Disclaimer: Yu-Gi-Oh! no me pertenece. Sólo esta historia llena de clichés y el OC.


Actualización 11/04/21: Corrección de errores menores, y reescritura de algunos párrafos para hacerlos más claros. Los cambios son menores, y no implican alteraciones para la trama general de la historia.


Libro I

Capítulo 8


Pumpking el Rey de los Fantasmas

[Zombi/Efecto/OSCURIDAD/Nivel 6/ATK 1800/DEF 2000]

Mientras el "Castillo de las Ilusiones Oscuras" permanezca boca arriba en el Campo, aumenta el ATK y la DEF de esta carta en 100 puntos. Además, el ATK y la DEF de esta carta continúa aumentando en 100 puntos durante cada una de tus Standby Phases. Este efecto continúa hasta el 4º turno después de la activación de esta carta.


Las siguientes semanas transcurrieron de forma tranquila. La escuela seguía siendo aburrida, los otros niños todavía ignoraban a nuestro pequeño grupo —salvo a Haou, quien seguía despertando los suspiros románticos de las niñas de la clase, para molestia de Yubel—. Nuestras caminatas con Sho después de clases se volvieron una rutina agradable. Era un momento que aprovechábamos para discutir toda clase de estrategias de duelo, o a veces sólo para hablar de cualquier cosa.

Tetsu, a su vez, se volvió en alguien con quien podíamos conversar, y que siempre estaba dispuesto a echarnos porras cuando usábamos los duelos para matar tiempo los días en que Ryo se demoraba un poco más de lo usual en la escuela. De hecho, un par de veces, cuando algunos de los matones que alguna vez acosaron a Sho decidieron echarnos la bronca, demostró esa faceta de policía rudo para asustarlos, tan similar a sus días de monitor de pasillos abusivo con la que se presentó en la franquicia.

De igual forma, algunas veces Fubuki y Asuka —que asistían a la misma escuela— se unían a nosotros, aunque como el chofer de su familia pasaba por ellos rara vez podían quedarse mucho tiempo después de clases.

Judai estaba cada vez más emocionado con el concurso de diseño y no paraba de hablar sobre eso, tanto que hasta Sho, contagiado por su entusiasmo, decidió participar. Y ahora que había sido anunciado oficialmente, no tenía reparos en compartir con Haou, Yubel y conmigo detalles sobre sus monstruos Neo-Espaciales y su soporte.

Por mi parte, todavía no había decidido si era buena idea participar o no en el concurso. Por un lado, seguía siendo una buena oportunidad para conseguir mi mazo Fantastruco —no podía presentar a los vampiros, puesto que ya eran un arquetipo existente en este mundo, por más que únicamente fueran seis monstruos sin ningún tipo de soporte de cartas mágicas o de trampa, más allá de aquellas diseñadas para los zombis en general—. Mucho de lo que me detenía era la advertencia de Kaiba de no pensar en jugar siquiera un Kuriboh fuera de tiempo, al menos de momento. Por otro lado, el plan era lanzar el satélite del Proyecto Nova durante el siguiente verano, es decir, dentro de poco menos de un año. Y una vez en órbita, permanecería en el espacio por un estimado de cinco años —al parecer en el canon tardó mucho más en llegar a causa de la intromisión de la Luz de la Destrucción, cosa que Kaiba estaba pensando remediar esta vez—. Eso me daba al menos cinco años para alcanzar el nivel necesario para usar esas cartas. Por más que no pudiera presentar a sus monstruos XYZ.

Volviendo a Sho, luego de su charla con el abuelo, comenzó a frecuentar su tienda para los torneos de los sábados. Después del evento, mientras Judai y yo ayudábamos a Megumi Muto en la tienda —ella pronto se ganó el título de nuestra tía honoraria—, tenía lecciones de duelo. A las pocas semanas, notamos como poco a poco iba ganando más confianza. Además, con la aparición del arquetipo Roid, Sho comenzó a crear por fin su propio mazo. A diferencia de en el anime, en el que sólo usaba los monstruos vehicroid, gracias a la insistencia del abuelo decidió combinar su estrategia con otros de los sub-arquetipos Roid y un poco de soporte adicional de tipo máquina, como el «Rey Máquina».

Los torneos en sí se volvieron un pequeño acontecimiento que esperábamos con ansias. La tienda del abuelo se había ganado una buena reputación al respecto, y al parecer los niños del barrio donde se ubicaba habían hecho una especie de meta personal derrotar a su legendario deck Exodia, cosa que nosotros apoyamos. Hasta el mismo Ryo pasaba algo de su tiempo pensando en una estrategia para ganar al abuelo. Además, como la reputación de Judai no alcanzaba a llegar a ese lugar, le fue fácil por fin relacionarse con otros niños fuera de mí, Haou y Sho (un poco para el disgusto de Yubel).

Sin duda fue agradable conocer a otros niños que se tomaban el duelo en serio. Para ser un torneo de edades entre siete y doce años, había buena competencia. Siempre y cuando no aparecieran Ryo y Fubuki… Eso sin contar las dos únicas veces en que Haou decidió hacer acto de presencia, ambas ocasiones obligado por Judai.

En general, la vida se estancó en esa cómoda rutina, que hacía parecer lejana la confrontación con la Luz de la Destrucción. Por supuesto, la Luz no nos esperaría y, de hecho, sin que lo supiéramos, hizo su primer movimiento.

En circunstancias un poco diferentes que, en el canon, la Luz organizó la muerte del señor Phoenix. Yugi nos avisó a mediados de septiembre que, como temía, el padre de Edo fue asesinado. No nos dio muchos detalles más al respecto, puesto que todavía era un asunto en investigación que debía de ser manejado discretamente.

Así, trascurrieron casi dos meses desde el asesinato sin que tuviéramos más información. El posible asesino seguía presentándose en la Liga Pro, con un récord promedio. De hecho, de lo que iba de la temporada, únicamente había conseguido tres victorias de los ocho duelos en los que participó. Su clasificación al torneo principal se estaba poniendo en duda. Si no ganaba sus siguientes dos partidos con una ventaja amplía, quedaría fuera.

No parecía que DD tuviera esa racha ganadora que la Luz de la Destrucción le dio en el canon. Aun así, yo insistía en ver con ojo crítico cada uno de sus duelos.

Por otro lado, octubre ya llegaba a su fin y yo estaba realmente emocionado. El final de octubre significaba Halloween y, como friki de los monstruos clásicos, no era algo que estuviera perdiéndome. Incluso cuando en Japón todavía no era una fiesta muy grande (básicamente la única celebración era la que organizaban algunos estadounidenses en los trenes la noche del 31 de octubre).

Como cada año, el Reino de los Duelistas se convertía en una tierra de monstruos. Por supuesto, siendo Pegasus estadounidense, no podía perderse la oportunidad de convertir su isla privada en escenario para una gran fiesta de Halloween. Además, a ser el creador del Duelo de Monstruos, la fecha se volvió parte importante del calendario para los duelistas profesionales: todo aquel que era alguien en el mundo de los duelos estaría allí

(Bueno, salvo el tío Kouji, que por esas fechas siempre estaba preparándose para algún examen.)

Para mí Halloween era una celebración más tranquila. Como dije, Japón todavía no la adoptaba como una fiesta importante: no había fiestas callejeras en Shibuya, en las plazas o en los parques temáticos. Y las fiestas en los trenes organizadas por los estadounidenses que vivían en Japón, se consideraban demasiado peligrosas para que los niños asistieran. Ante ese panorama, para mí era un día de maratón de películas de horror infantiles (no podía esperar a ser considerado lo suficiente mayor como para ver esas maravillosas películas de horror asiáticas, o ver las versiones de este mundo de los slashers americanos).

Ese año fue diferente. Como de costumbre, Yugi consiguió invitaciones para la fiesta de Halloween en el Reino de los Duelistas. Y dado que ese año el 31 caía en sábado, consideró oportuno llevarnos a la fiesta. Por lo que sabíamos, Pegasus solía convertir la celebración más en una fiesta infantil de disfraces que en una para adultos. De hecho, cada año seleccionaba algunos orfanatos a los que su fundación de caridad patrocinaba para ser los Invitados de Honor de la fiesta. Igualmente, se acostumbraba a realizar un pequeño torneo con duelistas profesionales para divertir a los niños, y a la vez recaudar fondos para esos mismos orfanatos. Y por supuesto, un torneo infantil para repartir más premios de los que ya les daba.

Como el mismo Yugi llegó a comprobar luego de todo el desastre del Reino de los Duelistas, Pegasus era únicamente un hombre desesperado, cuyo corazón se vio tentado por el poder del Ojo Milenario.

Esto me recordó lo dicho por Shadi durante El lado oscuro de las dimensiones: tres de los artículos milenarios están infundidos por el mal. El que los tres fueran usados por los villanos principales de la serie (el Ojo por Pegasus, el Cetro por Malik y la Sortija por Bakura), me hizo pensar que tanto de sus malas acciones fueron causadas por el poder del Ojo Milenario y que tanto era realmente su propia voluntad. ¿Sería posible que todo el tiempo sólo fue el Ojo usándolo como medio para un fin siniestro? Tomando en cuenta que perteneció originalmente a Aknadin, es muy posible que parte de su maldad quedara impregnada en el objeto.

Quizá jamás lo sabría. El Ojo, junto con el resto de los Objetos Milenarios, parecía estar perdido para siempre. Eso sin duda era lo mejor.

Volviendo a la fiesta, Yugi nos avisó con dos semanas de anticipación. Su invitación indicaba que podía llevar a un acompañante y al menos un niño. Las invitaciones de hecho estaban diseñadas para que los invitados llevaran a sus familias, si las tenían. Dado que Anzu estaba en Nueva York, Yugi consideró poco oportuno hacerla volar desde allá sólo para la fiesta, así que preguntó si era posible emplear ese lugar para invitar a un niño de fuera de la familia. Por supuesto, ese niño era Judai. Así quedó decidido que los dos acompañaríamos a Yugi a la fiesta de Halloween del Reino de los Duelistas.

Una semana antes, Yugi vino a la ciudad para acompañarnos a comprar los disfraces.

Judai eligió un disfraz de Héroe, como es obvio. Para ser preciso, como el «Niño Héroe». En realidad, a él le habría encantado ir como el «Héroe Elemental de la Llama Wingman», pero la tienda de disfraces sólo tenía el traje de ese Héroe en su talla. Al menos era el disfraz de un monstruo de su arquetipo.

Por mi parte, también opté por lo esperado y elegí un disfraz de vampiro genérico (sin relación alguna con el duelo), al cual, con algunas ligeras modificaciones, convertí en algo a medio camino entre el diseño de Kid Drácula de Castlevania y «Alucard Fantastruco».

Esa misma noche, mientras probaba el disfraz en casa para una sesión de fotos para el álbum familiar, pude ver como el Señor de los Vampiros me miraba casi con tanto orgullo como mis padres cada vez que conseguía un gran logro.

Más tarde, estando recostado en mi cama, lo noté de pie junto a la ventana. A veces hacía eso: se quedaba toda la noche allí contemplando el cielo nocturno sumido en sus pensamientos.

—¿Tienes un nombre? —pregunté en un impulso repentino.

Él se giró para verme. No podía distinguir sus facciones, dado el contraste entre las sombras y el resplandor de la luna colándose por la ventana tras de él. Pero si podía ver sus ojos brillando en la oscuridad como dos carbones al rojo vivo.

—Es decir, sé que algunos espíritus de duelo tienen uno —expliqué—. Recuerdo que el Espíritu del Arpa se llamaba Claret, o al menos así salió en el anime que recuerdo. Y bueno, la carta de Yubel usa su propio nombre.

—Lo entiendo. —Esa fue la primera vez que lo escuché hablar. Su voz era relajada y elegante, con un ligero acento europeo, probablemente británico, muy acorde para un vampiro—. No lo recuerdo realmente.

Sus ojos brillaron con tristeza. Yo entendía ese sentimiento.

—Lo siento —me disculpé.

—No importa —me respondió él—. Ha pasado mucho tiempo. Simplemente, todo lo que fui antes de despertar como un espíritu de duelo es borroso. Pero, creo que alguna vez fui un humano o al menos un vampiro humano. No estoy seguro.

Tenía sentido que existiera una conexión entre los vampiros y el duelo. Después de todo, Camula pretendía resucitar a su clan a través de él. Que algunos monstruos de duelo hubieran nacido de vampiros humanos era una gran posibilidad.

—Los nombres son importantes —dije—. No recuerdo mi verdadero nombre, pero siempre agradeceré a Miyuki y a Kensuke por darme uno nuevo.

Me incorporé para encararlo mejor.

—Yo… podría darte uno.

Sus ojos brillaron con interés.

—¿Lo harías?

—No puedes ser simplemente Señor de los Vampiros. Ese es un título, por más poder que tenga no es un nombre propio. Incluso si fueras el único espíritu de dicha carta, no me parece correcto que no tengas un nombre que puedas llamar tuyo.

—¿Cómo me llamarías?

Lo pensé por un momento. No quería ponerle un nombre genérico de vampiro como Vlad, Drácula o Alucard. Aunque sí pensé que el nombre que le diera debía de ser uno que perteneciera a un vampiro famoso, bueno, famoso en mi mundo. Tomando en cuenta su acento británico, me decidí por un nombre que no significaba nada para este mundo, pues la serie donde lo escuché no existía aquí; sin embargo, para mí si era importante al ser de uno de mis personajes vampiros favoritos, aunque sonara como un nombre genérico inglés.

—William —dije. Señor de los Vampiros, a pesar de lo que era, siempre me había parecido un espíritu sumamente gentil. Igual que William… Spike, como lo apodaron más tarde, antes de convertirse en vampiro—. Creo que te queda bien.

—William —repitió él como tratando de acostumbrarse a cada sílaba—. ¿Por qué ese nombre?

Volví a recostarme y fijé mi vista en el techo.

—William el Sangriento, así lo apodaron. Aunque, más bien porque decían que sus intentos por hacer poesía eran «sangrientos», como maldeciría un inglés. Pero él era un alma gentil… hasta que llamó la atención de una vampiresa. Drusilla estaba loca, pero vio algo en William que los otros no: su pasión, su fuerza, la nobleza de su alma. Y ella quería eso, así que lo tomó para sí misma. William se convirtió entonces en Spike: un sanguinario vampiro, apodado así porque le gustaba torturar a sus víctimas con clavos de ferrocarril. Pero incluso tras toda la tortura y el asesinato, William seguía dentro de Spike.

Miré de nuevo al Señor de los Vampiros.

—Cien años después de su conversión, se encontró con la mujer que haría salir de nuevo a su verdadero yo. Las circunstancias lo obligaron a abandonar a Drusilla. Y cuando fue forzado a dejar de lastimar a los humanos, se tragó su orgullo y fue a buscar refugio con sus enemigos. Así fue como terminó por convivir de forma cotidiana con ella a regañadientes: Buffy, la mujer que haría salir de nuevo al hombre que una vez fue.

»No fue algo sencillo. Todos sus instintos le decían que debía lastimar a esa mujer: ella era la Cazadora de Vampiros, una mujer profetizada para destruir a su especie; pero en vez de eso se enamoró de ella. E incluso cuando Buffy no hacía más que profesar odio por él, no se rindió. Ella, por supuesto, tenía sus motivos. Eran enemigos, trató de asesinarla, de asesinar a su familia y a sus amigos. No sabía si en cualquier momento la mordaza que le impedía lastimar a otros se rompería, y entonces tendrían que lidiar de nuevo con un vampiro que sabían ya había matado antes a dos Cazadoras.

»A pesar de todo eso, Spike fue contra todos sus instintos. Y de alguna forma, terminaron en una horrible relación en donde lo único que hacían era herirse mutuamente, con insultos y con golpes. Por ciertas circunstancias, Spike descubrió que por fin podía herirla. A pesar de lo cual, ella terminó en sus brazos una y otra vez. Aunque los dos eran o muy orgullosos o muy estúpidos, y no hacían más que lastimarse continuamente. Finalmente llegó el punto en que Spike cruzó la línea y supo que, si de verdad amaba a esa chica, debía volver a ser el hombre que una vez fue.

»Pasó por muchas pruebas para recuperar el alma mortal de William. Cuando lo consiguió, el remordimiento de cien años de asesinatos y torturas se volvió casi insoportable. Además, un poderoso demonio se aprovechó de su estado vulnerable para tratar de convertirlo en uno de sus peones en la lucha contra la Cazadora. Pero William perseveró sobre todo eso. Superó su propia naturaleza y se sacrificó para salvar al mundo. Finalmente, escuchó las palabras que tanto deseaba oír de labios de su amada: "Te amo". Él la miró, sonrió con tristeza y respondió: "No es verdad. Pero gracias por decirlo". Y se quedó atrás, mientras el mismo infierno se derrumbaba a su alrededor, para dar tiempo a su amada de escapar con vida.

Guardé silencio un momento.

—No sé por qué, siento que has estado luchando con tu naturaleza por un largo tiempo. Igual que William.

Volví a mirarlo.

—Me gusta ese nombre —dijo él con voz suave—. Gracias por contarme esa historia.

Sentí una gran calidez en mi pecho, y por fin pude quedarme dormido.

- GX -

La fiesta llegó lo suficientemente pronto. El día anterior, nada más salir de la escuela, recogimos nuestro equipaje para dos días y mi padre nos llevó a la casa del abuelo. Esperamos allí hasta las seis de la tarde, cuando Yugi llegó desde el aeropuerto, y para las ocho ya estábamos en el puerto, listos para abordar el barco.

Era una tradición viajar desde el muelle de ciudad Domino, como una especie de conmemoración del Torneo del Reino de los Duelistas.

Siendo mi primer viaje en barco, estaba emocionado a la vez que aterrado. Demasiados episodios de televisión mostraban los horribles mareos que podía sufrir quien no estaba acostumbrado a la alta mar. Para mi fortuna, no tuve que pasar por eso.

La noche estuvo ocupada con una pequeña recepción en el salón de la cubierta principal. Allí vi a la mayoría de los niños invitados de ese año charlando animadamente y pidiendo autógrafos a los duelistas profesionales. Igualmente, para ellos Pegasus preparó regalos que incluían juguetes inspirados por los monstruos más famosos del juego y sobres con cartas promocionales.

Por supuesto, Yugi atrajo mucha atención, y pronto nos encontramos rodeados por decenas de niños que deseaban saludar al Rey de los Duelistas.

—En el centro de la acción, como de costumbre —escuché decir a una voz femenina.

Me giré y vi a Mai Kujako en persona. Casi no tenía la oportunidad de verla en duelos fuera del Mundial de Duelo de Monstruos, cuya primera edición había sido dos años atrás, y se esperaba que la siguiente fuera dentro de otros dos —cada cuatro años, como el Mundial de Fútbol y los Juegos Olímpicos—. Mai decidió probar suerte en la Liga Pro de Estados Unidos, donde fue fichada por el equipo de Nueva York. La liga pro de aquel país se manejaba de forma muy similar a la NBA.

—Así es Yugi: siempre en el centro de todo —le respondió un hombre joven de cabellera rubia.

—¡Mai, Jonouchi! Me alegra mucho verlos —los saludó Yugi alegremente.

—Así que este es tu pequeño sobrino —dijo Jonouchi mirándome con interés.

—¿Sobrino? —preguntó Mai sorprendida—. Pensé que eras hijo único.

Yugi sonrió algo apenado.

—Sí, bueno, deberíamos hablar de eso en privado.

Pude entender por qué. La conversación a mi alrededor se detuvo para presenciar el encuentro de Yugi con dos de sus mejores amigos, además de ser también parte de los legendarios finalistas de Ciudad Batallas. Y por supuesto, no me gustó la forma en la que algunas personas comenzaron a verme.

El hecho de que Yugi participara poco en estos eventos, aunado con el detalle de que en este mundo los duelistas famosos eran celebridades al nivel de los jugadores de fútbol de mi mundo, hacía que la prensa estuviera sobre de ellos como lo hacen con Beckham o Ronaldinho. Podía ver a todas las revistas de chismes publicando artículos sobre el último escándalo familiar de Yugi Muto. Y mi familia estaría en el centro de todo eso.

Tal vez venir aquí no había sido tan buena idea después de todo.

—¿Yugi Muto es tu tío? —escuché preguntar a un niño entre los muchos que se habían reunido alrededor de nosotros.

Al buscar entre la multitud a la persona que habló noté a un chico de mi edad aparente. El cabello verde azulado lo delató de inmediato. Frente a mí estaba una versión infantil de Johan Andersen, el futuro mejor amigo de Judai y maestro de las Bestias de Cristal.

Antes de que pudiera contestarle, la atención del público fue atraída cuando uno de los empleados de Ilusiones Industriales habló por el micrófono:

—Estimados invitados a la gran Festividad Anual de Halloween del Reino de los Duelistas, como es costumbre, pasaremos a sortear los lugares disponibles para el torneo de caridad de este año. Por favor, presten atención a la pantalla, dónde se mostrarán los nombres de los participantes. Igualmente, las inscripciones para el torneo infantil de este año están abiertas. Jóvenes duelistas que deseen participar, por favor hagan una fila ordenada junto a los buzones para que puedan echar las fichas que recibieron con sus invitaciones.

—¡Oh! ¡Qué bien! Estaba esperando esto. —Judai no perdió tiempo y me arrastró al buzón más cercano para inscribirnos.

—Escuché que el premio es una baraja exclusiva diseñada por el propio señor Pegasus —dijo Johan detrás de nosotros.

—¿Cartas exclusivas? —preguntó Judai girándose hacia él.

—¡Sí! —respondió él con un tono de emoción equiparable al de Judai—. La verdad es la primera vez que participo en algo así. Estoy emocionado, pero también un poco nervioso.

Echamos nuestras fichas y nos apartamos para dejar que el resto de los niños hicieran lo propio.

—¿Ustedes ya habían participado en un evento así? —nos preguntó Johan—. Bueno, imagino que sí. Están con el Rey de los Duelistas después de todo.

—En realidad, es la primera vez que asisto en un torneo importante —respondí—. Normalmente sólo juego en los torneos locales que organiza el abuelo en su tienda de juegos.

—Lo más cercano es cuando mi padre participó en un concurso de correo. Ganó una carta rara que luego me cedió a mí —respondió Judai a su vez.

—Por cierto, soy Johan Andersen —se presentó formalmente.

—Judai Yuki.

—Kenichi Satou.

—Oh, cierto. Nos interrumpieron antes… ¿De verdad Yugi Muto es tu tío?

Suspiré resignado a esto.

—Sí, lo es por parte de mi madre.

—¡Wow! ¡Qué genial! —No pude evitar notar que había un pequeño toque de envidia en la forma en la que lo dijo, el cual pronto ocultó con un tono entusiasta—. Pero, no sabía que el Rey de los Duelistas tuviera una hermana.

—Media hermana en realidad —le aclaré—. La verdad, yo tampoco lo sabía. Me enteré hace un par de meses.

—Yo también creo que es genial, pero a Kenichi no le gusta hablar de eso —agregó Judai.

—¿De verdad? —me preguntó Johan confundido.

—No es que me desagrade. Simplemente, no quiero hacer amigos sólo porque de pronto resultó que Yugi Muto es mi tío. No se siente bien.

Johan pareció pensarlo un poco.

—Creo que entiendo… Más o menos. —Su atención se centró en Judai—. Que hay de ti, ¿también eres familiar de Yugi Muto?

Judai se apresuró a negar con la cabeza.

—No —respondió—. Kenichi es mi mejor amigo, y por eso el señor Muto pidió permiso para que los acompañara a la fiesta.

Me atraganté con mi propia saliva. Se supone que su mejor amigo debería ser Sho, mientras Kenzan no estuviera allí para discutírselo. O el mismo Johan, cuando descubrieran que ambos comparten una conexión con los espíritus de duelo. Oh, y ese detalle de que supuestamente ya se conocían.

—¿También viniste con tu familia? —preguntó Judai al chico nórdico.

La mirada de Johan se ensombreció un momento.

—No tengo familia —dijo en voz baja—. Bueno, además de las monjas que nos cuidan en el orfanato. El señor Pegasus fue muy amable y nos invitó. Él nos dona mucho dinero y, de hecho, paga clases de idiomas para todos nosotros, además de lecciones de duelo.

Bueno, eso explicaba cómo podía hablar japonés tan fluidamente. El japonés y el inglés eran los idiomas principales a aprender si se quería ser un duelista importante a nivel internacional. Era claro que Pegasus usaba su fundación para buscar a niños con talento que pudieran ser futuros duelistas profesionales. Tenía sentido: ayudaba a los niños, pero también era una inversión a largo plazo para él y su compañía.

Por otro lado, no esperaba que Johan fuera huérfano. Cierto, había leído un par de fanfictions que mostraban eso. Y no recuerdo que en el anime o el manga se hablara oficialmente de su familia. Pero tampoco es como si ahondaran en la historia familiar de muchos de los personajes, salvo en la serie Duel Monsters —pero eso se debía a que el manga se tomaba su tiempo para construir el trasfondo de cada uno de sus personajes—. GX no parecía poner importancia en los padres u otros familiares de los protagonistas y secundarios si estos no aparecían en pantalla.

—Uh, lo siento —se disculpó Judai por su pregunta anterior.

Johan sonrió con algo de titubeo.

—No, está bien. No sabías.

Judai miró hacia otro lado claramente avergonzado.

Eran casi las diez, y los adultos del lugar comenzaron a mandar a los niños a la cama. Nos despedimos de Johan y fuimos a buscar a Yugi para también retirarnos por la noche.

—Es un chico agradable —dijo Judai mientras nos cepillábamos los dientes antes de ir a la cama.

Asentí de acuerdo.

—Kenichi, ¿Johan aparecía en el anime que mencionaste?

Asentí, antes de escupir el agua con la que me estaba enjuagando la boca.

—Sí. Era uno de los mejores duelistas de la serie.

Judai estaba muy pensativo.

—Creo que ya lo conocía, pero no sé de dónde.

No había una respuesta que pudiera darle a Judai al respecto. Eso fue un dato que la serie tiró al aire y nunca se molestó en aclarar del todo. Y en ese momento, si Yubel sabía algo, eligió no aparecer para aclarar las dudas de Judai.

—Supongo que ya lo descubrirás —dije encogiéndome de hombros.

Judai asintió todavía algo distraído.

- GX -

El barco atracó en la isla alrededor de las ocho de la mañana. Pegasus mismo estaba en los muelles para recibir a sus invitados. Además, noté que no estaba solo: con él había un niño pequeño, de unos seis o siete años, quien parecía más interesado en esconderse detrás de sus piernas que en saludar a quienes iban llegando. Al poco rato uno de los guardaespaldas de Pegasus pareció apiadarse de él y lo llevó lejos del lugar.

—¡Bienvenidos! —nos saludó Pegasus con el tono jovial que le escuché usar en sus presentaciones en televisión—. Por favor, si son tan amables de revisar sus invitaciones, encontraran un número de piso y habitación. Mis empleados los guiaran a la pieza correspondiente dentro del castillo. Una vez que se hayan aclimatado, podrán pasar al salón principal, donde al mediodía se llevara a cabo un pequeño cóctel de bienvenida, después del cual podrán volver a sus habitaciones para ponerse sus disfraces. La fiesta y los eventos comienzan oficialmente a las tres de la tarde, en los jardines del ala sur del castillo.

Dicho esto, comenzamos el ascenso hacia el castillo. Era mucho más grande de lo que se vio en el anime. Lo cual tenía mucho sentido. Fácilmente había más de quinientos invitados, así que el sitio debía tener una gran cantidad de habitaciones para albergar a todos durante dos días.

Nos tomó casi cuarenta y cinco minutos llegar a las habitaciones asignadas, en parte por las largas escaleras.

Aprovechamos para refrescarnos con un baño y, para matar el tiempo hasta el mediodía, Judai y yo decidimos disfrutar de algunos duelos en una sala que había en la habitación de camas dobles donde nos quedaríamos las dos noches que pasaríamos allí.

—Es increíble estar aquí —dijo Judai—. ¿Crees que las arenas de duelo todavía están allá afuera? Sería interesante jugar un duelo con las reglas del Reino de los Duelistas.

—No sé, nunca fui bueno en D&D —le respondí—. Prefiero el sistema narrativo de Mundo de Tinieblas.

Judai me miró en confusión.

—Cosas del otro mundo —aclaré—. Las reglas del Reino de los Duelistas se parecen a las de un juego de rol que iba sobre fantasía. Ya sabes, calabozos, dragones, magos y todo eso. Hasta había un tablero que representaba el calabozo. Debías moverte por él con tu personaje, matando monstruos y superando trampas que el Maestro del Calabozo preparaba para ti y tu equipo. Era una mezcla entre interpretar un personaje y matar bichos con base en estadísticas y tiradas de dados.

—Suena divertido —dijo—. Pero prefiero el duelo.

Negué con la cabeza y volví a mis cartas.

Media hora más tarde, Yugi llamó a la puerta.

—¿Ya se refrescaron? —nos preguntó cuándo le indicamos que podía pasar.

—Sí. Estamos matando tiempo hasta el mediodía —le respondió Judai.

Yugi asintió.

—Tenemos algo que hacer antes de eso. Hay que reunirnos con Pegasus.

Fruncí el ceño. Miré un momento a Judai, quien obviamente estaba emocionado por la perspectiva de conocer al mismísimo creador del juego que tanto amaba. Guardamos nuestros mazos y seguimos a Yugi fuera de la habitación. Afuera se encontraba el señor Crocketts. Se veía exactamente igual que como lo recordaba del anime: vestía un traje elegante, llevaba lentes de sol a pesar de que estábamos dentro del edificio, y su actitud en general era seria y profesional.

El señor Crocketts nos guio por los pasillos del castillo hasta una habitación que claramente era un despacho privado. Dentro estaban no solamente Pegasus, sino también Jonouchi y Mai.

—Oh, chico Yugi, me alegro de verte —dijo nuestro anfitrión poniéndose de pie—. Me sorprendió que aceptaras la invitación este año. Aunque, con todo lo que ha pasado, supongo que es el mejor momento para vernos.

Su único ojo se posó sobre Judai.

—Es un placer verte de nuevo, pequeño Judai. Aunque, en realidad, no nos habían presentado formalmente en esta línea del tiempo.

—Eh, gracias por invitarme —respondió Judai con una ligera inclinación de cabeza.

—Oh, no es necesario dar las gracias. Espero que disfrutes la fiesta. Estoy ansioso por ver tus duelos. Siempre son un espectáculo. —Su ojo luego pasó a mí—. Y por supuesto, pequeño Kenichi, es un placer conocerte.

—El placer es mío, señor —dije mientras le tendía la mano para saludarlo al modo occidental.

Su apretón de manos era firme y transmitía seguridad, como esperaba de un curtido hombre de negocios como él. Pegasus volvió a su escritorio y nos indicó que nos sentáramos en las sillas que tenía dispuestas para la reunión.

Jonouchi y Mai nos miraban con atención mientras nos sentábamos. Mai en especial tenía una ceja arqueada en un gesto interrogante.

—Supongo que esta reunión se debe a lo que sucedió en el futuro —dijo Jonouchi de forma directa.

—Al parecer —respondió Mai por los otros dos adultos en la habitación—. Aunque, no me parece buena idea involucrar a un par de niños.

—Oh, no nos dejemos guiar por las apariencias —replicó Pegasus—. No son niños ordinarios. El pequeño Judai es el Heraldo de la Oscuridad Gentil. Y por supuesto, aquí tenemos al pequeño Kenichi, nuestro factor externo: la pieza que nos dio la segunda oportunidad que tanto necesitábamos.

La mirada inquisitiva de Mai se posó sobre mí. Luego volvió a centrarse en Pegasus, mientras se cruzaba de brazos.

—Aun así, no creo que sea buena idea involucrarlos ahora —repitió.

—No es como si hubiera opción, ¿verdad? —pregunté con un deje de amargura.

—Siempre hay opción, pequeño Kenichi —respondió Pegasus con un tono serio—. Personalmente, pienso que ya bastante hicimos al arrancarte de tu mundo y traerte a este. Debe haber personas que te extrañen. Si quieres retirarte, no tengo motivos para recriminártelo.

Bajé la mirada con pena.

—No se preocupe por eso —le dije—. Yo… creo que estuve muerto por un largo rato antes de venir aquí.

Pegasus asintió con gravedad.

—Además, Haou no me dejará otra opción más que luchar. Oh, por supuesto, Kaiba tampoco.

—¿Kaiba? —me preguntó Jonouchi—. ¿Te encontraste con el ricachón?

—Hace un par de meses.

—Wow, no me dijiste de esto —dijo Judai. Noté algo de dolor en sus palabras.

—Sí, bueno… Pasaron cosas…

—Seto dijo que te pondría una prueba —me interrumpió Yugi.

—Sí, dijo algo sobre eso. Y luego me pateó el trasero con dos de sus Dragones Blancos.

—¿Te enfrentaste al señor Kaiba en un duelo? —preguntó Judai—. ¿Cuándo pasó eso?

—Eh, hace dos meses, en el Mundo Virtual.

Yugi hizo una mueca.

—Imagino que desactivó la protección —dijo—. Le advertí que podrías no estar listo para eso.

—Ja, como si ese ricachón te hubiera escuchado alguna vez —se quejó Jonouchi. Luego me miró—. Al menos espero que hayas logrado darle un buen golpe.

—Logré quitarle el Perfect —le respondí—. Tampoco es que fuera tanto: de los novecientos puntos de vida que perdió, solamente cien fueron por mis cartas, el resto fue para pagar el coste de una de las suyas.

—Es mejor que nada. —Se encogió de hombros.

—¿Cuántos turnos? —me preguntó Pegasus.

—Cuatro. Al final, tomó el control de dos de mis monstruos, los tributó para uno de sus Dragones y luego invocó a un segundo desde el cementerio. Creo que el segundo Dragón se contuvo, pero el ataque directo aún me arrojó algunos metros hacia atrás.

—Auch —dijo Pegasus haciendo una mueca.

—No fue tan malo —murmuré.

—Kenichi, hay una razón por la que los menores de doce no pueden tener un disco de duelos —dijo Yugi de forma condescendiente—. Incluso dentro del Mundo Virtual, Kaiba no debió hacer eso. Especialmente si iba a usar sus Dragones. No hay protección que pueda contener todo el poder de esas cartas.

—Lo he tenido peor —repliqué. Vi como Judai agachaba la mirada—. Haou me ha estado entrenando.

—¿Qué clase de entrenamiento? —preguntó Pegasus con un tono grave.

—Juegos de lo Oscuro —le respondí en voz baja.

La habitación se sumió en un silencio incómodo.

—Bueno, eso es… —comenzó Mai, pero al parecer no supo cómo continuar. Puedo entenderla, sus experiencias con los Juegos de lo Oscuro no son precisamente las más agradables.

—No es tan malo. Hasta ahora no ha hecho nada que no sea permanente. Sólo es cansado como correr un maratón.

Pegasus suspiró.

—Pequeño Kenichi, los Juegos de lo Oscuro alteran la energía de duelo de forma permanente. Se acumulan, como una toxina. Puede que no lo notes de inmediato, pero llegará un punto en que tu energía de duelo estará tan contaminada que, si no tienes control de ella, podrías lastimar a otras personas incluso con un simple juego de piedra-papel-tijera.

Instintivamente, mi mirada se dirigió hacia Judai. Pude ver el horror dibujado en su rostro.

—¿Haou sabía esto? —preguntó aparentemente al aire.

Yubel apareció frente a él. Asintió simplemente con la cabeza sin atreverse a decir nada.

—¿Por qué?

—Hizo lo que creyó conveniente —respondió el espíritu—. Kenichi necesitaba generar su propia Energía de Duelo, y la forma más rápida de hacerlo era esa.

Pude notar que tanto Pegasus como Yugi podían ver a Yubel. Mai y Jonouchi, aunque no podían ver nada, parecían estar acostumbrados a que pasaran este tipo de cosas.

—Y también la más riesgosa —intervino Pegasus—. Supongo que piensa que la Oscuridad Gentil en su alma puede protegerlo, pero es una cantidad tan diminuta que existe la posibilidad de que sea consumida por el propio Juego de lo Oscuro.

—Por eso lo hace él mismo: alimentando los Juegos de lo Oscuro con su propia Energía de Duelo se asegura que la Oscuridad en él se mantenga constante, sin consumirse o abrumarlo.

Por un breve momento, Yubel y Pegasus se sostuvieron la mirada, como si estuvieran en un duelo de voluntades esperando que la otra parte cediera.

—Habrá que hablar con él sobre esto más adelante —interrumpió Yugi—. De hecho, tendríamos que hacer una reunión todos para ponernos de acuerdo sobre cómo proceder.

—Eso mismo pensaba, chico Yugi. Pero tendrá que ser el próximo año. Las fiestas de fin de año son la temporada más ocupada por eventos especiales.

Era cierto. En noviembre se jugaban los torneos más importantes por todo el mundo. En la última semana de ese mes, se presentaba la última expansión del año, lo que se traducía a torneos de presentación. Luego, la primera semana de diciembre, tenía lugar el torneo de caridad cuyos fondos se usaban para dar una feliz navidad a niños pobres de todo el mundo. Y finalmente, entre navidad y año nuevo, los profesionales tenían sus propios eventos de caridad de fin de año. Por supuesto, tanto Ilusiones Industriales como Corporación Kaiba debían estar al pendiente de todo eso, y eso sin hablar de las propias recepciones navideñas que hacían por asuntos de relaciones públicas.

Yubel desapareció. Judai todavía miraba al suelo con tristeza, sin atreverse a encararme.

—Estaré bien —le dije.

Él simplemente asintió con lentitud.

—Entonces, ¿cuál es el asunto de esta reunión? —dijo Mai.

—Oh, cierto, perdón por el desvio —se disculpó Pegasus—. Tengo que actualizarlos sobre el asunto del asesinato de Edward Phoenix. —Pegasus guardó silencio un momento. Se notaba que le costaba trabajo continuar—. Me temo que la investigación está en un punto muerto, pero no esperábamos otra cosa. Aun así, mis expertos pudieron notar la clara mano de la Luz de la Destrucción en el asesinato. Cubrió muy bien sus huellas y no hemos dado con el medio que usó para este fin.

—¿DD? —le pregunté.

Pegasus negó con la cabeza.

—Parece que esta vez la Luz se decidió por alguien más. No quitaremos la vista de DD por ahora, en caso de que suceda algo con él en un futuro; por supuesto, aun me preocupa el uso de un agente que no previmos. Tampoco hemos podido encontrar a los hermanos Saiou. Mis investigadores y los del chico Kaiba trabajan en esto, pero no hay muchas pistas respecto a ellos. No esperamos poder encontrarlos antes de un año, si es que hay suerte.

—¿Qué hay de Edo? —le preguntó Yugi.

—Sigue aquí. Sus familiares continúan atrapados en su estúpida disputa por la herencia. Me las arreglé para que mis abogados consiguieran la custodia temporal. Desafortunadamente, a menos que les dé una buena suma, no creo que vayan a dejar su pelea absurda de momento.

Pegasus negó con la cabeza en un gesto triste. Tanto Jonouchi como Mai se veían igual de afectados. Pude entenderlos: ambos tenían sus propios problemas familiares, Jonouchi con el divorcio y el tener que cuidar de sí mismo a causa de su padre alcohólico; y Mai por haber quedado huérfana a corta edad, obligándola a ganarse la vida estafando a gente en los casinos.

Sobre Edo, supuse que era el niño que estaba con Pegasus en los muelles cuando atracó su barco.

—Seguiremos atentos por si la Luz hace algún movimiento contra Edo. De ser necesario, trataré de conseguir la custodia permanente. —Pareció recordar algo más y luego agregó—: Oh, y por supuesto, Edward Phoenix dejó algo más antes de morir.

Pegasus extrajo una pequeña caja de madera de su escritorio.

—Creo que tu hermano encontrará un buen uso para estas cartas —dijo.

Se puso de pie, caminó hasta Judai y le entregó la caja.

En el interior había un set de cartas completamente nuevo. Al instante en que Judai las tomó en sus manos, sus ojos se encendieron en color dorado. Más tarde, supe que eran las cartas de los Héroes Malvados y su soporte.

—Por supuesto, también hay algo para ti —dijo.

Judai sacó dos de las cartas, resultaron ser las formas superiores de Yubel.

—¡Muchas gracias! —dijo emocionado.

—No hay por qué, pequeño Judai. Estas cartas les pertenecen a ustedes. Sólo estoy asegurándome de que estén donde deben.

Pegasus miró su reloj.

—Bueno, se hace tarde. Creo que debemos ir a prepararnos para el cóctel.

- GX -

La fiesta se desarrolló tal como estaba planeada. Y resultó de lo más interesante. Había las típicas celebraciones de Halloween que estaba acostumbrado a ver en las series y películas americanas. Fue interesante ver las calabazas talladas en vivo por una vez, participar en los concursos como el de sacar manzanas con la boca, o la versión improvisada de truco y trato que Pegasus organizó para los niños. Por supuesto, también hubo un concurso de disfraces. El de los adultos lo ganó un duelista profesional de la liga europea, mientras que el infantil uno de los chicos del orfanato donde vivía Johan.

De vuelta en mi mundo, dado que no era estadounidense, para mí el Halloween era más que ver películas de horror y contar historias, así que fue una experiencia nueva para mí el festejar la fiesta tal como se hacía en su país de origen.

Durante toda la festividad, Judai estuvo buscando a Johan. Luego de un par de horas nos encontramos con él. Y de allí en delante no hubo quien pudiera separarlos.

En el segundo día se llevó a cabo el torneo profesional, el cual no fue una decepción. Mai se llevó la victoria, y luego de eso, Yugi y Jonouchi deleitaron a todos con un duelo de exhibición.

Finalmente, el torneo infantil se jugó como estaba acostumbrado en mi mundo: en mesas de la forma tradicional, al menos las eliminatorias. Una vez se tuvieron elegidos los ocho participantes de los cuartos de final, el resto de los duelos se llevaron a cabo en la arena de duelo.

Desafortunadamente, Judai y yo estuvimos en el mismo grupo durante las eliminatorias, así que al final fue solo él quien logró clasificarse. La final, previsiblemente, fue entre él y Johan. Para ser niños jugaron de forma excepcional, y pude ver como más de uno de los profesionales estaban interesados por ver qué tan lejos podrían llegar. Yo lo sabía muy bien: no eran duelistas legendarios por nada.

Johan se llevó la victoria, y Pegasus lo premió entregándole las cartas de las Bestias de Cristal. Más tarde, el hombre confesó que había dos premios: el segundo se entregaría sólo en caso de que Johan no resultara ganador, después de todo esas cartas eran suyas por derecho.

Cuando el segundo día terminó, y estábamos de vuelta en el barco de regreso a casa, me encontré sumamente contento por haber venido después de todo.

De regreso a casa, sin embargo, nos esperaba una sorpresa.

Un evento como ese fue cubierto por la prensa, como es obvio. De vuelta en la escuela, el lunes, nos encontramos con que, de la noche a la mañana, Judai pasó de ser el paria del colegio, por supuestamente ser un demonio, al gran héroe por casi haber ganado el torneo de la fiesta de Halloween de Pegasus. Y de pronto había un montón de gente que quería ser mi amigo por ser el sobrino de Yugi Muto. No ayudó a todo esto que el mismo Yugi nos hubiera dejado en la escuela esa mañana.

Fue así como el pasar desapercibido en la escuela terminó definitivamente.

Ya entrados en eso, junto con Sho, decidimos que quizá era hora de probar suerte en torneos más grandes. Nuestro paso por las ligas infantiles de Japón comenzó de esa forma.