero para comprar una edición anotada de lujo de Drácula como la que tenía en mi vida pasada (incluso me esforcé en aprender inglés de la época victoriana sólo para poder leer ese libro en su idioma original), y esos DVD de colección que la Universal lanzó para conmemorar sus monstruos clásicos.
—¡Creo que veré Drácula unas cien veces! —dije con un entusiasmo que igualaba al de Judai cuando se trataba de hablar sobre duelos, para luego hacer mi mejor intento de interpretación de un vampiro con acento de Europa Central—: «¡Ya veo que no le importa! Los Dracul estamos muy orgullosos. ¿Qué demonio o bruja fue tan grande como Atila cuya sangre aún fluye en estas venas?».
Mi padre se rio más fuerte ante mi intento de actuación como Drácula. Y Judai se unió a él esta vez.
—¿Sabes los diálogos de memoria? —me preguntó Judai entre risas.
—Por supuesto. Una mezcla de los de las películas y el libro:
»"Bienvenido a mi humilde hogar, señor Harker. Entre por su voluntad y deje un poco de la felicidad que lo acompaña".
»"¿Conde Drácula?".
»"Usted dígame Drácula. Deberá disculparme por no acompañarlo, pero yo ya he cenado. Además, jamás bebo… vino".
—Wow. ¿Cuándo memorizaste todo eso? —preguntó Judai.
—Es como si hubiera nacido sabiéndolo —le respondí guiñando un ojo. Por el espejo retrovisor pude ver al Señor de los Vampiros riéndose divertido de mí mala actuación como Drácula.
La conversación sobre nuestros planes continuó. Esperábamos estar en el parque hasta alrededor de las cuatro de la tarde, luego de eso iríamos a la tienda del abuelo y de allí volveríamos a casa. Mi plan era presentar a Sho al abuelo cuanto antes, y ya él sabría si podía o no enseñarle algo como yo pretendía.
Mi padre nos dejó en el estacionamiento de Kaibalandia. Como acordamos con Sho en días pasados, nos reuniríamos frente a la puerta sur del estacionamiento. Como es obvio, Judai decidió que la mejor forma de pasar el tiempo mientras esperábamos a Sho era mediante un duelo, así que nos sentamos en la acera a jugar.
A las nueve y media exactas, por fin llegó el grupo de cuatro niños.
—Al fin conozco a los dos héroes que salvaron al pequeño Sho de los matones escolares —nos dijo Fubuki con tono exagerado.
—Por favor, lo haces sonar como si fuera una princesa en apuros —se quejó Sho, sonrojado.
Judai ladeó la cabeza, confundido.
—Soy Fubuki Tenjouin, un amigo de Ryo de la escuela —se presentó—. Y esta linda muñequita es mi hermana.
Asuka se sonrojó y le envió una mirada molesta a su hermano mayor, quien le guiñó un ojo de forma que pretendía ser la de un cómplice, como si no se diera cuenta de la furia en los ojos de su hermana. O más bien, prefirió ignorarla.
Ryo se limitó a negar con la cabeza, al parecer acostumbrado a las payasadas de Fubuki.
—Asuka Tenjouin, un placer —se presentó ella tras dejar de fulminar a su hermano con la mirada.
—Soy Judai Yuki —saludó con su acostumbrado tono jovial.
—Kenichi Satou, mucho gusto. —Por mi parte traté de mantener una compostura más seria.
Fubuki me miró un momento analizándome con el ceño fruncido.
—Eres el niño de ocho más serio que he visto en mi vida —me dijo. Luego se giró a ver a Ryo—. ¿Estás seguro de que no se equivocaron en el hospital e intercambiaron bebés cuando nació tu hermano?
Fruncí el ceño ante ese comentario y miré un poco mejor a Ryo. No había ni siquiera un poco de parecido entre mí y el Káiser. Luego miré a Sho, decidiendo que tampoco es que él se pareciera mucho a su hermano.
En todo caso, la genética de este mundo no parece tener sentido común. Es decir, la Asuka adolescente del anime bien podría ser la hermana perdida de Kaiba. ¿Y qué genes podían generar cabelleras tan estrafalarias como las de Yugi y el abuelo? Gracias a Ra que heredé el cabello de la familia Satou. De hecho, mi cabello estaba tan ondulado que quizá si lo dejaba crecer sería más parecido al del tío Kouji. Hice una mueca de desagrado ante la imagen mental. Ese peinado siempre me recordó a Isaac Newton.
—Kenichi solamente es un poco tímido al comienzo —le aclaró Judai.
Fubuki me miró de nuevo con un gesto pensativo. Luego de unos segundos, una sonrisa que no me gustó nada se dibujó en su boca.
—Un chico tímido, eh. Mantén eso. A las niñas mayores les gustan los tímidos tanto como los distantes y serios. Piensan que son lindos y tiernos.
—Fubuki, por favor —lo regañó Asuka—. Es muy temprano para empezar con eso.
—Nunca es temprano para los consejos de amor.
—Vamos, mejor entremos al parque —Ryo decidió cortar las tonterías de Fubuki de tajo, lo que le ganó ser fulminado con la mirada por su amigo.
Así, los seis nos dirigimos a las puertas del parque. Habíamos pre-comprado los boletos, por lo que no tardamos mucho en ingresar. De hecho, Judai y yo pasamos tanto tiempo en ese lugar durante las vacaciones de verano, que hasta teníamos tarjetas de puntos con descuento.
—Muy bien, ¿a dónde vamos primero? —preguntó Fubuki tomando la delantera—. Tal vez un romántico paseo en las lanchas. ¿Qué dices Asuka? ¿El tímido lindo o el lindo hiperactivo?
Casi me atraganto con mi propia saliva. ¿Fubuki acababa de tratar de shipearnos a mí y a Judai con Asuka así de la nada? Por la forma en la que Yubel lo miró, sin duda deseando asesinarlo, tras aparecer detrás de Judai, tampoco estaba muy feliz con la insinuación de Fubuki. Si no fuera porque Haou le prohibió volver a atacar a humanos, a menos que fueran de verdad un peligro para Judai, seguro ya lo habría enviado al hospital en estado de coma.
—¡Hermano! —se quejó Asuka de nuevo sonrojada.
—¡Quiero probar las nuevas Terminales de Duelo! —dijo Judai, al parecer sin percatarse de las insinuaciones de Fubuki. Estaba tan emocionado que no paraba de temblar.
—Wow, ¿cómo está tu ingesta de azúcar hoy? —preguntó Fubuki ante el estallido entusiasta de Judai.
—No más baja que la tuya, según parece —murmuré.
—Tal vez al que le cambiaron el hermano en el hospital fue a otro —comentó Sho devolviéndole una cucharada de su propia medicina.
Fubuki debió escucharlo, porque al instante le pasó el brazo por los hombros a Judai para atraerlo hacia sí en u abrazo.
—¡Está decidido! Desde hoy eres mi hermano pequeño. Te enseñaré todo lo que sé sobre las chicas y el amor.
—Ah, de eso nada —se apresuró Asuka arrastrándolo lejos de Judai—. Con uno como tú es más que suficiente.
—No te pongas celosa, hermanita. Podría enseñarte algunas cosas, pero hay detalles que sólo puedo enseñar a otro hombre como yo. ¿Me entiendes? —Terminó guiñándole el ojo.
No pude evitar sentirme extraño. Es decir, sé que a los diez u once años un niño ya experimenta ciertos cambios, pero no esperaba que Fubuki usara un doble sentido tan evidente como ese. Más aún si tomaba en cuenta que estaba con niños de ocho años.
—Por favor, que se calle —murmuré viendo como Yubel estaba lista para cortarlo en pedazos por siquiera pensar en pervertir la mente de Judai. No quería perder a uno de nuestros mejores aliados en la futura lucha contra la Luz por la boca floja y pervertida de Fubuki.
Judai, ausente de estos temas como sólo él puede ser, ya estaba caminando en dirección a la zona de árcades del parque.
Dado que el parque acababa de abrir, las filas de espera no eran muy largas. No pasó mucho tiempo antes de que escaneáramos nuestros mazos y comenzáramos a probar las Terminales de Duelo.
Fubuki y Ryo llegaron al último nivel sin apenas complicaciones. Asuka, Judai y yo los seguimos de cerca. Yo perdí en la antepenúltima ronda, mientras que Asuka y Judai lograron llegar a la penúltima. Sho estaba muy nervioso. Tenía un deck de máquinas muy básico, apenas al nivel de una baraja de principiante. En cuanto comenzó a perder, toda su confianza se esfumó y fue incapaz de llegar más allá del tercer duelo.
—¿Por qué no vamos a los puzles? —le sugerí.
Él asintió y nos separamos del grupo.
Igual que antes, Sho pareció ponerse nervioso y comenzó a perder en los puzles más básicos.
—Relájate, no es un examen —le dije—. Hay dos habilidades básicas que se deben dominar para un duelo: comprensión lectora y matemáticas básicas. Lee bien los textos de las cartas, así como sus estadísticas. Y entonces, haz los cálculos en tu mente antes de hacer tu movimiento. Si fallas, siempre hay otro intento.
—Es fácil decirlo —dijo soltando el aire decepcionado—. Eres muy inteligente. Seguro estarás hasta arriba en la clase junto con Haou.
No iba a decirle que, si fuera un niño promedio y no un alma reencarnada, tal vez estaría en una posición menos ventajosa en la escuela. Por lo que decidí probar otro enfoque:
—No se trata de ser inteligente. No olvides el principal motivo para ser un duelista: disfruta del juego. Esta es una de esas cosas en las que lo importante es el viaje, no el destino. Pero claro, también analiza bien la situación antes de actuar. Como dije, si te equivocas siempre puedes intentar de nuevo.
Sho miró fijamente la pantalla. Leyó los textos en voz alta y repasó una y otra vez el campo y las cartas en su mano y deck. Luego, cuando el tiempo límite estaba peligrosamente en rojo, ganó.
La máquina recompensó a Sho con una carta de monstruo normal: «Cycroid».
—¡Increíble, nunca había ganado! —me dijo muy emocionado. Miró la carta en su mano—. Que curiosa carta, está tibia.
Vi como la carta le guiñaba el ojo. Al parecer, aunque Sho no pudiera verlo, acababa de encontrar a un espíritu que deseaba acompañarlo en su viaje como duelista.
—Es una carta Roid. Escuché que es el nuevo arquetipo que se presentará en la próxima expansión.
—Oh, cierto. Estuve viéndolos en la revista de duelos de mi hermano. Me recuerdan a mi colección de vehículos a escala. Me gustan mucho.
—Creo que van bien contigo —le comenté—. Tal vez haya más en las recompensas de las máquinas. Les gusta llenarlas con cartas de las nuevas expansiones para promocionarlas.
Esto pareció animarlo, y de inmediato volvió al juego. La emoción por buscar más cartas Roid al parecer fue el impulso que necesitaba, pues acabó con el nivel básico antes de siquiera darse cuenta.
Cuando el resto del grupo nos alcanzó, Sho estaba llegando al último nivel de la máquina de puzles. Y, como si fuera el destino riéndose un poco de nosotros, tenía que vencer a un combo de «Ciber Dragón».
La presencia de Ryo pareció disipar toda la confianza que había ganado. Perdió fácilmente dos de los tres intentos que tenía para vencer el puzle.
—Recuerda, Sho, lee bien los textos y analiza el campo. La respuesta está allí, sólo tienes que ser paciente.
—Sí, vamos amigo, ¡puedes hacerlo! —se me unió Judai a darle ánimos.
La decisión llenó el rostro de Sho al escuchar eso. Hizo su jugada y ganó. La máquina mostró serpentinas de felicitación en su pantalla y luego arrojó el premio final que, como siempre, fue una carta ultra rara: «Vínculo de Poder».
—¡Es increíble! —exclamó Sho—. ¡Mira, hermano! Es como la carta que tu maestro, el señor Samejima, te obsequió cuanto lograste ingresar a la escuela de duelos.
Ryo le sonrió con indulgencia un segundo, antes de volver a su semblante serio.
—Me alegro por ti. Solamente recuerda que una carta tan poderosa como esa no debe ser usada a la ligera.
Sho asintió, su entusiasmo reemplazado por seriedad.
—Lo entiendo. Te haré sentir orgulloso.
Ryo se permitió una pequeña sonrisa.
—Vaya, estuvimos en esto toda la mañana —nos interrumpió Fubuki mientras revisaba su reloj—. Es casi la una. ¿Vamos a comer?
—¡Sí! —estuvo de acuerdo Judai—. Nada como una buena comida después de una mañana de duelos.
—Ese es el espíritu, hermanito. —Fubuki le volvió a pasar el brazo por los hombros—. Además, el restaurante es un buen lugar para tu primera lección sobre como conquistar a las damas.
—¿Con comida? —preguntó Judai.
—Algo así.
Asuka suspiró con cansancio, y yo temí que Yubel fuera a cometer homicidio.
- GX -
Quizá debí haber supuesto que ir al Mundo Virtual era una mala idea. Es decir, en el anime los capítulos donde aparece esta atracción, o alguna cosa similar, nunca eran buenos para los protagonistas. Siempre había un psicópata tratando de matarlos o dejar sus mentes atrapadas en el ciberespacio para ocupar sus cuerpos.
Y todo me indicaba que estábamos en una de esas situaciones.
Al comienzo el paseo resultó tan emocionante como se suponía. Es decir, estábamos en un mundo VR, donde había monstruos a los que podíamos derrotar con nuestras cartas. Como estar en un RPG de Yu-Gi-Oh!, algo que no tenía su equivalente en mi mundo anterior. Eso hasta que, de la nada, al acercarnos a la mansión del Señor de los Vampiros, parte de la nueva sección dedicada a los monstruos tipo Zombi, algo comenzó a ir muy mal en el juego: fuimos atacados por un grupo peculiar de monstruos. No parecían ser los monstruos comunes programados para el juego, puesto que eran realmente fuertes, al grado que ni siquiera el «Ciber Dragón Final» del Káiser pudo con ellos. Además de que tampoco estaban interesados en atacarme a mí, o eliminar del juego al resto de nuestro grupo. Alguien los envió deliberadamente a secuestrarlos.
Con todos mis monstruos y los de mis compañeros siendo neutralizados, uno a uno los miembros de mi party fueron cayendo. Al final quedé solo, mientras una manada de zombis voladores desaparecía llevándose consigo al resto de mi equipo en dirección a la Mansión del Señor de los Vampiros.
Armándome de valor, me dirigí en esa dirección, casi sintiéndome como un Belmont, aunque armado con cartas en vez del Vampire Killer.
Me abrí paso con mi mazo de guerreros hasta la sala del trono. Allí vi a Judai y a los demás. Estaban suspendidos dentro de burbujas, al parecer inconscientes. Yubel también estaba allí, sólo que ella atrapada en un «Círculo Atahechizos».
La silla o trono donde debería estar el Señor de los Vampiros estaba ocupada con alguien más. No era uno de los hologramas del juego. Allí, con su tradicional gabardina blanca, se encontraba Seto Jodido Kaiba.
—Nos encontramos por fin, Kenichi Satou.
Hice una mueca irónica.
—Suena como un villano de anime —le dije.
Kaiba no pareció ofenderse por eso. De hecho, por un momento pensé ver como si sus labios quisieran deformarse en una sonrisa. Me siento mal por el gatito que murió a causa de eso.
—Sí, supongo que en estos momentos soy el villano. E imagino que ya debes haberte dado cuenta de lo que está pasando.
Lo miré un momento. No era complicado deducir lo que tenía que hacer. Al menos esperaba que no fuera uno de esos juegos de la muerte con los que intentó asesinar a Yugi en el manga. Aunque, Yugi dijo que este Kaiba no era como el matón mafioso que fue antes de todo su desarrollo de personaje en el manga y en el anime. Quizá estaba a salvo de eso.
—Tengo que ganarle un duelo, ¿verdad? Al final siempre se reduce a eso.
Sabía que no había forma de derrotar a Kaiba. De nuevo la misma situación que con Haou y Judai: por más que los viera luchar una y otra vez en el anime, o que los hubiera enfrentado en videojuegos, ahora que eran personas de carne y hueso frente a mí, descubrí porque eran considerados duelistas legendarios. Y Kaiba estaba en un nivel completamente nuevo para mí: este hombre era el segundo mejor duelista del mundo, no, de su universo entero.
—No pareces muy confiado. Sé que yo no lo estaría.
No era arrogancia de su parte, más bien fue descaradamente honesto. ¡Dioses, la energía de duelo que emanaba era intimidante, y eso que ni siquiera habíamos comenzado a jugar!
—Pensé que estaba de nuestro lado —dije. Por suerte, el juego VR permitía cargar dos mazos por jugador, así que reemplacé a los guerreros por mi mazo zombi en el disco de duelo virtual.
—A diferencia de Yugi, sólo apuesto a los ganadores. Tienes que demostrarme que eres adecuado para este mundo.
Kaiba se puso de pie, activando su propio disco de duelo. Retrocedí un poco cuando el aura blanca de su energía de duelo se expandió por toda la habitación. Era monstruosa e intimidante. Igualaba, si no es que superaba, a la del mismo Haou. «Este no es un duelista ordinario», tuve que recordarme para mantener la compostura. Kaiba era el único e indiscutible Maestro del Dragón Blanco de Ojos Azules. ¿No dejó claro el manga que, fuera del juego de cartas y hablando de poder bruto, era el espíritu más poderoso, incluso superando a los dioses?
—Puedes sentir la energía de duelo de forma natural —dijo Kaiba, aunque no parecía realmente impresionado. Más bien era como si estuviera tomando nota de ese hecho.
—Vengo de un mundo muy diferente a este, supongo que es por eso. De donde vengo, no había tal cosa como energía de duelo, así que, quizás, únicamente la noto porque subconscientemente no estoy acostumbrado a ella.
Era sólo una hipótesis, basada en la hipersensibilidad al chakra cliché en los fics SI/OC de Naruto. Igual podía deberse a la presencia de la Oscuridad Gentil en mi alma. Ya antes había meditado y teorizado en las implicaciones de ese hecho. Por ejemplo, llegué a la conclusión de que fue eso lo que me protegió de los ataques de Yubel y, eventualmente, me llevó a ser capaz de ver e interactuar con los espíritus de duelo. Imagino que el desarrollo de mi propia energía de duelo también ayudó en eso.
—Interesante teoría. Tal vez haya tiempo de probarla más tarde. Toma el primer turno.
Asentí de acuerdo.
—Esto no es un Juego de lo Oscuro, ¿verdad?
—No necesito de tonterías místicas para mis duelos —replicó Kaiba.
—Solamente quería estar seguro —murmuré antes de declarar en voz alta—: Mi turno. Robo. Coloco un monstruo y una carta. Termino mi turno.
—Jugando a la defensiva. Inteligente de tu parte, pero vas a necesitar algo mejor que eso si piensas tener siquiera una posibilidad.
Lo sabía. Seto Kaiba no era un duelista legendario por nada. Y la violencia con la que su energía de duelo se arremolinaba a su alrededor como un huracán, no ayudaba a mejorar la continua sensación de hundimiento en mi estómago. Era incluso peor que ese primer duelo contra Haou. Sólo esperaba no terminar echando afuera todo lo que había comido esa tarde.
—Activo «Tifón del Espacio Místico» para deshacerme de tu carta boca abajo. —Así de fácil, mi «Artilugio de Evacuación Compulsiva» terminó en mi cementerio—. Invoco a «Jinete Vorse», y ahora ataco a tu monstruo boca abajo.
El monstruo de Kaiba cortó la carta virtual en dos con su espada, revelando a mi «Tortuga Pirámide», cuya defensa de 1400 puntos nada pudo hacer para protegerla de ser destruida. Lo cual, por supuesto, era lo que yo quería. Al instante expliqué el efecto de mi tortuga:
—Cuando mi monstruo es destruido y enviado al cementerio, como resultado de una batalla, puedo invocar especialmente desde mi deck un monstruo de tipo zombi con 2000 o menos puntos de defensa. Invoco a «Ryu Kokki».
Kaiba no se inmutó ante la aparición del gigantesco monstruo formado por cráneos, a pesar de que claramente sus 2400 de ATK podían fácilmente aplastar a su Jinete de sólo 1900 ATK.
—No es un monstruo de volteo, y aun así lo jugaste boca abajo. Muy listo de tu parte. Así el oponente debe elegir entre arriesgarse a atacar o no, sin saber de su efecto para invocar monstruos poderosos.
—Gracias, supongo —le respondí avergonzado—. Pero es más cuestión de costumbres. De donde vengo, no se puede hacer Invocación Normal en modo de defensa.
Kaiba asintió con dureza antes de regresar su atención al duelo.
—Me temo que tu monstruo no te servirá de mucho. Activo la carta mágica «Fisura». Es una carta común y muy usada en barajas de principiantes, así que imagino sabes muy bien lo que hace.
Asentí con la cabeza antes de responderle:
—Destruye al monstruo del oponente con menos ataque. Si hay varios, puede elegir a cuál.
Mientras hablaba, el suelo se abrió debajo de mi zombi. Una enorme garra emergió de la grieta, arrastrándolo con ella a las profundidades, antes de cerrarse nuevamente.
Kaiba colocó una carta antes de terminar su turno.
—¡Es mi turno! Robo. —Me preocupaba su carta boca abajo, pero no tenía más opción que arriesgarme—. Activo la carta mágica continua, «Llamada de la Momia». Cuando no controlo monstruos, esta carta me permite hacer Invocación Especial de un monstruo de tipo zombi. Invoco a «Señor de los Vampiros». Y dado que todavía puedo hacer invocación normal este turno, invoco a una segunda «Tortuga Pirámide».
Volví a mirar la carta tapada de Kaiba y luego me arriesgué.
—Paso a la Battle Phase. Ataco a «Jinete Vorse» con mi «Tortuga Pirámide».
Desde que comencé a jugar en este mundo, esta jugada en particular siempre sorprendía a mis oponentes. Es decir, la gente en este mundo por algún motivo no espera que simplemente mandes a morir a tu monstruo más débil. Después de todo, en este caso, estaba atacando a un monstruo de 1900 de ATK con uno de 1200. Kaiba, en cambio, lo tomó como lo que era: una decisión práctica para aprovechar el efecto de mi monstruo y así ganar más poder con la invocación de otro de mis monstruos de ataque alto.
—Veo que no te importa perder puntos de vida con tal de aprovechar el efecto de tu monstruo.
—Setecientos puntos de vida es un costo bajo por traer a mi segundo «Ryu Kokki» al campo.
—Ya veremos si valió la pena o no.
El monstruo de Kaiba contraatacó partiendo a mi tortuga en dos de un tajo. Mis puntos de vida se redujeron a 3300. Kaiba no hizo siquiera amago de activar su carta boca abajo. Fiel a mi palabra, use el efecto de mi monstruo para invocar a «Ryu Kokki».
—Ahora, ataco a «Jinete Vorse» con mi «Señor de los Vampiros». —De nuevo, Kaiba no hizo nada para activar su carta, y ni siquiera se inmutó tras recibir los cien puntos de daño. Supongo que para él eso fue como una brisa matutina—. Como sabe, cuando mi monstruo inflige daño de batalla, declaro un tipo de carta y debe deshacerse de una carta de ese tipo de su mazo. Escojo carta trampa.
Kaiba envió su «Virus Aplastacartas» al cementerio.
—Para terminar, ataco directo con «Ryu Kokki».
Me mordí los labios cuando la mano de Kaiba se movió para oprimir el botón de su disco de duelo que activaría su carta tapada.
—Activo mi carta trampa «Portal de Contraataque». Puedo activarla cuando un monstruo oponente ataca directamente: niega ese ataque y me permite robar una carta.
Me mordí el labio con más fuerza. Una trampa de la generación Arc-V. Eso significaba que Kaiba estaba jugando cartas que aparecieron en El lado oscuro de las dimensiones. De ser así, tenía una ventaja considerable respecto a mí gracias a la potencia de sus cartas. Como si ser Seto Jodido Kaiba no fuera suficiente. Por otro lado, no había visto en circulación el modelo de disco de duelo que mostró en la película. Era complicado determinar si esos eventos habían sucedido o no a causa de eso; tampoco recordaba que hubiera habido incidentes de desapariciones misteriosas en el año posterior a la celebración del último torneo en el cual Yugi portó su Puzle Milenario, tema importante a lo largo de la película.
—Conozco esa trampa —le dije—. Si robó un monstruo, ahora puede invocarlo de forma normal.
Kaiba giró la carta en su mano, mostrando a su «Buey de Batalla», el cual se apresuró a invocar de forma normal sin ninguna ceremonia.
Miré las últimas dos cartas en mi mano. Eran las cartas mágicas «Recarga» y «Libro de la Vida». Usar la primera para tratar de sacar una carta que me ayudara sería jugarme todo a la suerte. Mi otra opción era resucitar al «Ryu Kokki» en mi cementerio para reforzar mi campo. Era momento de arriesgarme, estaba seguro de que cualquier opción no sería gran inconveniente para Kaiba. En especial cuando podía notar el pulso de energía proveniente de su mano, una señal inequívoca de que su monstruo As esperaba allí a que su maestro lo invocara.
Ante esa perspectiva, me decidí por la segunda opción. Con el efecto de «Libro de la Vida» desterré al «Jinete Vorse» en el cementerio de Kaiba e invoqué de forma especial a mi zombi en posición de ataque. Si Kaiba no jugaba algo que limpiara mi campo o se las arreglaba para invocar a su dragón, tal vez podría acabar el duelo en mi siguiente turno, aunque con mi suerte, y siendo mi oponente el segundo mejor duelista de la historia, era un imposible.
—Termino mi turno —declaré.
—Esto acaba ahora —me dijo mientras robaba carta—. Primero, activo «Olla de la Codicia» y robo dos cartas más. —Un segundo estallido de poder me avisó que ahora había dos Dragones Blancos en su mano—. Activo la carta mágica «Canjear»: con ella, al descartar de mi mano un monstruo de nivel ocho puedo robar dos cartas más de mi deck. Descarto a mi «Dragón Blanco de Ojos Azules» y robo dos cartas.
No me gustó la sonrisa satisfecha de Kaiba cuando vio las dos cartas que sacó del mazo.
—Todavía no termino. Activo la carta mágica, «Controlador de Enemigos». Elijo usar su segundo efecto: sacrifico a mi «Buey de Batalla» para poder introducir un código que me permitirá tomar el control de uno de tus monstruos.
La carta mágica se transformó en un joystick genérico, similar a los de SEGA Saturn. Kaiba comenzó a nombrar los botones de su código, que por supuesto recordé de su duelo contra Yugi en las finales de Ciudad Batallas:
—¡Izquierda, derecha, A, B!
—Por suerte, no usó el código Konami para tener cartas infinitas —dije con amargura al saber que estaba a punto de perder a uno de mis «Ryu Kokki».
Vi como el cable del joystick se incrustaba en la espalda de mi zombi de huesos, dándole el control de mi monstruo a mi oponente hasta el final de ese turno.
Kaiba se apresuró a activar otra de las cartas de su mano:
—Me temo que todavía puedo tomar el control de otro de tus monstruos. Juego la carta mágica «Control Cerebral». Al costo de 800 puntos de vida, puedo tomar el control de tu segundo «Ryu Kokki» hasta el final del turno. —Los puntos de vida de Kaiba se redujeron hasta 3100. Al mismo tiempo, dos enormes manos salieron de su carta mágica, sujetaron a mi monstruo y lo arrastraron a su lado del campo—. Por supuesto, no pienso quedarme mucho tiempo con ellos: sacrifico a tus dos monstruos para invocar al segundo «Dragón Blanco de Ojos Azules» en mi mano.
En cuánto el dragón llegó al campo, emitió un potente rugido que me hizo caer de espaldas. Me puse de pie de inmediato, notando que Kaiba me miraba impasible mientras su Dragón volaba detrás de él.
—Finalmente, activo desde mi mano la carta mágica de juego rápido «Grito Plateado». —Una carta de la generación Zexal, eso confirmaba que Kaiba estaba usando cartas mucho más adelantadas en el tiempo—. Esta carta me permite invocar especialmente un monstruo normal de tipo dragón desde mi cementerio. ¡Renace, «Dragón Blanco de Ojos Azules»!
Planté mis pies en el suelo y apreté los dientes. Permití que el primero me tomara por sorpresa y me derribara, por supuesto que no le daría la satisfacción a este otro de hacerlo también. Pero, incluso cuando estaba preparado, la onda de choque del rugido del dragón más poderoso del juego me obligó a ponerme de rodillas para resistirlo.
—Muy bien —me dijo Kaiba—. Mantente firme. Veremos si puedes resistir de pie el poder de mis dragones.
El primer ataque no lo sentí mucho. Mi Señor de los Vampiros se paró frente a mí, impidiendo que la onda de choque al recibir los mil puntos de daño me golpeara de lleno. Agradecí mentalmente a mi monstruo, al tiempo que mis puntos bajaban hasta 2300, luego respiré profundamente antes de volver a plantarme firmemente en el suelo para recibir de lleno el ataque directo.
—¿Es suficiente? —me preguntó Kaiba, obviamente dándome la opción de rendirme. Imagino que por el hecho de ser sólo un niño de ocho años. No lo veía dando esa misma oportunidad a cualquier otro duelista.
—Estoy listo —le dije.
Había aceptado ser un verdadero duelista, lo llevaría hasta el final. Además, estaba seguro de que, si el ataque del dragón de Kaiba no me mataba, sería el Maestro Haou quien lo haría por mostrarme débil.
Kaiba se permitió una sonrisa satisfecha antes de ordenar atacar a su dragón.
Fui arrojado varios metros hacia atrás. No fue tan doloroso como pensé, imagino que por estar dentro de un mundo VR (eso o el Dragón se contuvo por algún motivo de usar toda su fuerza), pero aun así me dejó sin aire.
Me incorporé trabajosamente. Kaiba seguía de pie en el mismo sitio. Uno de sus dragones no había desaparecido: permaneció detrás de él custodiándolo. No me extrañó. El amor de Kisara por Seto era demasiado profundo, al grado que trascendió a la muerte misma. Y el mismo Kaiba correspondió a ese amor convirtiendo al Dragón Blanco en algo así como su diosa personal.
—Supongo que no pasé la prueba —dije mientras avanzaba algunos pasos, notando un cojeo en mi pie derecho, el cual al parecer se torció en mi caída.
—Lo hiciste mejor de lo que esperaba, para usar un mazo pre-construido.
Imaginé que ese sería el mejor elogio que recibiría de Kaiba, así que no pude evitar sonreír satisfecho. Dioses, nuestro duelo duró solamente cuatro turnos, pero sentía como si acabara de jugar un match donde cada duelo se extendió por más de veinte turnos.
—¿Qué hay de ellos? —pregunté viendo a Judai y al resto, todavía suspendidos dentro de las esferas. Yubel fulminaba a Kaiba con la mirada.
—Todos puede marcharse. No tengo tiempo para lidiar con una investigación y las demandas si seis niños quedan varados en mi Mundo Virtual.
Asentí comprensivamente. Aunque, por un momento, pensé que respondería algo como: «Soy muy rico para preocuparme por esas cosas».
—Una pregunta, si no es mucha indiscreción, ¿tiene las versiones alternativas del Dragón Blanco y sus fusiones?
Kaiba enarcó una ceja con curiosidad.
—Pocos saben sobre la existencia de esas cartas —aceptó.
Eso no confirmaba El lado oscuro de las dimensiones en esta línea del tiempo, después de todo, eso era canon para el manga, y la existencia de Judai y los otros personajes de GX era cosa del anime. «Pero», me dije, «también esta Koyo Hibiki que es del manga de GX y, por todo el trasfondo de Tragoedia y los sucesos de Kul Elna, bien podía ser canon para el manga original». Al menos ahora sabía un poco más de donde estaba parado.
Decidí dejar de teorizar sobre eso de momento. Todo esto de las posibles líneas del tiempo era un dolor de cabeza.
—Yugi me dijo que vienes de un mundo donde el duelo está mucho más avanzado. Tu conocimiento de cartas que no deberían de existir aun, o de las que el público general no sabe nada, parece ser prueba suficiente.
Esperaba que él lo supiera. Seguramente Yugi y él habían estado en contacto, intercambiando información sobre mis dos encuentros con el Rey de los Duelistas. Esto hizo que me preguntara si ya habían tenido tiempo de conversar sobre lo que discutí con Yugi la tarde anterior. Kaiba no dio muestras de saberlo. ¿Qué reacción tendría alguien como él a ser sólo un personaje de manganime en otro mundo?
—Es más complicado que eso. Este mundo tiene muchas más cartas. Pero también, en comparación con el otro, el juego parece evolucionar más lento.
Este Kaiba venía del futuro, y tomando en cuenta que la carta «Grito Plateado» mostraba al «Dragón Plateado de Ojos Cerúleos», resultó obvio que había conocido los monstruos de Sincronía, por lo tanto, no revelaría nada que él no supiera si preguntaba por ellos. Por otro lado, en mi mundo esa era una carta de generación Zexal. ¿Habría monstruos XYZ en el futuro del que venían Yugi y Kaiba?
Decidí probar.
—¿Qué tan lejos estamos de la Invocación de Sincronía?
Kaiba me estudió un momento antes de responder:
—Poco más de una década. Las primeras se publicarán en el año 2010.
Eso las colocaba cerca de las mismas fechas en las que aparecieron en mi mundo. Sólo dos años de desfase, para ser precisos. Aunque, en este mundo el juego se publicó en Estados Unidos por primera vez en 1989, prácticamente diez años antes de que Konami lanzara su versión en mi mundo.
—¿Y qué hay de la invocación XYZ?
Kaiba me miró enarcando una ceja como cuestionando de que estaba hablando.
—No existían, ¿verdad? —Supuse que preguntar por Péndulos y Enlaces no sería buena idea. Ahora tenía que aclarar que era eso—: La Invocación XYZ apareció unos cuatro o cinco años después de los monstruos de Sincronía. En mi mundo, pasamos del formato tradicional a las primeras Reglas Maestras en alrededor de una década. Es decir, el juego se publicó por primera vez en Japón entre 1998 y 1999. Y la Invocación de Sincronía llegó al juego a nivel global en 2008. La segunda versión de las Reglas Maestras apareció en 2011 con los monstruos XYZ.
Ver las diferencias entre este mundo y el mío seguía despertándome sentimientos agridulces.
Desterré ese pensamiento y volví a centrarme en el hecho de que Kaiba tenía cartas que todavía no deberían de existir. Todos mis conocimientos de Yu-Gi-Oh! me decían que eso podía ser realmente peligroso. Aunque Paradox y Yusei parecieron poder usarlas sin muchos problemas en el pasado.
—Una pregunta, las cartas del futuro, ¿no es peligroso usarlas en esta época?
—No si tienes el poder para respaldar su uso —respondió Kaiba de forma cortante—. Con tu nivel actual, no te aconsejo intentar jugar siquiera un Kuriboh fuera de tiempo.
Miré las cartas en mi disco de duelo. Aunque todas las cartas ahí eran de impresión anterior a 2005 en mi mundo, en este apenas estábamos en 1998.
—No podría, aunque quisiera —confesé—. Todas las cartas que uso tienen al menos un año desde su impresión.
Solté un ligero suspiro. Mi mazo necesitaba realmente mucho trabajo. Al menos tenía otros siete años para mejorarlo antes de tener que ir a la Academia de Duelos.
—Tengo una última pregunta —decidí atreverme—, si no es mucha molestia de mi parte.
Kaiba me miró un momento de forma impasible.
—Bien, solamente que sea rápido.
Asentí.
—Yugi mencionó que tres personas volvieron desde el futuro con sus recuerdos intactos. Además de ustedes dos, ¿la tercera persona es Pegasus?
—Para mi desgracia, sí —respondió él con disgusto muy marcado.
Al parecer la antipatía de Kaiba por Pegasus jamás terminaría. Puedo entenderlo: el hombre intentó apoderarse de su compañía, trató de asesinarlo, secuestró a su hermano y robó sus almas mediante el Ojo Milenario.
—Si eso es todo, es momento de desconectarte —me dijo—. Terminaremos con esta conversación en otro momento. Tengo muchas preguntas sobre esta invocación XYZ. Podría significar una ventaja para nuestros objetivos si podemos recrearla.
Antes de que pudiera decir nada más, todo a mi alrededor comenzó a tornarse de color blanco. Finalmente, la pantalla del visor VR me indicó «Fin del Juego» y pude salir de la cápsula de animación suspendida. Los otros igualmente ya comenzaban a desconectarse.
Extraje mis barajas de las ranuras y me quedé un momento contemplando mi mazo de zombis. Todavía necesitaba mucho trabajo. Es decir, supongo que haber aguantado cuatro turnos contra Kaiba era un gran logro, pero aun así se sentía como si no hubiera avanzado nada como duelista.
—Eso fue divertido —dijo Judai mientras se estiraba para desperezarse por haber estado tanto tiempo acostado en la cápsula.
Eran casi las cuatro de la tarde, así que nos dirigimos a la salida para abandonar el parque.
Antes de que saliéramos, sentí como alguien me jalaba para alejarme del resto. Era Fubuki. Me miró con una seriedad que contrastaba con la actitud payasa que había mostrado durante todo el día.
—Diste una buena batalla contra el mismo Seto Kaiba.
Mis ojos se abrieron con sorpresa.
—¡Estabas despierto!
—Fui yo quién le avisó que vendrías hoy aquí —me confesó—. El señor Kaiba quería ponerte a prueba. Y en cierta forma, yo también.
—Tú recuerdas ese futuro horrible del que Yugi nos habló —deduje.
Fubuki cerró los ojos en un rictus de furia y dolor.
—Vi morir a mis amigos, a mi familia, uno tras otro en manos de la Luz de la Destrucción. —Apretó los puños—. Cuando el señor Pegasus sugirió alterar la historia con un elemento externo, supe que era mi única oportunidad de no fallar de nuevo a mi hermana y a mis amigos.
Abrió los ojos y me miró con tal intensidad que sentí ganas de retroceder.
—Sé que no pediste nada de esto, pero, si lo arruinas yo…
—No tengo intención de fallar —le interrumpí—. No es como si tuviera esa opción. Es luchar o morir, ¿verdad? —Respiré profundamente—. Tengo miedo, pero sé que no puedo echarme atrás. Ustedes, el Maestro Haou, no me están dando otras alternativas.
Fruncí el ceño con molestia. Se suponía que mi juramento me impedía admitir ante otros que no fueran Judai o el propio Haou mi situación de servidumbre con ellos.
Fubuki me miró desconcertado.
—¿Haou está despierto? —me preguntó. Había temor en su voz, y eso me hizo olvidarme por el momento de mi desliz.
Podía entenderlo, aunque Haou era Judai, la primera vez que ellos supieron de él fue en el Mundo Oscuro, cuando Haou provocó la masacre de duelistas para completar la «Súper Polimerización».
—Él… Realmente nunca estuvo dormido. Lo que hicieron le dio un cuerpo propio. Nació como el hermano gemelo de Judai.
Fubuki pareció aturdido por un momento.
—Lo llamaste Maestro —dijo al final en voz baja.
Me mordí el labio inferior. ¿Por qué había podido revelarle eso a Fubuki? Por otro lado, era un alivio poder hablar sobre esto con alguien más.
—Sí, bueno, sintió la parte de la Oscuridad Gentil que ustedes forzaron dentro de mi alma y decidió que no podía dejar que alguien con su poder vagando por allí sin control. —Volví a respirar profundamente para aclarar mis ideas—. Me forzó a jurarle lealtad a él y a Judai. Puedo sentirlo en mi alma, no podría siquiera respirar sin que ellos me dieran permiso.
Fubuki asintió, todavía un poco aturdido, quizá pensando en lo que eso significaba. Me preguntó si ellos confían en Haou tanto como en Judai, a pesar de que técnicamente son la misma persona… o al menos lo eran en su línea del tiempo.
—No voy a traicionarlos —agregué—. A menos que ustedes traicionen a mis maestros.
—No actúas como un sirviente cerca de Judai.
—Es Judai —resoplé—. ¿De verdad piensas que me dejaría hacer tal cosa?
Mi respuesta lo hizo reír demostrando lo mucho que estaba de acuerdo conmigo.
—Punto tomado —dijo.
—Oh, un consejo: trata de no intentar llevar a Judai por el camino del pervertido. Yubel no está contenta con eso.
—¿Ella está con Judai?
—¿En dónde más estaría? —repliqué y comencé a caminar para alcanzar al grupo, quienes nos esperaban junto a la fuente del Dragón Blanco frente a las puertas principales del parque.
Recién acabamos de llegar con ellos y Asuka trató de decir algo a Fubuki, cuando las pantallas que mostraban información sobre el parque comenzaron a emitir un mensaje especial de Seto Kaiba:
—Ciudadanos de Ciudad Domino, todo Japón, les habla Seto Kaiba. Una vez más haré un anuncio que alterará sus vidas. Bueno, específicamente alterará la vida de tres niños en este país. Es momento de anunciar el más ambicioso proyecto de diseño de carta en colaboración con Ilusiones Industriales, uno en el que tendrán la oportunidad de demostrar sus habilidades para diseñar un arquetipo completo y sus cartas de apoyo…
—Así comienza —murmuré.
De reojo vi como Judai no podía apartar la mirada de la pantalla mientras Kaiba daba las bases del concurso. No pude evitar sonreír. Los monstruos Neo-Espaciales estaban en camino, y esta vez no sería necesario enviar a Yubel con ellos al espacio.
- GX -
—¿No irán a sus casas todavía? —nos preguntó Asuka mientras recogíamos nuestras mochilas en los casilleros que había en la entrada del parque.
—Pensábamos hacer una parada más antes de eso —le respondió Judai—. Por eso le pedimos a Sho que trajera sus cartas.
Ryo enarcó una ceja.
—Este no es un buen lugar para intercambiar —nos dijo.
—Pensábamos ir a otro sitio —aclaré—. Mi abuelo, bisabuelo en realidad, tiene una tienda de juegos a una estación de metro de aquí. Le dijimos que lo visitaríamos esta tarde. Aunque a esta hora ya cerró por el día, prometió que nos dejaría pasar para ver las nuevas cartas que llegaron y jugar un rato.
—Suena divertido —dijo Fubuki—. ¿Qué dices, hermanita, vamos con ellos?
Sin esperar la respuesta de Asuka, volvió a pasar su brazo por los hombros de Judai y le pidió que abriera el camino.
Suspiré resignado. Le había avisado sobre Yubel, si no quería escuchar era cosa suya.
Salimos del parque y nos dirigimos a la estación del metro. Como todavía era temprano, los trenes iban casi vacíos, así que estuvimos en casa del abuelo no más de veinte minutos más tarde.
—¡Tu abuelo vive en la tienda de juegos Tortuga! —dijo Sho antes de que pudiera ir a llamar a la puerta.
—Eh, sí —le respondí.
—Entonces es verdad ese rumor: ¡Yugi Muto estuvo en tu fiesta de cumpleaños!
Asuka me miró con interés, mientras Ryo enarcó una ceja. Fubuki no estaba sorprendido. No sé desde cuando involucrado estaba a ese punto, pero si le avisó a Kaiba que estaríamos en su parque ese día, tal vez también estaba en contacto con Yugi desde el comienzo y sabía al menos lo básico de lo ocurrido las últimas semanas.
—Oh, sí —respondió Judai por mí—. Yugi y el señor Satou, Kouji Satou el duelista profesional, tuvieron un duelo. ¡Fue lo más fantástico que he visto!
Los demás miraron a Judai sorprendidos, y luego me miraron a mí.
—Yugi es mi tío, por parte de mi madre —respondí resignado—. Y, bueno, creo que el apellido Satou delata mi parentesco con el tío Kouji. Sólo no le digan a nadie, por favor.
—No entiendo —dijo Sho—. ¿Por qué ocultar esto? Los chicos en la escuela seguro se volverían locos si lo supieran. Dejarían de ignorarte…
—Por eso —le corté—. Si quisieran ser mis amigos, tendrían que serlo porque de verdad les agrado, no porque soy familia del Rey de los Duelistas y de un duelista pro.
Sho parpadeó un par de veces al parecer todavía confundido.
—Lo entenderás algún día —le dijo Fubuki al tiempo que le revolvía el cabello de forma cariñosa—. Entonces, ¿llamaras al abuelo para ver esas nuevas cartas?
Asentí con la cabeza y me acerqué al timbre de la puerta. Como la tienda ya estaba cerrada a esa hora, decidimos entrar por la puerta lateral, la que conducía al recibidor de la parte residencial del edificio.
Dos minutos después, la puerta se abrió y Megumi Muto nos recibió con una sonrisa.
—Vaya, no esperaba que trajeras a tantos amigos.
—Sí es una molestia, nosotros… —comencé.
Ella negó con la cabeza.
—No lo es, adelante. Estoy segura de que el suegro estará feliz de verlos.
El abuelo nos esperaba en la tienda. Estaba organizando su propia colección personal de cartas.
—¡Kenny! —me saludó con el diminutivo que había elegido para mi nombre en mi visita del día anterior—. Me alegra que trajeras a tus amigos. —Miró a Judai un momento—. ¿Tu hermano no se nos unirá?
—No, abuelo. Haou tenía otras cosas que hacer. La próxima vez lo traeré, lo prometo.
Quise reír ante eso. Por más que Haou fuera la oscuridad encarnada, Judai tenía sus formas para hacerlo salir de su actitud de solitario, la mayoría de ellas muy divertidas. Aunque, como valoraba mi vida, prefería callarme y fingir que no sabía al respecto.
—Muy bien, estuvieron en Kaiblandia, ¿verdad? ¿Ganaron algo interesante en las máquinas?
Pasamos la siguiente hora comparando las cartas que ganamos e intercambiando cartas de nuestros «baúles», entre nosotros y con el abuelo.
Ryo y Fubuki habían obtenido algunas de las cartas más raras, puesto que ellos consiguieron vencer el último nivel de la Terminal de Duelos. El resto teníamos algunas cartas de rareza súper. Y, por supuesto, Sho tenía la versión ultra rara de «Vínculo de Poder», la cual lo hacía sentir muy orgulloso. Había buenos motivos para eso: la posibilidad de conseguirla era de 1 en 100, lo que la convertía en la carta más rara que podía dar el árcade de puzles de tipo máquina. Además, estando en el yugiverso, para mí eso se sentía como un guiño del destino.
—¿«Kuriboh Alado LV10»? ¡No sabía que esa carta existía! —dijo Judai.
Lo miré un momento con los ojos entrecerrados.
—Estaba en la guía de cartas que Haou consultó luego de mi fiesta.
—¿En serio? No estaba prestando atención. —Terminó rascándose la nuca mientras reía avergonzado.
Judai sacó entonces las cartas que consiguió y las extendió en la mesa. Destacaba una copia de «Ritual del Ángel Mecánico», en súper rara.
—¡Es la carta que he estado buscando! —dijo Asuka—. En casa tengo los tres monstruos rituales que se pueden invocar con ella.
—¿De verdad? —preguntó Judai—. Tengo un «Kuriboh Alado». —Mientras hablaba tomó su mazo y mostró el pequeño monstruo de tipo hada—. ¿Qué dices, compañero, conseguimos a tu hermano mayor?
Los demás —salvo Fubuki y el abuelo— lo vieron con extrañeza, aunque yo escuché claramente la respuesta de Kuriboh Alado, por más que no entendiera más que el «Kuri Kuri».
—Muy bien, te cambio el ritual por el «Kuriboh Alado LV10».
—Seguro —le respondió Asuka todavía un poco confundida porque Judai hablara con su carta.
Por mi parte, conseguí un «Patricio de la Oscuridad» intercambiando a Fubuki la copia en común de «Tributo Torrencial» que venía en el mazo Locura del Zombi. El monstruo era perfecto para mi deck, ya que combinando su efecto de dejarme elegir los objetivos de los ataques enemigos con mi «Segador del Espíritu», el cual no puede ser destruido en batalla, podría crear un escudo perfecto para protegerme de los monstruos oponentes. Además, sus 1400 puntos de Defensa lo hacían fácil invocarlo con mi «Tortuga Pirámide». Y, por supuesto, el ser un vampiro lo colocaba automáticamente como una de mis cartas favoritas, por más que mecánicamente no perteneciera al arquetipo Vampiro.
Una vez terminados los intercambios, el abuelo organizó una competición: quien consiguiera ganarle en un match se haría acreedor a un sobre de la última expansión.
Como era de esperarse, Ryo fue quien más cerca estuvo de ganar, pero incluso él sucumbió ante Exodia. Me llamó la atención que Ryo ya tenía sus tres «Ciber Dragón», pero ninguna de sus fusiones (en el mundo virtual había podido usarlos porque el sistema los generó automáticamente si tenías los materiales en el mazo principal). Quizá se debía a que a esas alturas todavía no se consideraba que su entrenamiento estuviera completo. Otra de las peculiaridades de este mundo, supongo.
Por otro lado, el arquetipo Ciber Dragón como tal no sería liberado al público hasta la expansión que saldría el próximo mes. Pero no era tan extraño si se consideraba que los dojos, como el de Ciber Estilo donde Ryo comenzó su entrenamiento, recibían ese tipo de cartas antes de tiempo. No estoy seguro de que tipo de trato tenían con Ilusiones Industriales, aunque el hecho de que una criatura mitológica, similar al Ciber Dragón, era parte del escudo de la familia Samejima, dueños del dojo, parecía tener algo que ver.
Como esperaba, Sho se puso nervioso en poco tiempo, aunque unas palabras de aliento de mí, Judai y Asuka consiguieron hacer que se repusiera un poco para al menos no quedar tan mal ante el abuelo.
Terminada la competición, el abuelo nos habló sobre los torneos que organizaba los sábados, y pude notar que a todos les entusiasmó la idea.
A las seis con treinta, Ryo, Sho, Asuka y Fubuki se despidieron de nosotros para volver a sus casas. Mi padre pasaría a recogernos a Judai y a mí una hora más tarde, así que nos quedamos conversando con el abuelo.
—¿Qué piensas de Sho? —le pregunté.
—El chico tiene un gran potencial sin explotar —me respondió el abuelo—. Su problema es que quiere hacer orgulloso a su hermano, pero al primer error su confianza se derrumba. Un poco de trabajo y estoy seguro de que llegaré lejos.
—¿Cree que pueda ayudarle? —le preguntó Judai con preocupación.
El abuelo sonrió.
—Por supuesto. Veo la chispa de un verdadero duelista en él. Si se presenta al torneo del próximo sábado, hablaré con él al respecto.
Sonreí feliz. No tenía idea de si cambiar así la línea del tiempo era buena idea, pero la otra línea al parecer terminó tan mal que quizá cualquier cambio era más que bienvenido. Especialmente si nos daba una oportunidad más para sobrevivir a lo que venía.
Durante la siguiente hora, Judai se dedicó a explicar al abuelo sobre el concurso de diseño y las cartas en las que estaba trabajando. Me pareció interesante que decidiera contarle sobre eso, tomando en cuenta que luego de nuestra conversación del lunes se mostró reacio a volver a hablar sobre el tema, decidiendo mantener el secreto.
No hace falta decir que las cartas estaban muy bien planeadas, tanto que incluso el abuelo se sorprendió de que un niño de ocho años pudiera hacer tan buen trabajo. Por mi parte, después de todas las cosas que aprendí sobre la realidad del duelo en este mundo, me pregunté si no tendría que ver con la conexión de Judai con los Neo-Espaciales. Su capacidad de «diseñar» esas cartas podía deberse a una mezcla de la voluntad de Judai por ayudarlos, y de los propios espíritus que anhelaban crear un enlace con quien habían elegido como su maestro. Me hizo preguntarme si el triunfo de Judai en el concurso fue algo guiado por el propio destino y esa conexión especial entre Judai y los Neo-Espaciales.
—¿Qué hay de ti, Kenny? ¿No te interesa participar en el concurso?
Parpadeé sorprendido saliendo de mis pensamientos.
—La verdad no, abuelito.
—Vamos, será divertido —dijo Judai—. El señor Kaiba dijo que los tres mejores arquetipos serán publicados, aunque solamente el primer lugar participará en el Proyecto Nova. Estoy seguro de que podrías lograrlo.
Judai sabía muy bien mis motivos para no participar: en primer lugar, el hecho de que no quería introducir cartas demasiado avanzadas en el tiempo —más ahora con lo que Kaiba me había dicho sobre mi nivel como duelista y tratar de usar cartas del futuro—; y, por supuesto, al no conocer los detalles reales sobre el concurso y la siempre constante amenaza del efecto mariposa, no sabía si mi intromisión podría provocar que los monstruos Neo-Espaciales no ganaran el concurso.
A pesar de haberle explicado todos esos motivos, Judai no paraba de insistirme en que lo hiciera. Tenía la confianza ciega de que incluso si era uno de los ganadores, no alteraría las cosas para él. Tal vez tenía razón, y sólo era mi mente no acostumbrada a la «magia» que regía este mundo lo que me causaba las dudas.
—Estoy de acuerdo con Judai —dijo el abuelo con seriedad—. Hay pocas oportunidades como esta en la vida. Si no fuera un concurso para menores de quince años, yo mismo estaría participando.
El abuelo terminó con una sonora carcajada.
—Voy a pensarlo —dije al final todavía no muy convencido.
Finalmente, mi padre llegó a recogernos. Nos despedimos del abuelo, prometiendo presentarnos para el torneo del sábado.
